El Dormitorio de Gryffindor
Fuego Conmemorado
Escrita por: Oldenuf2nb
Traducida por: Nalero y Val

Primera Parte

... El p�nico corri� por sus venas.

Los hab�an traicionado. A alguien dentro del equipo se le hab�a salido su ubicaci�n; era la �nica respuesta para la emboscada que los estaba esperando cuando se Aparecieron en el punto de destino. Apenas si hab�a tenido tiempo de tocar el suelo con el est�mago cuando escuch� gritos y las maldiciones llov�an sobre su cabeza.

��Son ellos!� escuch� gritar a alguien con fuerza mientras otro destello de luz verde se estrellaba tan cerca de su cabeza que pudo sentir c�mo le quemaba las puntas del cabello platinado.

��Malfoy! �Malfoy, vamos!�

Levant� la mirada y pudo ver a Weasley extendiendo la mano llena de pecas hacia �l, y se aferr� a ella como a la vida misma dejando que lo arrastrara detr�s de una pared de ladrillos.

��Qu� diablos...?� comenz� a decir, pero luego se estremeci� y presion� la cabeza contra los ladrillos cuando una maldici�n golpe� la esquina cercana a �l destrozando parte de la mamposter�a.

�Es una emboscada,� contest� Weasley sin aliento, ten�a los ojos azules abiertos descomunalmente y el rostro p�lido. �Tuvo que haber sido... �hijo de puta!�

Esas palabras fueron la �nica advertencia que tuvo Draco para saber que su posici�n hab�a sido comprometida antes de que una luz roja brillara frente a ellos cort�ndole seriamente el muslo derecho. Sab�a que hab�a gritado de dolor porque nunca hab�a sentido algo as�, baj� la mirada para ver sus pantalones rotos y debajo, la carne expuesta de su pierna por el corte que llegaba casi hasta el hueso. Presion� la mano contra la herida, pero pronto la sangre manaba entre sus dedos y cuando intent� moverse, la pierna no le respondi�. Se arrastr� cuando Weasley lo sujet� por el hombro de la t�nica para correr y ponerse a salvo.

�No puedo,� grit� Draco. �Es mi pierna. Vete... �vete!�

�No puedo dejarte aqu�,� contest� fren�tico Weasley. �Harry nunca me lo perdonar�a...�

�Nunca me perdonar�a a mi si mueres por mi culpa...� lo empuj� con fuerza. �Vete por el amor de dios...�

parec�a que Weasley iba a seguir discutiendo cuando escucharon un grito casi animal, aterrorizante y terrible y levantaron la mirada como uno solo para ver a Harry Potter esquivando sortilegios, agachando y ondeando su cuerpo muscular para llegar hasta ellos, su t�nica ondeaba y su varita lanzaba hechizos conforme avanzaba.

��Es Potter!� grit� alguien triunfante.

�No,� dijo Draco desesperado.

��S�calo!� le grit� Harry a Ron antes de voltearse. ��S�calo! �Ahora!�

Sinti� que una mano se aferraba a su cintura, sinti� que lo levantaban y lo recargaban contra un pecho fuerte y justo cuando Weasley comenzaba a girar para Aparecerlos, vio la asquerosa maldici�n verde golpear a Harry directamente en el pecho. Lo vio quedar inm�vil y luego desplomarse al suelo como una marioneta a la que le han cortado los hilos, vio los ojos verdes sin vida mirar a la nada escuch� el grito furioso de triunfo del otro lado.

��No!� grit� retorci�ndose entre los brazos de Weasley, luchando por zafarse, por regresar con Harry. �No, no...� y luego iba cayendo por el espacio con la convicci�n de que su vida ya no val�a la pena...

