El Jesús de los evangelios canónicos
"Yo atestiguo a todo el que escucha mis palabras de la profecía de este libro que, si alguno añade a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas descritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están escritos en este libro" (Apocalipsis, 22, 18-19)
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Los evangelios canónicos
Los evangelios canónicos son los que la Iglesia Católica considera como inspirados por el Espíritu Santo. Los evangelios fueron escritos para consumo interno de las primeras comunidades cristianas y eran pautas de instrucción para las reuniones entre ellos: temas de predicación, de conversación y de lectura. La palabra evangelio significa "buena nueva o noticia", y se utilizó precisamente este término para denominar toda esta clase de obras porque el evangelio más antiguo que poseemos, el de Marcos, empieza por esta misma palabra.
Los evangelios tuvieron el cometido de hacer aterrizar en la Tierra al Cristo de Pablo. A este Cristo de Pablo era necesario completarlo, darle una vida en la tierra, hacerlo histórico y real. Pablo, cuando habla de su Cristo lo trata de un modo muy distante, como si su estancia en la Tierra no estuviera definida o él no la tuviera muy clara. Por ejemplo, Pablo nunca da una fecha precisa de la muerte del Cristo, siendo que no habían trascurrido más de veinte años entre la muerte de Jesús narrada en los evangelios y la redacción de la primera carta paulina que conservamos. Y es que Pablo no tenía más noticias de Jesucristo que las que había podido sacar de las profecías del Antiguo Testamento. Aunque visitó a Cefas, el que luego sería llamado Simón o Pedro en los evangelios, como nos cuenta en Gálatas 1, 18 y 2, 1, éste no le informó de nada de lo que cuentan los evangelios canónicos, sucesos que él mismo supuestamente presenció. En las cartas paulinas la ignorancia de Pablo respecto al Jesús de los evangelios es inmensa. Pablo mismo reconoce de dónde saca los datos de la vida de Jesús que él conoce:
"Y al que puede fortaleceros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero se ha manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén." (Romanos 16, 25-26)
Todos los datos que aporta Pablo en sus epístolas están ya presentes en las profecías del Antiguo Testamento. Pablo no hace alusión ni una sola vez a los milagros de Jesús, ni a su lugar de nacimiento, Belén, ni a Judas el que lo traicionó, ni menciona uno solo de los lugares por los que pasó Jesús según nos cuentan los evangelios. Sólo conoce al Cristo, el Ungido, el prometido por los profetas. Sabe que murió y resucitó, pero ignora dónde y cuándo. Pues éste Cristo primigenio, desnudo de toda historicidad, apenas era un rumor que andaba en boca de algunos judíos de la diáspora. Era necesario darle más consistencia, hacer que actuara en la Tierra, insertarlo en la historia. Para eso se escribieron los evangelios.
Los evangelistas siguieron los patrones trazados por Pablo, y desarrollaron su visión del Cristo. Para darle forma a ese Cristo echaron mano, como Pablo hizo, de los cultos mistéricos, de las religiones y leyendas orientales y por supuesto de los profetas judíos y su Mesías. El resultado fue una mezcla de Mesías prometido despojado de todo su carácter judío y de dios salvador mistérico que moría y resucitaba gloriosamente revestido de leyendas orientales. Del Mesías judío en ningún sitio de las Escrituras se afirmaba que tenía que morir y resucitar. Pero con la tergiversación de textos y profecías se logró conciliar ambos personajes.
Antes de llegar a la elección de estos cuatro evangelios canónicos, hubo una gran lucha interna dentro de la escisión católica, porque había gran cantidad de evangelios que además guardaban muchas diferencias entre ellos. El debate fue bastante duro, porque el problema era si se debía considerar inspirado por el Espíritu Santo el Evangelio de Juan, ya que éste tiene diferencias abismales con los otros tres evangelios, denominados sinópticos. Finalmente, prevaleció el hecho de que se suponía que fue escrito por el apóstol Juan, el "discípulo amado" de Jesús, tal y como la tradición afirmaba. No hay que olvidar, sin embargo, que incluso entre los sinópticos hay diferencias y contradicciones notables.
Este fue el método para decidir cuáles fueron inspirados y cuáles no según cuenta una leyenda de los primeros Padres de la Iglesia: se dejaron en un altar todos los evangelios revueltos unos con otros y se fueron a orar durante toda la noche. Al día siguiente en el suelo aparecieron los apócrifos y en el altar los inspirados. A partir de entonces, la escisión católica se dedicó a destruir los apócrifos, pero sin embargo no acabó con todos y algunos han llegado hasta nosotros.
Con respecto a los evangelios canónicos, que fueron escritos en koiné griega y no en hebreo ni arameo como pretenden muchos al hablar de los evangelios originales (Papías afirmó que él vio con sus ojos el original hebreo de Mateo y lo fechó en el año 51; pero según Jerónimo, este original hebreo guardaba no pocas discrepancias con su supuesta traducción griega que hemos conservado. Nota 3), hay que tener en cuenta dos aspectos: el primero de ellos es que los textos que conservamos son copias de copias, no anteriores al Concilio de Nicea (325 d. C.), hechas por amanuenses que sin lugar a dudas cometerían errores de interpretación al leer los textos que copiaban. Así que no se sabe con seguridad cómo eran en realidad los textos originales, pues hasta que se inventó la imprenta éstos fueron copiados muchas veces durante muchos siglos, con el consiguiente peligro de que se interpretara el texto erróneamente; además, el copista podía interpolar otro texto ajeno al original para dejar su impronta personal o para corregir a los evangelistas.
El segundo aspecto a tener en cuenta es que no son una obra que se pueda tomar históricamente, sino que sólo son materia de fe. Ciertamente se dan algunos datos históricos, algunos de ellos incluso inexactos, pero el grueso de las narraciones son tan fantasiosas que sólo un creyente puede aceptarlas. Además. estos evangelios tienen contradicciones respecto a la vida de la Palestina de Jesús; así que podemos deducir, que los autores de tales evangelios tenían en realidad poca idea de cómo era el día a día en aquellos lugares.
Los creyentes datan muy tempranamente los evangelios, acercándolos lo más posible a la muerte de Jesús. Sin embargo, en los evangelios sinópticos Jesús hace refencia a la destrucción del templo de Jerusalén por parte de los romanos.
"Saliendo Jesús del templo, se le acercaron sus discípulos y le mostraban las construcciones del templo. Él les dijo: ¿No veis todo esto? En verdad os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida." (Mateo 24, 1 y ss)
Ello nos hace pensar que ninguno de estos tres evangelios pudo ser escrito antes del 70 d. C, año de la destrucción del templo; así que la profecía no es tal profecía, sino que estos tres pasajes se escribieron después de que el templo fuera demolido por los romanos. Marcos fue el primero que escribió su evangelio. Según la tradición, Marcos fue discípulo de Pedro, y no conoció a Jesús directamente, sino sólo a través de los recuerdos de Pedro. Así que el primer evangelio, el más antiguo, fue compuesto por una persona que no conoció directamente a Jesús, sino que redactó los hechos tras haberlos oído a Pedro de segunda mano. Pero téngase en cuenta que esto es así según la tradición cristiana, porque según muchos estudiosos Marcos no es el tal Marcos en cuestión, sino otra persona desconocida. Esta hipótesis cobra fuerza porque el siguiente evangelio fue el de Mateo, y si bien este Mateo es uno de los apóstoles, el publicano recaudador de impuestos, aunque conoció en primera persona a Jesús, sin embargo copia de Marcos flagrantemente para componer su evangelio, añadiéndole materiales propios y de la fuente Q (del alemán Quelle), documento perdido que contendría logia o dichos de Jesús. Es de resaltar que Mateo únicamente deja de copiar sesenta versículos de Marcos. Todo lo demás lo incorpora a su evangelio Nota 5. El siguiente evangelio es el de Lucas, que según la tradición cristiana fue el querido médico de Colosenses 4, 14 y discípulo de Pablo. Este Lucas, sea o no sea tal personaje, como Mateo copia de Marcos y añade datos de la fuente Q (lo cual explicaría las similitudes entre Mateo y Lucas) y materiales propios. De ahí que los tres evangelios sean tan parecidos. De los 661 versículos de Marcos, Lucas utiliza sólo 350 Nota 6. En cuanto al cuarto evangelio fue necesario hacerle obra de Juan, el discípulo amado de Jesús, para que finalmente fuera aceptado entre los evangelios canónicos, ya que este texto tiene un fuerte carácter gnóstico y dista mucho de los anteriores evangelios.
No se sabe con certeza quiénes escribieron los evangelios canónicos. Los primeros cristianos fueron judíos helenizados que se instalaron en Oriente o en Roma. Pero estos judíos estaban ya muy lejos de su propia cultura, hasta tal punto que escribieron los evangelios en griego, y no en hebreo o arameo que eran las lenguas de Jesús y sus discípulos. Es más, cuando hacían referencia a alguna cita del Antiguo Testamento, utilizaban la "Biblia de los setenta", que era una traducción griega hecha por setenta gramáticos alejandrinos en época helenística Nota 7.
Los defensores de la datación tardía de los evangelios argumentan que en las obras de Justino, apologista cristiano que escribió pasado el año 150 d. C. no aparece la palabra evangelio ni tampoco los términos Nuevo Testamento. Muchos deducen que para ese entonces no estaban compuestos todavía los cuatro evangelios en cuestión o, si estaban compuestos, para Justino eran tan poco importantes que ni siquiera los citó. De lo que sí que habla Justino es de los Recuerdos de los Apóstoles que son las sentencias de Jesús que la tradición oral había recogido y que en ese momento habían sido puestas por escrito. Justino las describe como sentencias breves y lacónicas, todo lo contrario a cómo aparecen en los evangelios canónicos. Esto podría demostrar que el primer evangelio no se redactaría hasta la mitad del siglo II d. C. Autores y fechas de los evangelios canónicos
Desde el principio del cristianismo muchos se preguntaron por qué se eligieron cuatro evangelios y no otro número distinto. Esta duda perseguió a los primeros cristianos y por eso intentaron darle una solución: según Ireneo eran cuatro evangelios por los cuatro puntos cardinales; San Cipriano argumentó sin embargo que cuatro eran los ríos del Paraíso del Eden y por eso cuatro fueron los evangelios; por último, Jerónimo afirmó que eran cuatro porque cuatro eran los anillos que transportaban el arca de la alianza. Desde un punto de vista científico, el que se eligieran cuatro evangelios forzando además la inclusión en el canon del evangelio del Pseudo Juan, tiene su origen en el simbolismo del número cuatro y la relación de éste con la cruz. Estudio complementario: La crucifixión y el simbolismo de la cruz
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Vamos a intentar trazar una narración coherente de la historia de Jesús según los evangelios canónicos. Ésta es empresa bien difícil, porque estos textos encierran muchas incoherencias y contradicciones.
Empecemos por la concepción milagrosa de Jesús. Hay que decir en primer lugar, que ni Marcos ni Juan se ocupan de la infancia de Jesús. El evangelio de Marcos es el más antiguo, por tanto se puede deducir que si en este evangelio no se hace referencia a la infancia de Jesús, ésta aún no estaría inventada, o al menos el evangelista no le daría demasiado crédito y por eso no lo incluiría en su escrito. Seguramente fue una creación de Mateo, cuyo evangelio fue escrito presumiblemente en Egipto. Por otra parte, por ser su evangelio muy tardío, Juan conocía con seguridad los mitos de la infancia de Jesús de Mateo y Lucas, pero él prefiere seguir la doctrina del Verbo encarnado de Filón de Alejandría.
En Mateo leemos (1, 18) que estando María casada con José, éste se entera de que está embarazada sin que hubieran tenido relaciones sexuales. José planea entonces repudiarla en secreto. En sueños se le aparece un ángel a José que le dice que el hijo de María es fruto del Espíritu Santo, y que por lo tanto acepte a María como su esposa. Éste ángel manda a José ponerle al niño el nombre de Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Veamos el fragmento de Mateo en el que sucede esto último:
Infancia
Mateo
Lucas
Genealogía
1, 1 y ss
3, 23 y ss
Anuncio concepción inmaculada
1, 18 (Presumiblemente en Belén)
1, 26 (En Nazaret)
Empadronamiento en Belén
2, 1
Nacimiento en Belén
2, 1
2, 6
Pesebre
2, 7
Magos de Oriente
2, 1-3
Huida a Egipto
2, 13-16
Matanza de los niños inocentes
2, 16-18
Pastores
2, 8-19
Ida o regreso a Nazaret
2, 19-23 (aunque tenían intención de ir a Judea)
2, 39
Jesús niño en el templo de Jerusalén
2, 40- 52
"...he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y se le pondrá por nombre Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros" (Mateo 1, 20-23)
Mateo intentó demostrar con lo que en su mente eran profecías del Antiguo Testamento muchos aspectos de la vida de Jesús. El evangelista afirma que todo eso ocurrió para que se cumplieran las palabras del profeta, en concreto del profeta Isaías. Pero la profecía de la que parte Mateo está viciada desde el principio, porque el evangelista no utiliza la versión original hebrea del Antiguo Testamento, sino que usa los textos de la traducción griega de la Biblia de los Setenta. El primer problema es que esta traducción tenía varios errores, y uno de ellos está precisamente en esta profecía: Mateo habla de una virgen que dará a luz a un niño y lo llamará Emmanuel. Sin embargo, la palabra virgen no aparece en el original hebreo. La palabra hebrea es almah que significa simplemente muchacha o doncella, que no necesariamente tiene que ser virgen. Los gramáticos alejandrinos que tradujeron el Antiguo Testamento al griego, traducción que utiliza Mateo, tradujeron almah como parthenos, que en griego sí que significa virgen. Aunque los traductores modernos del Antiguo Testamento saben que el término virgen no aparece en el original hebreo de Isaías, y a pesar de que sus traducciones son encabezadas por emblemas como "Versión traducida directamente de las lenguas originales", siguen sin embargo traduciendo la profecía de Isaías como si apareciera la palabra virgen. Nota 8 Para darnos cuenta de ello veamos tres traducciones de la profecía de Isaías 7, 10-16, la primera de las cuales es correcta y las otras dos están manipuladas.
