El Dormitorio de Gryffindor
Dentro del Clóset
Escrita por: Roxierose_13
Traducida por: Nalero y Val

Capítulo Tres: Bocadillo de Media Noche

Esa noche Harry se subió a la cama sintiéndose un Gryffindor muy satisfecho y astuto. No podía evitar la sonrisa que se apoderó de sus rasgos mientras estaba ahí acostado observando el baile de la luz de la luna en el techo. Esta noche había logrado entrar sin despertar ni a Ron ni a nadie mas, pero estaba demasiado cargado de adrenalina como para dormir. ¿Quién hubiera pensado que este jueguito resultaría tan estimulante?

Siguió sonriendo al recordar la expresión horrorizada y sorprendida de la cara de Draco cuando había salido indignado del cuarto. Rió en voz baja para si mismo.

‘Vaya, vaya, Harry, eres el cerebro aquí,’ se felicitó a si mismo por haber logrado confundir a tal grado a Draco Malfoy.

‘¿Y cuál es el siguiente paso...?’ meditó unos momentos. Su plan iba saliendo bien. Draco se había rendido en cada ocasión, pero sabía que si lo presionaba demasiado, se enfurecería como era su costumbre y lo mataría o algo por el estilo y como no tenía la intención de sufrir una muerte temprana, como no fuera a manos de Voldemort, decidió que tenía que comenzar la segunda parte de su plan.

Con la seguridad del conocimiento de un plan, su cuerpo se relajó y cayó en un sueño apacible.

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Draco estaba furioso después de su segundo encuentro con Harry. Entró como tromba en su dormitorio amenazando a cualquiera que osara molestarlo con una muerte muy dolorosa. Blaise y Pansy intercambiaron una mirada mientras observaban a Draco cruzar la sala común y cerrar de golpe la puerta de sus habitaciones privadas como Premio Anual. Pansy le dirigió una mirada astuta a Blaise.

“No me veas así, mujer. Yo no me acerco a ese cuarto,” dijo Blaise a la defensiva. Pansy lo miró con el ceño fruncido.

“¿Tenemos miedo de Draco?” le preguntó provocativa.

Blaise resopló. “No, lo que pasa es que tengo un buen sentido de la auto conservación, a diferencia de otras personas,” contestó mirándola directamente a los ojos. Pansy lo miró con desprecio pero ya no le dijo nada mas. Ella también sabía cuándo dejar las cosas por la paz y ahora parecía uno de esos momento.

Draco estaba agradecido de que Blaise hubiera logrado mantener alejada a Pansy. No estaba de humor para soportar ni sus disparates ni sus halagos. ¡Dios, cómo odiaba a Potter! ¡¿Cómo era posible que le hubiera vuelto a hacer lo mismo?! Él siempre se había enorgullecido de ser un Slytherin de cabo a rabo, capaz de idear planes brillantes y taimados. ‘¡¿Cuándo se había convertido Potter en un Slytherin?! ¿Se cambió y nadie me avisó?’

Se quedó un rato en su habitación rebanándose el seso haciendo una lista de todas las cosas que le gustaría hacerle a Potter. Después de un rato se cansó de esta actividad y decidió que lo mejor sería dormirse y comenzar de cero en la mañana. Se puso los pantalones limpios de una pijama y se metió entre las sábanas lujosas.

Esa noche necesitó mucho tiempo para quedarse dormido, pues no dejaba de pensar en Potter, la forma en que se lamía los labios cuando estaba excitado, cómo se le nublaban los ojos verdes cuando experimentaba un placer extremo. Se dio un golpe imaginario por permitirse siquiera tener esos pensamientos traicioneros. Se volteó y se echó las mantas sobre la cabeza deseando poder dormirse.

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Harry ignoró exitosamente a Draco durante los días siguientes. Tanto así, que incluso Draco comenzó a preguntarse qué diablos estaría pasando. Iban a clases y todo aparentaba ser normal, cuando menos en el exterior...

“Harry, ¿cuánto tiempo vas a esperar?” le preguntó Ron dos días después de su castigo. Harry fingió meditarlo un segundo antes de que una sonrisa malévola apareciera en su cara.

“El necesario,” dijo críptico. Ron rió por lo bajo pero se detuvo abruptamente cuando Hermione volteó a mirarlos. Les dirigió una mirada calculadora antes de enterrarse en un libro nuevo. Ron soltó el aliento que había estado reteniendo.

“¿Sabes? Tarde o temprano lo va a descubrir. ¿Por qué no le contamos?” le susurró Ron a Harry. Estaban sentados en la sala común intentando terminar la tarea de Pociones. No es necesario decir que no iba muy bien.

