El Dormitorio de Gryffindor
Quien lo Diría
Escrita por: Rickey_a
Traducida por: Nalero y Val

Capítulo 2

Siete años después...

Había al menos 200 personas invitadas a la fiesta de compromiso de Weasley y Zabini. Familiares y amigos de ambas partes además de compañeros de trabajo y oficiales del ministerio. En los siete años que habían transcurrido desde la derrota de Voldemort, se habían celebrado compromisos, bodas y nacimientos. Había habido un verdadero boom en el nacimiento de niños magos. En realidad no era una sorpresa. Este tipo de cosas pasan después de tiempos de confusión. Ahora era tiempo de reunión y renovación. Por lo tanto no fue sorpresa que la encantadora Ginebra Weasley de veinticuatro años y una de las rompedoras de maldiciones de Gringots líderes, se fuera a casar. Lo que si fue sorpresa, era el hecho de que Harry Potter, Aquel-Que-Derrotó-Al-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, no fuera el prometido.

Era de conocimiento popular que los dos habían sido novios durante la adolescencia. Desde entonces, a los dos se les había visto frecuentemente en compañía del otro tanto en juegos de Quidditch como en restaurantes bastante conocidos dentro del mundo mágico. Nadie, aparte de la familia y unos cuantos amigos cercanos, había sabido hasta hace tres semanas (fecha del anuncio del compromiso en el Diario El Profeta) que Blaise Zabini había estado cortejando a la hija de los Weasley.

Harry escuchó que picoteaban su ventana. La lechuza de Ginny le llevaba un mensaje recordándole que fuera esa tarde a recoger su boutonniere. Los iban a usar en la fiesta de esa noche, toda la familia y los que participarían activamente dentro de la boda. Sus piró y le dio a la lechuza de granero una delicia. Decidió que era mejor terminar pronto con el asunto y se apareció afuera del departamento de ella en el Londres Mágico.

Ella abrió la puerta después de haber tocado dos veces. “Oh, guau, Harry, sí que eres rápido.”

“Me imaginé que al rato necesitarías tiempo para alistarte,” la abrazó cariñosamente y ella cerró la puerta detrás de él.

“Me tenía un poco nerviosa que fueras a hacer uno de tus actos de desaparición,” dijo llevándolo a la cocina en donde había un montón de boutonnieres y corsages sobre la mesa.

“No lo haría. No te preocupes. Haré acto de presencia,” dijo Harry al tiempo que tomaba la rosa blanca que le daba Ginny.

Ginny azotó el pie. “No, no harás acto de presencia. Vendrás, comerás, beberás, bailarás y fingirás que eres extremadamente feliz por mí. Es importante.”

Ginny lo miró fijamente mientras él observaba la rosa con ojos tristes.

“¿Cuándo vas a dejar a un lado tu miseria?” le preguntó.

“¿Qué?” le contestó sin levantar la mirada.

“La llevas como una soga al cuello en espera de que te quiten el piso.”

“¿Y eso que quiere decir?”

“Quiere decir que ya han pasado siete años y que no has continuado con tu vida, Harry.”

“Tengo una vida, gracias.”

“Juegas al Quidditch. Ajá. ¿Qué más haces? ¿A quién mas ves aparte de Ron, Hermione y yo?”

“Veo gente.”

“¿A quién?”

“Dean, Neville...”

“Los dos me dijeron que están muy contentos de que vayas a venir porque hace mas de un año que no te ven.”

Harry la miró a los ojos y le preguntó, “¿Por qué me haces esto?”

“Porque soy a la que le toca decir las cosas desagradables, las cosas que no quieres escuchar, las cosas que nadie mas dice, ni siquiera Hermione.”

Harry desvió la mirada. Le dolía mucho.

“Harry, te quiero,” continuó. “Y te digo estas cosas no por tu amistad, que valoro mucho,” dijo. “Sino porque nadie me puede volver a lastimar de la forma en que tu lo hiciste. Nadie mas podrá ser así de honesta contigo. Por mucho que ame a Blaise, hay momentos en los que no puedo evitar preguntarme que hubiera sido si... si...”

“No lo digas,” dijo Harry con delicadeza.

“Si fueras heterosexual.”

“¿Y crees que yo no me lo pregunto?”

“Sé que lo haces y ése es el punto,” dijo Ginny sujetándolo del brazo y obligándolo a que la mirara.

“Todos te queremos, todos tus amigos y tu familia y todos estamos cansados de preguntarnos cuándo vas a seguir adelante con tu vida. Así que, ven esta noche y si tienes que encantarte una sonrisa, hazlo. No te atrevas a venir con ese ceño y esos ojos tristes y deseosos. No te atrevas a hacerme verte miserable en la que debe ser una de las mas felices noches de mi vida. Y no te atrevas a no venir, a llegar tarde o a irte temprano.”

Harry sabía que ella estaba hablando muy en serio, así que la abrazó y le susurró, “Ahí estaré.”

“Bien. ¿Te ofrezco una taza de té?” le preguntó al soltarlo.

“Seguro,” le sonrió y se sentó en la mesa.

“Draco no debe tardar en llegar para recoger su butonniere,” comentó como si nada mientras que llenaba la tetera de agua.

“Ginny,” dijo él en tono de advertencia.

“¿Qué?” fingió ignorancia.

“¿Por qué sigues intentándolo?”

“Porque si.”

Harry se puso de pie y recogió su flor.

Ginny lo miró furiosa. “Quédate.”

“Ya me voy.”

“Estará ahí esta noche. Da lo mismo que te quedes a tomar el té.” Ginny puso la tetera en la estufa.

“Gin, ¿por qué sigues con esto?” preguntó exasperado.

“Durante estos últimos dos años he llegado a conocer muy bien a Draco y no puedo evitar pensar que quizá ustedes dos harían buena pareja.”

“Tu, querida mía, estás loca.”

“¿Por qué?”

“Tu sabes cómo éramos en la escuela.”

“¿Y no has cambiado?”

“Ese no es el punto,” dijo Harry suavemente.

“Claro que si, quédate.”

“Han pasado siete años desde la última vez que lo vi. Puede esperar a esta noche.”

“Bueno, al menos prométeme que serás amigable.”

“¿Lo prometió Ron?”

“Si,” contestó Ginny con una sonrisa astuta.

“Bueno. Me comportaré perfectamente con Draco Malfoy.”

Llamaron a la puerta. Ginny sonrió. Harry levantó la varita, le guiñó un ojo y luego se desapareció.

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