"El Señor dijo también a Ajaz: Pide al Señor tu Dios que haga un milagro que te sirva de señal, ya sea abajo en lo más profundo o arriba en lo más alto. Ajaz contestó: No, yo no voy a poner a prueba al Señor pidiéndole una señal. Entonces Isaías dijo: Escuchen ustedes, los de la casa real de David. ¿Les parece poco molestar a los hombres, que quieren también molestar a mi Dios? Pues el Señor mismo les va a dar una señal: La joven está encinta y va a tener un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel. En los primeros años de vida del niño, se comerá leche cuajada y miel. Pero antes de que el niño tenga uso de razón, el país de los dos reyes que te causan miedo quedará abandonado." (Biblia Dios habla hoy)
"He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel. Comerá manteca y miel, para que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra que tú aborreces será dejada de sus dos reyes." (Reina-Valera, 1602. Traducción protestante)
"He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emmanuel. Y se alimentará de leche y miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual temes de esos dos reyes, será devastada." (Nácar-Colunga. Traducción católica)
Siguiendo con Lucas (1, 26) el relato es distinto al de Mateo en cuanto que el ángel, que aquí ya se llama Gabriel, se aparece a María y no a José, y le dice lo mismo que en el relato de Mateo.
Continuemos con la cuestión de dónde nació Jesús. En el evangelio de Marcos, el más antiguo que conservamos, en 1, 9 se nos dice que Jesús llega a bautizarse al río Jordan desde Nararet (Recordemos lo que dice Natanael acerca de Nazaret en el evangelio de Juan, 1, 46: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?"). Éste es el primer dato que encontramos sobre el lugar de nacimiento de Jesús, el cual se completa con 6, 1 donde leemos que Jesús vuelve a su patria, Nazaret, puesto que Marcos no dice que se trate de otra ciudad, sino que sólo afirma que volvió a su patria; de ahí que a Jesús se le dé el apelativo de nazareno. Pero si buscamos este dato en el evangelio de Mateo, el segundo en el orden de composición, encontramos en 2, 1 que Jesús nace en Belén. Aquí tenemos la primera gran contradicción. A pesar de ello, Mateo al copiar de Marcos no duda en decir en su evangelio que Jesús volvió a su patria, pesumiblemente Nazaret (13, 53-54), ya que lo que hace en este caso Mateo es copiar servilmente de Marcos el versículo en cuestión. A este evangelista no le importa incurrir en una contradicción de bulto dentro de su propio evangelio. Lucas que intenta arreglar el estropicio fusiona ambas tradiciones en una sola de la siguiente manera: afirma que José y María residían en Nazaret cuando el ángel Gabriel le anunció a María su concepción milagrosa. Pero a propósito de un edicto del César Augusto van a empadronarse en Belén, de donde eran los antepasados de José, pues era descendiente del rey David (2, 1 y ss.).
| Profecía AT: "Saldrá una vara del tronco de Isaí (Isaí es padre de David); un vástago retoñará de sus raíces y reposará sobre él el espíritu de Jehová: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Isaías 11, 1) |
Y es entonces cuando María da a luz a Jesús.
Antes de seguir adelante, hay que aclarar varias cosas. El empadronamiento que cita Lucas ocurrió el 6 d. C. Y Lucas afirma que estaba todavía vivo Herodes, pero es que sabemos que Herodes murió en el año 4 a. C. Lucas pensó que insertando datos y personajes históricos le daría al relato más realismo, pero lo que hace es todo lo contrario, porque esos personajes históricos y esos datos no casan en realidad.
Por otra parte, el hecho de que haya dos lugares distintos para el nacimiento de Jesús no es casual y responde a la obsesión que tenían los evangelistas de demostrar que Jesús era el Mesías porque los textos del Antiguo Testamento así lo reflejaban ya antes de su nacimiento. Marcos afirma que Jesús nació en Nazaret porque interpreta mal una cita de la Biblia de los Setenta, que como ya hemos dicho es una traducción del Antiguo Testamento hecha por gramáticos alejandrinos. La cita en cuestión es Jueces, 13, 5. En esta cita se habla del nacimiento de un niño que será "nazareo de Dios". Marcos, o de quien tomara el dato, confundió la palabra nazareo con nazareno, cuando ambas son distintas en significado. El término nazareo es hebreo, y viene a significar "persona preocupada por la observancia de la ley". Como es evidente nada tiene que ver con el gentilicio nazareno. Es más, el niño del que habla esta cita es Sansón como más abajo se nos dice, y no Jesús. Por otra parte, Mateo se atreve a decir que Jesús nació en Belén porque en Miqueas, 5, 2 se habla de que un señor saldrá de Belén de Efratá. Lucas, alma helenizada y racional, no soportó semejante absurdo y relacionó ambas ciudades del modo que vimos. Pero Juan, recoge en su evangelio que aún en su tiempo la gente no sabía a ciencia cierta si Jesús había nacido en Belén o en Nazaret:
"Otros decían: Éste es el Mesías; pero otros replicaban: ¿Acaso el Mesías puede venir de Galilea (Nazaret está en Galilea)?¿No dice la Escritura que del linaje de David y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Mesías? Y se origínó un desacuerdo en la multitud por su causa." (Juan, 7, 41-43)
Otro dato interesante ha de tenerse en cuenta si creemos que Jesús era un nazareno. La arqueología no ha encontrado una ciudad llamada Nazaret que estuviera en pie en tiempos de Jesús. En todo el Antiguo Testamento no se encuentra nombrada ni una sola vez, y eso pensando que Nazaret sería la ciudad de nacimiento del Mesías prometido por los profetas. Mateo afirma que Jesús y su familia fueron a habitar a Nazaret para que se cumpliera la profecía de que sería llamado Nazareno. Pero en todo el Antiguo Testamento no se encuentra ninguna cita que diga esto. Lo más cercano que encontramos es el versículo de Jueces 13, 5, citado anteriormente, y recordamos que la palabra utilizada es nazareo y no nazareno. Ningún historiador ni geógrafo de Palestina conoce de la existencia de Nazaret hasta el siglo IV d. C., época del Concilio de Nicea, cuando se fijaron los textos canónicos. El Talmud tampoco hace referencia a Nazaret, a pesar de que cita más de sesenta poblaciones de Galilea. Todos nos indica que esta ciudad fue inventada por un error de interpretación de Marcos, error que se extendió a los demás evangelios por el arte de la copia. Tanto se nombró Nazaret que terminó existiendo.
La tradición cristiana no ha tenido ningún problema en aceptar como más válida la historia contada por Lucas ya que los belenes navideños más se parecen a lo que se cuenta en este evangelio que el de Mateo, porque los dos datos contradictorios de Belén y Nazaret quedan armoniosamente relacionados. Sigamos pues el relato de Lucas. Estando José y María en Belén para empadronarse, María da a luz a Jesús (2, 7) y como no había sitio para ellos en el mesón lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, cajón donde comen los animales de un establo. Por lo tanto se deduce que José, María y Jesús están en un establo rodeados de animales, y digo se deduce porque Lucas sólo menciona el pesebre y nada más. No se nos habla aquí de buey ni de mula. Por tanto estos datos son apócrifos, es decir, no inspirados por Dios. Y para demostrar que Lucas y Mateo hablan de lugares distintos para el nacimiento de Jesús citemos las propias palabras de Mateo, sobre dónde estaba Jesús con sus padres después de su nacimiento:
"Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo, y, llegando a la casa (thn oikian), vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra." (Mateo, 2, 10 y ss)
Es decir, que según Mateo, los magos de oriente se presentaron en una casa, y no en un establo con su pesebre como afirma Lucas.
En 2, 8 Lucas cuenta que había en la región unos pastores que pernoctaban al raso cuidando de su rebaño. A estos pastores se les aparece un ángel que les dice que les ha nacido un Salvador que es el Mesías prometido. Los pastores, ante semejante portento acuden al pesebre a ver lo que les anunció el ángel y al verlo con sus propios ojos lo contaron maravillados a otros pastores. Sobre el episodio de los pastores se pueden sacar dos conclusiones: la primera es que este dato confirma que Jesús no nació evidentemente un veinticinco de diciembre como algunas iglesias quieren pretender hacer creer. De ser así, habría sido imposible que los pastores estuvieran de noche al aire libre pastando con sus animales a causa del tremendo frío que en aquella época hay en Belén. Presumiblemente seria primavera la época más idónea para el nacimiento de Jesús. El veinticinco de diciembre, como veremos, fue una cristianización de una fiesta pagana, la del nacimiento del sol invicto. Así que la navidad en su origen es fundamentalmente pagana. La segunda conclusión es que los pastores fueron copiados presumiblemente de la iconografía del nacimiento milagroso del dios Mitra, pues nacido éste de la roca unos pastores que a la sazón andaban por allí fueron a adorarle.
El episodio de los pastores es desconocido para Mateo, pero él inserta en su evangelio otro motivo narrativo de adoración: el episodio de los magos de Oriente.
| Profecía AT: "Andarán las naciones a tu luz
y los reyes al resplandor de tu amanecer." (Isaías 60, 3
Profecía AT: "Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones." (Salmo 72, 10) Profecía AT: "Vendrán todos los de Sabá trayendo oro e incienso, y publicarán las alabanzas de Jehová." (Isaías 60, 6) Profecía AT: "Reyes serán tus ayos y sus reinas, tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra se postrarán ante ti y lamerán el polvo de tus pies." (Isaías 49, 23) Todas estas profecías se refieren a reyes. Los que visitaron al niño Jesús eran magos de oriente, pero no reyes. |
Suponiendo que en Mateo José también fuera a Belén a empadronarse, cosa que nosotros no creemos, ya que si fuera así semejante dato no habría sido oculto, sino más bien explicitado con todo lujo de detalles (algo muy curioso en los evangelios sinópticos es que obtenemos mayor información cuanto más reciente es el evangelio; ello nos incita a pensar que como Mateo copió de Marcos, y lucas de Marcos y Mateo, se fue añadiendo información para tapar lagunas que los evangelios más antiguos tenían.) pensemos que antes o después de los pastorcillos llegaron unos magos de oriente guiados por una estrella para adorar al niño Jesús y traerle regalos (2, 1-3). Algo que llama mucho la atención es que la estrella los hace pasar por el palacio de Herodes, como para darle a la historia más emoción. ¿No hubiera sido más fácil que los condujera directamente a Belén? Quizás así Herodes no se hubiera enfurecido y hubiera matado a todos los niños inocentes. La cuestión es que Herodes, advertido de las profecías mesíanicas judías, intenta que estos magos le informen de dónde está el rey de los judíos al que van a adorar, pero ellos no le informan y vuelven a su país por otro sitio. ¿No hubiera sido más lógico que Herodes hubiera mandado un pequeño ejército con los magos para que nada más encontrar al niño lo mataran? ¿O quizás no podría haber mandado un espía que siguiendo a los magos le informara de dónde estaba el que le iba a quitar el trono? O lo que todavía es más lógico ¿No podría haber salido a la calle y mirando al cielo haber seguido la estrella mágica? Pues Herodes no hizo nada de esto, sino que se fio de unos completos desconocidos.
Sobre los magos de oriente se pueden decir varias cosas: la primera es que no eran reyes, sino sólo magos. Venían seguramente de Persia y fueron convertidos en reyes para occidentalizarlos y acercarlos a las mentes medievales. Mateo no dice ni cuántos eran, ni cómo eran, ni cómo se llamaban. Todos estos datos son tardíos y apócrifos, inventados a posteriori para calmar el horror vacui que sentían muchos cristianos. Lo que sí que aparece en el relato de Mateo son los regalos: oro, incienso y mirra. Por último, y no lo menos importante por ello, podemos decir que los magos no eran muy apreciados por Yavé, y por eso resulta extraño que fueran guiados por una estrella para adorar a su hijo, que es en definitiva él mismo en pañales:
"No practiquéis la adivinación ni la magia." (Levítico 19, 26)
"Si alguien consulta a los nigromantes y a los adivinos, y se prostituye con ellos, yo volveré mi rostro contra él y lo extirparé de su pueblo." (Levítico 20, 6)
Seguimos con el evangelio de Mateo. En 2, 13-16 un ángel le dice a José en sueños que Herodes planea matar al niño, cosa imposible, pues para el supuesto nacimiento de Jesús Herodes ya había muerto o estaba agonizando. Para evitar esto el ángel le manda que huyan a Egipto hasta que les avise de nuevo. Este relato recuerda mucho la persecución que Seth, hermano de Osiris, emprende contra su sobrino recién nacido Horus. Isis y el bebé divino tienen que esconderse para que Seth no mate a Horus. Es más, el hecho de que José y su familia escapen a Egipto no parece casual. Recuérdese que posiblemente este evangelio fue escrito en Egipto. Herodes entonces da la orden de que maten a todos los niños de menos de dos años en Belén (2, 16-18). Este dato es desconocido para Lucas. Seguramente no le interesó copiarlo y lo deshechó. Esto hasta cierto punto es comprensible, pero lo que no es comprensible es que ninguno de los historiadores romanos ni judíos reflejen esta masacre llevada a cabo por Herodes. Si hubiera sucedido semejante crimen seguramente habría sido reflejado por la historiografía, pero como ya hemos adelantado, este episodio de la persecución de Herodes está copiado de la persecución de Seth sobre su sobrino Horus. Pero Además, como Mateo sabía que esto era bien difícil de creer por nadie, tuvo que inventarse otra profecía que justificara la masacre de los niños inocentes:
"Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada, porque no existen." (Mateo 2, 18)
Mateo utiliza el versículo 15 del capítulo 31 del libro de Jeremías, pero otra vez descontextualiza el verso porque omite lo que sigue, que claramente completa lo anterior. En Jeremías 31, 16 y 17 leemos lo siguiente:
"Así dice Yavé: Cese tu voz de gemir, tus ojos de llorar, porque hay compensación a tus penas. Hay aún esperanza para tu porvenir, oráculo de Yavé. Volverán tus hijos a su territorio."
En estos tres versículos se habla figuradamente. Raquel es Israel y sus hijos son los israelitas en el exilio de Babilonia. Por eso en los versos 16 y 17 vemos cómo Yavé promete la vuelta de los israelitas a su territorio natural. Además en el verso 15 se nos dice que el lamento y gemido se oye en Ramá, que queda a ocho kilómetros al norte de Jerusalén, mientras que Belén, donde supuestamente tuvo lugar la matanza, está a ocho kilómetros al sur de Belén.
En 2, 19 el ángel anuncia a José que Herodes ha muerto y que ya pueden regresar de Egipto. Pero he aquí que Mateo hecha de nuevo mano del Antiguo Testamento para justificar el periplo de la Sagrada familia. Afirma que todo esto se hizo para que se cumpliera la profecía de Oseas 11, 1:
"Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más se les llama, más se alejan. Ofrecen sacrificios a los baales, e incienso a los ídolos."
