(1)
- ¡No la acepte!
- ¿Por qué?
- No va a poder dominarla. Ella va a hacer lo que quiera con usted. No le conviene, Julia.
- Después que la he buscado tanto, ¿voy a rechazarla?
- Es una locura aceptar la propuesta de un personaje. Usted no los conoce bien... Yo sí...
- Ella dice que tiene mucho para contarme, que la vigilan... Tengo que saber por qué. Tengo que saber quién es Mayra I.
- ¿Qué
hay en su nombre? ¿Y si nos equivocamos como el mentado rabino de Praga?
(1)
(2)
-¿Y el botón?
- ¿Qué botón?
- En la ventana, Mayra, ¿no creyó ver un botón al lado del cadáver de su madre?
- Sí... El botón de un saco de hombre. Si ella logró ubicar ese botón, quizá pudo descubrir quién era el asesino... Ni siquiera sabemos si el botón también estaba allí, en la realidad...
(4)
- ¡No puedo creerlo, se cortó de nuevo! ¿Funciona bien su e-mail?
- Creo que sí... A ver... No hay caso, nada más. Se ve que tuvo que interrumpir de nuevo por alguna razón.
- Lo peor es que ella le confirma detalles interesantes, pero justo cuando empezábamos a encontrar un hilo argumental, nos contradice en la cuestión de Julián.
- Que era fundamental.
- Yo le dije que no la aceptara, Julia. Ahora está atada de pies y manos a sus indicaciones.
- Pero es su historia; sólo ella la sabe. ¿Qué derecho tenemos a contar la historia de Mayra I., si no es la que le corresponde?
- El derecho de los escritores, de los narradores... Nosotros tenemos que poder hacer lo que nos parezca mejor para la novela y...
- No, narrador, las cosas no son así... Este personaje no es un títere, es un personaje del Siglo XXI...
- Y trae problemas, como tantos otros. Impóngase...
- Lo que pasa es que yo soy una escritora del Siglo XXI, también, y quiero dejar que Mayra I. nos cuente su historia, sea libre para contarla, pueda decirnos la verdad.
- ¿La verdad? ¡No me haga reír!
- La verdad... En este mundo que estamos creando, la verdad es la que Mayra I. tiene para contarnos. No voy a negarle ese derecho... De todas maneras, era flojo el argumento; como ella dice, ya hay demasiados enamorados en la literatura que luchan por su amor frente a oposiciones familiares e injusticias sociales.
-
Sinceramente, yo creí que íbamos a una “remake” de Romeo y Julieta
..
(2)
- Sinceramente, estoy segura de que vamos hacia una “remake”, que puede no ser esa, pero que indefectiblemente va a repetir algún argumento, tarde o temprano. Mi pretensión no es la originalidad; es imposible a esta altura de los siglos. La vida de los personajes, de las personas, finalmente, se parecen... Hay dos o tres asuntos, usted sabe...
- ¿Y cuál es su pretensión, entonces?
- Lo que Mayra I. me ha pedido: contar su historia, la de ella, no la mía, la que yo quiero escribir; no quebrar la magia: darle a la historia lo que yo puedo darle, intuición; conocer su mundo y ser su punto de justicia.
- ¿Y le parece, Julia, que eso no es pretencioso?
(5)
- Dudosa, la versión...
- ¿Por qué?
- ¿Usted se imagina a Carlos Montero escribiendo con tanta corrección? No cuadra con el personaje...
- Como ve, copio textual del diario. Tal vez ella la haya reformado o se la hayan escrito...
- Eso me gusta más...
- De todas formas, esta es la carta que recibió o la que quería recibir. ¿Algo más importante que eso?
(6)
- No entiendo...
- Yo, menos.
- ¿Era una mujer parecida a ella?
- Creo que demasiado... Por lo que he podido entender en el Diario.
- ¿Qué dice el Diario?
- No mucho. Lo que reproduzco es el fragmento más claro que he encontrado de los sucesos de ese día. Parece que la mujer entró al negocio; Don Rómulo se fue a la parte de atrás, para guardar el reloj y terminar una restauración, y la dejó a Mayra para que la atendiera. Ella asegura que eran iguales, que las diferencias eran cuestiones de maquillaje, peinado, ropa, forma de hablar (un poco afrancesada), un lunar en la mejilla que Mayra no tenía y unas uñas mucho más cuidadas y largas... pero que una era el reflejo de la otra.
- ¿La mujer se dio cuenta?
- Al principio casi no la miró (aunque Mayra, parece, se quedó dura, como una más de las estatuas, frente a ella), y le preguntó por el precio de una fosforera de colección, grabada en oro. No sé si Mayra alcanzó a dárselo, porque entró un hombre al negocio y la llamó... y no puedo entender si pasó algo más...
- Usted, ¿qué cree? ¿Otra visión?
- Tengo mis dudas...
(7)
- Ahora entiendo menos.
- Es muy confuso.
- Además... ¿No le parece demasiado formal?
- ¿Demasiado formal?
- ¡Claro! Se supone que esta Mayra, para llamarla de alguna manera, tiene la misma edad de la otra, o un poco más o un poco menos.
- Sí...
- ¿Le parece que esta carta es la carta que escribiría una chica de 18 años?
- Buenos... No, realmente. Pero es posible que no maneje muy bien el español, ya que vive en Francia; los franceses son muy formales, a lo mejor de allí viene el estilo de la carta.
- Puede ser... ¿Está el encuentro en el Diario?
- Eso creo... Voy a tratar de dilucidar lo que sucedió.
- Inténtelo, no puedo imaginarme a dónde va esta historia.
