Renovar la Faz de la tierra:
Capítulo quinto
Tres pilares
para renovar al mundo
Construir la Civilización del Amor es co-crear con Dios su Reino de Plenitud para Todos.
Antes de la creación del hombre y mucho después, no habían reinos, ni gobiernos, el poder en términos humanos no existía.
La creación entera es la manifestación del verdadero Poder. Crear vida y dotarlas de su plenitud como Seres. Eso es amor. Aquí ya podemos decir que el Poder, el verdadero Poder, es Amor.
La plenitud es la manifestación completa de la esencia que dota al Ser como lo que es, algo vivo distinto a otro vivo, con capacidad de formar otro Ser.
Podemos co-crear la Civilización del amor considerando tres columnas sobre la base de la vida plena creada por Dios, estas son "conversión", "plenitud" y "redención en el otro", todo esto se manifiesta como amor.
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Conversión:
Para renovar al mundo, es necesario renovarnos primero nosotros, en nuestros actos, en nuestra forma de vernos y ver al otro y al todo, renacer con otra visión, crear un nuevo pensamiento. Aceptemos que somos seres plenos, parte de la creación.
Contemplemos de un modo nuevo a todas las cosas, sintamos y entendamos cómo la vida fluye en todo, cada cosa debe tener plenitud, manifestar su ser como es.
Actuemos entendiendo que el aire dentro y fuera de nuestros pulmones, cada órgano nuestro, las plantas, las piedras, la luz, los pensamientos e ideas, el 'otro', son seres vivos creados para ser plenos.
Esta conversión debe dirigir nuestros actos para llevar a la plenitud al 'otro', en todo momento, en especial a nuestro prójimo y a nosotros mismos.
La conversión es difícil porque debemos renunciar a toda relación con el poder en los términos de la civilización, como sometedores y como sometidos.
Es una elección difícil e insegura, es cómodo estar en una determinada posición social. La civilización se impone como algo imposible de salir, y ella nos dice y persuade que allá, afuera de sus redes, hay hambre y miseria, elementos que ella crea.
Dicha renuncia no debe ser manifestada como seres sumisos a ese poder, porque la sumisión lo legitima.
Esto implica cambiar las concepciones y manifestaciones que portamos y las expresábamos en nuestras vidas.
Debemos ser como Dios nos creó, hombres con una identidad propia y co-creadores de nuevos seres con amor.
Y debemos rechazar los conceptos mentales, en especial los conceptos de privilegio social y políticos, la civilización los creó para someternos a sus juegos de poder, como son ser de la clase alta, o ser de la clase baja, los reinados, ser lacayos o siervos, ser el doctor, o el honorable, o el ladrón, o el asesino.
Esto no es renunciar a las actividades que nos mantienen vivos, sino a los términos y conceptos que nos engañan para someter y ser sometido. Debemos obrar en todo sabiendo que estamos co-creando, dando vida, y depende de nuestros actos de que esos seres sean dadores de vida plena a todo el universo, desde el más miserable de los hombres hasta el millonario más importante.
Sólo debemos ser los que somos, hombres, partes de la creación y creadores de más vida, dadores de plenitud, semejantes a Dios, que no quiere decir ser él.
Al convertirnos actuamos de modo diferente, dejamos de ser humanos para ser el "Hombre", así nuestras obras cambian.
La conversión es producida por Dios que entra en ti porque le abriste tu vida y él te manifiesta su reino. él sólo necesita tu respuesta, ábrele tu Ser para que entre, te impulse y rompa con las barreras que te fijan un sólo camino.
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Plenitud:
Plenitud, esencia del ser.
Debemos aceptar nuestra esencia como hombres, seres vivientes con una identidad común y diferente entre nosotros.
También debemos aceptar esa esencia en el otro y en el todo.
Yo soy hombre, Dios me creó como tal, tengo que manifestar esta esencia, y aceptarla en los demás. Esencia que los hacen a ellos iguales y diferentes a mí.
Igualdad y diferencia no son dos cosas contradictorias, sino características de los seres, únicos y parte de la creación.
