| Tema A : Sentidos y sentimientos Para introducirnos en el tema de la autoconciencia, conviene esclarecer algunos t�rminos que usamos indistintamente para nombrar diferentes estados f�sicos y psicol�gicos. Es conveniente discriminar los contextos que se refieren a los t�rminos 'sentir' y 'sensibilidad'. Cuando utilizamos el verbo 'sentir' podemos estar aludiendo a dos factores muy distintos: uno, el 'sentir' en la acepci�n de 'sentidos', que se refiere a la estructura anat�mico-funcional, capaz de transformar est�mulos externos de naturaleza diversa (incluyendo la sensibilidad visceral) en excitaciones nerviosas -'siento un nudo en el est�mago', 'me siento mal' (f�sicamente), 'me siento c�modo', 'siento la garganta reseca'- y el 'sentir' en la acepci�n de 'sentimiento' -'me siento (estoy) triste', 'me siento avergonzado', 'me siento humillado','siento que nos estamos equivocando', 'siento que no deber�amos decir eso'. Hay personas que confunden estados con sentimientos, como en el caso de 'me siento usado'. Usado no es una emoci�n sino un estado: 'est�s siendo usado'. Si introducimos 'como si me hubieran' entre la palabra 'siento' y el participio 'explotado', entonces estamos describiendo un estado y no una emoci�n. No se trata de una cuesti�n de sem�ntica, los sentimientos nos afectan de forma muy diferente a como lo hacen los pensamientos o interpretaciones sobre un estado, aun cuando los pensamientos (interpretaciones) y los sentimientos tienen estrecha relaci�n. Tambi�n la palabra sensibilidad tiene diferentes sentidos seg�n el contexto en que se usa. Puede existir en cada uno de nosotros: � alta o baja sensibilidad hacia las propias reacciones metab�licas (cambios fisiol�gicos) y humorales (estados de �nimo), lo que se llama 'un bajo (o alto) umbral de excitabilidad, y � alta o baja sensibilidad hacia las reacciones metab�licas de los dem�s (temblor, sudor, crispaci�n, palidez en el rostro, cadencia del discurso, gestualidad, etc.), lo cual percibimos a trav�s de nuestra capacidad de observaci�n, o a veces incluso a trav�s de la intuici�n, cuando las se�ales son apenas perceptibles, y tambi�n tenemos � alta o baja sensibilidad hacia nuestros propios sentimientos, manifest�ndose los mismos con variada intensidad (temor, ira, tristeza, alegr�a, etc.). Los sentimientos son irracionales en su origen, pero armonizables con la raz�n. Los sentimientos pueden ir a favor o en contra de lo que queremos. Hay que saber educar los sentimientos para que colaboren con nuestras tendencias y con la voluntad. (De ah� la importancia de la educaci�n sentimental. Una buena parte de esta educaci�n radica en saber encauzar y dominar los sentimientos.) En el caso del estudio, del aprendizaje y de nuestra expresividad en la comunicaci�n, los sentimientos juegan un papel fundamental, porque refuerzan las convicciones y les dan fuerza: cuando las cosas se sienten, son m�s nuestras. Quien quiere algo, es mejor que lo quiera apasionadamente. Meter pasi�n en las cosas es llenarlas de sentido. Quien disfruta con lo que hace, quien lo hace ver, se convierte en alguien atractivo. Por otro lado, los sentimientos divorciados de toda racionalidad puede ocasionar problemas en todas las �reas de nuestra vida. Lo decisivo es que haya una proporci�n entre los sentimientos y la realidad, entre el desencadenante del sentimiento, �ste mismo, y su manifestaci�n. Por ejemplo, no entusiasmarnos por bagatelas, ni ser mediocres (como el que est� frente a algo grandioso y no se da cuenta); no esperar demasiado de las personas, para no acabar desilusionado. Si no se propicia esa proporci�n, el encuentro con la realidad ser� traum�tico, pues aunque nosotros las sintamos de una manera, las cosas siguen siendo lo que son. |
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