- Ya lo sabremos, no desespere...
(8)
- Y nada más...
- ¿Nada más?
- El diario tiene días y días en blanco... No sé qué paso.
- Busque en el e-mail. No puede dejarnos así, no tiene derecho. Además, es imposible adivinar, por muy creativo que uno sea. ¿Qué puede estar haciendo Julián Montero, allí, en la puerta de su casa? ¿Cómo averiguó la dirección?
- Tengo un e-mail... Es ella.
- Veamos... Le confieso (como diría Borges) que estoy muy curioso.
(9)
- Otra vez...
- Sí... Es casi inevitable. No puede escribir durante mucho tiempo en ese lugar...
- Usted ya se dio cuenta donde está, ¿no?
- Creo saberlo.
- Julia... Si ella está loca... Esta historia tiene poco futuro...
- ¡Por
favor! Teófilo Gauthier, Guy De Maupasans, Edgar Alan Poe... ¡No me va a decir
que no estaban locos!
(6)
- Pero ellos gobernaban su demencia con la escritura; era su catarsis. Ellos mandaban... Aquí, Julia, ella nos manda... Estamos en sus manos; hasta nos corrige cuando algo no le gusta...
- No parece loca.
- Los locos nunca lo parecen...
- Ya no se puede renunciar.
- ¡Y bien! Ella se ha pintado la boca, se ha soltado el pelo, llora porque Julián no la quiere, está preocupada por su madrina...
- ... y Carlos Montero la persigue, el mismo que se peleó con su madre el día en que la mataron y no sabemos qué intenciones tiene... ha encontrado una mujer que es su espejo y...
- Y que esa mujer se llama Mayra I., como ella firma los e-mail... ¿Quién es Mayra I., Julia? ¿Es posible que estemos como al principio?
- No estamos como al principio, estamos peor...
(10)
- Mayra I... ¡Mayra Imar!
– Eso parece... Pero... recuerde que Iñiguez...
- Entonces... ¿Quién es Mayra I.? ¿Por qué..?
- Tengamos paciencia, narrador, averiguarrlo no va a ser fácil.
(12)
- Va a ser difícil volver al siglo XXI...
- Es cierto. Los amores del 1900 son historias maravillosas.
- Pero tenemos que volver. Mayra I. nos está esperando.
- Bueno... No nos hemos olvidado de ella ni por un instante. Estamos contando su historia, después de todo.
- Antes de todo...
- Usted lo ha dicho.
(16)
- ¿Un secreto?
- Transcribo textual.
- Sería interesante saber a qué se refiere. Si es lo que pienso, la Sra. Pasos se puede convertir en un personaje fundamental...
- Todo personaje que sabe un secreto es fundamental, en cualquier historia. Los errores, los secretos y los milagros, como usted sabe, son puntos clave de explicación para los más enredados y misteriosos argumentos. Por otra parte, si no fuera fundamental, no se nos hubiera impuesto justo esta página del diario de Mayra I., que parece bastante intrascendente al margen del párrafo en cuestión... ¿No lo cree?
- Parece que sigue siendo ella la que elige...
- No puedo asegurárselo, no tengo claras las fronteras.
- Peligroso.
- Apasionante.
(17)
- Ella tiene 18; me parece que no puede viajar sin el permiso de los padres.
- Un detalle absolutamente intrascendentee.
- Tiene razón. Hay normas de un mundo que suenan estúpidas en el otro. Pero para lectores razonables la historia puede entrar en crisis, tornarse demasiado inconsistente... podrían abandonarla, hartos de las licencias de la ficción.
- Esta novela no está escrita para que laa lean “lectores razonables”; está escrita para lectores que se muerden las uñas.
- Si es así, adelante. Nada puede detenerla.
- ¿A mí?
- Me refería a Mayra I.... Pero me parece que a usted tampoco.
(18)
- ¡No exageremos, Julia! ¿Hace dos días era una monja perfecta y ahora corre desnuda hacia el hombre de su vida?
- No es tan así... ¡No está desnuda! Es un poco de lirismo; ya sé, está fuera de época pero... siempre es bueno un poco de lirismo, ¿no cree? ¿No la ve corriendo con su pelo suelto y su camisón de batista, tan blanco en el medio de la lluvia y de la noche, sintiendo los latidos de su corazón?
- Sí, claro que la veo... Pero, ¿todo eso porque le ha tocado la mano a través de una ventana?
- Para una mujer, a veces basta solo eso...
- O sea que insiste en este romance irracional.
- Por supuesto, insisto.
(19)
- ¡Cómo! ¿No era que lo habían robado?
- Una contradicción indudable. Una cosa es lo que nosotros contamos y otra lo que ella recuerda... ¡Ni se le ocurra preguntarme dónde está la verdad!
(20)
- ¡Ahí está!, no cabe duda, Conse sabía la historia. No puedo entender por qué ella se empecina en negarlo.
- Porque no puede asegurarlo; debe ser sorprendente que nosotros hayamos entrado a la verdad por otra puerta. Ella pensaba que la suya era la única.
- Pero entramos; allí estamos. Parte de lo que nos dice en el e-mail nos da la razón... ¿Cómo hicimos?
- Magia.
(21)
- Yo también estoy lleno de preguntas.
- ¿Cuáles?
- Por ejemplo: ¿por qué le da las cartas a Mayra? Se supone que Clara Imar no tiene idea de la relación que estas cartas pueden tener con la historia. Nosotros lo hemos pensado, pero este es un personaje que no puede tener estos datos... Sería mejor que Mayra las encontrara en la casa y...
- ¿Por qué dice que Clara Imar no sabe laa relación de estas cartas con la historia?