Así como hombre (hablando en términos de género) no puedo ser mujer o un perro. Por ser hombre soy de sexo masculino y poseo cualidades que completan a todo esto para definir lo que soy. Por supuesto que con esto no me refiero a otras características accesorias, creadas por la civilización actual, como son la riqueza o pobreza, ser propietario, esclavo, rico, o pobre.
Así, yo no soy ni puedo ser Dios, ni tampoco una mujer u otro hombre. Ellos tienen su esencia que los hace diferentes entre sí.
Pero tampoco puedo ser yo sin el otro diferente a mí, por su existencia tomo conciencia de lo que soy.
La plenitud no es un objeto que se porta, cada ser la tiene la tiene por ser y existir.
Pero si el otro está sometido a los mecanismos de poder de la civilización actual, hay que guiarlo hacia su plenitud, como liberar a los esclavos y también liberar a sus propietarios, y junto con eso darles las condiciones para mantener su ser en plenitud durante toda su vida.
Toda imposición surge de los juegos de poder de la civilización actual. Así que estaríamos en un camino equivocado al forzar al otro a la plenitud, lo único que estamos haciendo es llevarlo a una falsa idea de lo que debe ser.
Todos son hombres transformados por esta civilización. Un esclavo es realmente un hombre. El propietario de ese esclavo es también un hombre. Entonces la esclavitud no se termina asesinando a los propietarios, sino se termina como debemos hacer con todo, reconocer al ser en todo y llevarlos a su plenitud, tanto con el esclavo como con el propietario. Y lo mismo debemos hacer con todo ser sometido bajo los mecanismos de poder de esta civilización.
Si en toda esta obra menciono hombre, no es por machismo, sino para designar con esa palabra a la especie creada por Dios, la unidad de todos los hombres y mujeres. El término humano lo utilizo para designar al hombre transformado en objeto y objeto de sometimiento por la civilización actual.
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Redención:
El resultado de la historia de la civilización ha sido el abandono del hombre de su esencia.
La civilización se impone como un dios invisible sobre nosotros, y nos invita a ser Dios, pero en definitiva esto es lo mismo que nos invitara a ser perros, o árboles, o simples objetos. Y en cierta medida nos ha hecho creer esto.
La civilización y nosotros como creadores, hemos abandonado nuestra esencia para intentar ser otras cosas, y lo mismo hacemos con todo al transformarlos en simples objetos para dominar.
Es casi imposible alcanzar la plenitud personal sin que el otro, hombre u otro ser viviente, alcance también su plenitud.
Para redimirnos como hombres, debemos llevar a la plenitud al otro y al todo.
Las riquezas y los imperios pasan, pero la vida sigue existiendo.
No estamos aquí para humillar, segregar, destruir; sino para vivir, crear vida y mantenerla.
Si nos dedicamos a humillar a nuestro prójimo estamos negando nuestra razón de ser.
La redención es en nosotros y en el otro.
Y ella es realizada también por Dios, nuestro Padre, que actúa en nosotros. él nos redime y somos sus herramientas para redimir al otro.
Si pensamos que es imposible la redención es porque estamos pensando en términos humanos, y como tales es verdaderamente imposible.
Pero como seres plenos, hombres, estamos actuando con Dios en su creación, entonces él nos impulsa y guía para ser Redimidos y Redimir al otro, rompiendo todo imposible.
Si en términos humanos realizar lo planteado en estas tres columnas es imposible, es porque pensamos en términos de la civilización actual, y en sus términos todo lo que lleve hacia fuera de ella es imposible.
Dios, creador y dador de la esencia de cada cosa existente, es el único que puede lograr la plenitud en nosotros y en el todo.
Al aceptar nuestra relación con él, estamos formando un nuevo cuerpo, creando e integrando un Ser viviente, la iglesia, constituida junto con todos los hombres que han aceptado esa relación.
Y este ser vivo, consciente, actuante, se moverá en nosotros para ser plenos, llevar a la plenitud al otro y transformar al mundo en el Paraíso que un día perdimos.
El diálogo con Dios y con todo ser de la creación es posible, sólo es necesaria nuestra acción, ponernos a hablar, y ese contacto es necesario para ser parte del gran ser, el universo en su plenitud.