Segunda Ep�stola del Ap�stol San Pablo a los

CORINTIOS

CAP�TULOS
| 1-13 |

Salutaci�n

1

1�Pablo, ap�stol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que est� en Corinto, con todos los santos que est�n en toda Acaya: 2�Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Se�or Jesucristo.

Aflicciones de Pablo

3�Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se�or Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolaci�n, 4�el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos tambi�n nosotros consolar a los que est�n en cualquier tribulaci�n, por medio de la consolaci�n con que nosotros somos consolados por Dios. 5�Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, as� abunda tambi�n por el mismo Cristo nuestra consolaci�n. 6�Pero si somos atribulados, es para vuestra consolaci�n y salvaci�n; o si somos consolados, es para vuestra consolaci�n y salvaci�n, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros tambi�n padecemos. 7�Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que as� como sois compa�eros en las aflicciones, tambi�n lo sois en la consolaci�n.

8�Porque hermanos, no queremos que ignor�is acerca de nuestra tribulaci�n que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera m�s all� de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. 9�Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confi�semos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 10�el cual nos libr�, y nos libra, y en quien esperamos que a�n nos librar�, de tan gran muerte; 11�cooperando tambi�n vosotros a favor nuestro con la oraci�n, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.

Por qu� Pablo pospuso su visita a Corinto

12�Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabidur�a humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho m�s con vosotros. 13�Porque no os escribimos otras cosas de las que le�is, o tambi�n entend�is; y espero que hasta el fin las entender�is; 14�como tambi�n en parte hab�is entendido que somos vuestra gloria, as� como tambi�n vosotros la nuestra, para el d�a del Se�or Jes�s.

15�Con esta confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia, 16�y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea. 17�As� que, al proponerme esto, �us� quiz� de ligereza? �O lo que pienso hacer, lo pienso seg�n la carne, para que haya en m� S� y No? 18�Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es S� y No. 19�Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por m�, Silvano y Timoteo, no ha sido S� y No; mas ha sido S� en �l; 20�porque todas las promesas de Dios son en �l S�, y en �l Am�n, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. 21�Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungi�, es Dios, 22�el cual tambi�n nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Esp�ritu en nuestros corazones.

23�Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todav�a a Corinto. 24�No que nos ense�oreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe est�is firmes.

2

1�Esto, pues, determin� para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza. 2�Porque si yo os contristo, �qui�n ser� luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contrist�? 3�Y esto mismo os escrib�, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. 4�Porque por la mucha tribulaci�n y angustia del coraz�n os escrib� con muchas l�grimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cu�n grande es el amor que os tengo.

Pablo perdona al ofensor

5�Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a m� solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. 6�Le basta a tal persona esta reprensi�n hecha por muchos; 7�as� que, al contrario, vosotros m�s bien deb�is perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. 8�Por lo cual os ruego que confirm�is el amor para con �l. 9�Porque tambi�n para este fin os escrib�, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo. 10�Y al que vosotros perdon�is, yo tambi�n; porque tambi�n yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, 11�para que Satan�s no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.

Ansiedad de Pablo en Troas

12�Cuando llegu� a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abri� puerta en el Se�or, 13�no tuve reposo en mi esp�ritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; as�, despidi�ndome de ellos, part� para Macedonia.

Triunfantes en Cristo

14�Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jes�s, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. 15�Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; 16�a �stos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aqu�llos olor de vida para vida. Y para estas cosas, �qui�n es suficiente? 17�Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.

Ministros del nuevo pacto

3

1��Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? �O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendaci�n para vosotros, o de recomendaci�n de vosotros? 2�Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y le�das por todos los hombres; 3�siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Esp�ritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del coraz�n.

4�Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5�no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6�el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del esp�ritu; porque la letra mata, mas el esp�ritu vivifica.

7�Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Mois�s a causa de la gloria de su rostro, la cual hab�a de perecer, 8��c�mo no ser� m�s bien con gloria el ministerio del esp�ritu? 9�Porque si el ministerio de condenaci�n fue con gloria, mucho m�s abundar� en gloria el ministerio de justificaci�n. 10�Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparaci�n con la gloria m�s eminente. 11�Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho m�s glorioso ser� lo que permanece.

