C�MO TRATAR AL FIEL

A su c�nyuge fiel le agrada colaborar y complacer. No combata esas tendencias suyas ni se sienta culpable por aceptarlas. Por el contrario, disfr�telas.
No deje de valorar las atenciones que �l/ella le dispensa. Es probable que tenga tal capacidad de anticiparse a sus deseos y complacerlos, que usted tal vez no se d� cuenta de que �l o ella tambi�n tiene necesidades o anhelos insatisfechos, que nunca ha expresado. Los fieles a menudo parecen m�s seguros y confiados de lo que en realidad son. Cuando desean algo de usted, tal vez no se lo pidan, sino que esperen que usted se d� cuenta de lo que necesita, de la misma manera que suelen hacer ellos en la situaci�n inversa. Estas personas son muy sensibles a lo que usted piense de ellas, por lo cual es aconsejable que se les exprese frecuentemente cu�nto se las ama y valora. Si el fiel que hay en su vida es su empleado, manifi�stele cu�nto aprecia usted su buen trabajo y p�ngase a pensar si no merecer�a un aumento de sueldo, porque estas personas son reacias a pedirlo o a recordarle que ya es hora de que se lo conceda. Por el contrario, dan por sentado que, si se lo merecen, usted se lo dar� por propia iniciativa.
Recuerde que si lo critica o se enoja con �l, quiz� pierda la fe en s� mismo o se llene de dudas, reacciones ambas no muy constructivas. Cuando tenga que resolver una situaci�n conflictiva con �l, o tratar un tema desagradable de negocios, br�ndele a su vez la mayor seguridad y confianza posibles. Res�stase a la tentaci�n de permitir que asuma toda la culpa por lo que anda mal entre ustedes, cosa que muy probablemente querr� hacer. Pero no exagere con la seguridad y tranquilidad que le brinde, no vaya a ser que descuide usted la urgencia de encontrar una soluci�n al problema.
No tome al pie de la letra las opiniones que �l manifieste. Recuerde que cuanto m�s rasgos fieles tenga, m�s notable ser� su tendencia a decir cosas que sabe ser�n de su agrado, pero internamente quiz� tenga una opini�n muy distinta. Si usted le propone: ��No te gustar�a que este a�o cambi�ramos y nos fu�ramos de campamento en las vacaciones?�, su c�nyuge al advertir el entusiasmo de su voz, tal vez le conteste: �S�, por supuesto�. Pero en realidad, lo que quiz� quiera sea hacer una excursi�n en barco. Si no est� seguro de que la opini�n de �l sea sincera, corre el riesgo de quedarse clavado en el bosque con un compa�ero hosco.



C�MO SACARLE PROVECHO A SU TIPO FIEL DE PERSONALIDAD

Usted sabe amar, ser generoso y percibir los sentimientos y carencias de los dem�s. Ahora ded�quese a su persona; piense qu� puede hacer por usted mismo y mu�strese ante los otros tal cual es, al tiempo que les hace saber lo que ellos a su vez pueden hacer por usted.

Puesto que tiene rasgos diplom�ticos, trata de promover la armon�a, para lo cual muchas veces se va a mostrar coincidente con las personas importantes de su vida aunque por dentro piense otra cosa. Con esto corre el riesgo de parecer menos interesante ante los ojos de esas personas cuyas opiniones tanto valora.




EJERCICIO 1: Cuando alguien le pida su parecer, diga lo que piensa con sinceridad. Por ejemplo, si su novio o su marido le pregunta qu� quiere hacer esa noche, NO le conteste: �Me da lo mismo. Lo que t� digas est� bien�. Y si no se le ocurre ning�n plan, cont�stele: �Por ahora no s�, pero lo voy a pensar�.

Debido a su tipo de personalidad, a veces le cuesta demostrar enojo por miedo a hacer tambalear la relaci�n. Sin embargo, el hecho de reprimir esos sentimientos puede llevarle a expresarlos indirectamente, como podr�a ser enfurru��ndose, padeciendo dolores de cabeza o neg�ndose a colaborar. Estas manifestaciones del enojo son destructivas en una relaci�n.

EJERCICIO 2: Desah�guese, demuestre abiertamente su enojo. D�gale a quien sea qu� es lo que le ha hecho enojar y por qu�, en vez de guard�rselo y modificar su conducta. Si no lo puede hacer, si�ntese a escribir una lista de todas las cosas que le tienen mortificado. Despu�s, cuando est� solo, h�gase a la idea de que la persona con quien se enoj� est� en la habitaci�n y practique c�mo har�a para hacerle saber los motivos del agravio.

Las personas dedicadas como usted prefieren dejar que los dem�s tomen las decisiones. Dejarse guiar siempre por las decisiones ajenas puede producir un profundo desencanto, ya sea inmediatamente o incluso pasados muchos a�os. Adem�s, la capacidad para tomar decisiones es vital como t�ctica de supervivencia para no quedarse indefenso y desamparado en caso de que se pierda a la persona de quien m�s se depende.

EJERCICIO 3: Practique la toma de decisiones. Cada vez que vaya a pedir consejo a alguien antes de decidirse, p�ngase a pensar si no es capaz de resolver usted solo la cuesti�n. Si tomar decisiones es algo grave para usted, trate primero de abordar las m�s peque�as (por ejemplo, qu� ropa ponerse, qu� pel�cula ver, d�nde ir a cenar); despu�s, cuando haya mejorado en ese aspecto, comience a practicar con las cuestiones m�s importantes (por ejemplo: la necesidad, o no, de buscar otro empleo). Como los concienzudos, tambi�n suelen tener problemas para decidirse, por lo que quiz� le convendr�a leer los ejercicios 2 y 3 para ellos. Y ya que puede utilizar los ejercicios pensados para otros tipos de personalidad, pruebe a practicar el ejercicio 6 de los sensibles: cada vez que alguien lo critique, trate de distanciarse y observe c�mo est� reaccionando (o c�mo se excede su reacci�n).

EJERCICIO 4: La dedicaci�n total que brinda a su c�nyuge y a su familia es admirable. Sin embargo, analice si no est� dejando de lado sus propios intereses.

Ded�quese a nuevas actividades o recupere otras antiguas. Vaya a jugar a algo que le guste una vez por semana, ingrese en una instituci�n de beneficencia o en los bomberos de su pueblo, ofr�zcase para trabajar como voluntario en un hospital, inscr�base en alg�n curso... cualquier cosa de su agrado. Para mantener el equilibrio y no ser excesivamente dependiente de su c�nyuge, necesita tener otros v�nculos con el mundo.

Recuerde que la mayor�a de las personas ya no cuentan con un grupo familiar en qu� apoyarse cuando llegan a la ancianidad o se quedan sin el compa�ero. En esta �poca, cuanto m�s capaz sea de cuidarse solo, m�s independencia tendr� en etapas posteriores de su vida.
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