| El Dormitorio de Gryffindor |
Capítulo Dos: Afuera del Caldero
Draco se puso furioso una vez que se recuperó de la impresión inicial. ¡Lo habían manipulado! ¡Y nada mas ni nada menos que Potter! No sabía qué era peor. Para el momento en que llegó a su dormitorio estaba que hervía de furia. Pero claro, dicho momento eran casi las dos de la mañana por lo que nadie estaba despierto.
Se dirigió a su habitación particular y azotó la puerta sin importarle si despertaba a alguien. Cuando Draco Malfoy estaba enojado, TODOS debían enterarse. Malhumorado, se sentó en su enorme cama lujosa, se cruzó de brazos y rabió su coraje en silencio.
‘¡Cómo se atrevió Potter a hacer eso!’ pensó violento. ‘Ooh, cómo me hace enojar. Quisiera arrancarle la cabeza y dársela de comer al Squid Gigante. No, eso sería demasiado difícil. Tendré que vencerlo dentro de su propio juego...’
Se recargó sobre sus almohadas suaves y esponjadas y se relajó, satisfecho con la idea de que encontraría una forma de vengarse de Potter aun cuando fuera lo último que hiciera.
Harry entró a hurtadillas en su dormitorio intentando no despertar a nadie, pero desafortunadamente Ron era la persona con el sueño mas ligero que hubiera conocido jamás. Se incorporó rápidamente tan pronto como abrió la puerta. Buscó a ciegas la orilla de sus mantas y se las volvió a acomodar. Lo miró con ojos entrecerrados bajo la luz de la luna, Harry se había quedado paralizado al escuchar sus movimientos.
“¿Harry?” susurró. Éste suspiró, sabía que lo había descubierto.
“¿Si, Ron?” preguntó.
“¿Qué estás haciendo?” preguntó Ron con voz ronca.
“Oh, nada,” replicó evasivo. Se agachó sobre su baúl y comenzó a ponerse la pijama. Ron lo siguió con ojos entrecerrados, como si estuviera haciendo un esfuerzo por pensar. Después de un par de minutos, abrió la boca para volver a hablar.
“¿Funcionó?” preguntó disimuladamente. Harry hizo una pausa en su búsqueda dentro del baúl. Volteó a mirarlo y una sonrisa burlona se formó en sus rasgos.
“Como por arte de magia,” replicó suavemente.
“Un momento, ¿utilizaste magia?” preguntó Ron confundido. Harry hizo un gesto de fastidio.
“No, es una expresión muggle. Significa que salió a las mil maravillas.”
“Oh,” dijo Ron. “¿Se enojó?” preguntó ávidamente, Harry rió por lo bajo.
“Probablemente, ¿tu no lo hubieras hecho si yo te hubiera manipulado para que te acostaras conmigo?” preguntó Harry sonriendo todavía.
“Ugh, por favor, Harry, no necesito imaginármelo.” Ron se cubrió los ojos con una mano.
Harry volvió a hacer una expresión de fastidio. “¿Y tu crees que no me imagino lo que haces con Hermione? Duermo en la cama de junto, aprende a utilizar un encantamiento silenciador, por el amor de dios.”
Ron se sonrojó ligeramente, pero dejo pasar el comentario. “¿Entonces conseguiste lo que querías?” preguntó. Harry volvió a sonreír y sus ojos brillaron en medio de la oscuridad del dormitorio.
“Oh, si,” arrastró las palabras con un tono satisfecho. “Está saliendo perfectamente.”
“¿Sabían que algunos intentamos dormir?” los interrumpió la voz molesta de Dean desde detrás de sus cortinas. “¿Podrían esperar hasta la mañana para contar sus historias sobre sus aventuras sexuales?”
“Lo siento, Dean,” gritó Harry. Luego le gesticuló a Ron, “Después.” Ron asintió y se volvió a acostar. Harry se subió a su cama y cerró las cortinas.
A pesar de haberse acostado tan tarde, Draco se despertó a la hora habitual a la mañana siguiente. Se vistió cuidadosamente, se puso unos pantalones negros que se ajustaban perfectamente a su trasero y una camiseta que delineaba su torso. Entró en la sala común de Slytherin con su habitual elegancia. Pansy se dirigió directamente hacia él, algo poco común en una Slytherin. Draco le dirigió una mirada desdeñosa conforme se iba acercando.
