El Dormitorio de Gryffindor
Lógico e Inevitable
Escrita por: Nalero
Historia Original en Español

Capítulo 9: El Sillón Frente a la Chimenea

“No te diré nada porque no hay nada que decir,” la voz de Draco sonaba apagada, hueca, como suena un discurso que se ha repetido mil veces.

“Muy bien, creo que es momento de ayudar las cosas un poco,” Blaise se levantó decidido y buscó en su mesita de noche con afán hasta que encontró lo que parecía ser una botella envuelta en trozos de pieles. “es un poco fuerte pero, creo que es justo lo que necesitamos aquí.”

Draco lo veía sin importarle lo que el otro hiciera. Desde que entró a la sala común se sintió completamente exhausto. Blaise llevaba diez minutos tratando de sacarle algo, pero Draco simplemente contestaba lo mismo ‘No pasa nada’. No sabía cuanto había visto su compañero pero no le importaba en lo absoluto, solo quería dormir.

“Toma,” Blaise le tendió un vaso lleno hasta la mitad de un líquido dorado, “no tenemos hielo pero no importa” al ver que Draco sólo se limitaba a observar el vaso, lo apuró, “vamos, te hará sentir mucho mejor.”

Olvidando toda precaución y más que nada porque tenía la boca completamente seca, Draco le dio un buen sorbo a la bebida y casi se ahoga. El líquido bajó por su garganta quemándola, pero al mismo tiempo, un delicioso calor comenzó a dispersarse por su cuerpo desde el estómago, fluyendo por cada fibra de su ser, relajando automáticamente sus cansados nervios. El efecto lo maravilló y dio un segundo y tercer trago. Extendió el brazo evaluando lo que quedaba de líquido y preguntó casual “¿Tienes mas de esto?”

Blaise soltó una carcajada divertida y aliviada, “Claro, pero vámonos con calma, ¿si?” bebió de su propio vaso y aclarándose la garganta, se sentó en el piso frente a Draco, “Ahora si, dime, ¿qué está pasando entre el Chico Maravilla y tu?”

“Mira Blaise, agradezco tus atenciones pero,” dudó un momento, “no creo que tu puedas hacer nada y ...” se extrañó al oír su propia voz que arrastraba las palabras más que de costumbre, “hablaremos luego, en cualquier momento subirán los demás y ...”

“No, por lo menos no en una hora,” lo interrumpió Blaise, “están planeando el famoso baile. Vamos Draco, saca todo lo que traes o se te va a pudrir dentro.” Volvió a llenar los vasos, esta vez casi hasta el borde.

Draco lo miraba con los ojos entornados, y dando otro gran trago, suspiró larga y profundamente, “Muy bien, antes de que diga cualquier cosa, ¿qué fue lo que viste?”

“Todo.” La expresión de sus ojos era contundente.

“Todo,” repitió Draco con tono derrotado. No tenía sentido seguir con el ‘no pasa nada’,” bien, ¿qué es lo que te parece?”

“Bueeeno,” Blaise hizo un sagaz gesto de aprobación, acompañado de una sonrisa maliciosa, “te confieso que no se quien tiene más suerte, si él o tu.”

Draco lo miró sin comprender el comentario.

“Si, vamos hombre, no te hagas,” hizo un gesto como si Draco debiera saber de lo que estaba hablando, “son los ‘dos solteros mas codiciados de toda la escuela’, claro que con esto van a matar de desilusión a la población femenina y una buena parte de la masculina, pero qué importa.” Al ver el absoluto asombro de Draco, soltó una sonora carcajada. “Perdón, pero esto me hace decir lo que verdaderamente pienso,” dijo señalando el vaso medio vacío. Hizo un esfuerzo por calmarse y instó a su amigo “perdón, continúa.”

“No, continúa tu, yo te hice la pregunta,” respondió Draco, pero sin hacer de lado la información, que vagamente le recordó la conversación con Weasley.

“Muy bien, tu lo pediste. Me parece que ustedes dos por fin se dieron cuenta de lo que debieron hacer desde hace mucho y ahora, por fin lo están haciendo” dijo como si acabara de citar la verdad más grande del mundo.

“Zabini,” dijo Draco con exasperación, “no se de qué demonios hablas.”

“Está bien, está bien, creo que se me pasó la mano con la bebida,” pero de todas formas le dio otro trago a su vaso. Y de pronto soltó la pregunta “¿Es serio?”

