El pintor francés Paul Gauguin fue también
escultor, ceramista y grabador. Nació en París; su madre era Aline-Marie
Chagal, hija de la activista política Flora Tristan (1803-44) y del
grabador André Chagal. Los padres de Gauguin decidieron emigrar al Perú en
1851, abandonando la Francia de Luis Napoleón: su padre, Clovis Gauguin,
periodista liberal, murió en el viaje. En Perú, los parientes de la madre,
ricos e influyentes, proporcionaron un paraíso tropical al pequeño Paul,
que lo añoraría toda su vida. Tenía seis años cuandosu madre volvió con
él a Francia.
Gauguin abandonó el colegio a los
diecisiete años; fue marino mercante de 1865 a 1867, y sirvió a la marina
francesa de 1868 a 1871. Al morir su madre (a los cuarenta y un años) en
1868, un rico banquero, Gustave Arosa, se convirtió en su protector legal.
Gracias a él, Gauguin entró en una oficina de agentes de Bolsa en 1871.
Dos años después se casó con Mette Sophie . Gad, una institutriz danesa a
la que conoció a través de Arosa; en 1874 nació el primero de sus cinco
hijos.
Hacía poco que se había casado
cuando Gauguin se convirtió en pintor aficionado; en el mundo de la pintura
también lo introdujo Arosa, quien le impulsó a asistir a clases noctumas.
Expuso en el Salón de 1876, y por esa época conoció a Pissarro. En 1879
expuso con los impresionistas y contribuyó regularmente en las últimas
cuatro exposiciones del grupo, realizadas entre 1880 y 1886.
El gozar de una posición económica
moderadamente desahogada, empezó a coleccionar cuadros de Manet, Monet,
Renoir y Degas, comprando una o dos obras de cada uno. Pero sus pintores
favoritos eran Cézanne y Pissarro. Las primeras pinturas de Gauguin
presentan fuertes influencias de estos dos pintores y de Degas. En 1883 dejó
su trabajo para dedicarse exclusivamente a la pintura. Al año siguiente se
trasladó a Rouen, y de aquí pasó a Copenhague; pero no consiguió
encontrar clientes en estas dos ciudades y, humillado por sus parientes
daneses, regresó a París en 1885. Alejado de su familia y ahogado por la
miseria y las deudas, enfermo y nostálgico del paraíso tropical de su
infancia, a partir de 1886 Gauguin vivió entre la esperanza y la
desesperación.
Su odisea le llevó a Bretaña,
Provenza, las Indias occidentales y, por último, a Oceanía. Entre 1886 y
1891 estuvo en Pont Aven y Le Pouldu (Bretaña), con paréntesis en Panamá
y Martinica en 1887, dos meses pasados con Van Gogh en Arles (octubre-
diciembre de 1888) y frecuentes estancias en París. Sus obras bretonas
siguen reflejando las lecciones aprendidas de Pissarro y Cézanne. Pero su
naturaleza infatigable y curiosa le llevó a buscar nuevos medios de expresión
pictórica. Durante estos años se entusiasmó con los grabados japoneses y
el arte de Java e Indonesia que vio en la Feria Mundial de París de 1889.
Su arte se refrescó al entrar en contacto con los poetas simbolistas
Mallarmé, Morice y Moréas, y tomó impulsos simbolistas y religiosos de
dos jóvenes amigos, Bemard y Aurier. Dos holandeses le ayudaron
financieramente, el marchante Theo van Gogh y el artista Meyer de Haan.
Gauguin nunca fue un artista prolífico:
en total, su obra está compuesta por poco más de 600 cuadros y pasteles.
Tampoco su evolución fue lineal: de repente podía avanzar por un terreno
estilístico aún inexplorado para retirarse en cualquier momento. Sus
paisajes, naturalezas muertas y retratos no tienen un simbolismo deliberado.
Su utilización del color es, a menudo, arbitraria; su línea, simplificada
y abrupta. Palabras como «sintetismo» y «cloissonisme» describen su arte
en esta época: más tarde sería postimpresionista. Comparte con los
impresionistas el gusto por los colores puros pero muy pronto desarrolla su
propio estilo. Enmarca las formas en contornos oscuros; en vez de pinceladas
pequeñas, usa amplias manchas de colores sorprendentes: rojos con
anaranjados, azules con verdes... descarta el volumen y la perspectiva. Las
escenas que pinta sugieren simbolismo, mas éste queda bastante hermético.
Una vez Gauguin dijo de sus cuadros
bretones: «Amo Bretaña. La considero salvaje y primitiva. Cuando mis
zuecos pisan su suelo de granito, oigo la fuerte y vibrante nota que estoy
buscando en mis cuadros.» El significado principal de su viaje a bretaña,
era, sobre todo, la afirmación de la propia necesidad de independencia, la
rotura con el orden burgués, el deseo de volver a hallar, en un ambiente
simple y natural, las verdades elementales, gracias a las cuales el ertista
podría manifestar lo que siente y volver a encontrar la forma de expresión
más acorde con él.
Entre los cuadros importantes de este
período cabe citar Visión tras el sermón o Jacob luchando con
el ángel, Cristo amarillo, Cristo en el huerto de los Olivos
y Pérdida de la virginidad . Gauguin y su amigo Meyer de Haan
colaboraron en la decoración del gran comedor de un albergue bretón con un
estilo vanguardista, no naturalista.