- Es lo que supongo...
- Puede suponer mal.
- ¡Soy el narrador omnisciente!
- Supone mal...
(22)
- ¿Es la misma Perla?
- Supongo que sí.
- ¿No le parece que es muy distinta a la Perla de la que habla Mayra, a la Perla de Nelly, a nuestra Perla del primer capítulo de esta novela?
- Bueno, las personas cambian; todo depennde del tiempo y los puntos de vista. Las personas nunca son iguales a sí mismas ni a como las ven los demás...
- Uno, ninguno y cien mil... No discuto más...
(23)
- ¡En la India!
- ¿Por qué no?
(24)
- ¡Otra vez!
- Indudablemente, hay momentos en que es muy difícil para ella escribirnos.
- ¿Dónde estará? Ojalá pudiéramos encontrrarla...
- Si pudiéramos encontrarla, Julia, no estaríamos escribiendo esta novela.
(25)
- Perdón, ¿no era que en ese momento no sabía nada sobre Néstor Imar?
- Se contradice... Han pasado muchos añoss. Supongo que en el diario está la verdad.
- Si es que la verdad está en alguna parte...
(27)
- Hay un e-mail de Mayra.
-
Bueno, mejor lo abrimos
antes de seguir...
(15)
(28)
- No se puede abrir...
- ¿Cómo que no se puede abrir?
- No es un archivo de word.
- Pero dice “doc”.
- Sí... pero no se puede; ya traté incluso desde el “C”. Voy a pedirle que me lo mande de nuevo. Es fundamental para nosotros en este momento de la historia; fíjese en el nombre del archivo.
- Es verdad, pero... Usted iba a contarlo antes de que llegara el e-mail; hágalo, de todas maneras.
- ¿Y si me equivoco?
- Si hubiera una sola verdad, es posible que pudiera equivocarse, pero me parece que en esta historia hay más de una... ¡Vamos, Julia! ¡Haga su trabajo! Que los personajes hagan el que les corresponde...
- Bien, tiene razón, continuemos.
(29)
- ¿Esto es todo?
- Por ahora...
- ¿Este es uno de los momentos más hermosos de la vida de Mayra? ¿No le parece que debería dedicarle unos renglones más?
- A veces es mejor sugerir... De todas maneras lo retomaremos. Lo prometo.
- Me imagino que no será porque quiere abrir a toda costa ese archivo... No dependa de ella, Julia, porque...
- ¡Basta de recomendaciones! El 16 nos espera.
(32)
- ¿Usted cree que son primos?
- Parece...
- ¡Demasiada coincidencia!
- ¿Me pude dejar terminar de leer?
(33)
- ¿No nos vendría bien que la abuela estuviera viva?
- No es lo que nos viene bien o lo que nos viene mal; ¡se murió en serio!
(34)
- Inaceptable.
- ¿Qué?
- El encuentro.
- ¡¿Por qué?!
- Los personajes no se encuentran con los escritores.
-
¡Por
favor! ¿Y Miguel de Unamuno y Augusto Pérez?
(23)
- Bueno... Allí decidió, sin ninguna duda, Don Miguel. Se lo digo yo, que a Don Miguel lo conocí muy bien. No iba a permitir un carácter como ese que un personaje tomara una decisión de esa naturaleza. Los personajes no deciden su destino, Julia. Mientras no comprenda eso, sus novelas van a tener este tipo de trama inestable, difícil de aceptar, donde uno siempre está por caerse en la oscuridad de lo inexplicable. Yo no estoy seguro de que todo lo que está pasando vayamos a poder relacionarlo en una forma coherente...
- Perdón... El que decidió fue Augusto Pérez y...
- Esa es una eterna discusión; ni los críticos se han puesto de acuerdo.
- En cuanto a establecer relaciones coherentes en el argumento... no me cabe duda de que vamos a lograrlo. Todo tiene una explicación; es la vida de ellas, no puede ser que todo no tenga una explicación.
- Decida usted la vida de ellas...
- Nadie puede decidir la vida de nadie.
- Es usted una empecinada.
- Lo soy.
(35)
- Un poco contradictorio...
- ¿Qué?
- El personaje... Hasta ahora, parecía más un ateo que un creyente. No me va a decir que justo en este momento, en que ha violado todas las reglas, cree más en Dios que antes.
- Es verdad... Tal vez, creyó todo perdido y que Soledad espere un hijo suyo le devuelve las esperanzas... O tal vez, quiere acercarse a Soledad y darle fuerzas con un argumento válido para ella... No lo sé. Los personajes cambian, supongo. Además, he reproducido textualmente la carta.
- ¿Usted tiene la carta? No me lo había comentado...
- En realidad, yo la tengo, pero todavía no me la han dado... Ni siquiera sé si dentro de la novela van a dármela...
- Mire, Julia, yo necesito saber todos los documentos con los que se maneja; es imposible que no trabajemos en forma coordinada, porque...
- Lo siento, narrador, es que a veces es muy confuso. Ni yo sé a ciencia cierta todo lo que tengo; no conozco la historia como se conoce una historia tradicionalmente, no hay un orden... Solo tengo pedazos, que reproduzco... ¿Me entiende?
- No....
(36)
- ¿Usted piensa que alguien se va a creer esto? Basta con Romeo para escalar balcones...
- Le puedo asegurar que todos van a creerrlo.
- Usted ha conarrado demasiada novela francesa. Soledad no es una francesita que recibe a su amante en su cuarto, amparada por la criada; Soledad es una monja de principios de siglo que ha cometido un pecado y no creo que permita...
