El Dormitorio de Gryffindor
Fuego Conmemorado
Escrita por: Oldenuf2nb
Traducida por: Nalero y Val

Segunda Parte

Entonces Draco se inclin� hacia delante para guardar la carta en su escondite, haciendo girar la llave justo en el momento en que la puerta de la oficina exterior se abr�a. Se enderez� y sinti� que el coraz�n se le aceleraba un poco tan pronto como su hijo entr� en su oficina cerrando la puerta suavemente detr�s de �l.

Era tan guapo, pens� y no por primera vez. Mas alto que �l, el mismo tono de cabello platino, aunque sus rasgos afilados se hab�an visto suavizados por los genes de su madre. Los ojos de Scorpius eran caf�s igual que los de Astoria y su barbilla era cuadrada en vez de afilada. A sus veintid�s a�os era alto, delgado y, pens� Draco, mucho mas guapo que �l, y con mucho una mejor persona. Iba vestido con un traje azul marino, una camisa de seda gris azulada siguiendo la preferencia de su padre por la ropa muggle. Draco se puso de pie e intent� sonre�r conforme su hijo cruzaba la oficina hacia �l, pero no enga�� a Scorpius; nunca lo hab�a podido hacer. Al tiempo que le extend�a la mano, el muchacho estudi� los ojos enrojecidos de su padre con una expresi�n que mediaba entre pesar y entendimiento. Draco se la estrech�, pero Scorpius le puso la otra mano encima y aprision� la su padre entre las suyas.

�Buenos d�as, padre,� dijo suavemente apretando la mano que Draco no se hab�a percatado estaba fr�a hasta que lo envolvi� su calidez.

�Buenos d�as, hijo,� respondi� con calidez. ��C�mo est�s?�

�Bien, se�or,� contest� su hijo. �Apostar�a que mejor que tu.�

Draco se humedeci� los labios con la lengua. Otra caracter�stica de Scorpius era que era mucho mas directo de lo que �l mismo hab�a sido jam�s. �Estoy bien,� contest� suavemente y Scorpius no discuti� con �l, pero era obvio que no le crey�.

Scorpius hab�a descubierto la �indiscreci�n� de su padre cuando ten�a quince a�os. Su madre, que en alg�n punto hab�a amado a su padre con todo su ser, descubri� la carta que Draco acababa de esconder en su escritorio y �l hab�a tenido la fortuna de encontrarla ley�ndola, porque de lo contrario estaba seguro de que ella la hubiera quemado. Draco la hab�a mantenido lejos del alcance de ella durante poco mas de una d�cada. Ella hab�a tenido sus sospechas, pues �l ya no acud�a a su cama y emocionalmente guardaba su distancia, pero la noticia de su romance con Harry Potter nunca sali� del c�rculo interno de �ste. Ron lo sab�a y hab�a odiado a Draco durante tanto tiempo que su reacci�n no fue inesperada. Odi� todo el asunto, odi� que Harry enga�ara a Ginny, pero nunca dej� de ser su amigo. Hermione tambi�n se hab�a enterado, pero en su momento casi no pareci� sorprenderle la relaci�n que se dio entre los dos Aurores. Despu�s de la muerte de Harry, se volvi� una especie de refugio de tranquilidad amigable y compasivo dentro de la existencia destrozada de Draco y todav�a segu�a siendo una buena amiga. Ginny nunca se lo cont� a nadie y se mantuvo ante los ojos del mundo m�gico como la viuda tr�gica de Harry Potter.

Astoria se volvi� una furia despu�s de encontrar la carta. Draco logr� rescatarla, pero su matrimonio hab�a sufrido un da�o irreparable. Astoria le cont� pronto a su hijo que su padre era un infiel, pervertido y degenerado. Afortunadamente para Draco, Scorpius no le crey�, pero le hizo unas preguntas muy fuertes.

Draco estaba seguro de que la conversaci�n mas dif�cil que hab�a sostenido durante su vida adulta, fue aquella en la que le cont� a su hijo que le hab�a sido infiel a su madre... con otro hombre. Nunca entender�a que providencia fue la que le sonri� durante ese tiempo oscuro, porque aunque Scorpius se sinti� decepcionado, el amor que sent�a por su padre nunca vacil�. Es m�s, los uni� mas. Y nunca sabr�a que le hab�a dicho Narcissa a su esposa, porque por alg�n extra�o motivo, Astoria no acudi� a la prensa, no le cont� a sus padres y nunca le volvi� a decir algo directamente sobre el asunto. Claro que eso no evit� que se convirtiera en una arp�a infeliz que hac�a comentarios insidiosos y que gastaba alegremente todo el dinero del que pod�a echar mano, pero �l cre�a que era un precio bajo a pagar por no ver su nombre en la p�gina frontal del Profeta y porque la memoria de Harry permaneciera intacta.