“No sé si estás en condiciones de hablar de cosas serias,” Draco trató de salirse por la tangente pero no se lo permitieron.

Blaise se irguió y con un tono de voz mucho más claro y una expresión totalmente controlada lo interrumpió, “Claro que sí y por eso estamos aquí, bebiendo y desperdiciando primorosamente el tiempo, ¿hay sentimientos involucrados o sólo es diversión?”

Draco se derrumbó al oír las últimas palabras, se acabó su bebida y extendiendo el brazo, le indicó a Blaise que le sirviera más del líquido ambarino. Mientras su compañero le volvía a llenar el vaso, comenzó a hablar con un tono cansado y resignado.

Blaise lo escuchó con total atención, llenando con su pródiga imaginación los datos que Draco omitió a propósito. A medida que el relato avanzaba, el ceño de Blaise se fruncía cada vez más, hasta que al final, tenía la expresión de haber oído que el mundo se acababa en diez días.

Draco en cambio, se sentía liberado, el enorme peso se había aligerado tanto que estaba casi feliz de haber hablado con Blaise.

“Bueno, aquí hay dos cosas vitales,”dijo Blaise de pronto. “Número uno, nadie más debe saber esto o te harán papilla y número dos, yo creo que Potter está en las mismas condiciones que tu, pero o es muy bueno fingiendo o él mismo no se ha dado cuenta.”

“Me asombra tu ingenio,” dijo Draco con sarcasmo, “pero creo que te equivocas en el segundo punto.” Lanzó la frase evaluando la expresión de su compañero.

“No. Por mucho que juegues con éstas cosas, es muy difícil que participes tan activamente si no es tu verdadera inclinación.” Movía negativamente la cabeza.

“¿La voz de la experiencia?” preguntó Draco irónico, buscando aliviar un poco la incomodidad que comenzaba a causarle hablar tan naturalmente del asunto.

“Oye, oye. Toma, bébete otro vaso. Y si, algo así, de hecho,” hizo una pausa significativa, “tu mismo fuiste uno de mis ‘amores imposibles’ hace un tiempo,” continuó pero sin levantar la vista, mientras llenaba de nuevo su propio vaso, “y si no te molesta, estoy tratando de ayudarte, evítame el sarcasmo y la ironía, si no es pedirte mucho.” Terminó con un ligero tono resentido en la voz.

Draco lo veía perplejo, ¿acaso no, apenas unos días atrás el mismo Blaise le había pedido que le dejara el camino libre con Pansy,? ¿entonces, Blaise era ...,? ¿cómo era que nunca se había dado cuenta de la atracción que ejercía en su compañero.?

Blaise lo miraba con una mezcla de diversión y dignidad, dándole tiempo para asimilar la información.

“¿Y lo dices así?” Draco se sentía en un terreno totalmente desconocido. Definitivamente lo suyo no eran las confesiones.

“Por favor, Draco, ¿cómo quieres que lo diga? Creo que has estado demasiado tiempo bajo la influencia absurda de tu padre y la estúpida compañía de Crabbe y Goyle,” se levantó y buscó una silla, mientras sacaba un paquete de cigarros, se volvió a acercar a Draco, le ofreció uno y se sentó. Mientras encendía los cigarros de ambos, dijo como si nada, “Soy bisexual, por ahora Pansy me gusta mucho, a pesar de lo echada a perder que pueda estar. Pero, de hecho, ustedes me hicieron sufrir un buen tiempo.” Volvió a tomar otro trago. “Como puedes ver, no eres el único y te repito lo que ya te había dicho, amigo, no estás solo.”

“¿Cuando te diste cuenta,?” preguntó Draco como al descuido.

“Uff! Casi desde que llegamos aquí, tu me hiciste darme cuenta,” al ver el rostro incómodo de su compañero, prosiguió, “Calma, ya se me pasó lo tuyo.” Dijo riendo.

“Dijiste ‘ustedes’, ¿quienes son los otros?” empezaba a sentir curiosidad y simpatía por Blaise.

“Potter. En el sentido masculino de esta cuestión, no hay otros, o por lo menos no tan intensos, ¡Cuidado!”

Draco casi se ahoga, le había dado el último gran sorbo a su bebida cuando escuchó el nombre, tosió aparatosamente, mientras Blaise le palmeaba la espalda, riendo.

