La crucifixión y el símbolo de la cruz
"Cuando llegaba cerca de aquella encrucijada vi que hacia mí venían un heraldo y un hombre que montaba en un coche de potros cual tú dices; y el que venía delante y el anciano mismo quisieron apartarme por la fuerza del camino. Yo golpeé con ira al que me echaba fuera, al cochero, y al verlo el viejo, aguardando a que pasara, me clavó desde el coche su aguijón de dos púas en mitad de la cabeza. No sufrió igual castigo, pues al punto le golpeé con mi bastón y, rodando del coche, cayó en el suelo boca arriba. Luego di muerte a los demás. Si aquel extranjero tiene que ver algo con Layo, ¿Quién es más desdichado que yo? ¿Quién más odiado por los hombres?" (Edipo Rey de Sófocles)
La crucifixión: algunos autores sostienen que el tormento de la crucifixión era antiguo entre los romanos, y que se remontaría a la época mítica de los reyes de la cual tenemos noticias poco fiables. Incluso se ha llegado a afirmar que las XII tablas harían alusión a la crucifixión. Otros autores piensan por el contrario que los romanos no practicaron este modo de ejecución hasta después de las guerras púnicas, pues lo heredaron de los cartagineses derrotados, los cuales, al igual que griegos y fenicios, lo habían tomado de los persas. Así que la crucifixión podría tener un origen oriental.
Cicerón en su discurso In C. Verrem (Contra Verres) que data del año 70 a. C hizo una descripción impactante de cómo se llevaba a cabo una crucifixión calificándola de cruelísimo y terrórifico suplicio. Según el testimonio del orador la crucifixión se aplicaba sólo a los esclavos (Cicerón denomina a la crucifixión como el suplicio más cruel y supremo, propio de los esclavos), pues el que un ciudadano libre muriera de esta manera era considerado una impiedad contra los dioses y una afrenta a la República. Verres, sin embargo, mandó crucificar a un ciudadanos romano, Gavio:
"Aguardaban todos a dónde llegaría por fin o qué haría, cuando, de repente, manda que se aprese al hombre y que se le desnude y se le ate en medio del foro y que se saquen las varas. Gritaba aquel desdichado que era ciudadano romano, del municipio consano, que había servido con Lucio Recio, un caballero romano muy ilustre con negocios en Palermo, por el que Verres podía enterarse de estos datos [...] A continuación, ordena que se le azote con gran fuerza por todos los lados. Estaba siendo machacado con varas en medio del foro de Mesina un ciudadano romano, jueces, mientras en medio del dolor y del crepitar de los golpes ningún gemido, ni otras palabras de aquel desgraciado se oía sino ésta: 'Soy ciudadano romano'. Con esta mención de su ciudadanía pensaba que alejaría todos los golpes y expulsaría de su cuerpo la tortura. No sólo no logró apartar la violencia de las varas, sino que mientras imploraba con más insistencia e invocaba el título de su ciudadanía, se le preparaba una cruz, una cruz, repito, al infeliz, al desdichado, que nunca había visto locura semejante." (Contra Verres V, 161 y 162)
Por otra parte, según nos cuenta Flavio Josefo en su Guerra de los judíos, sabemos que la crucifixión también se empleó por las autoridades romanas para ejecutar a los que se levantaban contra su poder, especialmente a los palestinos. En 2, 7 leemos que Vero, gobernador de Siria crucificó a dos mil judíos tras flagelarlos sin piedad. Por tanto, para que una persona libre sufriera el castigo de la crucifixión debía haber cometido un crimen demasiado vil a los ojos de los romanos, como era el crimen de sedición o la violación de una vestal. De los testimonios de Cicerón y de Flavio Josefo se pueden deducir dos cosas: primero que es improbable que Pilato ordenara crucificar a Jesús (como afirman Marcos y Mateo) o permitiera hacerlo a los judíos (como afirman Lucas y Juan). Y ello es así porque Jesús no era un esclavo; Cicerón alude a la crucifixión como servile supplicium (suplicio propio de esclavos). Y también porque a los ojos de un romano el que un galileo fuera acusado de blasfemia por sus compatriotas judíos era una minucia. En Juan 19, 4 leemos que Pilato tras mandar flagelar a Jesús lo vuelve a mostrar ante la turba de los judíos y afirma que no halla ningún crimen en Él. Finalmente es imposible que los judíos aceptaran la invitación de crucificarle ellos mismos que les hizo Pilato (Juan 19, 6), ni tan siquiera que aceptaran este castigo para Jesús pues en Levítico 24, 15 y ss encontramos este precepto de Yavé:
"Quienquiera que maldijere a su Dios llevará sobre sí su iniquidad; y quien blasfemare el nombre de Yavé será castigado con la muerte; toda la asamblea lo lapidará. Extranjero o indígena, quien blasfemare el nombre de Yavé, morirá."
