Renovar la Faz de la tierra: Concusión

Conclusión

Es confuso denominar a esta parte como conclusión si ésta no es una obra acabada.

Si has entendido todo lo que mis dedos han escrito, sabrás que esta obra es un ser vivo, ella crecerá, cambiará y nos revelará nuevas cosas para seguir construyendo la Civilización del Amor.

He realizado un breve recorrido, a través de mis confusos pensamientos, sobre las herramientas necesarias para construir la Civilización del Amor.

La Conversión, la Plenitud, la Redención, y la comprensión de que todo lo existente son seres vivos, socios y aliados con los que formamos un nuevo ser para hacer realidad el Reino de Dios.

Espero tan sólo haber aportado un pequeño grano de arena en este vasto mundo.

El tiempo me dirá si esto fue así, o tan sólo me revelará como una locura salida de mis egoístas pensamientos.

Si en esto hay alguna o mucha verdad, entonces que perdure más que estas letras. Esta verdad debe llegar a toda la tierra, transformarla y convertirla. Yo sólo soy un hombre gris, difuso en la lejanía, un hombre que espera la plenitud, que escuchó y es protagonista, como ustedes, en la construcción de la Civilización del Amor, sólo un instrumento para la redención del mundo.

La Civilización del Amor es construida con la participación de todos los hombres en su plenitud. Participar es acción, movimiento, manifestación plena, compromiso.

Todos nuestros pensamientos y actos son creaciones, seres vivos. Entonces todo lo hecho en cada segundo, despiertos y dormidos, son seres vivientes que deben tener la plenitud para redimir al mundo entero. Debemos crear seres luminosos para atenuar todas las sombras que acompañan a los hombres en sus vidas diarias.

Debemos ser Hombres Plenos, vivir fuera de las redes del poder que nos somete, sin dejar de estar en contacto con el mundo. Algo paradójico, pero Jesús vivió así, muchos santos y los apóstoles también. Si fueron ejecutados por los Estados o gobiernos no fue con su sometimiento, sino porque no pudieron absorberlos en sus mecanismos corruptos.

Si la ambición es parte de nuestra esencia, la debemos encauzar en un camino diferente al inspirado por la civilización actual. Ella nos ha impuesto metas y objetivos para alcanzar, como ser más rico, ser poderosos, tener más, metas para perdurar el sometimiento del hombre, un esclavo, es decir un humano.

Nuestra ambición debe ser dirigida para obtener la plenitud en nosotros y en el todo.

Nuestros pensamientos y actos los debemos dirigir hacia la vida, la plenitud, la redención, la conversión, en todo, en nosotros y en los que nos ataquen, ellos necesitan ser redimidos por nosotros.

Guiados por Dios, nuestro Padre, quien creó todo y sabe cual es la esencia de cada cosa, podremos terminar con la miseria, los odios, la corrupción.

El mundo pleno, donde hombres plenos han reconstruido el paraíso perdido, y así redimir también a las generaciones anteriores.

Por último he apreciado que si releemos a la Biblia y a los Evangelios bajo la mirada de la comprensión de la vida y de la plenitud, encontraremos que relata la historia de cómo Dios, nuestro Padre, ha buscado la mejor manera de llevarnos a la Plenitud que una vez perdimos, y explica la dualidad del corazón del hombre, por un lado centrado en las actividades de los Estados construidos por los hombres con sus formas de ejercer el poder, y por el otro lado cómo otros han tomado la determinación de seguir su voluntad. Y en la lectura comprenderemos, más allá del razonamiento que no capta las cosas que no quiere ver, entenderemos también al "Amor" como un ser concreto y real.

Esta dualidad continúa aún hoy, la vida diaria nos llena de preocupaciones muy reales sobre nuestra subsistencia ¿comeremos mañana? ¿dónde viviremos si no podemos pagar los impuestos?. Los sueños y las utopías son aplastadas frente a esas realidades. El mundo segregado, con la abundancia restringida a unos pocos por leyes que excluyen, mecanismos que arrojan a la corrupción y a la miseria a millones de hombres, es vivido día a día por todos, y sólo hay una auténtica salida de él, lamentablemente no es la democracia, tampoco la monarquía, ni el capitalismo, ni el comunismo.

Los humanos de esta civilización con todos sus conocimientos muy elevados y sus poderes, han demostrado su inutilidad para gobernar y construir un mundo justo y abundante para todos. Los resultados están a la vista.

La creación es abundante, llena de tesoros para todos. La propiedad existe en términos de ser los objetos para la vida plena de cada persona. Pero con las leyes y los mecanismos nacidos de los falsos poderes de la civilización, la propiedad es usada para acumular en pocos quitándole a los demás, es la corrupción del término de propiedad, nos emborracha con la droga de las ambiciones desmesuradas, y nos conduce al campo de batalla de la supervivencia del más fuerte y del más corrupto para tener un metro cuadrado más de tierra.

La forma más perfecta de gobierno es la agrupación dinámica de hombres plenos para aumentar y asegurar la abundancia de los bienes para la plenitud de todos los hombres y de toda la creación..

Si fundamentamos nuestras actividades bajo el término de la escasez de los bienes, entonces el trabajo se centra en producir esa escasez, está sucediendo con el agua, con el aire, con los bosques.

Debemos asegurar la abundancia y su sostenimiento por todos los tiempos.

El Reino de Dios está muy cerca, comienza en nuestro corazón y se manifiesta en nuestros actos, en los seres que creamos para la plenitud. Ahora debemos asegurarla en todos los hombres, en todos los lugares, en todas las épocas. Somos nuevos guerreros guiados por la música de la Creación.

Jesús, nuestro Señor nos guía y acompaña, ya nos ha redimido, ya somos hombres plenos.

Leamos los evangelios y seamos plenos con Jesús, Dios hecho hombre, y con todos aquellos que han seguido su camino.

Te doy gracias por dar un tiempo de tu invaluable vida a la lectura de éste texto.

Vuelve dentro de poco porque estas páginas crecerán para aclarar muchas cosas que han quedado pendientes...

... hasta pronto, Hermano.

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Pablo Andrés Müller Parrao
Mendoza - Argentina
Publicado el 7 de diciembre de 2001
Ultima modificación 7 de diciembre de 2004
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