El Dormitorio de Gryffindor
Lógico e Inevitable
Escrita por: Nalero
Historia Original en Español

Capítulo 10: Civilidad Forzada

Harry se sentó aparentando una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir. La biblioteca estaba llena de alumnos y aunque nadie hablaba, le parecía que todos hablaban y en voz alta.

Ron todavía no llegaba y Harry estaba molesto por la tardanza. No habían pasado ni dos minutos después de las cinco de la tarde, hora de la cita con Draco y Blaise y aunque todavía era buen tiempo, Harry estaba nervioso, no quería que llegaran ellos dos antes que su amigo.

Desde el momento en que había visto a Draco en la mañana, no había podido dejar de pensar en él. Esto ya no era ninguna novedad, pero el cambio de look del chico rubio había surtido un efecto tremendamente perturbador en el Harry consciente.

El cabello rubio, suelto, cayendo como dóciles hilos de plata, sirviendo a un único objetivo: resaltar magníficamente el exquisito rostro de Draco.

Además, el efecto alcanzaba magistralmente al resto del cuerpo, haciéndolo lucir terriblemente sexy en todo su conjunto. Bueno, eso no es noticia de última hora o ¿si?, dijo la voz de su cabeza, esa odiosa que aparecía en los momentos en que menos necesitaba Harry comentarios mordaces, sólo que ésta vez no reparó en cuanto le molestaba y respondió sin chistar, No, no, no, ahora es diferente. De alguna forma, se ve mucho mejor que antes. Define ‘mejor’, lo instigó la voz, No se, más... o mejor dicho, menos...no se ... ¿Ajá? Más auténtico, sí, eso es. ¿Más definido? Si, más Draco. Siempre ha sido Draco, ¿sabes? Si, pero, de alguna forma lo percibo menos Malfoy. No te engañes, nunca dejará de ser un Malfoy. No, ya lo sé. Su estómago se retorció ante al recordar lo desagradable del modo de ser de los Malfoy, siempre pedantes, siempre tan molestos. Está en sus venas, lo sabes bien, Si, ya lo se, pero... ¿Pero? No aquí no hay peros que valgan, precisamente esos modos y por supuesto, el odio tan grande que siente po ti, fueron los que originaron todo esto ¿o me equivoco?

Harry decidió ignorar esté ultimo pensamiento y volvió a la nueva imagen aún más adictiva de Draco. Pegaba nerviosamente con la punta de su varita sobre la mesa, en un movimiento continuo que hacía pareja con el nervioso meneo de sus pies, que subían y bajaban sin interrupción Mmm...¿Estás asustado? Preguntó de nuevo la voz, ¡Por supuesto que no! ¿Porqué habría de estarlo? Mmm...no se... ¿por dónde empiezo? ¿Ver a Draco otra vez? O tal vez ¿estás enojado? Tendrán que estar los cuatro juntos y no a solas tu y Draco, cómo te habría gustado, se quedó meditando en ese pensamiento cuando Ron dejó caer aparatosamente su mochila frente a él Harry dio un respingo y lanzó una palabrota.

“¡Demonios Ron! ¿Qué forma de llegar es esa? ¿No puedes comportarte mejor?” casi gritó sin importarle que estuvieran en la biblioteca, mientras se levantaba a recoger su varita, que había salido disparada de su mano al brincar por el susto.

Ron lo miró sorprendido por el regaño, pero enseguida sonrió.

“¡Perdón, Señor Mal Carácter!” Respondió también en voz alta y jaló la silla para sentarse. Luego, recordó que estaban en la biblioteca y bajó la voz “Cálmate, ¿quieres? Nos van a regañar.” Su tono de voz no sonaba ofendido, pero si un tanto frío.

Harry se sentó frente a su amigo algo arrepentido, “Perdón, no quise gritarte, pero es que me diste un susto del demonio,” Al decir esto, vio la figura de la Sra. Pince que se acercaba a grandes zancadas con cara de querer matarlos. “¿Ahora qué?” se acomodó en la silla, lo más erguido posible y se alisó la túnica esperando el regaño.

