El Dormitorio de Gryffindor
Fuego Conmemorado
Escrita por: Oldenuf2nb
Traducida por: Nalero y Val

Tercera Parte

El Ministro Henry result� ser un hombre jovial de unos cincuenta y tantos, muy amigable, y muy agradecido de que Draco hubiera hecho a un lado su �apretada agenda para ayudarlos con su peque�o problema�. Lo hab�a escoltado hasta el Departamento de Aplicaci�n de la Ley M�gica y le hab�a presentado al Inspector en Jefe Micah Trundeldale, la contraparte norteamericana de Kinsgley Shacklebolt. En Norteam�rica, sus subordinados no eran llamados Aurores; ten�an el t�tulo oficial de Oficiales M�gicos. Lo hab�a saludado Trundeldale, un hombre de apariencia hostil y predisposici�n a la brusquedad, que luego le hab�a mostrado el cuarto en donde estaban todas las evidencias que hab�an reunido. Se quedaron con �l dos oficiales que se dedicaron a mostrarle los reportes y las evidencias.

El panorama general se fue aclarando conforme la ma�ana dio paso a la tarde y Draco fue revisando cada reporte y evidencia. Hab�a sobrevivientes de la guerra en Breta�a que ahora trabajaban en la parte sur de Estados Unidos; la evidencia era irrefutable. Otra cosa que tambi�n estaba muy clara, y su coraz�n hab�a dado un vuelco al ver por primera vez la firma m�gica inconfundible de unos de los muertos, era que alguien estaba utilizando la varita de Harry Potter en la guerra secreta contra las nuevas fuerzas de la oscuridad.

�No es que no apreciemos la ayuda,� hab�a comentado un poco cortante el Oficial Edwards mientras Draco analizaba las fotos m�gicas de una de las v�ctimas. �sta hab�a sido decapitada y la firma m�gica que cubr�a el cuerpo indicaba el uso de la varita de Harry, si es que uno sab�a qu� era lo que buscaba. Y Draco lo sab�a. �Pero nos gustar�a arrestar a esta gente para llevarla a juicio.�

�Ah, todo ese rollo de la doctrina de �justicia con todas las de la ley� que est� establecida en su Constituci�n,� coment� Draco con una ligera sonrisa burlona mientras estudiaba la fotograf�a. ��La aplican a�n bajo la ley M�gica?� el joven se hab�a sonrojado ligeramente.

�Bueno, eso por un lado,� contest�. �Pero si no podemos interrogarlos, no tendremos idea alguna de qui�n est� detr�s de todo esto.�

�Quiz� el que tiene la varita sepa qui�n est� detr�s de todo esto,� hab�a meditado Draco en voz baja pasando a la siguiente foto. En �sta, la v�ctima tambi�n hab�a sido decapitada limpiamente, con precisi�n quir�rgica letal pero, despu�s de hacer una ligera mueca, se hab�a inclinado un poco m�s para estudiar mejor la foto, pues hab�a llamado su atenci�n algo en la garganta justo debajo de donde hab�an separado la cabeza de los hombros. Sac� su varita y, pas�ndola sobre la foto murmur� �Engorgio�. La foto se hizo m�s grande inmediatamente, Draco la estudi� un momento m�s y luego desvi� la mirada hacia los dos oficiales que estaban con �l.

�No se han percatado de algo, amigos,� dijo sin aire de condena alguno. Ambos se inclinaron inmediatamente sobre el punto que les estaba se�alando.

�Hijo de su puta madre,� exhal� el primero. �No lo hab�amos visto.�

�Quiz� quieran volver a revisar las otras fotos. Si eso est� presente en todas sus v�ctimas, entonces aqu� est� operando algo bastante diferente.�

Eso hab�a sido dos horas antes, y mientras cerraba la puerta de su suite y se dirig�a hacia uno de los sillones grandes de brazos para dejarse caer con un suspiro pesado, se encontr� dividido. Realmente no hab�a tenido otra opci�n m�s que venir; la evidencia de la varita de Harry estaba por todos lados. Pero los norteamericanos estaban lidiando con algo m�s que un grupo naciente de Mort�fagos. Al parecer este grupo estaba conformado exclusivamente por vampiros. Lo que hab�a visto en la garganta de una v�ctima tras otra, era la cicatriz caracter�stica que quedaba cuando un vampiro estaba �prendido�, los dos pinchazos perfectos, redondos y blancos contra la piel sobre la yugular.

Draco hab�a tenido varias experiencias con Vampiros desde la guerra y aunque por una parte simpatizaba con lo dif�cil de su situaci�n, encontraba todo su entorno un tanto perturbador. No eran como otras criaturas m�gicas; en alg�n momento hab�an sido hombres y mujeres con familias y vidas. Aunque en la mayor�a de los casos no ten�an la culpa, ya no eran humanos si no algo m�s, que si bien no estaba vivo, tampoco estaba muerto, no eran humanos y tampoco criaturas en el mismo sentido que los centauros o los elfos. En algunos aspectos eran similares a los hombres lobo, pero tampoco eran como ellos. Se pod�an hacer pasar por hombres sin importar en qu� ciclo estuviera la luna y eso los volv�a confusos... y peligrosos.