La pena que cualquier judío conocedor de las leyes de Yavé hubiera impuesto para Jesús habría sido la lapidación, pues Jesús, al arrogarse el ser Hijo de Dios, rompía con la unidad divina, y esto era una blasfemia para los judíos. Así lo entendieron los autores del Talmud, comentario judío acerca de la ley de Moisés compuesto entre los siglos II y V después de Cristo. Posiblemente estos autores leyeron los evangelios, pero como eran judíos y conocían bien la ley de Dios, no entendían cómo era posible que Jesús fuera crucificado y no lapidado. Así que al comentar lo que contaban los evangelios adaptaron y remedaron el texto evangélico de la siguiente manera:
"La víspera de Pascua colgaron a Jesús y el heraldo estuvo ante Él durante cuarenta días, diciendo: Va a ser lapidado, porque practicó la brujería y la seducción, y conducía a Israel por el mal camino. Todo el que pueda decir algo en su defensa, que venga y lo defienda. Pero no hubo nada que pudiera esgrimirse en defensa suya, y lo colgaron la víspera de Pascua." (Sanhedrín 43a. baraita.)
En este relato es evidente la poca armonía que hay entre ese "colgamiento" que sufre Jesús, que era sin duda la crucifixión narrada en los evangelios, y la lapidación que anuncia el heraldo. Los autores intentaron conjugar ambos elementos para intentar dar coherencia al relato evangélico, pero no lo lograron. El que los autores evangélicos narraran una crucifixión y no una lapidación, que era realmente la pena que debió de sufrir Jesús, sólo es explicable por el alejamiento cultural que los evangelistas tenían ya de sus raíces judías. Recordemos que estos autores eran judíos de la diáspora causada por la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. por los romanos.
En segundo lugar, también deducimos que gracias al testimonio de Flavio Josefo es fácil saber de dónde sacaron los evangelistas el modelo en que basarse para la crucifixión de Jesús, en este caso modelo histórico (pues el literario fue el libro de Isaías y los Salmos): dos millares de palestinos sufrieron al igual que el Cristo el suplicio de la flagelación humillante y su posterior crucifixión. El mito de Jesús, el ropaje del Cristo de Pablo, fue un tributo a esos mártires judíos por parte de los primeros evangelistas.
La formas que tenían las cruces utilizadas por los romanos eran variadas. En su origen se limitaba a un simple madero clavado en el suelo donde se ataba al condenado. Luego su diseño se complicó añadiéndole la horca (furca) que era colocada en la espalda del criminal atándole los brazos en los dos extremos. Al ser levatando el criminal la furca encajaba en el madero clavado al suelo. También la cruz podía tener forma de T, y entonces se le denominaba crux commisa o crux capitata. El travesaño superior se llamaba patibulum. Finalmente los romanos utilizaban con menos frecuencia que las anteriores cruces con forma de X, denominadas cruces griegas. La madera de la cruz nunca era pulida, sino que era el leño tal cual la naturaleza lo había engendrado. No era algo normal clavar las muñecas del condenado, aunque se podía hacer. Por su parte, los pies los dejaban colgando, sin atarlos ni clavarlos, y ni tan siquiera colocar debajo de ellos una madera para su apoyo, por lo cual el suplicio debía de ser terrible al dislocarse los hombros o desgarrarse las muñecas por el peso del cuerpo. La flagelación del condenado podía tener lugar antes de que lo crucificaran y después de subir en la cruz; un paño solía cubrir su rostro antes que sus genitales, los cuales quedaban desnudos. No es difícil imaginar el sufrimiento al que estaba expuesto el condenado, y más si pensamos que algunos podían aguantar días subidos a la cruz antes de morir de asfixia debido a la compresión pulmonar.