�No,� murmur� Draco Malfoy moviendo la cabeza constantemente sobre la fina funda de lino de la almohada. �No, no...�

Se despert� con un jadeo de dolor, se incorpor� con el coraz�n latiendo desbocado contra sus costillas, la piel cubierta de sudor fr�o que pegaba su seda de pijama contra su cuerpo delgado. Ech� un vistazo por la lujosa suite con los ojos grises muy abiertos, la garganta apretada y las l�grimas cayendo ignoradas por las mejillas te�idas de un rubor profundo. Presion� una mano elegante contra su coraz�n desbocado y la otra contra su muslo frotando el bulto de la cicatriz en la que siempre sent�a un dolor sordo. Se dej� caer nuevamente sobre las almohadas empapadas de sudor y se cubri� la cara con las manos mientras su mente atormentada se daba cuenta de que hab�a sido solo un sue�o, una pesadilla, que no lo estaba viviendo otra vez. Uno pensar�a que despu�s de 19 a�os ya no tendr�a el poder de destruirlo. Pero lo hac�a, oh, todav�a lo hac�a.

Dios, odiaba los Aniversarios.

Despu�s de un largo ba�o en la ba�era de m�rmol hundida en su habitaci�n, y despu�s de aplicarse un poco de una pomada que �l mismo hab�a preparado para lidiar con los efectos persistentes de su herida, apenas si cojeaba para el momento en que baj� por la gran escalera para entrar en la enorme estancia del vest�bulo de la Mansi�n Malfoy. Esa ma�ana se hab�a tomado su tiempo para cuidar su apariencia, pein� hacia atr�s su cabello corto platino de la misma forma que hab�a preferido hac�a mucho tiempo, se puso un traje Armani hecho a la medida con una camisa gris oscuro y una corbata de seda negra. No ten�a la intenci�n de seguir la tradici�n m�gica del cabello largo; har�a todo lo que estuviera dentro de su alcance para diferenciarse de su padre ante las mentes de los dem�s, a�n cuando eso significara mostrar la l�nea en retroceso de su cabello y utilizar ropa muggle. De hecho, no hab�a utilizado ni una t�nica de mago desde que lo obligaran a retirarse de la Divisi�n de Aurores diecinueve a�os atr�s. Diecinueve a�os exactos.

Hizo a un lado ese pensamiento y compuso una expresi�n vac�a en su rostro aristocr�tico mientras se deten�a cerca de la mesa redonda de m�rmol al centro de la entrada cavernosa y revisaba r�pidamente el correo que se encontraba pulcramente apilado sobre una bandeja de plata. No hab�a nada que requiriera su atenci�n inmediata; en su mayor parte eran invitaciones a eventos sociales a los que no pretend�a asistir y solicitudes para financiar alguna que otra obra de caridad. Dejar�a que su madre las escogiera y contestar�a las que ella creyera convenientes. Dej� los pergaminos sobre la mesa y se dirigi� hacia el enorme comedor formal y luego al desayunador.

La luz de la ma�ana entraba por los vastos ventanales que alineaban un costado de la enorme habitaci�n dejando al descubierto una vista panor�mica de los opulentos jardines de su madre. Ella estaba sentada en un extremo de la larga mesa, tra�a puesta una bata de sat�n azul cielo y el cabello peinado en un elegante bast�n franc�s. En la actualidad su cabello platinado era mas blanco que rubio y ten�a peque�as arrugas en los extremos de sus ojos azul claro y alrededor de su encantadora boca, pero �l cre�a que se ve�a mas hermosa que nunca. Le lleg� un suave aroma floral cuando le bes� suavemente la mejilla y sinti� sus dedos suaves y fr�os cuando ella le toc� la mejilla.

�Buenos d�as, madre,� murmur� antes de sentarse a su derecha.

�Buenos d�as, querido,� respondi� ella y luego frunci� ligeramente el ce�o al voltear a verlo. ��No dormiste bien?� �l la mir� con una ceja arqueada. �Est�s p�lido, mi amor.�

�l baj� la mirada a su plato mientras se colocaba la servilleta sobre su regazo. �La pierna me ha estado molestando un poco.�

��La nueva poci�n no est� funcionando?� pregunt� ella frunciendo un poco otra vez el ce�o. �Deber�as hablar con el Sanador Wetherby...�

�Est� bien,� contest� gentil pero firmemente levantando la mirada y posando una mano sobre la de ella. Ella desisti�, pero suspir� suavemente.

