SIGLO XVII: GRANDES APERTURAS


EXPANSIÓN

En el régimen interno de la Congregación, durante la primera mitad del siglo, la obra de los Padres Generales se limitó a afianzar y traducir en práctica, viva las normas y constituciones, cuya difícil elaboración había ocupado alrededor de 40 años (1539-1579 ). 

Sin embargo, el siglo XVII con mucha razón se puede llamar el siglo de las "grandes aperturas", ya que nuestra Congregación, guiada por hombres de extraordinario temple se lanzó en su actividad externa hacia nuevas formas de apostolado directo: a la enseñanza y a las misiones a los no católicos.

En seguida, de 1600 a 1608, las fundaciones, que antes habían seguido un ritmo tan lento, se precipitan. 

Los Barnabitas son llamados sucesivamente a Bologna, Asti, Montú, Spoleto, Acqui, Lodi, Casalmaggiore, Perugia, Nápoles, Génova: en total 25 casas. 

Pero, lo más interesante de esta segunda etapa de la historia de los Barnabitas (1608-1701) es que la necesidad de ofrecer nuevos cauces a su incontenible deseo de expansión, lleva a los Padres a franquear la barrera natural de los Alpes y salir de la península itálica.

...MÁS ALLÁ DE LOS ALPES

Esta vez la Providencia se vale de la fuerte amistad y aprecio en que nos tiene el santo Obispo de Ginebra, San Francisco de Sales, que ama llamarse a sí mismo "Barnabita". Una amistad, la de este simpático santo, que recuerda, muy de cerca otra, la de San Carlos Borromeo. 

En efecto, también Francisco de Sales escoge por confesor a uno de nuestros Padres, el P. Justo Guérin, más tarde sucesor suyo en la sede episcopal de Ginebra. Llama a los Barnabitas en su diócesis y trabaja incansablemente para la extensión de nuestra familia religiosa, ya que está convencido que: "Nuestros buenos Padres Barnabitas son buena gente, es cierto, amables más que lo que se pueda decir, condescendientes, humildes y afables más que la medida ordinaria de su país. No puede decirse el bien que han obrado en esta ciudad y su provincia. Trabajan sin descanso para la salvación del prójimo, en lo que se muestran admirables a la vez que incansables. Dan catecismo y resultan de gran utilidad en la educación de los jóvenes".

En señal de gratitud, nuestra Congregación le venera con el título especial de "patrono secundario" junto con San Carlos Borromeo.

...ENTRE LOS PROTESTANTES

Obra Francisco de Sales son la fundación de los colegios de Annecy y Thonón en Saboya (1614) y de Montargis, en Francia (1618).

Estos centros no sólo sirvieron a la difusión de la cultura, en la que los Barnabitas empezaban a sobresalir, sino que representaron un baluarte seguro para los principios católicos en tierras pobladas por protestantes.

En efecto, a esto miraban los nuestros, que desde hacía tiempo se dedicaban con buen resultado a un apostolado de acercamiento entre los no-católicos. Los centros de esta actuación barnabítica fueron cuatro: la Valtellina, el Béarne, Silesia y Suiza.

El "Apóstol de la Valtellina" fue el P. Domingo Boerio, quien, sin embargo, no limitó su acción apostólica a esa región. De hecho, Le reclamó primeramente el Obispo de Vercelli, Mons. Francisco Bonomi, Nuncio extraordinario de Su Santidad Gregorio XIII, para predicar en la ciudad de Colonia, cuyo Pastor, Gebardo Truchs, se había pasado al luteranismo. Entre graves peligros y fatigas el buen Padre se quedó dos años (1581-1582) en la ciudad alemana, dedicándose a la predicación, confesiones, conversiones de "herejes" y defensa y propagación de la fe católica. Conociendo sus cualidades apostólicas, el año siguiente, 1583, San Carlos Borromeo quiso que le acompañase en la visita pastoral de la Valtellina, donde la "herejía" se hallaba también muy extendida.

En el Béarne, región de los Pirineos franceses, cerca de la actual Lourdes, los Barnabitas llegaron en 1608, invitados por el Papa Pablo V y el Rey Enrique IV, para contener la avanzada calvinista. 

Lescar y Oléron, fueron los centros de la actuación de dos simpáticas figuras de barnabitas memorables: el Hermano Coadjutor Ludovico Bitoz y el P. Fortunato Colom.