Cuando Constantino se convirtió al cristianismo abolió la crucifixión en honor de Jesús, y fue entonces cuando la simbología de la cruz redentora empezó a surgir en la mente de los cristianos. Hasta el siglo IV después de Cristo era difícil que los primeros cristianos gustaran de identificarse con el símbolo de la cruz, ya que hasta que fue abolida la crucifixión era uno de las muertes más crueles inventadas por los hombres para ajusticiar a los seres de peor condición social o de conducta execrable.
El simbolismo de la cruz: la cruz es uno de los símbolos más antiguos que ha utilizado el ser humano. En la isla de Creta, concretamente en Cnosos, fue hallada una cruz de mármol que databa del siglo XV a. C. El ser humano en su vida cotidiana tenía contacto con infinidad de instrumentos en forma de cruz necesarios para su supervivencia, como por ejemplo los arados para cultivar, los mástiles de los navíos, el ancla de los barcos e incluso los pájaros volando en el cielo; por ello es natural que la forma de la cruz terminara sugiriéndole simbolismos variados. La cruz es el símbolo humano más totalizador y universal pues está prácticamente en todas las civilizaciones. En las culturas más antiguas la cruz simbolizaba la tierra y el espacio cósmico universal. Estas dos significaciones primordiales terminaron por combinarse: la cruz está atestiguada en muchas culturas como puente de comunicación entre la tierra y el cielo. Algunas leyendas orientales presentan a la cruz como escalera o puente por el que las almas de los difuntos suben a la presencia de Dios. Los templos hindúes tienen forma de cruz, al igual que muchas iglesias cristianas.
Realmente, si analizamos lo que suponen los trazos de la cruz, podremos comprender la fascinación que este icono produjo en las más variadas culturas. Una cruz es la unión en un punto de dos rectas. En su forma más arcaica la cruz tiene cuatro brazos, y por ello se relaciona con el número cuatro. El elemento más importante sin duda de la cruz es el centro, el punto de intersección, que desde la más remota antigüedad representaría a la divinidad creadora. Los brazos de la cruz serían lo creado por esa divinidad transcendente e incondicionada.
Como hemos dicho, el cuatro está relacionado con la cruz. Curiosamente en diversas culturas se denomina a los jefes o reyes como "El dueño de los cuatro mares" o "El jefe de las cuatro partes del mundo", ya que como hemos visto, la cruz significa también el espacio, y éste dividido en cuatro partes. En la religión cristiana, son cuatro los evangelios que narran la vida de Jesús, y no parece ciertamente arbitrario este hecho, y más si pensamos que son tres evangelios sinópticos y un cuarto, el de Juan, que en casi nada se parece a los anteriores. Todo ello sugiere que la lucha por incluir el texto de Juan entre los evangelios canónicos que hubo en el Concíleo de Nicea se inició debido al deseo de muchos de respetar el simbolismo del cuatro y de la cruz. Igualmente están escritos en cuatro libros los Vedas, libros sagrados de los hindúes. Y ello es así porque el dios Bhrama, creador del Universo, tenía cuatro cabezas con cuatro bocas que pronunciaron cuatro palabras: cada uno de los cuatro Vedas. Por otra parte podemos recordar un ejemplo mucho más cercano, el cual vivimos todos los años y está relacionado con el número cuatro, la cifra de la cruz. Tenemos cuatro estaciones a lo largo del año, y en las culturas católicas en cada uno de los dos solsticios y de los dos equinocios se ha establecido una fiesta diferente: Navidad, Pascua, nacimiento de Juan el Bautista y la fiesta de San Miguel o las romerías de la Virgen en otros lugares. De nuevo el número cuatro y la cruz en nuestra vida más cotidiana.