“Sr. Potter, Sr. Weasley, se muy bien que ustedes dos no consideran que las reglas del Castillo apliquen para sus personas, pero como sigan comportándose de ésta forma, tendré que mandarlos a detención, ¡Esto es una biblioteca! ¡Un lugar sagrado de estudio!” Terminó alzando ella misma la voz.

Draco y Blaise hicieron su aparición justo en ese momento para oír la reprimenda. Avanzaron lentamente, disfrutando del regaño. Harry vio como se levantaban las comisuras de la boca de Draco, en su odiosa sonrisa torcida, enmarcada en el rostro que más veía en sus pensamientos últimamente y el que más necesitaba ver físicamente. De inmediato se olvidó de la Sra. Pince, de Ron, de que estaba en la biblioteca. Sus ojos no se apartaban del rubio, maravillándose de la forma en que el cabello suelto destacaba salvajemente sus atractivas facciones.

“Lo siento Sra. Pince, no volverá a ocurrir” dijo Ron con un suave tono, intentando calmarla.

Cuando la Sra. Pince se dio la vuelta, se topó con Draco y Blaise. Sin inmutarse, levantó el dedo índice derecho y les señaló otra mesa “Allá hay lugares disponibles.”

“Vamos a trabajar con ellos, gracias” dijo Blaise en un tono neutral.

“¿Qué? ¿Van a trabajar con ellos? ¡El cielo no lo permita! ¡De ningún modo! ¿A quien se le ocurrió semejante barbaridad?” dijo agudamente y sin esperar la respuesta, añadió “Tengo que hablar con el Director, esto no puedo permitirlo.” Comenzó a caminar rápidamente pero la voz de Draco la detuvo.

“Esta barbaridad se le ocurrió al Profesor Snape y supongo que el Director lo sabe perfectamente.” Le dedicó una de sus pedantes sonrisas y aguardó a que ella procesara la información. “Gracias, Sra. Pince.” Su falsa sonrisa amable indicaba claramente que ella se estaba tardando en marcharse.

Ella no se dejó amilanar, “ De cualquier forma, hablaré con Dumbledore,” se dio la vuelta y comenzó a caminar, “Nada bueno puede salir de esto”.

“Eso está por verse,” susurró Draco que seguía bajo la intensa mirada de Harry.

“Buenas tardes, Potter, Weasley” dijo Blaise sonriendo con una amabilidad fingida.

“Buenas tardes, Zabini, Malfoy.” contestó Ron. Cuando se percató de que su amigo no contestaba y continuaba mirando fijamente a Draco, le pasó la mano frente a los ojos, “¿Harry?”

“Buenas tardes.” Contestó Harry parpadeando, y luego fulminó con la mirada a Ron.

Ron encogió los hombros y lo miró con expresión de ¿Ahora qué hice? Y después, su mirada se iluminó al comprender. “Perdón” gesticuló, mientras los otros avanzaban hacia las sillas libres.

“Muy bien,” dijo Zabini sentándose, “Bibliotecaria entrometida fuera de combate, vamos a trabajar.”

“Ok Potter”, comenzó Malfóy con tono autoritario, “veamos qué tan imaginativos son.”, se acomodó en la silla, cruzó las piernas y los brazos en actitud de espera.

“¿De qué hablas?” Preguntó Harry imitando los movimientos de Draco. “Se supone que los buenos en Pociones son los Slytherins, así que deben tener muchas ideas para este trabajito”

“Ah, eso es indudable,” contestó Zabini, sacando un dulce de su mochila y metiéndoselo en la boca, “pero no esperarás que les digamos qué hacer” siguió hablando con el dulce en la boca, entorpeciendo su dicción. “Por una vez, les toca pensar.” Terminó con una gran sonrisa, que mostró sus dientes pintados de azul por el dulce.