12�As� que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; 13�y no como Mois�s, que pon�a un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que hab�a de ser abolido. 14�Pero el entendimiento de ellos se embot�; porque hasta el d�a de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15�Y aun hasta el d�a de hoy, cuando se lee a Mois�s, el velo est� puesto sobre el coraz�n de ellos. 16�Pero cuando se conviertan al Se�or, el velo se quitar�. 17�Porque el Se�or es el Esp�ritu; y donde est� el Esp�ritu del Se�or, all� hay libertad. 18�Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Se�or, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Esp�ritu del Se�or.

4

1�Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio seg�n la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2�Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestaci�n de la verdad recomend�ndonos a toda conciencia humana delante de Dios. 3�Pero si nuestro evangelio est� a�n encubierto, entre los que se pierden est� encubierto; 4�en los cuales el dios de este siglo ceg� el entendimiento de los incr�dulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5�Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Se�or, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jes�s. 6�Porque Dios, que mand� que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeci� en nuestros corazones, para iluminaci�n del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Viviendo por la fe

7�Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8�que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9�perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10�llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jes�s, para que tambi�n la vida de Jes�s se manifieste en nuestros cuerpos. 11�Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jes�s, para que tambi�n la vida de Jes�s se manifieste en nuestra carne mortal. 12�De manera que la muerte act�a en nosotros, y en vosotros la vida.

13�Pero teniendo el mismo esp�ritu de fe, conforme a lo que est� escrito: Cre�, por lo cual habl�, nosotros tambi�n creemos, por lo cual tambi�n hablamos, 14�sabiendo que el que resucit� al Se�or Jes�s, a nosotros tambi�n nos resucitar� con Jes�s, y nos presentar� juntamente con vosotros. 15�Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acci�n de gracias sobreabunde para gloria de Dios.

16�Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de d�a en d�a. 17�Porque esta leve tribulaci�n moment�nea produce en nosotros un cada vez m�s excelente y eterno peso de gloria; 18�no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

5

1�Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabern�culo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2�Y por esto tambi�n gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitaci�n celestial; 3�pues as� seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4�Porque asimismo los que estamos en este tabern�culo gemimos con angustia; porque no quisi�ramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5�Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Esp�ritu.

6�As� que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Se�or 7�(porque por fe andamos, no por vista); 8�pero confiamos, y m�s quisi�ramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Se�or. 9�Por tanto procuramos tambi�n, o ausentes o presentes, serle agradables. 10�Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba seg�n lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

El ministerio de la reconciliaci�n

11�Conociendo, pues, el temor del Se�or, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que tambi�n lo sea a vuestras conciencias. 12�No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasi�n de gloriaros por nosotros, para que teng�is con qu� responder a los que se glor�an en las apariencias y no en el coraz�n. 13�Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. 14�Porque el amor de Cristo nos constri�e, pensando esto: que si uno muri� por todos, luego todos murieron; 15�y por todos muri�, para que los que viven, ya no vivan para s�, sino para aquel que muri� y resucit� por ellos.

16�De manera que nosotros de aqu� en adelante a nadie conocemos seg�n la carne; y aun si a Cristo conocimos seg�n la carne, ya no lo conocemos as�. 17�De modo que si alguno est� en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aqu� todas son hechas nuevas. 18�Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcili� consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliaci�n; 19�que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tom�ndoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encarg� a nosotros la palabra de la reconciliaci�n. 20�As� que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21�Al que no conoci� pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fu�semos hechos justicia de Dios en �l.

6

1�As�, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos tambi�n a que no recib�is en vano la gracia de Dios. 2�Porque dice:
En tiempo aceptable te he o�do,
Y en d�a de salvaci�n te he socorrido.
He aqu� ahora el tiempo aceptable; he aqu� ahora el d�a de salvaci�n. 3�No damos a nadie ninguna ocasi�n de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; 4�antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; 5�en azotes, en c�rceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; 6�en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Esp�ritu Santo, en amor sincero, 7�en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; 8�por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como enga�adores, pero veraces; 9�como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aqu� vivimos; como castigados, mas no muertos; 10�como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas posey�ndolo todo.

11�Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro coraz�n se ha ensanchado. 12�No est�is estrechos en nosotros, pero s� sois estrechos en vuestro propio coraz�n. 13�Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensanchaos tambi�n vosotros.