En el mito griego de Edipo la cruz aparece oculta en la encrucijada de caminos donde Edipo mata a Layo, su padre, sin saberlo, según la tragedia Edipo Rey de Sófocles. Aquí la cruz tiene un significado de destino, en este caso destino determinado por los dioses, pues la pitonisa de Apolo profetizó a Edipo que mataría a su padre y se casaría con su madre irremediablemente. El nombre de Layo, padre real de Edipo, empieza por la letra lambda en griego, cuya representación pictográfica son dos rectas que se cruzan en un punto, y que si continuaran formarían una cruz. Es curioso también que Layo en griego significa zurdo, y es precisamente por la izquierda del camino por donde Edipo no puede seguir caminando y se ve obligado a dar muerte a ese desconocido que resultó ser su padre.
Según Tertuliano (praescr. XL) en los misterios de Mitra al candidato al grado de iniciación llamado miles (el soldado) se le marcaba en la frente con un signo que desconocemos, pero que muchos se han atrevido a aventurar que podría tratarse de una cruz. Y ello es así porque este ritual recuerda mucho a lo que hacen los sacerdotes católicos con los fieles el Miércoles de Ceniza: les marcan con ceniza una cruz en la frente para recordarles que del polvo vienen y a él volverán. Podría ser que el Miércoles de Ceniza católico fuera un recuerdo de aquel grado de iniciación mitraísta, y que al igual que el iniciado de Mitra se preparaba con la cruz para ser soldado de Mitra, así también el iniciado de Cristo se prepare para la Semana Santa, la pasión y resurreción de su Dios, convirtiéndose así en un soldado de Cristo, según las palabras del apóstol Pablo.
En áfrica está atestiguada la cruz simbolizando la totalidad del cosmos, la carrera del sol, el destino del hombre, en tanto que encrucijada como en Grecia, y la unión entre el ser humano y la divinidad.
Incluso en el Nuevo Continente la cruz adquirió un simbolismo religioso en la mente del hombre. Los aztecas asimilaban la cruz a la totalidad del cosmos, y también creían que la cruz era el dios Xiuhtecutli, patrón del fuego del universo.
Con respecto al cristianismo se puede decir que, tras el concíleo de Nicea y la abolición de la crucifixión como modo de ejecución por Constantino, los cristianos heredaron gran parte del riquísimo simbolismo que la cruz había adquirido a lo largo de la historia religiosa de la humanidad. Los cristianos tenían un campo fértil, los evangelios, para plantar el simbolismo de la cruz. Pero es de notar que en los principios del cristianismo, cuando todavía eran una secta perseguida por los romanos y la crucifixión estaba en vigor, la cruz estuvo ausente en el mundo de representaciones cristianas. Y ello por el horror que suponía para cualquier romano mostrar a un dios salvador ajusticiado como el más vil de los criminales. El sentido trágico de la crucifixión fue la nota dominante hasta la era de Constantino, y no se hizo alarde de la cruz, tormento ignominioso, sino que más bien se escondió a los ojos de los no iniciados e incluso entre los cristianos mismos. La arqueología ha respaldado esta teoría que explica la falta de cruces en los primeros siglos del cristianismo a pesar de que los evangelios contaran la crucifixión de Jesús: en el Palatino se ha encontrado un grafitti hecho por un romano del siglo II el cual representa a un hombre con los brazos en cruz y cabeza de burro. Bajo este desconcertante dibujo se puede leer una inscripción que dice: Alexámeno adorando a su Dios. Se cree que esta representación sería un claro ataque contra los cristianos que se atrevían a decir que adoraban a un Dios crucificado. Otros, sin embargo atribuyen a este dibujo un carácter gnóstico.
