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La conexión CIA-AL Qaeda terrorismo islámico
En este informe se
revelan las complejas redes vinculantes de las organizaciones islámicas
radicalizadas con la CIA y las distintas administraciones norteamericanas.
Cómo se estructuraron operativa y estratégicamente en Asia, el
Cáucaso, los Balcanes y el Golfo Pérsico. La vinculación de Bin Laden y Al Qaeda
con las operaciones encubiertas destinadas a derrocar al imperio soviético y
expandir el capitalismo hacia las ex repúblicas comunistas.
Las conexiones de la guerrilla chechena con la CIA , la mafia
rusa, el comercio de armas y las rutas de la droga que fluyen hacia Estados
Unidos y Europa.
Todo el entramado de intereses ocultos que convergieron en el
secuestro y masacre del teatro de Moscú, en octubre pasado.
Las "apariciones" de Al Qaeda y Bin Laden
Sistemáticamente, desde el 11 de septiembre de 2001, cada vez que
EEUU necesita lograr un objetivo aparece el fantasma de Bin Laden y la red
terrorista Al Qaeda.
Se crea una "conspiración terrorista", una especie de de
psicosis bélica,con amenazas a EEUU o Europa, que nunca se llevaron a cabo.
Estos alertas "naranja" fueron repetidos hasta el
cansancio antes de la invasión a Afganistán, o antes de la invasión militar a
Irak. Y ahora se repiten con los atentados en Arabia Saudita.
En octubre del año pasado,y durante tres días, 50 combatientes
suicidas del secesionismo checheno mantuvieron secuestrados a 800 rehenes
dentro del teatro Dubrovka de Moscú.
El secuestro se produjo dentro de un contexto internacional
conmocionado por una escalada de atentados en países musulmanes -Indonesia y
Filipinas- que arrojaron más de 200 muertos y centenares de heridos.
Los sucesos fueron simultáneos a una nueva "reaparición"
de Bin Laden amenazando con atentados en Europa y Estados Unidos.
La CIA -por boca de su jefe, George Tenet- retroalimentó el pánico
exhibiendo informes donde demostraba que "Al Qaeda está
viva".
Llamativamente esta ola de psicosis terrorista coincidió, dentro
de un orden secuencial, con las operaciones diplomáticas y políticas de EE.UU.
orientadas a conseguir apoyo internacional para una invasión a Irak.
El pasado 11 de octubre el Congreso de los EE.UU. le autorizó a
Bush el uso de la fuerza militar sin necesidad de contar con el apoyo
diplomático de la ONU.
El anuncio había producido un rechazo generalizado entre sus
aliados -principalmente de Rusia- quienes amenazaron con vetar cualquier
iniciativa de ataque militar en el Consejo de Seguridad.
Al día siguiente,12 de octubre, la televisión mundial difundió
videos de Bin Laden y su lugarteniente reiterando amenazas de atentados en
Europa y EE.UU.
Horas después, comenzó la escalada terrorista en Indonesia y
Filipinas.
Europa instaló el "alerta rojo" y la CIA y los servicios
de inteligencia locales responsabilizaron de los atentados a dos organizaciones
extremistas musulmanas, supuestamente vinculadas a la red Al Qaeda.
Cuatro días después, 16 de octubre, la CNN difundió un informe del
jefe de la CIA, George Tenet, en el cual presentaba "pruebas" ante el
Congreso estadounidense de la vinculación de Bin Laden y Al Qaeda con los
hechos terroristas. "Están vivos", remató en su reporte.
Ocho días después, 24 de octubre, se produjo la toma de rehenes en
el teatro moscovita por un grupo de fundamentalistas chechenos.
La prensa internacional -como es su costumbre- se limitó a recoger
comunicados oficiales desentendiéndose de cualquier análisis sobre la llamativa
coincidencia secuencial de los acontecimientos.
Las habituales usinas mediáticas de la CIA, diarios, agencias,
radios y cadenas televisivas, solo recogían las declaraciones del alto mando
militar y de la inteligencia rusa.
Todos hicieron "silencio de radio" a la hora de emitir
comentarios sobre los posibles beneficiarios del secuestro terrorista.
El sábado 26 de octubre, las fuerzas especiales rusas tomaron el
control del teatro tras lanzar una operación de asalto utilizando gas
paralizante y armamento de alta tecnología .
Desparramados sobre las butacas del teatro quedaron más de 170
cadáveres, entre ellos los de los guerrilleros, hombres y mujeres, con dos
kilos de trotyl atados a su cintura.