Scorpius le dio un apret�n antes de soltarle la mano y retroceder un paso.

�He venido a platicar contigo acerca de algo,� dijo con una determinaci�n que Draco reconoci� y le se�al� una de las dos sillas frente a su escritorio antes de sentarse elegantemente en la otra. Nunca se sentaba detr�s de su escritorio ni obligaba a su hijo a que permaneciera de pie frente a �l, como si fuera un s�bdito que hab�a sido convocado ante su trono. A �l lo hab�an criado de esa manera. Las ocasiones en que su padre lo llamaba ante su escritorio, eran ocasiones de terror; �l nunca har�a que su hijo se sintiera menos de lo que era, nunca.

��Qu� tienes en mente?� pregunt� Draco cruzando sus largas piernas tan elegantemente como se lo permiti� la rigidez del muslo derecho.

�Esta ma�ana vi a la Sra. Weasley,� comenz� Scorpius afilando mas el pliegue de sus pantalones oscuros. Draco esper� observando el rostro de su hijo mientras �ste parec�a escoger sus palabras cuidadosamente. �Me pidi� que intercediera contigo en su favor.�

Draco suspir� para si. Ya sab�a de qu� se trataba esto y ya le hab�a dicho a Hermione que no estaba interesado.

�Si se trata de los Norteamericanos...�

�Padre,� dijo Scorpius levantando sus ojos caf�s hacia los suyos. �Por favor esc�chame antes de que digas que no.�

Se ve�a tan ansioso y se escuchaba tan serio que Draco accedi� con una ligera cabezada, aun cuando sinti� una ligera punzada de molestia contra la Secretaria Suplente Weasley.

�La situaci�n se ha vuelto... mas seria,� dijo suavemente. �Definitivamente est� pasando algo, algo tenebroso y la gente en el poder teme que puedan tener un problema similar al que tuvimos nosotros hace ya tantos a�os.�

Draco no necesitaba explicaci�n alguna para las palabras enigm�ticas de su hijo para saber a qu� se refer�a.

��Creen que tienen un Mago Tenebroso?� pregunt� un poco ir�nico.

�Creen que tienen uno potencial,� aclar� Scorpius. �Y sinceramente se sienten un poco desconcertados. Nunca antes han lidiado con algo as� y est�n desesperados por tener alguien a quien consultar.�

Draco frunci� los labios. ��Y por qu� no manda a su esposo?� pregunt� suavemente. �Se la pas� a�os luchando contra el �ltimo Mago Tenebroso; fue la mano derecha del hombre que lo venci�. Yo fui solamente...�

�Un mort�fago,� declar� Scorpius suavemente; no fue grosero, sino firme. �Y un Auror.�

Draco se recarg� en su silla y estudi� el rostro solemne de su hijo, haciendo un esfuerzo por mantener la suya inexpresiva. Scorpius le sostuvo la mirada, pero Draco pudo ver la ansiedad reflejada en sus ojos; su hijo sab�a que �ste era un tema prohibido.

�Debes admitir que eso te da una perspectiva �nica, se�or,� continu� el joven cuando su padre permaneci� en silencio. �Fuiste el �nico que fue parte del c�rculo interno de Tom Riddle y que luego cambi� de bando.�

�Yo no fui parte del c�rculo interno,� coment� Draco con un tono mesurado. �Fui un observador.�

�Tu padre...� Scorpius se interrumpi� y Draco supo que hab�a entrecerrado los ojos a modo de advertencia. Los cerr� un momento y suspir� buscando tranquilizarse a�n cuando ten�a los pu�os apretados sobre los brazos de la silla.

�Lo siento, se�or.�

Draco trag� con dificultad, luego sacudi� la cabeza antes de volver a abrir los ojos. Su primer pensamiento fue tranquilizar a su hijo cuando vio el sonrojo en las mejillas de Scorpius.