“Lo que nos trae de nuevo al centro del tema,” dijo Blaise una vez que Draco se calmó. “Yo creo que siempre has tenido muy buenas posibilidades con él y serían una pareja impactante, pero todo el tiempo se la han pasado peleando, así que sólo es cuestión de tiempo y paciencia...,” dijo con tono conocedor.

“Blaise, por favor, dime que no, ¿alguien más se ha dado cuenta?” preguntó Draco maravillado por lo ligera que sentía la cabeza.

“No, de hecho, no. No creo que nadie más lo sepa si no te han estado observando con esa intención, bueno, a excepción de Weasley, pero no hay problema con él. Realmente, tu actitud ha cambiado hasta este curso, por lo que de ahora en adelante tendrás que ser mucho más cuidadoso y ...”

Draco escuchó atentamente a Blaise.

*************

”...y creo que tienes razón.” Terminó Ron.

Estaban sentados frente a frente junto a la chimenea, él estaba desparpajado en un cómodo sillón viejísimo y ella tenía las piernas dobladas y se las rodeaba con ambos brazos en un sillón de respaldo alto. Se habían acabado dos botellas de cerveza. No había nadie más en la sala.

Hermione estaba como aturdida, lo que acababa de escuchar era lo más perturbador que había oído en toda su vida, por lo menos en ese campo de su vida. Las imágenes mentales que danzaban ante sus ojos le estaban provocando incómodas sensaciones en todo el cuerpo. Pero lo peor de todo, era la expresión de Ron, no era de disgusto, o de asco, ni siquiera de incredulidad, sino de expectación.

“¿Tu qué crees?” preguntó ella y estudió cuidadosamente a su amigo.

“Uff, pues,” Ron se pasó las manos por el cabello, estiró ambas piernas y luego se posó las manos en los muslos recorriéndolos hasta las rodillas y de regreso. “no se..., fue, como decirlo, toda una experiencia...,” con la mano derecha se acarició el abdomen debajo de la camisa.

“Pero no te molestó.” Sentenció ella mientras seguía ávidamente los movimientos de las manos de Ron.

“¿Qué? No, no para nada,” dijo él con los ojos entornados. Se enderezó en la silla y continuó, “lo que me molestó fue la actitud de Harry conmigo.”

Ella suspiró y se levantó por otra cerveza, regresó al lado de Ron y posando descuidadamente una mano en el hombro del chico, bebió un largo trago de la botella, cuando terminó, con un movimiento muy suave, le acarició la línea del mentón mientras hablaba, “Me alegro de que lo tomes tan bien.”

Ron le tomó la mano y se la llevó lentamente hasta los labios, donde la besó con mucho cuidado.

“A estas alturas, no creo que a nadie le importe mucho cómo lo tomo yo” dijo riéndose con un toque malicioso. “Oye, regresando al tema de en la tarde...,” dijo él con cautela. De hecho el ‘tema de en la tarde’ había quedado inconcluso porque en cuanto entraron al castillo, no habían podido estar solos ni un minuto y a Ron lo mandó llamar la profesora Sprout y lo retuvo hasta la cena. Lo único que Hermione había podido decir en su defensa, era que Harry no le importaba de esa forma.

“¿Si?” lo animó ella con cautela también. Como al descuido, apoyó suavemente la cadera en el hombro de Ron.

El se percató del disimulado movimiento y lentamente giró el cuerpo para quedar frente a la chica. Levantó la cabeza y con sumo deleite observó los ojos entornados de ella. Sin apartar la mirada, le quitó la botella de la otra mano y la puso en el piso sin moverse apenas.

“De veras no te interesa Harry, ¿verdad?” preguntó suavemente poniendo las manos en la cintura de Hermione.

“No de ese modo,” respondió la chica ruborizándose. Las manos de Ron comenzaron a danzar por su cintura.

“Y dime,” prosiguió él, deteniendo su recorrido, “¿Hay alguien que te interese de ese modo?” la miraba con un ansia disimulada.

“Hay alguien,” dijo ella sin darse cuenta de que su tono era ronco, “pero no estoy muy segura de que él se interese en mi de ‘ese modo’.”

“¿Por que no lo compruebas? tal vez es que no te has querido dar cuenta,” dijo muy quedo Ron y enseguida puso ambas manos a los lados de las rodillas de la chica, bajo la falda.

