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Terrorismo. ¿Y qué paso con el ántrax?
Estados Unidos - 2/11/2002
Las pistas del FBI
apuntan a un científico de EE UU como responsable del bioterrorismo
(Internacional, 11
de febrero de 2002) Bastaron unos miles de esporas en cuatro sobres con letra
infantil para sembrar el pánico, colapsar el funcionamiento del Gobierno y
causar cinco muertos. Estas cuatro cartas contaminadas con carbunco (ántrax)
fueron las armas del primer ataque bioterrorista jamás perpetrado contra
Estados Unidos, una operación barata, sencilla, sorprendente e increíblemente
efectiva. Después de muchas vueltas, el FBI está convencido de que su autor es
un científico estadounidense. Pero, a falta de pistas, los investigadores sólo
confían en que alguien cercano al culpable lo denuncie ante la policía.
Las primeras
sospechas apuntaron a Al Qaeda. El vicepresidente, Dick Cheney, aseguró que la
investigación debía presuponer la responsabilidad de Osama Bin Laden. A las
pocas semanas, sin embargo, empezó a despuntar la teoría de una operación
casera, obra de un científico solitario que tuviera muy a mano el carbunco, lo
bastante como para contaminar y enviar las cartas apenas una semana después del
11 de septiembre. Los objetivos, entre ellos un grupo de prensa sensacionalista
y dos senadores relativamente desconocidos, parecían demasiado locales para
Irak o Rusia. La variedad del carbunco empleado, del tipo Ames, procedía de
Estados Unidos.
Cinco meses después
de la primera muerte, el FBI parece saber tanto como al principio, es decir,
poco. No ha habido nuevas amenazas, no se ha descubierto nada sobre el
responsable, el caso ha pasado a un discreto olvido. Pero los agentes siguen
investigando. Acaban de multiplicar la recompensa por cualquier información:
2,5 millones de dólares. “Desde que no salimos tanto en los periódicos, nos
llaman menos personas, pero lo que nos dicen tiene más sentido. Contamos mucho
con la colaboración ciudadana”, dijo una portavoz del FBI.
“La lección más
importante de los errores de la investigación es que sabemos muy poco sobre el
ántrax”, comentó Richard Betts, experto en seguridad de la Universidad de
Columbia y ex miembro de la Comisión Nacional sobre Terrorismo, “y, si se
produjera un ataque masivo y más organizado, sin duda descubriríamos que
sabemos aún menos de lo que nos parece”.
La semana pasada, el
FBI difundió, a través de la Sociedad Americana de Microbiología, una
descripción del sospechoso. “Es muy posible que ustedes conozcan a la persona
que mandó las cartas. (...) Por su selección del Bacillus anthracis, creemos
que ha tenido acceso a agentes biológicos en algún momento. Parece alguien muy
organizado y meticuloso. Seguramente le gusta funcionar por su cuenta y puede
haber trabajado en laboratorios fuera del horario regular. Ustedes pueden
ayudarnos a identificarle”. Es un perfil parecido al de Theodore Kaczynski,
Unabomber, el genial profesor de matemáticas que durante 18 años y desde su
cabaña de Montana mandó paquetes bomba por todo el país, matando a tres
personas e hiriendo a otras 28. El FBI sólo dio con él, en 1996, porque su
hermano lo denunció.
Pero en ese perfil
encajan muchas hipótesis. “Fabricar este ántrax exige conocimientos muy
rudimentarios. Aislar la bacteria es muy sencillo, se aprende en los seis
primeros meses de microbiología. Luego hay que convertirla en polvo, una
técnica relativamente básica en la ingeniería farmacéutica o la industria de
pesticidas. Hay que encontrar la persona que conozca estas dos áreas, y sólo
puede haber unos cientos de sospechosos”, explicó Richard Ebright, microbiólogo
de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey), donde el FBI ha llevado a cabo sus
últimas pesquisas. “Desde que pasaron los agentes por la Universidad, hemos
estado preguntándonos quién puede ser. Quizá alguien que haya estudiado aquí y
que ahora trabaje en el sector privado”.
Abigail Salyers, presidenta
de la Sociedad Americana de Microbiología, tiene otra teoría: “Es un tipo de
carbunco muy elaborado, no se puede fabricar en cualquier parte, sobre todo en
secreto, porque los científicos, por naturaleza, somos muy fisgones y siempre
intentamos averiguar en qué trabajan nuestros colegas. La única explicación es
que alguien robó el carbunco de un laboratorio militar”. Sobre los motivos hay
otras muchas ideas. Quizá el autor perdió a alguien en los atentados, quizá
tenía ya intención de llevar a cabo sus ataques y aprovechó la confusión del 11
de septiembre; quizá esperaba forzar al Gobierno a proporcionar más dinero para
la guerra bacteriológica. Quizá pertenezca a una milicia antigubernamental.
Quizá nunca se sepa.
Nota Completa:
ElPais.es
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