En la mayor�a de los casos dicha condici�n adem�s les hab�a otorgado una belleza supernatural; tambi�n eso era parte de su estado. Al igual que todos los predadores, la fuerza de la naturaleza que fuera responsable de su creaci�n, les hab�a imbuido de todo lo que necesitaban para cazar exitosamente. Las aves de rapi�a ten�an una vista aguda y garras como pinzas, los gatos salvajes pose�an el sigilo y la velocidad. Los vampiros ten�an la habilidad de seducir a sus v�ctimas con una mirada, una palabra, un olor. Ten�an la facilidad de volverlos maleables con un toque y transportarlos a alturas inimaginables de �xtasis mientras les succionaban la sangre vital de las venas. Toda su existencia estaba basada en la seducci�n, en la supervivencia, y aunque detestara admitirlo, siempre lo hab�an fascinado. Incluso durante sus investigaciones se hab�a mantenido a cierta distancia de ellos. Algo en su interior le dec�a que �l ser�a uno de �sos susceptibles a sus encantos, por lo que siempre hab�a tenido cuidado de guardar su distancia, y evitar verlos a los ojos cuando estaba en su presencia. Y ellos pod�an sentir su miedo. Hab�a habido uno, justo antes de que Harry muriera, al que hab�an llevado para interrogarlo. �Cu�l era su nombre? Algo en franc�s.

��Henri? No, no le sonaba. Oh, s�, Hermes. Hermes Gautlier.

Se tall� la cara con las manos mientras su mente regresaba al caso y a la noche en que hab�an interrogado a Gautlier. El Veritaserum no era efectivo con los vampiros, por lo que no ten�an idea si lo que les estaba diciendo era verdad y su actitud de ligera superioridad hab�a molestado a Draco a�n cuando se hab�a sentido atra�do hacia la belleza del hombre de cabello y ojos oscuros.

Su rostro era fuerte, lleno de �ngulos y planos, sus ojos caf� l�quido, su cabello negro largo gasta los om�platos. Vestido impecablemente, desde el traje Armani hasta las botas de Prada, con un alfiler con un rub� rojo sangre en la corbata, un anillo con sello enorme con una piedra del mismo color en el �ndice de la mano izquierda. �Es una broma privada,� hab�a dicho con un encanto desenfadado. Se hab�a comportado desde�oso, insidioso y nada cooperativo y a�n as�, Draco se hab�a sentido atra�do hacia �l y Gautlier, maldita fuera su existencia desalmada, lo hab�a sabido. Hab�an sido completamente inc�modas las sonrisas astutas que le hab�a dirigido a Draco toda la tarde. S�lo una cosa hab�a molestado a Gautlier y hab�a sido la completa indiferencia glacial del Auror Harry Potter.

Draco hab�a observado fascinado la forma en que Gautlier hab�a volcado su poder seductor con toda su fuerza sobre Harry, y �ste s�lo lo hab�a mirado con indiferencia. Hab�a sido algo intrigante de observar; el vampiro, utilizando todas sus artima�as seductoras para distraer al joven Auror y el Auror impasible, sin dejarse impresionar, inmutable. Harry no se vio afectado durante las tres horas que estuvieron interrogando al vampiro antes de verse obligados a dejarlo ir por la falta de evidencias y Draco se hab�a excitado como nunca en su vida tan s�lo de observarlo. Atac� a Harry en el momento en que se quedaron solos y se sinti� enormemente agradecido cuando su amante no le cuestion� sobre la fuente de su repentina necesidad de poseerlo contra la pared. Tres semanas despu�s Harry hab�a muerto y �l no hab�a pensado en Gautlier durante casi dos d�cadas.

Se tall� el cuello con una mano ligeramente inestable. Al final del d�a, la �nica conclusi�n a la que hab�a podido llegar era que, efectivamente, un movimiento subterr�neo estaba funcionando en el sur de Estados Unidos, popularizado por magos familiarizados con el trabajo oscuro de Lord Voldemort. Draco hab�a visto muchos de los ataques y hechizos que hab�an sido utilizados contra la poblaci�n muggle desprevenida. Hab�an sido atacadas familias muggles con todas las se�as del Avada Kedavra, las autoridades muggles estaban perplejas por la falta total de evidencias. Se hab�a colapsado un puente, oficiales de gobierno hab�an sido atacados y asesinados; Draco hab�a visto todo eso con anterioridad, al inicio de su guerra contra la oscuridad. Pero era evidente que tambi�n algo m�s estaba en operaci�n aqu�. Desapariciones dentro de la poblaci�n m�gica de personas de hab�an apoyado abiertamente esa man�a de sangre pura que hab�a visto en el principio con Voldemort, pero al mismo tiempo las filas de los reci�n nombrados �Mort�fagos� parec�an estar increment�ndose. Draco ten�a la opresora sensaci�n de que en esta situaci�n hab�a algo sobre el culto a los vampiros, con una figura central que se sent�a el �nuevo Voldemort�, que acechaba y convert�a a aquellos que pensaran como �l para crear un Ej�rcito que fuera r�pido, veloz, con una fuerza sobrenatural y casi indestructible. La sola idea era aterrorizante.

Luego, encima de todo eso, estaba este vigilante que utilizaba la varita de Harry, que iba destruyendo estas criaturas, en ocasiones de dos a tres v�ctimas por d�a. Draco volvi� a suspirar tall�ndose la cara con una mano. Todav�a no ten�a idea de qui�n podr�a tener la varita, de d�nde la hab�a obtenido y qu� conexi�n ten�a con la desaparici�n del cuerpo de Harry. Se par� con un gru�ido suave, sab�a que quedarse ah� sentado repasando todo mentalmente una y otra vez no lo iba a ayudar, as� que sac� la botella de vino del bar secreto y luego fue hacia su equipaje para buscar una poci�n para dormir sin so�ar.

