| Tema B : Los componentes de la autoconciencia La autoconciencia, que parece una funci�n tan simple y directa, puede ser descompuesta en cinco factores, de acuerdo a la catalogaci�n realizada por el Dr. Heindri Weisinger: 1) CONECTAR CON NUESTROS SENTIDOS. Tomar conciencia del propio cuerpo y de sus se�ales de excitaci�n. Ser capaz de describirlo en v�vido detalle, incluida la respiraci�n, la transpiraci�n, el desasosiego, la falta de concentraci�n, los pensamientos inquietantes, el contenido de esos pensamientos (es decir, los peligros espec�ficos). Empezar por mirar esas manifestaciones exteriores de excitaci�n interior como naturales y comunes. Empezar a recordar que no matan, y sobre todo, tener siempre presente que la conciencia les quita el poder a esas se�ales. 2) SINTONIZAR CON NUESTROS SENTIMIENTOS. Sintonizar con las propias emociones no es algo f�cil para la mayor�a de nosotros. Parte del problema reside en que para estar en armon�a con los sentimientos, en especial con los m�s desagradables, tales como la ira, la tristeza y el resentimiento, necesitamos EXPERIMENTARLOS CONSCIENTEMENTE y ASUMIRLOS, y eso puede ser doloroso. De modo que los pasamos por alto (ignoramos), negamos o racionalizamos. Si nos conducimos de esta manera, es posible que nos evitemos un mal trago durante un tiempo, pero nos estamos negando tambi�n la posibilidad de hacer uso INTELIGENTE de la valiosa informaci�n que estos sentimientos nos ofrecen y, por consiguiente, no utilizamos nuestras emociones de forma inteligente. Al tomar consciencia, por ejemplo, del hecho de que estamos enfurecidos, nos damos la oportunidad de manejar la c�lera de manera productiva. Lo que est� en juego, es que al hacer a un lado nuestras emociones nos privamos de la posibilidad de sacar provecho de ellas. Los sentimientos negativos a menudo pueden enconarse, haci�ndonos sentir a�n peor de lo que nos sentir�amos si sintoniz�ramos con ellos. Al reconocerlos, nos ponemos en disposici�n de manejarlos y seguir adelante. 3) EXAMINAR NUESTROS JUICIOS O VALORACIONES. Las valoraciones son las distintas Impresiones, Juicios, y Expectativas que nos forjamos sobre nosotros mismos, sobre los dem�s y sobre cada situaci�n. Se ven influidas por los diversos factores que configuran nuestra personalidad: el temperamento el marco familiar, nuestras experiencias previas, nuestras capacidades naturales y adquiridas, y nuestros sistemas de creencias, y por lo general, adoptan la forma de pensamientos o di�logo interior ('Esta exposici�n va a ser un desastre. Voy a complicar mi nota en esta materia'). Cuando lleguemos a ser conscientes de nuestras valoraciones, aprenderemos de qu� forma nuestros pensamientos influyen sobre nuestros sentimientos, actos y reacciones y, por tanto, a modificarlos en consecuencia. Es importante reconocer que son nuestras valoraciones, y no s�lo el comportamiento de otra persona o una situaci�n determinada, las que motivan nuestras reacciones. Es el significado que atribuimos a los hechos o a la actitud de las personas el que nos afecta de forma positiva o negativa, y no s�lo la naturaleza de los hechos o las propias actitudes de las personas. 4) SABER CU�LES SON NUESTRAS INTENCIONES. Saber cu�les son nuestras intenciones es la br�jula que nos permite orientar, controlar o modificar inteligentemente una emoci�n. Las afirmaciones de intenci�n suelen empezar con 'Quiero', 'Me gustar�a', o 'Desear�a'. Parte de nuestra Inteligencia Emocional es comprender cu�les son nuestras verdaderas intenciones, definir aquellas que debemos reservarnos (por ejemplo, en una discusi�n) y, finalmente, emplear nuestra sensibilidad al manifestarlas. 5) PRESTAR ATENCI�N A NUESTRAS ACCIONES Puesto que las acciones son f�sicas, pueden ser observadas por otros y, si optamos por ello, tambi�n nosotros las podemos observar. N�tese que la palabra clave aqu� es OPTAR. Si bien por lo general somos conscientes de lo general en nuestras acciones (me dirijo a la reuni�n, estoy sentado en una silla, estoy hablando en una reuni�n), a menudo no somos conscientes de los detalles de dichas acciones: me dirijo lentamente, estoy repantigado en la silla, cada vez que abro la boca interrumpo a los que tienen la palabra. Sin embargo, son estos matices los que saltan a la vista de los dem�s, y han de ser tomados como indicaciones de nuestras actitudes y nuestro comportamiento. Ahora bien, supongamos que en realidad caminamos lentamente porque estamos meditando sobre el tema del que se va a tratar, que estamos repantigados en la silla porque nos duele la espalda y que interrumpimos con frecuencia porque tenemos muchas ideas y estamos ansiosos por compartirlas. No es dif�cil entender por qu� el hecho de tomar conciencia de todas estas acciones subconscientes -forma de hablar, lenguaje corporal- permite que favorezcamos en los dem�s una consideraci�n m�s objetiva de nosotros. |
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