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A detener la primera guerra de la globalización imperialista

Escribe: Pablo Hernández A. 

Veinticuatro horas después que tres aviones bomba impactaran en las torres gemelas y en el Pentágono, George Bush, Presidente de Estados Unidos, declaraba la "guerra al terrorismo". Han pasado varias semanas de tal declaración y las palabras van más rápidas que las acciones, por lo menos con las que se podrían esperar en proporción a la magnitud de los hechos y repercusiones que el atentado tuvo y con la retórica de guerra inminente del Gobierno de Bush.

Junto a la campaña ideológico-propagandística y a las labores de inteligencia militar, el gobierno norteamericano ha venido desarrollando una fuerte acción política-diplomática para que todos los gobiernos de la burguesía mundial, incluyendo a la árabe, cierren filas en esta guerra y se disciplinen al gendarme que lidera la gran coalición contrarrevolucionaria en el planeta globalizado. Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa de los Estados Unidos ha hecho un viaje por cuatro países árabes clave para amarrar el ataque a Afganistán. Presidentes, Jefes de Gobierno y Primeros Ministros de todo el mundo, con dudas o no de lo oportuno de una agresión a Afganistán, ha visitado Washington para avalar la guerra declarada por G.W.Bush.

Logrado el aval del Consejo de Seguridad de la ONU y el pronunciamiento de la Asamblea de Naciones Unidas, el Gobierno de Bush tiene todo montado para desatar el inicio de las acciones militares. Pese a hacer insistentes presiones al Gobierno Talibán, la movilización antimperialista musulmana en Pakistán y Afganistán le ha impedido lograr la entrega del supuesto responsable de los atentados, Osama Bin Laden. Bush ahora profesa por la creación de un Estado Palestino como ofrecimiento demagógico para ganar o por lo menos neutralizar a las masas musulmanas.

Internamente y en la misma coalición mundial que lo apoya surgen muchas dudas respecto de la efectividad política de un ataque a Afganistán. Por más que busquen un momento frío, más ventajoso para agredir, los efectos de la misma y el temor al empantanamiento o al síndrome de Viet Nam asoma tímido pero real en varios sectores, aunque se cuiden de hacer un ataque evitando muchas bajas de sus fuerzas militares y buscando focalizar en blancos militares talibanes. Estados Unidos hará una demostración contundente de posicionamiento de poder, orientado a satisfacer la expectativa de la "opinión pública" norteamericana de venganza y afirmar su poderío en la zona y ante el mundo.

"Conmigo o contra mi"

En su discurso del jueves 20 de setiembre, ante la sesión conjunta del Congreso norteamericano, Bush explicó cómo será esta guerra de "nuevo tipo" "....Dirigiremos todos los recursos a nuestra disposición – todos los medios de la diplomacia, de inteligencia, todo instrumento para la aplicación de la ley, toda influencia financiera y toda arma de guerra necesaria- para la destrucción y la derrota de la red global del terror".Para esta guerra el gobierno norteamericano ha ido forjando una amplia coalición epicéntrica donde no hay término medio: "...o están con nosotros o con los terroristas", señaló el Presidente en el mencionado discurso.

" Los estadounidenses no deben esperar una batalla, sino una larga campaña como no hemos visto ninguna otra jamás. Puede incluir golpes dramáticos visibles en la televisión y operaciones encubiertas secretas igual de exitosas".

En pocas líneas está resumida la concepción de guerra del imperialismo y que va más allá de componentes piro-tecnológicos característicos de la cinematografía bélica holiwoodense.

Pese al despliegue retórico y a la concentración de la más poderosa maquinaria bélica en la zona donde estarían Bin Laden y sus "secuaces", al imperialismo le resulta pesado implementar las acciones de su política de guerra de nuevo tipo. Y es que no basta con tener claro el carácter de la guerra, ello sigue siendo abstracto mientras la lucha de clases es concreta y es la que impera.

