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¿CAMBIARÁ LA ECONOMÍA?

Escribe: Salomón Matarrita 

Los atentados que tuvieron lugar el martes 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y en Washington, EE.UU., desataron una especie de "miedo (terror) escénico" en la economía. Al día siguiente de los mismos, el precio internacional del barril de petróleo subió; las bolsas de valores de EE.UU. y México, suspendieron sus actividades por una semana en tanto que las de Asia y América del sur, entraron en una fuerte baja; las empresas de aviación se declararon en estado de emergencia y disminuyeron el número de sus vuelos, la frecuencia de los mismos y comenzaron a despedir personal (en las más importantes del país del norte, alrededor de 100.000 personas quedaron desempleadas); la industria hotelera declinó sensiblemente su actividad: bajó el número de turistas y se clausuraron reservaciones; las empresas constructoras de aviones también eliminaron personal. Toda la actividad económica ligada a las ocupaciones mencionadas, se contrajo. Cuando se reabrió la bolsa de Nueva York, los bancos centrales de los países más poderosos de la tierra, se pusieron de acuerdo en bajar las tasas de interés para amortiguar las expectativas de muy baja actividad de compra de acciones por cuanto se esperaba una alta oferta para la venta lo que significaría pérdida de valor de dichas acciones. El fantasma de la recesión, comenzó a corporizarse.

Lo llamativo de todo este cuadro, puede expresarse en una pregunta: ¿cuán fuerte (o débil) está la economía mundial para que ese sea el resultado de los mencionados ataques?. Esta pregunta puede formularse de otra forma: dichos ataques, ¿no habrán elevado a la superficie un agitado mar de fondo de la economía que estaba en condiciones de latencia (espera) para poder expresarse?.

La situación antes de los atentados

Desde hace aproximadamente una año, está instalada en el ámbito de los economistas -pero también en el de los políticos y los sociólogos- una discusión que para la burguesía tiene carácter casi estratégico: la economía yanqui, ¿está a las puertas de la recesión o está entrando (de a poco) en ella?; si es así, ¿es coyuntural o refleja alguna cuestión más de fondo, estructural?. En todo caso, ¿qué presagia ello para la economía mundial?.

Con respecto a esa discusión, no había acuerdo a principios de este año. Las interpretaciones que hacía Paul Samuelson profesor en el Instituto Tecnológico de Massachussets, premio Nobel de economía en 1970, por ejemplo, era que se trataba de un fenómeno pasajero que en muy poco tiempo volvería a la normalidad. Hacia fines de ese mes, Lester Thurow, también economista y profesor en el Instituto Tecnológico de Massachussets) decía "La economía estadounidense se desacelera y el resto del mundo puede dejar de invertir allí". A principios de febrero, Jean Paul Fitoussi, economista y filósofo, profesor del Instituto de Estudios Políticos, París, afirmaba que la recesión gringa podía arrastrar a los países europeos si se asume que EE.UU. funciona como locomotora de la economía mundial pero que la Unión Económica Europea puede aprovechar para relanzar su propia estrategia y despegarse del fenómeno recesivo.

Los datos estadísticos, se sumaron a la discusión y, con la fuerza de la corroboración empírica, a principios de febrero, al publicarse los índices de actividad económica del mes de enero, confirmaron la tendencia recesiva: el índice a actividad industrial cayó de un 44.3% en el mes de diciembre a un 41.2, el más bajo nivel desde marzo de 1991, año que marcó el fin de la recesión. Al mismo tiempo, la empresa General Electric, informó que en los próximos dos años despediría 75.000 empleados, el 15% de sus trabajadores en todo el mundo.

Días antes del atentado, el sábado 8 de septiembre, el diario La Nación, de Costa Rica, nos informaba que las tres bolsas de Nueva York Dow Jones, Nasdaq S&P) cayeron y que fueron acompañadas en ese movimiento por las de Londres, Francfort, Tokio, México y Buenos Aires. El comportamiento de las bolsas neoyorquinas se explicaba por "…el pesimismo que generaron las altas cifras de desempleo en los EE.UU. en agosto." Estas noticias estaban acompañadas por otras de la misma especie. Por ejemplo, la profundización de la recesión japonesa o el cierre de la empresa francesa de electrodomésticos, Moulinex, con su secuela de despidos y aumento del desempleo.

Como puede apreciarse, la recesión estaba establecida como fenómeno mundial de la economía antes de los atentados.

En Costa Rica esa situación se manifiesta por medio del despido de alrededor de 2500 trabajadores relacionados con la actividad hotelera y de 60 empleados de las líneas de aviación.

La superación de la anterior recesión

Hemos mencionado que el año 1991 marcó el fin de la anterior recesión. A partir de entonces, año de la guerra del Golfo, la economía gringa vivió una época de crecimiento sostenido con una pequeña interrupción hacia 1995. Esa época, en líneas generales, coincidió con los dos mandatos del gobierno de Bill Clinton (recordemos que comenzó en enero de 1993 y terminó en enero del 2001). En rigor de verdad, debemos decir que ese crecimiento se asentó en la llamada "reaganomics" (política económica llevada adelante por los ex presidentes Reagan y Bush -padre del actual- en los EE.UU. y por Margaret Tatcher en el Reino Unido). La misma consistió en el aumento de la explotación de los trabajadores como consecuencia de la aplicación de las normas de flexibilización laboral que deparó una alta rentabilidad a la burguesía yanqui.

Pero ello no es toda la explicación o, es insuficiente.