Veamos ahora la manipulación que hace Mateo del texto original de Oseas. Como hemos visto el texto anterior se refiere a que cuando Israel era niño Yavé lo sacó de Egipto, pues según cuenta la Historia Sagrada el pueblo de Israel estuvo sometido al egipcio. Es más, continúa diciendo que a pesar de eso, el pueblo idolatra a otros dioses. Es decir, que el texto no tiene nada que ver en absoluto con Jesús y su salida de Egipto. Pero en el evangelio de Mateo encontramos lo siguiente:
"Levantándose de noche, tomó al niño y a la madre y se retiró hacia Egipto, permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo que había profetizado el Señor por su profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi hijo." (Mateo 2, 16)
La manipulación es total. Mateo obvia la identidad de ese niño, que es, como hemos dicho, Israel, y pasa olímpicamente de todo el contexto.
José en primer lugar piensa ir a Judea, pero viendo que allí reinaba Arquelao, hijo de Herodes, temió ir allí y se desvió a la región de Galilea, más concretamente a Nazaret para que se cumpliese la profecía, que ya hemos desmentido, de que sería llamado nazareno. Así que estos datos demuestran que en el relato de Mateo no se sobreentiende la historia que más tarde inventó Lucas, porque en Lucas la familia parte de Nazaret a Belén y a Nazaret vuelven. Mientras que en Mateo van a Nazaret porque quieren evitar Judea que era sin duda en realidad a donde querían ir, y lo hacen involuntariamente para que se cumpla una profecía que de profecía, como hemos visto no tiene nada de nada.
Para seguir leyendo datos sobre la infancia de Jesús tenemos que echar mano del evangelio de Lucas, porque Mateo no cuenta nada más. En Lucas ni hay magos de oriente ni persecución herodiana sino que a los ocho días de nacer el niño es circuncidado y se le pone por nombre Jesús, tal y como había mandado el ángel Gabriel (2, 21).
En 2, 22, tras cumplirse los días de purificación prescritos por la ley mosaica José y María llevan al niño al templo de Jerusalén para presentarlo al Señor; y de ahí regresan a la ciudad de Nazaret.
El último dato de la infancia de Jesús inspirado por el Espíritu Santo lo cuenta Lucas en 2, 41. Los padres de Jesús iban a Jerusalén cada año por la fiesta de la Pascua. Con tan sólo doce años el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran, y éstos al darse cuenta de que no estaba en la caravana de vuelta a Nazaret volvieron a Jerusalén a buscarlo. A los tres días lo encontraron en el templo hablando con los doctores, y todos lo que le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y sus respuestas. María sin embargo le reprendió por haberse quedado en la ciudad, y Jesús le contestó que era preciso que se ocupara de las cosas de su Padre.
Ciertamente, la cuestión de la infancia fue un asunto peliagudo para los evangelistas, porque si nos fijamos en las genealogías de Jesús que dan Mateo (1, 1-17) y Lucas (3, 23-38) encontraremos otros dos grandes errores: el primero es que tanto Mateo como Lucas hacen descender a Jesús del rey David a través de su padre José, siendo que José no tuvo nada que ver en su nacimiento, pues la concepción de Jesús fue por obra del Espíritu Santo. Que los evangelistas cometan esta torpeza se explica porque en una sociedad patriarcal el genos lo transmitía el padre y no la madre. El otro gran error es que la lista sucesoria que ambos evangelistas dan no está compuesta por los mismos nombres. El interés de Mateo fue el de hacer descender a Jesús del rey David, pues las profecías decían que el Mesías sería de la casa de David. En cambio, Lucas, al seguir la corriente paulina, hace descender a Jesús de Adán igualmente pasando por David:
¿Qué conclusión podemos sacar de todos los datos sobre la infancia de Jesús que dan los evangelios canónicos? Pues que son todos una sarta de mitos construidos para llenar el hueco vacío de la vida de un personaje sobre el que sólo existían leyendas sobre su vida adulta. En el evangelio de Marcos, el primero que fue escrito de los cuatro, no aparece ni una sola línea sobre la infancia de Jesús. Mateo, al tener a mano los mitos de Isis, Osiris y Horus, los adaptó a la vida de Jesús para crearle un pasado a este personaje. Lucas siguió el juego de Mateo, pero añadió cosas y quitó otras que quizás no le gustaron o no se las creía simplemente. También hizo Lucas de cirujano al intentar recomponer la historia de la infancia de Jesús para darle cierta coherencia, pero no lo logró. ¿Y qué opina Juan de todo esto? La opinión de Juan es cosa aparte: no cuenta nada de concepción milagrosa ni le da a María el papel que los otros evangelios le dan. Sólo dice que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (1, 14). También puso en boca de Jesús las siguientes palabras: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo" (6, 51). Quizás se pueda pensar que Juan consideraba que Jesús bajó directamente del cielo a la tierra a la manera del alma platónica que caída del carro en el mundo de las ideas se encarna en un cuerpo mortal. Pero no hay datos suficientes para afirmar tal cosa.
Mateo
Lucas
Dios
Adán
Set
Enós
Cainán
Maleleel
Jaret
Enoc
Matusalá
Lamec
Noé
Sem
Arfaxad
Cainán
Sala
Eber
Falec
Ragau
Seruc
Nacor
Taré
Abraham
Abraham
Isaac
Isaac
Jacob
Jacob
Judá
Judá
Fares
Fares
Esrom
Esrom
Aram
Arní
Aminadab
Admin
Naasón
Aminadab
Salmón
Naasón
Booz
Sala
Obed
Booz
Jesé
Jobed
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La extraña, incongruente y polémica personalidad de Jesús
Según Lucas (3, 23) Jesús tenía unos treinta años cuando empezó a predicar, pero según Juan no llegaba a los cincuenta (8, 57). Lo cierto es que el supuesto nacimiento de Jesús se fechó erróneamente por Dioniso el exiguo, el cual se equivocó entre ocho y seis años. Jesús, si pasó por este mundo, nació el ocho o el seis antes de nuestra era. Así que cuando murió podría tener unos cuarenta años y no treinta y tres como siempre se ha afirmado. Parece ser que se dedicó toda su vida, hasta que empezó a predicar en Galilea, a la carpintería ayudando a su padre.
¿Tuvo Jesús hermanos carnales? Parece ser que los evangelios afirman eso mismo, y además los nombra. Pero para semejante problema se han propuesto varias soluciones: o bien se han aceptado esos hermanos carnales considerando que Jesús fue el primogénito para que la virginidad de María no se viera alterada o bien se ha dicho que tales hermanos son primos en realidad. Una última posibilidad, la cual la descartaremos más adelante es que sean hermanos en la fe. Veamos todos los pasajes en los que se nos habla de la familia de Jesús:
1.-"¿No es acaso el carpintero, hijo de María, y el hermano de Santiago, de José, y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?" (Marcos 6, 3)
"¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?¿No están aquí con nosotros su hermanas? (Valera- Reina)
"ouj outos estin o tektwn, o uios tes Marías kai adelfós Iakwbou kai Iwsetos kai Iouda kai Simonos; Kai ouk adelfai autou wde pros emas;
La primera traducción es la católica de Nácar-Colunga. Los católicos interpretan que estos supuestos hermanos son primos. La palabra griega adelfos significa hermano nacido del mismo seno en primera instancia y luego pariente. El problema de esta traducción es que si se interpretan a estas personas como primos ¿Por qué no se traducen los términos adelfoi y adelfai como primos y primas? Nosotros no creemos que sean primos. Creemos más bien que aquí se alude a los verdaderos hermanos de Jesús, y ello es así porque si se nombra a la madre lo más lógico es que continúen nombrándose los hermanos carnales, porque de no tenerlos ¿No sería más lógico que se nombrara a su tíos que estarían al mismo nivel que su madre? ¿A qué viene nombrar a primos cuando sería más importante nombrar a los tíos por ser éstos mayores de edad?
"E Isabel, tu parienta (suggenes), también ha concebido a un hijo en su vejez, porque no hay nada imposible para Dios." (Lucas, 1, 36)
En este pasaje encontramos que Lucas, para decir que Isabel era parienta de María utiliza el término suggenes que en primera instancia significa realmente eso, pariente. Si siguiéramos la teoría de la Iglesia católica ¿no debería haber utilizado adelphe puesto que también significa parienta o prima? La cuestión es que las palabras tienen un significado primordial y es el siguiente: adelphos es hermano y suggenes es pariente o primo. Así que cuando encontramos estos términos tenemos que utilizar el primer significado, salvo que el contexto lo deseche. Por tanto, en los anteriores textos en los que se nos hablaba de los hermanos de Jesús, debería haber aparecido suggenes y no adelphos para que la teoría de la Iglesia Católica tuviera consistencia.
"Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana (adelfé) de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena." (Juan, 19, 25)
¿Y qué decir de este pasaje? ¿podremos afirmar que la hermana de María es la tía de Jesús o acaso es la prima de María o una pariente muy lejana? Como ven, la cuestión, viéndola desde esta perspectiva, se volvería harto complicada, porque las palabras podrían significar cualquier cosa... Pero no, utilicemos la razón, y si leemos adelfé es hermana de María y tía de Jesús. Si fuera una prima o pariente sería suggenés.2.-"Vinieron su madre y sus hermanos, y desde fuera le mandaron a llamar. Estaba la muchedumbre sentada en torno de Él y le dijeron: Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan. ¿Él les respondió: Quién es mi madre y mis hermanos? Y echando una mirada sobre los que estaban sentados en derredor suyo, dijo: He aquí a mi madre y a mis hermanos. Quien hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre." (Marcos 3, 31-35)
Los problemas de este texto son los mismos que los del anterior, nada más que la solución de que sean hermanos de fe queda totalmente descartada con la disyuntiva que hace el propio Jesús.
El colofón a toda esta problemática lo ponen Mateo y Lucas, que a modo de remendadores intentan dar nuevamente solución a un problema que arrastraban los evangelios anteriores.
"Estando allí, se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón" (Lucas 2, 6)
Lucas viendo que los anteriores evangelistas le adjudicaban a Jesús varios hermanos y hermanas, se le ocurrió que si añadía aquello de "primogénito" la virginidad de María quedaría intacta, porque primogénito significa el nacido primero. Y si a un bebé se le llama primogénito es porque precisamente después de él siguió alguno más como mínimo. Si nos creyéramos la versión católica, más lógico habría sido que Lucas le llamara unigénito en lugar de primogénito.
Pero veamos otro texto que demuestra que María en todo caso mantuvo relaciones sexuales con José después de dar a luz a Jesús:
"kai ouk eginwsken auten ews ou eteken ton uion auths ton prwtotokon kai ekalesen to onoma autou Ihsoun" (Marcos 1, 25)
1.- "Y no conoció (José) a ella (María) hasta que no dio a luz al hijo de ella misma, su primogénito, y lo llamó por nombre de él Jesús" (Traducción literal, palabra por palabra, del texto)
2.- "La cual, sin que él antes la conociese, dio a luz a un hijo, y le puso por nombre Jesús" (Traducción católica de Nácar-Colunga)
3.-"Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús"(Traducción protestante de Valera-Reina)
¿Puede alguien explicar de dónde los señores Nácar y Colunga sacan eso de "sin que él antes la conociese"? ¡Eso no es lo que pone el texto original! Lo que dice el texto original es que María cuando concibió a Jesús era virgen, pero que luego, José la conoció y tuvieron más hijos por supuesto, de los cuales como hemos visto hablan los evangelios claramente. La virginidad de María no es cuestionada en los evangelios; lo que sí que se cuestiona es que fuera virgen de por vida. Y no es que ya se cuestione, sino que se dice claramente con pelos y señales.
En el evangelio de Juan encontramos un obstáculo para aceptar que Jesús tuviera hermanos carnales. En 19, 26 después de que Jesús haya sido crucificado leemos lo siguiente:
"Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa"
La Biblia Nácar-Colunga anota este pasaje diciendo que esto es una prueba de que Jesús no tenía hermanos, porque si los hubiera tenido lo lógico habría sido que María fuera a vivir con ellos y no con Juan. Ante esta objeción nosotros podemos decir varias cosas: la primera es que este pasaje sólo se encuentra en Juan. La segunda es que en los evangelios sinópticos concretamente en Marcos 15 , 40 y Mateo 27, 55 se citan a varias mujeres como presentes en la crucifixión pero no se cita a Juan ni a María, madre de Jesús. Marcos dice que están presentes María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé. Mateo, por su parte, afirma que estuvieron las dos Marías citadas anteriormente y la madre de los hijos de Zebedeo. Posiblemente la Salomé de Marcos sea la madre de los hijos de Zebedeo de Mateo, pero no lo sabemos. Juan viene a liar aún más las cosas, porque según él, en 19, 25, estan presentes María, madre de Jesús, María la de Cleofás, que es hermana de María, y María Magdalena. Como hemos visto, María tuvo dos hijos llamados Santiago y José, pero no puede ser la segunda María de Marcos; más bien ésta sería madre del Apóstol Santiago el de Alfeo (el menor). La cuestión es que en los evangelios sinópticos, aunque Lucas no cita las mujeres presentes en la crucifixión, no está presente ni siquiera la madre de Jesús. Sólo está presente en el relato de Juan. Así que la incoherencia es notable porque son dos testimonios contra uno. Así que, si tuviéramos que dar crédito a una de las dos versiones, nos tendríamos que quedar con la que dan Marcos y Mateo, y dar por falsa la de Juan, que aunque según su evangelio estuvo presente él mismo, al ser falsa la autoría del evangelio todo se desmorona por su propio peso. Pero a parte de todo esto, de que como el evangelio de Juan es falso, las cosas que diga no tienen el más mínimo valor, pensemos racionalmente: si María tenía muchos sobrinos, más lógico es que se fuera a vivir con ellos y no con Juan, estando María muy próxima a aquéllos pues casi siempre aparece en los evangelios acompañada de ellos.
Si bien hemos visto que Juan nos regalaba un pequeño escollo que debíamos salvar para demostrar que Jesús tenía hermanos, en cambio podemos citar unos versículos suyos bastante explícitos sobre el tema:
"Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del padre, lleno de gracia y de verdad." (Juan, 1, 14)
En este pasaje encontramos la palabra unigénito (monogenous), término que nosotros pedíamos en lugar de primogénito en el fragmento citado de Lucas 2, 16. Pero es que si nos fijamos Juan dice que es Unigénito por parte del Padre, pero no de la madre, o al menos eso no lo dice... Es decir, que Jesús es hijo único de su Padre Yavé. Queda abierta la puerta perfectamente para que María tuviera después de dar a luz a Jesús más hijos, de los cuales nos hablan los propios evangelios.
En resumen, estudiando las fuentes, si hiciéramos caso a los evangelios, Jesús tendría cuatro hermanos y un número indeterminado de hermanas. Pero como hemos visto, la incosistencia de las fuentes, la imposibilidad de que Juan el evangelista sea el apóstol Juan y que Mateo sea el recaudador de impuestos, testigos oculares de parte de los hechos, nos lleva a pensar que cualquier dato dado por los evangelios carece de la más mínima verosimilitud.