�No, est� bien,� dijo pesadamente. �Mi padre estuvo... �ntimamente conectado con Riddle. Y yo estuve... cerca. Con frecuencia. Con la frecuencia necesaria para comprender que el hombre era un monstruo y mi padre un tonto.� Hizo una pausa sintiendo todo el peso de sus cuarenta y ocho a�os al mirar el rostro joven y ansioso de su hijo. ��Qu� es lo que quiere ella que haga, Scorpius?� pregunt� y su hijo se inclin� hacia delante con inter�s.

�Est�n buscando un especialista,� dijo r�pidamente. �Alguien que tenga experiencia previa con magia y hechizos tenebrosos, alguien que pueda reconocer las se�ales, que sepa c�mo desmantelar protecciones tenebrosas...�

Draco levant� la mano. �S�lo sabr� c�mo desmantelarlas si las reconozco, Scorpius,� dijo llanamente. �Dudo mucho que estos... magos tenebrosos, quienes quiera que sean, est�n utilizando una magia similar a la que se utiliz� aqu�,�

�Pero es que �se precisamente es el asunto, padre,� continu� Scorpius. �Es por eso que la Sra. Weasley quiere que vayas tu. Ellos le enviaron sus reportes, las revisiones de las protecciones, la informaci�n de las autopsias de los muertos. Los hechizos son los mismos.� Hizo una pausa significativa. �Exactamente... los mismos.�

Draco sinti� que un estremecimiento le recorr�a la espina como si fuera un cubo de hielo. ��Los mismos?� susurr�. Scorpius asinti�.

�Y hay algo mas. Anoche lleg� informaci�n nueva,� continu� cuando Draco permaneci� en silencio un momento. Draco no estaba seguro de si quer�a saber qu� era lo siguiente que iba a decir, pero asinti� con cautela para que su hijo continuara. �Al... parecer hay un... vigilante tambi�n, alguien que est� luchando contra esta amenaza tenebrosa, alguien que est� actuando como un mercenario.�

Draco frunci� el ce�o. �Seguramente el Ministerio.�

�No, se�or,� lo interrumpi� educadamente Scorpius. �No es nadie del Ministerio. Ellos piensan que est� siendo financiado por alguna fuente privada...� hizo una pausa y se humedeci� los labios como si otra vez estuviera nervioso, baj� la mirada caf� a las rodillas.

�Contin�a, hijo,� lo urgi� gentilmente Draco. Scorpius levant� la mirada hacia su rostro vi�ndose casi arrepentido.

�Pudieron localizar el rastro de la firma m�gica que dej� la varita del mercenario.� Ese estremecimiento fr�o volvi� a recorrer la piel de Draco mientras estudiaba el ce�o fruncido de su hijo.

�Es la de Potter, se�or.�

La sangre le subi� inmediatamente a las orejas abandonando su rostro y sinti� que el coraz�n se le iba a las costillas.

��Qu�... de Potter?� resoll�. De pronto tuvo mucho, mucho fr�o. Scorpius se inclin� hacia delante y le puso una mano sobre la rodilla y en ese momento se dio cuenta de que estaba temblando.

�La varita de Potter. Padre, alguien ha encontrado la varita de Potter y la est� utilizando.�

Y Draco supo en ese momento que no hab�a necesidad de seguir discutiendo. Iba a ir a Norteam�rica.

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Draco hab�a descubierto a�os atr�s que los Trasladores internacionales no eran algo que pudiera utilizar c�modamente. El tiempo �de vuelo� era considerablemente mas largo que con los trasladores dom�sticos y para la hora en que aterrizaba siempre ten�a la pierna dormida y no soportaba su peso, lo que provocaba que cayera sin gracia alguna con la dignidad hecha jirones. En alg�n momento, cuando se encontraba en los treintas, permiti� que su madre lo convenciera de utilizar los vuelos muggles intercontinentales y descubri� que la primera clase era sorprendentemente relajante.

Pero supo que este vuelo no ser�a ni c�modo ni relajante mientras se acomodaba en su camarote de primera clase del lujoso jet de British Airways despu�s de que el guapo sobrecargo revisara su abrigo negro de lana y que le hubiera dado la copa de Co�ac que le hab�a solicitado. Estaba demasiado nervioso, ansioso y tenso. Si la informaci�n que le hab�a dado su hijo era demasiado perturbadora, la que le dio Hermione Granger lo hab�a sido mucho mas.

