La visión de la gloria divina
1
1 Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco
días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al
río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
2 En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, a los
cinco días del mes,
3 vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi,
en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar; vino allí
sobre él la mano de Jehová.
4 Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso,
y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un
resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce
refulgente,
5 y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y
esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre.
6 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas.
7 Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies
como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce
muy bruñido.
8 Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de
hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados.
9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían
cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia
adelante.
10 Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de
león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la
izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de
águila.
11 Así eran sus caras. Y tenían sus alas extendidas por
encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos
cubrían sus cuerpos.
12 Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el
espíritu les movía que anduviesen, andaban; y cuando andaban,
no se volvían.
13 Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto
era como de carbones de fuego encendidos, como visión de
hachones encendidos que andaba entre los seres vivientes; y el
fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.
14 Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de
relámpagos.
15 Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda
sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados.
16 El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color
del crisólito. Y las cuatro tenían una misma semejanza; su
apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda.
17 Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se
volvían cuando andaban.
18 Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos
alrededor en las cuatro.
19 Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban
junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la
tierra, las ruedas se levantaban.
20 Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen,
andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las
ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de
los seres vivientes estaba en las ruedas.
21 Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se
paraban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la
tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu
de los seres vivientes estaba en las ruedas.
22 Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía una
expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima
sobre sus cabezas.
23 Y debajo de la expansión las alas de ellos estaban
derechas, extendiéndose la una hacia la otra; y cada uno tenía
dos alas que cubrían su cuerpo.
24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de
muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de
muchedumbre, como el ruido de un ejército. Cuando se paraban,
bajaban sus alas.
25 Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oía una voz de
arriba de la expansión que había sobre sus cabezas.
26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía
la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre
la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre
sentado sobre él.
27 Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia
de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus
lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía
como fuego, y que tenía resplandor alrededor.
28 Como parece el arco iris que está en las nubes el día que
llueve, así era el parecer del resplandor alrededor.
Esta fue la
visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la
vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba.
Llamamiento de Ezequiel
2
1 Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré
contigo.
2 Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me
afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba.
3 Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de
Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y
sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.
4 Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido
corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.
5 Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una
casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.
6 Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus
palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con
escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de
ellos, porque son casa rebelde.
7 Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de
escuchar; porque son muy rebeldes.
8 Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas
rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te
doy.
9 Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella
había un rollo de libro.
10 Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante
y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones
y ayes.
3
1 Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este
rollo, y ve y habla a la casa de Israel.
2 Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo.
3 Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus
entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi
boca dulce como miel.
4 Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de
Israel, y habla a ellos con mis palabras.
5 Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de
lengua difícil, sino a la casa de Israel.
6 No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil,
cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te
oyeran.
7 Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere
oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y
obstinada de corazón.
8 He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de
ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes.
9 Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente;
no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa
rebelde.
10 Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis
palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.
11 Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y
háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o
dejen de escuchar.
12 Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de
gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová
desde su lugar.
13 Oí también el sonido de las alas de los seres vivientes
que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas
delante de ellos, y sonido de gran estruendo.
14 Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en
amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano de
Jehová era fuerte sobre mí.
15 Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al
río Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí
permanecí siete días atónito entre ellos.
El atalaya de Israel
(Ez. 33.1-9)
16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí
palabra de Jehová, diciendo:
17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de
Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los
amonestarás de mi parte.
18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le
amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de
su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad,
pero su sangre demandaré de tu mano.
19 Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere
de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad,
pero tú habrás librado tu alma.
20 Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y
pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste;
en su pecado morirá, y sus
justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre
demandaré de tu mano.
21 Pero si al justo amonestares para que no peque, y no
pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás
librado tu alma.
El profeta mudo
22 Vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo:
Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.
23 Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba
la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al
río Quebar; y me postré sobre mi rostro.
24 Entonces entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis
pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu
casa.
25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán sobre ti
cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.
26 Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás
mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa
rebelde.
27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les
dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el
que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.