“No,” entonó Harry. “No quiero que lo sepa, no todavía.”

Ron le dirigió una mirada intranquila, pero lo dejó pasar. “¿Cuál es el plan?” preguntó en voz baja.

Harry suspiro. “Ya te lo dije.”

“Ya sé, pero no entiendo.”

“Lo entenderás.”

Ron sacudió la cabeza frustrado ante la falta de información por parte de Harry. Éste le dirigió una sonrisa de ánimo antes de regresar a su tarea.

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Al día siguiente los Gryffindor recorrieron trabajosamente por el pasto hacia la cabaña de Hagrid que estaba en la orilla del bosque para ir a la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. A nadie le emocionaba demasiado, pues el clima estaba demasiado frío y los terrenos estaban cubiertos por una fina capa de nieve aperlada. Muchos estudiantes se lanzaron a si mismos Encantamientos para calentarse y permanecieron juntos, agrupados alrededor de Hagrid que era el único que parecía emocionado de estar ahí.

Los Slytherin arribaron en su forma habitual e intercambiaron miradas altaneras con los de Gryffindor. Harry tan solo le echó un vistazo a Draco. Éste lo miró con ojos entrecerrados. Nadie ignoraba a un Malfoy y esto lo molestó mas que cualquier cosa. Estaba decidido a vengarse de Potter, ¿pero cómo sería posible si lo ignoraba todo el tiempo?

“Acérquense todos.” Harry movió sus enormes manos, indicándoles a todos que se acercaran mas. La clase se acercó lentamente. “Tengo algo grandioso que enseñarles hoy.”

Harry intercambió una mirada preocupada con Ron. Cualquier cosa que Hagrid les hubiera mostrado con anterioridad podría catalogarse como ‘grandiosa’.

Hagrid los llevó hacia el lago y los alumnos lo siguieron renuentes. Nunca habían tenido demasiada suerte con las cosas que había en el lago. Hagrid sonrió feliz detrás de su tupida barba negra. Les hizo señas para que formaran un círculo alrededor del lago, luego levantó una mano para que no se acercaran demasiado. Harry le dirigió una mirada inquisitiva.

De pronto, una mano extraña emergió del agua e intentó arrastrar a los estudiantes hacia ella. Varios gritaron y retrocedieron de un brinco, incluyendo a Pansy Parkinson. Pansy se colgó de Draco, él la aventó disgustado. Harry lo miró disimuladamente y no pudo evitar sonreír ante la expresión de disgusto en su cara.

“Muy bien. ¿Quién puede decirme qué era?” Hagrid miró implorante a los estudiantes que no estaban contentos. A nadie le sorprendió que Hermione levantara la mano como si se la hubieran levantado con hilos. “¿Hermione?” dijo Hagrid.

“Era un Ahuizol,” recitó pronta Hermione. “Generalmente viven en Sur América. Tienen una mano en la cola que utilizan para atrapar a la gente desprevenida que está en las orillas del lago.”

“Muy bien, Hermione,” dijo Hagrid feliz, Hermione se puso contenta. Ron veía estupefacto a su novia.

“¿Cómo sabe tanto?” le siseó a Harry. Éste se encogió de hombros. Estaba mas preocupado por mantenerse alejado de la orilla ondulante del lago. Lo último que quería era verse arrastrado al lago frío por una criatura cuyo nombre ni siquiera podía pronunciar.

Hagrid les ordenó que se separaran y buscaran al Ahuizol en sus libros y que escribieran un ensayo de treinta centímetros sobre sus cualidades mágicas. Harry, Ron y Hermione se dejaron caer a una buena distancia de la orilla y sacaron sus libros.

“¿Qué hace esa cosa Ahuztly?” preguntó Ron con una sonrisa sarcástica. Hermione entrecerró los ojos ante su falta de atención y actitud extravagante.

“Se llama Ahuizotl,” lo corrigió molesta pero él se encogió de hombros. Ella puso los ojos en blanco, sacó un pergamino y una pluma y comenzó a copiar del libro. Harry sacó sus cosas lentamente; tenía la mirada fija unos dos metros mas adelante hacia donde se habían acomodado Draco, Blaise y Pansy. Lo observó con cautela para no dejarle ver que en realidad si le estaba poniendo atención. Había perfeccionado esta habilidad durante el verano.

Estuvo pendiente de él durante toda la clase. Ya también tuvo que volverse multi tareas, en parte debido a Hermione que le hizo un gesto de fastidio cuando les quedaban diez minutos de clase y él solo había terminado la mitad de su ensayo. La chica le arrebató el pergamino y se lo terminó en cinco minutos cerrados. Harry le dio las gracias y ella se limitó burlarse murmurando algo sobre secretos y castigos.

