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DOCUMENTO 34

Once de Septiembre: el capítulo oculto del World Trade Center de New York y del Pentágono

 

James Petras

 

Los atentados de los suicidas, secuestradores de aviones, tanto en Nueva York como en Washintogn, no fueron actos de venganza basados en criterios religiosos, sino en la estrategia económica que revelaba un conocimiento excelente de la situación, tanto económica como 'espacial', de sus objetivos, así como el funcionamiento de cada uno de los ciclos de la economía; momentos y lugares fueron elegidos con el objetivo de maximizar todo el efecto estratégico de los atentados sobre la economía estadounidense, no por infligir gran número de víctimas mortales.

El pasado once de septiembre, los medios de comunicación ofrecían al mundo imágenes de la tragedia; gente saltando por ventanas, edificios derrumbándose y heróicos bomberos y policías muertos en el intento de rescatar las víctimas; contaron que 10.000 ciudadanos norteamericanos eran víctimas del ataque indiscriminado contra Estados Unidos.

Sin embargo, la investigación periodística nos ofrece una idea bien distinta de lo ocurrido el 11 de septiembre. El número total de víctimas, según Cruz Roja norteamericana, es de 2.563 personas. Según Associated Press, fueron 2.625. Casi el 40 por ciento eran extranjeros que trabajaban en EE UU. En otras palabras, la cifra total de víctimas mortales supera los 1.500. La cifra dada por las autoridades de Nueva York hablan casi del doble de víctimas (4.964); tiene probablemente intencionalidad política, con objetivo de obtener nuevos fondos del Gobierno federal para reconstruir el distrito financiero. La pregunta es si la muerte de 1.500 ciudadanos merece o justifica una guerra que ya ha desplazado a más de tres millones de afganos, y que ha matado a muchos millares de civiles a consecuencia de tanto bombardeo, hambre y enfermedades.

En segundo lugar, el World Trade Center (WTC) no era únicamente un símbolo de poderío económico; era también un centro operativo de la CIA y los Servicios Secretos, según informó el periódico inglés The Guardian. Los sótanos, situados a más de treinta metros del suelo, contenían cientos de armas incluidos rifles de asalto, paquetes de cocaína y taxis falsos, utilizados en operaciones secretas en el interior de EE UU. En otras palabras, la CIA utilizaba la tapadera civil del WTC para utilizarla como centro logístico y operaciones, poniendo en peligro de modo irresponsable la vida de civiles que trabajaban allí.

En tercer lugar, los sótanos del WTC eran los depósitos de oro más grandes del mundo. El valor del oro allí depositado se calcula en 350.000 millones de dólares. Entre los ocupantes del WTC había varios de los grandes financieros de EE UU, directos responsables de golpes de Estado en el extranjero y de la deuda del Tercer Mundo. Entre los que destacan J.P. Morgan, Merril Lynch y compañías financieras que controlan la economía mundial.

Contra la hegemonía de EE UU

En otras palabras; esto no ha sido un ataque indiscriminado contra América sino un ataque político contra el objetivo militar-financiero central del imperio mundial estadounidense; en Washington, el propósito político (Pentágono) está directamente involucrado en planificar y ejecutar la estrategia militar norteamericana, que tiene como objetivo eliminar los regímenes nacionalistas y socialistas, reforzar la hegemonía de Washington y proteger las redes financieras e inversiones norteamericanas.

Esto lleva a la pregunta esencial de si la declaración de guerra de Washington se basó en el reducido número de ciudadanos norteamericanos muertos (unos 1.500), o en el contenido político-económico del WTC y del Pentágono. El hecho de albergar a la CIA y los Servicios Secretos en lo que nominalmente eran edificios civiles daba a los Servicios Secretos una tapadera que protegía sus actividades en la Nueva York; pero al mismo tiempo, situaba a los ocupantes del WTC en la línea de fuego de los muchos adversarios que tiene la CIA. Algunas de las víctimas del WTC eran conocidos estafadores. Poco después del once de septiembre, la dirección de First Equality Enterprise, con oficinas en el WTC, utilizó los ataques suicidas para llevarse 100 millones de dólares en fondos fraudulentos.