Sin embargo, algo más se puede decir sobre los hermanos de Jesús y la supuesta eterna virginidad de María, temas estrechamente relacionados. ¿Por qué la Iglesia Católica se empeña en preservar la viriginidad perpetua de María a toda costa contra viento y marea? Pues por una sencilla razón: el culto a las imágenes. El culto a las imágenes es muy rentable. La gente del pueblo tiene mucha devoción por las imágenes, y claro está por los cepillos donde echar una monedita o poner una velita a tal virgen o a cual santo. La Iglesia Católica no está dispuesta a que estos pingües beneficios se les escapen de las manos. El que tenga oídos que oiga...
La idea que tenemos de Jesús en mente a veces es distinta de la que nos muestran los evangelios. Siempre en la iconografía moderna cristiana vemos a un hombre con el pelo largo, disco solar en la cabeza y faz tranquila que inspira amor y ternura. Pero veamos cuán lejos está de la realidad evangélica este prototipo dulcificado del Jesús que nos han querido vender. Jesús se muestra a veces violento, malhablado y maldiciente. Ejemplo de su iracundia y violencia es el conocido pasaje de la expulsión de los comerciantes del templo de Jerusalén. Pero ustedes dirán que esta violencia está justificada, porque el templo de su padre no es un mercado, como el mismo Jesús afirma.
Bien, con esto queremos decir que Jesús era capaz de fruncir el ceño cuando era necesario, y que en modo alguno tendría esa faz afeminada, más propia de un hombre occidental que de un judío de la época. Seguramente sus rasgos faciales, de existir, hubieran sido rudos y gruesos, como los de sus compatriotas judíos. El rostro afeminado, el pelo limpio y la barba de barbaría es más bien un modelo de Jesús creado en el Renacimiento. Ese Jesús, está occidentalizado, porque como bien decía Jenófanes, los hombres negros del África hacen a sus dioses negros, y si los caballos pudieran fabricar dioses sin duda alguna serían éstos caballos. Así que el dios occidental Jesús tiene rasgos occidentales, cuando en realidad esos rasgos no eran propios de la gente de aquellos tiempos.
Hemos visto un ejemplo de violencia "justificada", si es que la violencia puede tener justificación. Pero hay que decir que Jesús, nuestro dios occidental, base para muchos de lo que hoy es nuestra Europa civilizada, no creía en la democracia, si por democracia entendemos "poder del pueblo" y respeto a las ideas de los demás. No cree en la democracia porque lo que quiere instaurar Jesús es el Reino de Dios, o lo que es lo mismo: una teocracia. Y además Jesús no tiene muy claro eso de que las ideas de los demás sean tan respetables como las de uno mismo:
"El que no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge, desparrama." (Mateo, 12, 30)
Es inimaginable, que semejante sujeto que afirma tal cosa, sea el que haya inspirado la convivencia pacífica y parlamentaria de la mayoría de las democracias mundiales. Jesús dice que el que no piensa como él, es su enemigo. Con este hombre un estado moderno no podría funcionar, porque nuestra sociedad se caracteriza por el consenso y el diálogo. Y Jesús, con estas palabras, niega ambas cosas.
Y claro, los que no están con Él son los que no acepten su mensaje y no se dejen evangelizar. Veamos algunos ejemplos de lo que Jesús considera que se debe hacer con los que no aceptan su mensaje de amor:
"Les decía: Dondequiera que entréis en una casa, quedaos en ella hasta que salgáis de aquel lugar, y si un lugar no se os recibe ni se os escucha, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos." (Marcos 6, 11)
"En verdad os digo que más tolerable suerte tendrá la tierra de Sodoma y Gomorra en el día del juicio que aquella ciudad." (Mateo 10, 15)
"Y tú, Cafarnaum, ¿te levantarás hasta el cielo? Hasta el infierno serás precipitada. Porque si en Sodoma se hubieran realizado los milagros obrados en ti, hasta hoy subsistiría. Así, pues, os digo que el país de Sodoma será tratado con menos rigor que tú el día del juicio." (Mateo 11, 23 y ss)
"No fueron recibidos, porque iban a Jerusalén. Viéndolo los discípulos Santiago y Juan, dijeron: Señor, ¿Quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? Volviéndose Jesús los reprendió, y se fueron a otra aldea." (Lucas 9, 51)
Como vemos, Jesús y sus discípulos no son muy compresivos que digamos con las personas que no acepten su mensaje. La tolerancia de ellos brilla por su ausencia. Tales personajes son más bien unos intolerantes, que no aceptan que otros mantengan ideas opuestas a las suyas. Más adelante veremos que Jesús afirmará que el mayor de los preceptos es el "amarse los unos a los otros", pero claro, siempre que esos otros sean de su misma ideología, porque si no, para ellos en lugar de amor habrá infierno, fuego caído del cielo y el sempiterno crujir de dientes.
El hecho de que Jesús se mostrara tan violentamente decepcionó a los monjes copistas, que creían que si era el Dios del amor, su comportamiento no debía ser tan duro. Este pensamiento llevó a algún monjé a interpolar en el texto original de Lucas la siguiente frase, que ponía a salvo la reputación de Jesús.
"Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma? Pero El, volviéndose, los reprendió, y dijo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea." (Lucas 9, 54 y ss, La Biblia de las Américas)
La Biblia de las Américas escoge unos versículos que sólo están presentes en algunos manuscritos tardíos, lo cual nos lleva a pensar que no estaban en los originales. Estos versículos no se encuentran en la mayoría de las biblias. El editor de la Biblia de las Américas también se decepcionó del comportamiento de Jesús, y al ver que existían en algunos manuscritos tardíos estas palabras de Jesús, las añadió a su edición para atenuar la violencia divina.
Este Jesús violento con sus enemigos, de los cuales como veremos después, nos dirá que hay que amarlos hasta el punto de dejarnos abofetear por ellos, es así porque tiene una personalidad rencorosa; es una persona que pierde los nervios por cualquier nimiedad:
"Y no pudo (o más bien no quiso) hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos pocos dolientes les impuso las manos y los curó. Él se admiraba de su incredulidad." (Marcos 6, 5)
Como sus compatriotas no creen en Él, Jesús se niega a curar a la gente necesitada de su poder y sólo vierte su don en unos pocos. ¿Alguien se puede creer que este Jesús es divino, siendo que está atacado de tantas pasiones humanas, pasiones negativas más propias de hombres viles que de hijos de dioses?. ¿Y qué decir de los improperios que le espeta al pobre Pedro, el cual lo único que quiere es que su maestro no sufra ningún daño?:
"Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: Quítate allá, Satán, pues tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres." (Marcos 8, 33)
Y es normal que Pedro, ya no fuera Piedra, sino que se quedara de piedra, porque encima de que se preocupa de la salud de su querido maestro, lo único que recibe son insultos y vituperios.
Pero Jesús no sólo muestra este mal carácter con sus discípulos sino incluso con su propia madre en las bodas de Caná:
"En esto dijo la madre de Jesús a éste: No tienen vino. Díjole Jesús: Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? No es aún llegada mi hora. Dijo la madre a los servidores: Haced lo que Él os diga." (Juan 2, 4)
En el Catolicismo el culto a la Virgen María es algo muy extendido, hasta el punto de que se llega a venerar más a la Virgen que al propio Jesús, quedando éste en un segundo lugar. Como veremos en otro apartado, esto tiene su origen en algunas religiones paganas, donde se daba culto a una mujer doliente que lloraba la desgracia de su compañero varón (paredro) el cual había sido víctima de alguna injusticia. Parece ser que en los primeros tiempos del cristianismo esto fue algo muy común, el hecho de que la Virgen María ganara terreno y le quitara protagonismo al propio Jesús. Es por eso que en los evangelios tardíos de Lucas y Juan se insertan frases para intentar contrarrestar el fervor que adquiría la madre de Jesús, el cual vemos que ha llegado hasta los días de hoy en el Catolicismo. Veamos lo que opina Jesús respecto a su madre:
"Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre y dijo: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste. Pero Él dijo: Más bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan." (Lucas 11, 27)
El corte que le da a la mujer que levanta la voz es considerable. Aquí Jesús advierte que el cristiano no debe caer en la idolatría, proscrita por su padre, sino sólo seguir su palabra.
Juan es todavía más claro respecto al asunto de María:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14, 6)
O sea, que ni vírgenes ni santos ni ángeles... Todo eso es paganismo como veremos. Jesús es el único camino para llegar a Dios.
Y es que, pensemos bien: si la virgen era una persona como usted o como yo, cuando le hubiera llegado la hora moriría sin duda alguna, como le ocurrirá a usted o a mí. Y si está muerta, no resucitará hasta que el reino de Dios sea instaurado y llegue el día del juicio final. E igual con los santos, aunque el Papa los canonice, los muertos muertos están.
Por otra parte, nada queda ya de las palabras de los angelitos que según Lucas cuando nació Jesús dijeron a los pastores aquello de: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad." El tiempo de la gloria ha pasado y la paz no es más que una palabra vacía de contenido significativo:
"Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda. [...]¿Pensáis que he venido a traer la paz a la tierra (no siempre os creáis lo que dicen los angelitos en el cielo, pensaría el mismo Jesús)? Os digo que no, sino la disensión. Porque en adelante estarán en una casa cinco divididos, tres contra dos y dos contra tres; Se dividirán el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre, y la madre contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera, y la nuera contra la suegra." (Mateo 12, 49 y ss)
"No penséis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada." (Mateo 10, 34)
¡Sabias palabras de Jesús! ¡Cuánto sufrimiento y dolor ha traído su presunta presencia no más de medio siglo en la tierra para toda la humanidad! Los judíos perseguidos a lo largo de siglos por ser deicidas perversos hasta la apoteosis del holocausto nazi, las guerras de religiones entre Islam y cristianismo, y las matanzas entre sectas dentro del propio cristianismo. Gente asesinada en nombre de Dios Jesucristo; la Santísima Inquisición, uno de los episodios más negros de toda la historia de las religiones purificando a base de fuego a herejes, brujas y sodomitas. ¿Y qué decir de la matanza perpetrada entre los indíginas del Nuevo Mundo sólo porque se negaban a aceptar la buena nueva evangélica, obcecados en sus dioses falsos e inspirados por el mismísimo diablo...? Cuando se descubrió América, la Iglesia se reunió de urgencia para saber si esos hombres retrasados civilizadamente tenían alma y podían recibir los bienes del Espíritu Santo...
Jesús, en los evangelios tardíos, ya que el evangelista proyecta su personalidad sobre Él, se nos muestra un pelín racista y antisemita, y eso que Él era judío:
"Vosotros (es decir, los judíos de los que ha hablado anteriormente) tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre" (Juan, 8, 44)
Como veremos más adelante, cuando hablemos de la metamorfosis de Pilato, en los evangelios más antiguos Jesús no es antisemita, sino que dice claramente que sólo se predique a las ovejas perdidas de Israel. El hecho de que Jesús diga cosas contradictorias a lo largo de los cuatro evangelios tiene una explicación racional. Parece ser que en los primeros años del cristianismo existían dos facciones diferenciadas claramente: la facción de Pablo y la facción de Santiago y Pedro. La carta de Pablo a los gálatas nos ilustra muy bien sobre las disensiones entre estas dos facciones. Incluso en Gálatas 2, 11, Pablo nos narra que tuvo un enfrentamiento abierto con Pedro, porque éste se negaba a comer con los gentiles por miedo a lo que podía pensar Santiago de este asunto. La facción de Santiago y Pedro era el comité de Jerusalén que tenía sus propias ideas del cristianismo. Pensaban por ejemplo que el cristianismo debía ser exclusivamente judío, hasta tal punto que exigían a los gentiles someterse a todas las leyes de Moisés. Pablo estaba en contra de esto. También pensaban que la salvación era por obras, según se cumpliera al pie de la letra la ley de Moisés. Estas dos posturas fueron irreconciliables, hasta tal punto que encontramos diseminadas aquí y allá sentencias puestas en la boca de Jesús unas veces defendiendo la facción de Pablo, la mayoría (pues esta postura triunfó en el concilio de Nicea), otras veces defendiendo la facción de Santiago y Pedro, sentencias que no fueron eliminadas por los monjes copistas cuando remendaron los textos originales.
Este Jesús violento, rencoroso y maldiciente se caracteriza también por ser un provocador nato. Provoca a los escribas (Marcos 2, 6 y ss; 2, 15). Provoca a los judíos en general haciéndose llamar Hijo de Dios, Mesías, descendiente de David y montando en un burro al entrar en Jerusalén para que pareciera que se cumplía la profecía de Zacarías, como veremos más adelante. Y provoca también a Pilato, reconociendo que es cierto lo que le dicen los judíos. Y es que Jesús se siente predestinado a realizar una misión divina (Juan, 4, 34), hecho que bastaría a cualquier psiquiatra de hoy en día para diagnosticar una esquizofrenia profunda.
Jesús habla mediante símbolos y parábolas. Y lo hace para hacer una selección entre su auditorio, para que unos se salven y otros no, como el que hace criba: éste me gusta y éste no me gusta, a éste lo salvo y a aquél dejo que se condene. Esto nos recuerda a aquel viejo dios judío Yavé, que tan anchamente afirmaba aquello de "amo a quien amo", es decir que amo a quien me da la real gana.
"Acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas? Y les respondió diciendo: A vosotros os ha sido dado conocer los misterios del reino de los cielos; pero a ésos no. Porque al que tiene, se le dará más y abundará; y al que no tiene, aun aquéllo que no tiene le será quitado." (Mateo 13, 10 y ss)
¡Extremecedoras palabras de Jesús! Al que tiene se le dará, y al que no tiene incluso lo que no tiene se le quitará... ¡Magnífica justicia divina! A vosotros os doy a conocer la vida eterna porque me caéis bien, somos coleguillas, pero a aquéllos fuego y espada. En fin, que Calvino vio en estas palabras la predistinación humana en cuanto a la salvación. Pero claro, el mismo Calvino se autoincluyó entre los amigotes de Jesús que se salvarán. Estaría bueno que llegara a la conclusión de que se salvan un número concreto de personas ya elegidas por Dios, pero que él mismo no está incluido en ese paquete de elegidos. Por supuesto, se subió al autobús de la salvación. Es como el sabio Platón, que en su República llega a la conclusión de que el Estado perfecto es el que está gobernado por un filósofo. ¡Y qué casualidad, Platón era un filósofo!