�No necesitas sufrir en silencio, cari�o,� dijo cuidadosamente. �Es lo �nico que digo.�

Iba a responder cuando la atm�sfera c�lida de la habitaci�n fue perturbada por una voz cortante y clara.

�Oh, pero si los m�rtires sufren en silencio, querida madre.�

Draco apret� los labios hasta formar una l�nea fina y Narcissa levant� la mirada irritada hacia la due�a de la voz.

Astoria Greengrass-Malfoy entr� en la soleada habitaci�n vestida con un traje para montar rojo profundo, y el cabello negro y lacio en un peinado parecido al de su suegra. Era una mujer exquisitamente hermosa, su figura alargada y esbelta, su piel de un p�lido muy a la moda, pero la dureza alrededor de su boca y la expresi�n maliciosa de sus ojos caf�s arruinaba el efecto. Sus botas de montar a la altura de la rodilla chasqueaban el piso de parqu� conforme caminaba y llevaba un fuete en una mano. Se desliz� l�nguidamente en la silla directamente frente a su marido y le dirigi� una sonrisa de piedra.

�Me sorprende un poco verte esta ma�ana, querido,� dijo arqueando una ceja negra y los ojos brillando de malicia.

�No me imagino por qu�,� contest� Draco tenso. �He tenido reuniones en la oficina toda la ma�ana.�

�Bueno, estoy bastante segura de que todo el mundo entender�a si te costara trabajo salir de tu habitaci�n hoy.� Draco le dirigi� una mirada de advertencia, pero Astoria se limit� a sonre�r lentamente.

��De qu� est�s hablando?� pregunt� irritada Narcissa. Astoria le ense�� un peri�dico que tra�a enrollado en la mano, como si hubiera estado esperando la oportunidad. Lo dej� caer sobre la mesa y �ste se abri� en la p�gina frontal. El titular dec�a �Diecinueve A�os Despu�s� en negritas y debajo hab�a una foto, una foto m�gica de un hombre guapo ya cerca de los treintas de cabello negro despeinado y unos ojos grandes detr�s de unos lentes sencillos y una sonrisa desinteresada. El pie de foto dec�a: �Otro Aniversario de la Tr�gica Muerte de Harry Potter�. Draco lo mir� fijamente y sinti� que la garganta se le cerraba poco a poco.

�Una historia tan triste, de verdad,� dijo tensa Astoria mientras observaba como la ya de por s� p�lida cara de su esposo perd�a el poco color que ten�a. �Tan joven, tan guapo. Con toda la vida por delante, su hermosa esposita y sus tres hermosos hijos.�

�Yo... no tengo hambre,� dijo Draco tan tranquilamente como le fue posible al tener la garganta cerrada, ech� para atr�s su silla y se puso de pie abruptamente. �Comer� algo despu�s en el pueblo.� Ni siquiera mir� a su esposa por lo que no pudo ver la satisfacci�n vengativa en su cara.

Narcissa sujet� la mano de su hijo. �Draco, por favor,� dijo suavemente. �l ni siquiera mir� esos ojos azules; lo �nico que pod�a pensar era en escapar de la pesada atm�sfera de esa soleada habitaci�n y de la foto m�gica de esa hermosa cara que sonre�a lentamente una y otra vez.

Le dio un apret�n a esa mano fr�a y se march� sin decir otra palabra, el sonido que produjeron sus botas italianas fue antinatural, pues le hab�a regresado la cojera. Cruz� la puerta del comedor y se march� sin mirar atr�s.