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Iba corriendo a trav�s de la niebla. Hab�an pasado a�os desde que hab�a sentido sus piernas correr y su coraz�n acelerado, pero entonces lo sinti�... iba corriendo, a�n cuando su pierna le pulsaba, sus pulmones gritaban y el terror recorr�a su espalda...

Cuando una mano fuerte sali� de la oscuridad y lo sujet�, solt� un grito incoherente e intent� zafar su brazo, pero lo sujetaban fuertemente, lastim�ndole el brazo, empuj�ndolo de espaldas contra una superficie dura. Estaba desnudo... �por qu� estaba desnudo?

�No corras, Draco,� susurr� la voz contra su oreja y en esta ocasi�n se escuch� desesperada cuando el aliento c�lido acarici� su cara y oreja. �No huyas, no de m�...�

�Pero no eres t�,� contest� �l, su cuerpo se estremeci� cuando unos labios acariciaron su quijada, desliz�ndose hasta su garganta. El coraz�n de Draco lat�a bajo su pecho como si quisiera escapar. �No eres t�, ya no...�

�Pero as� es,� suplic� la voz. �M�rame, Draco. Soy yo.�

Draco sacudi� la cabeza a�n cuando unas manos fuertes lo obligaron a ver el rostro que flotaba en su l�nea de visi�n, el rostro que hab�a atormentado sus sue�os durante a�os. Vio los p�mulos duros, la quijada cuadrada ligeramente partida y la nariz recta. Ya no llevaba lentes, pero los ojos eran los mismos; verdes como el pasto, encendidos del interior, enmarcados por unas pesta�as negras y gruesas debajo de unas cejas con la forma de un cuervo con las alas extendidas. Esos ojos, sus ojos...

�Oh, dios,� solloz� entrecortadamente. �Oh, dios...�

��Ves? Soy yo,� dijo Harry gentilmente acarici�ndole la quijada con una mano. �Soy yo.�

Draco se sinti� levantado por un brazo inquietantemente fuerte y movi� las piernas fren�ticamente antes de levantarlas para rodear una cintura firme. Sinti� tensarse el brazo en su espalda a�n cuando una forma contundente presion� su parte m�s vulnerable. �Oh, por favor,� gimi� recorriendo la espalda musculosa con las manos. La piel bajo sus palmas era suave, fr�a como el m�rmol. �Por favor...�

Y luego grit� cuando fue penetrado sin advertencia ni preparaci�n alguna y su cuerpo se encorv� ante los ataques simult�neos de dolor y placer. Sinti� unos labios en su garganta, la lengua sobre su piel...

�Te necesito, Draco,� dijo la boca sobre su cuello. �Te necesito...�

Hundi� las manos en el abundante cabello negro sosteni�ndose de �l mientras unas embestidas duras lo empujaban contra la pared, lade� la cabeza en una s�plica silenciosa, a�n cuando sab�a que estaba mal, que lo que lo estaba poseyendo no era el hombre que hab�a amado. Sinti� las garras afiladas rozando su piel, encontrar su pulso y romper f�cilmente la vena y un enorme placer invadi� la ardiente superficie de su piel. Hac�a unos momentos no hab�a estado ni siquiera excitado y ahora el orgasmo se iba construyendo por su espalda para explotar con una r�faga ardiente entre sus cuerpos, pintando sus est�magos con su semen y con un gru�ido ronco en su garganta. Sinti� c�mo empezaba a enfriarse... sinti� su coraz�n comenzar a luchar a�n cuando se manten�a con fuerza y se descubri� recibiendo con los brazos abiertos el regreso de la oscuridad...

Se incorpor� precipitadamente sobre la cama con el coraz�n lati�ndole a mil por hora contra la garganta y el cuerpo ba�ado en sudor. Se sent� al centro de la enorme cama con dosel, mirando fren�tico por toda la habitaci�n suntuosa intentando desesperadamente orientarse. Le tom� unos instantes reconocer en d�nde estaba; que estaba en su habitaci�n y que ya en una ocasi�n se hab�a despertado por una pesadilla. Trag� saliva con dificultad quit�ndose el cabello que le hab�a ca�do sobre los ojos, luego desvi� la mirada hacia el reloj digital muggle que hab�a junto a la cama. Marcaba las 12:27, se cubri� la cara con una mano. Las 12:27. Hac�a muchos a�os desde que no se despertaba por terrores nocturnos a las 12:27, a�os desde que la importancia de esa hora hab�a provocado que el coraz�n le doliera y los ojos le ardieran. Hab�a le�do esa hora en todos y cada uno de los reportes que se hab�an hecho sobre esa noche; hora de defunci�n: 12:27.

Suspir� pesadamente, baj� las piernas de la cama percat�ndose al instante que el interior de su pijama de seda estaba pegajoso. Se detuvo abriendo desmesuradamente los ojos y dirigi�ndolos a la mancha oscura de su entrepierna. Por todos los cielos, hab�an pasado... a�os desde que hab�a tenido un sue�o h�medo. �Qu� diablos? Luego frunci� el ce�o al ver el frasco sobre la mesita de noche. Lo tom� y lo sostuvo en alto tan s�lo para asegurarse, y s�, vio que estaba vac�o. Se hab�a tomado la poci�n para dormir sin so�ar, entonces, �por qu� estaba so�ando? Habr�a pensado que eran los ingredientes si la hubiera comprado de un boticario, pero �sa la hab�a preparado �l mismo. Regres� el frasquito a la mesa, pensativo, se par� haciendo una peque�a pausa para permitir que su pierna se estabilizara y luego fue hasta su equipaje para sacar una pijama nueva.