Los primeros cristianos en el siglo II se daban a conocer entre ellos utilizando símbolos diversos que no eran cruces: uno de ellos era el conocido pez, que en griego se escribe Ixzus. Esta palabra sería el acrónimo de Iesous Xristos Zeou uios soter, que en griego viene a significar Jesucristo hijo de Dios salvador. Como vemos, en este símbolo antiguo no hay la más mínima referencia a la cruz. Cuenta la leyenda que Constantino antes de la batalla del puente Milvio donde derrotaría a su enemigo Majencio vio en el cielo una señal la cual mandó grabar en los escudos de los soldados para vencer bajo su poder. Según Lactancio, apologista cristiano muerto en la época del Concíleo de Nicea (murió justo en el 325), el emperador Constantino fue "advertido en sueños de que hiciera grabar en los escudos el signo celeste y que de este modo entrara en combate. Obedeció y fue inscrito en los escudos el nombre de Cristo." (De mortibus persecutorum, 48). Según la noticia de Lactancio en la primigenia leyenda de la conversión de Constantino la cruz no era el signo que le llevaba a la luz del cristianismo, ya que no inscribió ésta en los escudos, sino el nombre de Cristo. Presumiblemente lo que vería Constantino sería un crismón. Eusebio, obispo de Cesarea, contemporáneo de Lactancio que vivió más allá del Concíleo de Nicea narra la leyenda de otra manera:
En Egipto era muy común la cruz ansada entre las divinidades más importantes. Su significado era un presagio de millones de años de vida futura, es decir, la eternidad. La cruz ansada era un atributo de la diosa Isis; gran parte de las divinidades egipcias aparecen portándola en la mano como símbolo de vida eterna y divina. Cuando en el arte egipcio aparece un mortal con ella en la mano, este hecho sugiere el deseo de esa persona de una vida eterna en compañía de Isis y Osiris después de la muerte. Así mismo tenemos noticias de que en algunos templos egipcios el iniciado era acostado en una cama con forma de cruz, y que también el signo de la cruz se aplicaba sobre la frente de éstos y de los faraones para protegerles.
En muy contadas ocasiones vemos una T o una X dibujada en ambientes cristianos, y según los estudiosos no se puede saber si esos signos se referían a la cruz como sacrificio y redención del hombre. Todo hace pensar que no, pues en el siglo II todavía estaba en vigor la crucifixión, y el crucificado era digno de vituperio. Estas cruces suelen estar disimuladas en otras formas, como por ejempo un ancla o el mástil de un barco.
Una vez abolida la crucifixión como método de tortura y muerte, los sarcófagos de los primeros cristianos empezaron a ser adornados con crismones a partir del siglo IV, que eran escudos consistentes en las dos primeras letras griegas de la palabra Cristo (X y P) entrecruzadas. Una variante más antigua de crismón es el compuesto por las letras griegas I y X, iniciales respectivas del nombre griego Iesous Xristos. También estas dos letras se cruzaban dando lugar a una cruz de seis brazos. Curiosamente este crismón más antiguo está basado a su vez en un símbolo usado desde la antigüedad más remota que igualmente era una cruz de seis brazos. Como hemos dicho anteriormente el centro de la cruz era la divinidad, lo incondicionado y cada uno de los brazos era la creación de esa divinidad. Entre los judíos la cruz de seis brazos simbolizaba la creación del mundo en seis días por Yavé, ya que al séptimo descansó. Muy probablemente los cristianos tomaron prestado este símbolo judío y lo cristianizaron reinterpretando los elementos de la cruz, al ver en ella la I y la X cruzadas. Los crismones podían estar encerrados en cuadrados o en círculos, ya que estas dos figuras geométricas simbolizaban desde muy antiguo la tierra y el espacio cósmico. En la India el símbolo del no ser, utilizando los términos de Platón, es decir, de la vida cambiante, de lo condicionado a la corrupción, es un círculo de cuyo centro parten ocho brazos. Los hindúes denominan a la realidad cambiante y perecedera samsara. Éste símbolo seguramente tuvo su origen en las ruedas de las carretas, las cuales daban tantas vueltas y variaban tanto su posición como el devenir de la vida misma. Recordemos que Heráclito afirmaba que una persona nunca se podría bañar dos veces en el mismo río. El símbolo del samsara fue adoptado por los budistas que lo reinterpretaron: para ellos los ocho brazos de la cruz simbolizaban cada uno de los caminos del óctuple sendero que había predicado Buda para lograr la iluminación. El cristianismo se inspiró en el símbolo budista y creó los primeros crismones de corte grecojudío encerrados en círculos. La primera foto es el símbolo del samsara para los hindúes. La segunda es un crismón. Recuérdese que entre los griegos era muy habitual la cruz de seis brazos, mientras que entre los hindúes la cruz de ocho.