Hermione cerró los ojos y tragó con dificultad, “¿Será buen momento?”

Ron emitió un suspiro profundo y con un movimiento decidido deslizó ambas manos por los muslos de ella debajo de la falda, hasta llegar de nuevo a la cintura. “Tu decide” su tono era un susurro ronco, invitador.

Por toda respuesta ella murmuró “Nox,” dejando únicamente la chimenea encendida.

Las manos intrusas debajo de su falda, se movieron lentamente hasta acunar y presionar firme pero muy suavemente su trasero, sobre las panties. Ella no se movió disfrutando cada centímetro de contacto.

Ron se levantó sin soltarla, quedando frente a frente, se inclinó para levantarla, ella abrió los ojos para verlo con intensidad y lo rodeó con las piernas para facilitarle la tarea. La diferencia de estaturas se eliminó por completo y ella lentamente fue acercando su boca a la de él, mirando intensamente dentro de los ojos azules de Ron que brillaban con una luminosidad propia, deslumbradora, reflejando los débiles chisporroteos de la chimenea. El primer contacto fue un roce electrizante, como una sensación desconocida pero que se sabe que será excitante. Cómo pude retardar tanto tiempo esto, pensó ella mientras su estómago ejecutaba una danza por la anticipación. Volvió a besarlo mas firme y él no pudo reprimir más su deseo, profundizando el beso en una demanda apasionada, provocando que ella gimiera involuntariamente.

La llevó hasta el viejo sofá de dos plazas donde la depositó con mucha suavidad, rompiendo el contacto de sus labios. Se colocó entre las piernas de la chica y con pesar deslizó las manos de su trasero, ella emitió un murmullo de protesta, pero enseguida la volvió a besar, lenta y cadenciosamente, mitigando el ansia que emanaba del cuerpo de ella. Sin dejar de besarla, comenzó a desabrochar el frente de la blusa de Hermione, que momentáneamente se paralizó nerviosa, pero la expresión de profunda excitación en los ojos de Ron, eliminó por completo cualquier reserva. Cerró los ojos nuevamente y se abandonó a las sensaciones. El abrió la blusa, zafándola de la pretina de la falda y admiró extasiado el espectáculo. Debajo del sostén, se perfilaban los pezones, que subían y bajaban con la entrecortada respiración de su dueña que abrió los ojos en protesta por la falta de contacto.

“No hagas nada.” La voz de Ron fue un mandato suave, ronco, indiscutible.

El deseo casi salvaje en los ojos del chico era un monumento a la lujuria mientras recorrían hambrientos el cuerpo que tenía delante de él, pero ella pudo ver la lucha por el control, por ir despacio, por gozar cada instante y en un premio a su esfuerzo, ignoró la orden recibida, hábilmente se pasó los brazos por la espalda y soltó la prenda que de inmediato liberó los senos firmes e hinchados, elevó el torso en un mudo ofrecimiento y Ron, en el límite, emitió un sonido ronco y desesperado. La miró a los ojos, como esperando aún la confirmación y ella jadeó más fuerte, anhelante. Ron volvió a gemir y regresó a los labios de la chica que lo recibieron ávidos; lentamente colocó las manos en el abdomen de ella y las fue subiendo hasta apresar por completo cada uno de los senos, sintiendo su peso, el volumen, presionando, jugando con los sensibles pezones y provocando en cada toque que el cuerpo de Hermione se estremeciera de absoluto placer. Ron abandonó la boca y se dirigió decidido al lóbulo de la oreja, lo

tomó totalmente entre los labios y ella tuvo que ahogar un grito. Fue bajando lentamente por el cuello, tomándose su tiempo, explorando, conociendo el terreno, marcándolo con un rastro de fuego. Llegó al pecho y como un hambriento devoró cada centímetro hasta llegar al seno derecho de la chica, que apenas podía reprimir los gemidos que su garganta no podía contener.

