| Tema A : CUATRO FORMAS DE DIRIGIR UNA EMOCI�N Las emociones b�sicas como el hambre, la sed, el miedo, la ira, la sexualidad y el cuidado de los ni�os forman parte de nuestro equipamiento b�sico emocional. Est�n arraigadas biol�gicamente en nuestra naturaleza y forman parte de nosotros, tanto si queremos como si no. En cambio, el modo en que manejamos este tipo de formas de comportamiento innatas est� en nuestras manos: poseemos la libertad de sopesar las diferentes posibilidades de actuaci�n y de decidir de acuerdo con nuestros propios motivos y criterios. Las cuatro posibilidades fundamentales de dirigir el decurso de las emociones que nos asaltan son: 1) el apaciguamiento, 2) la represi�n, 3) la supresi�n 4) la transformaci�n del sentimiento/emoci�n. 1) APACIGUAMIENTO Desde la infancia se nos ha ense�ado que debemos dominar y reprimir nuestras emociones. 'Los ni�os no lloran', 'contr�late', 'no te dejes llevar as�'; una gran parte de nuestra educaci�n emocional viene determinada por este tipo de advertencias. Como adultos, hemos aprendido bien la lecci�n: sabemos cu�ndo debemos racionalizar la ira, la frustraci�n y el miedo, c�mo no debemos manifestarla hacia afuera, sabemos reaccionar de manera pr�ctica y no dejarnos avasallar por nuestras pasiones. 2) REPRESI�N La represi�n es una t�cnica de supervivencia en situaciones amenazadoras existenciales. Bruno Bettelheim comprob� en sus investigaciones sobre el comportamiento de prisioneros en campos de concentraci�n que fueron muy pocas las personas que se desmoronaron realmente. Esto se explica porque la mayor�a de los reclusos de los campos desconectaron por completo su nivel emocional e intentaron no achacar a s� mismos el horror que reinaba a su alrededor. Para poder sobrevivir tuvieron que desconectar sus emociones. Los m�dicos que de manera permanente se ven confrontados con el sufrimiento y la muerte, recurren a menudo, de un modo parecido, al distanciamiento interior. Esto no s�lo resulta perjudicial para sus pacientes, sino tambi�n para ellos mismos. La represi�n, a la larga, no es una soluci�n. A largo plazo, lleva a un trastorno de las capacidades emocionales de percepci�n y vivencial, a la insensibilidad y al desacople del propio yo. A pesar de todo, la represi�n es un mecanismo de defensa al que recurren de vez en cuando casi todas las personas: como a un vaso de vino o a un ligero tranquilizante. Lo que hay que saber al respecto: cuando la actitud de 'm�s-vale-no-pensar-en-ello' se convierte en costumbre, puede llegar a crear una adicci�n, de la misma manera que el alcohol y los tranquilizantes. 3) SUPRESI�N En ocasiones las emociones pueden y deben ser suprimidas: la supresi�n (a diferencia de la represi�n) implica el estar plenamente consciente de la emoci�n pero debido a las circunstancias la emoci�n se aparta temporariamente para ser experimentada en un momento m�s apropiado. 4) TRANSFORMACI�N DEL SENTIMIENTO/EMOCI�N La palabra emoci�n procede del lat�n EMOVERE (moverse hacia afuera), y con ello apunta -ya con sus ra�ces etimol�gicas- al movimiento y al cambio. Es cierto que, por lo general, las emociones van ligadas a un impulso involuntario de hacer algo. Las personas inteligentes desde el punto de vista emocional no se dejan arrastrar por sus emociones, sino que utilizan esta energ�a desencadenada para desarrollar nuevas competencias, fortalecer su confianza en s� mismas o asumir riesgos. Una mujer que por miedo a sufrir un ataque nocturno aprende una t�cnica de autodefensa, convierte su miedo en algo productivo: la capacidad de poder defenderse de un agresor hace el miedo m�s soportable y disminuye el peligro real. Lo mismo es v�lido para la persona que ha solicitado un puesto de trabajo sin obtenerlo y emplea su enojo -fruto de la frustraci�n- en prepararse mucho m�s a fondo para la siguiente entrevista. |
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