El Dormitorio de Gryffindor
Lógico e Inevitable
Escrita por: Nalero
Historia Original en Español

Capítulo 6: La Revancha

Harry entró a las once y treinta minutos de la noche del domingo a la Torre de Astronomía. Estaba seguro de que Draco Malfoy llegaría antes de la hora de su cita para tomar ventaja. ¿Cuánto tiempo antes llegaría Draco? Como no era posible saberlo, y habiendo tenido que esperar a que todos estuvieran o dormidos u ocupados en sus propios asuntos, su reloj marcó las diez cuando se excusó con Ron y Hermione que revisaban los deberes del pelirrojo, tomó una ducha, se vistió y salió bajo la capa de invisibilidad cuando ya no hubo nadie en la sala común y Ron dormía ruidosamente.

No les había contado a sus amigos de la segunda cita para batirse en duelo con Malfoy. No tenía ganas de dar explicaciones sobre su comportamiento. Y tampoco deseaba que trataran de disuadirlo. Entrar en una discusión sobre si era muy pronto para un segundo encuentro o no, era algo que le quitaría emoción al asunto y Harry no quería que nada lo distrajera del recuerdo del sabor de los labios de Draco Malfoy. De hecho, no podía dejar de pensar en Malfoy. Todavía tenía en los brazos la sensación del cuerpo del otro muchacho. Sus dedos recordaban vividamente la cálida y agitada firmeza del torso y la espalda. El sonido de sus suaves jadeos le acompañaban a donde quiera que iba.

Por un breve momento en la ducha, un dejo de recriminación intentó colarse entre los recuerdos, pero lo ahuyentó de inmediato. No, esta vez no iba a arrepentirse de nada. Tomaría lo que quisiera y punto. A un lado las contemplaciones y la conciencia. Después de todo, Malfoy nunca se tentó el corazón para hacerme daño.

La temperatura de la Torre era mas baja de lo que había esperado. Se alegró de llevar suéter y chaqueta de gamuza bajo la capa negra con pantalones de lana.

Llevaba la varita lista para entrar en acción.

Abrió con cautela la puerta y comenzó a subir los escalones sin hacer ruido, esforzándose por percibir cualquier sombra o movimiento sospechoso. La luz de la luna se filtraba por las ventanas con una claridad fantasmal, por lo que iba cuidándose de que no se notaran sus zapatos por debajo de la capa. Al llegar al último piso, su instinto lo hizo detenerse pero fue demasiado tarde. Unos listones verdes aparecieron de la nada extendiéndose como tentáculos, lo cercaron en un movimiento veloz, lo despojaron de la capa de invisibilidad y enseguida otros plateados lo sujetaron de los tobillos y las muñecas derribándolo, dentro de su sorpresa esperaba caer estrepitosamente pero centímetros antes del suelo la velocidad de la caída se redujo y se posó suavemente de espaldas sobre la piedra helada. Quedó extendido con brazos y piernas separadas pero no dolorosamente.

"¡Qué diablos...!" Fue todo lo que salió de su boca, trató de ver a alguien pero no podía distinguir figura humana alguna.

"Tst, tst, tst," alguien chasqueó con reprobación los labios y Harry giró la cabeza buscando el origen del sonido, seguía sin poder ver a nadie.

"¿Quién está ahí? ¿Malfoy?" Por un segundo creyó que había caído en la trampa de alguien que no era Draco Malfoy, pero enseguida se aclararon sus dudas.

"Que pena, Potter," la voz inconfundible del Slytherin sonó burlona y divertida. "¿No crees que era lógico que te emboscara de la misma forma que tú lo hiciste conmigo?"

El chico rubio emergió de las sombras detrás de un largo baúl en el que Harry no había reparado. Avanzó con su andar pausado y elegante, con la varita en una mano y golpeando suavemente la otra, en un ademán desdeñoso, gozando el espectáculo que ofrecía su presa. Su cabello brillaba como hecho de hilos finísimos de plata líquida y sus ojos lanzaban destellos metálicos. Iba vestido completamente de negro, lo que resaltaba aún mas la palidez de su piel, enmarcando violentamente sus labios que lucían un rosado profundo, casi morado en esa iluminación.