Despu�s de un hechizo de limpieza y de haberse puesto una pijama fresca, iba de regreso a la cama cuando se percat� de que la habitaci�n se sent�a encerrada y el ambiente viciado. Cambi� de rumbo y se dirigi� hacia las ventanas, sujet� el cord�n y abri� las cortinas lo suficiente para revelar unas puertas y la brillante luz de la luna invadi� la habitaci�n. Le quit� el seguro a una de las puertas para abrirla y al instante cubri� su piel todav�a ardiente una brisa fr�a, llena de aromas de flores y el oc�ano. Cerr� los ojos dejando que el aire fr�o lo ba�ara, luego los abri� y estaba a punto de volverse cuando algo en el jard�n capt� su atenci�n. Se detuvo inclin�ndose un poco para poder ver mejor.

Un estremecimiento fr�o le recorri� la espalda y se tens� conteniendo el aliento. Alguien estaba parado en el centro del jard�n a unos tres metros mirando hacia la Posada. No, se corrigi� mentalmente; no estaba mirando a la Posada, si no al porche, hacia �l. Estaba a punto de retroceder instintivamente, pero entonces la figura se movi� ligeramente y la luz de la luna ba�� los hombros anchos cubiertos de piel negra, ilumin� la l�nea elegante de unas piernas robustas, capt� las ondas azuladas de una cabeza de cabello negro.

Draco jade� y termin� de abrir la puerta para salir al porche, pero para el momento en que hubo llegado al barandal, la figura se hab�a ido, desvaneci�ndose como si nunca hubiera estado ah�. Se recarg� sobre la balaustrada de madera revisando fren�ticamente los jardines, pero no hab�a nadie ah�.

Se enderez�, se abraz� el pecho, con el cuerpo sacudido por un fr�o profundo. Hab�a visto... �qu� hab�a visto?

��Por dios!� exclam� en un murmuro regresando a la puerta. �Qu� diablos le pasaba esta noche?

Ignorando el sentimiento de encerrado de la habitaci�n, cerr� bien las puertas as� como las cortinas, pero a�n as� pasaron horas antes de que cayera en un sue�o inquieto.

No se volvi� a dormir si no hasta cerca de las seis de la ma�ana y ya para las siete y media se encontraba despierto, y el dolor de cabeza que lo hab�a amenazado durante d�as se le instal� de forma permanente. Cuando baj� a desayunar, pudo ver que hab�a actividad polic�aca en el parque y se hab�a detenido mirando a Samantha que estaba de pie cerca de la puerta observando a la polic�a.

��Pasa algo?� pregunt� educadamente.

�Ciertamente,� contest� ella. �Pero no tenemos idea de qu�.� Se volvi� hacia �l con su sonrisa reservada. �Su carro est� esperando en la calle, para cuando est� usted listo.� �l asinti�, tom� un panecillo de la mesa y continu� su camino.

Cuando lleg� al Ministerio, los Oficiales de la Polic�a M�gica estaban en medio de un tumulto; durante la noche hab�a habido otra ejecuci�n al estilo del vigilante. Draco hab�a abierto mucho los ojos cuando se enter� de que el cuerpo hab�a sido encontrado esa misma ma�ana por un muggle que estaba trotando en el parque que estaba frente a la Posada en la que �l estaba hospedado. El Ministerio ten�a que lidiar ahora con ese relajo, y les tom� horas contactar a un mago que trabajara encubierto dentro de la morgue para que reemplazara el cuerpo por el de un transe�nte transfigurado y que transfiriera a la v�ctima real a las manos del Ministerio. Ya estaba entrada la tarde cuando Draco fue invitado a acompa�ar a los investigadores para inspeccionarlo.

A Draco no le gustaban las morgues, pero hab�a pasado bastante tiempo en ellas cuando hab�a trabajado como Auror. Entr� al lugar fr�o, est�ril, detr�s de los dos hombres y se mantuvo atr�s mientras examinaban el cad�ver decapitado que ten�a la cabeza limpiamente alineada a los hombros, pero no pegada.

�sta era una mujer atractiva, y los agentes estuvieron haciendo comentarios al respecto, sobre que tipo de persona matar�a incluso a una mujer de semejante manera. Draco pens� en su t�a Bellatrix y pens� tambi�n que ellos nunca se hab�an encontrado con la mujer indicada.

�La decapitaci�n es definitivamente algo mucho m�s humano que una estaca en el coraz�n,� coment� suavemente, los dos oficiales voltearon a verlo, luego regresaron a su examen sin hacer m�s comentarios.

Cuando se hicieron a un lado, �l sac� la varita acerc�ndose al cuerpo, murmurando hechizos reveladores. Varias cosas sucedieron inmediatamente. El cuerpo se vio cubierto por un brillo fino, azul profundo, indicador de la muerte. Dentro de dicho brillo hab�a runas girando sobre las heridas y la cabeza de la v�ctima, cada una era una pista de la causa de su muerte. Y de la hora. Draco mir� fijamente un jerogl�fico que dec�a 12:17 y sinti� que la mano le temblaba. Murmur� otro hechizo, uno que sus compa�eros norteamericanos no sab�an y pudo ver el s�mbolo r�nico para el nombre de Harry aparecer r�pidamente sobre esa frente blanca ceniza antes de volver a desaparecer con la misma rapidez.

��Algo nuevo?� pregunt� uno de los dos j�venes oficiales con ojos �vidos. Observaban sorprendidos a Draco hacer su lectura del aura y sus escalas r�nicas; �l les dirigi� una mirada r�pida.