“Draco, ¿es verdad?” le preguntó ansiosa. A Draco le dio miedo en silencio. ¿Las noticias viajaban tan rápido?
“¿Qué, Pansy?” preguntó con un tono aburrido para disfrazar su miedo. Pansy levantó una ceja confundida.
“Potter. Escuché que anoche lo descubrieron con la Comadrejita en una posición bastante comprometedora.” Pansy rió ante la idea de que Harry estuviera en problemas. Draco pasó saliva y puso los ojos en blanco.
“¿Y dónde lo escuchaste? Seguramente de parte de alguno de primero. Pansy, deberías saber que no debes creerle a los de primero. No saben nada,” dijo en tono peligroso. Pansy se vio sorprendida.
“Bueno, creo... creo que no, Draco,” concedió. Draco asintió, luego se dirigió a Blaise y ambos salieron de la sala común.
“¿Y qué hiciste anoche?” preguntó disimuladamente. Draco frunció el ceño.
“Nada, Blaise.”
“Oh, por favor, te escuché llegar a las dos. ¿Qué hiciste?” lo presionó.
“Potter,” contestó Draco.
“¡¿Qué?!” exclamó Blaise, pero se tranquilizó ante la mirada que le dirigió Draco. “¿Te acostaste con Potter?”
“Si le dices a alguien, te mato,” lo amenazó. Blaise sonrió burlón.
“¿Por qué habría de contarle a nadie?” preguntó inocentemente. Draco entrecerró los ojos.
“No por nada eres un Slytherin.”
Blaise rió por lo bajo. “Lo mismo digo.”
“Claro. Y es por eso que no vas a intervenir en mis planes.”
“¿Qué planes?” preguntó Blaise con cautela. Draco sonrió con desdén y sus ojos brillaron con malicia.
“No te preocupes, mi amigo Slytherin.” Draco le adelantó el paso, Blaise lo observó divertido, sabía que fuera lo que fuera lo que estaba pensando, debía ser bueno.
Draco entró en el Gran Comedor. Después de echar un vistazo rápido, se percató de que Potter no estaba presente. Se sentó con elegancia en su lugar e la mesa de Slytherin. Unos minutos después entró Potter con su trío. No levantó la mirada. Fingió que no haberse percatado de nada. Harry lo miró, pero desvió la mirada pronto y se dirigió hacia la mesa de Gryffindor.
Draco comió lentamente, disfrutando la comida. Durante todo el desayuno sonrió ligeramente. Nadie se atrevió a preguntarle qué estaba pensando. Normalmente, Blaise si le hubiera preguntado, pero como ya sabía, no le diría a nadie por temor a despertar la ira de Draco.
Pansy lo estuvo mirando furtivamente, pero no se atrevió a preguntarle nada. Draco se levantó de la mesa después de terminar de comer. Blaise lo siguió unos momentos después y los dos salieron del Gran Comedor. Draco no tuvo que mirar para saber que cierto chico de cabello negro lo siguió con la mirada mientras salía.
Harry estaba confundido, y Ron, que también había estado observando a Malfoy, se inclinó hacia él con aire conspirador para susurrarle al oído.
“¿Qué crees que está haciendo?” susurró para que nadie mas pudiera escuchar. Harry tenía fruncido el ceño. Sabía que Draco querría algún tipo de venganza, pero no sabía lo que podría hacer.
“Estoy seguro de que está planeando su venganza,” murmuró. Ron sonrió ligeramente.
“¿Qué crees que sea?” preguntó en voz baja. Nadie de la mesa les estaba prestando mucha atención salvo Hermione, que los observaba con las cejas tan juntas, que formaban una línea. Harry sintió su mirada y se alejó rápidamente de Ron.
“¿Qué están planeando ustedes dos?” preguntó sagaz. Ron se puso rosa, pero Harry no mostró reacción alguna.
“Nada, Hermione,” contestó haciendo un gesto casual con la mano. Ella no pareció feliz de que la estuvieran guardando un secreto, pero dejó el asunto por la paz por el momento.
“De acuerdo, no me digan. Vámonos, se nos va a hacer tarde.” Se levantó de la mesa y se colgó la mochila al hombro. Harry también miró su reloj y se dio cuenta de que sólo tenían cinco minutos para llegar a pociones. Tomó su mochila y siguió rápido a Ron y Hermione a salir del Comedor.