“¡Puagh!, ¡Zabini! ¡Eso es repugnante!” dijo Ron con una mueca de asco.

“Mmm...., me parece que nos dividiremos las tareas,” intervino Harry, evitando que Zabini contestara agresivamente a Ron, lo que los llevaría indudablemente a una sesión de ofensas sin sentido. Observó a Draco y a Blaise detenidamente. “Me parece que tu y Ron harán las investigaciones y Malfoy y yo prepararemos la poción. Así las tareas quedan divididas de forma justa y todos trabajamos.” Les dedicó una encantadora sonrisa, una que Ron no había visto nunca y por lo visto Draco tampoco, porque lo veía con extrañeza, pero muy atento.

El efecto se dejó sentir también en Zabini, que de inmediato se enderezó en su silla muy dispuesto, “Me gusta tu idea Potter,” le sonrió a su vez, “y, ¿qué es lo que vamos a hacer” preguntó con expresión inocente.

“Mmm... no se,” dijo Ron con expresión también inocente, “¿Cómo qué se les ocurre?”

Draco, que había estado observando nada más, se irguió, apoyó los brazos en la mesa, entrelazando las manos y habló con voz clara y firme, “Hay una poción muy antigua,” se interrumpió y paseó la mirada de Ron a Harry y viceversa, “realmente no es difícil en cuanto a ingredientes, lo interesante es la ‘forma’ en que se tiene que preparar...” Hizo una pausa, evaluándolos, “ por nosotros no hay problema, pero no se si ustedes estarán a la altura...” lo dijo con sarcasmo y dejó la frase ahí, para que hiciera su efecto.

“¿A qué te refieres con ‘no se si estarán a la altura, Malfoy?” Preguntó Harry con cara de fastidio, ¿qué acaso no se daba cuenta Malfoy de que Harry acababa de evitar que comenzaran una discusión por los comentarios de Ron? “Explícate.”

“Esto no nos gusta a nosotros más que a ti, que te quede claro Malfoy,” intervino Ron con tono de advertencia.

“¡Por favor! No se ofendan,” dijo Draco cambiando su tono a uno más conciliador y sonriendo divertido, “No se trata de capacidades, sino de temperamentos,” su sonrisa se hizo más amplia y con ese sólo gesto dio a entender que el temperamento de los Gryfindors era su más grande problema.

“Está bien, está bien,” dijo Harry controlando su molestia, “¿Podrías decirnos por lo menos de qué se trata?” Preguntó con el tono más amable que pudo encontrar.

“Por supuesto,” contestó Zabini muy colaborador, “Se trata de la poción Revelo Sensi,” los observó atentamente, como esperando que el nombre les dijera algo a Ron y a Harry.

Harry levantó las cejas y movió la mano derecha en círculos, indicándole que continuara.

“Era de esperarse, perdón, sin intención de ofender, pero es lógico.” Dijo con tono divertido, iba a continuar pero Ron lo interrumpió.

“¿Y?”

“¿Sabían que son las personas más enervantes de toda la escuela?” preguntó Harry en un tono que indicaba que estaba hablando para evitar golpearlos.

“¿Sabes Draco?, creo que esto no es buena idea, no va a funcionar si estos dos no pueden controlarse.” Dijo Zabini sentencioso, levantándose con actitud de ofendida resignación.

Harry explotó, una cosa era controlarse para intentar llevar una conversación civilizada, para ponerse de acuerdo, soportando las de por sí odiosas presencias de los slytherins y otra era permitir que Zabini los tratara de esa forma tan despectiva. Se levantó bruscamente y extendió un brazo para tomar a Zabini de la solapa de su capa, pero Draco lo interceptó en el aire, cerrando la mano sobre la de Harry.

Ron se levantó a su vez y Zabini dio dos pasos hacia atrás, con expresión de fingido asombro.