Por qué tardó la acción? Pasado el tiempo de las declaraciones de absoluta unidad de principios en la coalición mundial tejida por Estados Unidos parecen las disensiones internas, veladas diplomáticamente, respecto de los pasos militares a seguir, especialmente con respecto a una invasión o ataque a Afganistán y a otros países de los registrados en la lista terrorista, tanto a lo interno como en varios gobiernos europeos. Las escenas de insistente pero infructuoso pulso para que los testaferros gobernantes paquistaníes pidan a los Talibán la entrega del primer sospechoso de los atentados: Bin Laden y sus correligionarios, se contraponen con el impresionante despliegue militar de los Estados Unidos en la zona, para cercar un miserable, escabroso y desértico país donde estaría afincado el "malvado" sin tomar todavía la decisión de soltar su furia justiciera.

"La guerra es la continuación de la política por otros medios"

Cuando en el Siglo XIX el general prusiano, Karl Clausewitz, escribió esta frase en uno de sus tratados no faltaba a la verdad. Con ella ubicaba correctamente el carácter político de las confrontaciones bélicas. En los hechos de las torres gemelas y de la primera guerra del siglo XXI hay que buscar en la naturaleza de clase de los mismos su explicación y las políticas que de tal condición se genera.

Luego de la caída del Muro de Berlín y de los regímenes y Estados supuestamente "socialistas", del establecimiento del "Nuevo Orden Mundial" iniciado en la Administración de Bush padre luego de la Guerra del Golfo Pérsico, se imponía (según la propaganda imperialista de su tiempo) el triunfal "post modernismo", el "final feliz" con el advenimiento del reino de la Globalización y su teoría del derrame de la riqueza sobre el mundo. Con Carlos Marx muerto y enterrado, sin embargo, la lucha de clases no ha cesado y aunque tome rumbos para nada convencionales, la verdad es que ésta se mueve y estremece al mundo como todos pudimos observarlo en New York: el poderoso imperio norteamericano, ahora en la figura simbólica de las "Twins, se desplomaba al puro suelo, con el mismo asombroso movimiento en cámara lenta con que en aquellos años la T.V. nos mostraba, desde Cabo Kennedy, sus despegues soberbios en los años 60s hacia la conquista del espacio infinito (Apolo 1, 2, 3, 4, 5 ...).

Detrás de estos hechos, la necia lucha de clases persiste porque en la decadencia del capitalismo en su fase de pudrición imperialista los de abajo ya no quieren seguir como están y los de arriba ya no pueden sostenerse como antes, parafraseando a Lénin en la definición que hacía de una situación revolucionaria. Miles de argentinos desempleados se rebelan y habiéndolo perdido todo, hasta el más elemental derecho -el de trabajar- se enfrentan al Gobierno y a sus fuerzas represivas con arrojo y coraje. En Chiapas y Ecuador, aquellos que soterrados eran parte del folclor para la atracción turística "antropológica" son capaces de alzarse en rebeldía y en el último caso hacer caer con sus movilizaciones a un Gobierno. En Palestina, las "intifadas" con los niños y jóvenes "armados" con piedras y ligas hacen imposible que el Estado sionista con su régimen de dominación y opresión se estabilice. Y no muy lejos, en nuestra propia realidad, la rebelión de trabajadores, sectores populares, campesinos y estudiantes, hace añicos el Combo ICE, pilar de la privatización en un hecho único en la historia de las ofensivas privatizadoras triunfantes hasta entonces en Latinoamérica.

Por otra parte, las economías capitalistas vuelven a ciclos más frecuentes de crisis que ahora ya no solo afectan a las potencias y países periféricos sino también a los propios Estados Unidos. Antes del atentado el desempleo en Norteamérica alcanzó el 4.9% y una recesión galopante se imponía con mayor fuerza, luego de varios años de crecimiento económico de lujo de su economía. Luego de los atentados esa dinámica solo se ha agudizado o acelerado más con 100 mil puestos de trabajo menos en la aviación y el despido de miles de trabajadores en la industria automovilística. Asentada la fortaleza de la economía imperialista en la confianza de la potencia triunfante de la guerra fría y de la debacle del llamado "comunismo".