Llegaron a la puerta del calabozo un minuto antes de que comenzara la clase. Entraron sigilosamente y Snape los miró con desprecio, no les podía quitar puntos porque técnicamente no habían llegado tarde. Se sentaron en la única mesa que quedaba disponible, al frente del salón. Hermione no puso ninguna objeción, pero Ron y Harry intercambiaron una mirada mientras se sentaban.
Harry miró hacia la mesa que Draco compartía con Blaise. Draco ni siquiera levantó los ojos. Harry se sentía mas que confundido. ¿Qué estaba planeando? Levantó una ceja e intercambió otra mirada con Ron. Snape los puso a trabajar en la preparación de una Solución Cambiante. Hermione trabajaba furiosamente en la poción mientras que Ron y Harry fingían ayudar. Finalmente la chica se frustró.
“¿Por qué no ayudan en serio?” exigió. Ron y Harry se encogieron de hombros y ella hizo un gesto de fastidio. “Harry, vacía lentamente esa botella de sangre de dragón en la poción,” le ordenó. Harry levantó el frasco con un líquido denso color marrón y lo vació en el caldero.
Hubo una gran explosión tan pronto como el líquido toco la superficie de la poción. Harry levantó las manos para protegerse la cara, escuchó gritar a Hermione por lo repentino de la explosión. Pudo escuchar que Ron tosía entre el humo denso que ahora oscurecía el salón. Vio la sombra de Snape acercarse entre la nube. Snape movió la varita y el humo desapareció.
Se quedó ahí parado mirando a Harry que ahora estaba todo cubierto de hollín. Ron y Hermione no estaban mucho mejor. Ron parecía un deshollinador humano y el cabello normalmente castaño de Hermione ahora era negro. Snape los miró con desprecio.
“Potter,” gruñó y Harry hizo una mueca pues sabía lo que venía. “Cincuenta puntos menos por tu falta de entendimiento. Veamos,” Snape tomó el frasco que había utilizado Harry. Lo olfateó y se alejó como si el olor fuera muy fuerte. “esencia de jabalí africano. Quizá sea lo peor que podrías haberle puesto a una poción de esta naturaleza.” Snape lo fulminó con la mirada, como si pensara que Harry lo había hecho a propósito.
“Estás castigado, Potter. Ven mañana a las siete de la noche, no llegues tarde.” Snape se alejó dejando que Harry, Ron y Hermione limpiaran el desastre. Hermione limpió de malas lo que quedaba en el caldero. Los demás salieron del salón cuando sonó la campana. Harry frunció el ceño cuando pasaron a su lado. ¡¿Cómo diablos se suponía que supiera que no era sangre de dragón?!
Cuando salió el último, Hermione se volvió hacia él con expresión enojada.
“Te dije que pusieras en la poción sangre de dragón, Harry. ¡¿Qué estabas pensando?!” lo reprendió. Harry la miró con los ojos entrecerrados.
“Hey, parecía sangre de dragón. ¡Tu fuiste la que fue por los ingredientes! ¿No deberías haber sabido lo que era?” le preguntó molesto.
“Era sangre de dragón,” le escupió.
“¡Bueno, pues no cambió por arte de magia!” replicó Harry. Harry gruñó.
“Podría haberlo hecho. Si recuerdas que somos magos, ¿verdad?” le recordó mordaz. Terminó de limpiar la poción, tomó su mochila y abandonó el salón. Ron se encogió de hombros y la siguió. Harry suspiró y también tomó su mochila, ahora lo esperaba un castigo. Maravilloso.
El día siguiente pasó lentamente. Harry no esperaba precisamente ansioso su castigo. Los castigos con Snape nunca eran muy interesantes, por el contrario, generalmente eran tediosos e inútiles. Se dirigió al calabozo al cuarto para la hora. Caminó lentamente, arrastrando los pies sin importarle si llegaba tarde. ¿Qué iba a hacer Snape? ¿Quitarle mas puntos? Hizo una mueca al pensar en ello. Después de los cien puntos que le había quitado Malfoy ayer y ahora estos cincuenta, Harry no iba a ser nada popular.
Por supuesto, nadie sabía el motivo por el que habían perdido cien puntos de la noche a la mañana, y él no tenía la intención de decirles. Cuando alguien mencionaba el hecho, simplemente los evitaba.