El primero fue favorecido con dones especiales del Sagrado Corazón de Jesús, con el que llegó a tal grado de intimidad que durante seis años fue admitido, en sus frecuentes éxtasis, a aspirar la preciosísima sangre del costado divino. Murió en concepto de santidad y ostenta el titulo de "Venerable" por voz popular.

El segundo, el P. Fortunato Colom, era un hugonote convertido y, por lo tanto, instrumento aptísimo para la restauración católica en aquel país.

En 1642, en una carta enviada al Cardenal Prefecto de la Congregación de Propaganda Fide, el Obispo de Lescar deja constancia de la labor y celo desplegados por los padres en esta especialísima misión.

El tercero de los centros apostólicos de los Barnabitas entre no-católicos, fue Silesia, y más exactamente la ciudad de Praga, donde los Padres abrieron una casa en 1627. Se distinguieron los Padres Fernando Hauch y Pío Cassetta.

Por último, en 1645, el Papa Inocencio X, envió a los Barnabitas a Suiza, en los cantones de Costanza y Basilea. El encargado de llevar a cabo la misión recayó sobre las Padres Vigilio Batocletti y Ludovico Tremouille.

...HACIA LA DOCENCIA

Pero el mérito más grande de los Barnabitas de esta época, su gloria más ilustre, fue la de haber aceptado la enseñanza y la educación de la juventud; acontecimiento que marcará la historia sucesiva de la Congregación, apostolado y tarea que se llevarán la palma y caracterizarán la fisonomía peculiar de los Barnabitas en la Iglesia, como Congregación entregada a la enseñanza y educación de la juventud.

En un primer momento el parecer de los Padres era fuertemente contrario a la asunción de colegios y centros de enseñanza para seglares, por los métodos severos de castigos y represiones que entonces se empleaban en las escuelas. Entre dudas e incertidumbres pasaron varios años a pesar de repetidos ruegos y solicitaciones de personas influyentes, incluso Sumos Pontífices, como Clemente VIII.

El hombre que rompió con todas esas dificultades psicológicas y dio paso a una actividad de suma trascendencia para la historia de la Congregación, fue el P. Cósimo Dossena, antiguo militar, capitán al mando de Juan de Austria y combatiente en la batalla de Lepanto (1571), hombre recio, prudente, trabajador infatigable, decidido y sabio, nombrado luego, muy a pesar suyo, Obispo de Tortona en 1612 por el Papa Pablo V.

Inolvidable mérito de este Padre General fue el de haber expedido un Decreto en 1605 que consentía el acceso a nuestros colegios por parte de los seglares.

Con el transcurso del tiempo este apostolado juvenil no se ha limitado, naturalmente, a los Colegios en exclusiva, sino que se ha extendido a todo género de actividades en favor de los jóvenes: escuelas clásicas y científicas, centros profesionales y maestría industrial, pensionados universitarios y colegios mayores, casas de ejercicios espirituales y clubs de todo tipo, que han hecho de los Barnabitas unos especialistas en la materia.

...LOS ORATORIOS

Célebre en todo el mundo es una forma de asociación juvenil, a la que han dado vida los Barnabitas, conocida con el nombre de Oratorio

Se trata de un Centro de formación religiosa, humana, cultural y deportiva, perfectamente adecuado a las exigencias juveniles en el que los chicos encuentran un ambiente sano en las horas libres del empeño escolar y en los días festivos.

El primero de todos es el de Monza, fundado en 1822 por el Siervo de Dios, P. Fortunato Redolfi. El mismo San Juan Bosco, antes de dar vida, en Turín, a su benemérita institución salesiana visitó al P. Redolfi en dos ocasiones, en 1850 y en 1868, para documentarse acerca del funcionamiento de aquella original forma de apostolado juvenil, según atestiguan documentos contemporáneos fidedignos. 

A la hora actual, este oratorio queda como institución histórica de referencia para toda Lombardía.

...FORMACIÓN HUMANA Y CIENTÍFICA

Dado ese carácter peculiar de entrega a la enseñanza de nuestra Institución, no es de extrañar que entre los barnabitas se haya mirado siempre a proporcionar una sólida formación humana, científica y espiritual a todos sus miembros.

Fue el P. Carlos Bascapè, el elegante redactor de las Constituciones de 1579,  general de la Orden entre 1586 y 1591, el primero que elaboró un plan de estudios para nuestros clérigos, fue el P. Carlos Bascapé. 