Casi todo el comando checheno, incluido su jefe, Movsar Barayev,
fue exterminado en menos de una hora por la división antiterrorista Alfa.
La masacre impactó por su precisión operativa y por la cantidad de
víctimas que produjo.
Vladimir Putin, presidente de Rusia y ex jefe de la KGB, salió a
visitar hospitales mientras repetía ante la prensa que "el terrorismo es
el único enemigo".
¿Coincidencia casual con las ideas de Bush y sus halcones?
El Consejo de Seguridad de la ONU -casualmente- decidiría esa
semana si apoyaba o no la iniciativa norteamericana de atacar militarmente a
Irak.
Y algunos aliados -entre ellos, Rusia- habían lanzado trascendidos
de que iban a pronunciarse a favor del "desarme de Irak".
Una sutileza que significaba apoyo incondicional al ataque militar
planificado por EE.UU..
Sin lugar a dudas, a Putin -con su popularidad por el suelo- la
masacre realizada por sus fuerzas de elite le vino de maravillas para
justificar su apoyo encubierto a Bush, ante una sociedad rusa conmocionada por
la muerte de inocentes.
No sería la primera vez (si lo hace) que el ex jefe de espías
soviéticos tomara posición (por medio de doble discurso) a favor de las
decisiones de conquista militar de la potencia imperial regente.
El gobierno ruso, después de duras "críticas" a EE. UU.,
integró la coalición militar contra Afganistán en el año 2001.
Prestó emplazamientos estratégicos a las fuerzas agresoras, y
aceptó el despliegue de 150 asesores militares estadounidenses en Georgia.
A solicitud de Washington cerró las últimas bases rusas en Cuba y
en Vietnam, y firmó con Bush, en mayo pasado, un tratado sobre reducción de
armas nucleares que deja a Rusia en inferioridad de condiciones frente al poder
de EE.UU.
El sospechoso paralelismo del presidente ruso con la visión de
Bush sobre el terrorismo, resulta sintomático y revelador.
Fue el principal beneficiario -después del presidente
estadounidense-- de la matanza ocurrida en el teatro moscovita.
Contactos chechenos en Moscú
Mientras Putin salía a responsabilizar del secuestro al presidente
rebelde de Chechenia, Aslán Masjádov, la inteligencia militar rusa ponía el
acento sobre el parentesco del jefe del comando secuestrador, Movsar Barayev,
con Arbi Barayev, un comandante checheno muerto por el ejército ruso en junio
del 2001.
El propio Movsar Barayev había desmentido su vinculación con el ex
presidente checheno durante la toma del teatro moscovita.
Afirmó que Masjádov no era nadie y que actuaba bajo las órdenes
del jefe rebelde checheno Shamil Basayev, líder de la facción independentista
radical de Chechenia.
Fuentes de la inteligencia rusa señalaron como cerebro del
secuestro a Movladi Udúgov, un experto en propaganda que se había desempeñado
como ministro de Información en el primer Gobierno separatista checheno.
Hábil estratega, director del órgano propagandístico extremista
Kavkaz Center, fue el promotor de la campaña de agitación contra los rusos,
tanto en el plano local como internacional.
Se unió al ala combatiente más radicalizada, expresada en Shamil
Basáieyv y el guerrillero saudí Al Khattab (o Amir Jatabb) , organizadores de
la invasión armada a Daguestán ,en agosto y septiembre de 1999, que desató la
segunda guerra con Rusia.
"Cerebro" uno, y líder militar el otro, Udúgov y Basáyev
formaron una trilogía con Bin Laden.
Se lo señala como vinculado a Al Qaeda y a los ataques terroristas
del 11 de septiembre.
Como Bin Laden y Shamil Basáyev, mantiene lazos estrechos con el
servicio de inteligencia paquistaní, supuesto organizador de los atentados
contra las Torres Gemelas, en un oscuro entramado con sectores de la CIA.
La prensa internacional no se preocupó por averiguar quien es
Shamil Basayev, su sociedad con Udúgov y Bin Laden, y su posible relación con
la toma de rehenes en el teatro de Moscú.
Si lo hubieran hecho, habrían descubierto parte de la trama que
vincula a los mujaidines chechenos con la CIA y sus operaciones encubiertas por
Asia y los Balcanes.
Fuentes del Servicio Federal de Seguridad (ex-KGB) habían
sostenido que Movsar Baraiev, de 25 años, era un jefe guerrillero de mediana
posición, y que detrás suyo pudo esconderse un mando checheno más influyente.
¿Quien podría estar detrás de Movsar Barayev?
