| El Dormitorio de Gryffindor |
Capítulo 4
Quizá había estado tomando, pero aún así, Harry no podía creer lo que le había dicho a Malfoy. Si, todos sus amigos lo sabían, pero la preferencia sexual de Harry era uno de los secretos mejor guardados en el Mundo Mágico. Afortunadamente, Hermione lo localizó de inmediato y lo arrastró a la pista de baile antes de que pudiera pensar mucho en ello. Unos instantes después, bailaba feliz y sonriente mientras la enorme panza de Hermione subía y bajaba.
Harry soltó una risa ligera y sincera y comentó, “Vamos a intentar sacar a ese bebé.”
“Estás de buen humor,” señaló Hermione.
“Solo estoy borracho.”
“No, no en realidad. Puedo sentir estas cosas. Creo que de verdad estás feliz esta noche. ¿Qué ha pasado?”
“¿Por qué creen tanto tu como Ginny que estoy tan miserable?”
Hermione dejó de bailar y lo miró a los ojos. “Harry,” dijo con gentileza, “creo que estás solo y me preocupas. A todos nos preocupas.” Comenzó a bailar nuevamente.
“Te vi platicando con Draco Malfoy hace un rato,” comentó intentando hacer que Harry hablara. “Es bastante guapo, ¿no?”
Harry la miró con extrañeza unos momentos y luego dijo, “No, ¿tu también?”
“Si, ¿por qué no?” fue su respuesta.
“Que, ¿a todo el mundo le aplicaron el encantamiento obliviate después de la guerra?”
“Harry, la gente cambia. Tu eres diferente ahora a como eras en Hogwarts, y también Malfoy.”
“¿Y cómo lo sabrías?” preguntó Harry con sinceridad.
“He platicado con él en algunas ocasiones en las reuniones de Ginny.”
“¿En dónde estaba yo?”
“Fuiste invitado, solo que no te apareciste, como es tu costumbre,” le contestó con un ligero tono de regaño.
“Oh.”
“Incluso Ron se lleva bien con él,” añadió.
“¿También Ron?” preguntó Harry sorprendido.
“No son amigos del alma, ni nada por el estilo, pero ciertamente ya no pelean. De hecho Malfoy es...” Hermione hizo una pausa en busca de las palabras adecuadas, “bastante agradable.”
Mientras bailaban, Harry meditó lo que había dicho. Meditó lo que Ginny había dicho. Si, estaba solo, pero no entendía por qué querían emparejarlo en particular con Malfoy. Si, el hombre era muy guapo, pero, ¿de verdad creían que la atracción física sería suficiente para olvidar el pasado? Pero entonces, Harry pensó que Malfoy era encantador y también inteligente. Aún así, siempre se habían odiado. Eran enemigos acérrimos. ¿De verdad se puede dejar atrás ese tipo de pasado? Cuando la música se volvió lenta, Ron los interrumpió.
“¿Puedes prestarme a mi esposa?” preguntó y besó a Hermione en la mejilla.
“Por supuesto,” replicó Harry sintiendo que Ginny lo estaba jalando del brazo.
“Harry, me debes una pieza.”
Harry tomó a Ginny en sus brazos y comenzó a bailar. “Te ves completamente encantadora esta noche.”
“Vaya, gracias,” replicó Ginny y se echó el cabello para atrás en busca de un efecto dramático. Se sonrieron mientras bailaban.
Harry pudo ver a Malfoy por el rabillo del ojo, bailando con una muy embarazada (de su primer bebé) Pansy. No pudo recordar su nombre de casada. Cautivado, observó a Malfoy deslizarse con agilidad por la pista.
“¿Ves algo que te guste?” le preguntó Ginny con una sonrisa malévola.
Harry se sonrojó y regresó su atención a Ginny. “Nada, solo estaba viendo la cantidad de mujeres embarazadas que parece que van a dar a luz esta noche.”
“Eres un mentiroso terrible,” le susurró al oído. “Es hermoso y no le puedes quitar los ojos de encima.” Ginny echó un vistazo a su costado. “Y, por cierto, te está mirando.”
Harry se sonrojó nuevamente. Podía sentir el calor del champagne recorrer su cuerpo. Necesitó de toda su fuerza de voluntad para no voltear en la misma dirección de los ojos de Ginny. “Creo que te estás imaginando cosas. Además, si fuera cierto, entonces debe ser a ti a la que está mirando. Esta noche estás absolutamente radiante.”
