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Thierry Meyssan
Introducción
"En este período en que Estados Unidos separa el Bien del Mal, nos
esforzaremos por recordarle que la libertad no es creer en una visión simplista
del mundo, sino comprender, ampliar las opciones y multiplicar los
matices." (p. 14)
PRIMERA
PARTE: Una escenificación sangrienta
CAP. I: El
avión fantasma del Pentágono
"Para causar
los mayores estragos, el Boeing debería haberse estrellado contra el techo del
Pentágono. A fin de cuentas era la solución más simple: la superficie del
edificio es de 229 acres. En cambio, los terroristas prefirieron estrellarse
contra una fachada, aunque su altura fuese sólo de 24 metros.
El avión se acercó
repentinamente al suelo, como para aterrizar. Manteniéndose en posición
horizontal, descendió casi a la vertical, sin dañar las farolas de la autopista
que bordea el aparcamiento del Pentágono, ni siquiera rozándolas con el soplo
de su desplazamiento. Sólo una luz del aparcamiento quedó seccionada.
El Boeing chocó
contra la fachada del edificio a la altura de la planta baja y la primera
planta. Todo sin dañar el magnífico césped del primer plano, ni el muro, ni el
aparcamiento, ni el helipuerto. En efecto, en ese lugar hay un área de
aterrizaje para pequeños helicópteros.
A pesar de su peso
(un centenar de toneladas) y de su velocidad (entre 700 y 400 km./hora), el
avión sólo destruyó el primer anillo de la construcción." (pp. 23-24)
"La versión
oficial no es más que propaganda. Lo que queda de ella es que 125 personas
murieron en el Pentágono y que un avión que transportaba a 64 pasajeros
desapareció. ¿Cuál es la causa de la explosión que afectó al Pentágono? ¿Qué
sucedió con el vuelo 77 de American Airlines? ¿Sus pasajeros murieron? Si es
así, ¿Quién los mató y por qué? Si no, ¿dónde están? Muchas preguntas a las que
la Administración norteamericana debe responder." (p. 29)
"En resumen,
sólo un misil del ejército de Estados Unidos de América que emita un código
amigo puede entrar en el espacio aéreo del Pentágono sin que se desencadene la
descarga de contramisiles. Este atentado sólo puede haber sido cometido por
militares norteamericanos. Si la administración Bush falsificó el atentado del
Pentágono para enmascarar problemas internos, ¿no pudo también ocultar algunos
elementos de los atentados ocurridos en el World Trade Center?" (pp.
32-33)
CAP. II:
Cómplices en tierra
"Pilotos
entrevistados confirman que entre ellos pocos son capaces de planear una
operación así y para pilotos aficionados la excluyen formalmente. En cambio,
existe un medio infalible para lograr ese objetivo: utilizar balizas. Una señal
emitida desde el blanco atrae al avión, que es guiado automáticamente. Por otra
parte, la existencia de una baliza en el World Trade Center es atestiguada por
radioaficionados que registraron su señal. Fue detectada porque interfería las
emisiones de las antenas de televisión situadas en las torres." (pp.
39-40)
"Sea como sea,
el choque de los aviones no permite explicar la caída de un tercer edificio, la
Torre 7. La hipótesis de una desestabilización de los cimientos fue descartada
por la Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles: en efecto, la Torre 7 no
se inclinó, sino que se desmoronó sobre sí misma. La pregunta ya no es '¿fue
dinamitada?', sino '¿qué otra hipótesis puede formularse?'
Aquí es donde
interviene una exclusiva del New York Times. El World Trade Center, que se
creía era un blanco civil, escondía un blanco militar secreto. Quizá miles de
personas perecieron porque servían, sin saberlo, de escudos humanos. La Torre 7
-aunque quizá también otros edificios y loss sótanos- escondía una base de la
CIA. En los años cincuenta, cuando era una simple oficina de espionaje de las
delegaciones extranjeras en la ONU. Esta base, con Bill Clinton, había
extendido ilegalmente sus actividades al espionaje económico de Manhattan. Los
principales recursos del aparato de información norteamericano habían sido
desplazados del espionaje antisoviético a la guerra económica. La base de la
CIA en Nueva York se había convertido en el centro mundial de la inteligencia
económica más importante." (pp. 41-42)
"... según el
balance oficial del 9 de febrero de 2002, los atentados de Nueva York habrían
provocado un total de 1843 muertos (...) Este balance es muy inferior a las
estimaciones iniciales y deja pensar que, a pesar de las apariencias, los
atentados no buscaban provocar pérdidas humanas a la máxima escala." (...)
el periódico israelita Ha'aretz desveló que Odigo, una empresa líder en materia
de mensajería electrónica, recibió mensajes de alerta anónimos donde se informaba
de los atentados de Nueva York dos horas antes de que ocurrieran." (pp.