- Soledad es una mujer. Usted no sabe de lo que somos capaces las mujeres...
(37)
- Recién me doy cuenta de que todavía no sabemos dónde está...
- Ella no lo dice.
- Y nosotros no lo suponemos...
(38)
- ¿Qué quiere decir?
- No tengo la menor idea. Confía demasiado en mi intuición, me parece...
(39)
- Me parece que le está dando demasiada letra a Pilar. No puede acertar en todo...
- Es muy intuitiva. ¿No leyó que quiere ser escritora?
- De todas formas, es demasiado.
(40)
- ¡No, no, no puede cambiar el tono, el estilo, de esta manera! O escribe para el Siglo XXI o borramos todo...
- Acepto la observación, me extralimité.
- ¡Era hora de que me contestara una!
- ...
(41)
- A veces se torna un poco melodramático... ¿No le parece? Entre usted y Claudia Clavel...
- Lo mío es un estilo estrictamente personal...
- ¡¡¡¡¡¡!!!!!!
- En cuanto a Claudia Clavel, recuerde que estamos leyendo un folletín...
- Bueno, pero...
- No empiece con el Siglo XXI, por favor...
(42)
- ¿Usted cree que esto nos soluciona el problema?
- Eso espero...
- Tendríamos que haber pensado antes
la cuestión del apellido; en 1910 no era demasiado importante; en 1940, es
fundamental. No entiendo, además, por qué la hicimos casar con un conservador.
Es muy difícil de explicar, con una personalidad como la de Alvaro, que haya
optado por una costurera, con graves problemas económicos, y un apellido que
deja mucho qué desear...
(24)
- Suficiente... Esto parece un libro de historia. ¿No estamos en una verdadera complicación? ¿Y si cambiamos el apellido de Marcela? Con el “Buscar” y el “Reemplazar” asunto solucionado.
- No podemos... Recuerde que en ese apellido está también parte de la clave...
- Es verdad... No podemos...
(43)
- Insiste en eso... Hasta hoy, en los e-mail, ella asegura que Julián la quería. No puedo entender cómo no se dio cuenta, como no se da cuenta todavía...
- Nuestro punto de vista es distinto.
- Pero ella ha leído nuestro punto de vista, ha leído a Julián en esa conversación con Carlos Montero; ella sabe lo mismo que nosotros ahora...
- Lo nuestro es también un punto de vista...
(44)
– Yo, por lo menos, necesito más explicaciones...
- Es en lo que habíamos quedado.
- Me perdí; se lo confieso. El único consuelo es que el lector debe estar más perdido que yo. Está claro que una buena manera de demostrar que las dos Mayras son hijas de la misma persona es ponerlas una enfrente de la otra.
- Muy bien.
- Está también muy claro que las cartas de Perla a Nene y viceversa pueden develar secretos importantes sobre... ¿digo el nombre?
- No todavía; que se den cuenta.
- Bien. Secretos importantes sobre la vida de uno de los personajes de esta novela...
- O de dos.
- O de dos... Ahora... ¿Cómo hacemos para demostrar que las dos son hijas del susodicho?
- Por las cartas.
- ¿Y cómo hacemos para demostrar que las cartas fueron escritas por quien fueron escritas?
- Porque estaban en poder de una y de la otra.
- Un círculo que se cierra... Un argumento peligroso... Siento que estamos encerrados en él, Julia, que quizás no podamos salir.
- Hay salida... Hasta de los círculos se sale... Solo piense en esto: nosotros estamos dominando el círculo desde arriba... ¡No me mire así!
- Estamos adentro, Julia; ese fue nuestro error... habernos metido adentro.
(45)
- ¿Usted sabe de esto?
- No... No tengo ninguna noticia de que Clara Imar le haya contado algo de su historia a Mayra... Es más... según lo que escribimos, ella le dio las cartas esa mañana que Mayra huyó con Gabriel a Buenos Aires, sin decirle una sola palabra...
- ¿Usted sabe algo de la historia de Clara Imar?
- Lo que intuimos.
- Me parece que Claudia Clavel tiene más que intuiciones, tiene datos...
- Leámosla, entonces.
(46)
- ¿Quién es Raquel?
- Supongo que ella... Habíamos pensado en que Claudia Clavel era un sobrenombre.
- O sea que yo estaba en lo cierto. Nadie puede llamarse Claudia Clavel.
(48)
- Es demasiado para los ’40. Una mujer en los ’40 no se hubiera atrevido a pensar así... Ni siquiera se le hubiera ocurrido el argumento.
- Primero, usted no conoce a las mujeres. Segundo, ella es Marcela Yrigoyen, no es cualquiera. Tercero, ella lo está pensando y estamos en los ’40.
(49)
- ¿Usted se dio cuenta de que todos los diálogos amorosos de esta novela son iguales?
- ¿Iguales?
- ¡Claro! Ellos asedian, ellas se resisten y en el último renglón hacen una atrevida afirmación que tiene, eso sí, diferentes consecuencias. Puede ser solo una primera aproximación, terminar en un beso apasionado o algo por el estilo, según las épocas que transitemos. La cuestión es que siempre, siempre, las mujeres deciden.
- Justamente...
- El próximo diálogo amoroso me lo deja a mí...
- ¿Para qué? Piense en la literatura, narrador, si no puede pensar en la vida... ¿Cuántos personajes masculinos han decidido realmente cuándo se define una relación amorosa?
- ¡Miles!
- Mencione uno... Ojo, uno que defina realmente una relación, que tome la iniciativa...
- Don Juan Tenorio.
- ...
- ¿Y?
- Uno en mil... ese hombre no tiene corazón; no es amor. Yo estoy hablando del amor.