Desde entonces han salido a la luz numerosos casos de fraude y explotación comercial, incluyendo exageradas reclamaciones a las aseguradoras, como venta de recuerdos (de atentados) en la calle, desaparición de millones de dólares de ayuda financiera, destinada a familias de víctimas (el presidente de Cruz Roja estadounidense tiene un sueldo anual de 350.000 dólares), etcétera. Ese hecho no es sorprendente, si tenemos en cuenta la brutal competencia que existe entre las instituciones financieras y los asesores de inversión con sede en el WTC. Si bien no cabe duda de que secretarias y conserjes también fueron asesinados en el ataque, hubo un número desproporcionadamente alto de víctimas del mundo financiero y de especulación del mercado de divisas. La cuestión teórica es que la explosión de los sentimientos belicistas de Washington probablemente haya tenido más que ver con la calidad, no con la cantidad de las víctimas y su influencia real en los mercados de las finanzas mundiales; el subsiguiente choque sobre la economía estadounidense (miedo de inversores y banqueros, bajada de la bolsa), tuvo muy poco que ver con secretarias y conserjes, y sí mucho con la importancia económica de las instituciones afectadas. Es más, los ataques coinciden con una recesión cada vez más notable, y han servido para acelerar la crisis económica. En el mes de octubre, más de 450.000 trabajadores perdían sus empleos, lo cual supone la cifra más alta de los últimos tiempos. Claramente, la decisión de los terroristas suicidas no era una acción de venganza basada en criterios religiosos, sino en una estrategia económica que revelaba unos conocimientos excelentes de la situación, tanto económica como espacial, de sus objetivos, y el funcionamiento de los ciclos de la economía. Tanto el momento como el lugar, fueron elegidos con el propósito de maximizar los efectos estratégicos de los atentados en toda la economía estadounidense; no para infligir el mayor número posible de víctimas humanas; en resumen, el once de septiembre tiene dos caras: la de tragedia humana y el heroísmo individual que vimos en CNN, y el conflicto de poder económico y político entre el imperio de Estados Unidos y sus adversarios del Tercer Mundo.

Medios de comunicación y Washington han manipulado la tragedia humana para desviar la atención sobre dimensiones económica y militar del conflicto. Esta manipulación, sin duda, ha sido evidente incluso para bastantes sectores importantes de la sociedad estadounidense.

El alcalde, con los ricos

Dos meses después de los atentados, los bomberos de Nueva York, que recibieron alabanzas del alcalde por su heroísmo, se manifiestan junto a las ruinas del WTC para protestar porque recortaban los presupuestos destinados a la contratación de personal para los desescombros. Guiliani, el alcalde, llamó al cuerpo de bomberos amotinados que no respetaban la ley, y alabó a la policía por la represión de las protestas. El alcalde recortó el presupuesto de bomberos para reconstruir el centro financiero. Los héroes de ayer eran hoy forajidos.

Ayer, víctimas; hoy, al paro

Igualmente, los beneficiarios de las ayudas federales no son los trágicos exempleados que perdieron el trabajo, sino sus millonarios jefes.

Los empleados que sufrieron la tragedia del once de septiembre se convertían de nuevo en víctimas; esta vez, del Gobierno de la ciudad, de sus jefes y de Washington; como las víctimas han dejado de ser útiles como instrumento de propaganda política a favor de la guerra, se les ha dado de lado y, hoy, hacen cola delante de las oficinas de empleo. Lo que quiero decir es que el del once de septiembre fue un acto complejo, en el que la tragedia humana y las cuestiones políticas estratégicas se entremezclan; explotación, distorsiones y ocultaciones de información por parte del Gobierno federal y los medios de comunicación de Estados Unidos, no empequeñecen toda aquella enorme tragedia humana.

Sin embargo, todo sugiere que, debido a la naturaleza estratégica de cada objetivo, los terroristas suicidas actuaron con una premeditación racional; si su intención era retar al imperio, eligieron un objetivo importante; aunque los daños colaterales civiles, sobre todo y antes que toso, fueran espeluznantes.

 

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