Harry no respondió inmediatamente, prefirió deleitarse con el aire arrogante y displicente del Slytherin. Definitivamente le queda. Pensó complacido. Notó que las cejas de Draco eran un poco más oscuras que su cabello y que reflejaban perfectamente su estado de ánimo. Ahora una de ellas estaba ligeramente levantada, haciendo juego con la pervertida diversión de sus ojos.

"No se suponía que llegaras tan temprano, faltan 25 minutos para la hora de la cita, ¿acaso desesperado por encontrarte conmigo?" Aún estando en una posición tan vulnerable, Harry no iba a ceder, provocaría al muchacho para ver hasta donde era capaz de llegar.

Draco soltó una carcajada ronca. Caminó hasta la mano derecha de Harry y le quitó la varita con un movimiento de la suya. Harry se sorprendió de no escuchar Accio varita.

"No lo necesito, Potter. Cuando logres ser un mejor mago, te darás cuenta de lo poderosa que es la mente." Dijo retrocediendo un poco y mirándolo con la cabeza ligeramente inclinada. "Por otra parte, ya estamos en igualdad de circunstancias. Dime, ¿qué será lo que debo hacer? ¿proceder cobardemente como tú o liberarte y llevar un duelo de verdad?" Ahora jugaba con ambas varitas.

Harry sintió su sangre arder ante la frase Cuando logres ser un mejor mago, pero decidió no decir nada que echara a perder sus intenciones, ya tendría tiempo de hacer pagar al payaso insufrible por su atrevimiento.

"Lo que te dicte tu instinto, Malfoy, pero no creas que será tan fácil, aún teniéndome amarrado. No me conoces." La adrenalina corría salvaje por su sistema, provocando punzadas de ansia y anticipación en su estómago.

"Bien, entonces, creo que seguiremos bajo el mismo tenor. Pero yo no ando por las ramas, Potter. Yo no juego." Al decir esto, movió nuevamente su varita y la capa de Harry se deslizó de sus hombros. Al mismo tiempo, pareció como si unos dedos invisibles corrieran el cierre de la chaqueta y la abrieran suavemente. Harry inclinó la cabeza lo mas que pudo para ver su ropa moverse por sí sola. No iba a mostrar su alarma, pero esto no era lo que tenía planeado, por lo menos no tan pronto.

Levantó los ojos con una muda interrogación. Draco rió burlón y con otro ligero movimiento de varita, elevó al chico de cabello negro unos cuantos centímetros del suelo para aparecer un suave y delgado colchón debajo de él.

"No hay porqué pasar incomodidades." Despacio, tomándose su tiempo, se colocó en medio de las piernas abiertas de Harry. Con una gracia infinita se fue inclinando sobre Harry, se apoyó en las palmas de las manos y mirándolo directamente a los ojos, comenzó a descender lentamente sobre su rostro.

Harry sintió primero una pierna de Draco entre las suyas y no pudo evitar jadear suavemente sin dejar de mirar extasiado los ojos grises. Después, una buena parte del peso del chico rubio se posó sobre su cadera.

"Esta es mi revancha." Draco susurró estas palabras sobre los labios de Harry y al hacerlo los rozó de la misma forma que el Gryffindor lo había hecho en el invernadero. Un toque apenas.