- Si no la gana, la empata.
(50)
- Se cortó. Alguien habrá llegado... Lo escribió a las 3.40 AM. Es evidente que sólo puede acceder al e-mail a escondidas.
- O está loca.
- ¿Por qué dice eso?
- Porque no podemos negar que esa posibilidad está todo el tiempo presente. Las visiones que tiene son sumamente extrañas, ¿no cree? ¿Y si estuviéramos escribiendo nada más que la historia de la fantasía de una psicótica? Usted sabe que hay locos que son muy convincentes...
- Perdón... Recuerde que yo la estaba buscando a ella...
- Dejemos esos asuntos de ficción, Julia. Ella se no impuso: ella nos dijo que era su personaje, que se llamaba Mayra I., que tenía una historia y que quería que usted la contara, para reivindicarla. La sedujo... No la culpo, ¿quién no se dejaría tentar?
- Perfecto. Supongamos que esta historia no es una historia “razonable”, que ella la está imaginando, que está loca, encerrada, lo que quiera... ¿Qué importancia tiene?
- ¡Cómo! ¿Vamos a seguir los dictados de una loca?
- No, narrador, vamos a seguir los dictados de la historia; no importa quién la vive, la dicta, la imagina o la ve en los reflejos de una ventana. ¡No importa! Lo que importa es la historia...
- Insisto, tal vez sólo sea la fantasía enferma de una loca.
- Qué prefiere: ¿tener una historia o no tenerla?
- Tenerla, soy el narrador omnisciente; este es mi trabajo.
- Pues bien: esta es la que tenemos.
(51)
- Y para los lectores, también...
- No los presione; no es fácil que recuerden...
- Y usted, no los subestime; en tal caso que relean, que busquen en su memoria, que unan, que trabajen con la historia... ¡Para eso son lectores!
- Tampoco los engañemos; no es toda toda la historia; es una de las claves importantes, nada más...
- Pero el que la descubra, puede estar seguro de que es un lector de primera.
(52)
- Perdón... ¿Quiere narrar usted?
- Como quiera... Ya le dije que el final del capítulo salvó un poco la situación...
- Usted me dijo que era el peor capítulo de la novela.
- Bueno, Julia, ¡tengo que ser sincero! Usted sabe que mi mirada es muy objetiva; solo trato de ayudarla. No se deprima; en honor a la verdad, yo no le hubiera permitido destruir la novela...
- ¡¿No?! ¿Por qué?
- Porque quiero saber cómo termina...
(53)
- No dijo que iba a matarlo. No fue exactamente lo que dijo.
- Han pasado muchos años...
(54)
- ¿Le parece que Pilar puede haber accedido a eso? El día de su casamiento estaba convencida de lo contrario. Ella quería que Mayra...
- Es posible que si Mayra le contó la verdad, ella haya visto el peligro y haya convencido a Aníbal...
(55)
- La valija esa parece no tener fondo... no tener límites...
- Esa valija es como la imaginación, narrrador. Hay que aceptarla: provee y proveerá infinidad de historias. Es imposible abarcarla.
(56)
- ¡¿Patán?!
- Es Concha Consuelo Pasos...
- Quiero recordarle que la Sra. Pasos sabe de esto mucho más de lo que aparenta...
- ¿A qué se refiere?
- ¿Recuerda el Capítulo 12? En ese capítulo, primero la misma Conse y después la voz de Nelly revelan que, en la conversaciones del Hospital, mientras Conse la cuidaba, ella le contó la historia de las dos Mayras... No creo que sea acertado que muestre tanto asombro ante...
- Espere, Narrador; en ese mismo capítuloo, hay también un e-mail de Mayra Iñíguez que, si mal no recuerdo, pone en duda esas conversaciones... ¿Y si, después de todo, ella tiene razón y Conse nunca supo la verdad?
- ¡Usted pone en duda lo que hemos escrito!
- Así es...
(57)
- Historia solucionada... Parece que estuviéramos terminando...
- ¡¿Qué estuviéramos terminando?! Esta ess una pequeña parte de nuestra historia; es una de las historias de nuestra historia.
- Bueno, pero hemos develado uno de los enigmas... Sabemos quién mató a Perla.
- Es posible que el enigma policial de essta novela, con el que prácticamente la iniciamos, esté resuelto en gran parte. Sin embargo, usted sabe (supongo) ese no es el enigma esencial.
- ¿No? Bueno, también está el otro enigma que plantean los primeros e-mail, y que se relacionan con el motivo del encierro de Mayra Iñiguez.
- Esta no es una novela policial, narrador. La historia, la que realmente debemos resolver, no es policial... Es la de las dos Mayras, de las dos, ¿me comprende?
- La historia que todavía esta en el fondo del arcón o de la valija de Perla, que para el caso parece ser lo mismo.
- Eso es, va usted bien encaminado.
- La historia de las dos Mayras... La historia de un nombre, ¿verdad?
- La historia de un secreto... pero no revelemos más.
(58)
- ¿No le parece que hace mucho tiempo que están en “La Opera”? Pasan los capítulos y ellas están una enfrente de la otra hablando sin cesar... ¿No podemos cambiar un poquito de entorno? ¡Los mozos las van a echar!
- ¡Por favor, narrador! No se puede ser excesivamente realista... Convengamos que los tiempos narrativos son distintos... Estas situaciones no se pueden medir en horas y, mucho menos, en el horario de atención de una confitería. ¡Esto es ficción!
- Está bien... Pero igual me parece que nos estamos pasando...
(59)
- Me da mucha pena Jorge Luis (¿no le suena Jorge Luis?), pero a nosotros... ¿qué nos importa?