“Si, creo que ya pasamos por esa parte, pero tu y yo sabemos que a Malfoy no le interesa lo radiante de las mujeres. Tu, por otro lado...”
A Harry pareció formársele un nudo en el estómago. Por el rabillo del ojo podía ver que Malfoy lo miraba fijamente. Lo estaba revisando, revisándolo en serio. Podía sentir ese calor como si Malfoy estuviera lanzando un hechizo.
Ginny sonreía astutamente cuando le susurro a Harry al oído, “No te puede quitar los ojos de encima.”
Harry no pudo pensar en nada qué decir. Por fortuna, lo salvó del banquillo Blaise cuando llegó a su lado y le tocó el hombro.
Necesitaba aire fresco con desesperación, así que regresó al balcón privado. Observó los terrenos perfectamente podados de Zabini y respiró profundamente el aire de la noche. Después de un minuto, Harry sacó la varita y lanzó un hechizo calentador. Sus pensamientos regresaron inmediatamente a Draco Malfoy, a sus fríos ojos grises, a su postura elegante y su sonrisa retorcida. Decidió que, o estaba loco de remate o terriblemente excitado. Habían pasado ya seis meses desde la última vez que había estado con alguien.
Pero Malfoy lo había estado viendo en la pista de baile. Podría no tener mucha experiencia en centros nocturnos, pero sí lo suficiente como para reconocer esa mirada. Sabía lo que significaba, y él también lo deseaba.
La ironía decidió volver a hacer acto de presencia cuando la puerta del balcón se abrió y Draco salió por ella.
“¿De regreso tan pronto?” preguntó Harry juguetón.
“Vi que venías para acá,” contestó Malfoy con los ojos fijos en los de Harry. “Menudo secretito el que tenías guardado, ¿no, Potter?”
“Ni tanto. Mis amigos lo saben, pero no todo el mundo.” Avanzó un paso hacia Malfoy, que ahora estaba recargado contra la puerta.
“¿Y Ginny Weasley?” Malfoy lo miró inquisitivo.
“Ha estado tratado de emparejarme contigo desde hace ya casi un año,” admitió Harry mientras se acercaba más.
“¿En serio? Nunca me ha dicho nada.”
“Eso ha sido porque sabe guardar un secreto,” dijo Harry seductoramente deteniéndose a escaso medio metro de Malfoy.
“Y entonces, ¿por qué dijiste algo finalmente?” preguntó manteniéndose erguido.
“Estaba coqueteando,” le contestó Harry con una sonrisa suave.
“He visto mejores coqueteos.”
Harry colocó las manos sobre la puerta a los costados del rostro de Malfoy. “¿En serio? Bueno, ¿y qué me dices de esto?” preguntó rozando apenas con los labios la boca de Malfoy. Éste ladeó la cabeza sólo un poco y Harry cerró el último milímetro y junto sus labios. Fue un beso suave, sutil, pero combinado con el champagne, hizo que Harry sintiera débiles las rodillas.
“Nada mal,” susurró Malfoy cuando Harry se alejó una fracción.
Harry volvió a besar a Malfoy. Esta vez presionó el cuerpo entero contra el del otro hombre mientras reclamaba su boca con repentina pasión. Malfoy introdujo la lengua en la boca de Harry y emitió un gemido apenas audible y presionó un poco más sus caderas. Esto le provocó un hormigueo de excitación a Harry. Tanto, que no se dio cuenta de lo que hizo después.
Harry rompió el beso y miró a su alrededor para darse cuenta de que ahora estaban en su habitación.”Maldición, no fue mi intención hacerlo.”
“Pero lo querías.”
“Así parece,” rió entre dientes.
Draco acarició con la nariz el cuello de Harry y susurró, “No me importa.”
El siguiente beso fue frenético. Sus lenguas batallaron mientras que sus manos sujetaban y exploraban cada parte posible del cuerpo del otro. Como pudo, Harry se deshizo de su propia túnica para después hacer lo mismo con la de Draco que cayó pesadamente en el suelo. Luego intentó desabrochar los botones de la camisa de Draco. Draco sonrió y tomó su varita.
“Permíteme.” Draco agitó la varita y las mancuernillas pronto estuvieron limpiamente acomodadas en la cómoda. La camisa se le abrió ligeramente.
Con otro movimiento de varita, la camisa de Harry dejó al descubierto su firme físico gracias al Quidditch así como una fina hilera de vello negro que comenzaba en el ombligo. Draco aventó la varita a la cama y utilizó las dos manos ahora libres para acercar a Harry a su cuerpo.
“Oh, dios, Draco,” gimió Harry contra su cuello.