Veamos unos ejemplos de parábolas que bien por su oscuridad bien por su mensaje se nos hacen tan extrañas como a los apóstoles, los cuales confesaban que no entendían a Jesús. En Lucas 16, 1 vemos que un mayordomo infiel trata de no perder su trabajo haciendo que los deudores de su señor paguen parte de sus deudas. Pero lo que llama la atención es cómo se termina la parábola.
"El amo alabó al mayordomo infiel por haber obrado sagazmente, pues los hijos de este siglo son más avisados que los hijos de la luz." (Lucas 16, 8)
¿Quiénes son esos hijos de la luz? Si alguien lo sabe que lo diga. Luego está la maravillosa parábola de las minas de Lucas 19, 11 en la que un hombre noble da una mina a cada uno de sus siervos y a la vuelta les pregunta qué han hecho con ellas. El hombre noble castiga al siervo que no le ha sacado partido a su mina y premia al que multiplicó el valor de la mina, contradiciéndose esto con la doctrina de no amasar fortuna en la tierra, sino en el cielo. Además, para darle un toque bonito a la parábola, el señor manda degollar a varios enemigos, lo que se contradice con la doctrina de poner la otra mejilla.
Como todos sabemos, Jesús era un maravilloso taumaturgo, es decir, alguien que obraba hechos portentosos tales como milagros los cuales veremos más adelante.
Profecía AT: "En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas." (Isaías 29, 18) Profecía AT: "Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos y destapados los oídos de los sordos. Entonces el cojo saltará como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque aguas serán cavadas en el desierto y torrentes en la estepa." (Isaías 35, 5)" |
Recordemos aquí a aquel viejo dios griego, anterior a Jesús, llamado Asclepio, dios de la medicina. Este dios también era un taumaturgo, pues obraba curaciones milagrosas, hasta el punto que se cuenta que resucitó a un muerto. Sus fieles en su santuario depositaban tablillas en las que les daban gracias por los milagros obrados en ellos: a unos los curaba de su ceguera, a otros de un herpes y a unos últimos de cualquier otro mal humano. La cuestión es que muchas de esas tablillas que se ofrendaban al dios como exvoto han llegado hasta nosotros. Y a día de hoy nos asombramos con la credulidad del ser humano que depositando hasta extremos insospechados la fe en una divinidad, creía que podía ser curado por ella, y de hecho, si experimentaba alguna mejoría en su mal, por supuesto era la gracia del dios la que se había posado sobre esa persona. En fin, que ni siquiera en los milagros fue Jesús original, porque ya Asclepio siglos antes que Él en las tierras griegas derramaba sus dones milagrosos sobre sus adeptos.
Otra cuestión es que en los evangelios hay pasajes que no tienen sentido o son absurdos si damos crédito a que este tal Jesús obraba milagros a diestro y siniestro:
"Y salieron los fariseos, que se pusieron a disputar con Él, pidiéndole, para probarle, señales del cielo. Él, exhalando un profundo suspiro, dijo: ¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que no se les dará ninguna." (Marcos 8, 11 y ss)
Aquí vemos que los fariseos piden una señal del cielo, pero Jesús se niega a dársela. ¿Acaso no son suficientes los maravillosos milagros que Jesús había obrado hasta ese momento? ¿Les parece baladí a los fariseos el hecho de que Jesús diera de comer a más de cinco mil hombres con sólo cinco panes y dos peces como leemos poco antes en el propio Marcos? (6, 35). ¿Qué señal quieren más? Ciertamente, el pasaje es totalmente absurdo, porque si los fariseos quisieran una señal bastaba con seguir a Jesús, ya que sus fabulosos milagros eran la mejor prueba de que Jesús era Hijo de Dios.
Pero es que parece que para los judíos el hecho de que una persona curara a alguien era algo que ocurría día sí día no. Lo vemos en el siguiente pasaje, en el que los judíos se escandalizan porque cure en sábado, cuando en realidad lo asombroso sería el hecho mismo de que curara, y no el que transgreda la ley mosaica:
"Entró de nuevo en la sinagoga, donde había un hombre con la mano seca, y le observaban a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Y dice al hombre de la mano seca: Levántate y sal en medio. Y les dice: ¿Es lícito en sábado hacer bien o mal, salvar una vida o matarla? Y ellos callaban. Y dirigiéndoles una mirada airada, entristecido por la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendió y fuele restituida la mano. Saliendo los fariseos, luego se concertaron con los herodianos contra Él para perderle." (Marcos 3, 1 y ss)
En fin, que esto es totalmente imposible que suceda, porque como hemos visto los fariseos primero piden una señal del cielo y ahora que la tienen porque ven cómo Jesús cura a un hombre con la mano seca se preocupan más de que lo haga en sábado que del milagro mismo. Los evangelistas no saben retratar con decoro y coherencia las reacciones humanas. Estas reacciones de los fariseos son totalmente imposibles, porque una persona medianamente inteligente quedaría boquiabierta al ver un milagro delante de sus propias narices, y reconocería que Jesús es hijo de Dios y el Mesías. Pero como tales hechos no ocurrieron, sino que salen de la imaginación de los evangelistas, y como éstos tienen poca idea de la psicología y reacciones humanas, pintan un cuadro totalmente imposible, en el que los personajes actúan incoherentemente con respecto a los hechos que presencian.
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La predicación de Jesús
Ahora veamos lo que quiso enseñar Jesús, su doctrina. Encontraremos de nuevo absurdos debido a la existencia de esas dos facciones cristianas de las que nos habla Pablo en Gálatas.
En el apartado de la personalidad dejamos a Jesús violando el sábado, pues los judíos en recuerdo de que Dios había hecho el mundo en siete días, al séptimo descansaban, y no hacían absolutamente nada, pero no por capricho, sino porque el mismísimo dios Yavé lo había mandado claramente:
"Y rematada en el día sexto toda la obra que había hecho, descansó Dios el séptimo día (sabbath) de cuanto hiciera; y bendijo al día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho." (Génesis 2, 2 y ss)
"Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios, y no harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que esté dentro de tus puertas, pues en seis días hizo Yavé los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yavé el día del sábado y lo santificó." (Éxodo 20, 8 y ss)
Pero a Jesús poco o nada le importa este precepto, a pesar de que fue Él mismo el que lo impuso. Porque si no lo saben, Yavé y Jesús son el mismo dios según Juan, el último de los evangelistas, lo que pasa es que Yavé engendró a Jesús, a pesar de que éste y aquél han existido desde siempre. Aquí me ahorro el problema del Espíritu Santo, que es más difícil de entender para cualquier persona medianamente racional y sin un ápice de esa poción mágica que es la fe. En fin, que Yavé es un dios revelado a lo largo de la historia como dicen los cristianos, y Jesús es ese mismo dios Yavé, nada más que encarnado en el cuerpo de un hombre para sufrir y morir por los pecados de los hombres... Pero aquí surge el problema: si ambas personas son manifestaciones de un mismo Dios ¿por qué son tan distintas y dicen y hacen cosas tan diferentes? Pablo nos lo explica en su carta a los gálatas. Como vimos, Yavé (o Jesús) prohibió realizar trabajo alguno en sábado. Pero veamos lo que siglos más tarde se le ocurrió hacer a Jesús (o Yavé, según se mire):
"Pasando por allí, vino a su sinagoga, donde había un hombre que tenía seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle: ¿Es lícito curar en sábado? (vease la incongruencia de la pregunta: si Jesús cura y hace milagros es porque es el Mesías y por tanto su mensaje es verdadero y hay que aceptarlo; los judíos se comportan como si el hecho de que alguien cure a otro es algo normal y cotidiano como el que va a comprar pan) Él les dijo: ¿Quién de vosotros, teniendo una oveja que cae en un pozo en día de sábado, no la toma y la saca? ¡Pues cuánto más vale un hombre que una oveja! Lícito, es por tanto, hacer bien en sábado. Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano, y la extendió sana como la otra. Los fariseos, saliendo, se reunieron en consejo contra Él para ver cómo perderle" (Mateo 12, 9 y ss)
Pues aquí Jesús (o Yavé) ya no piensa lo mismo que siglos antes. Ha cambiado de opinión. Su opiníón es mutable con el tiempo. ¿Y qué podemos decir de un dios que cambia de opinión con el tiempo? Pues que evidentemente no es tal dios, porque el dios que cambia de opinión según corren los tiempos es un dios imperfecto, sujeto al devenir. Y según la concepción de Aristóteles, el primer motor o Dios es siempre el mismo y no cambia, porque es en sí la máxima perfección o entelequia. Lo perfecto si cambia deja de ser perfecto, degenera irremediablemente.
Pero es que la cosa no queda ahí, sino que en el mismo evangelio de Mateo, encontramos que la posición del Antiguo Testamento es defendida por el propio Jesús... Lo que más tarde en este evangelio transgrede, ahora nos dice que lo va a cumplir letra por letra:
"No penséis que he venido a abrogar la Ley Mosaica o los Profetas; No he venido a abrogarla, sino a consumarla. Porque en verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni una tilde pasará desapercibida de la Ley hasta que todo se cumpla" (Mateo 5, 17 y ss)
El evangelio de Mateo es un verdadero galimatías; y por cierto, galimatías viene de evangelio de Mateo... Estos últimos versículos defendían las ideas de la facción de Santiago y Pedro, que pensaban que la ley de Moisés debía ser cumplida al pie de la letra, y por eso en sábado se debía descansar sin hacer nada. Si Jesús ahora nos dice que ha venido a cumplir la Ley de Dios, veamos lo que le ocurría a las personas que transgredían el sábado, deduciendo por tanto el castigo aplicable a Jesús por haber transgredido el sábado... Un dios crea una ley, la cual la viola él mismo, pero es que además ese dios dejó bien claro lo que se debía hacer con los que violaran el sábado. Veámoslo:
"Sucedió, cuando estaban los hijos de Israel en el desierto, que encontraron a un hombre recogiendo leña en sábado; y los que le encontraron le denunciaron a Moisés y a Arón y a toda la asamblea; Y le encarcelaron, porque no había sido todavía declarado lo que había de hacerse con él. Yavé dijo a Moisés: Sin remisión, muera ese hombre. Que lo lapide el pueblo todo fuera del campamento. Y lo sacaron toda la asamblea fuera del campamento y lo lapidaron, mueriendo, como se lo había mandado Yavé a Moisés." (Números 15, 32 y ss)
¡Toma castaña! Un pobre diablo recoge leña para hacer el bien sin duda: para comer o hacer fuego. Pero Yavé (o Jesús) dice que lo lapiden sin remisión. Si a una persona que recoge leña Dios le impone tal castigo, ¿qué castigo impondrá al que haga milagros y cure gente...? Pues como mínimo el mismo castigo: la lapidación. Así que según Yavé su hijo Jesús debería haber sido lapidado sin remisión, y por eso lo fariseos buscaban cómo perderle. Semejante lío colosal se debe, como ya hemos dicho, a que en los evangelios hay diseminadas varias sentencias que defienden la postura de Santiago y Pedro. Es decir, que cada facción hacía decir a Jesús lo que más convenía a sus intereses...
En Juan 8, 1 vemos que a Jesús le traen los escribas y fariseos una mujer adúltera y le dicen que la ley de Moisés (o mejor dicho la ley de Yavé/Jesús) manda lapidarla. Jesús le contesta lo siguiente:
"El que de vosotros esté sin pecado, arroje la piedra el primero" (Juan 8, 7)
Y acto seguido los escribas y fariseos se marchan sin lanzar ni una sola piedra. Y el episodio está muy bien, es muy bonito y justo, pero claro, entra en flagrante contradicción con lo que dijo su padre Yavé o el mismo Jesús, pues como sabemos son el mismo dios, nada más que personas distintas de una trinidad. Leamos lo que Yavé/Jesús dijo siglos antes sobre los adúlteros, y Moisés transmitió al pueblo:
"Si un hombre fuere sorprendido yaciendo con una mujer casada, serán muertos los dos, el hombre que yació con la mujer y la mujer. Así quitarás el mal de en medio de Israel." (Deuteronomio 22, 22)
Como estamos viendo son más abundantes los versículos que defienden la postura de Pablo. De vez en cuando encontramos algunas contradicciones, fruto de las ideas de Santiago y Pedro.
Jesús también se cargó la herencia del pecado, aunque nos prometió que iba a cumplir letra por letra la ley de Dios:
"Pasando, vio a un hombre ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron, diciendo: Rabí, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Contestó Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios" (Juan 9, 1 y ss)
Pues nada, que donde dije digo dije Diego:
"...porque yo soy Yavé, tu Dios, un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación..." (Éxodo 20, 5)
Semejantes absurdos y despropósitos no pasaron desapercibidos a los primeros cristianos, que dándole vueltas a sus cabecitas intentaron arreglar las cosas, insertando frases que quedaran para la posterioridad, no sin grandes dosis de manipulación:
"Porque la Ley fue dada por Moisés, la gracia y la verdad vino por Jesucristo." (Juan 1, 17)
Aquí vemos la manipulación intencionada para arreglar estos estropicios, de que no case la Ley con los hechos de Jesús. Y la manipulación la encontramos cuando dice que "la ley fue dada por Moisés". Esto es falso porque la Ley fue dada por Yavé/Jesús y la recibió Moisés. Moisés, si creemos el Antiguo Testamento, y forzoso es que Juan crea en el Antiguo Testamento, no se inventó ninguna ley, sino que Yavé o Jesús las impuso. La misión de Moisés fue transmitirlas al pueblo. Así que la incoherencia y el absurdo persisten si afirmamos que Yavé y Jesús son el mismo dios. La Trinidad es una solución al presunto politeísmo cristiano, pero por otra parte crea grandes absurdos e incoherencias porque Antiguo y Nuevo Testamento son irreconciliables por muchos malabarismos que hagamos.