Casi tan pronto como Scorpius se hubo marchado, sali� del Edificio Malfoy y camin� las cuatro cuadras que lo separaban del Ministerio y Hermione Weasley lo admiti� en su oficina casi inmediatamente. Ten�a los ojos caf�s enrojecidos por la fatiga y se ve�an ensombrecidos por las ojeras de demasiadas noches sin dormir. Le ofreci� caf� y una silla y luego le mostr� lo que ten�a.

�l revis� los reportes del Ministerio Norteamericano, con cada p�gina que pasaba aumentaba su ansiedad; mientras tanto, ella beb�a a sorbos su caf�. Cuando lleg� al �ltimo reporte levant� la mirada para descubrirla observ�ndolo cuidadosamente.

�Es imposible,� mascull�.

Ella hab�a sacudido la cabeza tajantemente.

�No lo es,� hab�a dicho. �Alguien tiene su varita, Draco. No hay duda alguna de ello. Ahora la �nica pregunta es, �de d�nde la obtuvieron?�

Uno de los detalles que el p�blico en general no conoc�a sobre la muerte de Harry Potter era que despu�s de que Weasley llev� a Draco a San Mungo y regres� al lugar de la escena, ya no estaban ni el cuerpo de Harry ni su varita. Hab�an desaparecido sin dejar rastro. Con el temor de que de alguna forma magos tenebrosos se hubieran llevado el cuerpo para profanarlo o para reanimarlo como un Inferi, hab�an iniciado una b�squeda fren�tica pero secreta de sus restos, dicha b�squeda se prolong� durante meses. En el funeral se enterr� un ata�d vac�o y se le entreg� a su viuda una r�plica de su varita de acebo de veintiocho cent�metros. Draco supo que nunca podr�a olvidar que en el acto conmemorativo estuvo parado al fondo de la multitud, con su madre a un lado sirvi�ndole de apoyo y su esposa que en ese momento no sospechaba nada del otro, con el coraz�n tan vac�o como el ata�d marfil que observ� descender hacia la tierra. Ese d�a fue un consuelo el dolor palpitante de su pierna. El dolor lo mantuvo centrado y la

mano firme de su madre le permiti� mantener la compostura. El sab�a que su madre estaba enterada de lo de �l y Harry: nunca le hab�a dicho una palabra, pero �l pudo verlo en sus tristes ojos gris invernal y ella fue el pilar que necesit� cuando su propia resoluci�n se vio hecha jirones.

Uno se los secretos mejor guardados del Ministerio de Magia era el hecho de que Harry Potter y su varita nunca hab�an sido encontrados. Cuando pasaron primero meses, y luego a�os, sin rastro alguno de ambos, finalmente se fue terminando la b�squeda. Nunca se escuch� siquiera un rumor que les hiciera creer que alguien tuviera ya fuera el cuerpo o la varita o que supieran algo de su paradero. Era uno de los grandes misterios de la �poca, conocido solamente por Draco, Hermione, Ron, la viuda de Harry y los miembros superiores del Wizengamot.

Escuch� el suave rugido de los motores del enorme jet mientras �ste rodaba por la pista de despegue con la mirada fija en la pista inh�spita y azotada por el viento, pero su mente estaba en aquel d�a lejano; la multitud vestida de negro y arriba, las nubes oscuras y siniestras. Ginny Weasley junto con sus tres ni�os peque�os parada valientemente cerca del ata�d; James, pelirrojo, la beb� de cabello cobrizo en sus brazos y el peque�o Albus, de la misma edad que Scorpius con sus ojos verdes muy abiertos por la confusi�n. Se sinti� atra�do por la joven r�plica de Harry pero se mantuvo lejos de �l, de todos ellos. No pod�a verlos a los ojos, no pod�a hablar con la viuda, no pod�a ir hasta la familia para presentar sus condolencias. Quiz� Ginny estaba enterrando a su esposo, pero �l hab�a perdido su motivo para vivir.

Lo �nico que lo mantuvo cuerdo fue Scorpius.

Scorpius lo necesitaba. Eso se dec�a repetidamente todos los d�as. Scorpius lo necesitaba, su madre lo necesitaba. Y as� vivi� su vida, o lo que le quedaba de ella. Nunca, nunca en los diecinueve a�os que transcurrieron desde esa noche, hubo evidencia alguna de que todav�a estuvieran en alguna parte Harry y su varita. Hasta el d�a anterior. Y Hermione sab�a que era lo �nico que lo har�a tomar un avi�n con rumbo a Charleston, Carolina del Sur.

