| El Dormitorio de Gryffindor |
Capítulo 8: Intromisiones
El crepúsculo comenzó a quemar el cielo. Los intensos colores estaban perfectamente separados en cada tonalidad, en una bellísima explosión de dramatismo.
Cambiando de opinión, Harry regresó a los terrenos y volvió a sentarse, era un excelente momento para estar a solas.
Pensando en todo y en nada. Divagando, planeando, recordando. Uno de esos periodos de paz para pensar en sus asuntos sin que nadie le estuviera preguntando '¿qué pasa?', que tanto le gustaban y de los que ya casi nunca disfrutaba. Sin embargo, ahora no sentía mucha paz que digamos, aquella extraña sensación en el pecho que el sueño con su padrino le había provocado seguía presente. Además tenía que sumar el terrible deseo de venganza que sentía hacia Malfoy y que permanecía en su estómago como un inquilino latoso. El recuerdo de la noche anterior trazaba pinceladas agridulces en cada uno de sus pensamientos. Observando los drásticos colores del cielo, pensó que reflejaban exactamente sus emociones, contrarias, opuestas, pero sin duda intensas. Por último, Ron y Hermione, con su eterna ceguera hacía sí mismos, sería tan pacificador que se dieran cuenta de sus sentimientos. Ojalá y eso sea el motivo por el que no han venido a buscarme, pensó con una ligera sonrisa.
Harry permaneció fuera del colegio hasta que la noche invadió por completo los terrenos y el bosque prohibido. Una ráfaga de viento helada anuncio el descenso de la temperatura y Harry sintió los primeros signos de que hacía unas buenas horas que no había probado alimento.
Con una última mirada hacia la bóveda celeste, volvió a preguntarse por enésima vez donde estaría Sirius. Le encantaría ver llegar a Hedwig con la respuesta de su padrino y poder leerla a solas. Se levantó y muy calmadamente quitó las hierbitas que se habían adherido a su túnica. Deberías ir a ver al Director, dijo la vocecita en su cabeza. No, todavía no. respondió con firmeza, Todavía no.
Comenzó a caminar hacia el castillo y volvió al asunto del plan, la capa de invisibilidad seguía en poder de Malfoy. Tendrían que verse casi a diario aunque no quisieran por el trabajo de investigación de Pociones, lo malo era que siempre estaría presente Zabini, Bueno, pensó malicioso, eso tal vez sea un problema para Malfoy, porque yo cuento con Ron, lo que facilitará mis planes. Si, definitivamente Ron y Zabini harán el trabajo de investigación en la biblioteca, Malfoy y yo tendremos que resumir la información y trabajaremos por parejas...
Otra ráfaga alborotó su cabello y lo hizo estremecerse al entrar al castillo. Se dirigió al Gran Comedor y justo en la entrada se encontró cara a cara con Malfoy que venía hablando tranquilamente con Zabini.
La expresión de Malfoy se volvió de piedra al instante y sus ojos se oscurecieron casi por completo.
El cuadro era incómodo, nadie hablaba y Zabini sintió que estorbaba, qué tontería, pensó y decidió cortar el denso y pesado clima que había aparecido de la nada.
"Hey Potter," habló mas fuerte de lo usual y los tres se sobresaltaron, "¿Dónde has estado? Hemos tratado de establecer con Weasley una 'cita' para ponernos de acuerdo sobre el trabajo, pero al parecer tu tienes que darle permiso para que siquiera hable con nosotros." terminó con un gesto de fastidio.
"No es necesario gritar, Zabini" respondió Harry sin quitarle los ojos de encima a Draco que también lo veía fijamente. Harry sintió de pronto la boca muy seca, así que se pasó lentamente la lengua por lo labios y continuó con voz mas profunda de lo habitual, "Dónde he estado no es asunto tuyo, y ya que lo mencionas, efectivamente Ron y yo tenemos que ponernos de acuerdo antes de hablar con ustedes." Dicho esto, su mirada hacia Malfoy se intensificó aún más y enseguida miró a Zabini ignorando a Draco por completo. "Pero, creo que terminando la cena podremos ponernos de acuerdo." Se dio la vuelta sin esperar respuesta y entró al Comedor.
"Tonto arrogante," murmuró Zabini con rabia. Draco lo miró de soslayo.