�S�lo m�s de lo mismo,� contest�. Nadie de este lado del oc�ano hab�a descubierto todav�a que la varita de Harry estaba involucrada en los asesinatos y pretend�a mantenerlo as� mientras pudiera. Retrocedi�, guard�ndose la varita para luego secarse las manos sudorosas en los pantalones.

Ya no recordaba el sue�o que hab�a tenido la noche anterior, pero no as� los eventos subsecuentes. A las 12:27 hab�a visto a un hombre en el parque, frente a la Posada. Un hombre que a�n a lo lejos se parec�a tanto a Harry que a Draco el coraz�n le hab�a dado un vuelco. Esta mujer hab�a sido asesinada con la varita de Harry a las 12:17. Algo no estaba bien, no encajaba. O Harry estaba muerto y alguien que fing�a ser �l hab�a robado su varita, o...

Draco se dio la vuelta para salir r�pidamente de la habitaci�n, los dos oficiales lo siguieron intercambiando una mirada confundida.

Cuando hubieron cruzado la puerta se detuvo para volverse hacia ellos abruptamente.

�Necesito una conexi�n internacional de la red Flu,� dijo impetuoso. �Una segura.�

�Por supuesto, Sr. Malfoy,� contest� el m�s joven de los dos. �Estoy seguro de que lo podemos arreglar, si tuviera la amabilidad de seguirme.�

Los sigui� a trav�s de las catacumbas en donde estaba localizada la morgue hasta el elevador.

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�Hay algo que no est� bien. Hermione,� iba diciendo desde su lugar frente a la chimenea. La imagen de la cabeza de Hermione Granger-Weasley flotaba entre las flamas verdes, con el ce�o fruncido.

�Las runas no mienten,� continu� �l. �Vi a alguien en el parque al otro lado de la calle a las 12:27 a escasos tres metros y la hora de la muerte fue a las 12:17. Y otra vez fue con la varita de Harry.�

�Evidentemente es alguien que se est� haciendo pasar por �l, Draco,� contest� ella pragm�tica. �Es la �nica respuesta.�

��Lo es?� pregunt� �l pas�ndose una mano por el cabello. ��Es la �nica respuesta, Hermione? La gente de aqu� no tiene idea de la apariencia que ten�a Harry, as� que no se gana nada haci�ndose pasar por �l. Y su cuerpo nunca se encontr�...�

Hermione le dirigi� una mirada severa. �Draco,� comenz�, su voz era m�s gentil que su expresi�n.

�Hermione, yo vi al hombre,� a�adi� r�pidamente. ��l... se parec�a a Harry. Bastante.�

Tal parec�a que Hermione estaba sopesando cuidadosamente sus palabras. ��C�mo est�n tus ojos, Draco? S� que los m�os podr�an enga�arme a esa distancia.�

�Hermione, yo s� lo que vi,� replic� acaloradamente sintiendo que comenzaba a molestarse.

�Perd�name, pero creo que viste lo que quer�as ver,� respondi� suavemente Hermione. �Piensa en lo que est�s sugiriendo. Que Harry desapareci� hace casi veinte a�os sin decirte una palabra ni a ti ni a nosotros. Que a�n cuando su matrimonio no estaba funcionando, abandon� a sus hijos. Que te abandon� a ti.� Aqu� se detuvo con la mirada serena. ��l nunca habr�a hecho eso, Draco. No el hombre que conocimos.� Draco la mir� fijamente, sab�a que ten�a sentido lo que dec�a. Suspir� recarg�ndose sobre los talones. Le pulsaba la pierna, pero hab�a necesitado que la mujer le dijera lo que acababa de decirle, hab�a necesitado de su cabeza fr�a y su sentido com�n. Estaba tan cansado que sent�a la cabeza - regularmente serena � como llena de algod�n, y su pensamiento racional parec�a estar a punto de colapsarse. Asinti� suspirando suavemente.

�Tienes raz�n,� dijo suavemente. �Por supuesto, tienes raz�n.�

Ella lo estudi� con tristeza. �No quiero tenerla.�

�Lo s�, amor,� exhal� �l. �Lo s�, lo s�.�

Discutieron los casos unos minutos m�s, luego platicaron sobre sus hijos y cosas del Ministerio antes de terminar la llamada. �l se levant� para apoyarse en un escritorio cercano, detestando el hecho de que casi todas la conversaciones v�a flu tuvieran que desarrollarse en el suelo. Pasaron varios minutos antes de que sintiera la pierna lo suficientemente firme como para sacarlo de la oficina segura.

Ya pasaban de las ocho cuando sali� del Ministerio, la oscuridad era total y estaba exhausto. El conductor se detuvo frente a la Posada, de un blanco radiante bajo la luz de la luna, y Draco sali� del coche. Estaba a punto de voltearse para subir los escalones que conduc�an a las puertas de cristal cuando algo se movi� dentro de su visi�n perif�rica, y volte� la cabeza a tiempo para ver una sobre esconderse detr�s de uno de los �rboles enormes del parque. Lo observ� detenidamente un largo momento, tanto, que su conductor (que le hab�a abierto la puerta), lo mir� con el ce�o ligeramente fruncido.

��Todo est� bien, se�or?� pregunt� educadamente.

�Si,� contest� Draco despu�s de una breve pausa. �Es s�lo...� mir� al hombre. �Creo que dar� una vuelta por el parque, para pensar un poco.�

�Sr. Malfoy,� le advirti� r�pidamente el hombre. ��ste es el parque...�

�Lo s�,� lo interrumpi� Draco. �Cr�ame, soy perfectamente capaz de cuidarme solo.�

El joven estudi� su rostro un largo momento, luego asinti� respetuosamente retrocediendo y cerrando la puerta del coche suavemente.