Draco camin� por el Callej�n Diagon de camino a las oficinas del Conglomerado Malfoy, ignorando las miradas r�pidas y los susurros que iban dirigidos a �l. Estaba acostumbrado a la atenci�n, tanto, que ahora la ignoraba por completo. Se ajust� el abrigo de piel negra para cubrirse del viento fr�o, pero a�n as� se colaron por sus pantalones algunas r�fagas y su paso se volvi� mas y mas tieso porque los m�sculos del muslo se le tensaron. La suave bufanda gris de casimir le rozaba la barbilla y alcanz� a oler una fragancia proveniente de el tejido suave de lana; era una fragancia que hab�a puesto �l mismo, una fragancia de una botella que ten�a escondida en su guardarropa y que utilizaba con moderaci�n esparciendo un poquito sobre alguna prenda que sab�a estar�a cerca de su cara. Era su esencia, la que hab�a utilizado hac�a ya tanto tiempo y Draco atesoraba cada gota preciosa y cuando se terminaba, hac�a el viaje hasta la tienda Harrods en el Londres Muggle para comprar otra botellita. No era particularmente cara y no era de marca, pero se tranquilizaba cada vez que aspiraba el aroma como de bosque, al recordarle que alguna vez hab�a amado y hab�a sido amado, y aceptaba el consuelo de donde pod�a encontrarlo.

Salud� al portero en la entrada de su edificio con un movimiento de cabeza que el hombre vestido con su uniforme verde formal regres� mientras le manten�a la puerta abierta. Draco entr� e inmediatamente se vio envuelto por la calidez de las enormes chimeneas alineadas en la pared opuesta, por el olor de los muebles de piel negra y por el ambiente de las paredes de madera oscura, la intenci�n hab�a sido crear una atm�sfera de riqueza y permanencia y Draco sab�a que lo hab�an logrado.

�Buenos d�as, Sr. Malfoy,� lo saludaron varias personas al pasar y Draco les asent�a educadamente, recibiendo sus saludos con una ligera inclinaci�n de la cabeza. Se acerc� a su elevador privado que llevaba a las oficinas del �ltimo piso y presion� el bot�n esperando pacientemente con la espalda hacia la habitaci�n. Cuando las puertas se abrieron en silencio, entr� y se dio la vuelta conforme se fueron cerrando, agradecido por ese momento en el que no estar�a bajo el escrutinio de nadie. Sab�a que como Director General y Presidente del Consejo del vasto Conglomerado, su presencia provocaba un inter�s inmediato en el edificio; despu�s de todo, �l era el jefe de todos. Pero hab�a ocasiones, en especial cuando se sent�a d�bil, lo desgastaba la presi�n constante de la atenci�n. Cuando las puertas del elevador se abrieron para revelar el �rea de recepci�n afuera de su propia oficina, recobr� el temple para volver a ser observado mientras cruzaba la alfombra verde cazador que llevaba hacia el escritorio de su asistente justo a un lado de las puertas de su oficina.

�Buenos d�as, Harper,� salud� suavemente el joven que hab�a sido su asistente durante casi cuatro a�os. Hamilton Harper se hab�a graduado de Hogwarts como el mas alto de su generaci�n Ravenclaw y se hab�a vuelto invaluable.

�Buenos d�as, se�or,� contest� educadamente poni�ndose de pie inmediatamente y entreg�ndole una pila de correspondencia y memos que hab�an estado cerca de su codo derecho, ya los hab�a seleccionado y esperaban a que �l llegara. Sab�a que las cosas que no requer�an de su atenci�n ya hab�an sido tratadas con eficiencia y que lo que le estaba entregando era lo que su asistente hab�a evaluado como importante. Vio una copa del Diario El Profeta doblada pulcramente al fondo de la pila y cerr� los ojos un momento antes de sacarla de la pila para tomarla con la otra mano y regres�rsela.