“Dilo otra vez,” le suplicó Draco en su susurro contra la oreja.
“Oh, d-”
“Eso no. Mi nombre, di mi nombre.”
“Draco.”
“Si.” Draco presionó sus caderas contra las de Harry y lo jaló para darle otro beso frenético.
Harry dirigió a Draco a la cama. Lo dejó caer lentamente sobre el cobertor y lo estudió bajo la luz de la luz que inundaba el cuarto a través del traga luz. Mientras que admiraba su belleza, Harry alcanzó a ver varias cicatrices que cruzaban el, de otra forma liso, pecho de Draco.
Se paralizó. El corazón se le aceleró y su mente retrocedió ocho años: llanto, gritos, varitas en ristre, sangre por todos lados.
“¿Estás bien?” le preguntó Draco al sentir el cambio de humor.
“Yo...”
“¿Qué?” le preguntó con el temor reflejado en la voz.
Harry se sentó en la orilla de la cama y colocó la palma de la mano sobre el pecho de Draco con delicadeza.
“Yo... te hice eso,” contestó completamente mortificado.
Draco lo comprendió. Se incorporó y se sentó en la orilla de la cama junto a Harry.
Finalmente, con los ojos fijos en el suelo, Harry habló, “He hecho cosas terribles. He provocado dolor. He matado gente. Y no pude evitar la mayor parte de ello.”
“Harry, no...”
“No, necesitas saberlo.” Harry volvió la cabeza y lo miró a los ojos. “No fue mi intención hacer eso. Ni siquiera sabía lo que hacía ese hechizo. Solo decía que era para los enemigos.”
Draco se quedó de piedra al escuchar las últimas palabras.
“Estaba enojado y quería lastimarte, pero no era mi intención matarte. Mi intención no era...” Harry respiró profundo. “Es algo de lo que siempre me he arrepentido.”
Draco le dirigió una débil sonrisa.
“Lo siento,” dijo Harry llanamente.
Draco cerró los ojos y se inclinó y recargó la frente contra la de Harry.
Respiraron lentamente unos instantes antes de separarse.
“Te perdoné hace mucho tiempo,” dijo Draco en voz baja. “Yo no fui un santo. Créeme, sé a que te refieres con arrepentimiento.”
“Me lo imagino,” replicó Harry sin malicia alguna.
“Así es,” Draco se subió la manga y expuso el antebrazo. “Tengo esto porque fui muy débil.”
Harry lo miró inquisitivo.
“Y no me refiero a que no haya podido seguir las órdenes del Señor Tenebroso. Fui débil porque no me defendí cuando pude haberlo hecho.”
Harry escuchó atentamente su confesión.
“Yo dejé que entraran en Hogwarts los mortífagos aquella noche. Se suponía que yo debía matar a Dumbledore. Él me ofreció una salida. Él murió porque yo fui demasiado débil como para aceptarla.
“Lo sé,” dijo Harry con voz casi imperceptible.
“¿Qué?”
“Lo sé,” repitió mas fuerte.
“Nunca se lo he contado a nadie,” replicó Draco un tanto atemorizado.
“Yo estuve ahí,” dijo Harry tranquilo pero firme.
“¿De qué estás hablando?”
Ahora fue el turno de Harry. “Esa noche yo estaba con el profesor Dumbledore. Acabábamos de regresar de... una misión. Vimos la Marca Tenebrosa y volamos hacia la torre. Yo tenía puesta la capa de invisibilidad.”
Draco lo miró fijamente, paralizado.
“Cuando saliste, él me paralizó en vez de defenderse, me congeló por completo. Aún cuando le prometí que esa noche haría cualquier cosa que me pidiera, él sabía que yo no sería capaz de quedarme ahí parado viéndolo morir. Me salvó en vez de defenderse. Yo soy el motivo por el cual murió, no tu.”
“¿Escuchaste todo?” le preguntó Draco.
“Y lo vi todo. Tu bajaste la varita. No eres un asesino, Draco.”
“¿Y qué importa?”
“Mucho,” replicó rápidamente Harry.
“¿Por qué?” Draco buscó desesperado dentro de sus ojos.
“Importa porque aprendiste la verdad, y la verdad siempre importa.”
Después de unos minutos de silencio, Draco preguntó, “¿Harry?”
“¿Sí?”
“¿Por qué estuviste ahí?”
“Ya te lo dije, regresábamos de -”
“No,” lo interrumpió Draco. “Me refiero a que ¿por qué siempre tuviste que estar presente en los momentos mas bajos de mi vida? ¿Por qué siempre estuviste ahí?”