42-43)
"Recapitulemos
nuestra información: los terroristas disponían del apoyo logístico de equipos
en tierra. Activaron una o dos balizas, previnieron a los ocupantes de las torres
para limitar la catástrofe humana y dinamitaron tres edificios. Todo bajo la
mirada de unos servicios de información tan atentos como pasivos.
¿Una operación así
pudo ser concebida y dirigida desde una cueva en Afganistán y realizada por un
puñado de fundamentalistas islámicos?" (p. 45)
CAP. III:
Topos en la Casa Blanca
"La prensa de
los días 12 y 13 de septiembre afirma que, según el portavoz de la presidencia
(Ari Fleisher), el Secret Service había recibido un mensaje de los atacantes
indicando que tenían la intención de destruir la Casa Blanca y el Air Force
One. Lo que sorprende es que, según el New York Times, los atacantes dieron
credibilidad a su llamada utilizando los códigos de identificación y de
transmisión de la presidencia." (p. 50)
"El asunto de
los códigos no es el único aspecto que ha desaparecido de la versión oficial.
Se ha olvidado otro hecho debidamente comprobado. El 11 de septiembre, a las
9h. 42', la cadena ABC difundió imágenes en directo de un incendio en el aneo
de la Casa Blanca, el Old Executive Building." (p. 52)
"Recapitulemos
los elementos disponibles: en el anexo de la Casa Blanca se declaró un
incendio. Los atentados fueron reivindicados entonces por una llamada
telefónica al Secret Service. Los atacantes plantearon exigencias, incluso un
ultimátum y dieron credibilidad a su comunicación utilizando los códigos de
transmisión y de autentificación de la presidencia. El Secret Service engrasó
el procedimiento de Continuidad del Gobierno y refugió a los principales dirigentes
políticos. El presidente Bush negoció con los atacantes por la tarde y al
atardecer volvió la tranquilidad. Así pues, los atentados no fueron dirigidos
por un fanático que creía impartir un castigo divino, sino por un grupo
presente en el seno del aparato del Estado norteamericano que logró dictar su
política al presidente Bush. Más que un golpe de estado que pretendía derrocar
las instituciones, ¿no se trataría de una toma de poder por parte de un grupo
determinado oculto en el seno de las instituciones?" (p. 54)
CAP. IV: El
FBI hace aspavientos
"... la teoría
de los kamikazes ha sido confirmada por documentos manuscritos en árabe de los
que el FBI publicó una traducción inglesa (...) empiezan con la exhortación 'en
nombre de Dios, de mí mismo y de mi familia' (sic), mientras que los musulmanes
-a diferencia de muchas sectas puritanas noorteamericanas- no oran jamás en su
propio nombre, ni en el de su familia. Asimismo, el texto incluye en un
recoveco de una frase un tic del lenguaje yanqui que no tiene lugar en el
vocabulario coránico: 'debes afrontarlo y entenderlo al 100%' (sic)." (pp.
58-59)
"El FBI
presenta a Mohammed Atta como el líder de la operación. En diez años, este
egipcio de 33 años habría vivido en Salou (España), luego en Zurich (Suiza)
-donde, según los investigadores, habría coomprado, claro está, con tarjeta de
crédito, los cuchillos suizos para poder desviar los aviones- y por último en
Hamburgo (Alemania).
Junto con otros dos
terroristas cursó estudios de electrónica, sin dar nunca de qué hablar, sin
dejar entrever nunca sus convicciones extremistas. Supuestamente, al llegar a
Estados Unidos se reunió con sus cómplices en Florida, siguió cursos de
pilotaje en Venice e incluso se pagó algunas horas en un simulador de vuelo en
Miami. Preocupado por ocultar su integrismo, Mohamed Atta se esmeró en
frecuentar el Olympic Garden de Las Vegas, el mayor cabaret de topless del
mundo. Este agente sin igual se dirigió a Boston el 11 de septiembre, en un
vuelo interno. Teniendo en cuenta el poco tiempo de enlace entre ambos vuelos,
perdió las maletas durante el tránsito. Al indagar en éstas, el FBI descubrió
vídeos de entrenamiento para el pilotaje de Boeing, un libro de plegarias
islámicas y una vieja carta en la que anunciaba su intención de morir como un
mártir. Atta fue identificado como el jefe del comando por un miembro de la
tripulación que telefoneó desde su móvil durante el desvío del avión y que
indicó su número de asiento: 8D.
¿Debemos tomar en
serio estas informaciones? Habría que admitir que Mohamed Atta procuró durante
10 años ocultar cuidadosamente sus intenciones y que se comunicó con sus
cómplices siguiendo procedimientos estrictos para escapar a los servicios de
información. Con todo, en el último momento dejó multitud de indicios tras de
sí. Aunque era el líder de la operación, se arriesgó a perder su enlace aéreo
el 11 de septiembre y finalmente logró tomar el vuelo de American Airlines 11,
pero sin recuperar las maletas. De hecho, ¿quién iría cargado con maletas para
suicidarse?
