1� A LOS CORINTIOS

(Caps. 10-16)

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Amonestaciones contra la idolatr�a

10

1�Porque no quiero, hermanos, que ignor�is que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2�y todos en Mois�s fueron bautizados en la nube y en el mar, 3�y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4�y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque beb�an de la roca espiritual que los segu�a, y la roca era Cristo. 5�Pero de los m�s de ellos no se agrad� Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.

6�Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7�Ni se�is id�latras, como algunos de ellos, seg�n est� escrito: Se sent� el pueblo a comer y a beber, y se levant� a jugar. 8�Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un d�a veintitr�s mil. 9�Ni tentemos al Se�or, como tambi�n algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10�Ni murmur�is, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 11�Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y est�n escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 12�As� que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 13�No os ha sobrevenido ninguna tentaci�n que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejar� ser tentados m�s de lo que pod�is resistir, sino que dar� tambi�n juntamente con la tentaci�n la salida, para que pod�is soportar.

14�Por tanto, amados m�os, huid de la idolatr�a. 15�Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16�La copa de bendici�n que bendecimos, �no es la comuni�n de la sangre de Cristo? El pan que partimos, �no es la comuni�n del cuerpo de Cristo? 17�Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. 18�Mirad a Israel seg�n la carne; los que comen de los sacrificios, �no son part�cipes del altar? 19��Qu� digo, pues? �Que el �dolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los �dolos? 20�Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hag�is part�cipes con los demonios. 21�No pod�is beber la copa del Se�or, y la copa de los demonios; no pod�is participar de la mesa del Se�or, y de la mesa de los demonios. 22��O provocaremos a celos al Se�or? �Somos m�s fuertes que �l?

Haced todo para la gloria de Dios

23�Todo me es l�cito, pero no todo conviene; todo me es l�cito, pero no todo edifica. 24�Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. 25�De todo lo que se vende en la carnicer�a, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; 26�porque del Se�or es la tierra y su plenitud. 27�Si alg�n incr�dulo os invita, y quer�is ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. 28�Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los �dolos; no lo com�is, por causa de aquel que lo declar�, y por motivos de conciencia; porque del Se�or es la tierra y su plenitud. 29�La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues �por qu� se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? 30�Y si yo con agradecimiento participo, �por qu� he de ser censurado por aquello de que doy gracias?

31�Si, pues, com�is o beb�is, o hac�is otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 32�No se�is tropiezo ni a jud�os, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; 33�como tambi�n yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

11

1�Sed imitadores de m�, as� como yo de Cristo.

Atav�o de las mujeres

2�Os alabo, hermanos, porque en todo os acord�is de m�, y reten�is las instrucciones tal como os las entregu�. 3�Pero quiero que sep�is que Cristo es la cabeza de todo var�n, y el var�n es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. 4�Todo var�n que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. 5�Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. 6�Porque si la mujer no se cubre, que se corte tambi�n el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. 7�Porque el var�n no debe cubrirse la cabeza, pues �l es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del var�n. 8�Porque el var�n no procede de la mujer, sino la mujer del var�n, 9�y tampoco el var�n fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del var�n. 10�Por lo cual la mujer debe tener se�al de autoridad sobre su cabeza, por causa de los �ngeles. 11�Pero en el Se�or, ni el var�n es sin la mujer, ni la mujer sin el var�n; 12�porque as� como la mujer procede del var�n, tambi�n el var�n nace de la mujer; pero todo procede de Dios. 13�Juzgad vosotros mismos: �Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? 14�La naturaleza misma �no os ense�a que al var�n le es deshonroso dejarse crecer el cabello? 15�Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. 16�Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

Abusos en la Cena del Se�or

17�Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congreg�is para lo mejor, sino para lo peor. 18�Pues en primer lugar, cuando os reun�s como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. 19�Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. 20�Cuando, pues, os reun�s vosotros, esto no es comer la cena del Se�or. 21�Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. 22�Pues qu�, �no ten�is casas en que com�is y beb�is? �O menospreci�is la iglesia de Dios, y avergonz�is a los que no tienen nada? �Qu� os dir�? �Os alabar�? En esto no os alabo.

Instituci�n de la Cena del Se�or

(Mt. 26.26-29; Mr. 14.22-25; Lc. 22.14-20)
23�Porque yo recib� del Se�or lo que tambi�n os he ense�ado: Que el Se�or Jes�s, la noche que fue entregado, tom� pan; 24�y habiendo dado gracias, lo parti�, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de m�. 25�Asimismo tom� tambi�n la copa, despu�s de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de m�. 26�As�, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Se�or anunci�is hasta que �l venga.