"A mitad de la jornada el sol empezó a declinar y vio con sus propios ojos -el mismo Constantino lo ha afirmado- el signo de la cruz resplandeciente en medio del cielo aún más que el sol y con estas palabras: con este signo vencerás. Constantino se preguntaba qué podría significar esta visión, cuando a la noche siguiente se le apareció Cristo Dios durante el sueño con este mismo signo que le había sido mostrado en el cielo y le ordenó confeccionar emblemas militares conforme al modelo de este signo visto en el cielo para usarlos en combate como arma de victoria." (Vita Constantini I, 28-29)
Eusebio afirma claramente que lo que vio Constantino en el cielo fue el signo de la cruz, contradiciendo a Lactancio que afirmaba que vio un crismón. El texto de Eusebio es posterior al Concíleo de Nicea, pues identifica a Cristo con Dios. En el Concíleo de Nicea fue depurada la escisión de los seguidores de Arrio los cuales sostenían que el Padre y el Hijo eran diferentes. Eusebio sostiene la posición de los vencedores del Concíleo de Nicea con respecto al Hijo y al Padre y llama a Cristo Dios. Fue en Nicea donde además de afirmar que el Padre y el Hijo eran el mismo, se empezó a hablar de la cruz como símbolo de victoria, influidos sin duda por el ambiente religioso del momento, pues la cruz estaba presente en infinidad de religiones. Pablo desconocía cómo había sido la muerte del Cristo, pues sacaba los datos del Antiguo Testamento, así que no pudo tener en mente la cruz como símbolo del cristianismo. Los evangelistas, fueron los encargados de darle realismo a la historia del Cristo de Pablo, y lo insertaron en la historia lo mejor que pudieron. Los evangelistas, hombres sin duda conocedores de muchas religiones paganas en las que la cruz jugaba un papel especial tuvieron una gran coincidencia ante sus propios ojos, coincidencia de la que dependería la creación de la muerte del Cristo de Pablo. El nombre de Cristo en griego era XPISTOS. Una enorme cruz, en este caso la consonante griega ji (X), iniciaba el nombre del salvador de la humanidad. No importaba que la palabra hebrea no recordara en absoluto a la cruz, pues empezaba por una M de Massiah. Pero hay que recordar que los evangelistas eran más griegos que judíos y que se servían más a menudo el término griego. Los romanos utilizaban por aquellos tiempos el suplicio de la crucifixión, y muchos palestinos murieron de esta manera en el desastre del año 70. La inspiración pudo ser inmediata: los evangelistas llegaron a la conclusión de que lo que no contó Pablo era que el Cristo había muerto crucificado. El Concíleo de Nicea influenciado por el ambiente que se vivía en aquellos tiempos de fervor religioso dio inicio al culto de la cruz, culto que seguramente los campesinos ya practicaban desde antiguo, puesto que la cruz simboliza la tierra. Por otra parte se hizo necesario abolir la crucifixión, y es lo que hizo Constantino; porque si bien la cruz como símbolo era algo muy difundido y querido por las gentes, la cruz como suplicio era algo temido y repudiado por cualquier romano que hubiera presenciado una crucifixión. No se podía seguir ajusticiando a los esclavos de la misma manera que el nuevo Dios había muerto según los evangelios. El impacto entre las gentes sería bastante negativo. Con el paso del tiempo, la cruz, tortura horrorosa e inhumana, terminó siendo en las mentes de las gentes un símbolo de vida futura y eternidad, como lo era ya hacía miles de años para los egipcios.