“A eso es precisamente a lo que nos referimos, Potter,” dijo Draco, bajando la mano de Harry hasta posarla suavemente sobre la mesa, pero sin soltarla, “la poción no permite que te descontroles de esta forma, por lo menos mientras la preparamos.”

Harry los veía molesto y desconfiado, pero no por eso dejó de sentir el agarre de Malfoy, tan seguro y cálido que estaba deseando que no liberara su mano. Sin embargo, hizo acopio de su autocontrol y bajando la mirada significativamente hacia las manos de ambos, levantó una ceja, expectante.

Draco siguió la dirección de su mirada y lo soltó con un movimiento suave, en el que al final, con el dedo índice, recorrió el dorso y la parte superior del dedo medio de Harry.

Ron y Blaise fingieron no ver nada.

“Ok,” comenzó Draco con tono resuelto, volviéndose a sentar y haciéndoles señas a los demás para que hicieran lo mismo, “ vayamos al grano. La poción es muy antigua y ya nadie la prepara, de hecho, está prohibida, lo que no será un problema para nosotros, por supuesto. Tendremos que investigar los ingredientes, porque obviamente no tenemos a la mano libro alguno que hable de la receta completa. Solo se que hay referencias ella en diversos libros y habrá que buscarlos para completar la lista. Donde se complique, estoy seguro, Weasley, que tu novia nos será de gran ayuda.” Concluyó muy seguro.

Harry y Ron lo veían con gesto de extrañeza. Zabini se entretenía en quitarle imaginarias pelusas a su túnica.

“Un momento Malfoy, dijo Ron, ¿No acabas de decir que es una poción prohibida? luego, ¿no mencionaste algo de que eso no sería problema?, y para terminar, ¿si no sería problema, porqué tenemos que armar la lista de pedacitos y si no lo logramos, acudir a Hermione? No te entiendo.” Movió la cabeza negativamente.

Harry suspiró profundamente, ahí venía de nuevo la discusión.

“Te explico,” contestó Draco sin el menor asomo de molestia, dejando a Harry sorprendido. “Sí es una poción prohibida, pero el profesor Snape nunca dijo que no podríamos realizar nuestro trabajo dentro de ese campo de acción. Por ello, yo hablaré con él para que nos de su autorización, como todos saben, mi relación con el profesor va más allá del clásico maestro alumno.” Les guiñó un ojo de una forma cómplice, que pareció tan natural que Harry se preguntó si alguna vez habían sido enemigos. “sin embargo, no podemos esperar que el profesor nos de la información, pues de eso se trata todo esto, nosotros tenemos que investigar, pero, si no logramos completarla, Hermione Granger es especialista en conseguir datos difíciles, ¿o me equivoco?”

“No, ciertamente no te equivocas,” contestó Harry, todavía en su expresión se veía un dejo de incredulidad, “pero seguimos en el terreno de la especulación, no estamos seguros de la autorización, y tampoco de que Hermione quiera apoyarnos, recordemos que ella también tiene su propio trabajo.” Al terminar de decir esto, su expresión era ceñuda.

“Bien,” interrumpió Zabini, “entonces, tendremos que conseguir hoy mismo la autorización y comenzar a investigar, ya que estamos aquí,” su tono era alegre, como si ya tuvieran el 90 por ciento del trabajo hecho. “ Ustedes dos vayan al despacho del Profesor Snape, mientras Weasley y yo...” Draco y Blaise se estaban levantado con aire decidido.

“Un momento,” los atajó Harry, “todavía no terminan de explicarse, ¿porqué está prohibida esta poción?

Draco sonrió. Había estado esperando que Harry preguntara, no creía que se dejara convencer tan fácilmente, sin conocer a fondo los detalles, los cuales él había trato de omitir a propósito.

“Bueno,” se sentó nuevamente frente a Harry, inclinándose mucho hacia él, “la prohibición se deriva de la dificultad de prepararla, y obviamente del resultado que se obtiene, el cual variará según el curso que sigan las emociones de quien la prepara.”