Tomando la Cena indignamente

27�De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Se�or indignamente, ser� culpado del cuerpo y de la sangre del Se�or. 28�Por tanto, pru�bese cada uno a s� mismo, y coma as� del pan, y beba de la copa. 29�Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Se�or, juicio come y bebe para s�. 30�Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31�Si, pues, nos examin�semos a nosotros mismos, no ser�amos juzgados; 32�mas siendo juzgados, somos castigados por el Se�or, para que no seamos condenados con el mundo.

33�As� que, hermanos m�os, cuando os reun�s a comer, esperaos unos a otros. 34�Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reun�is para juicio. Las dem�s cosas las pondr� en orden cuando yo fuere.

Dones espirituales

12

1�No quiero, hermanos, que ignor�is acerca de los dones espirituales. 2�Sab�is que cuando erais gentiles, se os extraviaba llev�ndoos, como se os llevaba, a los �dolos mudos. 3�Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Esp�ritu de Dios llama anatema a Jes�s; y nadie puede llamar a Jes�s Se�or, sino por el Esp�ritu Santo.

4�Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Esp�ritu es el mismo. 5�Y hay diversidad de ministerios, pero el Se�or es el mismo. 6�Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. 7�Pero a cada uno le es dada la manifestaci�n del Esp�ritu para provecho. 8�Porque a �ste es dada por el Esp�ritu palabra de sabidur�a; a otro, palabra de ciencia seg�n el mismo Esp�ritu; 9�a otro, fe por el mismo Esp�ritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Esp�ritu. 10�A otro, el hacer milagros; a otro, profec�a; a otro, discernimiento de esp�ritus; a otro, diversos g�neros de lenguas; y a otro, interpretaci�n de lenguas. 11�Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Esp�ritu, repartiendo a cada uno en particular como �l quiere.

12�Porque as� como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, as� tambi�n Cristo. 13�Porque por un solo Esp�ritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean jud�os o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Esp�ritu.

14�Adem�s, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 15�Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, �por eso no ser� del cuerpo? 16�Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, �por eso no ser� del cuerpo? 17�Si todo el cuerpo fuese ojo, �d�nde estar�a el o�do? Si todo fuese o�do, �d�nde estar�a el olfato? 18�Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como �l quiso. 19�Porque si todos fueran un solo miembro, �d�nde estar�a el cuerpo? 20�Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21�Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22�Antes bien los miembros del cuerpo que parecen m�s d�biles, son los m�s necesarios; 23�y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a �stos vestimos m�s dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con m�s decoro. 24�Porque los que en nosotros son m�s decorosos, no tienen necesidad; pero Dios orden� el cuerpo, dando m�s abundante honor al que le faltaba, 25�para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26�De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con �l, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con �l se gozan.

27�Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 28�Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente ap�stoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, despu�s los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. 29��Son todos ap�stoles? �son todos profetas? �todos maestros? �hacen todos milagros? 30��Tienen todos dones de sanidad? �hablan todos lenguas? �interpretan todos? 31�Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun m�s excelente.

La preeminencia del amor

13

1�Si yo hablase lenguas humanas y ang�licas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o c�mbalo que reti�e. 2�Y si tuviese profec�a, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3�Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

4�El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5�no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6�no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7�Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8�El amor nunca deja de ser; pero las profec�as se acabar�n, y cesar�n las lenguas, y la ciencia acabar�. 9�Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10�mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabar�. 11�Cuando yo era ni�o, hablaba como ni�o, pensaba como ni�o, juzgaba como ni�o; mas cuando ya fui hombre, dej� lo que era de ni�o. 12�Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conocer� como fui conocido. 13�Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

El hablar en lenguas

14

1�Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profetic�is. 2�Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Esp�ritu habla misterios. 3�Pero el que profetiza habla a los hombres para edificaci�n, exhortaci�n y consolaci�n. 4�El que habla en lengua extra�a, a s� mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. 5�As� que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero m�s que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificaci�n.

6�Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, �qu� os aprovechar�, si no os hablare con revelaci�n, o con ciencia, o con profec�a, o con doctrina? 7�Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la c�tara, si no dieren distinci�n de voces, �c�mo se sabr� lo que se toca con la flauta o con la c�tara? 8�Y si la trompeta diere sonido incierto, �qui�n se preparar� para la batalla? 9�As� tambi�n vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, �c�mo se entender� lo que dec�s? Porque hablar�is al aire. 10�Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. 11�Pero si yo ignoro el valor de las palabras, ser� como extranjero para el que habla, y el que habla ser� como extranjero para m�. 12�As� tambi�n vosotros; pues que anhel�is dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificaci�n de la iglesia.