Predicción del sitio de Jerusalén
4
1 Tú, hijo de hombre, tómate un adobe, y ponlo delante de
ti, y diseña sobre él la ciudad de Jerusalén.
2 Y pondrás contra ella sitio, y edificarás contra ella
fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y pondrás delante de
ella campamento, y colocarás contra ella arietes alrededor.
3 Tómate también una plancha de hierro, y ponla en lugar de
muro de hierro entre ti y la ciudad; afirmarás luego tu rostro
contra ella, y será en lugar de cerco, y la sitiarás. Es
señal a la casa de Israel.
4 Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo y pondrás sobre
él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que
duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos.
5 Yo te he dado los años de su maldad por el número de los
días, trescientos noventa días; y así llevarás tú la maldad
de la casa de Israel.
6 Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho
segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta
días; día por año, día por año te lo he dado.
7 Al asedio de Jerusalén afirmarás tu rostro, y descubierto
tu brazo, profetizarás contra ella.
8 Y he aquí he puesto sobre ti ataduras, y no te volverás de
un lado a otro, hasta que hayas cumplido los días de tu asedio.
9 Y tú toma para ti trigo, cebada, habas, lentejas, millo y
avena, y ponlos en una vasija, y hazte pan de ellos el número de
los días que te acuestes sobre tu lado; trescientos noventa
días comerás de él.
10 La comida que comerás será de peso de veinte siclos al
día; de tiempo en tiempo la comerás.
11 Y beberás el agua por medida, la sexta parte de un hin; de
tiempo en tiempo la beberás.
12 Y comerás pan de cebada cocido debajo de la ceniza; y lo
cocerás a vista de ellos al fuego de excremento humano.
13 Y dijo Jehová: Así comerán los hijos de Israel su pan
inmundo, entre las naciones a donde los arrojaré yo.
14 Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! he aquí que mi alma no es
inmunda, ni nunca desde mi juventud hasta este tiempo comí cosa
mortecina ni despedazada, ni nunca en mi boca entró carne
inmunda.
15 Y me respondió: He aquí te permito usar estiércol de
bueyes en lugar de excremento humano para cocer tu pan.
16 Me dijo luego: Hijo de hombre, he aquí quebrantaré el
sustento del pan en Jerusalén; y comerán el pan por peso y con
angustia, y beberán el agua por medida y con espanto,
17 para que al faltarles el pan y el agua, se miren unos a
otros con espanto, y se consuman en su maldad.
5
1 Y tú, hijo de hombre, tómate un cuchillo agudo, toma una
navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba; toma
después una balanza de pesar y divide los cabellos.
2 Una tercera parte quemarás a fuego en medio de la ciudad,
cuando se cumplan los días del asedio; y tomarás una tercera
parte y la cortarás con espada alrededor de la ciudad; y una
tercera parte esparcirás al viento, y yo desenvainaré espada en
pos de ellos.
3 Tomarás también de allí unos pocos en número, y los
atarás en la falda de tu manto.
4 Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en medio del
fuego, y en el fuego los quemarás; de allí saldrá el fuego a
toda la casa de Israel.
5 Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es Jerusalén; la puse
en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella.
6 Y ella cambió mis decretos y mis ordenanzas en impiedad
más que las naciones, y más que las tierras que están
alrededor de ella; porque desecharon mis decretos y mis
mandamientos, y no anduvieron en ellos.
7 Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos multiplicado
más que las naciones que están alrededor de vosotros, no
habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis
leyes? Ni aun según las leyes de las naciones que están
alrededor de vosotros habéis andado.
8 Así, pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy
contra ti; sí, yo, y haré juicios en medio de ti ante los ojos
de las naciones.
9 Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa
semejante, a causa de todas tus abominaciones.
10 Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y
los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y
esparciré a todos los vientos todo lo que quedare de ti.
11 Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por
haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te
quebrantaré yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco
tendré yo misericordia.
12 Una tercera parte de ti morirá de pestilencia y será
consumida de hambre en medio de ti; y una tercera parte caerá a
espada alrededor de ti; y una tercera parte esparciré a todos
los vientos, y tras ellos desenvainaré espada.