Draco se dirigi� hacia donde hab�a visto algo esconderse detr�s del �rbol, y justo cuando estaba a punto de llegar a la enorme magnolia, m�s adelante vio lo que era indiscutiblemente un hombre con una larga capa oscura al otro lado de una fuente para luego comenzar a caminar por un camino secundario. Draco lo sigui� teniendo cuidado de mantener su distancia, con los ojos fijos en la figura oscura mientras �sta se alejaba r�pidamente del centro del parque. Draco aceler� el paso tambi�n completamente intrigado, movi�ndose tan r�pido como se lo permit�a su pierna.

Cuando la figura abandon� el parque, pasando vigorosamente bajo una farola, Draco contuvo el aliento. Era el mismo hombre de la noche anterior; pudo ver el cabello despeinado y los hombros cuadrados. Con el coraz�n en la garganta, aceler� a�n m�s el paso para alcanzar al hombre frente a �l, a�n cuando los m�sculos de su muslo comenzaron a gritar en protesta.

Lo vio m�s adelante y jade� cuando pareci� desaparecer en el aire. Aceler� el paso hasta terminar corriendo para llegar al lugar en donde se hab�a desvanecido; ah� se percat� de que hab�a un callej�n estrecho entre dos edificios y pudo ver que la capa desaparec�a en una esquina m�s adelante. Sin importarle su propia seguridad, se lanz� entre los dos edificios, sus pasos provocaban un eco desigual en la oscuridad, sigui� adelante agach�ndose para esquivar las ramas que sal�an de la parte trasera de una casa abri�ndose paso entre los arbustos que envolv�an una cerca de hierro forjado.

Draco se detuvo con los ojos desorbitados cuando el callej�n dio paso al lugar que hab�a detr�s. Era como si hubiera entrado a un escenario de una pel�cula de Hollywood, y uno de horror. M�s adelante pod�a ver la fachada imponente de una iglesia estilo g�tico, de ventanas manchadas por las que se pod�a ver que hab�a luz adentro, �l estaba parado en el jard�n detr�s del santuario; el cementerio de la iglesia.

A todo su alrededor hab�a l�pidas y sarc�fagos astillados y secos por el tiempo, algunos alineados ligeramente descansando a unos cuantos cent�metros del suelo. Hab�a cruces celtas y efigies de �ngeles y ni�os, y hab�a una secci�n que estaba rodeada de una cerca maltratada por el paso del tiempo. Los �rboles m�s all� eran gruesos y nudosos, de ramas torcidas con trozos de musgo espa�ol colgando de ellas y que se mec�an ligeramente aunque Draco no pod�a sentir la brisa. Un escalofr�o le recorri� la piel y apret� la mano con la que sujetaba la varita mientras inspeccionaba las sombras turbias. Escuch� un sonido suave a su izquierda y el cabello de la nuca se le eriz� cuando se gir� y vio que no estaba solo.

Salieron de las sombras, movi�ndose con un sigilo tan elegante que resultaba tanto hermoso como aterrador. Sac� su varita de la manga, pero al mismo tiempo que la apunt� hacia ellos se dio cuenta de que no hab�a forma alguna en que pudiera pelear solo contra tantos. Hab�a cuando menos doce, quiz� quince, sus caras quedaban ocultas por las sombras, pero sus movimientos eran resueltos, decididos. Apoy� bien los pies y sigui� manteniendo la varita en ristre a�n cuando parec�an... flotar a su alrededor, hasta que qued� pr�cticamente rodeado. Y pudo sentir sus miradas cuando se quedaron completamente inm�viles.

�No quiero lastimarlos,� logr� decir al fin, agradecido de que su voz se hubiera escuchado tranquila, los mir� uno a uno a la cara. �Simplemente estaba siguiendo a alguien que cre�...� se interrumpi� cuando un alto se acerc� y Draco pudo ver el cabello negro despeinado.

��Que cre�ste, qu�?� pregunt� una voz profunda. ��Qu� cre�ste conocer? �Qu� cre�as amar? �Era eso... Draco?�

Su nombre fue pronunciado como una caricia profunda y Draco trago con dificultad cuando la figura se acerc� a�n m�s. Se ve�a... oh, dios, se parec�a mucho a Harry, desde el cabello negro despeinado, los hombros anchos hasta las piernas largas y musculosas. Eran los ojos de Harry, sus manos, pero la voz... la voz no era para nada la misma. Era mucho m�s suave que la de Harry y hab�a algo que no encajaba... quiz� un acento.

Unos dientes blancos brillaron bajo la luz de la luna y mientras observaba, sali� una varita de la manga de un abrigo oscuro, escuch� un hechizo murmurado y la figura ante s� cambi� de la apariencia de Harry Potter a una que pudo reconocer, otra que no hab�a visto en casi veinte a�os.

�Gautlier,� exhal�. El hombre que ten�a enfrente ri� y no fue un sonido placentero.