La presión que ejercía la cadera de Ron en su entrepierna se hizo apremiante, por instinto ella llevó las caderas hacia delante y extasiada comprobó lo que buscaba, él volvió a empujar mientras le prestaba total atención al seno izquierdo con la boca y con las manos volvía al trasero de la chica, metió lentamente los dedos bajo el elástico inferior y con gran seguridad recorrió cada milímetro de piel, acercándose lenta y juguetonamente hacia la zona húmeda y caliente de la entrepierna, pero sin concretar, exasperando a Hermione, que se retorcía anhelante. Después de juguetear a su gusto, deslizó los dedos en el resorte superior de las panties, mientras un tercer y poderoso impulso de su cadera provocó que Hermione emitiera un bastante audible gemido de placer y se aferrara a sus brazos, olvidando por completo la orden de no hacer nada. Alarmado, Ron capturó la boca de la chica, amortiguando los sonidos, pero al sentir las vibraciones de algo que ella intentaba decir, se separó un segundo y escuchó un entre

cortado “Por favor, Ron.” En un arranque rompió la prenda limpiamente, seguro de que dejaría marcas visibles en la piel de la chica.

Ella aprovechó el momento y sus manos volaron al cierre de los pantalones del chico, los dedos le temblaban visiblemente, pero al fin logró su cometido. En una fracción de segundo, él deslizó los pantalones y los boxers, pero no continuó y la miró fijamente. Ella asintió con ligero movimiento de cabeza acariciando con manos ávidas su torso bajo la camisa y él sonrió con una deliciosa malicia que la dejó pasmada.

Ron colocó la punta de su dolorosa erección en los empapados labios, subió rápido hasta el clítoris, ella se convulsionó ante la sorpresiva e intensa sensación y emitió un ronco gemido, cerrando los ojos. Enseguida, Ron llevó su miembro hasta la entrada y comenzó a penetrarla lentamente. La respiración de Hermione era un ritmo violento, anhelante, hasta que un dolorcillo comenzó a crecer en su interior y la puso en alerta, se tensó y abrió los ojos y lo miró fijamente en una mezcla de expectación y miedo. Ron la veía atento a sus reacciones y se detuvo un instante, se inclinó lo más que pudo sin ejercer mas presión en ella y la besó, lánguida y profundamente, en cuanto sintió que ella se relajaba un poco, volvió a la carga, más rápido y firme, reprimiendo con su boca los gemidos de dolor de Hermione. Al sentir que vencía la resistencia, avanzó hasta el fondo, donde con un desesperado esfuerzo, permaneció inmóvil. Ella se retorció al sentir el poderoso embate y luchaba por respirar profundo, él dejó su boca

, manteniéndola firmemente en posición con una mano en su cadera, mientras que con la otra acunó la cabeza de la chica en su pecho.

Hermione sollozó un instante abrazada estrechamente a Ron y comenzó a relajarse, el dolor iba cediendo poco a poco, para dejar paso a una abrasadora sensación de plenitud. Ron estaba totalmente dentro de ella, y el aroma de la loción mezclado con su esencia personal le invadía la nariz. Se sentía tomada, pero no ofendida, mas bien, protegida y sí, poseída.

Volvió a sentir en cada terminal nerviosa del cuerpo; sentía la piel de fuego del chico quemando la suya propia, oía el atormentado ritmo de los latidos del corazón de Ron y su difícil respiración que indicaba que el esfuerzo por contenerse era enorme. Como un latigazo de luz, sus sentidos reaccionaron y buscó con la boca el cuello agitado que tenía delante, lentamente con la punta de la lengua, dio la ansiadísima señal de continuar. Ron ya no podía más, con un gemido de angustia comenzó un cadencioso movimiento que ella acompasó de inmediato, apoyándose con ambas manos en los hombros del chico que parecían a punto de explotar de tensión y esfuerzo. Como un potente motor que comienza su marcha progresivamente, los embates del miembro del chico comenzaron a activar cada terminal nerviosa del interior de ella y una dulce y adictiva sensación fue creciendo, poderosa y amenazante. Ron sujetó con ambas manos la cadera de ella y aceleró el ritmo, sus respiraciones alcanzaron rápidamente un ritmo peligroso y, por fin, el ansiadísimo orgasmo premió a Hermione, obligándola a jadear violentamente en una abrumadora sorpresa. Los espasmos de la chica derrotaron a Ron, que terminó dentro de ella, escuchando extasiado sus jadeos.

Poco a poco todo fue volviendo a la calma. Las rodillas de Ron estaban terriblemente doloridas, pero él apenas se estaba dando cuenta. Hermione fue consciente de que tenía huesos en la entrepierna y que estaban quejándose indignados por la posición y la actividad nueva.