Harry gimió al sentir el fantasmal contacto y cediendo a sus impulsos, elevó un poco la cabeza y atrapó esa odiosa y deliciosa boca que tantas veces se había burlado de él. No hubo resistencia. Nuevamente Draco respondió al contacto, pero no hambriento como la vez anterior, esta ocasión mandaba él, dictaba las pausas y los embates. Se separaba para provocar y se entregaba para gozar. Después de un larguísimo momento, Draco comenzó a bajar por el mentón de Harry, siguiendo la línea, dura y recta, aspirando el aroma que se desprendía de la piel, provocando con su recorrido estremecimientos en su presa, que emitía suaves jadeos y se arqueaba para seguir en contacto con su captor. La humedad que dejaba la lengua de Draco en el cuello de Harry provocaba que éste temblara ligeramente por la temperatura de la torre. Dándose cuenta, el rubio sonrió y no habiendo soltado la varita, hizo una demostración de fuerza en el brazo izquierdo, para con la mano derecha convocar un fuego chisporroteante que de inmediato comenzó a calentar el lugar.

Harry aprovechó el momento para seguir con la lengua el largo camino desde la base del cuello de Draco hasta el hoyuelo en el mentón. Draco cerró los ojos y ofreció la piel hasta que Harry reclamó la boca que el rubio le entregó de inmediato.

Las cosas ya habían llegado a un punto de no retorno, la mente de Harry estaba dividida de nuevo, pero ahora dominaba la parte que se estaba abandonando al placer. La otra estaba esperando.

Draco cedió al cansancio y se apoyó en los antebrazos por debajo de los hombros de Harry. Al hacerlo acomodó mejor sus piernas y lenta pero firmemente su cadera hizo una suave presión sobre la de Harry que lanzó un extraño y ronco gemido. Rompiendo el beso, Draco rió suavemente y repitió el movimiento, pero esta vez en forma circular. Observaba atentamente el rostro del Gryffindor. El moreno, que tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos emitió un jadeo ronco al sentir en todo su esplendor la firme erección del rubio contra la suya propia. Otra presión y un violento estremecimiento.

Draco había planeado dejar a Harry justo en esta fase, excitado y vulnerable. Pero ahora no encontraba la energía para hacerlo. El sabor de su boca, el terciopelo de su lengua, el aroma de su piel, la fuerza que emanaba de Potter era algo que no debía ser desperdiciado. Draco había anhelado esto en secreto con una pasión que jamás había sentido en toda su vida, aún antes de probarlo por primera vez en el invernadero y de darse cuenta de que tendría que llegar al final a costa de lo que fuera.

En un delicioso y agónico último impulso, se permitió abandonarse a las sensaciones que dominaban su ser entero. Volvió a capturar los hinchados labios. Mordía suavemente el inferior, atrapaba la lengua. Invadía la boca que, ahora sabía, se había estado colando en sus sueños húmedos desde que éstos comenzaron. Giró las muñecas y apoyándose en los fuertes y tensos músculos de los hombros del Gryffindor, comenzó un suave y cadencioso ritmo de presión sobre la erección de Harry, que jadeaba cada vez más rápido, anunciando el clímax. Tenía que tomar la decisión ahora.

Con un esfuerzo sobrehumano, se apoyó nuevamente en las palmas de las manos. Se separó de Harry que abrió los ojos con una expresión de interrogación y confusión. Se incorporó hasta quedar de rodillas entre las piernas de su presa, luchando por controlar su propia respiración entrecortada y anunció con la voz más clara que pudo. "He ganado."

Como si alguien accionara un gatillo, la parte del cerebro de Harry que había estado dormida entró en acción. Sintió su rostro arder de rabia y frustración pero no debía demostrarlo. Tragó en seco,"Te equivocas, Malfoy. No has obtenido lo que viniste a buscar." Tenía que provocar a Draco, este encuentro no podía terminar así, aunque era de esperarse, por mucho que le gustara a Malfoy, no podía contar con que se rindiera tan fácilmente, durante la segunda cita.

"Pero claro que lo he obtenido." Draco se puso de pie, oprimiendo en el movimiento su miembro pulsante que clamaba por la liberación prometida. Dominando el terrible impulso de terminar de aprovecharse del estado de Potter, ahí en el piso, amarrado, excitado y dispuesto, se movió con rapidez y procedió a dejar la varita de Harry en el dintel de la ventana, guardó la suya en la bolsa interior de su capa, caminó hasta donde había quedado tirada la capa de invisibilidad y la recogió. Se dirigió a la puerta y la abrió.