Recordemos que una de las características del capitalismo tiene que ver con la necesidad de resolver situaciones de crisis extrema por medio del desarrollo de situaciones de guerra. Las guerras mundiales de 1914 – 1918 y 1939 – 1945, son corroboración de lo dicho. En esas circunstancias, hay un sensible aumento en la producción de armamentos y la consecuente venta. Veremos algunos datos. Para ello nos apoyaremos en un trabajo del economista José Martins titulado Las armas de la globalización.

Mencionemos, para comenzar, un dato de enorme importancia que publicó una agencia especializada en control de armas del Departamento de Defensa de los EE.UU. En 1986, Rusia era el mayor exportador mundial de armamentos; participaba con el 46.5% en el comercio global, En 1996 (diez años después) esa participación cayó al 8%. Recordemos que durante esa década, se dio la gran crisis del stalinismo y la conversión de las "repúblicas populares" en "corruptas repúblicas capitalistas".

Ese cambio tuvo su simétrica expresión en la variación que experimentaron los EE.UU. Efectivamente, de una participación del 26% en 1986, pasaron a una de un 55%. Otros exportadores ubicados en Europa occidental pasaron, en conjunto, de un 21% a un 29%. Para 1996, el cuadro mundial de exportadores de armamentos quedaba así: 1) EE.UU., 55%; 2) Inglaterra, 14%; 3) Rusia, 8%; 4) Francia, 8%; 5) Suecia, 3%; 6) Alemania, 2%; 7) Israel, 2%; 8) China, 1%; 9) Canadá, 1% y, 10) Holanda, 1%. Todo ello abarca el 95% del comercio mundial de armamentos. Observemos que los puntales de la coalición antiterrorismo, son los mismos.

Cuando se entró en la etapa posterior al derrumbamiento del stalinismo, luego de la caída del muro de Berlín y de la desaparición de los mal llamados países del "socialismo real", aparece una baja en el comercio mundial de armamentos. Corresponde a la generalizada creencia de que la ausencia de la llamada bipolaridad permitía abrigar un período más o menos largo de ausencia de probabilidades de guerra generalizada. Sin embargo, las guerras focalizadas crecieron en cantidad y en intensidad. Aumentaron los conflictos regionales y magnificaron su presencia los conflictos por las nacionalidades y/o cuestiones religiosas. También creció la presencia de los llamados pueblos originales como es el caso de la lucha del zapatismo en México o de los pueblos indígenas en Ecuador.

Durante ese período EE.UU. aprovechó la disminución de gastos propios en armamentos para incrementar su inversión en máquinas y equipamiento que crecía a una tasa del 6% anual. De esa manera EE.UU. salió de la recesión de la década del 80.

Pero los conflictos militares expresan los conflictos sociales de una manera distinta y si estos no se solucionan, aquellos surgen con nuevas fuerzas. Si a ello se suma que la crisis crónica de dirección revolucionaria se incrementó, la aparición de grupos terroristas, se vio facilitada. No es una casualidad que los gastos militares entre 1986 y 1994 cayeron en un 35% en el mundo pero que en los EE.UU. ello fuera del 21%, los de los países de la NATO en un 16% y en los países "potencialmente enemigos" (China, Cuba, Irán, Irak, Libia, Corea del Norte, Siria y Vietnam, cayeron en un 69%. Notemos: los países que menos gastaron en armamentos son aquellos a los que EE.UU. califica como partidarios del terrorismo.

¿Hacia una economía de guerra?

Recapitulemos: mientras en el mundo caía el gasto destinado a la compra de armamentos, en EE.UU. se daba un incremento relativo del mismo del orden del 157%, más que el que tuvo durante la guerra fría. Es decir, EE.UU. se estaba preparando para la guerra. Además incrementó su participación en el comercio de armamentos. Pero, tal vez lo más importante, las empresas gringas, seguidas por las de Europa occidental, monopolizan el comercio mundial de los mismos. De las 100 mayores empresas que en el mundo producen armas, 41 son gringas, 37 son de Europa occidental, 8 son japonesas, 6 son israelíes; es decir ahí están 92 de las 100 mayores empresas. ¿Hasta donde está involucrados esos países en esta nueva y larga guerra?.

Pero hay otro dato que es muy significativo; se refiere al tipo de armamento que producen. En términos generales, las empresas gringas producen armamento muy sofisticado y que es comprado por los países europeos; por ejemplo: cada misil que cae en suelo afgano cuesta un millón de dólares (el primer día de bombardeo cayeron 50). Los europeos, a su vez, producen material de menor complejidad tecnológica y lo venden a los países más atrasados. Si la perspectiva es una guerra larga en la que se combinan armas complejas y armas más sencillas; si la mayoría de los países "potencialmente enemigos" gastaron poco en rearmarse; si la mayoría de los gobiernos acepta la propuesta de una guerra prolongada y declaran como su enemigo al terrorismo, la perspectiva más probable es que haya un significativo aumento en la producción y comercialización de armamento. Por ejemplo: el congreso de los EE.UU. autorizó al gobierno del Sr. Bush, a gastar 40 mil millones de dólares para pagar los gastos que se requieren para encarar los ataques recibidos y para encarar la respuesta militar, fundamentalmente.

Lo que se prefigura, entonces, para el futuro es una guerra contra las masas (veamos la dificultad que existe para identificar a un estado enemigo) y un activo comercio bélico. ¿No es esto un intento por salir de la recesión que abarca a los EE.UU., Europa y Japón?. ¿No será este el momento elegido por la burguesía imperialista mundial para derrotar físicamente al movimiento de masas?.

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