De todo lo expuesto anteriormente, se deduce que en los primeros siglos del cristianismo, el Cristo y la cruz no eran asociados en la mente de los cristianos porque era imposible la exaltación de un método de tortura y muerte romanos. Sin embargo, hay un testimonio arqueológico sumamente interesante encontrado en Pompeya, ciudad romana que fue supultada bajo la lava del Vesubio en el año 79 d. C. Esta tragedia resultó ser para la historia de la humanidad un acontecimiento arqueológicamente "feliz", ya que la lava conservó en perfecto estado toda la ciudad. Hasta nosotros han llegado incluso el pan que el día del desastre los pompeyanos hornearon. El testimonio arqueológico del que hablamos es el siguiente:
Como se puede observar, se trata de un inscripción hallada a comienzos del siglo XX en una palestra, un gimnasio romano, frente al anfiteatro de Pompeya, en la que se puede leer con dificultad, y por eso aparece al lado el mismo texto sobre fondo blanco, la frase latina "ROTAS OPERA TENET AREPO SATOR". El significado literal de esta inscripción es el siguiente: "Las ruedas con trabajo dirige el sembrador Arepo". El texto es difícil de leer ya que fue escrito a mano sin demasiado cuidado. Encima de la primera palabra "ROTAS" obsevamos una especie de triángulo irregular, pero que parece sugerir que el que lo dibujó pretendía representar un triángulo isósceles. Debajo de la inscripción propiamente dicha hay unas tres letras difíciles también de leer, pero que algunos sostienen que se trata de las letras A, N y O.
Esta inscripción latina es un palíndromo, término de origen griego que significa "recorrido otra vez" o "vuelta hacia atrás". Si lo leemos del revés obtendremos el mismo resultado que al leerlo del derecho. Pero no sólo eso, sino que, teniendo en cuenta que la inscripción tiene forma de cuadrado y que las letras se alinean unas debajo de otras perfectamente, si lo leemos empezando desde el principio de arriba a abajo o desde el final de abajo a arriba, también obtendremos la misma frase enigmática.
Sin embargo, este palíndromo no era desconocido para nuestra cultura antes de que se descubriera en Pompeya, sino que tenemos testimonios de la existencia de este juego de palabras desde el siglo III por todo el imperio romano. Se han encontrado inscripciones semejantes a ésta:
Este tipo de inscripciones (que se diferencia de la de Pompeya únicamente en el orden de palabras), en las que el cuadrado es perfectamente perceptible, ha dado lugar a que esta inscripción sea conocida popularmente como el "cuadrado mágico". En muchas partes de Europa, sobre todo en edificios religiosos como iglesias está presente esta inscripción. En españa La catedral de Santiago de Compostela la posee.
La primera foto pertenece a la iglesia de San Giovanni Decollato de Cremona. La segunda al palacio Benciolini. Y la tercera a la Iglesia de San Lorenzo. Todos son edificios italianos y en ellos se pueden observar restos del cuadrado mágico o incluso el cuadrado mágico entero.
El cuadrado mágico esconde dentro de sí el símbolo de la cruz formado por los dos verbos "TENET" que se cruzan en el centro del cuadrado mediante la N.
SATOR
AREPO
TENET
OPERA
ROTAS




Como dijimos anteriormente, la cruz es uno de los símbolos más antiguos de la cultura humana. La cruz está relacionada con otros tres símbolos primordiales que son el centro, el cuadrado y el círculo. Uniendo los cuatro extremos de una cruz obtenemos un cuadrado, y al mismo tiempo cuatro triángulos isósceles. Así mismo la cruz se puede insertar dentro del círculo. En la inscripción de la que nos ocupamos está presente el centro, que es la N y el cuadrado, que es la forma en la que se suele distribuir la frase.