Las cerámicas de Gauguin y sus esculturas, especialmente el relieve en
madera titulado Enamórate y serás feliz (1889; Museum of Fine Arts,
Boston), son un ejemplo de su tendencia simbolista. A menudo teorizó sobre
arte en cartas escritas a sus amigos, y en artículos y manuscritos
ilustrados.
La búsqueda, por parte de Gauguin, de
un paraíso tropical le llevó a organizar una subasta de sus obras en París,
en 1891. En junio de ese mismo año se encontraba en Tahití, donde
permaneció hasta el mes de agosto de 1893. No encontró allí un paraíso o
un arte primitivo, ni tampoco unos cultos autóctonos. Por tanto, tuvo que
crear sus propios mitos, su propia serie de alegorías, alternadas con
paisajes, naturalezas muertas y retratos. Se llevó a Oceanía fotos de
obras de arte griego, romano y egipcio, de cuadros de los pintores franceses
del siglo XIX (Delacroix, Degas, Puvis de Chavannes) y de los relieves
budistas del templo de Borobudur, en Java.
Un estudio de la sociedad tahitiana
publicado en 1837 constituyó la base de su manuscrito ilustrado, Antiguo
Culto maorí. A partir de esta obra compuso el relato semiautobiográfico y
semiimaginario de su primer viaje a Tahití, Noa Noa (Fragancia).
Para ilustrarlo realizó varios
grabados en madera que han sido fundamentales en la historia de dicha técnica.
En noviembre de 1893 se expusieron en París las obras pintadas por Gauguin
en Tahití, impresionando a los críticos por sus brillantes colores planos,
sus exóticos temas, sus títulos esotéricos (a menudo en idioma tahitiano)
y su simbolismo. Cuenta que hizo un recorrido de la isla acompañado por una
mestiza que hablaba francés, Titi. Finalmente se instaló en Mataiea, a 45
kilómetros de Papeete. Titi pidió quedarse con él, pero Gaughin la
encontraba demasiado "civilizada" para sus aspiraciones del
primitivismo. En la costa oriental de la Isla conoció a una familia
indigena que le ofreció como vahiné (mujer) a Teha´amana, una niña de
trece años. La adolescente lo intodujo en las costumbres y creencias de su
pueblo.
Narra Gaughin: " Un
dia tuve que ir a Papeete. Habia prometido regresar la misma noche, pero el
coche que tomé me dejó a mitad de camino; debí hacer el resto del
trayecto a pie. Llegue a casa a la madrugada (…) Inmóvil, desnuda,
acostada sobre el vientre, los ojos desmesuradamente abiertos por el miedo.
Teha´amana me miraba y parecia no reconocerme. (…) Los terrones de ella
me contagiaban, me parecía que una luminosidad fosforecente emanaba de sus
ojos de mirada fija…" Asi es como la retrata en Los espíritus
de la muerte velan.
La primera estada de
Gaughin en Tahití tuvo momentos muy dramáticos. Enfermo (escupía un
cuarto litro de sangre por dia), debió se internado en el hospital de allí.
Lo abandonó por falta de dinero. Si bien trabajaba sin descanso, sus
cuadros no encontraban comprador.
Por último, Gauguin regresó a Bretaña en 1894;
desgraciadamente se dislocó un tobillo, y luego -tras una nueva subasta de
sus obra- volvió a Tahití (junio de 1895). Trabajó a un ritmo más lento
durante su segunda estancia allí, pintando sólo 100 cuadros entre 1885 y
1903, frente a los 90 ejecutados entre 1891 y 1893. Al regresar qquizo
conseguir nuevamente a Teha´amana. Pero, esta asustada de la eczema que
volvía loco a Gaughin, lo abandonó. A comienzos de 1896, Paul tomó como
vahiné a Pahura, una joven de 14 años. Ahora sus cuadros tienen una
organización espacial más complicada, aunque el color y la atmósfera
suelen ser más sombríos que en obras anteriores. Por dimensiones y estilo
parecen más bien murales. Las privaciones y las enfermedades siguieron
minando la salud del artista. El año 1897 fue desastroso para él,
culminando con la noticia de la muerte de su hija favorita, Aline, y la
ruptura final con Mette.
Totalmente desesperado, pintó su obra más grande,
más ambiciosa y más filosófica: ¿De dónde venimosl? ¿Qué somos? ¿A
dónde vamos?. Sobre este cuadro escribió Gauguin: "Mi sueño es
intangible, no es una alegoría. Citando a Mallarmé: es un poema musical
que no necesita libreto". Acabada la obra, cometió sin éxito u
intento de suicidio. Pintó poco durante sus últimos años en Tahití (y
nada en 1900). Pero en 1901 se traslado a las Islas Marquesas y, algo mas
animado, pintó varios lienzos importantes en sus dos últimos años de vida.
Siguió esculpiendo, y en enero de 1903 terminó una obra autobiográfica, Adelante
y Atrás. Despues de su muerte una gran exposición retrospectiva ,
celebrada con ocasión del Salon de Otoño de 1905, grantizó su influencia
en el arte del siglo XX.