13�Por lo cual, el que habla en lengua extra�a, pida en oraci�n poder interpretarla. 14�Porque si yo oro en lengua desconocida, mi esp�ritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. 15��Qu�, pues? Orar� con el esp�ritu, pero orar� tambi�n con el entendimiento; cantar� con el esp�ritu, pero cantar� tambi�n con el entendimiento. 16�Porque si bendices s�lo con el esp�ritu, el que ocupa lugar de simple oyente, �c�mo dir� el Am�n a tu acci�n de gracias? pues no sabe lo que has dicho. 17�Porque t�, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado. 18�Doy gracias a Dios que hablo en lenguas m�s que todos vosotros; 19�pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para ense�ar tambi�n a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

20�Hermanos, no se�is ni�os en el modo de pensar, sino sed ni�os en la malicia, pero maduros en el modo de pensar. 21�En la ley est� escrito: En otras lenguas y con otros labios hablar� a este pueblo; y ni aun as� me oir�n, dice el Se�or. 22�As� que, las lenguas son por se�al, no a los creyentes, sino a los incr�dulos; pero la profec�a, no a los incr�dulos, sino a los creyentes. 23�Si, pues, toda la iglesia se re�ne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incr�dulos, �no dir�n que est�is locos? 24�Pero si todos profetizan, y entra alg�n incr�dulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; 25�lo oculto de su coraz�n se hace manifiesto; y as�, postr�ndose sobre el rostro, adorar� a Dios, declarando que verdaderamente Dios est� entre vosotros.

26��Qu� hay, pues, hermanos? Cuando os reun�s, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelaci�n, tiene interpretaci�n. H�gase todo para edificaci�n. 27�Si habla alguno en lengua extra�a, sea esto por dos, o a lo m�s tres, y por turno; y uno interprete. 28�Y si no hay int�rprete, calle en la iglesia, y hable para s� mismo y para Dios. 29�Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los dem�s juzguen. 30�Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. 31�Porque pod�is profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. 32�Y los esp�ritus de los profetas est�n sujetos a los profetas; 33�pues Dios no es Dios de confusi�n, sino de paz.

Como en todas las iglesias de los santos, 34�vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que est�n sujetas, como tambi�n la ley lo dice. 35�Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregaci�n. 36��Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o s�lo a vosotros ha llegado?

37�Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Se�or. 38�Mas el que ignora, ignore. 39�As� que, hermanos, procurad profetizar, y no impid�is el hablar lenguas; 40�pero h�gase todo decentemente y con orden.

La resurrecci�n de los muertos

15

1�Adem�s os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual tambi�n recibisteis, en el cual tambi�n persever�is; 2�por el cual asimismo, si reten�is la palabra que os he predicado, sois salvos, si no cre�steis en vano.

3�Porque primeramente os he ense�ado lo que asimismo recib�: Que Cristo muri� por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4�y que fue sepultado, y que resucit� al tercer d�a, conforme a las Escrituras; 5�y que apareci� a Cefas, y despu�s a los doce. 6�Despu�s apareci� a m�s de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven a�n, y otros ya duermen. 7�Despu�s apareci� a Jacobo; despu�s a todos los ap�stoles; 8�y al �ltimo de todos, como a un abortivo, me apareci� a m�. 9�Porque yo soy el m�s peque�o de los ap�stoles, que no soy digno de ser llamado ap�stol, porque persegu� a la iglesia de Dios. 10�Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado m�s que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 11�Porque o sea yo o sean ellos, as� predicamos, y as� hab�is cre�do.

12�Pero si se predica de Cristo que resucit� de los muertos, �c�mo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrecci�n de muertos? 13�Porque si no hay resurrecci�n de muertos, tampoco Cristo resucit�. 14�Y si Cristo no resucit�, vana es entonces nuestra predicaci�n, vana es tambi�n vuestra fe. 15�Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que �l resucit� a Cristo, al cual no resucit�, si en verdad los muertos no resucitan. 16�Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucit�; 17�y si Cristo no resucit�, vuestra fe es vana; a�n est�is en vuestros pecados. 18�Entonces tambi�n los que durmieron en Cristo perecieron. 19�Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los m�s dignos de conmiseraci�n de todos los hombres.

20�Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. 21�Porque por cuanto la muerte entr� por un hombre, tambi�n por un hombre la resurrecci�n de los muertos. 22�Porque as� como en Ad�n todos mueren, tambi�n en Cristo todos ser�n vivificados. 23�Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. 24�Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. 25�Porque preciso es que �l reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26�Y el postrer enemigo que ser� destruido es la muerte. 27�Porque todas las cosas las sujet� debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a �l, claramente se except�a aquel que sujet� a �l todas las cosas. 28�Pero luego que todas las cosas le est�n sujetas, entonces tambi�n el Hijo mismo se sujetar� al que le sujet� a �l todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

29�De otro modo, �qu� har�n los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? �Por qu�, pues, se bautizan por los muertos? 30��Y por qu� nosotros peligramos a toda hora? 31�Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Se�or Jesucristo, que cada d�a muero. 32�Si como hombre batall� en Efeso contra fieras, �qu� me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque ma�ana moriremos. 33�No err�is; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. 34�Velad debidamente, y no pequ�is; porque algunos no conocen a Dios; para verg�enza vuestra lo digo.

35�Pero dir� alguno: �C�mo resucitar�n los muertos? �Con qu� cuerpo vendr�n? 36�Necio, lo que t� siembras no se vivifica, si no muere antes. 37�Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; 38�pero Dios le da el cuerpo como �l quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. 39�No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. 40�Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41�Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

42�As� tambi�n es la resurrecci�n de los muertos. Se siembra en corrupci�n, resucitar� en incorrupci�n. 43�Se siembra en deshonra, resucitar� en gloria; se siembra en debilidad, resucitar� en poder. 44�Se siembra cuerpo animal, resucitar� cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. 45�As� tambi�n est� escrito: Fue hecho el primer hombre Ad�n alma viviente; el postrer Ad�n, esp�ritu vivificante. 46�Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47�El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Se�or, es del cielo. 48�Cual el terrenal, tales tambi�n los terrenales; y cual el celestial, tales tambi�n los celestiales. 49�Y as� como hemos tra�do la imagen del terrenal, traeremos tambi�n la imagen del celestial. 50�Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupci�n hereda la incorrupci�n.

51�He aqu�, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52�en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocar� la trompeta, y los muertos ser�n resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53�Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupci�n, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54�Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupci�n, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplir� la palabra que est� escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55��D�nde est�, oh muerte, tu aguij�n? �D�nde, oh sepulcro, tu victoria? 56�ya que el aguij�n de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57�Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Se�or Jesucristo.

58�As� que, hermanos m�os amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Se�or siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Se�or no es en vano.

La ofrenda para los santos

16

1�En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros tambi�n de la manera que orden� en las iglesias de Galacia. 2�Cada primer d�a de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, seg�n haya prosperado, guard�ndolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. 3�Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a �stos enviar� para que lleven vuestro donativo a Jerusal�n. 4�Y si fuere propio que yo tambi�n vaya, ir�n conmigo.

Planes de Pablo

5�Ir� a vosotros, cuando haya pasado por Macedonia, pues por Macedonia tengo que pasar. 6�Y podr� ser que me quede con vosotros, o aun pase el invierno, para que vosotros me encamin�is a donde haya de ir. 7�Porque no quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros alg�n tiempo, si el Se�or lo permite. 8�Pero estar� en Efeso hasta Pentecost�s; 9�porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.

10�Y si llega Timoteo, mirad que est� con vosotros con tranquilidad, porque �l hace la obra del Se�or as� como yo. 11�Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a m�, porque le espero con los hermanos.

12�Acerca del hermano Apolos, mucho le rogu� que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero ir� cuando tenga oportunidad.

Salutaciones finales

13�Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. 14�Todas vuestras cosas sean hechas con amor.

15�Hermanos, ya sab�is que la familia de Est�fanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. 16�Os ruego que os sujet�is a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. 17�Me regocijo con la venida de Est�fanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia. 18�Porque confortaron mi esp�ritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas.

19�Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que est� en su casa, os saludan mucho en el Se�or. 20�Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con �sculo santo.

21�Yo, Pablo, os escribo esta salutaci�n de mi propia mano. 22�El que no amare al Se�or Jesucristo, sea anatema. El Se�or viene. 23�La gracia del Se�or Jesucristo est� con vosotros. 24�Mi amor en Cristo Jes�s est� con todos vosotros. Am�n.

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