Somos templo del Dios viviente

14�No os un�is en yugo desigual con los incr�dulos; porque �qu� compa�erismo tiene la justicia con la injusticia? �Y qu� comuni�n la luz con las tinieblas? 15��Y qu� concordia Cristo con Belial? �O qu� parte el creyente con el incr�dulo? 16��Y qu� acuerdo hay entre el templo de Dios y los �dolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitar� y andar� entre ellos,
Y ser� su Dios,
Y ellos ser�n mi pueblo. 17�Por lo cual,
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Se�or,
Y no toqu�is lo inmundo;
Y yo os recibir�,
18�Y ser� para vosotros por Padre,
Y vosotros me ser�is hijos e hijas, dice el Se�or Todopoderoso.

7

1�As� que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpi�monos de toda contaminaci�n de carne y de esp�ritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Regocijo de Pablo al arrepentirse los corintios

2�Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos enga�ado. 3�No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes que est�is en nuestro coraz�n, para morir y para vivir juntamente. 4�Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glor�o con respecto de vosotros; lleno estoy de consolaci�n; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.

5�Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ning�n reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores. 6�Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consol� con la venida de Tito; 7�y no s�lo con su venida, sino tambi�n con la consolaci�n con que �l hab�a sido consolado en cuanto a vosotros, haci�ndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por m�, de manera que me regocij� aun m�s. 8�Porque aunque os contrist� con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lament�; porque veo que aquella carta, aunque por alg�n tiempo, os contrist�. 9�Ahora me gozo, no porque hay�is sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque hab�is sido contristados seg�n Dios, para que ninguna p�rdida padecieseis por nuestra parte. 10�Porque la tristeza que es seg�n Dios produce arrepentimiento para salvaci�n, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. 11�Porque he aqu�, esto mismo de que hay�is sido contristados seg�n Dios, �qu� solicitud produjo en vosotros, qu� defensa, qu� indignaci�n, qu� temor, qu� ardiente afecto, qu� celo, y qu� vindicaci�n! En todo os hab�is mostrado limpios en el asunto. 12�As� que, aunque os escrib�, no fue por causa del que cometi� el agravio, ni por causa del que lo padeci�, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.

13�Por esto hemos sido consolados en vuestra consolaci�n; pero mucho m�s nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su esp�ritu por todos vosotros. 14�Pues si de algo me he gloriado con �l respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que as� como en todo os hemos hablado con verdad, tambi�n nuestro gloriarnos con Tito result� verdad. 15�Y su cari�o para con vosotros es aun m�s abundante, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de c�mo lo recibisteis con temor y temblor. 16�Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.

La ofrenda para los santos

8

1�Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; 2�que en grande prueba de tribulaci�n, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. 3�Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun m�s all� de sus fuerzas, 4�pidi�ndonos con muchos ruegos que les concedi�semos el privilegio de participar en este servicio para los santos. 5�Y no como lo esper�bamos, sino que a s� mismos se dieron primeramente al Se�or, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; 6�de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenz� antes, asimismo acabe tambi�n entre vosotros esta obra de gracia. 7�Por tanto, como en todo abund�is, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad tambi�n en esta gracia.

8�No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, tambi�n la sinceridad del amor vuestro. 9�Porque ya conoc�is la gracia de nuestro Se�or Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 10�Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no s�lo a hacerlo, sino tambi�n a quererlo, desde el a�o pasado. 11�Ahora, pues, llevad tambi�n a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, as� tambi�n lo est�is en cumplir conforme a lo que teng�is. 12�Porque si primero hay la voluntad dispuesta, ser� acepta seg�n lo que uno tiene, no seg�n lo que no tiene. 13�Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, 14�sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que tambi�n la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, 15�como est� escrito: El que recogi� mucho, no tuvo m�s, y el que poco, no tuvo menos.

16�Pero gracias a Dios que puso en el coraz�n de Tito la misma solicitud por vosotros. 17�Pues a la verdad recibi� la exhortaci�n; pero estando tambi�n muy sol�cito, por su propia voluntad parti� para ir a vosotros. 18�Y enviamos juntamente con �l al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; 19�y no s�lo esto, sino que tambi�n fue designado por las iglesias como compa�ero de nuestra peregrinaci�n para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Se�or mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; 20�evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, 21�procurando hacer las cosas honradamente, no s�lo delante del Se�or sino tambi�n delante de los hombres. 22�Enviamos tambi�n con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho m�s diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros. 23�En cuanto a Tito, es mi compa�ero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo. 24�Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestro gloriarnos respecto de vosotros.

9

1�Cuanto a la ministraci�n para los santos, es por dem�s que yo os escriba; 2�pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glor�o entre los de Macedonia, que Acaya est� preparada desde el a�o pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayor�a. 3�Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que como lo he dicho, est�is preparados; 4�no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza. 5�Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que est� lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.