Después de la clase regresaron trabajosamente al castillo a través de la gruesa capa de nieve. Harry, Ron y Hermione fueron todo el camino ligeramente atrás de Draco, por lo que Harry pudo admirar el trasero de sus pantalones perfectamente confeccionados. Ron lo pescó mirando y le dio un codazo en las costillas. Harry se percató de lo que estaba haciendo y se detuvo de inmediato. Por fortuna nadie se dio cuenta, todos siguieron tan ignorantes como siempre.

Finalmente la clase llegó al vestíbulo de entrada en donde se vieron obligados a secarse la ropa mediante hechizos si no querían que Filch los encontrara al seguir el rastro del agua dentro del castillo y les retorciera el pescuezo. Después de que hubieron terminado todos entraron en el Gran Comedor para almorzar. Harry pasó frente a la mesa de Slytherin sin dar muestras de que estaban ahí. Podía sentir que los penetrantes ojos plateados de Draco seguían sus movimientos.

Ron volteó cuando pasó frente a ellos intentando sin éxito alguno no sonreír. Aceleró el paso para susurrarle algo al oído a Harry. Draco entrecerró los ojos cuando Ron se acercó a Harry.

“Te está observando,” susurró Ron. Harry se permitió una sonrisa de suficiencia.

“Qué bien,” replicó. Ron rió ligeramente y lo siguió hasta la mesa de Gryffindor en donde disfrutaron de una comida sabrosa y relajante.

Después del almuerzo, Harry y Ron tenían una hora libre mientras que Hermione tenía Aritmancia. Se acostaron en la sala común en vez de ponerse a hacer su tarea, jugaron Snap explosivo y ajedrez mágico en el que Harry perdió varias veces, aún después de tantos años, no había logrado perfeccionar el arte del ajedrez mágico.

“No es tan difícil, Harry,” le dijo Ron después del quinto partido perdido. Harry se limitó a balbucear un ‘mmm’ recargándose en la silla con los brazos cruzados.

“Quizá para ti,” señaló mordaz. Ron se encogió de hombros y se puso a limpiar as piezas. Harry se reclinó mas sobre la silla afelpada y cerró los ojos disfrutando del ambiente tranquilo. Comenzó a dormitar pacíficamente tan solo ara ser despertado rudamente una dora después por Hermione que insistía en que tenían que ir a clase.

Apenas si prestó atención a las clases el resto de la tarde, y todo ese tiempo Hermione lo estuvo reprendiendo por no prestar atención. Desafortunadamente ese día no tenían mas clases con los de Slytherin. No cenó mucho esa noche, en cambio optó por retirarse al dormitorio con el pretexto de la tarea.

Hermione le sonrió satisfecha mientras que Ron lo miró con complicidad. Harry se limitó a sonreírles a los dos y se retiró a la Torre de Gryffindor. Una vez ahí, efectivamente sacó algo de su tarea y se puso a trabajar en ella. Ron y Hermione regresaron después de un rato y pasaron el resto de la noche relajándose en la sala común, o cuando menos lo intentaron. Hermione insistió en que tenían que hacer cuando menos un poco de sus tareas.

Decidió que empezaran con el ensayo de Pociones. Harry y Ron estaban exhaustos después de una hora de revisar penosamente libros interminables sobre plantas y sus cualidades para las pociones, por lo que se fueron a dormir mas temprano de lo habitual. Ron se quedó dormido inmediatamente mientras que Harry se quedó despierto e inquieto mirando al techo. Estuvo acostado un buen rato intentando sin éxito quedarse dormido. Finalmente ya no lo aguantó mas y el estómago comenzó a gruñir, lo que quería decir que quizá debería haber cenado un poco mas.

Se levantó en silencio y se puso la capa de invisibilidad, pensó que era lo mejor ya que ya pasaba de la hora obligatoria para ir a la cama, y no quería que lo descubrieran. Bajó sigilosamente las escaleras hasta el pasillo, bajó varios tramos de escalera hasta que llegó al corredor que conducía a la cocina. Localizó la pintura del frutero y le hizo cosquillas a la pera, el retrato se abrió para revelar el interior brillante de la cocina.

Inmediatamente lo rodearon unos veinte elfos domésticos. Dobby estaba hasta el frente ávido por volverlo a ver.

“Hola, Harry Potter, señor,” chilló emocionado. Harry le sonrió a él y al resto de los elfos.

“Hola, Dobby,” replicó.