�Hoy no voy a necesitar el peri�dico, Harper,� dijo esforz�ndose para que su voz se escuchara firme pero no mandona. Una indicaci�n de l profesional que era Harper, fue que se limit� a asentir y retir� el peri�dico de su mano sin hacer comentario alguno. Draco se llevaba el peri�dico todas las ma�anas, cuando menos para revisar la secci�n de negocios y ver c�mo iban sus acciones en el Mercado M�gico; que lo rechazara era un cambio tremendo en su rutina. El hecho de que Harper solo asintiera educadamente s�lo sirvi� para elevar el concepto que Draco ten�a de �l.

��Quiere que revise las acciones y vea si hay algo de inter�s en la secci�n de negocios, se�or?� pregunt� suavemente. Draco asinti�, no estaba seguro de haber escondido bien su alivio.

�Ser�a excelente,� contest�.

�Su t� ya est� adentro, se�or.� Harper pas� frente a �l y puso la mano sobre el elaborado pomo dorado. �Su hijo vino hace unos minutos. Dijo que le gustar�a platicar con usted unos minutos esta ma�ana, si es que puede atenderlo.�

�Siempre puedo atender a Scorpius,� contest� Draco y las comisuras de su boca se suavizaron un poco. �Dile que venga cuando lo crea conveniente.�

�Si, se�or.�

Draco entr� a su �santuario privado� y escuch� la puerta cerrarse a sus espaldas con un peque�o suspiro de alivio. Aqu�, en esta habitaci�n que �l mismo hab�a dise�ado, estaba a salvo de lo ojos inquisitivos de los dem�s y de las expectativas de su personal. Se desabroch� y quit� el abrigo colg�ndolo en un perchero que estaba a un lado de las enormes puertas, se iba a quitar la bufanda, pero decidi� mejor no hacerlo y la dej� alrededor de su garganta. Cruz� la alfombra gruesa, se acerc� a las dos sillas de piel grandes que estaban frente a una chimenea de m�rmol negro en cuyo interior el fuego crepitaba alegremente; entre las dos sillas elegantes hab�a una mesita de ocasi�n con un servicio completo de t�. Se sent� a la derecha y observ� c�mo el servicio cobraba vida, se elevaba la tetera y serv�a el humeante l�quido caf� en una taza de delicada porcelana, dos cubos de az�car se elevaron de su taz�n respectivo y fueron a caer en el t�. Una cuchara delgada se levant� por voluntad propia y revolvi� el az�car hasta que se disolvi�, luego una rebanadita de lim�n sali� de otro plato y se fue a posar para flotar suavemente sobre la superficie de la bebida caliente. Draco observ� el proceso ocioso, pensando en que quiz� era tiempo de darle otro aumento a Harper. El hombre era invaluable.

Se termin� su t� y el servicio desapareci� en el momento en que descans� la taza sobre el platito. Volvi� a tomar la pila de correspondencia que todav�a no revisaba y fue hacia su escritorio, se sent� detr�s dejando la correspondencia sobre el vade de sobremesa y estaba a punto de tomar el primer memo cuando sus ojos recayeron en el caj�n central de su escritorio y se quedaron ah�. Cualquiera que lo hubiera estado observando hubiera podido ver c�mo sus ojos habitualmente ligeros se nublaban, la forma en que sus labios se curvaron hacia abajo. Hizo una pausa en sus movimientos y en lugar de dirigirse hacia la correspondencia, baj� la mano hacia el caj�n.

Su contenido estaba organizado limpiamente, de una manera casi dolorosa. Las plumas a la izquierda, el pergamino perfectamente enrolado al centro, el logotipo del Conglomerado Malfoy grabado al centro casi hasta el fondo. A la izquierda hab�a un cuchillo afilado que utilizaba para afilar sus plumas y varios frascos de tinta de surtidos colores acomodados limpiamente junto al pergamino. Pero Draco ignor� todo esto. Sus ojos se desviaron r�pidamente al peque�o gancho en el extremo derecho mas alejado del caj�n del cual pend�a una llave dorada muy peque�a. Su mano tembl� solo un poco cuando la tom� sinti�ndola fr�a contra sus dedos.