Aunque Harry estaba cómodamente recostado en su respaldo y los separaba el espacio de la mesa, sintió la cercanía del chico rubio como si lo tuviera a escasos centímetros de él, trayendo a su mente todo el torbellino de imágenes y sensaciones aromáticas y táctiles que lo hicieron desear estar solo con Draco. Se recuperó apenas lo suficiente para preguntar, “¿Qué quieres decir?” preguntó con voz más gruesa de lo habitual, tragando en seco.

Draco, divertido, lo observó hacer el esfuerzo de tragarse el impulso de hacer algo inapropiado, levantó muy ligeramente una ceja y sus labios se curvaron casi imperceptiblemente en una sonrisa de autocomplacencia.

“En realidad no es para preocuparse, únicamente tendremos que controlar nuestras emociones, o mejor dicho, nuestros sentimientos, mientras la preparamos, ya que...” hizo una pausa deliberada, “bueno, se supone que el efecto de la poción en quien la toma, es revelar sus verdaderos sentimientos, es decir, su verdadero ser, pero, si la persona que la prepara, o en este caso las personas, no son capaces de ejercer un buen autocontrol sobre sus propias emociones y sentimientos...” otra pausa significativa, “entonces transmitirán todo lo que sienten a la poción y la víctima que tome el brebaje tendrá un bonito descontrol sobre sí misma, el cual puede ser agresivo, tierno, pasional, etc. Por ejemplo, odiará profundamente a los enemigos de su victimario, cuando probablemente ni siquiera los conozca. O tal vez se comporte de forma protectora hacia hijos que no son suyos, etc. Creo que el más vergonzoso de los casos es cuando desea consumar una pasión con alguien inadecuado. En fin, por eso está prohibida, porque e utilizaba para que otros ejecutaran el trabajo sucio, en todos los terrenos, del preparador y no realmente para que las víctimas revelaran sus verdaderos sentimientos.”

Durante todo el tiempo que tardó en explicar, Draco observó detenidamente los rasgos de Harry y los cambios en su expresión. Lo hizo sin disimulo alguno y se llenó los ojos de los deliciosos detalles del rostro frente a él: el suave movimiento de las aletas de la nariz, que se iba acelerando con cada palabra suya, la fascinante forma de los labios entreabiertos, que su dueño humedeció involuntariamente, provocando que a su vez, él humedeciera los suyos, la dilatación progresiva de las pupilas, el parpadeo defensivo, el color tan intenso de esos ojos verdes, cada vez más oscuro, el intenso contraste de colores entre el verde y el negro de las cejas y las pestañas, el levísimo rubor que apareció en la parte alta de los pómulos. Suspiró satisfecho.

Ron los miraba intensamente, había escuchado cada palabra con atención, pero también había captado el juego de seducción. Deseó fervientemente que Harry reaccionara, pero su amigo estaba perdido en los ojos grises de Draco, como hipnotizado, y entonces optó por romper el encanto.

“Eso suena bastante peligroso,” habló con voz fuerte y clara, sobresaltando a los otros tres. “No creo que sea buena idea, podría salirse de control.”

Zabini lo miró con aire ligeramente retador. “Habla por ustedes dos, nosotros no tenemos problema alguno con el autocontrol.”

“Es peligroso si alguien bebe la poción, lo que sólo podrá suceder si logramos prepararla,” la voz de Harry se oyó extrañamente clara y controlada, como si nada hubiera pasado, “ Bien, trato hecho. Ron, Zabini, se están tardando.” Se levantó decidido y avanzó unos pasos hacia la salida, antes de voltear a ver a Draco impaciente, “¿Malfoy?”

Draco se levantó con su natural elegancia, mostrando claramente que se encontraba satisfecho por el resultado de la reunión. Ron se preguntó si no habían caído en una trampa, pero decidió que lo hablaría después con Harry.