“¿Hay algo que podamos traerle, señor?” preguntó Dobby ansioso.

“En realidad no, solo quiero un bocadillo,” le informó. Dobby movió las orejas emocionado, lo tomó de la mano y lo arrastró hasta una alacena gigante. Con la ayuda de otros tres elfos domésticos, Dobby abrió las puertas de la despensa. Harry se quedó boquiabierto debido a la impresión de lo que vio.

Había cientos de entrepaños llenos con todo tipo de comida imaginable, incluso alguna parecía de origen muggle tales como cajas de queso derretido tipo americano.

“Guau, Dobby,” exhaló Harry. El elfo lo miró feliz.

“¿Harry Potter desea algo mas, señor?” la voz de un elfo lo sacó de su impresión y asombro.

“Umm, no, gracias. Pueden retirarse, yo encontraré algo,” les dijo a los elfos. Todos hicieron una reverencia tan pronunciada que sus narices tocaron el suelo y desaparecieron de la vista. Harry volvió su atención a la enorme despensa e intentó decidir. Estaba tan absorto en la cantidad de comida y las diversas opciones que apenas si escuchó el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse. No fue sino hasta que escuchó pasos detrás suyo que se percató de que no estaba solo. Se volteó y...

“¡Potter!” Draco Malfoy estaba ahí parado mirándolo furioso con las manos en las caderas. Harry se sobresaltó por el volumen de su voz. Draco lo miró despectivo.

Había ido a buscar algo de comer a media noche porque había perdido casi por completo el apetito gracias a Harry aquí presente. Tener que observarlo con ese cabello perfecto, cuerpo precioso imaginar esos dedos talentosos bajando por su cuerpo y – espera, ésa no era la idea. Solo quería algo de comer y aquí estaba Potter arruinándole la noche... ¡otra vez!

“Que diablos estás haciendo aquí, Potter?” escupió feroz.

Harry puso los ojos en blanco y se mofó. “¿Qué es lo que parece? Vine a buscar algo para comer.”

Draco entrecerró los ojos como si creyera que Harry había planeado esto. “Como sea, Potter. Solo no me molestes mas,” arrastró las palabras malicioso. Harry se encogió de hombros pero por una fracción de segundo en sus ojos verde esmeralda hubo un brillo travieso. Draco no lo estaba mirando y, por lo tanto, no lo vio.

Draco revisó los estantes en busca de algo que le aplacara el hambre. Harry también revisó los estantes llenos de comida. Draco lo miró de reojo y no pudo evitar admirar su increíble físico. Harry lo descubrió y le levantó una ceja. Draco frunció el ceño inmediatamente y regresó su atención a los estantes.

Harry rió para sus adentros pero no dijo nada. Siguió revisando detalladamente la variedad de estantes. Extendió la mano para sacar un frasco, pero se tuvo que poner de puntitas para alcanzarlo. Draco se descubrió observando el pequeño trozo de piel de su estómago. Harry bajó el frasco, se volvió a parar normal y la piel desapareció. Draco se amonestó internamente y frunció el ceño.

‘Potter NO debería hacer esto,’ pensó con firmeza. ‘Todo esto es su culpa. No lo deseo, pero, guau, se ve bien. ¡No! ¡Draco malo! Grandioso, ahora me oigo como nuestro viejo elfo doméstico...’

Harry estaba revisando el frasco y fingió no darse cuenta de que Draco se acercó lentamente a él. Pero lo había hecho inconscientemente. Finalmente Harry levantó la mirada del frasco.

“¿Qué, Malfoy? ¿No fue suficiente? Tenías que regresar por mas, ¿eh?” dijo con un tinte divertido en la voz. Draco volteó hacia él entrecerrando los ojos peligrosamente.

“En tus sueños, Potter. Tu eres el que lo quiere,” le dijo con desprecio. Harry contuvo la risa, se dirigió al refrigerado mágico y sacó un tazón de fresas. Seleccionó con cuidado una particularmente roja.

“Ya discutimos esto, ¿recuerdas?” le recordó inocente. Deslizó la lengua por la fresa chorreante y le mordió la punta. Pudo escuchar cómo la respiración de Draco se volvió mas superficial al mismo tiempo que gruñía, pues no estaba acostumbrado a que no lo desearan.

“Lo admitirás antes del final,” gruñó. Harry frunció la nariz confundido y Draco tuvo que obligarse a sacar algunos pensamientos de su mente al verlo. Tenía los ojos pegados a la fresa que en este momento estaba siendo consumida de una forma bastante sugerente.

“¿De qué estás hablando?” preguntó Harry. Draco dejó escapar un sonido exasperado y apoyó la cara entre las manos tallándosela enojado.