- Calma... debe tener algo que ver.
(60)
- Es verdad...
- No, no es verdad. Mayra es un
personaje; un escritor tiene derecho a dar todas las vueltas de tuerca que la
historia necesite. La historia ante todo. No se puede ser piadoso. Le voy a dar
un ejemplo que, estoy seguro, va a aceptarme: ¿Shakespeare tuvo piedad?
(28)
(61)
- Esta mujer me pone loca.
- A mí también, pero dependemos de ella, sabe más que nosotros. Por otra parte, lo que cuenta coincide absolutamente con el final del capítulo anterior. No nos queda otro remedio que escucharla, Julia, paciencia.
(62)
- ¿Tiene idea de lo que le hizo Alvaro a Amalia?
- Cuando Amalia tenía veinticinco años coonoció a un joven comerciante, quebrado como tantos otros con la depresión de los años ’30. Tuvieron un amor fulminante y bastante indecoroso para la época y las reglas de los Anchorena. Se imaginará el escándalo cuando Amalia quedó embarazada. Alvaro tomó las riendas del asunto; le dio plata al joven para que se alejara y a su hermana la obligó a hacerse un aborto. La familia no discutió ni una palabra y no se habló más de lo que ellos dieron en llamar “un incidente”. Amalia nunca lo volvió a ver: se quedó con la desilusión de que el dinero fuera más importante que el amor; pero, además, odió profundamente a Alvaro desde ese día, por haberla obligado a matar a su hijo y a dejarla con una culpa que nunca pudo superar. A partir de ese momento, se juró no volver a hacer nada que ella misma no decidiera y, secretamente, vengarse de Alvaro...
- Esto aclara las cosas... ¿Y cómo lo sabe?
- ¡Lo estoy inventando..! Es un buen arguumento, ¿no cree? Amalia es un personaje que se nos ha impuesto, no lo conocemos y tiene ciertas particularidades que la hacen inexplicable. No sabíamos que venía; tenemos que encontrarle una historia que la justifique, que responda a lo que dice y a lo que hace...
- Nos viene bien. Ha logrado acercar a Marcela y Ramiro. Sin ella, no sé si hubiera sido tan fácil... Marcela se siente en deuda con Alvaro; Ramiro la quiere, pero sabe que es una situación complicada en 1940. Nos viene bien...
- Entonces, ¿le parece oportuna la historia de Amalia?
- Es apropiada... ¿Conseguirá Octavio..?
- Ese es un problema de Octavio.
(63)
- Perdón... ¿No era que tenía un cuchillo en la garganta?
- Sí... Puede ser que no lo recuerde...
- ¡¿Cómo no lo va a recordar?! ¿De dónde sacó el revólver?
- Espere... Es posible que lo diga...
(64)
- ¿Usted tenía noticias de que Gabriel Grimaldi era tan... tan excitante?
- Sinceramente, no... Puede ser un punto de vista. Supuse que era un muchacho, si se quiere, agradable; nunca me lo había imaginado un galán...
- Yo tampoco... Es más, parece que, a medida que avanzamos en la novela, el personaje ha variado... se ha convertido en un ladrón de guante blanco y en un conquistador...
- Bueno... se ha convertido en un personaaje de Claudia Clavel... Usted sabe; dos escritores no van a hacer un personaje idéntico; cada uno le pone lo suyo, lo que le parece lo mejor... No es mi estilo, es el de ella.
- Ya veo...
- Cuando lo recupere, volveremos a tener al Gabriel del principio...
- ¿Podrá recuperarlo?
- Le aseguro que sí...
(65)
- Una preguntita... ¿Por qué no le dio la dirección de Gabriel en Buenos Aires? ¿No hubiera sido mejor? ¿Y si Mayra quería tomar la iniciativa?
- No tengo la menor idea... ¿Es nuestra intención hacer venir a Mayra a Buenos Aires?
- No... No sé... Dejémoslo así, a ver qué pasa...
(66)
- ¿Shakespeare, otra vez?
- Claro: amantes nacidos bajo estrella rival...
(67)
- ¿No era que ella no lo mató? Eso dijo en el primer e-mail; eso creímos siempre...
- ¿Sabe una cosa, narrador?, me parece quue ella todavía no lo sabe. Debe ser muy difícil estar encerrada en ese lugar tanto tiempo. No debe ya saber cuál es la frontera entre la realidad y sus alucinaciones.
- ¿Y usted qué piensa, Julia? ¿Ella lo mató? ¿Julián está muerto?
- ¡Ah, no! No me pregunte eso...
(68)
- Hay algunas dificultades con la elección de este argumento.
- ¿Cuáles?
- Natalia es una mujer despechada, es cierto... Y justamente ella es “la otra”, o Mayra es “la otra”, según desde donde se lo mire. Sea una u otra “la otra”, no creo que Natalia mueva un pelo para sacar a Mayra del encierro; es más, si sabe que está encerrada, debe estar disfrutándolo.
- Bueno... Natalia no tiene por qué enterrarse que ese es el motivo... Confiemos en Mario Mistral. Usted lo conoce; es un gran detective.
- Para hacer esto hay que ser, además, un gran simulador. Tiene que sacarle información, sin que sospeche la causa real...
- Estoy segura de que va a hacerlo muy biien. Le tengo fe.
- Si el escritor le tiene fe a un personaje, gran parte de la batalla del argumento está ganada. Adelante...
(69)
- ¿Qué tendrá? Yo también me lo pregunto...
- Nada más y nada menos que ser la protagonista de una novela... La protagonistas tienen una seducción especial. El que se enamore de ellas, para bien o para mal, va a tener mucha letra.