Cerr� el caj�n casi en silencio y gir� la cabeza para mirar debajo de �ste hacia la izquierda, cerda de su rodilla. La peque�a cerradura era indetectable si uno no sab�a qu� buscar; la chapa dorada era tan parecida a la madera de roble dorado que �sta se convert�a en una especie de camuflaje involuntario. Pero Draco s� sab�a d�nde buscar, se agach�, meti� la llavecita en la cerradura y la gir�. Hubo una pausa, luego se escuch� un �clic� y se abri� una puerta de no mas de 13 cm por lado. Meti� los dedos y tante� a su alrededor hasta que encontr� lo que sab�a estaba guardado ah�; un pedazo de pergamino. Tragando con dificultad lo sac� y lo sostuvo entre sus manos.

Estaba manchado en las orillas, la edad y casi dos d�cadas de marcas de dedos manchaban el alguna vez pergamino color marfil hasta convertirlo en un beige amarillento y mugroso. Las orillas estaban particularmente sucias como el resultado de haber sido manejado y doblado literalmente cientos de veces. Al principio lo hab�a visto casi todos los d�as; ahora solo lo sacaba de su escondite unas cuatro o cinco veces al a�o y lo sosten�a entre sus manos. Lo abr�a cada Navidad y cada d�a de San Valent�n a�n cuando sab�a que emocionalmente estaba hasta el piso. Lo abr�a en su cumplea�os, el quince de Junio y el treinta y uno de Julio. Y lo abr�a el quince de Mayo. El quince de Mayo, todos los a�os, tan pronto como terminaba su t�, abr�a esta carta; marcaba el d�a en que todo hab�a terminado, el d�a en que todo hab�a cambiado. Mientras sosten�a el pergamino en sus manos, cerr� los ojos y se permiti� recordar...

La primera vez que vio la carta fue el diecisiete de Mayo del dos mil nueve. Faltaba un mes escaso para su cumplea�os n�mero treinta y hab�a estado en la unidad de cuidados intensivos de San Mungo durante casi cuarenta y ocho horas. El sortilegio que cort� el m�sculo de su muslo hasta el hueso hab�a sido uno particularmente oscuro y los sanadores se las hab�an visto negras para controlar la hemorragia y regenerar el tejido. Le hab�an dado pociones fuertes contra el dolor y para dormir, porque el dolor de la pierna era enorme, pero nada comparado con el dolor que laceraba su coraz�n. Cuando estaba despierto lo �nico que hac�a era mirar ausente hacia el techo, recordando el destello de luz verde, la espiral de lana negra mientras ca�a, los ojos verdes de mirada vac�a que hab�a alcanzado a ver tan solo un momento. Pero era peor cuando dorm�a, pues en sus sue�os lograba llegar a tiempo hasta Harry, lo jalaba hacia la seguridad y era mucho mas doloroso cuando despertaba porque sab�a que esta vez el sue�o era el respiro y la realidad la pesadilla.

Estando a la deriva dentro de esa neblina inducida por las drogas lo despert� el feroz dolor punzante que emanaba de su muslo hasta la cadera. Extendi� la mano para tocar la campanilla que llamar�a a la enfermera cuando se dio cuenta de que no estaba solo en la habitaci�n. Hab�a alguien sentado cerca de su cama y no era su madre, que hab�a mantenido una vigilia casi constante, ni su esposa, quien en ese momento, y para posterior verg�enza de ella misma, todav�a lo amaba. No, sentada en la tiesa silla blanca del hospital estaba la �ltima persona que Draco esperaba ver en su habitaci�n, con ojos caf�s insensibles y mejillas hundidas por el dolor y la falta de sue�o. Su brillante cabello casta�o rojizo dejaba su rostro al descubierto y su cuerpo esbelto casi juguet�n estaba embutido en un desafortunado traje sastre negro de poli�ster: la cara que se descubri� mirando era indudablemente la de Ginevra Weasley-Potter. Ella lo ve�a fijamente, sus manos descansaban sobre su regazo sujetando con tanta fuerza su bolsa negra que ten�a los nudillos blancos, sus pecas sobresaltaban contra su piel casi sin color. Se miraron fijamente durante un tenso momento, Draco con los ojos muy abiertos y el coraz�n en la garganta, la cara de ella inexpresiva, salvo por las l�neas de dolor alrededor de sus ojos y boca.