"Cuidado Blaise, arrogante si, pero tonto, definitivamente no." Dijo también por lo bajo.
"Por favor Draco, no me digas que nos ajustaremos a la 'agenda' de ese par," respondió Zabini con un tono sumamente fastidiado, ignorando el hecho de que Draco no consideraba tonto a Potter, "si es que tienen alguna."
"En la medida en que ésta se ajuste a la nuestra," zanjó Draco enigmático.
Ambos caminaron lentamente hacia sus lugares en su mesa y Draco hizo un enorme esfuerzo por no voltear hacia la mesa de Gryffindor.
Pansy llamó a Blaise en cuanto se acercaron, su tono era tan demandante que Draco sintió un enorme alivio de ya no tener que ser él quien respondiera a sus llamados. Durante una fracción de segundo pensó que si el llamado, por exigente que fuera, viniera de un moreno de ojos verdes, no dudaría ni un instante en acudir.
Con una punzada de algo que no pudo definir en el estómago, ocupó su lugar y trató de cenar. Comenzó a divagar, había tantas cosas que anhelaba hacer y tantas tan inmediatas, urgentes. Una furia silenciosa crecía en su interior lenta, abrasadora. ¿por qué demonios tenía que ser así? De pronto la necesidad de hablar con alguien se hizo apremiante, Aja, ¿con quién? pensó con amargura. Sabes que no puedes hacer eso, dijo una voz autoritaria en el fondo de su cabeza. Ya lo sé, se respondió a si mismo con rabia.
"Será mejor que borres eso" la voz de Zabini era baja, secreta y urgente.
Lo hizo sobresaltarse aunque apenas si se notó, pero su estómago se hizo nudo. No sabía cuanto tiempo llevaba en ese estado de trance pensando en Potter. ¡Potter! sus ojos registraron lo que había escrito en la superficie de la mesa con el tenedor. Una letra H seguida del apellido estaban grabadas junto a su plato. La comida estaba intacta.
"No es asunto tuyo Zabini" trató de que su voz sonara displicente como siempre, pero un ligero temblor al final de la frase arruinó el efecto.
"No, pero de hecho, tu te estas encargando de que sea asunto de todos," mientras hablaba, Zabini puso la mano sobre las letras como al descuido. Miró fijamente a Draco y preguntó muy quedo, "¿Qué pasa?"
Draco pasó saliva con dificultad. ¿qué tanto sabía Zabini? ¿quién mas creía que sabía algo? Algo en la mirada de su compañero lo hizo sentir ganas de contarle todo. Peno no tuvo tiempo de pensar más, frente a ellos sonó una voz varonil y burlona, que le provocó oleadas de esa sensación agridulce de anticipación que se le estaba volviendo adicción.
"No sabía que fueras tan remilgoso Malfoy, vamos Zabini, ya es lo bastante grandecito para decidir si quiere comer o no." los ojos de Harry centelleaban con una malicia teñida de algo más, algo que sólo Draco captó. "Es tarde, creo que tenemos que ponernos de acuerdo sobre el trabajo y yo francamente, no tengo tiempo para esperarlos eternamente."
Draco se repuso de inmediato y moviendo la cabeza con fastidio dijo, "Esos modales, Potter," se levantó y levantó el mentón mirando desafiante a Harry y a Ron que estaba detrás de éste. "¿Ya tienen tiempo de hablar?" chasqueó la lengua tres veces seguidas como con pesar "Qué pena, porque resulta que estamos muy cansados y tendremos que dejarlo para mañana" dicho esto, se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida del Gran Comedor, seguido de Zabini que solo atinó a ver intrigado a Harry antes de alcanzar a Draco.
"¿Qué diablos fue eso?" Zabini lo detuvo del brazo en cuanto salieron del Gran Comedor. "A ver Draco," dijo con impaciencia colocándose las manos en la cadera, "Se supone que tenemos que hacer una investigación con ese par de payasos, y por si no lo recuerdas, no son tan buenos como nosotros, lo que significa que tendremos que hacer la mayor parte del trabajo y no tenemos tres años para hacerlo, sino tres semanas." Bajó la cabeza con exasperación y luego levantó los ojos para ver a Draco y continuar con su sermón, pero la expresión en los usualmente fríos ojos grises lo desarmó. Decidió hacer otro intento y preguntó nuevamente, pero esta vez con un tono que decía claramente que no admitiría otra evasiva "¿Me vas a decir que pasa o tendré que darte Veritaserum?"