�Draco, por favor,� le hab�a implorado. �Alguien tiene su varita. �De verdad podemos... seguir dejando que la utilice as� como as�? �Sin saber qui�n es y c�mo fue que la obtuvieron?� lo hab�a mirado fijamente con sus ojos caf�s muy abiertos y el rostro p�lido. �Draco, por favor,� le volvi� a susurrar. �Quiz� sepan en d�nde est�...� ella rompi� a llorar en ese momento y �l se perdi�.

Por supuesto, ella hab�a tenido raz�n. No pod�a ignorarlo. No podr�a descansar hasta que no lo supiera a ciencia cierta. No hasta que hubiera visto la evidencia con sus propios ojos. De ah� que estuviera sentado en ese camarote de primera clase en el avi�n. Y conforme el avi�n se elev� hacia el cielo nublado, bebi� de un trago el co�ac caro que ten�a en la mano deseando que el calor que sinti� extenderse por su est�mago aliviara un poco su ansiedad. La noche anterior no pudo dormir mas que un par de horas y estaba muy cansado...

Finalmente combinaron sus fuerzas el ronroneo de los motores el enorme jet y el alcohol caro y el cuerpo privado de sue�o de Draco perdi� la batalla con un quejido escaso. Cerr� los ojos, la cabeza se le lade� y no se percat� del joven ayudante de sobrecargo que le quit� la copa vac�a de entre sus dedos laxos y lo cubri� con una suave manta de cachemira.

Hab�a neblina. Una neblina densa, pesada que ol�a a humedad y se sent�a fr�a y h�meda contra su piel y estaba muy oscuro, las sombras eran lo �nico que marcaba su ruta, pero avanz� de cualquier forma, adelant�ndose, avanzando...

�Hacia qu�? No lo sab�a. Lo �nico que sab�a era que ten�a que seguir avanzando y que era imperativo que alcanzara su destino, que nunca nada hab�a sido tan importante como el hecho de llegar a donde iba.

Y entonces se vio envuelto en calidez, dulzura, seductora y suavidad contra su rostro, como el cabello de un amante, movi�ndose por sus venas como un vino embriagador.

�Draco,� le susurr� gentilmente una voz oscura al o�do. Su sonido encendi� fuegos que hab�a cre�do extintos para siempre aun cuando su coraz�n renaci� casi dolorosamente con alegr�a.

�Oh,� se escuch� sollozar aun cuando sus manos se cerraron sobre unos hombros fuertes y se sinti� atrapado dentro de un fuerte abrazo. �Oh, eres tu. Dios m�o...� las l�grimas le picaron los ojos mientras lo depositaban sobre una superficie suave, mientras su cuerpo era explorado por unas manos firmes, seguras, y unos labios y lengua reconoc�an el arco de su garganta. Arque� el cuello y envolvi� sus largas piernas alrededor de las caderas delgadas.

�Por favor,� suplic�, buscando y cerrando las manos alrededor de una cabellera suave y gruesa. �Por favor. Ha pasado demasiado tiempo...�

�Tienes que estar seguro,� le advirti� la voz oscura al mismo tiempo que sent�a primero uno, y despu�s dos dedos deslizarse h�bilmente en el calor de su cuerpo. Jade� y se arque� conforme se fue desvaneciendo el ardor interno, reemplazado por la maravilla de ser preparado diestramente otra vez. Hab�an pasado a�os... �Tienes que estar muy seguro. No hay marcha atr�s...�

�Estoy seguro,� jade� con el cuerpo reaccionando con fiereza ante el placer. ��Dios, por favor, estoy seguro!�

La mano que aprisionaba su cabello era algo menos que gentil, y sinti� c�mo le jalaba la cabeza hacia atr�s y de lado. �T�cate,� le instruy� la voz sedosa al mismo tiempo que su lengua trazaba el pulso que lat�a debajo de su barbilla. Lo invadi� una dulce languidez, los pezones se le contrajeron tanto y tan r�pido que le result� ligeramente doloroso, el aliento se le ator� en la garganta al mismo tiempo que su erecci�n palpitaba, dejando caer gotas de l�quido pre seminal sobre su est�mago plano. Una mano se cerr� gentil sobre la suya y enrosc� los dedos alrededor de su pene que salt� desesperadamente en la palma de Draco.