Harry podía ver que las lágrimas se asomaban en esos fríos ojos grises. “No lo sé,” respondió débilmente.
“Nuestros caminos siempre se cruzan, ¿no es así?”
“Si, así es,” contestó Harry como si apenas se estuviera dando cuenta de que tenía algún significado.
“Quizá explique algo de esto,” Draco señaló con una mano el pecho de ambos.
Una sonrisa se coló en el rostro de Harry. “Quizá.”
“Como que acabamos con el momento, ¿no?”
Harry volvió a sonreír. “Si.”
“Quizá debería -”
“No,” dijo Harry suavemente y lo agarró por la muñeca. “No quiero que te vayas.”
Draco asintió.
“¿Quieres té?” preguntó Harry sin saber qué otra cosa decir.
“Me parece bien,” Draco se levantó y le extendió la mano.
Harry la aceptó y una lenta oleada de excitación lo recorrió desde la mano al brazo y después encendió algo en lo profundo de su interior. Dejándose llevar, se inclinó y acarició delicadamente con la nariz la base del cuello de Draco. no había querido hacer eso, ¿o si? Ambos dejaron escapar una fuerte exhalación.
Harry agarró su varita y encendió las velas al tiempo que guiaba a Draco por el departamento. El cuarto principal contenía una sala de estar, un comedor y una cocina moderna separada por una barra desayunadora.
“¿No tienes chimenea?” preguntó Draco al examinar a su alrededor.
“Es un vecindario muggle.”
“¿De verdad?” preguntó sorprendido.
“Me gusta mi privacidad.”
Draco caminó hacia el ventanal corredizo que conducía al patio. Al llegar a la puerta, las protecciones lo empujaron hacia adentro. “Pero ya veo que no escasea la magia por aquí.”
“Lo siento,.” Harry hizo un movimiento con la varita y la puerta de cristal se abrió. “Las protecciones ya están abajo. Adelante, checa el exterior. Tiene una bonita vista.”
Draco se paró cerca del barandal y observó las luces de la ciudad contra el cielo nocturno mientras que Harry preparaba el té (pero previamente le había echado un encantamiento calentador a Draco).
Harry se le unió en el barandal y le ofreció una taza.
“¿Qué tan alto estamos?” preguntó Draco con los ojos todavía fijos en el cielo de Londres.
“Seis pisos.”
“¿Y cómo fue que escogiste este lugar?”
“Compré el edificio,” contestó Harry con cierto aire de timidez.
Draco se volvió hacia él, “¿Te interesan los bienes raíces?”
“No, pero me gustan los edificios tranquilos. Así puedo escoger a mis vecinos.”
“Te salió lo Slytherin,” lo bromeó Draco.
Todavía tenía la camisa abierta y Harry podía ver las cicatrices que surcaban su pecho. “No soy un ángel,” dijo con los ojos fijos en el pecho.
Con delicadeza, Draco extendió una mano y le levantó la cara por la barbilla. “Quizá yo sea el único mago que conoce esa parte de ti.” Sonrió y Harry no pudo evitar hacer lo mismo.
“La ironía es algo encantador, ¿no es cierto?” preguntó Draco.
Harry asintió.
Regresando la mirada al cielo, Draco dijo, “El cielo nocturno de Wiltshire es tan oscuro. Aquí está muy iluminado, aún a media noche.”
Se estaba comenzando a formar una pequeña línea roja a lo largo del horizonte. Harry se la señaló a Draco, “Ya casi está amaneciendo.”
“Cierto.”
“No quiero que termine esta noche,” admitió Harry en voz alta y se sorprendió a si mismo. Tomó la mano de Draco y lo guió hasta un sillón de jardín. “Ven, siéntate y observa el amanecer conmigo, ¿quieres?”
Le quitó la taza de té de las manos y colocó ambas junto con su varita en la mesita de cristal que había junto al sillón. Se recargó y le hizo señas a Draco para que se sentara entre sus piernas. Cuando se hubo sentado, Harry lo envolvió con brazos y piernas.
“Qué rico,” dijo Draco mientras recargaba la cabeza sobre el hombro de Harry.
“Mmmmm,” suspiró Harry contra su cuello.