Draco lo miraba con una mezcla de ira y confusión. Tal vez sería mejor hablar y descargar un poco de la tensión que lo atormentaba. No. No podía confiar en nadie. Ni siquiera en Zabini, aunque le hubiera confesado que tampoco él quería ser Mortífago.
Una imperiosa voz de mujer los interrumpió.
"Sr. Malfoy, tengo que hablar con usted, el señor Zabini puede continuar platicando con usted en su sala común. Por favor" La profesora McGonagall estaba parada en la entrada del Gran Comedor mirando severa a los muchachos.
Zabini hizo un ligerísimo ademán de asentimiento y echó a andar alejándose. Draco se preparó mentalmente para aguantar un sermón de la profesora, aunque no sabía el motivo, ahora no tenía ganas de pensar ni discutir, solo quería estar a solas en su dormitorio. Seguramente Weasley lo había acusado de no querer cooperar con ellos.
"No se si el profesor Snape lo ha notado, de cualquier forma yo hablaré con él de esto. ¿Puedo saber porqué ha dejado de alimentarse adecuadamente? Lleva varios días sin probar prácticamente bocado. Aunque no sea usted de mi agrado, como profesora tengo la obligación de actuar en estos casos. Si se siente indispuesto, vaya a ver a Madam Pomfrey, pero ponga un remedio. De lo contrario, tendremos que avisar a sus padres." Dijo todo esto casi sin pausa, mirándolo estricta. Un levísimo destello de preocupación pasó por sus severos ojos, "¿Me expliqué?"
"Si profesora." Draco se sentía incómodo. No sabía qué hacer o cómo reaccionar, nunca hubiera esperado que la Profesora McGonagall se preocupara por su salud.
Ella se dio la vuelta y se marchó. Draco se dejó caer contra la pared y cerró los ojos, Ahora esto, ¿cuánta gente más se va a meter conmigo? Ciertamente no estaba acostumbrado a dar explicaciones sobre su comportamiento y mucho menos a ser juzgado en el colegio. Era una sensación muy incómoda.
De pronto, de la nada, un brazo rodeó su cintura en una fracción de segundo y lo jaló violentamente hacia delante, cuando abrió los ojos, jadeó por la sorpresa y una borrosa visión le reveló unos ojos verdes a unos milímetros de los suyos y un dulcísimo aliento se mezcló con el suyo, mientras el fantasmal roce de unos húmedos labios sobre los suyos le provocó que el estómago se le subiera a la garganta.
"Nunca," la voz de Harry era un seductor susurro, "te vuelvas a atrever," sus labios rozaban los de Draco en cada sílaba, "a dejarme," su labio inferior fue suavemente presionado entre los de Harry, tan suave que creyó que lo había imaginado, "con la palabra," instintivamente buscó hacer contacto pleno, "en la boca."
Harry se hizo bruscamente para atrás pero no soltó su cintura, Draco lo siguió buscando esa boca y pensando nebulosamente en una respuesta mordaz, pero en seguida se quedó helado. Alguien se reía por lo bajo detrás de Potter. Su cerebro registró el sonido y al reconocer al dueño, deseó que la tierra se abriera y se lo tragara para siempre. Weasley.
¿Qué diablos significa esto? Por un instante se sintió terriblemente humillado. Claro que ya había contemplado la posibilidad de que Potter estuviera haciendo todo aquello para hacerlo quedar en ridículo, pero, la respuesta física que se había evidenciado en sus encuentros no correspondía a esa posibilidad. Y en cuanto a Weasley, no se había tragado el cuento el asunto de la 'amistad', y de hecho, no había vuelto a pensar en ello para nada, pero bien podría ser un plan. De momento tenía que salvar un poco de orgullo y cómo no, provocar una vez más a Potter. Sus pensamientos corrían a la velocidad de la luz, se dio cuenta de que sólo tenía dos opciones. O se zafaba de Potter y le daba un puñetazo armando un escándalo, o lo provocaba, invertía los papeles y de paso ponía a prueba el asunto de la 'amistad' de Weasley.
