Claude Monet

                            

                                                                                                  

 

BIOGRAFÍA

        Más que cualquiera de sus colegas, Claude Monet personificó el impresionismo y su obra fue la que definió el movimiento. Durante su larga y productiva carrera, el artista nunca perdió su inventiva pictórica. Podía regresar a un tema diez o doce veces y seguir encontrando en él no sólo algo nuevo de ver, sino también un motivo para pintarlo de otra manera. Esta excepcional relación entre la visión y su transformación en pintura llevó a Paul Cézanne a decir que Monet era "sólo un ojo, pero Dios mío, qué ojo".

        Aunque nació en París, Monet creció en la ciudad puerto de Le Havre donde, en sus años adolescentes, conoció al pintor Eugène Boudin, famoso por sus coloridas escenas de puerto y playa. Boudin introdujo a Monet a la pintura al aire libre, un enfoque que iba a ser esencial en el estilo de trabajo de Monet durante setenta años. En 1861-62, Monet prestó servicio militar y fue enviado a Argelia. Si bien entonces no estaba preparado para apreciar la experiencia, llegó a creer más tarde que esta exposición a la luz intensa y al vivo colorido de África del Norte había sido crítica en su trabajo posterior. De regreso a Francia se trasladó a París donde estudió formalmente con J.B. Jongkind. Luego, en el estudio de Charles Gleyre, conoció a Bazille, Renoir y Sisley.

        Con la confianza y ambición típicas de un joven, Monet intentó tomar el Salón por asalto. En 1865 comenzó a trabajar en una tela grande donde representaba una escena de picnic, pero no logró completarla. Su proyecto siguiente, Mujeres en el jardín, de 1866-67, fue pintado sustancialmente al aire libre y sólo logró capturar parcialmente los efectos de la luz en las figuras y en el follaje. La obra no impresionó al jurado del Salón. Rechazado nuevamente por el Salón en 1869 y 1870, Monet se vio forzado a repensar su enfoque. Si bien el Salon des Refusés, organizado en 1863, había abierto la posibilidad de cultivar una carrera fuera del sistema académico tradicional, Monet -y sus amigos- no tenía una alternativa a mano cuando abandonó el Salón para desarrollarse profesionalmente.

        En 1870, Monet huyó a Inglaterra para evitar el servicio militar obligatorio durante la Guerra Franco-Prusiana. De regreso a Francia en 1871, se trasladó a Argenteuil, un pueblo pequeño a orillas del Seña, en las afueras de París. En los años que siguieron, su casa se convirtió en centro de reunión de artistas que compartían una mentalidad similar: Renoir, Sisley, Pissarro, Manet y Caillebotte -todos llegaban para hablar, planear y trabajar juntos. Frecuentemente analizaban la idea de una exposición independiente del Salón. Después de varios intentos infructuosos, la exposición se hizo realidad en 1874. Monet se sumó a otros veintinueve artistas en lo que subsecuentemente se conoció como la primera exposición impresionista. Tal como se ha establecido, fue la pintura de Monet, Impresión, Amanecer, de 1872, la que motivó al crítico Louis Leroy aplicar despectivamente el término "impresionista" a los siete artistas que representaban el núcleo radical del evento.

        En la década de 1870, Monet estableció la gama de su obra y la rica diversidad de su estilo pictórico. Sus pinturas respondían únicamente a la relación entre su visión y el proceso de pintar. Nunca eran predecibles su manejo del pincel, del color y de la composición. Se deleitaba en la visión y en las posibilidades ilimitadas de la pintura, un arte que no disfraza nada. En Paseo, Camille Monet y su hijo Jean (Mujer con parasol), de 1875, el artista observó tan agudamente las gradaciones de la luz y los matices del ambiente que todavía miramos la pintura, transportados a un cálido y veraniego día en el campo, mecido por la brisa. No hay fórmula en la pintura: pinceladas cortas y disparejas en la hierba; largas líneas sensuales para describir el vestido de Camille, y guiones de pintura en todas las direcciones para representar el cielo y las nubes. Las líneas azules que fluyen por el rostro de la mujer producen -brillantemente- una sensación de brisa. La obra expresa un fugaz momento plasmado en el lienzo antes de que la luz cambiara o que el viento moviera las nubes. Tal es la esencia del impresionismo: "Pinta lo que realmente ves", decía Monet, "no lo que piensas que deberías ver".

        El interés público suscitado por la originalidad de la obra de Monet y de sus colegas en las exposiciones iniciales del impresionismo fue una falsa alborada. En la década de 1880, Monet pasó duros años de pobreza y de tragedia personal. Camille murió en 1879 y su amistad con sus colegas se vino abajo. Después de comenzar una relación con Alice Hoschedé, la esposa de un amigo, ambos se trasladaron a Giverny en 1883, al noroeste de París. Ahí iba a residir Monet el resto de su vida. Irritado por la presencia de una comunidad de arte angloamericano que había invadido Giverny a fines de la década de 1880, Monet comenzó a cultivar su jardín para darle privacidad a su trabajo. Irónicamente, su situación financiera comenzó a mejorar mucho a principios de la década de 1890, en gran parte debido al interés despertado por su obra entre los coleccionistas americanos.

        Desde fines de la década de 1880, Monet viajó extensamente, trabajando de Bretaña a Antibes, y a fines del siglo pasó un largo período de tiempo en Londres. Monet había comenzado a pensar en sus pinturas no como temas en el sentido habitual, sino como "sobres" de luz coloreada. Esto provocó un cambio significativo en el procedimiento de trabajo de Monet a comienzos de la década de 1890. Empezó a trabajar cada vez más en "series", es decir, en conjuntos de pinturas centradas sobre un mismo tema. La idea se encuentra ya en obras anteriores, por ejemplo las pinturas hechas por él quince años antes respecto a la estación St-Lazare de París, pero ahora su enfoque era más específico y concentrado. En largas series de pinturas tales como Almiares, Álamos en el Epte y en la fachada de la Catedral de Rouen, el punto de visto permanece constante, pero tanto el ambiente como el "sobre" de luz y color cambian radicalmente. A veces, él trabajaba hasta ocho pinturas en un día. En una importante exposición que realizó en 1894, veinte de las cincuenta pinturas expuestas estaban relacionadas con la fachada de la Catedral de Rouen. En esa "serie" de pinturas -un método que mantuvo hasta su muerte- él trató de capturar la gama infinita de la experiencia visual, respondiendo a los vastos cambios de la luz y del color.

        Durante los últimos veinticinco años de su vida, Monet pasó cada vez más tiempo en su propiedad de Giverny. Ahí trabajó en los jardines, tendió un puente estilo japonés sobre un estanque -que había agrandado varias veces-, y pintó algunas de sus pinturas más extraordinarias y trascendentales en su serie de nenúfares. Estas obras van desde grandes pinturas de caballete hasta vastos murales, como los instalados en la Orangerie de París y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En su libertad y en la pura luminosidad de su calidad pictórica conservan un carácter sin par.

        Aunque fueron admiradas públicamente, las obras posteriores de Monet recibieron escasa atención crítica durante muchos años. Parecían un vericueto en comparación con las grandes y radicales direcciones tomadas por la pintura en las primeras dos décadas del siglo veinte -el trabajo de Cézanne, no el de Monet, fue el punto de referencia principal del arte moderno. En los últimos años, el revisionismo histórico que ha examinado el amplio contexto del arte del siglo veinte, ha llegado a revalorizar los extraordinarios logros no sólo de Monet, el impresionista por antonomasia, sino del artista total que era Monet.

 

 

 

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