Salutación
1
1 Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad
de Dios, y el hermano Sóstenes,
2 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados
en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en
cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
Señor de ellos y nuestro:
3 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo.
Acción de gracias por dones espirituales
4 Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de
Dios que os fue dada en Cristo Jesús;
5 porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en
toda palabra y en toda ciencia;
6 así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado
en vosotros,
7 de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la
manifestación de nuesto Señor Jesucristo;
8 el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis
irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.
9 Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión
con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
¿Está dividido Cristo?
10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya
entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos
en una misma mente y en un mismo parecer.
11 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos,
por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.
12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de
Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por
vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
14 Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he
bautizado, sino a Crispo y a Gayo,
15 para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre.
16 También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás,
no sé si he bautizado a algún otro.
17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el
evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga
vana la cruz de Cristo.
Cristo, poder y sabiduría de Dios
18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden;
pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.
19 Pues está escrito:
- Destruiré la sabiduría de los sabios,
- Y desecharé el entendimiento de los entendidos.
20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde
está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la
sabiduría del mundo?
21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a
Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los
creyentes por la locura de la predicación.
22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan
sabiduría;
23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los
judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;
24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo
poder de Dios, y sabiduría de Dios.
25 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y
lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a
los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar
a lo fuerte;
28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo
que no es, para deshacer lo que es,
29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.
30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos
ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación
y redención;
32 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese
en el Señor.
Proclamando a Cristo crucificado
2
1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el
testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de
sabiduría.
2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a
Jesucristo, y a éste crucificado.
3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y
temblor;
4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del
Espíritu y de poder,
5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los
hombres, sino en el poder de Dios.
La revelación por el Espíritu de Dios
6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado
madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de
este siglo, que perecen.
7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría
oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra
gloria,
8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció;
porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al
Señor de gloria.
9 Antes bien, como está escrito:
- Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
- Ni han subido en corazón de hombre,
- Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre,
sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie
conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino
el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios
nos ha concedido,
13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por
sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu,
acomodando lo espiritual a lo espiritual.
14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del
Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente.
15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no
es juzgado de nadie.
16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le
instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
Colaboradores de Dios
3
1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a
espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais
capaces, ni sois capaces todavía,
3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros
celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis
como hombres?
4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el
otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?
5 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por
medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada
uno concedió el Señor.
6 Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado
Dios.
7 Así que ni el que planta es algo,
ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
8 Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada
uno recibirá su recompensa conforme a su labor.
9 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois
labranza de Dios, edificio de Dios.
10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como
perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero
cada uno mire cómo sobreedifica.
11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está
puesto, el cual es Jesucristo.
12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata,
piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,
13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la
declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada
uno cuál sea, el fuego la probará.
14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó,
recibirá recompensa.
15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si
bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de
Dios mora en vosotros?
17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a
él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
18 Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se
cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser
sabio.
19 Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con
Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de
ellos.
20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios,
que son vanos.
21 Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es
vuestro:
22 sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida,
sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es
vuestro,
23 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
El ministerio de los apóstoles
4
1 Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo,
y administradores de los misterios de Dios.
2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno
sea hallado fiel.
3 Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por
tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo.
4 Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy
justificado; pero el que me juzga es el Señor.
5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga
el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas,
y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada
uno recibirá su alabanza de Dios.
6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y
en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a
no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de
uno, os envanezcáis unos contra otros.
7 Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas
recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo
hubieras recibido?
8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis.
¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también
juntamente con vosotros!
9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los
apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues
hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los
hombres.
10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros
prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes;
vosotros honorables, mas nosotros despreciados.
11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos
desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.
12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos
maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.
13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como
la escoria del mundo, el desecho de todos.
14 No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros
como a hijos míos amados.
15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis
muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio
del evangelio.
16 Por tanto, os ruego que me imitéis.
17 Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado
y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo,
de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.
18 Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de
ir a vosotros.
19 Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y
conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan
envanecidos.
20 Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en
poder.
21 ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y
espíritu de mansedumbre?
Un caso de inmoralidad juzgado
5
1 De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal
fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que
alguno tiene la mujer de su padre.
2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien
haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros
el que cometió tal acción?
3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en
espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.
4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros
y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo,
5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la
carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor
Jesús.
6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de
levadura leuda toda la masa?
7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva
masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es
Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
8 Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni
con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin
levadura, de sinceridad y de verdad.
9 Os he escrito por carta, que no os juntéis con los
fornicarios;
10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con
los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal
caso os sería necesario salir del mundo.