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�Bravo, joven Malfoy,� dijo al acercarse estudi�ndolo cuidadosamente. �O quiz�, no tan joven ya �verdad? Sigues siendo guapo, pero no te has cuidado muy bien. Te ves cansado. �Problemas para dormir? �Quiz�... tienes pesadillas?� La sonrisa de superioridad se profundiz� cuando Draco abri� los ojos desmesuradamente. �He aprendido muchas cosas desde la �ltima vez que nos vimos, Draco Malfoy. Muchas, muchas cosas.� Gir� la varita en su mano con aire displicente al mismo tiempo que caminaba a su alrededor; Draco lo observ� con cautela mientras se mov�a. �Lo �ltimo fueron los hechizos de glamour.� Su sonrisa se volvi� predadora mientras segu�a movi�ndose. �Has estado alejado demasiado tiempo de los Aurores y te has vuelto descuidado. Cu�l fue tu primera lecci�n, �eh? �Nunca aventurarte solo?�

��Qu� est�s haciendo con la varita de Harry?� pregunt� Draco con m�s fuerza de la que hubiera cre�do posible dadas las circunstancias, pero Gautlier simplemente ri�.

�Yo no tengo la varita de Harry Potter, Malfoy.� Sacudi� la cabeza casi con compasi�n. �Para alguien tan inteligente, te est� tomando demasiado tiempo descubrirlo.� Segu�a caminando en c�rculo y Draco igual sigui�ndolo con la mirada. �Piensa, Draco,� continu� en un tono casi amistoso. ��Por qu� estar�a yo matando a los m�os, a mis disc�pulos? Estos son mis ni�os, mis mascotas, hacen cualquier cosa que les diga. Est�n listos para hacer lo que les pida y convertirme en el nuevo Se�or Tenebroso.

Los vampiros a su alrededor murmuraron y sisearon descubriendo los colmillos y Draco comprendi� que ten�a muy pocas probabilidades de salir de esto con vida. Era el �nico con un coraz�n palpitante y sab�a que ellos pod�an escucharlo, que pod�an oler su sangre. Tambi�n comenzaron a moverse inquietos, no hacia el frente, si no hacia los costados, generando un c�rculo alrededor de los dos. Draco los recorri� con la mirada para luego regresarla a Gautlier. �Alguien tiene la varita de Harry,� insisti� apuntando su propia varita al coraz�n de Gautlier. �Y vas a decirme qui�n es o te matar�.�

�Malfoy, si insistes en esta tonter�a, har�s que me cuestione tu inteligencia.� Galutier sacudi� la cabeza. �Efectivamente, alguien tiene la varita de Harry Potter.� Sonri� complacientemente extendiendo las manos. ��No puedes imaginarte qui�n?� Draco desvi� los ojos hacia las criaturas a su alrededor que no dejaban de moverse, luego la regres� a la cara presuntuosa de Gautlier. �Oh, por favor. No es tan dif�cil. La persona en posesi�n de la varita de Harry Potter... es �l mismo.�

Draco lo escuch�, escuch� las palabras, pero tard� un instante en comprenderlas. Quiso humedecerse los labios, pero ten�a la boca igualmente seca, y sent�a la lengua pegada al paladar. �No lo...� sacudi� la cabeza. �No es posible.�

��No lo es?� le pregunt� Gautlier sonriendo burl�n. Draco volvi� a sacudir la cabeza con m�s vigor.

�Est� muerto,� susurr�. �Lo vi morir.�

�No,� coment� el franc�s casi amablemente. �Lo viste herido. No lo viste morir.�

Draco lo mir� sin comprender, las manos se le estaban entumiendo, pero no dej� de apuntar al hombre. �S�. �Lo vi morir!�

El guapo vampiro sacudi� la cabeza lentamente. �Malfoy,� dijo suspirando indulgente, acerc�ndose un poco. �No viste morir a Harry Potter. �l no muri� de las heridas que sufri� en esa batalla.� Draco levant� la varita hasta que la tuvo a la altura de su cara e intent� mantenerse firma a�n cuando las piernas le temblaban.

�Nunca habr�a desaparecido as� como as�,� arguy�. �No si hubiera sobrevivido. Habr�a encontrado la forma de hac�rnoslo saber; habr�a acudido a nosotros.�

�Est�s muy seguro de ello, �verdad? �Est�s tan seguro del amor que te ten�a que no crees que haya alguna circunstancia por la que podr�a haber decidido alejarse?�

Draco sacudi� la cabeza con tanto vigor que el flequillo le cay� sobre las cejas. �Ninguna.�

�Entonces no lo conoces tan bien como cre�as.�

Ahora fue el turno de Draco de sisear, de ense�ar los dientes. �Eres un mentiroso,� dijo acaloradamente. �Un maldito mentiroso. No habr�a abandonado a sus hijos as� nada m�s porque s�...�

�Ah, los ni�os.� La sonrisa de Gautlier se volvi� fiera. �Tan j�venes, tan dulces. Tan vulnerables. Tan impresionables. Quiz� un padre se alejar�a de sus hijos para evitarles saber en lo que se hab�a convertido.�

Draco abri� la boca cuando repentinamente cobr� sentido lo que estaba tratando de decirle Gautlier y el fr�o de sus manos se extendi� a sus brazos. �No,� susurr�. �No, no es posible...�

�Ah, por fin lo hemos comprendido,� coment� Gautlier sonriendo mientras estudiaba la expresi�n descompuesta de Draco. �Si, amigo m�o. Mi hermano y yo fuimos los que los atacamos esa �ltima noche, magos primero, vampiros ahora. Le dije a Potter que su arrogancia lo llevar�a a su destrucci�n, �no es cierto? Le dije que era un tonto al creerse impasible a nosotros. Cuando se permiti� distraerse por su necesidad patol�gica de proteger a su amante,� acarici� la palabra casi con obscenidad, �se volvi� vulnerable. Recibi� un maleficio aturdidor bastante fuerte en el pecho. Sin duda alguna se habr�a recuperado de ello.� Se detuvo curvando los labios en una parodia perversa de una sonrisa. �Pero no me sobrevivi� a m�.�

Draco sinti� que los ojos comenzaban a picarle, pudo sentir la bilis en la garganta y la volvi� a bajar a pura fuerza de voluntad. �T�... t�...� no pudo terminar la idea, no pudo obligarse a decirla.