13 Y se cumplirá mi furor y saciaré en ellos mi enojo, y
tomaré satisfacción; y sabrán que yo Jehová he hablado en mi
celo, cuando cumpla en ellos mi enojo.
14 Y te convertiré en soledad y en oprobio entre las naciones
que están alrededor de ti, a los ojos de todo transeúnte.
15 Y serás oprobio y escarnio y escarmiento y espanto a las
naciones que están alrededor de ti, cuando yo haga en ti juicios
con furor e indignación, y en reprensiones de ira. Yo Jehová he
hablado.
16 Cuando arroje yo sobre ellos las perniciosas saetas del
hambre, que serán para destrucción, las cuales enviaré para
destruiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros, y
quebrantaré entre vosotros el sustento del pan.
17 Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces
que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en medio de
ti, y enviaré sobre ti espada. Yo Jehová he hablado.
Profecía contra los montes de Israel
6
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2 Hijo de hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel, y
profetiza contra ellos.
3 Y dirás: Montes de Israel, oíd palabra de Jehová el
Señor: Así ha dicho Jehová el Señor a los montes y a los
collados, a los arroyos y a los valles: He aquí que yo, yo haré
venir sobre vosotros espada, y destruiré vuestros lugares altos.
4 Vuestros altares serán asolados, y vuestras imágenes del
sol serán quebradas; y haré que caigan vuestros muertos delante
de vuestros ídolos.
5 Y pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel
delante de sus ídolos, y vuestros huesos esparciré en derredor
de vuestros altares.
6 Dondequiera que habitéis, serán desiertas las ciudades, y
los lugares altos serán asolados, para que sean asolados y se
hagan desiertos vuestros altares; y vuestros ídolos serán
quebrados y acabarán, vuestras imágenes del sol serán destruidas,
y vuestras obras serán deshechas.
7 Y los muertos caerán en medio de vosotros; y sabréis que
yo soy Jehová.
8 Mas dejaré un resto, de modo que tengáis entre las
naciones algunos que escapen de la espada, cuando seáis
esparcidos por las tierras.
9 Y los que de vosotros escaparen se acordarán de mí entre
las naciones en las cuales serán cautivos; porque yo me
quebranté a causa de su corazón fornicario que se apartó de
mí, y a causa de sus ojos que fornicaron tras sus ídolos; y se
avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que hicieron en
todas sus abominaciones.
10 Y sabrán que yo soy Jehová; no en vano dije que les
había de hacer este mal.
11 Así ha dicho Jehová el Señor: Palmotea con tus manos, y
golpea con tu pie, y di: ¡Ay, por todas las grandes
abominaciones de la casa de Israel! porque con espada y con
hambre y con pestilencia caerán.
12 El que esté lejos morirá de pestilencia, el que esté
cerca caerá a espada, y el que quede y sea asediado morirá de
hambre; así cumpliré en ellos mi enojo.
13 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando sus muertos estén en
medio de sus ídolos, en derredor de sus altares, sobre todo
collado alto, en todas las cumbres de los montes, debajo de todo
árbol frondoso y debajo de toda encina espesa, lugares donde
ofrecieron incienso a todos sus ídolos.
14 Y extenderé mi mano contra ellos, y dondequiera que
habiten haré la tierra más asolada y devastada que el desierto
hacia Diblat; y conocerán que yo soy Jehová.
El fin viene
7
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2 Tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor a la
tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro extremos
de la tierra.
3 Ahora será el fin sobre ti, y enviaré sobre ti mi furor, y
te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti todas tus
abominaciones.
4 Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia; antes
pondré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán tus
abominaciones; y sabréis que yo soy Jehová.
5 Así ha dicho Jehová el Señor: Un mal, he aquí que viene
un mal.
6 Viene el fin, el fin viene; se ha despertado contra ti; he
aquí que viene.