11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que,
llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o
maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.
12 Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que
están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?
13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues,
a ese perverso de entre vosotros.
Litigios delante de los incrédulos
6
1 ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a
juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?
2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el
mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar
cosas muy pequeñas?
3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto
más las cosas de esta vida?
4 Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis
para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia?
5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros
sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos,
6 sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto
ante los incrédulos?
7 Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis
pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el
agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?
8 Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a
los hermanos.
9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?
No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los
adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,
10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los
maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya
habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el
nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
Glorificad a Dios en vuestro cuerpo
12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen;
todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de
ninguna.
13 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas;
pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el
cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el
Señor para el cuerpo.
14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos
levantará con su poder.
15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de
una ramera? De ningún modo.
16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un
cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre
cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su
propio cuerpo peca.
19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que
no sois vuestros?
20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues,
a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son
de Dios.
Problemas del matrimonio
7
1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería
al hombre no tocar mujer;
2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia
mujer, y cada una tenga su propio marido.
3 El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo
la mujer con el marido.
4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el
marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio
cuerpo, sino la mujer.
5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de
mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración;
y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a
causa de vuestra incontinencia.
6 Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.
7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero
cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo,
y otro de otro.
8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les
fuera quedarse como yo;
9 pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es
casarse que estarse quemando.
10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo,
sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;
11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su
marido; y que el marido no abandone a su mujer.
12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano
tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con
él, no la abandone.
13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él
consiente en vivir con ella, no lo abandone.
14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la
mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos
serían inmundos, mientras que ahora son santos.
15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el
hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino
que a paz nos llamó Dios.
16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a
tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a
tu mujer?
17 Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios
llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias.
18 ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso.
¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide.
19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino
el guardar los mandamientos de Dios.
20 Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.
21 ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero
también, si puedes hacerte libre, procúralo más.
22 Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo,
liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre,
esclavo es de Cristo.
23 Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los
hombres.
24 Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así
permanezca para con Dios.
25 En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor;
mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del
Señor para ser fiel.
26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que
apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está.
27 ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás
libre de mujer? No procures casarte.
28 Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa,
no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os
la quisiera evitar.
29 Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta,
pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen;
30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran,
como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen;
31 y los que disfrutan de este mundo, como si no lo
disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.
32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero
tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al
Señor;
33 pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de
cómo agradar a su mujer.
34 Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La
doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa
así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de
las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
35 Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo,
sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os
acerquéis al Señor.
36 Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen
que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que
quiera, no peca; que se case.
37 Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad,
sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su
corazón guardar a su hija virgen, bien hace.
38 De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que
no la da en casamiento hace mejor.
39 La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido
vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien
quiera, con tal que sea en el Señor.
40 Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y
pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.
Lo sacrificado a los ídolos
8
1 En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos
tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor
edifica.
2 Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como
debe saberlo.
3 Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.
4 Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos,
sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que
un Dios.
5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el
cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del
cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un
Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y
nosotros por medio de él.
7 Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos,
habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a
ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.
8 Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni
porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos
menos.
9 Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser
tropezadero para los débiles.
10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento,
sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel
que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a
los ídolos?
11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil
por quien Cristo murió.
12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo
su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
13 Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de
caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi
hermano.
Los derechos de un apóstol
9
1 ¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el
Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
2 Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo
soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
3 Contra los que me acusan, esta es mi defensa:
4 ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?
5 ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por
mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del
Señor, y Cefas?
6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?
7 ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién
planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el
rebaño y no toma de la leche del rebaño?
8 ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la
ley?
9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal
al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes,
10 o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se
escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que
trilla, con esperanza de recibir del fruto.
11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es
gran cosa si segáremos de vosotros lo material?
12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros,
¿cuánto más nosotros?
Pero no hemos usado de este derecho,
sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al
evangelio de Cristo.
13 ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas,
comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar
participan?
14 Así también ordenó el Señor a los que anuncian el
evangelio, que vivan del evangelio.
15 Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he
escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero
morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria.
16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme;
porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el
evangelio!
17 Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa
tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido
encomendada.
18 ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio,
presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de
mi derecho en el evangelio.
19 Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de
todos para ganar a mayor número.
20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los
judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté
sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que
están sujetos a la ley;
21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no
estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para
ganar a los que están sin ley.
22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los
débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos
salve a algunos.
23 Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme
copartícipe de él.
24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la
verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal
manera que lo obtengáis.
25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la
verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible.
26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de
esta manera peleo, no como quien golpea el aire,
27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea
que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser
eliminado.
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