�Me dicen que lo mas probable es que quedes parcialmente lisiado,� dijo finalmente con voz plana. �Te dir�a que lo siento, pero no es as�.�

�l trag� con dificultad, la boca se le hab�a secado pero no solo por las drogas en su sistema sino tambi�n por los nervios. �Supongo que tienes todo el derecho,� logr� decir con voz ronca por la falta de uso. No hab�a dicho ni cinco palabras en los dos d�as que llevaba aqu�.

Ella sigui� mir�ndolo un buen rato, luego baj� la mirada a su regazo y abri� la bolsa negra barata. �l la observ� esperando a medias que sacara la varita y lo hechizara, casi deseando que as� lo hiciera. En cambio, sac� un pedazo de pergamino blanco. La sostuvo un momento y luego, despu�s de cerrar brevemente los ojos como si estuviera reuniendo todas sus fuerzas, la dej� encima de la cama cerca de su mano. �Esto es en realidad mas para ti que para mi,� dijo tensa. �No quiero volver a verla nunca.� Luego se par� y camin� hacia la puerta y su cabello brillante pareci� una madeja de listones rojos contra la oscuridad austera de su saco. Una vez que tuvo la mano sobre el pomo volvi� a hacer una pausa. �Ni por un momento vayas a pensar que esto lo hago por amabilidad,� dijo sin mirar atr�s y con la voz desprovista de emoci�n. �Lo hago porque s� que lo que est� escrito en esa carta te destrozar� y quiero que sufras tanto como yo.� Abandon� la habitaci�n con esas palabras escalofriantes. Draco pudo escuchar sus tacones sobre el piso mientras se alejaba por el pasillo.

Mir� el trozo de pergamino durante un buen rato antes de tomarlo con una mano temblorosa. Cuando lo volte� y vio la escritura al otro lado hizo una mueca reflexivo. Con la escritura desordenada y apresurada de Harry dec�a una sola palabra: Ginny. Tan solo ver eso hizo que le doliera el coraz�n.

Por poco y no la abre. Hubo ocasiones en que dese� no haberlo hecho. Pero diecinueve a�os despu�s, sentado en su opulenta oficina supo que no habr�a podido descansar si no la hubiera le�do. Ahora sus manos volv�an a temblar al abrirla de nuevo; no sab�a por qu� este a�o estaba siendo mucho mas dif�cil que los anteriores, pero as� era. Por alg�n extra�o motivo el dolor se sent�a nuevo y crudo otra vez, y cuando baj� la mirada a la p�gina de l�neas desastrosas con una escritura igualmente desastrosa, ya sent�a cerrada la garganta.

�Gin,� comenzaba.

�S� que est�s enojada conmigo y creo que lo entiendo. Si nuestra situaci�n fuera al rev�s yo tambi�n estar�a hecho una furia. Y s� que me quedo corto al decir enojada. S� que te sientes herida, traicionada y... decepcionada, y lo �nico que puedo contestar es: lo s�. Lo s� y lo siento.

�Quiz� las palabras se oigan demasiado vac�as; pero sabe que las digo en serio. Nunca quise que esto pasara. S� que todos los hombres que han enga�ado a sus mujeres han dicho lo mismo, pero en mi caso es la verdad. Te amo, Ginny.�

Al llegar a este punto, Draco trag� con dificultad. Nunca le era f�cil leer esa l�nea.