Ya tenía cuando menos cinco minutos de retraso por lo que se apresuró. Se detuvo al llegar a la puerta para recuperar el aliento. Luego la abrió lentamente temeroso de lo que podría estar esperándolo. El salón parecía vacío de primera impresión. Esto era algo raro pensó al entrar. Pero al mirar a su alrededor, pudo ver una sombra oscura sentada sobre el escritorio.
Harry se sentó en una silla y esperó a que la figura se percatara de su presencia. Pasaron unos minutos antes de que la figura se moviera. Tenía la varita lista, Harry la miró sospechoso. La varita se movió hacia la puerta y pudo escuchar que se ponía el seguro. Esto lo puso nervioso. En ese momento la figura volvió a mover la varita y las antorchas que alineaban la pared se prendieron. Harry jadeó al percatarse a quién pertenecía la figura.
Draco Malfoy le sonreía burlón desde el escritorio. Harry lo miró cautelosamente.
“¿Cómo lo lograste?” preguntó. Malfoy sonrió aún mas.
“¿Lograr qué?” preguntó con inocencia fingida. Harry enarcó una ceja.
“Sacar a Snape,” replicó.
“Por favor, Potter. Soy premio anual y su estudiante favorito. No fue tan difícil,” dijo Draco condescendiente. Harry se encogió de hombros; no podía negar que era verdad.
“¿Qué planeas hacer conmigo?” preguntó cauteloso. La sonrisa de Draco se hizo mas amplia.
“Vaya, estamos ansiosos, ¿no, Potter? Relájate, todo a su debido tiempo,” arrastró las palabras y sus ojos brillaron bajo la luz de la antorcha. Esto no hizo que Harry se sintiera mejor. Ya se podía imaginar lo que le tenía reservado Draco. Éste se bajó del escritorio con elegancia y se paró frente a él. “Primero es lo primero, tu castigo. Snape dio órdenes de que limpiaras todo el salón sin magia.” Harry abrió la boca para protestar, pero Draco lo ignoró. “En segundo lugar, insistió en que volvieras a etiquetar todos los frascos de veneno en la alacena de los estudiantes. Y en tercer lugar, no podrás marcharte hasta que no hayas terminado con todo.” Draco sonrió malévolo ante la cantidad de trabajo que Harry tenía por delante.
Draco extendió la mano y la varita de Harry salió disparada hacia él. Harry lo miró boquiabierto, el castigo había comenzado.
“¡No hay forma de que lo acabe en una sola noche!” exclamó.
“El profesor Snape dijo que si no terminabas hoy, tendrías que venir mañana también.”
Harry resopló molesto. Draco se volvió a subir al escritorio y le indicó con una mirada que sería mejor que comenzara. Harry se puso de rodillas y tomó un trapo de una cubeta que estaba ahí esperándolo. Trabajó en silencio durante la siguiente media hora. Podía sentir la mirada de Draco clavándosele en la espalda mientras tallaba el piso, los escritorios, las alacenas...
Finalmente, después de hora y media, Harry se puso en cuclillas y miró a su alrededor. Había logrado terminar casi por completo la limpieza en buen tiempo. Se levantó para descansar un poco mientras se limpiaba la frente.
“¿Qué estás haciendo, Potter?” preguntó malicioso Draco. Harry lo fulminó con la mirada.
“Descansando un poco,” dijo molesto.
“No lo creo, nada de descansos. Ponte a trabajar.”
Harry gruñó pero reasumió su trabajo. Media hora después había terminado de limpiar el salón. Miró su reloj, casi era media noche. Gruñó mientras se paraba para ir a la alacena. Abrió las puertas y se quedó boquiabierto al ver la cantidad de botellas que tenía que volver a etiquetar. Escuchó que Draco reía por lo bajo detrás suyo y se volvió molesto.
“¿Qué es tan divertido?” exigió saber. Draco se bajó del escritorio y fue hasta su lado para revisar los estantes, percatándose de la cantidad de botellas. Harry podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Inconscientemente se inclinó hacia él. Draco lo notó y levantó una ceja.
“Cuidado, Potter,” le advirtió Draco. Harry frunció el ceño.
“¿Qué?” preguntó. Draco se alejó entrecerrando los ojos.
“Te juro por Merlín, Potter, si te me vuelves a insinuar...”