7 La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el
tiempo viene, cercano está el día; día de tumulto, y no de
alegría, sobre los montes.
8 Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti
mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti
tus abominaciones.
9 Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; según tus
caminos pondré sobre ti, y en medio de ti estarán tus
abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que castiga.
10 He aquí el día, he aquí que viene; ha salido la mañana;
ha florecido la vara, ha reverdecido la soberbia.
11 La violencia se ha levantado en vara de maldad; ninguno
quedará de ellos, ni de su multitud, ni uno de los suyos, ni
habrá entre ellos quien se lamente.
12 El tiempo ha venido, se acercó el día; el que compra, no
se alegre, y el que vende, no llore, porque la ira está sobre
toda la multitud.
13 Porque el que vende no volverá a lo
vendido, aunque queden vivos; porque la visión sobre toda la
multitud no se revocará, y a causa de su iniquidad ninguno
podrá amparar su vida.
14 Tocarán trompeta, y prepararán todas las cosas, y no
habrá quien vaya a la batalla; porque mi ira está sobre toda la
multitud.
15 De fuera espada, de dentro pestilencia y hambre; el que
esté en el campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad
lo consumirá el hambre y la pestilencia.
16 Y los que escapen de ellos huirán y estarán sobre los
montes como palomas de los valles, gimiendo todos, cada uno por
su iniquidad.
17 Toda mano se debilitará, y toda rodilla será débil como
el agua.
18 Se ceñirán también de cilicio, y les cubrirá terror; en
todo rostro habrá vergüenza, y todas sus cabezas estarán
rapadas.
19 Arrojarán su plata en las calles, y su oro será
desechado; ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día del
furor de Jehová; no saciarán su alma, ni llenarán sus
entrañas, porque ha sido tropiezo para su maldad.
20 Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento en
soberbia, e hicieron de ello las imágenes de sus abominables
ídolos, por eso se lo convertí en cosa repugnante.
21 En mano de extraños la entregué para ser saqueada, y
será presa de los impíos de la tierra, y la profanarán.
22 Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar
secreto; pues entrarán en él invasores y lo profanarán.
23 Haz una cadena, porque la tierra está llena de delitos de
sangre, y la ciudad está llena de violencia.
24 Traeré, por tanto, los más perversos de las naciones, los
cuales poseerán las casas de ellos; y haré cesar la soberbia de
los poderosos, y sus santuarios serán profanados.
25 Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá.
26 Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá
rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley
se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo.
27 El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá de
tristeza, y las manos del pueblo de la tierra temblarán; según
su camino haré con ellos, y con los juicios de ellos los
juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová.
Visión de las abominaciones en Jerusalén
8
1 En el sexto año, en el mes sexto, a los cinco días del
mes, aconteció que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos
de Judá estaban sentados delante de mí, y allí se posó sobre
mí la mano de Jehová el Señor.
2 Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre;
desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba
parecía resplandor, el aspecto de bronce refulgente.
3 Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las
guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y
la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la
entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde
estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a
celos.
4 Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como
la visión que yo había visto en el campo.
5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado
del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte,
junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo en la
entrada.
6 Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos
hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí
para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás
abominaciones mayores.
7 Y me llevó a la entrada del atrio, y
miré, y he aquí en la pared un agujero.
8 Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé
en la pared, y he aquí una puerta.
9 Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que
éstos hacen allí.
10 Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y
bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel,
que estaban pintados en la pared por todo alrededor.
11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos
de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Safán en medio de
ellos, cada uno con su incensario en su mano; y subía una nube
espesa de incienso.
12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los
ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus
cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve
Jehová; Jehová ha abandonado la tierra.
13 Me dijo después: Vuélvete aún, verás abominaciones
mayores que hacen éstos.
14 Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de
Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí
sentadas endechando a Tamuz.
15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún,
verás abominaciones mayores que estas.
16 Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he
aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada
y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al
templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al
sol, postrándose hacia el oriente.
17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa
liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen
aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron
a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus narices.
18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi
ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran
voz, y no los oiré.
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