Su preocupación principal fue la de "dar tiempo" a los jóvenes Barnabitas para alcanzar una preparación científica adecuada. En contraste con el parecer de muchos Padres, que, preocupados por la escasez de sujetos, querían apresurar o reducir los años de formación de los seminarista mayores, el más tarde Obispo de Novara, dijo: "Es mejor tener un sujeto cabal uno o dos años más tarde que, imperfecto. tenerlo antes".

El P. Cósimo Dossena, durante su período de General de la Congregación (1602 -1611), siguió por el mismo camino exigiendo la formación rigurosa de los Novicios desde el punto de vista espiritual. Allí están sus palabras: "Recordémonos que estamos en la religión para servir a Dios, salvar nuestras almas, y ser útiles al prójimo en la medida en que podamos. Y para alcanzar esta meta cada uno debe encauzar todas sus acciones, gastar todo su tiempo y no regatear trabajos, sabiendo que breve es la fatiga y el premio infinito".

Sin embargo la "Ratio Studiorum" de la Congregación, compilada por el P. Melchor Gorini, tras encargo del Capítulo General, fue aprobada algo más tarde, en 1665. 

Es de subrayar que las escuelas de los barnabitas, desde sus inicios, a diferencia de lo que comúnmente se daba entonces, aceptaban gratuitamente también a niños pobres imposibilitados a costearse la carrera de estudios, y en ellas no se hacía distinción clasista alguna. "Neminem vero eo quod ignobilis sit aut pauper (Praefectus) excludat... Contemnat neminem, pauperum studiis aeque ac divitum bene prospiciat".

El P. Ambrosio Mazenta, personalidad verdaderamente enciclopédica, ilustre arquitecto (tres de las mejores iglesias de Bologna, entre las que figura la Catedral y nuestra Basílica de San Pablo Mayor, son creación suya), amante de la cultura y de las ciencias se esmera, siendo general (1612-1616), en la persecución de dicho ideal ofreciendo en sí mismo un dechado insuperable. Tiene, pues, el valiosísimo mérito de haber recuperado, ordenado y salvaguardado muchos manuscritos de Leonardo de Vinci. 

Con tales supremos moderadores pudo ser hermosa realidad esa floración de santos, cardenales, obispos, científicos, sabios en todos los sectores de las ciencias humanas y religiosas que constituyen la gloria más imperecedera de nuestra Congregación.

Entre los más célebres de esta época, además de los ya mencionados Padres Generales, recordamos al Venerable Bartolomé Canale ( 1608-1681), austera figura de asceta; al Siervo de Dios Raimundo Recrosio (1657-1732), Obispo de Niza y entre los primeros propagadores del culto al Sagrado Corazón de Jesús; al Siervo de Dios, Carlos Bascapè, Obispo de Novara en cuya diócesis desplegó una notabilísima acción pastoral, autor de la "Novaria Sacra" descripción de exepcional valor tanto de la geografía e historia de esa diócesis como documentadísima investigación crítica acerca la vida de sus obispos y de la primera biografía de San Carlos, cuyo ejemplar fue regalado por Pablo VI, a todos los Obispos del mundo en la sesión de clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II en noviembre de 1964; al historiador de la Iglesia P. Agostino Tornielli (1543 -1622), iniciador de los "Annales Sacri et Profani", completados y llevados a término luego, por el Card. Baronio; al P. Redento Baranzano (1590 -1622), que en su obra "Uranoscopia seu De Coelo" divulgó las teorías copernicanas antes de que lo hiciera el mismo Galileo y dio comienzo antes que Descartes, al método experimental; al arquitecto P. Lorenzo Binago (1551-1627), activo en varias ciudades italianas, maestro del más famoso architetto Franco Maria Richini (Milano 1584-1658) y ganador del concurso abierto por Felipe III para un proyecto de acabado de El Escorial; al P. Salvador Corticelli (1690 -1758) autor del primer texto de Gramática Italiana, que en su tiempo tuvo 50 ediciones.

TRADICIÓN LITÚRGICA

En este contexto, mención especial merecen los Padres Juan Antonio Gabuzio (1551-1627) y Bartolomé Gavanti (1569 1638), que abren la tradición litúrgica de nuestra Congregación.

El primero, trabajó en la redacción de los libro litúrgicos mandados por el Concilio de Trento, especialmente el Ritual Romano, por encargo de Pablo V. Es autor también de una preciosa historia de los comienzos de nuestra Congregación redactada en elegantísimo latín.