Los elementos que acompañaban a la inscripción hallada en Pompeya, el triángulo irregular y las supuestas letras A, N y O le sugerieron en 1925 al pastor evangélico de origen alemán Felix Grosser, una relación profunda de este palíndromo con el cristianismo. Según este pastor el que se escribieran debajo del palíndromo las tres letras anteriores no era caprichoso, sino que vendría a ser la clave para descifrar el enigma que encerraba el criptograma. La N sería el centro del que partirían los cuatro brazos de la cruz formada por los verbos TENET y la A y la O harían referencia al versículo 8 del capítulo I del Apocalipsis de Juan que dice: "Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios". En definitiva, el cuadrado mágico sería un crismón encriptado o ocultado igual al que después del Concíleo de Nicea se utilizaban en los sarcófagos cristianos.
SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS |
La teoría de Grosser no terminó ahí, sino que afirmó que usando la N como comodín, por ser el centro de la cruz, se podían enlazar todas las letras del palíndromo obteniendo dos veces la expresión PATER NOSTER. Este hecho, aunado a la aparición del triángulo encima de la inscripción nos llevaría a pensar que el enigmático palíndromo querría decir, al que por supuesto fuera capaz de descifrarlo, que Jesús es el fin y el principio de todas las cosas, el alfa y la omega del Apocalipsis de Juan, y que además es nuestro Padre o Dios mismo, ya que el triángulo es el símbolo de la Trinidad. Esta teoría tan sugestiva, sin embargo adolece de algunas contradicciones. Es bastante improbable que en la mente de cualquier romano, aunque fuera cristiano, pudiera estar presente la imagen poética de Jesús como el alfa y la omega, principio y fin de todo, ya que el primer escrito cristiano que contiene este tipo de metáforas es el Apocalipsis y este libro data del año 96. Recordemos que la erupción del Vesubio y destrucción de Pompeya ocurrió en el año 79. El hecho de que se puedan formar dos veces la expresión PATER NOSTER usando como comodín la N parace ser más fruto de la casualidad que de una intención, debido a la complicado que sería ordener en la mente todas las letras. Y por último, también se puede decir que se ha encontrado un palíndromo idéntico en América. El italiano Salvatore Chierchia descubrió entre el patrimonio oral de un grupo de descendientes de los incas, pueblo precolombino del Perú, la siguiente frase: MICUC ISUTU CUYUC UTUSI CUCIM que en quechua significa "La felicidad es esa extraña bestia que se come al pájaro que se agita." Curiosamente si colocamos la frase formando un cuadrado también obtenemos una cruz encriptada.
MICUC ISUTU CUYUC UTUSI CUCIM |
En definitiva, el misterio del cuadrado mágico de Pompeya, podría resolverse si pensáramos que es un juego de palabras bastante sofisticado pero totalmente común en un ambiente agrario, donde sin duda se daría culto a la cruz, pues como sabemos, es símbolo de la tierra y el espacio cósmico. La distribución de la frase formando un cuadrado también nos hace decantarnos por esta teoría, pues el cuadrado también es un símbolo primordial que significa la tierra, ya que de la cruz surge el cuadrado. El hecho de que los incas también conocieran un palíndromo semejante todavía nos incita más a pensar que se debe entender el "sator" de Pompeya en un contexto agrario, pero no cristiano. Algunos autores sostienen que esta inscripción podría tener un origen céltico, pues el término Arepo, que no es latino porque en latín la vocal o no es caso nominativo ni puede ser sujeto, es una palabra gala.
Bibliografía:
- Natale Spineto, Los símbolos en la historia del hombre, Lunwerg.
- Jean Chevalier/Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Herder.
- Gerard de Champeaux/Dom Sébastien Sterckx, Introducción a los símbolos, Encuentro.
- José Guillén, Urbs romana, Ediciones Suígueme.