- Sí, pero también las persigue la fataliidad...
- Es el precio que hay que pagar... ¡No pueden pretender una vida tranquila! Una vida tranquila no resiste el aburrimiento de los lectores. ¿No cree?
(70)
- Usted no puede elegir...
- No... Estoy de acuerdo, no podemos elegir. Lo peor es que no tengo la menor idea de lo que va a hacer... ¿Y usted, Julia?
- Yo tampoco. Pero no es grave: nunnca tuve una idea muy clara de las decisiones de mis personajes. Gabriel, además, es uno de los que menos conozco. Sin embargo, me cae bien... Intuyo que va a cooperar, por muy difícil que sea para él.
- Es su destino, creo. Escribamos para saber qué decide...
(71)
- Así será... Van a tener que reencontrarse, en una situación muy diferente, casarse, tomar el avión de Air France ...
- ¿Y cómo vamos a saber de qué manera sucedió todo eso que va a suceder..?
- Estoy aterrada... ¿Lo sabrá Claudia Claavel?
- ¡¿Seguimos con Claudia Clavel?! ¡Qué tortura!
- Es posible que no nos quede otro remediio.
(72)
- Espere un momento, Julia...¿Recuerda las cartas de Tomás?
- ¿Cuáles?
- Las del 24 de diciembre de 1911 y del 20 de julio de 1912. Las copiamos textuales...
- Sí...
- Bueno... En esas cartas queda bien claro que Agustín todavía no conocía personalmente a Tomás, cuando bautizan al bebé... Solo habían establecido contacto por medio de cartas, si mal no recuerdo...
- Es verdad, Tomás le cuenta eso a Soledaad... y ahora estamos escuchando a Agustín Sanlúcar que dice que sí, que sí se conocían por esa época y que asistió al bautismo.
- No podemos aceptar esta contradicción.
- No es una contradicción, son dos versioones: la de Tomás y la de Agustín. ¿Podemos comprobar cuál es la verdadera?
- Me parece que no...
(73)
- ¿Se entiende?
- Supongo... si se lee con atención, tiennen que entender. No los subestimemos.
- No subestimo a los lectores, Julia, quiero que nosotros seamos claros.
- No tenemos por qué ser tan claros, estaamos en el Siglo XXI... Creo que este argumento es mucho más comprensible que algunas cosas que se ven por la televisión. Por ejemplo, ¿usted entiende cómo funciona INTERNET, narrador?
- Bueno...
- Esta historia es mucho más aceptable quue hacer “chat” con un japonés... ¡Hasta es un placer lo ingenua que es esta historia y lo poco que hace falta para entenderla!
-Visto así, sigamos...
(74)
- Detesto esta trampa, este golpe bajo continuo... Hay que evitarlo; los lectores deben de estar hartos de ella y sus interrupciones enfermizas. ¿Quién nos va a creer que no es un recurso poco original para mantener el suspenso? ¿Quién nos va a creer que es ella la que interrumpe el texto y no nosotros?
(75)
Julián era una muerte anunciada; lo sabíamos: no había nadie más muerto en esta historia que Julián. Es difícil escribir una historia sabiendo que uno de los personajes está muerto... Uno tiende a hacerlo demasiado bueno o a convertirlo en un malo insoportable; o sea, si se va a morir que sea una gran pena o una tremenda alegría. Si no, reflexionen en los muertos de las novelas policiales, que se mueren ahí no más, en los primeros capítulos, justo en el momento en que uno empieza a preguntarse: ¿dónde está el muerto? Claro, esta no es un policial o parece no serlo... Por otra parte, a esta altura, nadie está preocupado por descubrir quién mató a Julián o a la pobre Perla; convengamos... ni siquiera sabemos seriamente qué es lo que tenemos que descubrir... Sea como sea, Julián bien muerto va a estar, que ha llegado la hora de matarlo.
(76)
Tal vez lo que tengamos que descubrir esté en un nombre, tal vez no sea nada más que eso: el nombre de Mayra I., como al principio, cuando recién empezamos, cuando ella apareció ahí, gritando su nombre en el medio de la luz de la pantalla...
(77)
- Bueno... La versión que faltaba...
- Todavía pueden haberlo atropellado con un auto o aparecer envenenado con cianuro...
- O colgado de una cuerda en el baño...
(78)
- Ya está, no le demos más vueltas... La dejamos ahí, hasta que empieza a mandar los e-mail. ¿No era eso lo que planeamos? La tercera parte se impone sin Mario, ni Aníbal ni Conse. Es así; hay personajes que se pierden en una historia, sin remedio...
- Pero ellos no quieren irse... ¿No ve cóómo buscan un argumento que los mantenga en carrera?
- Es el destino, Julia... Están perdidos como todo se perderá.
- ¿Y Mayra encerrada? Tenemos más de diezz años por delante...
- Pues allí se queda y ellos... ellos ya han hecho su parte. Que vivan su vida, que busquen otro autor...
- A lo mejor no quieren vivir su vida... no saben, supongo... Quieren vivir la vida que nosotros les escribimos. No podemos hacerles esto...
- No somos nosotros, Julia... Es la historia. No son los primeros ni los últimos personajes condenados a ser fantasmas, a perderse el final, a no saber ni siquiera cómo ni cuándo se van a morir.
- Es cruel... Tal vez... tengan otra oportunidad. No lo desechemos.
- Usted es una sentimental...
(79)
- ¡A Ushuaia!
- Parece que Ramiro se fue lo más lejos pposible...