Pero, ¿cómo imponer sus planes de globalización, de acrecentamiento de la tasa de ganancia para el capital financiero, si las masas en todo el planeta persisten en pelear?. Bin Laden es solo un episodio en esta guerra, no es la verdadera razón de ser. Al pueblo afgano y a su dirección talibán, pueden hacerles morder el polvo de la derrota si es que se enfrentan y no ceden a las presión. Pero bien lo dicen los analistas del imperialismo que cita El País ( 23-9-01), diario español: "...John Woosley, antiguo director de la CIA, ha dicho que, aunque ocurra "lo mejor", aunque se detenga a Bin Laden y sus principales colaboradores, "eso no elimina la malaria". Donal Rumsfeld dice por su parte que de lo que se trata es de "drenar el pantano". Pero el pantano o la malaria, no están en Afganistán, ni en Palestina, ni en Medio Oriente: cada vez más abarca todo el planeta.

Hoy, parafraseando al socio imperialista Tony Blair que amenaza a los Taliban con el "Entreguen a Bin Laden o entreguen el poder", el imperialismo dice, entreguen sus luchas, déjense explotar y empobrecerse en el desempleo y los salarios de hambre o les daremos garrote. En el centro de la guerra están entonces el movimiento de masas y sus direcciones. Los trotskistas no compartimos la política, ni los métodos, ni el programa del fundamentalismo islámico. Ellos son, sin embargo, los que dirigen la Intifada y al movimiento de masas árabe. Nosotros defendemos y apoyamos al movimiento de masas y defendemos del ataque imperialista a sus organizaciones y a sus direcciones.

Focalizada la guerra contra el llamado "terrorismo", los verdaderos enemigos del imperialismo, los que le echan a perder, no sus torres, sino su camino a la barbarie de las megaganancias y la concentración de la riqueza y de la destrucción de las fuerzas productivas (desempleo, desmantelamiento social, miseria de los trabajadores, despilfarro de la sobre-producción, dilapidación e irrecuperabilidad de los recursos naturales, no sostenibilidad del planeta) es la terquedad de las masas de no dejarse y salir a luchar con lo que pueden, en el caso de los árabes con el Corán bajo el brazo.

Enfrentar la guerra imperialista contra el movimiento de masas

La guerra imperialista tiene un objetivo más allá del llamado "terrorismo". Para desenmascarar este pretexto, levantamos un NO A LA AGRESIÓN DE LA COALICIÓN IMPERIALISTA A AFGANISTÁN.

FUERA EL IMPERIALISMO DEL MEDIO ORIENTE.

NINGUNA DUDA: CON LAS MASAS ÁRABES EN EL ENFRENTAMIENTO MILITAR CON EL IMPERIALISMO.

QUE EL MOVIMIENTO DE MASAS JUZGUE A BIN LADEN Y NO LOS MAESTROS DEL TERRORISMO: EL IMPERIALISMO, LA CIA Y EL PENTÁGONO.

CONTRA LA GUERRA IMPERIALISTA Y LA BARBARIE QUE TRAE, LA SALIDA ES LA LUCHA POR EL SOCIALISMO SIN AYATOLAS NI MULÁS, SIN JEQUES NI PRÍNCIPES. POR LA FEDERACIÓN DE REPUBLICAS ÁRABES SOCIALISTAS.

POR UNA PALESTINA LAICA, DEMOCRÁTICA Y NO RACISTA QUE ABRA PASO A UNA PALESTINA SOCIALISTA DONDE LA CONDICIÓN JUDÍA, MUSULMANA O CRISTIANA NO DETERMINE LAS RELACIONES NI SEA RAZÓN DE ODIOS NI DIVISIONES.

ABAJO EL ESTADO SIONISTA ISRAELÍ, ENCLAVE IMPERIALISTA EN MEDIO ORIENTE.

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