Harry sentía las quijadas trabadas por el disgusto, no le quitó en ningún momento los ojos de encima a Draco. "Con qué poco te conformas, Malfoy." Sintió una ligera esperanza al ver que el rubio vacilaba un instante en la puerta. "Creí escucharte decir que tu no juegas, ¿o será acaso miedo de no poder terminar lo que comenzaste? Ah si, también creo haberte oído decir que no eras tan cobarde como yo."

Draco desapareció por el marco de la puerta. "¡Malfoy!" Gritó con una voz mas profunda de lo habitual. "¡Desátame! ¡Malfoy!" Solo le respondió el ominoso silencio de la torre.

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Narcissa Malfoy estaba sentada frente a su tocador en la residencia Malfoy. El sonido de la 'fiesta' se colaba por la puerta entreabierta.

Observaba intensamente un extraño objeto similar a un reloj de mesa posado en el tocador, el redondo cuerpo del objeto era de piedra negra, exquisitamente pulida. En el centro, una carátula redonda de grueso cristal transparente tenía incrustados en forma circular unos raros caracteres metálicos. Justo en el centro, palpitaba una pequeña luz de color púrpura.

Si tan sólo fuera menos intenso el color. Pensó ansiosa. Su espalda estaba muy rígida y una blanquísima mano perfectamente manicurada tamborileaba la superficie del mueble.

Sorpresivamente, el símbolo ubicado en el lugar donde estarían las doce en un reloj comenzó a iluminarse con luz ambarina, primero con un suave resplandor apenas detectable, luego la luminosidad creció un poco mas y se mantuvo estable durante un rato.

Demasiado tarde.

Con un largo suspiro de pesar, tomó el objeto y pasó la mano izquierda frente a su superficie. Los resplandores rojo y ámbar se apagaron. Comenzó a envolverlo en un paño de terciopelo negro y estaba por guardarlo en una caja de madera tallada a mano que estaba a su derecha, cuando la fría voz de Lucius la sorprendió.

"No debes descuidar a nuestros invitados, querida." Como siempre, Lucius Malfoy aparecía sin hacer el menor ruido.

"En lo absoluto, sólo vine a retocarme un poco." No volteó a verlo. Sin mostrar su sorpresa y el temor de que su esposo hubiera visto el objeto, Narcissa se puso de pie de espaldas a él, al tiempo que deslizaba la caja en un compartimiento oculto en la misma superficie del mueble. La madera giró sin sonido alguno y sin rastro visible del compartimiento. Al volverse, le regaló a Lucius una seductora sonrisa.

La sonrisa de Draco. Pensó Lucius complacido. En el físico, su hijo se parecía enormemente a él en general; pero los detalles de sus rasgos eran los de su madre y al igual que ésta, Draco tenía una sonrisa particular. Era el mismo gesto desdeñoso de su padre pero con el sutil toque de su madre, que lo hacía increíblemente pedante o seductor, según fuera el caso.

"¿Porqué tardaste tanto?" Repentinamente la expresión de Lucius cambió. El recordar los rasgos de su hijo, lo hizo recordar también la 'situación' no resuelta que había quedado pendiente al inicio del año escolar.

"Sólo ha sido un momento, querido. Bajemos," Narcissa percibió el ligerísimo cambio en el tono de voz de su marido y el temor de que Lucius volviera a la carga sobre el 'tema' de Draco hizo que su estómago se tensara. Lo tomó del brazo, lo guió hasta la puerta y preguntó casual "¿Me echaron de menos?”

Lucius le sonrió asintiendo ligeramente y le cedió el paso para dirigirse escaleras abajo. Antes de cerrar la puerta del dormitorio, echó un vistazo al tocador. Como si hubieran estado hablando del tema, preguntó sin rodeos, "¿Te ha respondido Draco?"