��Te impresiona, Malfoy?� lo provoc� despiadadamente. �Quiz� tuvo raz�n en alejarse si es as� como reaccionas ante lo que se ha convertido.

Entonces el vampiro se movi� tan r�pida y salvajemente que en un instante estaba frente a Draco y al siguiente, detr�s de �l, con un brazo fuerte como el acero sobre su garganta, presion�ndolo contra su pecho duro como una pared de granito. Draco forceje�, su varita era pr�cticamente inservible con Gautlier a sus espaldas. �ste le dio una patada en el muslo lastimado y cuando la pierna se le dobl�, el vampiro aprovech� para agarrarle la mu�eca y apret�rsela. Draco pudo escuchar c�mo se part�a el hueso, un dolor agud�simo le recorri� el brazo y su varita cay� al suelo, inservible. A su alrededor las figuras oscuras rieron y soltaron gritos de alegr�a, eran una masa de criaturas molestas, sin alma.

L�grimas de dolor enturbiaron la visi�n de Draco cuando Gautlier le jal� el cabello para ladearle la cabeza y se estremeci� en vano cuando sinti� el aliento h�medo del vampiro sobre su garganta.

�Vaya, tu sangre limpia va a ser m�a, �no es as�?� susurr� Gautlier rozando su cuello con los labios provocando que los vellos de los brazos se le erizaran. Draco sinti� que su lengua acariciaba toda la longitud de su yugular y muy a su pesar, sinti� que el calor recorr�a su cuerpo y volvi� a estremecerse, pero por un motivo completamente diferente. Sinti� al vampiro re�r contra su piel, y maldijo la reacci�n de su cuerpo a�n cuando forcejeaba por distanciarse de la oleada de lujuria que lo invadi�. �R�ndete, dulzura,� escuch� canturrear la voz en su o�do. �Pues te ofrezco un placer como el que jam�s has conocido. Dar�s la bienvenida a la muerte dentro de mis brazos, Draco Malfoy. Me suplicar�s que te mate...� sinti� c�mo el cabello negro del otro le rozaba la mejilla al mismo tiempo que una mano dura iba a parar a su pecho y desabrochaba su abrigo para deslizarse en su interior y acariciar su est�mago. Jade� cuando la mano baj� m�s para terminar cerr�ndose sobre �l, apret�ndolo suavemente por encima del pantal�n mientras que unos incisivos afilados rasgaban su piel. �Ah, esto te gusta, �no? Sab�a que as� ser�a desde tiempo atr�s, hace ya tantos a�os. Sab�a que ser�as el putito perfecto...� entonces Gautlier se detuvo y Draco pudo sentir que ladeaba la cabeza. �Se est� poniendo duro contra mi mano,� anunci� a la oscuridad y Draco se sinti� invadido de verg�enza, pues era verdad. ��De verdad est�s dispuesto a observar simplemente mientras poseo a tu amante, Potter?�

A�n entre la neblina de su excitaci�n, Draco escuch� lo que Gautlier hab�a dicho y abri� los ojos inmediatamente. Busc� entre las caras �vidas frente a s�, que lo ve�an con lascivia obscena, pero luego busc� m�s all�, dentro de las ramas nudosas de los �rboles, hacia la cerca y las tumbas. Pod�a ver muy poco dentro de la oscuridad, pero su coraz�n comenz� a latir irregularmente dentro de su pecho.

�Ah, te siente, Potter,� grit� triunfal Gautlier. �Al igual que yo. �De verdad vas a observar nada m�s mientras lo convierto en uno de nosotros? Me decepcionas...� Draco sinti� moverse la cabeza junto a �l mientras Gautlier revisaba el cementerio con la mirada. Intent� recuperar el aliento a�n mientras la mano sobre su pene lo apretaba con la suficiente fuerza para hacer que gimiera de dolor. ��S� que est�s ah�, maldito!� grit� Gautlier. ��S� que est�s mirando! Muy bien, si est�s dispuesto a sacrificarlo, �qui�n soy yo para neg�rtelo?�

Un dolor lacerante le penetr� la garganta cuando los incisivos cortaron su piel, pero el grit� que se oy� en el cementerio no vino de su boca. Era escalofriante; un sonido de ira y dolor y entonces rein� el caos. En un momento, le estaban cortando la garganta y al siguiente ya no hubo dolor y se vio inundado por un l�quido c�lido que cay� sobre su cuello y pecho, sobre sus brazos, sus manos. El brazo alrededor de su garganta se afloj� y el cuerpo detr�s suyo cay�; �l mismo cay� de rodillas con las manos sobre su garganta, su propia sangre escurriendo entre sus dedos. Se o�an voces a su alrededor, pies corriendo, sonidos sordos, maldiciones y durante todo ese tiempo, los gritos inhumanos continuaron a�n cuando el mareo provoc� que la cabeza le diera vueltas. Apoy� la frente contra la tierra musgosa y el silencio cay� de una forma tan abrupta que se pregunt� d�bilmente si se habr�a quedado sordo. De lo �ltimo que tuvo conciencia, fue de otro brazo envolviendo suavemente su cintura y de una voz cerca de su oreja, dolorosamente familiar, susurr�ndole, �Est�s bien, te tengo,� justo antes de que todo se volviera negro.

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