�Te amo,� susurr� la voz contra su garganta. �Te he amado durante tanto tiempo, siempre te amar�. Recu�rdalo. Siempre...�

Las palabras enviaron por su cuerpo una oleada de alivio acompa�ado de una alegr�a profunda. Las l�grimas cayeron de sus ojos y se mantuvo tranquilo cuando sinti� una dureza presionarse contra su estrecha apertura, trat� de facilitarle el camino, de obligar a sus m�sculos a aceptar lo que le hab�a sido negado durante tanto tiempo...

Sinti� la quemaz�n de la penetraci�n justo al mismo tiempo que otro dolor agudo perfor� su garganta, jade� y se arque� al percatarse de lo que era, de lo que estaba pasando... pero entonces lo acelerado de su pulso y el dolor de la posesi�n se vieron arrasados por el surgimiento del �xtasis mas profundo...

��Harry!� solloz� cuando perdi� todo pensamiento coherente...

��Se�or? �Se�or? Despierte, se�or.�

Draco se sobresalt� y parpade� confundido mirando la cara preocupada arriba de la suya. Durante una fracci�n de segundo sinti� que el p�nico lo invad�a, pues no recordaba en d�nde estaba, o de qui�n era la cara, y el pulso que ya de por si ten�a acelerado, se sobresalt� mas, inc�modo. Pero entonces sinti� la vibraci�n sutil del avi�n, escuch� el rugido sordo de los motores y reconoci� el rostro joven que ve�a el suyo con preocupaci�n. El sobrecargo que anteriormente se hab�a mostrado tan sol�cito estaba inclinado sobre �l con una mano sobre su hombro mientras sus ojos azules le examinaban la cara. Fue en ese momento que Draco se percat� de que estaba llorando; que ten�a l�grimas en los ojos y en las mejillas y que estaba dolorosamente excitado. Baj� la mirada alarmado y se sinti� aliviado al ver que alguien, probablemente el joven que ahora estaba inclinado sobre �l, lo hab�a cubierto con una manta suave que escond�a efectivamente la evidencia de la reacci�n de su cuerpo al sue�o.

��Se�or, est� bien?�

Draco volvi� a parpadear confundido y se limpi� las l�grimas de la cara con manos temblorosas. �Estoy bien,� le asegur� r�pidamente al sobrecargo. �Tuve... una pesadilla...�

�Por supuesto.� Una mano apareci� en su l�nea visual sosteniendo lo que parec�a ser un pa�uelo doblado. Lo sujet�, sinti�ndolo c�lido y h�medo contra su mano. Se limpi� la cara r�pidamente, entonces le vino a la mente una idea alarmante y levant� la mirada r�pidamente.

�No hice... ruido, �verdad?� pregunt� sintiendo que le sub�a el color a la cara. El cuerpo robusto del sobrecargo le imped�a ver a los otros pasajeros de primera clase, pero tambi�n, se percat� con una repentina oleada de gratitud, lo escond�a a �l de los dem�s.

�No,� le asegur� amablemente el hombre cuyo nombre, Drew, estaba grabado en una plaquita. �Solo me percat� de que se ve�a... angustiado. No ocasion� ning�n problema.�

Suspir� sinti�ndose aliviado nuevamente y se termin� de limpiar las l�grimas del rostro.

��Le gustar�a beber algo?� pregunt� Drew enderez�ndose en el pasillo, ahora su cara era una m�scara cuidadosa de profesionalismo. ��Vino, quiz�? �O t�?�

�Solo agua, gracias,� contest� Draco en voz baja. Cuando se alej� el joven, volvi� la mirada hacia la ventana oscura del avi�n, en primera para no tener que encontrarse con ninguna de las miradas curiosas que deb�an estar mir�ndolo. La cabeza le dol�a a�n mas que antes, sent�a los ojos arenosos, pero lo mas perturbador era que los detalles de su sue�o, que le hab�a parecido demasiado v�vido e importante, se le estaban desvaneciendo lentamente.

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Suspirando pesadamente, entr� en la elaborada habitaci�n hacia la cama del lugar en donde se estaba hospedando, situado en el coraz�n del Historic Charleston�s Battery Park District. Justo en la esquina de dos de las calles mas antiguas de la ciudad, frente a un hermoso parque y con el oc�ano mas all�, en alguna ocasi�n hab�a sido la residencia citadina de un rico plantador que adem�s hab�a pose�do una plantaci�n a lo largo del Ashley River, en las afueras de la ciudad.