Narcissa se tensó imperceptiblemente para un observador cualquiera, pero su marido lo notó de inmediato. "No le he escrito. En la última carta decía que iba a estar muy ocupado. Dejemos que nos escriba cuando tenga tiempo. Estoy segura de que está bien, si no fuera así, ya lo sabríamos." Dijo dándose cuenta enseguida de que era una respuesta demasiado larga para una pregunta corta. No cambió su expresión y esperó que Lucius no siguiera adelante en el tema.

Seguimos sin querer tocar el asunto. Bien, en algún momento tendremos que hacerlo. No hoy. Pero lo haremos, querida. Y pronto.

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Draco entró como un huracán a la sala común de Slytherin. No notó las miradas extrañadas de Blaise y dos chicas que estaban leyendo al pie de la chimenea. Se detuvo abruptamente ante la puerta del dormitorio y procuró calmarse. Abrió con cuidado la puerta, se dirigió con toda calma hasta su cama y sin cambiarse de ropa, hizo a un lado las cortinas, arrojó sobre la almohada la prenda que llevaba bajo el brazo, se derrumbó de bruces sobre el colchón y se tapó el rostro ardiente con manos temblorosas. Tratando de normalizar su respiración. Maldito Potter.

Sin poder contenerse un segundo mas, giró sobre su espalda, elevó las caderas para ayudar a sus manos que descendieron veloces y aún temblorosas hasta el cierre de sus pantalones. Su mente giraba en un calidoscopio de imágenes, olores y sensaciones recién experimentados. Con el sonido de los gemidos de placer de su presa aún retumbando en sus oídos, inició la liberación de la tensión que quemaba en su cadera. Giró la cabeza para morder la orilla de su capa y no gritar. Al hacerlo su nariz rozó el etéreo material de la capa invisible, el aroma de Harry inundó de nuevo sus pulmones y el clímax llegó en una violenta explosión de placer y angustia.

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Harry se escabulló a través de los pasillos cuidándose de no ser descubierto. Al llegar al dormitorio, tuvo que reprimir las ganas de azotar la puerta y patear cuanto objeto se encontrara en su camino.

No se había liberado de las ataduras en presencia de Malfoy únicamente para ver hasta donde llegaría. Segundos antes de que se separara de él, había creído que Malfoy ya no podría detenerse aunque quisiera y entonces Harry podría desatarse y hacer lo que quisiera. O tiene un autocontrol sobrehumano o no es humano. Pensó entre contrariado y sorprendido. Bueno, así él seguirá creyendo que conoce más trucos que yo y eso debe facilitarme las cosas.

Sus compañeros roncaban al ritmo de sus respiraciones creando un concierto que a Harry le pareció una burla a su situación.

Se zafó los zapatos y se desplomó en su cama. Aun estaba muy excitado y muy en el fondo eso le causaba cierta curiosidad. Normalmente, estando enojado no experimentaba cosas así.

¡Maldito seas Malfoy! ¿Cómo diablos perdió nuevamente el control? Las cosas debieron desarrollarse de otra forma y llegar mucho más lejos. No había contemplado quedarse así, a medias, tanto en el plano emocional como en el físico.

Escuchó con atención las cuatro ruidosas respiraciones. Todos profundamente dormidos. Cerró los ojos y repasó nuevamente lo ocurrido: los besos, el peso de Malfoy sobre su cuerpo, las manos de Malfoy apoyándose en sus hombros para hacer mas presión sobre su erección. La erección de Malfoy. El sensual y erótico recorrido de los labios y lengua del otro muchacho sobre su cuello. El sabor de la pálida piel en su boca. El larguísimo cuello de Malfoy. Los besos.