Se sabe que tomó bajo su dirección, en julio del 2001, el grupo
armado de su tío, el señor de la guerra checheno Arbi Barayev.
La banda, conocida por su violencia y crueldad, se había
especializado en secuestros.
Sólo liberaban a sus víctimas si obtenían una recompensa
económica, caso contrario las ejecutaban.
Al contrario de lo que afirma Putin, queda descartada la presencia
de Masjadov detrás del grupo secuestrador liderado por Movsar.
El presidente independentista checheno había marcado distancias en
1998 con el grupo de Arbi Barayev, al que había degradado de general a simple
soldado. Nunca volvieron a recomponer relaciones.
En cambio los expertos trazan un paralelismo entre la acción del
teatro de Moscú y una operación de secuestro en masa protagonizada en 1995 por
el legendario guerrero islámico, Shamil Basayev.
Este jefe checheno, vinculado al eje CIA-Talibán-Al
Qaeda-Pakistán, ocupó el cargo de vicepresidente y luego fue designado
Comandante en Jefe del ejército de Chechenia en 1996.
En el verano de 1995 Shamil y más de 100 guerrilleros ingresaron a
sangre y fuego en la ciudad de Budiónnovsk, en el sur de Rusia. Tomaron todos
los rehenes que encontraron a su paso, y se atrincheraron en el hospital.
Cuando las fuerzas rusas decidieron tomarlo por asalto, dentro de
sus instalaciones se encontraban secuestradas más de un millar de personas.
La gente agolpada en los alrededores gritaba desesperada a los
soldados que no disparen, temerosa de una carnicería humana como la que sucedió
en el teatro moscovita.
Finalmente el primer ministro ruso, Víctor Chernomirdin, accedió a
dialogar con Basáyev, y en el curso de una conversación trasmitida en directo
por televisión le prometió que comenzaría negociaciones de paz.
Las exigencias de Basáyev eran exactamente las mismas que
planteaban los rebeldes encabezados esta vez por Movsar Baráyev. Ambos
solicitaban el retiro de las tropas rusas de Chechenia.
Uno murió el sábado pasado, y el otro sigue vivo y oculto en
paradero desconocido, al igual que su camarada y colega Bin Laden.
En marzo de este año, el Jefe de Estado Mayor ruso, Anatoli
Grozni, reveló a la agencia oficial Itar-Tass que las tropas rusas habían
eliminado a Shamil Basayev, aunque no se había podido encontrar su cadáver.
Esta afirmación fue desmentida tajantemente por la página web de
la guerrilla chechena.
La que sí reconoció la muerte del comandante mujaidín saudita, Al
Khattab (o Jattab), mano de derecha y contacto de Basayev con Bin Laden.
Todas las pistas del secuestro de Moscú conducen a Bin Laden y a
Shamil Basayev, máximos líderes de la lucha contra los rusos en Afganistán y
Chechenia.
¿Y qué tienen de común estos dos profesionales del terrorismo
islámico?
Ambos están vinculados a los talibanes y al servicio de
inteligencia pakistaní, nexo secreto de las operaciones encubiertas de la CIA
con las redes islámicas terroristas de Asia, los Balcanes y Medio Oriente.
El eje CIA-Talibán- Al Qaeda-Pakistán
En 1994, Shamil Basayev fue entrenado militarmente en campamentos
de la CIA ubicados en Afganistán y Pakistán.
Su vinculación con Bin Laden, Al Qaeda y la sociedad
Pakistán-Talibán provienen de esa época.
La relación de los grupos radicalizados chechenos con la jihad
islámica se estableció durante la resistencia a las tropas soviéticas en
Afganistán.
La invasión militar de la URSS, en 1979, se produjo en respuesta a
las operaciones encubiertas que la CIA venía realizando con grupos
fundamentalistas para derrocar al régimen pro soviético en ese país.
La estrategia de la Agencia se encuadraba en la disputa por áreas
de influencia que Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron durante toda
la Guerra Fría.
En 1985 la administración Reagan-Bush incrementó la ayuda
encubierta y el suministro de armas a los mujaidines de la resistencia afgana.
La CIA infiltró los cuadros combatientes islámicos utilizando de
intermediario al servicio de inteligencia paquistaní (ISI), que en la
actualidad sigue actuando de nexo entre los grupos terroristas que operan en
Asia, los Balcanes y Medio Oriente.
Bush padre, por entonces vicepresidente, mantenía una decisiva
influencia sobre la CIA (en ese momento comandada por William Casey) de la cual
fue director durante el gobierno de Nixon.
Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado
Financial Crimes Enforcement Network, determinaron las conexiones del clan Bush
con Salem Bin Laden (el padre de Bin Laden), el empresario James R. Bath, y el
Bank of Credit & Commerce (BBCI).
La investigación había revelado que los sauditas estaban
utilizando a Bath y al BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas, y
canalización de los fondos para las operaciones encubiertas de la CIA en Asia y
Centroamérica.
Además de manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los
fondos de varios grupos terroristas islámicos.
En 1991, la revista Time describió a Bath como un lobbista cuyas
vinculaciones iban desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA), hasta
contactos con Bush y la administración republicana de Reagan. Salem Bin Laden
era socio de los Bush en la compañía petrolera Arbusto Energy.
Sociedad que, después de la muerte misteriosa de su padre en 1988,
continuó con Bin Laden y su familia.
La cruzada anticomunista de Reagan en el Asia Central se vertebró
a partir de operaciones clandestinas de la cual participaron otros servicios de
inteligencia como el británico y el Mossad israelí, que actuaban de enlace con
el Medio Oriente.
Su objetivo estaba centralizado en el control de las mayores
reservas del petróleo asiático existentes en la región.
Los megaconsorcios petroleros anglo-estadounidenses querían
avanzar sobre los recursos petroleros y los corredores de los oleoductos que salen
de la cuenca del Mar Caspio.
Para lo cual el asentamiento militar y político en Afganistán
resultaba clave.
Con el mismo equipo que había diseñado y ejecutado el Irangate
(contrabando de armas desde Irán destinado a los contras que combatían a la
revolución sandinista) el padre del actual presidente norteamericano intentaba
hacer lo mismo en el país afgano.
La CIA y la IIS (Inteligencia Inter Servicios) de Pakistán querían
convertir la jihad afgana en una guerra de todos los estados musulmanes contra la
Unión Soviética.
Unos 35 mil extremistas musulmanes, provenientes de 40 países
islámicos, se sumaron a la lucha de Afganistán entre 1982 y 1992.
La CIA infiltró las redes islámicas operando indirectamente a
través de la inteligencia paquistaní.
La mayoría de los combatientes -salvo sus comandantes mayores- no
conocían los objetivos encubiertos que se montaban detrás de su causa
religiosa.
La inteligencia paquistaní desarrolló una estructura paralela que
mediatizaba el contacto con la CIA y con las estructuras militares
estadounidenses.
Pakistán y Arabia Saudita fueron utilizados como centros
operativos de financiación y bases de entrenamiento para los musulmanes
radicalizados de Medio Oriente y de Asia que habían emprendido la guerra santa
contra los soviéticos en Afganistán.
Bin Laden, que en 1985 había fundado Al Qaeda (La Base), integraba
la red en carácter de reclutador principal de los grupos radicalizados
islámicos que arribaban a Pakistán.
Sus ideas pasaban por la refundación de un gran Estado islámico
bajo la consigna de que sus sagrados principios estaban amenazados por el
ateísmo soviético implantado en los países musulmanes.
Por distintas razones el millonario saudí coincidía con la CIA y
EE.UU. en un mismo objetivo: derrotar y expulsar a los regímenes controlados
por Moscú en los territorios islámicos.
Con la caída de la Unión Soviética esa lógica entró en
contradicción. Una parte de la jihad (caso del eje Talibán-Al Qaeda-Chechenia)
intentó construir poder propio al margen de los intereses económicos y
geopolíticos de Estados Unidos.
Y obligó a la CIA a operar sobre las divisiones de las redes
islámicas con la finalidad de seguir controlándolas.
El eje -Al Qaeda-Talibán-Pakistán emprendió la resistencia armada
contra el ejército rojo desde las montañas, y sus integrantes fueron
presentados como "luchadores al servicio de la libertad" por las
usinas mediáticas de la CIA.
Esa guerra culminó con el retiro de las fuerzas soviéticas en
1989.
No obstante, la coalición islámica no pudo derrocar al régimen pro
comunista hasta abril de 1992.
El presidente Mohamed Najibulá abandonó el poder y, en septiembre
del mismo año, se formó un gobierno de coalición entre los grupos islámicos que
habían expulsado a los soviéticos.
Eso no supuso el fin de la confrontación, ya que comenzaría una
guerra civil entre las facciones islámicas divididas por el reparto del poder.
El 11de septiembre y las sospechas sobre la CIA
En 1996 la facción Talibán, con la ayuda decisiva de Al Qaeda,
Pakistán y la guerrilla chechena, toma Kabul e instaura un régimen islámico
dirigido por el Mullah Mohammed Omar,"Comandante de los Creyentes".