¡Más ridículo aún!
¡El FBI afirma haber descubierto el pasaporte intacto de Mohamed Atta entre las
humeantes ruinas del World Trade Center! Se trata de un verdadero milagro:
todavía nos preguntamos como ese documento pudo 'sobrevivir' a tales peripecias..."
(pp. 59-60)
"Ahora bien,
como hemos señalado, el lejos de realizar una investigacción criminal, el FBI
se esmeró en hacer desaparecer las pruebas y amordazar a los testigos. Apoyó la
versión del ataque externo e intentó darle credibilidad divulgando una lista
improvisada de piratas aéreos y fabricando pistas falsas a su conveniencia
(pasaporte de Mohamed Atta, instrucciones de los kamikazes, etc.).
Esta operación de
manipulación fue orquestada por su director. Robert Mueller III. Este hombre indispensable fue nombrado por George W. Bush y había
empezado sus funciones precisamente la semana anterior al 11 de septiembre.
¿Esta
pseudoinvestigación se realizó para instruir un proceso justo o para ocultar
las responsabilidades norteamericanas y justificar las operaciones militares
venideras?" (p. 66)
El libro se
completa con una segunda parte (MUERTE DE LA DEMOCRACIA EN ESTADOS UNIDOS) y
una tercera (EL IMPERIO ATACA).
En ellas,
respectivamente, se analiza el proceso de construcción de un enemigo que alimenta
el pánico en los Estados Unidos y que inmediatamente se ha exportado a buena
parte del mundo, justificando así los "plenos poderes" de Bush y el
consiguiente recorte a las libertades individuales; y luego, respondiendo al
interrogante de quiénes se benefician con esta "Cruzada"
antiterrorista, nos presenta a un lobby del petróleo, próximo a la familia
Bush, fortalecido y en condiciones de continuar con sus negocios
multimillonarios en la zona del conflicto y a un lobby militar e industrial,
responsable de multiplicar hasta límites absurdos el poderío bélico de Estados
Unidos, consolidando así su hegemonía planetaria y haciendo válida la siguiente
afirmación de Meyssan:
"... en un
mundo ahora unipolar desde la disolución de la Unión Soviética, el terrorismo
parece definirse como toda forma violenta de contestación al liderazgo
norteamericano." (p. 143)
EPÍLOGO
"Si el lobby energético es el primer beneficiario de la guerra de
Afganistán, el lobby militar e industrial es el gran vencedor del 11 de septiembre.
De ahora en adelante se colmarán sus esperanzas más desorbitadas.
Ante todo, el tratado ABM, que establece los límites al desarrollo de
armamento, ha sido unilateralmente denunciado por George W. Bush.
Por otra parte, no sólo el director de la CIA no fue el destituido ante
el aparente fracaso del 11 de septiembre, sino que de inmediato se aumentaron
los créditos de la agencia en un 42% para llevar a cabo la 'Matriz del ataque
mundial'.
El presupuesto militar de Estados Unidos, que no había dejado de disminuir
desde la disolución de la Unión Soviética, conoce un incremento tan repentino
como vertiginoso. Si se acumulan los créditos suplementarios entregados con
urgencia después de los atentados y los aumentos presupuestarios previstos, en
los dos primeros años de la presidencia de Bush se traducirán en un aumento del
24% de los gastos militares. En cinco años, el presupuesto del ejército de
Estados Unidos será de más de dos mil millones de dólares, cuando la carrera
armamentística ha terminado y no tienen a ningún enemigo importante. El
presupuesto militar de Estados Unidos es a partir de ahora igual al total de
los presupuestos de los 25 mayores ejércitos del mundo después de Estados
Unidos.
Las partidas mejor dotadas son las que afectan al espacio y las
operaciones secretas, lo que demuestra la nueva predominancia en el aparato de
Estado norteamericano de la alianza entre los responsables de las operaciones
secretas (reunidos en torno a George Tenet) y los partidarios del Ejército
Espacial. Estos últimos están agrupados en torno a Donald Rumsfeld y el General
Ralph E. Eberhart, actual comandante en jefe del NORAD y principal oficial
superior que dirigió las operaciones de control aéreo del 11 de septiembre de
2001.
La evolución que ha tomado la administración norteamericana tras los
acontecimientos del 11 de septiembre parece anunciar mucha 'sangre, sudor y
lágrimas', de acuerdo con las palabras de Winston Churchill. Queda por saber
ahora quién cargará con los gastos en el planeta." (pp. 169-170)