Pero sigamos investigando qué significa para Jesús el que vaya a dar cumplimiento a la Ley sin olvidarse de una coma. En la Ley se introdujo la ley del Talión, el ojo por ojo:
"El que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte; [...]El que robe a un hombre, háyalo vendido o téngalo en su poder, será muerto..." (Éxodo 21, 24 y ss)
Pero Jesús, en cuanto tiene la oportunidad se desdice de lo dicho, y ya no sólo olvida las comas, sino que olvida también el resto de las letras:"Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No me hagáis frente al malvado, al contrario, si alguno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra, y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto, y si alguno te requisa para una milla, vete con él dos." (Mateo 5, 38 y ss)
Empieza Jesús su argumento diciendo eso de "Habéis oído que se dijo"... ¿Por quién se dijo eso? ¡Por ti mismo, querido Jesús, puesto que tú eres Yavé! ¿Cómo ahora cambias de opinión y te contradices? ¿Acaso nos quieres decir que Yavé y tú no sois el mismo dios y que lo que dijo Yavé es distinto de lo que piensas tú, Jesús? ¿Tendremos que deducir según tus palabras que el Antiguo testamento no es válido entonces, porque encierra cosas que no son ciertas? Pero lo que es peor... ¿Por qué nos dices que vas a hacer cumplir la ley antigua letra por letra y ahora nos sales con estas palabras blandas y humildes, más propias de un dios perdedor que del todopoderoso Yavé de los ejércitos? ¡No hay quien te comprenda, Jesús de Nazaret o de Belén! Más bien pareces un advenedizo que intenta destruir toda la tradición anterior porque no te conviene lo que dice (Es decir, más bien te pareces a Pablo)
Pero Jesús no ha terminado de darle cumplimiento a la ley antigua. Veamos otra más de sus píldoras doctrinales:
"Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?" (Mateo 5, 44 y ss)
Pero es que esta doctrina tan perdedora, tan sumisa, no es la que practicaba el dios Yavé/Jesús siglos antes. ¿Amar a los enemigos? se preguntaría Yavé... ¿A quién se le ocurrió semejante idiotez? A los enemigos hay que exterminarlos. Leamos el final de un cántico que interpreta Moisés para gloria de Yavé, aquél Moisés del que tantas veces dice Jesús en los evangelios que profetizó sobre Él mismo y con el que se encontró cuando se transfiguró junto con Elías:"Cuando yo afile el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de sangre mis saetas y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos y los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos." (Deuteronomio 32, 41 y ss)
¿Así que con semejante personaje que gustaba de cantar canciones tan sangrientas ufanándose de que rajaba a sus enemigos se reunió Jesús cuando se transfiguró?Pues seguramente que Jesús le diría más de dos palabritas acerca de ese vicio perverso de defenderse del enemigo. Le diría: querido Moisés, no debiste cantar eso, sino más bien que se pusiera la espalda cuando una espada te atravesara el pecho.
En fin, que queda bien claro a todos que Yavé y Jesús no son dos personas de una Trinidad divina, las cuales eran muy comunes en aquellos tiempos, en la creencia de que tres dioses son más eficaces que uno.
Pero no crean que Jesús y su Padre se comportan en el Nuevo Testamento siempre acordes con sus principios básicos de amor al enemigo, la otra mejilla, el manto etc. En los Hechos de los Apóstoles al Dios Padre le sale de nuevo la vena criminal del Antiguo Testamento y fulmina sin pensárselo dos veces a su enemigo. Veámoslo:
"Pero un cierto hombre llamado Ananías, con Safira, su mujer, vendió una posesión y retuvo una parte del precio, siendo sabedora de ello también la mujer, y llevó el resto a depositarlo a los pies de los apóstoles. Díjole Pedro: Ananías ¿por qué se ha apoderado Satanás de tu corazón, moviéndote a engañar al Espíritu Santo, reteniendo una parte del precio del campo? ¿Acaso sin venderlo no lo tenías para ti, y, vendido, no quedaba a tu disposición el precio? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír estas palabras Ananías, cayó y murió. Se apoderó de cuantos lo supieron un temor grande." (Hechos de los apóstoles 5, 1 y ss)
Aquí el Dios padre, olvida aquello tan bonito de poner la otra mejilla, de darle el manto al que te lo intente quitar y demás palabras huecas. Ananías ha intentado engañar a Dios, luego es su enemigo y tiene que morir. A su mujer Safira le ocurre lo mismo. El Dios padre la fulmina.
Este episodio nos conecta directamente con la cuestión del dinero y su relación con la divinidad. En los Hechos de los apóstoles en 4, 32, vemos que las primeras comunidades cristianas practicaban el comunismo: todos ponían en común sus bienes y cada uno hacía uso de ellos según su necesidad. No existía la propiedad privada. Y ya hemos visto lo que le sucedía a la persona que tenía demasiado apego a la propiedad privada que, al modo de Stalin en el siglo XX, era exterminada por Dios (o de cualquier otra forma pero atribuyéndoselo a Dios).
Y era normal que esas primeras comunidades practicasen el comunismo porque Jesús no sentía demasiado aprecio por las personas que tenían dinero.
"No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban." (Mateo 6, 19 y ss)
"No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mateo 6, 24)
"Pero ¡ay de vosotros, ricos, porque habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre!¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis!" (Lucas 6, 24)
"Vended vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se gastan, un tesoro inagotable en los cielos..." (Lucas 12, 33)
Jesús odia a los ricos. Estamos seguros, que si los odiaba en aquellos tiempos, si viviera hoy en día los odiaría aún más: el ochenta por ciento de la riqueza mundial está en manos del veinte por ciento de la población del mundo, y viceversa, el veinte por cierto de la riqueza mundial está en manos del ochenta por ciento de la población mundial. Sólo hay que dilucidar cuál es el porcentaje de los que se hacen llamar cristianos en el mundo para ver que en su inmensa mayoría no cumplen con esta doctrina del dios al que dicen venerar y creer. ¿Quién vende sus bienes y se los da a los pobres?
Hemos visto que Jesús odia a los ricos y poderosos. Y es que Él mismo gusta de rodearse de la peor calaña que hay en este mundo.
"Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores." (Mateo 9, 13)
Hasta tal punto ha venido a llamar a los pecadores en detrimento de las personas de bien que afirma en el evangelio de Lucas algo bastante curioso.
"Yo os digo que en el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia." (Lucas 15, 7)
Esto a nuestros ojos es bastante injusto, porque fácilmente se podría hacer trampa, como en la parábola del hijo pródigo, donde éste despilfarra su parte de la herencia paterna en vicios y cuando ya no le queda nada, no porque añore a su padre sino porque ya no puede seguir divirtiéndose, vuelve a casa y el padre le recibe como un héroe, lo que hace enfadar con toda la razón al otro hermano, que fiel siempre a su padre nunca se le trató de la manera a como se trataba ahora a su hermano perdido. Y es que esta idea de que un malo que se arrepiente vale más que noventa y nueve justos es denigrante para las personas que al creer en Jesús llevan una vida acorde a su creencia. En cualquier momento se les puede colar en el cielo algún hombre perverso, pero que arrepentido a pesar de todo lo que ha hecho, sea más que él en el reino de los cielos. Pero esto es así, porque el cristianismo en sus orígenes reclutó sus adeptos entre las clases sociales más bajas como vemos en las Bienaventuranzas.
"Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el reino de los cielos." (Mateo 5, 10)
"Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que padecéis hambre, porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis." (Lucas 6, 20 y ss)
Vemos que Jesús siente especial predilección por los delincuentes o perseguidos por la justicia. Luego se nombra a los pobres y más desdichados de la sociedad. Por ellos mismos el cristianismo se extendió rápidamente, porque su mensaje de salvación calaba hondamente en ellos ya que sus vidas no tenían el más mínimo sentido.
Pero ¿podríamos afirmar que lo que Jesús quiere es que el ser humano desarrolle un amor hacia los más necesitados y menesterosos? Nosostros creemos que no era exactamente así, o al menos el objetivo no era hacer el bien por el bien, sino hacer el bien esperando recibir evidentemente algo a cambio. Lo que diferencia con toda seguridad a una persona religiosa honrada y que hace el bien a los demás de una persona no religiosa pero igualmente honrada y dada a los demás, es que la segunda no piensa de ninguna manera en una recompensa más allá de la muerte. Hace el bien porque le sale del alma y nada espera a cambio. Mientras la persona religiosa, hace el bien porque ese es un precepto heredado de su religión, y lo hace para agradar a Dios y no para mejorar las condiciones de la persona ayudada.
"Quien recibe a uno de estos niños (o pensemos cualquier persona desamparada) en mi nombre, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, no es a mí a quien recibe, sino al que me ha enviado." (Marcos 9, 37)
Como vemos, para el cristianismo, el bien en sí no es el objetivo, sino que el bien se hace para agradar a la divinidad.
Hemos visto hasta aquí la controvertida personalidad de Jesús y su inaudita doctrina. Sólo nos falta quizás, lo que Jesús opinaba del matrimonio (Mateo, 19, 9), y sobre el castizo hábito español de piropear a las mujeres (Mateo 5, 27). El matrimonio es para siempre, y eso de mirar a otra mujer estando casado para admirar su belleza olvídenlo.
Para seguirle era necesario dejar a la propia familia. Así que el que sea cristiano renuncie a su propia familia para seguir todos estos preceptos.
"Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame antes despedirme de los de mi casa. Jesús le dijo: Nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrás es apto para el reino de Dios" (Lucas 9, 61)
"Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y aún a su propia vida, no puede ser mi discípulo." (Lucas 14, 26)
Jesús da toda la apariencia de un demente que, a la manera de un sectario, pide a sus discípulos que corten todo contacto con la familia que no ha sido iniciada en los misterios. Y luego dirán que la Iglesia Católica siempre defiende la institución familiar. Pues aquí Jesús no la defiende mucho que digamos: hay que aborrecer a la familia para seguirle. Lo que en otros tiempos es visto como hechos llevados a cabo por un santo varón, aunque claro está, siempre observados con las gafas mágicas de la fe que obra maravillas, hoy en día serían hechos condenables, y al que tales cosas dijera le pondrían una camisa de fuerza y le ingresarían en un manicomio. Y luego vendrá Jesús con la cantinela de honrar al padre y a la madre... ¿aborreciéndolos? En fin que este Jesús no se aclara.
Vamos a terminar con las dos enseñanzas más importantes que dio Jesús a sus discípulos: el amor a Dios sobre todas las cosas, y el amor al prójimo. En Juan 13, 34 y ss, después de la última cena les dice Jesús a sus discípulos:
"Un precepto nuevo os doy, que os améis los unos a los otros..."
Jesús afirma que este precepto de amar al prójimo es nuevo. Esta afirmación, como veremos, es un poco aventurada. Siempre se nos ha dicho que la gran bandera que blande el cristianismo es el amor al prójimo, cosa novedosa totalmente para la humanidad que produjo un cambio radical...
En Mateo 22, 34 y ss vemos que un fariseo preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más importante de la Ley. Jesús contestó lo siguiente:
"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo, semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos preceptos penden toda la ley y los profetas."
| Texto relacionado AT: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas." (Deuteronomio 6, 4) |
El Jesús de Mateo es más comedido que el de Juan, pues no dice que el amar al prójimo sea un precepto nuevo, sino que es el segundo más importante de la Ley mosaica. Y ello es así porque el amar al prójimo no es nada nuevo para la mente judía:
"No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yavé." (Levítico 19, 18)
Así que de nuevo precepto revolucionario para la humanidad nada de nada. Era muy antiguo esto de amar al prójimo como a ti mismo. El Jesús de Juan comete la pequeña descortesía de lanzar un precepto como inventado por Él mismo, y no cita las fuentes de las que bebió...
Antes de entrar a desmenuzar los distintos episodios de la predicación de Jesús, veamos las diferentes opiniones de cómo Jesús llamó a sus discípulos. En Marcos (1, 16 y ss) y Mateo (4, 18 y ss) encontramos que Jesús llama a los cuatro primeros apóstoles en el lago Genesaret llamado erróneamente por los evangelistas mar de Galilea, pues es un simple lago. Hay que decir que Lucas, siguiendo su papel de remendador, no llama al lago Genesaret mar sino lago, que es lo que es. Los dos primeros que encuentra son los pescadores Simón y Andrés que eran además hermanos. A la promesa de que les hará pescadores de hombres los dos le siguen. Más adelante se encuentra Jesús con Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, los cuales abandonan a su propio padre para seguirle. En Marcos 2, 14 y en Mateo 9, 9 y ss Jesús se encuentra con Mateo, y con sólo decirle que le siguiera le sigue. En Marcos 3, 13 Jesús desde lo alto de un monte designa a los doce para que le acompañen y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios. Mateo sin embargo en 10, 1 no dice que elija a los doce desde ningún monte, pero tampoco lo niega.
En cambio, en Lucas el encuentro con los primeros apóstoles es un poco más complicado: en 5, 1 y ss leemos que Jesús ve dos barcas junto a las cuales varios pescadores limpiaban las redes. Jesús sube a una de ellas que era de Simón, y alejándose un poco de la tierra desde ella enseñaba. Adentrándose mar adentro le dice a Simón que eche las redes y éste, aunque le dice que la noche anterior nada pescaron, lo hace. Milagrosamente capturan gran cantidad de peces, tantos que las redes se rompían del peso. Simón confiesa entonces a Jesús que es un pescador sobrecogido por el milagro que ha hecho; es aquí cuando Jesús le dice lo de que será pescador de hombres de ahora en adelante. Simón, junto a Santiago y Juan que eran sus socios le siguieron a partir de entonces. Lucas cuenta en 5, 27 el encuentro con Mateo el publicano, el banquete en su casa y las murmuraciones de escribas y fariseos. También afirma en 6, 12 como Marcos que eligió a los doce apóstoles desde un monte.
Los nombres de los apóstoles son los siguientes según Marcos (3, 16-19) y Mateo (10, 2-4): Simón y Andrés, que son hermanos, Santiago y Juan, que son hijos de Zebedeo, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el celador y Judas Iscariote. Lucas (6, 14) discrepa de Marcos y Mateo en un nombre: Judas hijo de Santiago que viene a ocupar el lugar de Tadeo de la lista anterior.
La opinión de Juan respecto a cómo Jesús eligió a sus discípulos es sustancialmente distinta a las dos versiónes de los evangelios sinópticos. Según Juan (1, 35 y ss) dos discípulos de Juan el Bautista, tras escuchar de su maestro que Jesús era el cordero de Dios, siguieron a Jesús. Jesús les preguntó por qué le seguían y ellos a su vez le preguntaron dónde vivía. Jesús les invitó a su casa y permanecieron con él todo el día. Uno de esos dos discípulos de Juan el Bautista era Andrés, el que en los evangelios anteriores era un simple pescador ahora convertido en seguidor de Juan el Bautista. El propio Andrés comenta a su hermano Simón que ha encontrado al Mesías y se lo presenta. Al día siguiente Jesús se encuentra con Felipe y le dice que le siga. A su vez Felipe le dice a Natanael que ha encontrado al Mesías y aunque éste desconfía al principio de la personalidad divina de Jesús, reconoce que es hijo de Dios al conversar con el propio Jesús y confesar éste que lo conocía antes de que lo llamase Felipe. Juan ya no da más noticias sobre la llamada de los discípulos. Ni siquiera aporta los nombres de los doce apóstoles. Pero con esta pequeña noticia, podemos deducir que serían bien distintos si los comparasemos con los evangelios sinópticos. Juan dando sólo cuatro nombres incurre en dos contradicciones con respecto a los evangelios sinópticos: que Andrés sea discípulo de Juan el Bautista mientras en los sinópticos no lo es, y que aparezca un nuevo apóstol: Natanael, del que los sinópticos no tienen ninguna noticia. Bien complicado es pensar que las tres versiones distintas de la llamada de los discípulos, la de Marcos y Mateo, Lucas y por último Juan, sean igualmente verdaderas, porque entre ellas se contradicen. No todas pudieron ser reveladas porque son distintas. Si una es verdadera las otras dos son falsas.