6�Pero esto digo: El que siembra escasamente, tambi�n segar� escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente tambi�n segar�. 7�Cada uno d� como propuso en su coraz�n: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 8�Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abund�is para toda buena obra; 9�como est� escrito:

Reparti�, dio a los pobres;
Su justicia permanece para siempre. 10�Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveer� y multiplicar� vuestra sementera, y aumentar� los frutos de vuestra justicia, 11�para que est�is enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acci�n de gracias a Dios. 12�Porque la ministraci�n de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que tambi�n abunda en muchas acciones de gracias a Dios; 13�pues por la experiencia de esta ministraci�n glorifican a Dios por la obediencia que profes�is al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribuci�n para ellos y para todos; 14�asimismo en la oraci�n de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. 15��Gracias a Dios por su don inefable!

Pablo defiende su ministerio

10

1�Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros; 2�ruego, pues, que cuando est� presente, no tenga que usar de aquella osad�a con que estoy dispuesto a proceder resueltamente contra algunos que nos tienen como si anduvi�semos seg�n la carne. 3�Pues aunque andamos en la carne, no militamos seg�n la carne; 4�porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucci�n de fortalezas, 5�derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 6�y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.

7�Mir�is las cosas seg�n la apariencia. Si alguno est� persuadido en s� mismo que es de Cristo, esto tambi�n piense por s� mismo, que como �l es de Cristo, as� tambi�n nosotros somos de Cristo. 8�Porque aunque me glor�e algo m�s todav�a de nuestra autoridad, la cual el Se�or nos dio para edificaci�n y no para vuestra destrucci�n, no me avergonzar�; 9�para que no parezca como que os quiero amedrentar por cartas. 10�Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal d�bil, y la palabra menospreciable. 11�Esto tenga en cuenta tal persona, que as� como somos en la palabra por cartas, estando ausentes, lo seremos tambi�n en hechos, estando presentes. 12�Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a s� mismos; pero ellos, midi�ndose a s� mismos por s� mismos, y compar�ndose consigo mismos, no son juiciosos. 13�Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar tambi�n hasta vosotros. 14�Porque no nos hemos extralimitado, como si no lleg�semos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo. 15�No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; 16�y que anunciaremos el evangelio en los lugares m�s all� de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado. 17�Mas el que se glor�a, glor�ese en el Se�or; 18�porque no es aprobado el que se alaba a s� mismo, sino aquel a quien Dios alaba.

11

1��Ojal� me toleraseis un poco de locura! S�, toleradme. 2�Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. 3�Pero temo que como la serpiente con su astucia enga�� a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. 4�Porque si viene alguno predicando a otro Jes�s que el que os hemos predicado, o si recib�s otro esp�ritu que el que hab�is recibido, u otro evangelio que el que hab�is aceptado, bien lo toler�is; 5�y pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes ap�stoles. 6�Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo soy en el conocimiento; en todo y por todo os lo hemos demostrado. 7��Pequ� yo humill�ndome a m� mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, por cuanto os he predicado el evangelio de Dios de balde? 8�He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros. 9�Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guard� y me guardar� de seros gravoso. 10�Por la verdad de Cristo que est� en m�, que no se me impedir� esta mi gloria en las regiones de Acaya. 11��Por qu�? �Porque no os amo? Dios lo sabe.

12�Mas lo que hago, lo har� a�n, para quitar la ocasi�n a aquellos que la desean, a fin de que en aquello en que se glor�an, sean hallados semejantes a nosotros. 13�Porque �stos son falsos ap�stoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como ap�stoles de Cristo. 14�Y no es maravilla, porque el mismo Satan�s se disfraza como �ngel de luz. 15�As� que, no es extra�o si tambi�n sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin ser� conforme a sus obras.

Sufrimientos de Pablo como ap�stol

16�Otra vez digo: Que nadie me tenga por loco; o de otra manera, recibidme como a loco, para que yo tambi�n me glor�e un poquito. 17�Lo que hablo, no lo hablo seg�n el Se�or, sino como en locura, con esta confianza de gloriarme. 18�Puesto que muchos se glor�an seg�n la carne, tambi�n yo me gloriar�; 19�porque de buena gana toler�is a los necios, siendo vosotros cuerdos. 20�Pues toler�is si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. 21�Para verg�enza m�a lo digo, para eso fuimos demasiado d�biles.