- Pero nunca me imaginé que tanto. ¿Por qué habrá elegido Ushuaia? ¿Cómo sería Ushuaia en los ’40? ¿Existía ya la cárcel?
- No me lo pregunte a mí, si no lo sabe uusted... De todas maneras, debe haber conseguido trabajo, supongo...
- ¡¿De periodista!?
- No creo... Me parece que la vida de Rammiro no será cuestión de esta novela. Creo que lo que interesa ahora es la vida de Perla. Fíjese como se llama el capítulo... Dejemos a la imaginación de los lectores los años de Ramiro en Ushuaia; si nos dedicamos a dilucidar su historia, esto va a ser más largo que “El libro extraño” de Sicardi.
(80)
- Bien... Ahora tenemos que contar algo increíble. Me imagino que ya lo tendrá pensado.
- Para nada.
- ¿Me puede explicar, Julia, por qué nos metemos en este brete?
- Porque esto es así.
- Pero podríamos imaginar algo más fácil: por ejemplo, que la encuentre en la guía. Sabe su nombre, Perla Iñiguez, porque se lo ha dicho Javier o porque lo leyó en la novela “La Hermana de la Cruz”; lo busca en la guía, la llama por teléfono y asunto arreglado.
- Perla vive en una pensión, no tiene teléfono, no figura en la guía.
- Bueno... Puede haber puesto un aviso en el diario.
- No creo que Perla tuviera dinero para comprar un diario, ni siquiera sé si estaba muy interesada en leerlos...
- ¡Muy bien, Julia! Que sea increíble, entonces, me rindo.
(81)
- Perdón... Si es lo que creo...
- Es lo que cree.
- Si no recuerdo mal, usted estaba desesperada al final de la segunda parte, porque tenía años y años en el vacío más espantoso y en el desconocimiento más absoluto de esta parte de la historia. Nuestra buena amiga, Claudia Clavel, le había aconsejado enfrentarse a Mayra Imar y...
- Bueno, pero no fue así...
- ¿Y cómo fue?
- Me vino la inspiración.
- ¡Por favor, Julia! ¡No me diga que ahora tenemos que creer en la inspiración!
- Bueno, no sé cómo llamarlo, pero ahora sé lo que le ha pasado a Mayra Imar. Si no quiere llamarlo inspiración, llámelo como quiera.
- ¿Y su encuentro en el avión? ¿Va a quedar como una anécdota intrascendente?
- No, no... Espere, no sea impaciente.
(82)
- ¡¿Aníbal?! ¿No era que no había ido más a verla?
- Es inexplicable. A lo mejor entendimos mal, o ahora lo recordó... Es muy posible que Aníbal haya mantenido su preocupación por ella... ¿No cree?
- No es lo que nosotros creemos, no depende de eso. De todas maneras es solo una conjetura. Ella, en cambio, lo afirma, lo más fresca. No la entiendo.
- Yo tampoco...
(83)
- Lo mismo me pregunto yo...
- Es bastante razonable la explicación.
- Es un punto flojo; no hemos podido redondear el motivo. Habría que rever...
- No, narrador; si lo escribimos así, así será.
(84)
- ¿Y cuál es el final?
- No tengo la menor idea...
- Por lo que parece llega hasta la muerte de Ramiro. ¿Ramiro está muerto?
- En la novela de Sanlúcar, puede ser... En esta no creo.
- ¿¡No cree!? ¿Se da cuenta de que no sabemos nada de Ramiro? Habría que averiguar que pasó con ese personaje, Julia, no podemos dejarlo así, perdido en el tiempo.
- ¿Sirve para algo? ¿En qué influye que llos lectores conozcan algo más de Ramiro? Perla no creo que lo busque, ya ha dicho...
- Si está vivo, va a volver. Los personajes son así, insistentes. Se va a filtrar.
- Veremos, si aparece, aparece; si no, esstá muerto.
- ¡Qué argumento! No tenemos salvación. Dígame, Julia, ¿no le interesa, Ramiro?
- La verdad que no, no le veo utilidad.
- Entonces, está muerto.
- Muerto está.
(85)
- Es verdad, estuvo pésimo...
- Es verdad también que a nadie le importa. Estoy seguro de que los lectores lo deben de estar aplaudiendo.
- Y bueno, la moral depende del punto de vista... Nosotros también aplaudimos su decisión. Ninguna esperanza para Mirta Salguero. Destino de personaje: no puede competir con la protagonista.
- Espero que se resigne.
- No va a tener espacio para otra cosa más que para la resignación, por lo menos en esta novela...
(86)
- ¿Qué nos pasa con este diálogo? No vamos ni para atrás ni para adelante...
- No hacemos más que reproducir lo que se están diciendo.
- Perdón, nosotros estamos diciendo lo que se están diciendo...
- Puntos de vista... ).
(87)
-¿No era que había terminado el secundario? Tendría que poder distinguir entre “inalcanzable” e “inalterable”.
- El personaje es así... Parte de su encanto...
- ¿¡Encanto!?.
(88)
- La verdad, yo también me estoy quedando dormido.
- ¿Por qué?
- Al diálogo le falta sensualidad, pasión... No sé... Mayra está muy desvaída por mucho vestido rojo que se ponga, y Aníbal perdió la gracia desde que terminó los estudios...
- ¡Primero se queja, porque se confunde las palabras; ahora, porque le falta gracia! ¡Espere un poco!
- No tiene solución este asunto; cuando no sale, no sale. Estamos condenados a escribir un encuentro de dos de los personajes centrales, que será comentado (si alguien alguna vez lo comenta) como uno de los peores pasajes de la novela.
- Le agradezco los ánimos que me da...