El segundo es conocido con el titulo de "príncipe de los liturgistas". Trabajó en la redacción del Breviario y Misal Romano por mandato de Clemente VIII y Urbano VIII. Sus obras más conocidas son: el "Manuale Episcoporum" y, sobre todo, el "Thesaurus sacrorum rituum" (1628), obra clásica en su género que alcanzó más de cuarenta ediciones. Tal era su prestigio y tan grande su valor que, al Card. D' Harrach, arzobispo de Praga que requería del Padre Gavanti para llevar a cabo una labor de predicación y reforma litúrgica en su Diócesis, el Papa Urbano VII mandó contestar: "No podemos dejar marchar al P. Gavanti, por estar empeñado en la Reforma del Breviario a beneficio universal de la Santa Iglesia".

Como recompensa de sus merecimientos en 1725 el Papa Benedicto XIII, concedía a nuestra Congregación el privilegio de tener "in perpetuum" (para siempre), uno de sus miembros como consultor ordinario de los Ritos y motivaba esta concesión refiriéndose a los trabajos litúrgicos del P. Gavanti. A él el Santo Padre atribuye el mérito de todos sus conocimientos: "Este es el Doctor y Maestro al que debemos todo lo que sabemos acerca de los sagrados ritos y ceremonias".

DEVOCIÓN A LA SANTA SEDE

Varias veces, a lo largo de este perfil histórico hemos podido comprobar la estima en que la Santa Sede ha tenido siempre nuestra Congregación bien por nombramiento a Obispos de los miembros más destacados de la misma, bien confiándole misiones especiales delicadas y difíciles, bien otorgando privilegios especiales. 

Es tiempo de declarar, pues que nuestra Congregación se ha merecido ese trato especial de parte de los Sumos Pontífices por sus servicios incondicionales, por su probada fidelidad y filial devoción a los sucesores de San Pedro.

Estas relaciones de servicio, de disponibilidad y amor alcanzaron un auge extraordinario con el traslado de la Residencia del P. General de Milán a Roma, en 1662

Realmente los Padres preferían dejar en Milán la sede habitual de la primera autoridad de la Congregación, ya que allí había tenido su cuna; pero la voluntad del mismo Santo Padre Alejandro VII se impuso.

Con este acto nuestra Congregación entra con plenos derechos en el ámbito de la Iglesia universal y la proximidad geográfica de nuestros Supremos Moderadores al Vicario de Cristo sirve para estrechar aún más los lazos de amistad y simpatía recíproca, que muy pronto dieron sus frutos.

Los Barnabitas recuerdan con admiración la heroica figura de Mons. Cristóbal Giarda (1595-1649) muerto por dos balazos de arcabuz que le dispararon los sicarios del príncipe Ranuccio II Farnese, que estaba en guerra con la Santa Sede, mientras se dirigía, a tomar posesión de su diócesis de Castro, pequeña ciudad a pocos kilómetros de Roma. 

Al caer de su carroza el P. Giarda exclamó: "¡Qué favor, Señor! Me autem judicasti dignum aliquid pati pro te et pro sancta ecclesia tua", ("...me consideraste digno de poder sufrit por ti y por tu santa iglesia"). Luego añadió: "Si nuestro Señor (el Papa) me hubiera significado, no digo ordenado, de ir a Iberia, a Inglaterra o a la India para servir a la Santa Iglesia, aunque estuviera seguro de tener que ser descuartizado en mil pedazos, habría ido de buen grado y alegremente".

En 1682 se publicaron en Francia los principio del Galicanismo, que limitaban la autoridad pontificia para ensalzar la del Rey. A los Barnabitas de Francia, en esa ocasión, el P. general Maderni escribía: "El parecer de todos es que ninguno de lo nuestros suscriba de ninguna manera, ni enseñe la proposiciones que afectan al Papa, y más bien abandonen la enseñanza y salgan de la nación, antes que suscribir de alguna manera esas proposiciones condenadas por los Concilios Generales y muchos Sumo Pontífices, siendo nosotros más obligados a obedece a Dios, a la conciencia, y al Sumo Pontífice que a los obispos" de esa nación. 

Y el Superior de París contestó: que su firme voluntad era "Summo Pontifici etiam cum vitae periculo adhaerere, nihil contra ejus auctoritatem vel infallibilitatem subsignare et eandem animi firmitatem nostris Patribus quantum in nobis erit procurare".

 

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