En Marcos 3, 15 leemos que Jesús al elegir a los doce apóstoles les dio el poder de expulsar demonios. De ahí que ahora exista la leyenda de los exorcismos. Más adelante encontramos que partidos los apóstoles a predicar echaron muchos demonios y ungiendo con óleo a muchos enfermos curaron (Marcos 6, 13). Si los sacerdotes actuales son herederos de aquellos primeros apóstoles no es comprensible que tengan poder para hacer exorcismos (cuestión bien difícil de demostrar, pero no de explicar psiquiátricamente), y sin embargo no puedan hacer milagros.
En Marcos (1, 29), Mateo (8, 14) y Lucas (4, 38) encontramos un polémico pasaje que atañe a la Iglesia Católica, a su jerarquización y a su líder, el Papa. Nos cuentan los tres evangelistas que Jesús, entrando en casa de Simón, curó a la suegra de éste. Ciertamente si tenía suegra, forzoso es que estuviera casado. Así que el más importante de los apóstoles, pretendido por muchos Piedra de la Iglesia Católica tenía esposa. No se entiende por tanto que los sacerdotes católicos no puedan contraer matrimonio y se vean obligados a guardar celibato. En Mateo 19, 12 Jesús dice que hay personas que se han hecho a sí mismas eunucos por amor del reino de los cielos, pero no dice que para ganar el reino de los cielos sea condición necesaria no tocar mujer. Cuando dice que "hay" se deduce también que "no hay", es decir que si por una parte Jesús habla de la existencia de estos eunucos voluntarios en sus palabras está implícito que estas personas son un grupo reducido dentro de uno mayor de personas que no se hacen a sí mismas eunucos pero sin embargo sí que van al cielo, pues esto es algo normal y corriente. Para la Iglesia Católica es muy rentable que sus trabajadores no puedan tener una familia porque así pueden pagarles sueldos bajos. El que pueda entender que entienda.
Después de sacar en claro que sobre la llamada de los apóstoles no hay nada claro, estudiemos los capítulos más importantes de la predicación de Jesús. Jesús acude a ser bautizado por Juan al río Jordán. Sólo en Mateo Juan dice que debería ser al revés, porque él no es digno de bautizarle (3, 14). En los cuatro evangelios ocurre la misma escena: se abre el cielo y el Espíritu Santo en forma de paloma se posa sobre Jesús tras lo cual se oye una voz que dice: "Éste es mi hijo amado en quien tengo mis complacencias".
Profecía AT: "...y efundiré mi espíritu sobre tu simiente y mi bendición sobre tus retoños..." (Isaías 44, 3) Profecía AT: "Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces y reposará sobre él el espíritu de Jehová: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová." (Isaías 11, 1 y ss) Profecía AT: "Éste es mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre él mi espíritu; él traerá justicia a las naciones." (Isaías 42, 1) Profecía AT: "El espíritu de Jehová, el Señor, está sobre mí, porque me ha ungido Jehová." (Isaías 61, 1) Profecía AT: "Después de esto derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. También sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días. Haré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día,grande y espantoso, de Jehová." (Joel 2, 28) |
Por el testimonio de Flavio Josefo en sus Antigüedades judías se sabe que es posible que Juan el Bautista fuera un personaje real que existió por aquel entonces. Los evangelistas al presentar a Jesús de Nazaret actuando junto a Juan el Bautista, lograrían de este modo conferir historicidad al Cristo de Pablo.
Mateo en 3, 4 nos da una suscinta descripción de Juan Bautista. Nos dice que iba vestido de pelo de camello, que llevaba un cinturón de cuero a la cintura y que se alimentaba de langostas, o mejor dicho saltamontes, pues evidentemente aquí no se refiere al manjar marino, y de miel silvestre.
| Texto relacionado AT: "Entonces el rey les preguntó:
-¿Cómo era el hombre que encontrasteis y os dijo tales palabras?
-Uno que tenía un vestido de pelo y un cinturón de cuero ceñido a su cintura -respondieron ellos.
-¡Es Elías, el tisbita! -exclamó el rey-..." (2 Reyes 1, 7 y 8)
Texto relacionado AT: "Pero de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas comeréis el que, además de sus patas, tiene zancas para saltar con ellas sobre la tierra. De ellos comeréis estos: toda clase de langosta, de langostín, de grillo y saltamontes. Cualquier otro insecto alado que tenga cuatro patas, os será abominación." (Levítico 11, 21 y ss) Como vemos, todo está fríamente calculado por el evangelista, que para demostrar que Juan el Bautista es Elías, lo viste como nos describe el segundo libro de Reyes. |
En Marcos 1, 14 y Mateo 4, 12 nos enteramos de que Juan el Bautista ha sido preso. Fue preso por mandato de Herodes. En Mateo 11, 2 y Lucas 7, 19 vemos cómo desde la cárcel manda emisarios a Jesús para que le pregunten si es el Mesías que tanto esperan. Antes hemos visto que Jesús acudió al río Jordán a bautizarse y el mismo Juan el Bautista presenció cómo el Espíritu Santo en forma de paloma bajó desde el cielo y se posó sobre Jesús oyéndose incluso la voz de Yavé que afirmaba que Jesús era su Hijo. Al parecer toda esta escena tan deslumbrante fue olvidada por Juan el Bautista cuando entró en la cárcel. Jesús ante las preguntas de los emisarios les relata todos sus milagros para que se los cuenten a Juan y éste por fin crea; para Juan el Bautista el hecho de que se abran los cielos y Yavé diga que Jesús es su Hijo no es hecho suficiente para demostrar que Jesús es el Mesías.
Mateo y Juan no están deacuerdo en quién es en realidad Juan el Bautista:
"Sin embargo, yo os digo: Elías ha venido ya, y no le reconocieron; antes hicieron con él lo que quisieron; de la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista." (Mateo 17, 12 y ss)
Profecía AT: "Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y castigue la tierra con maldición." (Malaquías 4, 5/23) |
Para Mateo Juan el Bautista es Elías. Recordemos la suerte de Elías en el Antiguo Testamento. Fue uno de los seres humanos que no murieron:
"Siguieron andando y hablando, y he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego separó a uno de otro, y Elías subía al cielo en el torbellino." (II Reyes 2, 11)
"Éste es el testimonio de Juan cuando los judíos, desde Jerusalén, le enviaron sacerdotes y levitas para preguntarle: Tú, ¿Quién eres? El confesó y no negó; confesó: No soy el Mesías. Le preguntaron: Entonces, ¿qué? ¿Eres Elías? El dijo: No soy." (Juan 1, 19 y ss)
Juan el evangelista contradice lo que escribió su compañero de apostolado Mateo, el antiguo recaudador de impuestos. Un vez más dos testigos oculares de los hechos no se ponen deacuerdo en quién es Juan el Bautista. Mateo afirma que Jesús dijo que era Elías, y que lo corroboraron los discípulos, entre ellos quizás Juan el evangelista. Pero este Juan nos dice que el propio Juan el Bautista niega ser Elías... Veamos lo que supuestamente dijo el propio Juan el Bautista en el evangelio de Juan: "Yo soy la voz del que clama en el desierto".
Profecía AT: "Voz que clama en el desierto: «¡Preparad un camino a Jehová; nivelad una calzada en la estepa a nuestro Dios! ¡Todo valle sea alzado y bájese todo monte y collado! ¡Que lo torcido se enderece y lo áspero se allane! Entonces se manifestará la gloria de Jehová y toda carne juntamente la verá, porque la boca de Jehová ha hablado»" (Isaías 40, 3 y ss) Profecía AT: "Yavé, tu Dios, te suscitará de en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo; a él le oirás..." (Deuteronomio 18, 15) Juan el evangelista niega que Juan el Bautista sea Elías, pero sin embargo pone en su boca una profecía de Isaías en la cual se nos habla del precursor del Mesías, el cual allanará su camino. Así que implícitamente reconoce que Juan el Bautista era el precursor del Mesías, aunque no Elías. Por su parte, como ya vimos, Mateo considera que la profecía de Malaquías 4, 5 es aplicable a la figura de Juan el Bautista. Realmente, si analizamos la versión de Mateo, Elías se habría encarnado en Juan el Bautista. La encarnación de un personaje divino en un mortal es una creencia indía. El dios Visnú se encarnó numerosas veces para salvar a la humanidad de peligros concretos. Las dos encarnaciones más conocidas son las de Buda y Krisna. Mateo, por tanto, habría asimilado esta creencia india y la habría utilizado en su evangelio. Juan no aceptó este hecho. |
Esta es la opinión de Flavio Josefo acerca de la figura de Juan el Bautista:
"Pero algunos judíos eran de la opinión de que el ejército de Herodes había perecido por castigo de Dios, quien de esta manera habría castigado muy justamente a Herodes en represalia por la muerte de Juan, de sobrenombre Bautista, a quien efectivamente había matado Herodes, a pesar de ser Juan un hombre bueno, quien recomendaba incluso a los judíos que practicaran las virtudes y se comportaran justamente en las relaciones entre ellos y piadosamente con Dios y que, cumplidas estas condiciones, acudieran a bautizarse, pues que sólo así Él consideraría aceptable su bautizo, no si lo utilizaban para lograr el perdón de sus pecados , sino si acudían a bautizarse únicamente para la purificación corporal y para ninguna otra cosa, al dar por sentado que su alma estaba ya purificada de antemano con la práctica de la justicia." (Antigüedades judías XVIII, 2)
Flavio Josefo no se hace eco de los datos que aportan los evangelios: ni afirma que Juan el Bautista pudiera ser Elías encarnado, ni tampoco sostiene que fuera el precursor del Mesías. Para él era un hombre bueno que exhortaba a la virtud y a la piedad para con Dios. Sin embargo, este pasaje es sospechoso de haber sufrido alguna interpolación de algún monje copista, sobre todo cuando se afirma que Juan tenía el sobrenombre del Bautista, y que animaba al bautismo para la purificación del cuerpo. En la carta a los romanos de Pablo en 6, 4, leemos Con Él hemos sido sepultados por el bautismo para participar de su muerte, para que como Él resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Para Pablo el ritual del Bautismo no tenía un significado de purificación del cuerpo, ni siquiera del alma por el pecado, que es el significado con el que Juan el Bautista bautizaba. El bautismo para Pablo era un símbolo del nacimiento del iniciado al misterio de la resurrección del Cristo; el iniciado resucitaba de las aguas, pues el bautismo era por inmersión, como el Cristo había resucitado de entre los muertos. Por otra parte, Pablo no hace la más mínima alusión a Juan el Bautista en sus cartas. Se puede deducir fácilmente que si para Pablo el bautismo simbolizaba la resurreción del Cristo, sería bien difícil que Juan hubiera bautizado alguna vez, ya que cuando lo hacía en el Jordán Jesús todavía estaba vivo y no había muerto y resucitado. La figura histórica de un tal Juan que predicaba la virtud y el respeto a Dios y que fue matado por Herodes fue utilizada por los evangelistas para darle historicidad al Cristo de Pablo tras convertirlo en Jesús de Nazaret. A la biografía de este personaje histórico se añadió el honor de ser el que primero bautizara. Pero esto en un ambiente judío era difícil, porque el bautismo procede más bien del ambiente de las religiones mistéricas como por ejemplo el mitraísmo.
Volviendo a los evangelios la actitud de Juan el Bautista es lo que precisamente le valió la cárcel porque según nos cuenta Marcos 6, 17 y ss Juan el bautista no veía con buenos ojos que Herodes se hubiera casado con Herodías,la mujer de su hermano Filipo. Y por eso Herodes lo mandó encarcelar. Herodías quería matar a Juan, aunque Herodes respetaba a Juan y gustaba de escuchar sus sermones. Veamos lo que le ocurrió a Juan el Bautista según Marcos:
"Llegado un día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños ofrecía un banquete a sus magnates, y a los tribunos, y a los principales de Galilea, entró la hija de Herodías y, danzando, gustó a Herodes y sus comensales. El rey dijo a la muchacha: 'Pídeme lo que quieras y te lo daré.' Y le juró: 'Cualquier cosas que me pidas te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino'. Saliendo ella, dijo a su madre: '¿Qué quieres que le pida?' Ella le contestó: 'La cabeza de Juan el Bautista.' Entrando luego con presteza, hizo su petición al rey, diciendo: 'Quiero que al instante me des la cabeza de Juan el Bautista.' El rey, entristecido por su juramento y por los convidados, no quiso desairarla. Al instante envió el rey un verdugo, ordenándole traer la cabeza de Juan. Aquél se fue y le degolló en la cárcel, trayendo su cabeza en una bandeja, y se la entregó a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre." (Marcos 6, 21 y ss)
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Profecía AT: "Entonces Elías les dijo: «Apresad a los profetas de Baal para que no escape ninguno». Ellos los apresaron y Elías los condujo al arroyo Cisón y allí los degolló." (I Reyes 18, 40) Profecía AT: "Acab dio a Jezabel la noticia de todo lo que Elías había hecho y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero para decirle: «Traigan los dioses sobre mí el peor de los castigos, si mañana a estas horas no he puesto tu persona como la de uno de ellos»." (I Reyes 19, 1) Para el final de Juan el Bautista los evangelistas utilizaron estos verículos de I Reyes en los que se amenaza a Elías de terminar sus días degollado. Como vimos, Elías no murió, sino que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego. Supestamente estas profecías se cumplirían en la persona de Juan el Bautista, el cual tendría el espíritu de Elías, a pesar de que el Antiguo Testamento hable de que Elías vendrá en persona y no en espíritu para preceder al Mesías. Ciertamente los primeros cristianos hilaron fino para intentar que todo ensamblara perfectamente. Algunas veces lo lograron, otras no. |
El final trágico está basado en un cuento, o al menos tiene la misma estructura que un cuento bien conocido en la época de Mateo, del que seguramente se inspiró. De donde se inspira Mateo es de las Metamorfosis de Ovidio, en cuyo segundo libro leemos lo siguiente:
"Entonces su padre se quitó los rayos que centelleaban alrededor de su cabeza y le ordenó que se acercara, y después de abrazarle le dijo: 'Ni tú mereces que yo reniegue de ti, ni Clímene mintió respecto a tu nacimiento. Y para que no te queden dudas, pídeme el regalo que desees y yo te lo daré. Pongo por testigo de mi promesa a la laguna por la que juran los dioses, que mis ojos nunca han visto.' Apenas había acabado de hablar cuando Faetón le pidió su carro, y poder guiar y dirigir durante un día los caballos de pies alados. Se arrepintió entonces su padre de haber jurado, y sacudiendo tres y cuatro veces su noble cabeza le dijo: 'Tus palabras hacen imprudentes a las mías. ¡Ojalá se pudiera no dar lo que se ha prometido! Te confieso, hijo, que esa es precisamente la única cosa que te negaría...'" (Ovidio, Metamorfosis, comienzo del libro II)
El relato de la muerte de Juan el Bautista tiene la misma estructura que el cuento popular de Faetón, que pide a su padre el Sol poder llevar su carro para demostrarse a sí mismo que es su hijo. Su padre se lo juró, como le juró a Herodías Herodes que le daría cualquier cosa. Y ambos, el sol y Herodes, se arrepienten de su juramento.