El eje Talibán-Al Qaeda-Pakistán-Chechenia se solidificó y fue
clave para la construcción del régimen islámico radicalizado en Afganistán.
EE.UU. comenzó a perder influencia sobre las redes islámicas que
habían tomado Afganistán como base de despliegue para extender la guerra santa
a toda el Asia y Medio Oriente.
La CIA, con la financiación de la mafia rusa ligada a la droga y
al contrabando de armas, comenzó a entrenar a los grupos antitalibanes
nucleados en la Alianza del Norte.
Sin embargo, la Alianza del Norte también fue obra de los
servicios de inteligencia de Rusia y de los países que sostenían posiciones
contra el radicalismo talibán-checheno.
Mientras que Arabia Saudita y Pakistán y Chechenia apoyaban y
daban cobertura logística a los talibanes; Irán, Rusia, India y cuatro
repúblicas de Asia Central -Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizístán, TTayikistán-
sostenían abiertamente a la Alianza del Norte.
La administración Clinton y el Pentágono se habían propuesto
expulsar a la conexión Talibán-Al Qaeda-Chechenia del control de Afganistán.
Su independencia de poder y los planes propios que tenían para el
mundo islámico, los hacía inviables para la geopolítica de EE.UU. en la región.
De esta manera se dividió y se rompió la coalición islámica que
expulsó a los soviéticos de Afganistán.
La CIA, que permanecía infiltrada en las dos facciones por medio
de la inteligencia pakistaní, comenzó a diseñar la operación que culminaría con
la invasión militar norteamericana a Afganistán.
El gobierno fundamentalista de los talibanes -con Bin Laden como
virtual ministro de Defensa- terminaría en el 2001 a causa de las múltiples
operaciones de la CIA sobre los enemigos internos y externos de los talibanes.
Y cuyo desenlace principal fue el apoyo de Pakistán y de su
estructura de inteligencia a la invasión militar de EE.UU. tras los atentados
del 11-S.
En los pliegues secretos de la inteligencia estadounidense existen
sobradas pistas de que el espionaje paquistaní estuvo implicado en la voladura
de las Torres Gemelas.
Un sector importante de expertos en EE.UU. -apoyados por informes
secretos de la comunidad de inteligencia- creen que los atentados a las torres
y al Pentágono fueron producto de una "interna de la CIA".
Combinada posiblemente con operaciones paralelas de la
inteligencia paquistaní sobre la "interna" del terrorismo islámico.
Los aviones dirigidos contra las torres no habrían estado
dirigidos a demolerlas, sino a producir un daño en su estructura.
El derrumbe accidental de las gigantescas moles por
recalentamiento de los materiales ferrosos de su estructura, desató un
escándalo entre las fuerzas de seguridad interna, sockeó a la sociedad
estadounidense, y generó un replanteo de la política de inteligencia del
Imperio.
Esa crisis dentro del poder imperial -por extraña paradoja- le
sirvió a los halcones para diseñar la leyenda del nuevo "enemigo" de
los Estados Unidos y de la humanidad.
Y comenzaron las acostumbradas "reapariciones" de Bin
Laden sembrando terrorismo mediático desde las pantallas de los televisores.
En la agenda de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden
obedece a dos tipos de construcciones. Una verdadera, asociada con las redes
secretas del terrorismo, y otra fabricada para consumo mediático.
En la primera, se indica que su formación de soldado terrorista
proviene de los sótanos de entrenamiento de la CIA.
Y en la segunda, las evidencias lo señalan como un espectro
fantasmal sobre el cual se montan innumerables campañas de prensa
internacional.
Los resultados son siempre funcionales a los intereses
estratégicos del Estado imperial norteamericano.
De la misma manera que lo utilizó para sus operaciones encubiertas
en Asia y en Los Balcanes, ahora la CIA se vale de su imagen para fabricar
psicosis terroristas que le sirven a los Estados Unidos para justificar sus
nuevas invasiones militares.
Pero como sucedió con el asesinato de Kennedy, y de otros líderes
prominentes de EE:UU., es probable que la verdad quede escrita con tinta
invisible.
En los oscuros sótanos de la Central de Inteligencia Americana hay
misterios que jamás serán revelados.
La conexión CIA-Al Qaeda-terrorismo checheno
En julio de 1994 Shamil Basayev se instaló en el campamento
Markaz-i-Dawar en Pakistán para llevar a cabo entrenamiento en tácticas
guerrilleras avanzadas.
Allí se vinculó a los más altos oficiales militares y de
inteligencia paquistaníes que operaban para la CIA.