Pero en lo que otro tenga osad�a (hablo con locura), tambi�n yo tengo osad�a. 22��Son hebreos? Yo tambi�n. �Son israelitas? Yo tambi�n. �Son descendientes de Abraham? Tambi�n yo. 23��Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo m�s; en trabajos m�s abundante; en azotes sin n�mero; en c�rceles m�s; en peligros de muerte muchas veces. 24�De los jud�os cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25�Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un d�a he estado como n�ufrago en alta mar; 26�en caminos muchas veces; en peligros de r�os, peligros de ladrones, peligros de los de mi naci�n, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27�en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en fr�o y en desnudez; 28�y adem�s de otras cosas, lo que sobre m� se agolpa cada d�a, la preocupaci�n por todas las iglesias. 29��Qui�n enferma, y yo no enfermo? �A qui�n se le hace tropezar, y yo no me indigno?

30�Si es necesario gloriarse, me gloriar� en lo que es de mi debilidad. 31�El Dios y Padre de nuestro Se�or Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. 32�En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; 33�y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escap� de sus manos.

El aguij�n en la carne

12

1�Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendr� a las visiones y a las revelaciones del Se�or. 2�Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce a�os (si en el cuerpo, no lo s�; si fuera del cuerpo, no lo s�; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3�Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo s�; Dios lo sabe), 4�que fue arrebatado al para�so, donde oy� palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. 5�De tal hombre me gloriar�; pero de m� mismo en nada me gloriar�, sino en mis debilidades. 6�Sin embargo, si quisiera gloriarme, no ser�a insensato, porque dir�a la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de m� m�s de lo que en m� ve, u oye de m�. 7�Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguij�n en mi carne, un mensajero de Satan�s que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 8�respecto a lo cual tres veces he rogado al Se�or, que lo quite de m�. 9�Y me ha dicho: B�state mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriar� m�s bien en mis debilidades, para que repose sobre m� el poder de Cristo. 10�Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy d�bil, entonces soy fuerte.

11�Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me obligasteis a ello, pues yo deb�a ser alabado por vosotros; porque en nada he sido menos que aquellos grandes ap�stoles, aunque nada soy. 12�Con todo, las se�ales de ap�stol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por se�ales, prodigios y milagros. 13�Porque �en qu� hab�is sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? �Perdonadme este agravio!

Pablo anuncia su tercera visita

14�He aqu�, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os ser� gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos. 15�Y yo con el mayor placer gastar� lo m�o, y aun yo mismo me gastar� del todo por amor de vuestras almas, aunque am�ndoos m�s, sea amado menos. 16�Pero admitiendo esto, que yo no os he sido carga, sino que como soy astuto, os prend� por enga�o, 17��acaso os he enga�ado por alguno de los que he enviado a vosotros? 18�Rogu� a Tito, y envi� con �l al hermano. �Os enga�� acaso Tito? �No hemos procedido con el mismo esp�ritu y en las mismas pisadas?

19��Pens�is a�n que nos disculpamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo, muy amados, para vuestra edificaci�n. 20�Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no quer�is; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, des�rdenes; 21�que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quiz� tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicaci�n y lascivia que han cometido.

13

1�Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidir� todo asunto. 2�He dicho antes, y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los dem�s, que si voy otra vez, no ser� indulgente; 3�pues busc�is una prueba de que habla Cristo en m�, el cual no es d�bil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros. 4�Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues tambi�n nosotros somos d�biles en �l, pero viviremos con �l por el poder de Dios para con vosotros.

5�Examinaos a vosotros mismos si est�is en la fe; probaos a vosotros mismos. �O no os conoc�is a vosotros mismos, que Jesucristo est� en vosotros, a menos que est�is reprobados? 6�Mas espero que conocer�is que nosotros no estamos reprobados. 7�Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hag�is; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hag�is lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. 8�Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 9�Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros d�biles, y que vosotros est�is fuertes; y aun oramos por vuestra perfecci�n. 10�Por esto os escribo estando ausente, para no usar de severidad cuando est� presente, conforme a la autoridad que el Se�or me ha dado para edificaci�n, y no para destrucci�n.

Saludos y doxolog�a final

11�Por lo dem�s, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estar� con vosotros. 12�Saludaos unos a otros con �sculo santo. 13�Todos los santos os saludan. 14�La gracia del Se�or Jesucristo, el amor de Dios, y la comuni�n del Esp�ritu Santo sean con todos vosotros. Am�n.

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