Escogió la segunda mientras veía las dilatadas pupilas de su captor. Puso un brazo entre el pecho de Potter y el suyo, ejerciendo una firme presión. Con enorme esfuerzo, cambió la expresión asombrada y anhelante que Weasley no podía ver por una de profundo asco. Sus piernas estaban colocadas entre las de Harry. El moreno estaba mejor parado que él.
"Demonios, Potter," hizo un supremo esfuerzo por lograr un punto de apoyo y empujar a Harry lejos de sí, "Tu necedad no tiene límites ¿o si?" Con la otra mano se limpió los labios como si hubiera probado una poción especialmente asquerosa. "¿Hasta cuando vas a seguir así?" Movió la cabeza con estudiada paciencia.
Harry aún no había soltado del todo a Draco, su mano seguía apoyada en la cintura y al escuchar las palabras agrias del chico rubio, pero más que nada, al ver el gesto de asco, un fogonazo de furia subió desde su estomago hasta sus ojos.
"¡Oh! ¡Por favor Malfoy! lo disfrutas tanto como yo." Al decir estas palabras sujetó a Draco por el cinturón y lo jaló tan fuerte que el rubio tuvo que amortiguar el choque de sus cuerpos con ambas manos. Harry emitió un extraño sonido que pareció una risa burlona, "Y lo seguiré haciendo el tiempo que me plazca."
"Confías demasiado en ti mismo Potter," Draco hizo una mueca que intentaba ser una sonrisa, pero mas bien fue un gesto de cansado desdén, presionando un poco más.
Funcionó. Harry lo empujó contra la pared, ocasionando que su espalda y su cabeza golpearan fuerte el muro, pero el efecto se suavizó de inmediato al sentir las manos del moreno envolver posesivamente su cintura y espalda. La boca buscó demandante la suya y Draco reprimió el infinito deseo de abrazarlo también. Solo se dejó hacer.
Harry abrió sus labios con violencia e invadió el interior como si fuera lo último que haría en la vida. Draco sintió una leve molestia por la violencia de los movimientos, pero enseguida las sensaciones se mezclaron y definitivamente podría soportar la rudeza siempre y cuando esas manos no lo soltaran y esa boca no se fuera de la suya.
El ruido del tropel de alumnos que se acercaba arruinó con el momento. Aunque con pesar, Draco aprovechó para girar la cabeza y romper el contacto. El ruido crecía y Harry no lo soltaba, de hecho se inclinó para volverlo a besar, pero Draco volvió a girar la cabeza y los labios de Harry terminaron en su oreja.
Durante un brevísimo instante, Draco sintió su oreja devorada por la boca dominante de Harry y las palabras que susurró le provocaron deliciosos estremecimientos, que se mezclaron con la angustia de que la escuela en pleno los descubriera.
"Mañana, a las cinco en la biblioteca, no se atrevan a faltar.” Por fin lo soltó y retrocedió dos pasos, justo en el momento en que los primeros alumnos salieron del Comedor.
En cuanto su campo visual se amplió, pudo ver a Weasley que tenía la mas extraña expresión en el rostro y miraba de Harry a él con la boca abierta. Lo había olvidado por un momento, pero ahora con la gente deambulando a su alrededor, se sintió muy, muy perturbado.
Potter lo veía con una mirada inescrutable. Draco decidió terminar con la situación y separándose de la pared con su grandiosa elegancia, se ajustó la túnica y pasó de largo murmurando un "Buenas noches," apenas audible.
Con grandes zancadas llegó hasta las mazmorras y apenas había entrado a la sala común, cuando Blaise le salió al paso.
"¿Qué diablos fue todo eso?" La expresión de Blaise era casi la misma de Weasley instantes antes.
Otra alarma sonó en su cabeza. ¿Había Zabini presenciado lo ocurrido? Por Merlín, necesitaba con más urgencia que nunca estar a solas y poner en orden sus ideas y sobre todo, idear cómo saldría airoso de cada situación.
Con un gesto negativo de enorme cansancio, comenzó a andar hacia el dormitorio, intentando zafarse de Blaise sin decir nada, pero éste lo siguió en silencio.