Una enorme gama de emociones fluyó de ella a él y viceversa al hacer el primer contacto visual después del orgasmo. Con los ojos inundados de lágrimas y una indescriptible sensación de bienestar en el corazón, ella se refugió en el pecho de Ron, que la abrazó muy estrechamente por un largo momento. Luego, muy lentamente, Ron comenzó la retirada y ella experimento el vacío en su interior y el frío de la separación de los cuerpos por primera vez; buscó la mirada de él y se conmovió de ver que sus ojos también estaban brillantes y humedecidos.

Con movimientos algo torpes, se sentaron muy juntos y ella se abrazó al torso de Ron que la rodeó con ambos brazos y murmuró muy suave en su cabello, “Gracias.”

Ella no respondió pero se pegó más a él.

Un ligero ruido proveniente de las escaleras del dormitorio de los chicos los sacó del ensueño. Se sobresaltaron, pero el absoluto cansancio que sentían sólo les permitió volver la cabeza y buscar en la semioscuridad el origen del sonido. Nada. Pero a decir verdad, a estas alturas, ya no les hubiera importado que los descubrieran.

Ron comenzó a acariciar el cabello de la chica y casi con temor pidió “Duerme conmigo.”

Hermione suspiró, “No puedo, a las chicas nos está permitido estar en el dormitorio de ustedes en horas de vigilia, pero no dormir ahí.”

El se quejó con un gruñido e iba a preguntarle cómo era que la Sala Común no tuviera un encanto de protección contra lo que acababan de hacer, pero un sonido de voces alteradas proveniente del corredor exterior de la Sala los hizo levantarse apresuradamente esta vez.

“Es Peeves,” dijo Ron murmurando, “mejor vámonos.”

“¡Oh dios!” exclamó Hermione un tanto avergonzada al inspeccionar el lugar, se acomodó lo que le quedaba de ropa lo mejor que pudo y localizó su varita, “Fregotego” murmuró por lo bajo y las manchas en el sillón que atestiguaban lo sucedido, desaparecieron. Ron, mientras tanto, se subió descuidadamente los boxers y los pantalones y levantó las botellas de cerveza.

Los gritos de Peeves se volvieron a oír y Ron y Hermione se vieron fijamente antes de irse corriendo a sus dormitorios. El no pudo reprimirse y en un movimiento relámpago, la asió por la cintura y la besó rápida pero profundamente, en un gesto que a ella le recordó una de las imágenes mentales que habían iniciado todo.

*********

Harry se levantó finalmente a las 5 de la mañana, después de dar vueltas y más vueltas en su cama. Escasamente habría dormido unas 3 horas.

Se dirigió con paso decidido a su armario y eligió su ropa: un camiseta beige de algodón con cuello mao, jeans azules y calcetines azul pizarra y mocasines color miel. Descolgó un suéter azul cobalto, abierto y largo y lo llevó hasta su cama, que era un absoluto desorden. Tomó unos boxers negros y se marchó a las regaderas.

El agua caliente recorrió su agotado cuerpo proporcionándole una bienvenida sensación de bienestar. Permaneció inmóvil durante unos instantes bajo el chorro de agua, mientras venían a su memoria las difusas imágenes de uno de los sueños que había tenido.

Sirius.

De nuevo su padrino estaba en esa cama, llamándolo angustiosamente. Pero esta vez, la sensación que invadió a Harry fue de lo más perturbadora. Había querido estar en la cama con su padrino. Comenzó a lavarse el cabello mientras iba recordando poco a poco que no se había sentido él mismo. Era como si fuera una versión distinta y de más edad. Incluso Sirius se veía más joven y definitivamente mucho muy atractivo.

La sensación remanente era anhelo, ahora lo sabía.

Salió de la regadera, se secó y se vistió. Se dirigió a los lavabos y comenzó a ‘peinarse’. En realidad lo único que hacía era aplicar un mousse y pasarse los dedos. Al terminar evaluó el resultado, el espejo le devolvió la imagen que esperaba, pero también le hizo notar unas ligeras ojeras, es lógico, se dijo y regresó al dormitorio.

Eran las cinco treinta. Ron cambió de posición en su cama y Harry frenó el impulso de despertarlo. Su amigo tenía una expresión tan pacifica que no pudo evitar sentir envidia. Y de nuevo la intensa molestia se anidó en su estómago. Apretando los puños, decidió abandonar la torre y salir a los terrenos, calmarse y prepararse para enfrentar otro día.