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Narcissa se paseaba nerviosamente por el despacho de Dumbledore, se frotaba ansiosa las manos, deteniéndose ocasionalmente en el hermoso anillo de platino con un diamante rodeado de zafiros minúsculos, lo giraba en su dedo haciendo quedar la piedra contra la palma de su mano y cerraba el puño, sintiendo cómo se enterraba en su piel, pero sin hacerle daño, sólo marcando su presencia eterna y nostálgica, recuerdo de otra época, tal vez no más feliz, pero si más viva.

Ella y el Director de Hogwarts habían estado conversando largamente. Ahora se trataba de tomar una decisión.

La bella mujer se presentó de incógnito, su lechuza había llegado apenas un poco antes que ella, avisando su arribo. El Director tuvo el tiempo justo para acercarse a las rejas del castillo y conducirla al mismo por un camino que nadie conocía, bueno, Dumbledore sospechaba que tal vez lo conocieran los gemelos Weasley, pero prefería pensar que no.

“Esta decisión no nos compete, Narcissa.” Esta había sido la última frase de Dumbledore antes de que ella iniciara su paseo por el despacho quince minutos antes, en completo silencio.

“Tienes razón, no está en nosotros decidir.” Aceptó ella como si no hubiera habido pausa. “Pero toda mi vida he seguido los consejos de la cordura y la paciencia... He estado a merced de aquellos que sí siguen sus impulsos, aunque los disfracen de mil máscaras, sacrificando en el camino todo lo que he tenido para dar. He dejado que las cosas sucedan y que sigan el curso que otros deciden.” Se detuvo a medio despacho y se volvió a encarar al Director. “Sólo que esta vez, lo que se sacrificaría no es mío, por lo tanto, no me puedo quedar con los brazos cruzados.”

El Director suspiró profundamente y cerró los ojos con resignación. La mujer tenía razón. “¿Ya tienes algún plan?”

“Más o menos,” dijo ella sentándose de nuevo frente a su interlocutor. “Albus, ¿cuento contigo? ¿me ayudarás?” preguntó decidida, aunque un ligero temblor en el labio inferior delató su ansiedad.

“Supongo que no tengo otro remedio,” respondió él con amargura, ella lo miró resentida y el se apresuró a tranquilizarla, “no, no me mal entiendas, te ayudaré con la mejor buena voluntad del universo, es sólo que acabas de darme una bofetada con guante blanco.” Le sonrió con ternura.

“¿Yo?, perdóname si dije algo incorrecto... no quiero forzarte...” respondió ella visiblemente más tranquila, pero sin ocultar su incomodidad por poner al Director en una situación difícil.

“No me estás forzando, de hecho, quiero hacerlo,” le sonrió amable y comprensivo, “me refería a que tienes razón, no siempre es válido dejar que las cosas sigan su supuesto curso y que la gente que amamos salga lastimada por no intervenir a tiempo.” Su mirada reflejaba una tristeza profunda, añeja. “Hace muchos años vivimos esta misma situación y yo, en particular, me hice a un lado, creyendo que si me inmiscuía, alteraría las decisiones que eran privilegio de otros,” hizo una pausa resignada, tomó las manos de Narcissa y las presionó con un gesto que al mismo tiempo buscaba comprensión y brindaba consuelo, “ya todos sabemos las consecuencias.”

Narcissa hizo un enorme esfuerzo por no romper en llanto, pero no pudo detener una gruesa lágrima que se escabulló por entre sus negras pestañas y se deslizó traicionera por su mejilla, hasta caer sobre su manga. Un horrible nudo en su garganta amenazaba con explotar y obligarla a llorar todo el dolor que tanto trabajo le había costado disfrazar durante años y años.

Dumbledore la miró con mucho cariño y con una mano anciana, suave y sabia, limpió la mejilla de la rubia mujer, “No te preocupes, esta vez todo saldrá bien.”

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