Su respiración jadeante se escondía entre las de los que estaban dormidos, se incorporó a medias, dejó sus lentes en la mesita de noche, cerró las cortinas de su cama y comenzó a desnudarse, dejando la ropa ahí mismo. Se desplomó otra vez y se cubrió con las mantas. El peso atormentaba su miembro. ¡Diablos! Con mucha lentitud sus manos recorrieron su torso hasta llegar a la pretina de sus boxers, ahí dudaron un instante y con un ligero gemido ahogado, los deslizó y atrapó el miembro pulsante.

Cerró los ojos. No se puede quedar así. Tengo que vengarme. Cómo se atrevió a hacerme esto. Con perverso goce, las sensaciones de placer y frustración inundaron todo su cuerpo mientras sus manos trabajaban eficientes en su deliciosa tarea.

El final llegó en todo su esplendor y apenas si reaccionó a tiempo para no hacer audible su desahogo.

Muy bien Malfoy, pensó totalmente resuelto al dejar descansar cada músculo de su cuerpo sobre el colchón, los ojos todavía cerrados y los rápidos latidos de su corazón retumbando en sus oídos. Tendrás lo que iniciaste esta noche y no me importa si no tienes el valor para decirlo con palabras. Lo de hoy no fue un juego y yo tampoco estoy jugando ya. Disfruta la capa, porque cuando me la devuelvas, te haré pagar muy caro.

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Ron despertó aún temprano el lunes. La noche anterior había esperado un rato a que Harry apareciera, pero el esfuerzo que estaba haciendo por estudiar bajo la inspección de Hermione lo agotaba y se quedó dormido antes de que su amigo volviera. Esperaba hablar con Harry antes de ir a desayunar, pero la cama junto a la suya ya estaba vacía.

La noche anterior, al disculparse Harry diciendo que tenía mucho sueño, Hermione y él aprovecharon para discutir sobre el 'asunto' de Harry con Malfoy. Hermione estaba preocupada y Ron se había cansado de decirle que no debían entrometerse hasta que vieran que su amigo estaba en problemas, que no sería tan insensato como para no frenar las cosas cuando amenazaran con salirse de control y que se suponía que lo iban ayudar, pero sobre todo, a disfrutar la situación.

La expresión de miedo y cautela en el rostro de la chica cuando le contó su nueva 'relación' con Malfoy lo ofendió al principio y luego le pareció divertida.

"Pero, por favor, no vayas a disimular que no confías en mi, podría ofenderme," dijo Ron fingiéndose indignado.

"Claro que confío en ti, en quien no confío es en Malfoy, por mucho que pueda cambiar, la genética sigue siendo la misma." Dijo con expresión de preocupación tal, que cualquiera hubiera pensado que Ron se estaba preparando para la guerra.

"Pues no parece, además ¿qué me puede hacer? Recuerda que ahora nosotros somos los 'malos', somos los intrigantes, los que planeamos entre sombras." Soltó una carcajada ante el gesto de puchero que hizo la chica. Realmente le atraía. Ella no se daba cuenta de que algunos de sus gestos eran increíblemente seductores. Eso era lo mejor, eran naturales y no bobamente estudiados como los de la mayoría de las chicas.

"Tienes que contarle a Harry, se supone que esto es entre tres." Dijo ella mandona ante la diversión de Ron y comenzó a recoger sus útiles.

"Espero que sólo la planeación sea entre tres." Dijo Ron bostezando. "No me gustaría participar activamente en el aspecto físico de esto." Terminó de bostezar y se estremeció ante la 'extraña' imagen mental de los tres y Malfoy.

"¡Ronald Weasley!" Exclamó la chica con gesto severo. "Por todos los cielos, ¿qué te imaginaste? ¿y por qué lo compartes conmigo? Quiero dormir tranquila ¿sabes?" Lo veía con expresión contrariada. "Buenas noches y no estés pensando en obscenidades"

Ron la veía divertido. No pudo reprimirse y la jaló hacia sí, plantándole un tierno beso en una mejilla. El rostro de ella se encendió y se separó rápidamente de él, poniendo sus libros entre ambos como una barrera. "Buenas noches gruñona."

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