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Una inquietante hipótesis domestica
Los datos sobre la autoría de
los atentados de Nueva York y Washinton, revelan la existencia de varias
incoherencias en la versión oficial y permiten reconstruir otro relato que, por
supuesto, no es más que un intento de establecer la verdad. Quizá lo más
sorprendente sea la ausencia de toda reivindicación creíble de los ataques,
cuando prácticamente todos los actos terroristas son reivindicados por sus
autores como una forma de propaganda.
Las primeras informaciones de la
CNN dijeron que lo más probable es que los aviones fueran teledirigidos. Un
veterano piloto, Ishaq Kuheji, señaló que «en lo que respecta a la afirmación
de que los secuestradores obligaron a los pilotos a estrellarse contra los objetivos,
cabe decir que ningún piloto de ninguna nacionalidad estrellaría su aparato
contra un edificio si puede hacerlo fuera de la ciudad». Un piloto coaccionado
para estrellarse contra un edificio sabría que estaba condenado a morir, y
probablemente se estrellaría en otro lugar o se rebelaría.
Según Kuheiji existe otra
alternativa más realista. Los sistemas de manejo de vuelo de los cuatro
aparatos pudieron ser manipulados y programados en tierra para poder ser
posteriormente activados en pleno vuelo. Esto permitiría que los aparatos
despegaran, descendieran y volaran a una cierta altura hasta puntos
predeterminados, y podría impedir también la existencia de comunicaciones con
tierra, dejando a los pilotos a merced de los ordenadores del aparato. Esta
tecnología es utilizada en los misiles de crucero, los aviones espía y otros
aparatos no tripulados.
Rudi Dekkers, propietario de la
escuela de vuelo de Venice (Florida), donde dos de los presuntos terroristas,
Mohammed Atta y Maruan al Shehhi, se formaron como pilotos, dijo que ambos
realizaron un curso de cinco meses, y que pilotearon un jet de pasajeros entre
«de 15 ó 20 horas», un tiempo muy limitado para manejar un Boeing.
Acusados
Por otra parte, la CNN desmintió
que dos de los inculpados como pilotos suicidas por las autoridades, Adnan
Bujari y Amir Bujari, fueran quienes estrellaron los aviones contra las Torres.
Cada vez más saudíes se sorprenden al ver sus fotos en los periódicos de todo
el mundo, donde aparecen como los terroristas muertos en los atentados.
Un saudí que estaba trabajando
en Yeddah al momento del ataque, Abdul Rahman al-Omari, conoció por la prensa
su propia muerte en uno de los atentados. Inmediatamente, llamó a la embajada
norteamericana para informar que se encontraba vivo y no estaba implicado en
los hechos. Otro piloto saudí considerado como un posible sospechoso, vivía en
Túnez desde hace poco menos de un año.
Otro punto desconcertante es que
Mohammed Atta y Maruan Al-Shehhi fueron vistos completamente borrachos en
numerosas ocasiones, según reconoce el propio FBI. Este perfil de los presuntos
terroristas resulta bastante lejano del «fanático musulmán» que algunos medios
han tratado de crear (en el Islam existe la prohibición de consumir bebidas
alcohólicas). El viernes anterior al 11 de septiembre, según una camarera, Atta
se reunió en un pub de Holliwood con Maruan al Shehhi, y en los siguientes
minutos, estos «extremistas musulmanes» se bebieron cinco cuba libres cada uno.
Además, la posibilidad de que
ciudadanos saudíes o de otras partes del Golfo cometan suicidios es bastante
remota. Estos actos son más corrientes entre personas inmersas en una dura
lucha por su propia supervivencia, como los palestinos, especialmente aquellos
que no han visto otra cosa en su vida que los campos de refugiados y los
tanques israelíes disparando contra sus casas. Los estudiantes de aviación de
los países del Golfo no tienen nada que ver con los oprimidos palestinos.
Otro punto extraño: ¿por qué los
terroristas que mostraron un alto nivel operacional e increíble sofisticación
en los atentados dejaron tras de sí tantas pistas inculpatorias, como tarjetas
de crédito falsas o un manual de pilotaje de aviones en lengua árabe en un
vehículo abandonado en el Aeropuerto Internacional de Boston, donde dos de los
presuntos secuestradores embarcaron? Esto es un disparate. Se sabe que estos
pilotos habían estudiado en Florida, y es lógico que utilizaran la lengua
inglesa mientras aprendían a volar y no la árabe. Otro tanto cabe decir de los
retratos de Bin Laden encontrados, así como de las copias del Corán halladas en los vehículos de los
sospechosos.
El hallazgo de un pasaporte
árabe encontrado a cincuenta metros de las torres, sólo puede calificarse como
un insulto a la inteligencia. Muchos cuerpos se desintegraron por la colisión,
sobre todo los que iban en las cabinas de los aviones, lugar donde se hallarían
con toda probabilidad los secuestradores. Que sea hallado un pasaporte de uno
de los presuntos terroristas es algo tan increíble que delata a quienes han fabricado
la noticia. Asimismo, el 14 de septiembre se informó del hallazgo de dos cajas
negras entre los restos de los aviones. A pesar de que soportan más de 1.100
grados, se dijo que la información de las cajas había sido borrada.