Listones rojos comenzaron a abrirse camino sobre el cielo mientras Harry acariciaba suavemente la mejilla de Draco con los labios. El sol había comenzado a despuntar por el horizonte cuando sus bocas se habían unido en un beso hambriento. Harry deslizó la mano por el pecho de Draco, trazó las cicatrices y se encontró con unos pezones muy erectos con los cuales jugar. Este último movimiento provocó que Draco gimiera en la boca de Harry y que arqueara la espalda. Harrydejó que sus manos bajaran por el estómago de Draco haciéndole ligeras cosquillas sobre la piel suave y sensible.
“Harry,” suspiró Draco.
“Aquí estoy,” murmuró contra su cuello.
“Cierto.”
Harry pudo ver que la erección de Draco apretaba la suave tela de sus pantalones y que sus caderas se separaban un poquito del sillón. Sus manos recorrieron el camino hacia el broche del pantalón. Draco gimió en asentimiento. Harry los abrió rápidamente y metió la mano por debajo. Su pene estaba húmedo con líquido pre seminal. Harry lo extendió suavemente sobre la cabeza y comenzó a acariciarlo lentamente.
“Oh, qué bien se siente,” gimió Draco.
Harry le chupó el cuello lo suficientemente fuerte como para dejarle un pequeño chupetón y aceleró el ritmo de su mano. Draco subía y bajaba las caderas casi imperceptiblemente contra el puño que sujetaba su pene y contra la erección atrás de él. Subieron de intensidad rápidamente. Harry podía sentir cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que había estado con alguien. Desesperado y en busca de una mayor fricción, sujetó a Draco del pecho aún con mas fuerza para presionarlo más contra él y se percató de que estaba moviendo las caderas el ritmo de su propia mano.
El sol ya iba a medio camino por el horizonte proyectando trazos naranjas y dorados por el cielo de Londres. Harry suspiró quedamente sobre el cuello de Draco. los mechones rubios titilaban bajo la luz de la mañana y le caían por los hombros. Draco se estremeció cuando la mano de Harry aceleró el ritmo y lo llevó a la orilla del clímax.
“Ahhh, dios,” gruñó Draco completamente fuera de si.
Ya también casi en la orilla, Harry continuó meciéndose contra el trasero de Draco mientras lo llevaba al final. Draco gritó al terminar y Harry continuó acariciándolo por encima del líquido caliente y pegajoso.
Después de unos cuantos movimientos más, Draco le suplicó entre fuertes resuellos, “Alto, alto, alto.”
Harry lo abrazó fuertemente y lo besó en un costado de la cara.
“Ha pasado algo de tiempo,” admitió Draco en voz baja. “Dame unos momentos.”
“¿Por qué?”
“Tu todavía no te has corrido.”
“¿No?”
Draco sonrió y dejó caer todo su peso hacia atrás. “Parecemos un par de adolescentes.”
Harry rió con ganas y luego lo besó en la mejilla. Agarrando su varita lanzó un rápido Fregotego para limpiarlos a ambos.
Ahora el sol se encontraba casi completamente arriba del horizonte.
No se tú, pero no me caería mal un sueñito,” le susurró Harry al oído. “Di que vas a quedarte.”
Hubo una pausa agonizante para Harry antes de que Draco contestara, “Si me prestas algo para dormir.”
Mientras se dirigían al dormitorio, Harry fue apagando las velas.
“Necesito usar el tocador. Las pijamas están en el tercer cajón,” dijo Harry señalando la cómoda. Cuando salió, se encontró con un Draco sentado en la orilla de su cama vestido con unas pijamas negras de satín. Sus ojos grises y cabello rubio eran aún mas impresionantes en la luz de la mañana que se colaba por las orillas de la ventana.
Draco sonrió y comentó, “Todo lo que tienes es una basura, Potter. Estas pijamas eran lo único decente.”
Harry le regresó la sonrisa, “Fueron un regalo de Navidad de Ginny.”
“Lo sé. Me regaló las mismas.”
“Nunca las he usado.” Dijo Harry al dirigirse a la cómoda para sacar una camiseta limpia y unos boxers. “Se te ven bien.”
“Se me ven fabulosas,” declaró Draco caminando detrás de Harry y dándole una nalgada en su camino al tocador.
Harry ya casi estaba dormido cuando Draco se metió debajo de las mantas y presionó su cuerpo contra su costado.
“No creo haberte visto nunca sin los lentes,” susurró. “Eres bastante guapo, Harry Potter.”
Harry le besó la nariz. “Creía que se suponía que la seducción iba antes del sexo.”
“No, esto es coqueteo post coital.”
“Mmmm, estoy cansado,” suspiró Harry y le dio un besito en los labios.
“Yo también. Duérmete.”
Y eso hicieron.
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