Se puso el suéter y tomó la capa negra del perchero al pie de su cama y su mochila. Bajó veloz las escaleras y no pudo evitar el volver la cabeza para mirar el sillón frente a la chimenea.

Salió casi furioso de la sala común. No había avanzado más que unos cuantos pasos, cuando la voz del profesor Dumbledore lo sobresaltó.

“Buenos días, Harry” el profesor estaba parado a pocos metros detrás de él. “Qué bueno que ya estas levantado, me gustaría platicar un poco contigo, ¿me acompañas a mi oficina?”

“Buenos días profesor,” Harry intentó escudriñar el rostro enigmático del Director, pero no consiguió nada. “Claro, vamos.”

Caminaron en silencio, mientras el chico se preguntaba si el Director habría adivinado algo sobre sus sueños o si tenía malas noticias sobre su padrino, fuera de eso, no podía imaginar nada más de lo que tuvieran que hablar.

“Sirius está desaparecido,” fue lo primero que dijo el director en cuanto entraron a su oficina y le indicó con un ademán que se sentara. Dumbledore comenzó a pasearse tranquilamente por el despacho y Harry se limitó a observarlo. De pronto, se detuvo frente a la ventana de espaldas al muchacho y preguntó “¿Desde cuando estás teniendo esos sueños?”

“Unos cuantos días,” respondió Harry tratando de no dejar notar que comenzaba a molestarle que Dumbledore pareciera saber todo sobre él.

El Director lo miró intensamente durante un instante, como si esperara que Harry le dijera algo más. Al ver que éste permanecía en silencio, se sentó detrás de su escritorio, sacó su varita y con un gentil movimiento de muñeca, la superficie quedó libre de todos los artefactos que normalmente la ocupaban.

“¿Café o te, Harry?” preguntó en un tono cordial. Harry parpadeó sin comprender, “¿Perdón?” Dumbledore sonrió apaciguador, “Creo que nos iría bien un ligero desayuno, que, después si lo deseas, podrás completar con tus compañeros en el Gran Comedor,” lo miró esperando la respuesta.

“Café, por favor.” Contestó el chico bajando la guardia. Se reprendió por estar a la defensiva con el Director, pero a veces le resultaba enervante que tampoco él que lo conocía tan bien, le permitiera tener un poco de privacidad.

“Excelente.” Sobre el escritorio aparecieron platos con panecillos, mantequilla, tostadas, miel, mermelada, una jarra de cristal llena de oloroso café, dos grandes tazas, platitos, azúcar, cucharas y cuchillos para untar.

El Director procedió a llenar las dos tazas y le pasó una a Harry que aspiró con deleite el delicioso aroma. Comenzaron a comer mientras la luz del amanecer inundaba el despacho con una luz dorada.

“Harry, sé muy bien que deseas y necesitas un poco de privacidad en tu vida. Todos estos años nos hemos estado metiendo contigo en todo momento, pero era indispensable. He de confesarte que muchas ocasiones me he frenado en hacerte comentarios y que he tratado de que las intromisiones sean las menos, a veces sin conseguirlo. También te digo que el cambio operado en ti me parece maravilloso. Todos lo han notado y has creado muchas ilusiones en bastantes corazones por ahí.” El director hizo una pausa mientras le daba un gran sorbo a su café.

“Profesor ...,” Harry intentó cortar el sentido de la conversación. Le parecía muy extraño este tipo de plática con Dumbledore, estaba acostumbrado a sólo tratar temas gravísimos con él y ahora se sentía incómodo.

“Déjame continuar, por favor. Lo único que quiero decirte es que dejes fluir libremente tus emociones. Naturalmente, toda la presión a la que has estado sometido te ha afectado y ahora eres un poquito, mmm, ¿cómo dicen los muggles? ¡Ah! Si, un poquito neurótico.” Dijo Dumbledore como con cautela.

“¿Neurótico?” Harry se atragantó con su panecillo y tomó rápidamente un trago de café. Jamás hubiera creído que el director le diría algo así.