Hab�a prestado poca atenci�n a la clase de Historia que recibi� por parte del taxista que lo llev� desde el aeropuerto, debido a que la cabeza le punzaba y estaba exhausto. El vuelo procedente de Londreds hab�a aterrizado en La Guardia, Nueva York en donde hab�a tenido que esperar dos horas antes de poder tomar el vuelo siguiente, en un avi�n mucho mas chico con rumbo a Charleston. Para el momento en que lleg� a Carolina del Sur ya llevaba 14 horas lejos de Londres, la pierna se le hab�a entumecido a tal grado que cojeaba dolorosamente a cada paso y lo �ltimo que deseaba era �ver las vistas�. Al pasar en el coche por la carretera esc�nica de Ashley River y ver la campi�a ondulada, hab�a pensado que era maravillosa y se hab�a encontrado fascinado con las hileras grises de musgo que colgaban de los �rboles meci�ndose bajo la brisa como si fueran un lazo delicado. Pero por encima de todo esto, hab�a deseado un trago y una cama al llegar al hostal.

Al llegar hab�a tenido ocasi�n para sentirse nuevamente agradecido por la eficiencia de Harper. La joven que lo hab�a recibido en lo que alguna vez fue un lujoso sal�n principal, era la amabilidad en persona, vest�a un traje sencillo pero elegante color borgo�a y que le hab�a hecho se�as a un botones para que llevara su equipaje y lo escoltara a una habitaci�n de la planta baja.

�Bienvenido, Sr. Malfoy. Su asistente, el Sr. Harper,� le hab�a informado la encantadora conserje mientras lo iba guiando, su voz era suave y musical, �nos inform� que las escaleras podr�an ser un problema. Le hemos proporcionado una suite en la planta baja, lejos del P�rtico Este, puesto que no tenemos elevador. Sol�a ser la habitaci�n del Amo de la Casa. Regres� de la Guerra Civil con una severa lesi�n en la pierna y durante sus �ltimos a�os jam�s subi� mas all� del primer piso.�

La mujer hab�a abierto una pesada puerta de madera oscura y lo hab�a guiado hasta una magn�fica suite. Hab�a inmediatamente una salita con un elaborado suelo de parqu�, una chimenea enorme con una asombrosa repisa de caoba rodeada de muebles de �poca tapizados en terciopelo verde. Ella hab�a seguido avanzando por la habitaci�n se�alando diferentes puntos a su paso. �El bar est� en el armario, y aqu� -� hab�a abierto otra puerta, �- est� la rec�mara.�

La cama ocupaba el lugar prominente en la pared al otro extremo, era una cama con un dosel asombrosamente tallado con cortinas de gasa atadas a cada poste y un cubrecama de seda color borgo�a. Las paredes estaba cubiertas de un dorado profundo estampado y el suelo era igual de exquisito que en la otra habitaci�n. La mujer se hab�a dirigido a la pared y hab�a jalado un cord�n de terciopelo que hizo que se abrieran las cortinas rojo oscuro revelando as� unas puertas francesas que daban directamente a una galer�a encubierta. �Estas puertas dan hacia la bah�a y al parque,� hab�a dicho mientras se volv�a hacia �l con una sonrisa educada en el rostro. �Si las abre por la tarde, llega una brisa encantadora del puerto. Por favor h�game saber si puedo servirle en algo mas.�

�Es encantador, gracias,� le hab�a contestado sincero al mirar a su alrededor. Ella le hab�a asentido al partir dej�ndolo de pie en el centro de la rec�mara estudiando lo que solo podr�a ser descrito como un tributo a todo lo representativo de Gryffindor. Suspirando, se hab�a quitado el abrigo, lo hab�a dejado sobre una silla cercana, despu�s se hab�a quitado el saco y la corbata, luego los zapatos con los mismos pies, se hab�a abierto el cuello de la camisa y se hab�a recostado sobre la cama saboreando el colch�n con un placer hedonista. De lo siguiente que se hab�a enterado era que estaba oscuro y que se hab�a levantado adormilado de la cama. Cuando lleg� arrastrando los pies y todo adolorido hasta la salita, encontr� una charola con tapa sobre la mesita que hab�a frente a la chimenea.