Flavio Josefo refiere la muerte de Juan el Bautista de forma distinta:
"Y como el resto de las gentes se unieran a él (pues sentían un placer exultante al escuchar sus palabras), Herodes, por temor a que esa enorme capacidad de persuasión que el Bautista tenía sobre las personas le ocasionara algún levantamiento popular (puesto que las gentes daban la impresión que harían cualquier cosa si él se lo pedía), optó por matarlo, anticipándose así a la posibilidad de que se produjera una rebelión a instancias de él, juzgando este hecho mucho mejor que tener que arrepentirse luego, al encontrarse con problemas tras sufrir un revés. Entonces Juan, tras ser trasladado a la citada fortaleza de Maquerunte, fue matado en ella." (Antigüedades judías XVIII, 2)
Según Flavio Josefo, Herodes mató a Juan por temor a que provocara un levantamiento popular, y no porque la hija de Herodías lo pidera. Tampoco Josefo hace alusión a que fuera decapitado.
Después de su bautismo Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado por Satanás durante cuarenta días mientras ayunaba.
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Texto relacionado AT: "Se levantó (Elías), pues, comió y bebió. Fortalecido con aquella comida anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios."(1 Reyes 19, 8)
Texto relacionado AT: "Te afligió, te hizo pasar hambre y te sustentó con maná, comida que ni tú ni tus padres habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre." (Deuteronomio 8, 3) |
Marcos dice que Jesús fue tentado durante esos cuarenta días, pero no comenta qué clase de tentaciones eran (1, 12). En cambio, en Mateo (4, 1 y ss) y Lucas (4, 1 y ss) se cuenta que no fue tentado durante los cuarenta días, sino que éstos los dedicó al ayuno, y cuando al fin le entró hambre fue entonces cuando Satanás se le acercó para tentarle. Mateo y Lucas sí narran las tentaciones, pero a pesar de las malas artes de Satanás Jesús resiste y vence. Juan no se ocupa de este asunto de las tentaciones; para él seguramente no ocurrió tal episodio. Hay que recordar aquí que Zaratustra y Buda también fueron tentados cuarenta días y cuarenta noches por el demonio en el desierto. Parece que era algo normal esto, que el demonio tuviera cierto gusto por tentar a iluminados como Jesús, Zaratustra o Buda durante un perido de tiempo tan largo.
Otro episodio importantísimo de la predicación de Jesús es la Transfiguración. Con este episodio los evangelistas nos quieren hacer ver que el Nuevo Testamento está totalmente unido al Viejo Testamento y es continuación de él. La Transfiguración sólo la encontramos en los evangelios sinópticos (Marcos 9, 2; Mateo 17 y Lucas 9, 28). Veamos si podemos enterarnos de lo que sucedió. Los tres evangelistas nos cuentan que Jesús tomando a Pedro, Santiago y Juan subieron a un monte alto. Sólo Lucas en 9, 28 nos aclara que subió Jesús a orar. Los otros evangelistas no dicen nada de esto. A continuación Jesús se transfigura, es decir, cambia de aspecto milagrosamente: sus vestidos se vuelven blancos y resplandecientes y Mateo nos dice que su rostro se asemeja al sol, cosa por otra parte natural, porque Jesús es eso, la encarnación del sol y por eso se le representa con un disco solar en la cabeza.
La diferencia estriba en que como hemos dicho en Lucas Jesús sube a orar, y mientras ora se transfigura. Es entonces cuando se aparecen Moisés y Elías (del que Jesús afirmaba que era Juan el Bautista aunque éste mismo lo negara según el evangelista Juan...) y Jesús entabla amigablemente conversación con ellos. Según Marcos (9, 5) tomó Pedro la palabra y dijo: "Rabí, bueno es estarnos aquí." Y no se le ocurrió otra cosa que la idea de levantar tres tiendas, una para Moisés, otra para Elías y la última para Jesús. Marcos dice que Pedro no sabía lo que decía, porque el miedo le nublaba el entendimiento. Según Mateo (17, 4) esta escena fue más animada porque Pedro, sin ningún tipo de miedo que le nublara el entendimiento exclamó: señor, ¡Qué bien estamos aquí! y entonces se le ocurrió cabalmente la idea de las tres tiendas. Pero aquí llega la opinión de Lucas para darle más emoción al asunto: según Lucas, (9, 32) Pedro y los demás apóstoles estaban durmiendo cuando Jesús se transfiguró y hablaba con Moisés y Elías. Pero lo gracioso es que el propio evangelista nos dice de qué hablaban los tres (9, 30): acerca de la muerte de Jesús en Jerusalén. Nosotros no nos explicamos cómo es posible que transcendiera la plática entre Jesús, Moisés y Elías si los apóstoles estaban durmiendo y no se enteraron de nada... En fin, que después de despertar del sueño Pedro dijo aquello de que estaban muy bien allí, y de que construirían tres tiendas, pero eso sí, sin ningún tipo de miedo.
Según Marcos (9, 7), se formó una nube que los cubrió con su sombra y se dejó oír una voz que dijo: "Este es mi Hijo amado, escuchadle." Cuando miraron en derredor ya no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Entonces Jesús les prohibió que dijeran lo que pasó a nadie hasta que resucitase. Según Mateo (17, 5), ocurrió lo mismo, nada más que una vez oída la voz los apóstoles cayeron al suelo aterrados de miedo. Según Lucas (9, 34) los apóstoles se aterrorizaron cuando les cubrió la nube, pero no cayeron al suelo. Todo lo demás ocurrió más o menos igual.
Como hemos visto, la Transfiguración no plantea demasiados problemas entre los evangelistas sinópticos. Los evangelistas discrepan en pequeños detalles: en si los apóstoles dormían o no, si se cayeron al suelo o no, si se supo de qué hablaba Jesús con Moisés y Elías o no... Pero el gran problema de este episodio no lo plantean estos tres evangelistas, sino el cuarto, Juan. Al principio dijimos que acompañaron al monte a Jesús tres apóstoles: Pedro, Santiago y Juan. Luego Juan el evangelista estuvo presente. Pero lo más llamativo es que en el evangelio de Juan no se nos habla de ninguna Transfiguración. ¿Cómo es posible que estando presente Juan en un evento tan importante como la prueba definitiva de que Jesús es heredero de la tradición anterior de Moisés y Elías no haga la más mínima alusión a este hecho en su evangelio? Pues por dos sencillas razones: primero porque la Transfiguración no tuvo lugar, y segundo porque Juan el evangelista no es el apóstol Juan, sino otra persona desconocida que no tuvo ningún trato con Jesús.
Hemos intentado, y creánnos que lo hemos hecho varias veces, ver qué lugares visitó Jesús durante su predicación. Pero este trabajo, además de arduo y difícil, es inútil, porque las indicaciones que dan los evangelistas son tan vagas e imprecisas, y se citan tantos lugares, que realmente no sabemos la ruta que siguió Jesús. Lo único que queda claro es que empezó en Galilea, y a partir de allí el trayecto de Jesús se vuelve oscuro. Los evangelistas de vez en cuando citan el lugar donde está Jesús, pero otras veces lo omiten, con lo cual deducimos que hay inmensas lagunas que hacen imposible seguir una ruta fija. Pero sólamente para que se hagan una idea de lo que fue esta predicación fijémonos en algo tan simple como la entrada en Jerusalén. En los tres sinópticos Jesús entra en Jerusalén una sola vez, como punto final de su predicación y para enfrentarse a la muerte. Pero Juan, testigo ocular de los hechos, el que siempre pone la mano en el fuego diciendo que lo que dice es verídico, afirma que fueron seis las veces que Jesús fue a Jerusalén. La primera vez que fue a Jerusalén (2, 13) fue para echar del templo a los vendedores. Como veremos en los evangelios sinópticos, este hecho es narrado al final casi de los evangelios, mientras aquí ocupa el principio del evangelio. Las demás subidas de Jesús a Jerusalén las encontramos en 5, 1; 7, 10; 8, 1; 10, 22 y 12, 12.
Los manipulados evangelios canónicos | La infancia de Jesús | La extraña, incongruente y polémica personalidad de Jesús | La predicación de Jesús | El cuarto evangelio en discordia | Los milagros de Jesús | La tremenda escatología cristiana | ¿El cristianismo era universal o sólo exclusivo del mundo judío? | La pasión de Jesús | Las supuestas apariciones de Jesús | Palabras finales
El cuarto evangelio en discordia
Sería muy largo contar en qué se diferencian los evangelios sinópticos del evangelio de Juan, porque básicamente se diferencian en todo. De hecho hubo una gran lucha por aceptar este evangelio como canónico. No es explicable que Mateo viera cosas tan distintas a Juan, los dos testigos oculares de los hechos. Los dos cuentan cosas distintas y le dan importancia a hechos diferentes. Los dos se contradicen infinidad de veces. Si se les citara para testificar en el juicio por la muerte de Jesús volverían loco al jurado y el juez terminaría diciendo eso tan peliculero de: ¡Silencio en la sala! Se les acusaría ciertamente de violar el juramento de decir la verdad.
El evangelio de Juan fue escrito seguramente por un gnóstico llamado Juan o que se hizo pasar por el apóstol Juan para darle cierta dignidad al texto. Esto no es nada nuevo; en los evangelios apócrifos, muchos de ellos escritos por herejes, vemos cómo se cita a apóstoles como sus autores. Los primeros padres de la Iglesia dan buena cuenta de ello:
"La Iglesia tiene cuatro evangelios, la herejía muchísimos: uno de los cuales se titula según los Egipcios, otro según los Doce Apóstoles. Incluso Basílides se atrevió a escribir un evangelio y a titularlo con su propio nombre... Conozco también un evangelio que se denomina según Tomás y según Matías: y sabemos de muchos otros más." (Orígenes)
La inocencia de Orígenes estriba en que no se da cuenta, y parece mentira, que incluso entre los evangelios canónicos se han colado los que firman falsamente. Y es que el evangelio de Juan no puede ser de Juan, ni el de Mateo de Mateo, sino de otras personas que no conocieron a Jesús, pero que sin embargo, llevados de no se qué conciencia cristiana, se hicieron pasar por personas que no eran.
En el evangelio de Juan, aparte de las cinco veces que Jesús sube a Jerusalén, de los milagros desconocidos para los tres sinópticos, de que se afirme ni más ni menos que Jesús vino del cielo para encarnarse en un hombre, se dicen otras muchas cosas que los tres evangelistas sinópticos ni fu ni fa. Y algunas de ellas las hemos visto ya, como por ejemplo cómo Jesús se encuentra con Pedro y Andrés, éste último en los sinópticos un simple pescador pero en el evangelio de Juan un discípulo de Juan el evangelista.
En los evangelios sinópticos Jesús manda siempre a los que ven que es Hijo de Dios que no digan nada a nadie:
"Y al instante quedó limpio de su lepra. Jesús le advirtió: Mira, no lo digas a nadie, sino ve a mostrarte al sacerdote..." (Mateo 8, 3)
Mas en el evangelio de Juan, sus propios hermanos le mandan todo lo contrario y a Jesús no le parece mal:
"Nadie hace cosas en secreto si pretende manifestarse. Puesto que eso haces, muéstrate al mundo." (Juan, 7, 4)
La prosa del Pseudo Juan es claramente más elevada que la de los evangelios sinópticos. Su evangelio es más agradable de leer que aquéllos. Incluso en cuanto a doctrina está más elaborado el cuarto evangelio, pues aquí y allá encontramos referencias a la filosofía griega:
"El espíritu es el que da vida, la carne no aprovecha para nada" (Juan 6, 63)
Comparemos esta frase con el juego de palabras platónico soma esti sema, o lo que es lo mismo, el cuerpo es una tumba. Es una tumba en tanto que aprisiona el alma que es lo único que tiene importancia. Estamos seguros que el Pseudo Juan más de una vez leyó absorto la obra de Platón, a la que sin duda debe mucho de su pensamiento.
¿Y qué decir de la Trinidad? Es en este evangelio donde empieza a tomar forma:
"Yo y el Padre somos una sola cosa." (Juan 10, 30)
¿Acaso en los evangelios anteriores podemos encontrar frases tan tajantes como ésta? En los anteriores se afirma que Jesús es Hijo de Dios, pero no que sea una sola cosa con Él. Incluso hay pasajes en que se nos dice que Jesús es un simple hombre:
"Viendo esto (es decir, un milagro de Jesús), las muchedumbres quedaron sobrecogidas de temor y glorificaban a Dios de haber dado tal poder a los hombres." (Mateo 9, 8)
Mateo parece ser que considera que Jesús es un simple hombre, porque afirma que Dios le dio su poder, y si fuera una sola misma cosa con Él, como afirma Juan, sería imposible que Dios se pudiera dar el poder a sí mismo, puesto que son la misma persona. Aquí tenemos el chiste: dos testigos oculares que hablaron con Jesús, tienen concepciones de su maestro totalmente distintas. Mateo piensa que Jesús es hijo de Dios, pero al fin y al cabo hombre, como Heracles o Perseo eran hijos de Zeus y de una mortal, y por lo tanto también mortales ellos mismos. Juan, por su parte, cree que es hijo de Dios también, pero una sola cosa con su padre. ¿Quién tiene razón? Pues tiene razón según la interpretación de los evangelios que sigamos: si seguimos la interpretación de las sectas católica y protestante y demás le daremos la razón a Juan, y creeremos que existe la Trinidad. Si seguimos la interpretación de la secta de los testigos de Jehová, daremos la razón a Mateo, y afirmaremos que no existe la Trinidad. En fin, que todo es cuestión de querer o no querer leer lo que dicen los evangelios, los cuales tienen tantas opiniones como estrellas hay en el firmamento.