“Si, me temo que si.” El Director le respondió mirándolo sobre sus gafas de media luna. “Mira, sólo te pido que mientras dure el curso, vivas. ¿Me entiendes? No te puedo pedir que no te preocupes por Sirius, pero tengo el presentimiento de que está bien, tal vez no todo lo bien que quisiéramos, pero te aseguro que lo vamos a encontrar sano y salvo. La Orden es cada día mas fuerte y hay mucha gente trabajando en la derrota de Voldemort. Por ello, mientras estés en el colegio, relájate.” Finalizó el director con un tono conciliador.

“¡Pero si está sufriendo!” casi gritó Harry y enseguida se arrepintió. Si estás neurótico, dijo una vocecilla burlona en su cabeza.

“Cálmate muchacho. A veces los sueños nos quieren decir algo de nosotros mismos, ya deberías saberlo,” le respondió el director tranquilamente. “me gustaría llevar a cabo un ejercicio, si estás de acuerdo, claro.”

“¿Cuál?” respondió Harry a regañadientes.

“Trata de ubicar el tiempo en el que se desarrollan, intenta identificar las emociones que sientes y trata de ir mas allá de lo evidente.” Respondió Dumbledore con tono neutral.

“Y luego se lo cuento a usted.” Dijo Harry con un ligero gesto de fastidio.

“Si así lo deseas, pero lo importante es que tu identifiques el motivo de lo que sueñas.”

“Eso lo sé hacer perfectamente, profesor.” Dijo Harry con tono de obviedad.

“Pudieras sorprenderte de lo que te falta por aprender,” dijo Dumbledore poniendo un ligero tono de regaño al final de la frase. Luego, suspiró y acomodándose las gafas continuó, “vamos, termina tu café y prométeme que por lo menos harás el intento.”

“Está bien, pero no creo que vaya a descubrir nada distinto de que mi padrino está en problemas.” El tono de voz del muchacho era irritante.

“Ya veremos.” El director tenía una pacífica expresión al decir esto.

Harry se sintió absolutamente irritado. ¡Su padrino estaba desaparecido, Harry estaba soñando que tenía problemas y el Director de Hogwarts le pedía que analizara sus sueños! ¡Seguramente había algo más objetivo que hacer que esto!

“Profesor,” intentó que su voz no mostrara lo enojado que estaba, “¿podría pedirle que trate de localizar a Sirius en lo que yo descifro mis sueños?”

“De hecho, Harry, ya lo están buscando.”

***************

Abandonó el despacho del Director aún más molesto. Sin fijarse adonde iba, se dio cuenta de que había llegado a la entrada del Gran Comedor, cuando casi chocó con el costado derecho de Ron.

“¿Dónde estabas?” le preguntó Ron con una sonrisa de oreja a oreja, al tiempo que Hermione avanzó un paso al frente para saludarlo.

“Buenos días, Harry,” la voz de Hermione tenía un ligero tono cantarino, y a pesar de su molestia Harry noto que no lo veía directo a los ojos y sus mejillas habían adquirido un delicado tono carmesí.

“Con Dumbledore,” respondió observándolos con el ceño fruncido. No estaba de humor para el ambiente festivo.

“Si no les molesta,” la voz de Blaise Zabini se oyó detrás de ellos, “quisiéramos entrar.”

Los tres voltearon al mismo tiempo, Harry se movió para dejarlo pasar y detrás de él, apareció Draco Malfoy.

El rubio cabello que siempre llevaba perfectamente peinado hacia atrás, ahora caía dócilmente por las pálidas mejillas. Debajo de la capa negra vestía un suéter color vino y unos pantalones de algodón color beige claro y unos cómodos zapatos de gamuza natural.

Sin mirar a Harry, saludó a Ron con un tono frío pero cortés, “Weasley,” y después, mirando a Harry de soslayo, se pasó la mano izquierda por el cabello, dejándoselo de lado, volvió a ver a Ron y dijo con una voz un poco menos fría, “me gustaría hablar contigo más tarde.” Sus ojos bajaron por una fracción de segundo a las manos unidas de Ron y Hermione y una de sus cejas se arqueó apenas. Hizo una leve inclinación de cabeza hacia la chica, que bien podría interpretarse como un saludo. Pasó de largo frente a Harry ignorándolo por completo.

El rubor de Hermione era ahora de un ciruela subido.

Blaise, que se había adelantado, volteó para ver si Draco lo seguía y pudo ver como Harry seguía a Draco con una mirada intensa y tragaba con dificultad.

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