Se contactó con Bin Laden, y con los entonces ministros de
Defensa, general Aftab Shahban Mirani; y del Interior, general Naserullah
Babar, y con el director del IIS encargado del enlace con las redes islámicas,
general Javed Ashraf.
Más tarde el líder guerrillero checheno y sus lugartenientes apoyaron
a la coalición que había formado un gobierno "de unidad" tras la
expulsión del régimen prosoviético, y que tenía a los talibanes y a Al Qaeda
como sus organizaciones de mayor influencia.
De esa manera comenzó a gestarse el eje Talibán-Al Qaeda-Pakistán-Chechenia,
que asumiría el control militar y político de Afganistán en 1996.
Basayev regresó a Chechenia en 1995, y se convirtió en uno de los
jefes más importantes de la guerrilla separatista que intentaba la
independencia de la Federación Rusa formada tras la desintegración de la URSS.
Sus vínculos con Bin Laden los mantenía principalmente a través
del célebre comandante saudita de la secta wahhabi, Al Khattab (uno de los
seudónimos con que actuaba) , con quién estableció un campamento de
entrenamiento de guerrilleros en Chechenia.
En esta fase la CIA y su brazo de la inteligencia paquistaní
estaban concentrados en planes destinados a desestabilizar a los ex regímenes
socialistas en el Asia Central y en los Balcanes.
Tras la desaparición de la Unión Soviética las redes del
terrorismo islámico se habían extendido por las ex repúblicas musulmanas
integradas al gobierno de Rusia.
La guerra en Chechenia -según coinciden informes del Dpto. de
Estado y varios analistas- se planeó durante una cumbre secreta del HizbAllah
Internacional que se llevó a cabo en 1994 en Mogadisco, Somalia.
A esa cumbre asistieron Osama Bin Laden y altos oficiales de
inteligencia iraníes y paquistaníes, infiltrados por la CIA y el alto mando
militar norteamericano.
Según Yossef Bodansky, director de la Fuerza de Tarea en
Terrorismo y Guerra No Convencional del Congreso estadounidense, la guerra en
Chechenia se planeó durante una cumbre secreta del HizbAllah Internacional que
se llevó a cabo en 1996.
Las primeras elecciones presidenciales de Chechenia fueron
realizadas en noviembre de 1991, y proclamaron presidente a Dzojar Dudayev, un
general soviético destinado en Estonia.
La URSS daba sus últimos estertores.
Unilateralmente, se declaró la independencia de la República
Chechena de la Federación Rusa presidida por Boris Yeltsin.
En 1994 Moscú comenzó la guerra contra los chechenos para
recuperar el control sobre el territorio, y sus tropas se apoderaron de la
Capital.
En 1995, se firmó el primer armisticio ruso-checheno, pero los
combates continuaron y, a pesar de la muerte de Dudayev, víctima de un misil
ruso, las fuerzas chechenas recuperaron su Capital en agosto de 1996.
Los chechenos se habían replegado hacia las montañas.
Desde ahí lanzaron una eficaz guerra de guerrillas, acompañada de
espectaculares acciones terroristas (las tomas de rehenes de Budionnovsk y de
Kizliar).
La derrota rusa era inexorable.
Alexander Lébed, un respetado militar ruso, consigue sentarse a
negociar con el nuevo presidente checheno, Aslán Masjadov.
Ambos firman la paz en agosto de 1996.
Shamil Basayev, apoyado por el eje Talibán-Al Qaeda-Pakistán, y
con Al Khattab haciendo de puente con Bin Laden, se convirtió en el principal
"señor de la guerra" en Chechenia.
En abril de 1996, tras un breve paso por la vicepresidencia del
país, fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas armadas de Chechenia.
La mafia rusa y el fin del Imperio Soviético
El jefe supremo de los islámicos radicalizados de Chechenia,
comenzó a desarrollar sus contactos con el mundo de la mafia, el contrabando de
armas, la prostitución y los secuestros políticos.
El país se había convertido como lo señaló Putin en una
"guarida de secuestradores y bandidos".
Los líderes guerrilleros chechenos se convirtieron en jefes de
bandas armadas que luchaban entre sí por el control de los negocios turbios que
giraban alrededor de la droga y el tráfico de armas, controlados secretamente
por la CIA y la burocracia corrupta del Imperio soviético.
El grupo de Basayev estuvo involucrado en operaciones con
narcóticos, espionaje telefónico, sabotaje de los oleoductos de Rusia,
secuestros, prostitución, comercio de dólares falsos, lavado de dinero, y
contrabando de material nuclear.
