Construyendo la alternativa *
Guillermo Herrera Montesinos
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El
país asiste en las últimas semanas a un nuevo y más profundo episodio de la
crisis en la que nos ha sumido el neoliberalismo y la gestión de Alejandro
Toledo. Las fuerzas políticas y sociales a través de las que se expresan las
corrientes populares y democráticas han consolidado su rol de oposición. Con sus
propios intereses también lo hace el fujimorismo, la derecha y, como siempre, el
Apra con su política oportunista.
En este panorama se
hace evidente la existencia de un sentimiento mayoritario de cambio, pero
también la ausencia de una alternativa viable que lo legitime. La izquierda que
por sus objetivos debería encabezarlo continúa siendo marginal en la política
peruana. Urge pues remontar esta situación y no dejar pasar una oportunidad como
esta, que difícilmente volverá a presentarse. Es fundamental aprovechar el
fracaso neoliberal y el de sus partidarios. El pueblo ya no cree en Toledo y su
modelo así como le ha perdido la fe a Lourdes Flores. El propio Valentín
Paniagua, conciente de esto busca ser una opción de centro que atraiga a los
sectores menos avanzados de la centro izquierda. Solamente Alan García conserva
el apoyo de sus partidarios que lo presentan como la carta de recambio frente a
la actual situación. Pero mucha gente sabe -y otra mucha, intuye- que con el
Apra en el gobierno los afanes presupuestívoros de
sus auspiciadores dejarían como ejemplo de templanza
y honestidad a los corruptos del fujimontesinismo y el
toledismo. Ni que decir de la derecha económica que entraría,
rápidamente, en amarres con el presunto mandatario.
Visto en el largo
plazo la existencia del nuevo referente se entronca con la necesidad y
posibilidad de construir diversas formas de poder popular que permitan salir de
una democracia, en el mejor de los casos, formal para dar
paso a una democracia realmente participativa que, a su vez, sea capaz de
defender a su gobierno.
En resumen, se
trata, como lo hemos dicho muchas veces, de formar un gran movimiento político
social con un claro componente descentralista, democrático y participatorio en
el que tienen cabida instituciones y liderazgos individuales siendo su punto de
convergencia y unidad su programa y el respeto de algunas normas organizativas
básicas.
¿Cuánto
hemos avanzado?
Desde
que, en conversaciones con otras fuerzas y personalidades, se coincidió en la
necesidad de construir un referente de izquierda y centro izquierda hemos
centrado nuestro esfuerzo en esa dirección. Similar empeño mueve a las fuerzas y
personalidades con las que estamos trabajando el proyecto. Aparte de interesar
en la idea a un importante número de gente se ha logrado ya aprobar una primera
propuesta sobre sus ejes programáticos, la misma que hemos convenido en
presentar a una serie de liderazgos y núcleos a nivel nacional a fin de recabar
sus aportes y, finalmente, dar por aprobado el documento fundacional que será
publicado para conocimiento de todo el país.
Esto es lo bueno y
lo que nos estimula para proseguir por esa senda. Sin embargo debemos admitir
que el avance es muy lento para las demandas de la hora actual. Varios factores
negativos determinan nuestra lentitud. Mencionemos algunos: la debilidad
política y organizativa que afecta a toda la izquierda, la permanencia de
problemas que deberemos analizar tales como la visión de largo plazo y su
articulación con la construcción de un nuevo modelo de sociedad, el derrumbe del
modelo de socialismo soviético. En otro sentido, la persistencia de prejuicios
mutuos que dificultan un trabajo armónico por este objetivo común, el dogmatismo
en la interpretación del desarrollo de la sociedad y de la economía, el
sectarismo que nos lleva a actuar pensando en que nosotros somos los primeros o
los únicos que tenemos la razón, etc.
Nuestra responsabilidad
Los comunistas no
somos mejores ni peores que los otros, y en esta demora nos cabe similar
responsabilidad. Quizás sí tengamos una cuota extra derivada de nuestra
longevidad y de haber asumido sin mayor reflexión los errores de los países
socialistas, en particular la Unión Soviética. Pero el tema es sin duda
discutible y podemos trabajar sobre las cuestiones del corto plazo en las cuales
todo nos une y nada nos separa. Redoblemos, pues, nuestros esfuerzos. Asimilemos
los éxitos en Izquierda Unida y superemos sus fracasos. Solo así lograremos
construir la alternativa que el Perú reclama hoy con urgencia.
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Publicado “Unidad” del mes de abril de 2003,
*
Sub Secretario General del PCP.

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