Al llegar a la puerta, Draco se volvió bruscamente y lo detuvo. "Déjame en paz, estoy muy cansado y ..." Inclinó la cabeza hastiado, buscando la frase siguiente que se negó a salir.
Blaise lo miraba con profunda preocupación, con mucho cuidado le puso una mano en el hombro y con voz suave y cautelosa preguntó "¿Draco? ¿estás bien?"
Draco levantó los ojos, viendo sin ver. "No, obviamente no, pero no es asunto tuyo, así que, ¿por qué no me dejas solo?" parecía que le hablaba al aire.
"No creo. Ven," suavemente Blaise lo condujo hacía la cama, Draco no opuso resistencia y ambos se sentaron.
"Draco, ¿qué es exactamente lo que está pasando entre Potter y tu?"
"¿Harry?" Ron lo seguía con dificultad. Aunque era mucho más alto que su amigo, éste iba caminando con zancadas tan grandes que parecía que volaba. Era la cuarta vez que intentaba hablarle, pero el chico ni siquiera daba muestras de saber que iba detrás de él. "¡Harry!"
"¿Qué?" casi gritó, pero no aminoró el paso. Llegaron al retrato de la señora Gorda y justo antes de que Harry dijera la contraseña, Ron lo detuvo con fuerza del brazo. "¿Qué, Ron?"
Ron lo soltó como si quemara. Nunca había esa expresión en el rostro de su amigo. Hermione tiene razón, pensó ligeramente alarmado. "Cálmate, yo sólo-"
"Ya viste lo que querías, ¿ahora qué?" contestó Harry sumamente enojado, con los puños cerrados y con la mandíbula tensa.
Ron retrocedió dos pasos haciendo ademanes negativos con ambas manos. Ahora el enojado era él, "¡Ah, no! ¡Yo no quería ver! ¡Tu te pusiste necio cuando te insinuamos que 'no pasaría nada' entre ustedes dos! ¡Tu quisiste que comprobara tus avances! ¡Bueno, ya los vi! ¡No tienes por que ponerte violento conmigo!" ambos estaban respirando con dificultad y se veían como si estuvieran a punto de iniciar una pelea.
La señora Gorda los veía aterrorizada y emitía gemiditos de angustia.
El retrato se abrió de repente y Hermione salió por él apresuradamente buscando el origen de los gritos.
"Por Dios, ¿qué pasa?" Los veía con el ceño fruncido y cómo no parecieron darse cuenta de su presencia, gritó "¡Hey!"
Ron parpadeó apartando la vista de Harry pero éste, sin apartar los ojos de su amigo, respondió agriamente.
"Ya te oímos, no tienes que gritar Hermione," soltando un resoplido exasperado, miró a su amiga y se dio la vuelta para entrar a la Sala Común. "Los veo mañana."
Sin más, desapareció por el retrato.
Ron y Hermione se quedaron viendo perplejos.
"¿Por qué estaban peleando?" preguntó al fin la chica.
"No lo sé," contestó él aturdido. "supongo que se arrepintió de haberme retado a comprobar las cosas."
"¿Y?"
"Pues...," no sabía como poner en palabras ante ella lo que había visto. Se pasó una mano por el pelo, nervioso. El enojo se iba disipando lentamente para dejar paso a lo asombroso de la situación.
"¿Tan grave es?" lo interrumpió ella con gran preocupación.
"Define 'grave'," Ron sonrió con una mezcla de diversión, malicia e incomodidad.
"¡Ron!"
Poco a poco, la incomodidad de Ron terminó de convertirse en una risa maliciosa. "Bueno, fue... estimulante, creo." Se quedó pensativo un momento y luego volvió a sonreír.
"¿Estimulante?" preguntó ella incrédula. "Ron, ¿qué viste?" lo miraba con una expresión extraña en sus bonitas facciones.
Ron volteó a verla y al captar lo que la chica estaba pensando, soltó una sonora carcajada.
"Ven, vamos a entrar, nos tomamos una cerveza y te cuento," la tomó del brazo con cariño.
"Pero, Ron, Harry debe estar ahí," dijo ella rehusándose a avanzar.
"No. Estará en su cama refunfuñando. No lo vamos a ver hasta mañana, no te preocupes, vamos," dijo él con mucha seguridad y desaparecieron por el retrato.