�Te amo y adoro a los ni�os y nunca fue mi intenci�n lastimar a ninguno de ustedes. Una parte m�a desea que esto nunca hubiera pasado, que pudi�ramos volver a ser los que �ramos, a sentir lo que sent�amos cuando �ramos ni�os. Pero s� que eso no puede ser, no ahora. Ya no.

�Nunca pretend� enamorarme de nadie mas que de ti. Mi vida ya estaba arreglada; ten�a un trabajo, a ti, a los ni�os y cre� que eso era todo lo que quer�a. Perno no puedo mentirte, Gin, y ya no me voy a mentir mas a mi mismo. No era suficiente y no lo ha sido durante bastante tiempo. Creo que lo ignor� porque no quer�a enfrentarlo, no quer�a pues hab�a una cosa sobre mi que era... diferente y rara. Ya hab�a pasado por muchas cosas. Y crec� escuchando decir a t�o Vernon y t�a Petunia sobre los �fen�menos antinatura� de la tele y que yo ya era uno de ellos. No necesito decir nada mas... y luego estaba Dudley. Me llam� marica desde el momento en que tuve la edad suficiente para entenderlo; no pod�a darle la satisfacci�n de saber que quiz� fuera verdad. No quer�a que fuera verdad. Quer�a ser... normal, cuando menos en esto.

�Pero aprend� una cosa, Gin. He aprendido que no puedes fingir ser quien no eres. Que eventualmente te escupe a la cara. Que eres quien eres y que mientras mas trates de ignorarlo te vuelves mas miserable. He sido miserable durante mucho tiempo, y si eres honesta contigo misma, tu tambi�n lo has sido.

�Por favor, no culpes a Draco por esto. Conozco tu car�cter, pero esto no es su culpa. No es su culpa que me haya enamorado de �l. No es su culpa que no pueda imaginarme la vida sin �l. Y no es su culpa que lo necesite como necesito el aire, el agua y la comida. As� que, �diame si eso te hace sentir mejor, pero comprende que yo fui tras �l, que fui yo el que comenz� esto y que solo tengo la esperanza de que yo signifique para �l cuando menos la mitad de lo que �l significa para mi...

Lo necesito, Ginny y me niego a seguir fingiendo que no es as�...�

Draco nunca pod�a leer mas all� de este punto. Al llegar aqu� se encontraba con los ojos llenos de l�grimas e incapaz de continuar. Ginevra Weasley hab�a sabido perfectamente que lo que hac�a al darle esa carta; era como si le enterraran un pu�al en el coraz�n cada vez. Y cinco veces al a�o la abr�a, la le�a y las heridas se abr�an otra vez.

Trag� con dificultad, volvi� a doblar el pergamino cuidadosamente, pero no lo volvi� a guardar con la misma rapidez de siempre. La sujet� sabiendo que era la �ltima carta que Harry hab�a escrito, porque justo al d�a siguiente...

El intercomunicador m�gico sobre su escritorio emiti� un campaneo suave y Draco puso la carta sobre su muslo y se limpi� r�pidamente la humedad de las mejillas antes de inclinarse para presionar el bot�n dorado de encima. Se manifest� lentamente sobre la peque�a caja de madera una imagen de Hamilton cuya cara era una m�scara profesional.

�Si, Harper,� dijo esforz�ndose porque su voz sonara lo mas normal posible. En cambio, sali� un poco entrecortada y el rostro de su asistente parpade�.

�Lamento interrumpirlo, se�or,� dijo r�pidamente, Draco suspir� silenciosamente y apret� los pu�os sobre los muslos delgados un momento. Presion� el pergamino con la mu�eca derecha.

�No interrumpes nada,� dijo suavizando la voz intencionadamente. ��Qu� quer�as?�

�Su hijo est� aqu� para verlo, se�or.�

Draco asinti�. �D�jalo pasar.�

La imagen de Harper asinti� y desapareci�.

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