�Sr. Malfoy,� dec�a la nota adjunta. �El Sr. Harper dijo que le gusta el queso y la fruta. Por favor, av�seme si necesita algo mas sustancioso. Samantha.�

��Samantha?� pens� con el ce�o ligeramente fruncido y luego record� vagamente a la joven que lo hab�a recibido. Levant� la cubierta plateada para encontrarse con un elegante surtido de quesos, panecillos y galletas, uvas, fresas y mel�n. En eso hab�a consistido su cena junto con una botella de Chablis que hab�a encontrado en el bar y antes de retirarse a dormir pens� en que quiz� ya era tiempo de aumentarle el suelo a Harper.

Esa ma�ana desayun� en la salita. Era temporada baja y �l era uno de los tres �nicos hu�spedes. Se qued� en su habitaci�n y desayun� t� y pan tostado, y estaba terminando su comida cuando un joven con uniforme de chofer apareci� en la puerta.

�Sr. Malfoy,� pregunt� gentilmente. Draco levant� los ojos del peri�dico para encontrarse siendo estudiado educadamente.

��Si?�

�Estoy aqu� para llevarlo a su reuni�n con el Ministro Henry.�

Draco asinti� y lo sigui� hasta otra limusina.

A partir de ese punto, su viaje se separ� de lo que hab�a sido su curso muggle previo. El joven lo condujo hasta lo que alguna vez hab�a sido una estaci�n de tren � eso le inform� -, pero que ahora era un centro comercial.

�Entre en la cuarta tienda de la izquierda,� le inform� el chofer mientras le manten�a abierta a puerta. �Vaya a la parte trasera de la tienda y entre en el segundo probador de la derecha. Jale el gancho de la derecha.�

Draco asinti� y entr� en el peque�o centro comercial, encontr� la tienda en cuesti�n, llamada �Tasty Togs� y sigui� las instrucciones que se le dieron. Pas� junto a una joven con un arreglo alarmante de perforaciones faciales que le dirigi� una cabezada con una sonrisa burlona, entr� en el �rea de vestidores, y encontr� el que se le hab�a indicado. El suelo se estremeci� un momento cuando baj� el gancho y luego el vestidor completo comenz� a descender como si fuera un elevador rumbo al s�tano.

Hizo a un lado la cortina cuando dej� de moverse y se encontr� frente a un atrio bastante parecido al del Ministerio de Magia de Londres.

Le sorprendi� enterarse a�os atr�s, que el Congreso de Magia Norteamericano (como le llamaban en ese pa�s) no estaba en Nueva York, ni siquiera en Washington DC, al lado del gobierno muggle, sino en Charleston, Carolina del Sur. Y cuando le pregunt� a Hermione al respecto, puesto que ella parec�a saberlo todo sobre todo, no lo decepcion�.

�Bueno,� le dijo con el aire de un maestro al comenzar la clase, �Charleston es una de las ciudades mas viejas de Estados Unidos y los primeros magos que se establecieron en Norteam�rica tuvieron la tendencia de dirigirse hacia los estados del sur. Carolina del Sur, Georgia, Louisiana. Hab�a un asentamiento peque�o en Nueva Inglaterra, pero bien sabemos c�mo result� eso para la poblaci�n m�gica, �verdad? Arque� una ceja ir�nica. Draco supon�a que ten�a algo de sentido; si �l hubiera sido un mago a finales del siglo diecisiete, tambi�n se habr�a mantenido lo mas alejado posible de Salem, Massachussets.

Afuera del elevador hab�a un hervidero de actividad. A todo lo largo de una pared hab�a docenas de chimeneas que peri�dicamente cobraban vida con el habitual fuego verde de brujas y magos que llegaban por la red flu.

��Se�or Malfoy?�

Lo sobresalt� la voz ligeramente chillona, y baj� la mirada para encontrarse con un elfo dom�stico lleno de arrugas que le sonre�a ben�volamente, con unas orejas enormes como murci�lagos y unos ojos verdes enormes. Pero a diferencia de los elfos de Inglaterra, �ste no vest�a una toalla o una toga, sino un traje completo, cinturilla y corbata incluidas; en un arreglo de colores verdaderamente asombroso.

Draco asinti� y el elfo se�al� con la mano a un costado. �Por aqu�.�

Sigui� a la criaturita hacia un elevador que hab�a al fondo y en el que no hab�a fila de espera. �Este es el elevador privado del Ministro,� dijo el elfo a modo de explicaci�n. �Nos llevar� directamente a su oficina.�

Draco se limit� a parpadear desconcertado mientras lo segu�a al interior.

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