“¡¿Insinuarme?! ¡Yo no hice eso!” exclamó indignado. Draco gruñó.
“Por favor, Potter. Prácticamente me suplicaste.”
“¡No es cierto!” dijo Harry completamente ofendido por la sola idea. “¡Tu fuiste el que se me insinuó!”
“Oh, no, no es cierto. Tu me deseabas.”
Harry curvó los labios desdeñoso. “¿Por qué habría de desearte? Arrastró las palabras. Draco abrió los ojos furioso. Apretó los puños y Harry casi estuvo seguro de que lo iba a golpear. En cambió se encontró siendo presionado contra la pared opuesta. Los ojos plateados de Draco estaban llenos de un fuego intenso que Harry nunca había visto. Solo estaba a unos centímetros de su cara y podía sentir su aliento caliente.
“Di que me deseas,” siseó Draco. Harry abrió mucho los ojos por la sorpresa, pero se negó a ceder.
“Nunca,” replicó con fuerza. Draco gruñó audiblemente y luego presionó la boca contra la del otro. Harry abrió la boca asombrado, y Draco aprovechó la oportunidad para meter la lengua. Harry gimió un poco ante el fuerte asalto de la lengua del otro. Draco le mordió el labio inferior y Harry gruñó en respuesta. Draco quitó la mano izquierda de la pared para meterla debajo de su camisa, Harry volvió a gemir y Draco se acercó aún mas.
Harry pudo sentir la erección obvia de Draco y la suya se estaba volviendo dolorosa atrapada dentro de los confines de sus apretados jeans. Desesperado, lo sujetó por la cadera para acercarlo mas contra su propia erección. Draco gimió ligeramente mientras seguían besándose. Harry movió la mano de la cadera hacia el trasero firme de Draco. Éste gimió cuando Harry le dio un apretón suave.
Draco rompió e beso momentáneamente y ambos jadearon en busca de aire. La pausa duró poco, pues Draco volvió a besarlo con un abandono temerario. Su lengua caliente exploró cada hueco de su boca. La lengua de Harry imitó sus movimientos y gimió cuando su erección rozó la suya. Movió el cuerpo para encontrar las caderas de Draco que jadeó por la sorpresa.
Harry bajó la mano rápidamente para desabrochar sus pantalones. Luego forcejeó contra los botones de Draco. Finalmente logró desabrochar los pantalones de ambos y éstos cayeron al suelo. Metió la mano dentro de los bóxers de Draco y con ella envolvió su pene dolorosamente erecto. Draco gimió contra su boca ante el contacto e imitó sus movimientos, lo que hizo que Harry gimoteara cuando sintió sus dedos largos sujetar su pene duro.
Draco lo bombeó lentamente al principio para luego ir subiendo el ritmo. Harry hizo lo mismo con su miembro palpitante lo que provocó que Draco jadeara dentro de su boca. Harry lamió la lengua de Draco que respondió profundizando el beso mientras acariciaba su pene ya humedecido. Harry aumentó el ritmo de sus caricias al miembro duro del otro.
Para estas alturas ambos jadeaban fuerte. Los dos tenían los ojos cerrados y se apoyaban contra el otro en busca de soporte. Draco lo acarició con fuerza una última vez y Harry se corrió sobre sus manos con un grito, respiraba pesadamente, pero luchando por mantenerse en pie. Harry lo besó ligeramente antes de acariciarlo por última vez también, Draco se corrió rápido y con fuerza, bañando la mano de Harry con su leche caliente y blanca. Permaneció parado con Harry recargado contra él; soltó su erección desgastada. Harry sacó lentamente la mano de sus pantalones y tomó su varita del bolsillo trasero de los de Draco. La movió y todo quedó limpio. Se subió los pantalones y se los abrochó y Draco hizo lo mismo.
Draco retrocedió y sacó su varita, la movió y todas las pociones quedaron etiquetadas de inmediato.
“Castigo cumplido,” dijo. Harry le sonrió y dio media vuelta para marcharse. Draco lo miró fijamente. “Hey, Potter, no te vas a ir hasta que no admitas que me deseas,” exigió. Una sonrisa propia de Malfoy apareció nuevamente en el rostro del Chico Dorado.
“No tropiezo dos veces con la misma piedra.” Luego salió del salón dejando atrás a un Draco Malfoy furioso.
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