Las ganancias de este comercio ilícito fueron canalizadas hacia el
reclutamiento de mercenarios y en la adquisición de logística y armamento.
El país estaba libre pero al borde de la guerra civil.
Los secuestros, el tráfico de armas, las drogas y el robo de
petróleo eran moneda corriente.
La burocracia del ex Kremlin rojo, convertida en mafia organizada
del crimen, utilizaba el enclave checheno para desarrollar sus actividades.
El ex poder soviético, derrotado y decadente, ya había sido
infiltrado por la CIA y sus redes islámicas.
En realidad, puede decirse que el derrumbe de la URSS comenzó en
la década del 80, con la administración Reagan-Bush.
El vicepresidente y la inteligencia militar norteamericana habían
implantado en el Asia central el mismo "modelo" corrupto del Irangate
centroamericano.
La CIA y sus vasos comunicantes contrabandeaban armas a cambio de
droga que era introducida en el circuito de consumo de Estados Unidos y Europa.
Los jerarcas soviéticos y la KGB comenzaron a fusionarse, a través
de distintos entramados, con las redes encubiertas de la CIA que operaban detrás
de la guerrilla y el terrorismo islámico.
El final de la Guerra fría y del imperio rojo estaba próximo.
La ex burocracia soviética corrupta, enriquecida y convertida en
oligarquía capitalista, fue la que tomó el poder tras la desintegración de la
URSS.
En octubre de 1999 Rusia, presidida por el ex jefe de la KGB,
Vladimir Putin, volvió a enviar sus tanques contra la república secesionista, a
la que acusó de intentar extender el radicalismo islámico por la vecina
Daguestán, otra pequeña república del Cáucaso norte, enclavada en la Federación
Rusa.
Fue el comienzo de la segunda fase de la guerra ruso-chechena en
menos de una década, y que se extiende hasta el presente.
El eje Talibán-Al Qaeda , infiltrado por la CIA y el servicio
secreto paquistaní, sigue apoyando activamente a Shamil Basayev y a los
movimientos extremistas islámicos empeñados en expulsar a los rusos de
Chechenia.
En este contexto hay que situar la operación del secuestro de
rehenes en Moscú.
La red islámica y la Operación Yugoslavia
En la mitad de la década del 90, el Pentágono y Clinton
desarrollaban una estrategia orientada a tres objetivos:
Desestabilizar a los rusos en Chechenia, derrocar la sociedad
Talibán-Al Qaeda en Afganistán, y expandir la guerrilla islámica hacia las ex
repúblicas soviéticas de los Balcanes.
El modelo del Irangate -utilizado por Ollie North y los contras
nicaragüenses durante la administración Reagan- fue nuevamente implantado en
los Balcanes de mitad de la década del 90.
Esta estrategia empezó a operar activamente en Yugoslavia, detrás
de la fachada del Ejército de Liberación de Kosovo (KLA, por sus siglas en
inglés) .
Albania y Kosovo están situadas en el corazón de la "ruta
balcánica" que liga el Triángulo Dorado de Afganistán y Pakistán con los
mercados de la droga en Europa.
Esta ruta mueve alrededor de 400 mil millones de dólares al año, y
maneja el 80% de la heroína destinada a Europa.
Los réditos anuales del tráfico de drogas de la Media Luna de Oro
(entre 100 y 200 mil millones de dólares) representan aproximadamente un tercio
de las transacciones anuales mundiales de narcóticos, estimadas por las las
Naciones Unidas en 500 mil millones de dólares.
Tras el derrumbe de la URSS, se incrementó la producción de opio,
que en 1998-99 llegó en Afganistán a un récord de 4600 toneladas métricas .
La CIA controla las redes de este comercio de heroína.
La mafia organizada de la ex Unión Soviética, infiltrada por la
comunidad de inteligencia americana, compite por el control estratégico de las
rutas de narcóticos.
Los oficiales del Pentágono siempre se negaron a investigar a sus
aliados afganos por el tráfico de heroína.
Sencillamente porque la estrategia encubierta de lucha contra el
Imperio soviético se articuló sobre el tráfico de armas y de drogas.
En 1995, Charles Cogan, ex director de la operación afgana de la
CIA, admitió que la corporación había sacrificado la guerra contra las drogas
para luchar con éxito en la guerra fría. "Nuestra misión era hacerle el
mayor daño posible a los soviéticos", dijo en un informe al Congreso de
EE.UU.
La red del IIS paquistaní no fue desmantelada luego de la Guerra
Fría. La CIA continuó infiltrando a la jihad islámica fuera de Pakistán. Nuevas
operaciones encubiertas se pusieron en movimiento en Asia Central, el Cáucaso y
los Balcanes.