Se afirmó que los perpetradores
pensaban también atacar a la Casa Blanca, la residencia de Camp David o incluso
el Air Force One. El propio Bush se refugió en un búnker, sin duda porque creyó
que su propia vida corría peligro. ¿Cabe realmente pensar que un grupo de
terroristas extranjeros posee tal capacidad, incluso para poner en peligro la
vida del propio presidente de EE.UU.? Es difícil de creer. La visión de
conjunto resulta absurda y se parece a un relato rápidamente fabricado, como
sucedió con la muerte de JFK. El interrogante sería quién está interesado en
fabricar esa versión y por qué. Y sobre todo, ¿quiénes son los verdaderos
autores del ataque? La experiencia del atentado de Oklahoma, en el cual se
señaló también al propio Bin Landen como instigador, nos hace dirigir nuestra
mirada al interior de EE.UU.
Bin Laden negó en dos ocasiones
su participación en los hechos. Y según todas las fuentes, ha estado sometido a
un práctico aislamiento por parte de los talibanes y no contaba con acceso al
teléfono, fax, etcétera. Poco antes del atentado, los talibanes aseguraron que
tenían a Bin Laden bajo vigilancia y que no querían problemas con Washington,
ya que para ellos el enemigo principal era Rusia. Es difícil creer que Bin
Laden podría llevar por su cuenta un atentado de este tipo, arriesgándose a la
ira de sus anfitriones.
Además, la Casa Blanca se ha
negado a responder las peticiones de los talibanes para que les suministrara
una prueba de que Bin Laden estaba implicado en los atentados. No deja de
resultar extraño que EE.UU. prefiera afrontar los gastos y la impopularidad de
una guerra, pudiendo dar a conocer las pruebas que acusan directamente a Bin
Laden. Ésta era una demanda no sólo de los talibanes, sino también de muchos
gobiernos aliados de EE.UU.
Un fracaso inexpicable
Por otra parte, Jürgen Storbeck,
director de la Europol, declaró que era necesaria una investigación más amplia.
«Es posible que Bin Laden estuviera informado de la operación; es incluso
posible que tuviera alguna influencia en ella, pero no es probablemente el que
diseñó todas las operaciones o controló el plan en su conjunto. La idea de que
él, sentado en Afganistán, pudiera haber controlado la última fase de la
operación es algo que resulta muy dudoso», señala Storbeck. Otro tanto cabe
decir de los otros «sospechosos», como Irak, cuando el régimen de las sanciones
contra Bagdad se está desintegrando e Irak consiguió una satisfacción
importante al ser derrotado en el Consejo de Seguridad el plan para la
imposición de «sanciones inteligentes».
Mientras en el pasado los
servicios secretos obtuvieron grandes éxitos a la hora de evitar ataques
terroristas, en esta ocasión un ataque masivo y sofisticado fue preparado ante
toda la red de inteligencia sin que ésta se enterara. Expertos británicos
opinan que este fracaso resulta inexplicable. Otros analistas señalan que los
atacantes sabían cómo evitar ser detectados y tenían un conocimiento en
técnicas de inteligencia muy profundo. Estas razones pueden servir para
descartar a una gran parte, sino a la mayoría, de grupos terroristas o armados
de Oriente Medio u otros países.
Pero las cosas se complican aún
más. Según el Denver Post, el 21 de septiembre la CIA y el FBI fueron avisados
por un servicio de inteligencia extranjero de que se preparaba un ataque de
grandes proporciones, pero sorprendentemente nadie reaccionó. Esto plantearía
la pregunta acerca de si de un sector del establishment político militar
estadounidense permitió a los terroristas lanzar un ataque dentro de EE.UU.
como una forma de aumentar el apoyo público a una política más agresiva y al
rearme. Y explicaría el sorprendente fracaso de la inteligencia estadounidense.
Una versión muy cercana ofreció
el político norteamericano Lyndon LaRouche, candidato a las elecciones del
2004. LaRouche dice: «EE.UU. se ha visto sorprendido por un asesinato en masa
que procede de fuerzas de dentro del propio país. Dado que ninguna potencia
extranjera tiene la capacidad de hacernos lo que ha ocurrido el 11 de
septiembre, algún elemento que opera dentro de nuestro establishment
político-militar es el único autor posible».
Esta posibilidad no es extraña.
La historia está llena de agentes provocadores que se han inflitrado en
organizaciones para lograr una determinada respuesta de la opinión pública.
Además del hundimiento en 1898 del acorazado norteamericano Maine -utilizado
por EE.UU. para iniciar una guerra contra España-, recientemente se reveló que
varios militares norteamericanos propusieron en 1962 un plan secreto para
cometer actos terroristas en suelo norteamericano y luego culpar a Cuba,
creando un pretexto para invadir la isla. Textualmente ese plan sugería:
«Podemos desarrollar una campaña de terror «comunista cubano» en el área de
Miami, en otras ciudades de Florida e incluso en Washington. Podemos hacer volar
un buque nortePodemos hacer volar un buque norteamericano en la Bahía de
Guantánamo y echar la culpa a Cuba. La lista de bajas en los periódicos
norteamericanos causará una ola de indignación que nos será bastante útil».
Aprendamos a no fiarnos de ninguna versión oficial.
http://www.nuestrapropuesta.org.ar/SUPLEMENTO/10.htm