El aparato militar y de inteligencia pakistaní volvió a servir de
"mediador" entre la CIA y las redes islámicas.
Las operaciones en los Balcanes, durante la administración
Clinton, estaban destinadas a dividir a la ex Yugoslavia soviética, derrocar o
asesinar a Milosevic, y a preparar el desembarco del capitalismo norteamericano
y europeo en la región.
El poder militar del "carnicero de los Balcanes"
desmanteló en parte la capacidad operativa de la guerrilla kosoviana.
Esto fue determinante para que EE.UU. y la OTAN arrojaran 70.000
misiles y "bombas inteligentes" sobre Serbia durante la guerra de
Yugoslavia.
El tráfico de drogas fue utilizado para financiar y pertrechar al
Ejército Musulmán Bosnio (a partir de los inicios de la década de 1990), y al
Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) antes de la invasión a Yugoslavia.
Existen pruebas de que mercenarios mujahidines combaten
actualmente en las filas de terroristas del ELK-ENL en sus ataques contra
Macedonia.
En esta cruzada balcánica siempre estuvieron involucrados el eje
Talibán-Al Qaeda-Pakistán y las redes del fundamentalismo islámico infiltradas
por la CIA.
El eje ISI-Osama-talibán-redes islámicas que venía de la guerra
contra los soviéticos, se hizo fuerte en Afganistán y luego buscó consolidarse
en Bosnia, Kosovo y Macedonia.
Con apoyo de la ruta de la heroína, su nueva sociedad con la
inteligencia norteamericana se gestó en el seno del Ejército de Liberación de
Kosovo y en la guerrilla musulmana bosnia.
La estrategia a desarrollar en los Balcanes tendía a complementar
el operativo iniciado en el Asia Central y en el Caúcaso.
Ahora EE.UU. avanzaba hacia los ex enclaves soviéticos de Europa
del Este.
De esta forma intentaba expandir el capitalismo hacia los mercados
de las ex repúblicas socialistas, y a la vez cerrar el control sobre el
petróleo y la droga del Asia central que fluían hacia Occidente.
Las pruebas sobre participación de Bin Laden y de la red islámica
en los Balcanes, están documentadas por el propio Congreso de Estados Unidos y
no han sido tenidas en cuenta por el poder norteamericano.
La vinculación quedó demostrada en un informe al Congreso donde
los republicanos acusan a Clinton de haber protegido e impulsado las
operaciones encubiertas de la CIA y la inteligencia estadounidense en los
Balcanes.
Un extenso informe del Congreso elaborado por la Comisión del
Partido Republicano (CPR) publicado en 1997, acusa a la administración Clinton
de haber "ayudado a convertir a Bosnia en una base militante
islámica".
Lo que posibilitó el reclutamiento de miles de mujaidines del
mundo musulmán por parte de la organización Al Qaeda.
Según Ralf Mutschke, del área de Inteligencia Criminal de la
INTERPOL, en un testimonio ante la Comisión Judicial del Congreso:
"El Departamento de Estado estadounidense catalogó al KLA
como organización terrorista, e indicó que estaba financiando sus operaciones
con dinero del comercio internacional de heroína y con préstamos de países e
individuos islámicos, entre ellos supuestamente Osama Bin Laden."
Otra prueba esgrimida sostenía que el hermano de un comandante
militar de Bin Laden, líder de una organización egipcia de la jihad, dirigía
una unidad de elite del KLA durante el conflicto en Kosovo.
Los EE.UU. y la CIA -de acuerdo a informes de diferentes
organismos oficiales que se suman al del Congreso- repitieron en los Balcanes
patrones calcados del Irangate y de las operaciones encubiertas organizadas en
Asia, el Caúcaso, y contra Sadam antes y después de la Guerra del Golfo.
El operativo de conquista de los ex Balcanes soviéticos, preparó
la invasión a Yugoslavia, y conformó un enclave operativo estratégico en la
escalada hacia la toma militar de Afganistán.
Logrados esos objetivos, ahora EE.UU. ya tiene el control militar
sobre Irak y el Golfo pérsico, y detenta en sus manos la segunda reserva
petrolera del mundo.Luego seguramente avanzará sobre Irán, Siria, y el resto de
los enclaves petroleros por conquistar.
Los esquemas estratégicos y operativos ideados por Papá Bush en la
década del 80, siguen repitiéndose como un calco en los manuales de conquista
del Imperio norteamericano.
Fuente: Información
Alternativa