“¡Sabes perfectamente de qué estoy hablando!” exclamó con los ojos fijos todavía en la fresa y en los labios voluptuosos de Harry.

“No, en realidad no lo sé,” replicó con convicción Harry.

“¡Maldito seas, Potter!” gritó Draco.

“¡¿Qué?!” preguntó Harry.

“¡Oh, cuánto te odio!” exclamó Draco. Harry ya se había terminado la fresa y estaba a punto de escoger otra pero levantó la mirada distraído cuando Draco dijo estas palabras.

“El sentimiento es mutuo,” dijo malévolo. Draco hizo un gesto de fastidio.

“Sería mas fácil si lo admitieras,” comentó Draco con desprecio.

“¿Admitiera qué?”

“De acuerdo, si no quieres admitirlo, te obligaré.” Se acercó y Harry abrió mucho los ojos al mismo tiempo que retrocedía hacia la pared olvidándose de las fresas. Draco puso ambas manos a los costados de su cabeza, Harry miró sus brazos nervioso.

“¿Qué?” preguntó con voz temerosa. Draco se limitó a sonreír burlón y se inclinó hacia él. Rozó sus labios contra los de Harry y le acarició el labio inferior con la lengua. Harry entreabrió los labios permitiendo que la lengua cálida de Draco invadiera su boca. El beso se volvió ferviente y acelerado. Harry sabía a fresas y chocolate. ‘Qué raro,’ pensó Draco. ‘No ha comido chocolate.’ Se separaron jadeando trabajosamente. Draco le dio un tirón, las rodillas de Harry cedieron y cayó al piso.

Draco se sentó a horcajadas sobre él y le arrancó la camisa, Harry chilló un poco cuando la tela se rompió y quedó expuesto su pecho musculoso. Draco levantó la varita y convocó un frasco de la despensa. Harry enarcó una ceja. Draco solo sonrió burlón y abrió el frasco, lo volteó y Harry jadeó cuando le cayó sobre el pecho una miel suave y brillante. Draco siguió sonriendo burlón y sus ojos resplandecieron.

Harry sintió que se ponía duro mientras la miel le cubría el cuerpo. Draco enderezó el frasco y se acomodó sobre su torso. Harry gruñó por la deliciosa fricción que Draco generó con sus caderas y su erección que se rozaba contra la suya. Draco descendió y comenzó a lamer la miel, Harry se removía inquieto mientras la lengua de Draco rodeaba sus pezones sensibles. Draco tomó el pezón erecto entre sus dientes y lo jaló suavemente. Harry dejó escapar un gruñido audible.

La lengua de Draco continuó su asalto sobre el torso de Harry. Éste arqueó el cuerpo cuando su lengua descendió hasta su ombligo. A estas alturas ya jadeaba con fuerza, estaba casi cerca del clímax debido solamente a las acciones sencillas de Draco. Las manos de éste bajaron de su cintura para batallar con los botones de sus jeans. Logró abrirlos y los bajó con fuerza, Harry gimió de anticipación.

Para este momento Draco ya casi había limpiado por completo la miel e iba viajando mas hacia el sur por su cuerpo. La respiración de Harry se volvió superficial y agarró desesperado el cabello rubio. Draco sonrió burlón y sopló un poco de aire sobre la erección dolorosa de Harry. Éste jadeó y cerró los ojos. Draco pasó la lengua sobre su cabeza y Harry gimoteó.

“¿Te gusta, Potter?” susurró con voz ronca. Harry volvió a gimotear bajito, pero se negó a rendirse por completo. Draco pareció tomar esto como una concesión y se bajó para tomarlo en su boca.

“Oh, d-d-dios,” jadeó Harry, gritó cuando los dientes de Draco rozaron su pene ligeramente. Su lengua era hábil y Harry creyó que moriría de placer.

“Por favor,” suplicó acercándose al final. Draco movió la lengua sobre su pene duro como una roca y Harry jadeó entrecortadamente. Draco se retiró segundos antes de que Harry se corriera y unas estrellitas blancas nublaran su visión. Draco subió por su estómago a besos hasta llegar finalmente hasta su boca. Lo besó con dureza mordiéndole el labio inferior con fuerza.

Harry le regresó el beso con el mismo fervor. Finalmente Draco se separó e hizo que Harry se volteara, le besó la nuca ligeramente antes de tomar su varita para lanzar varios hechizos. Lo penetró rápidamente, los músculos apretaron su erección. Harry jadeó ante la intrusión y Draco lo penetró con mas fuerza. Lo embistió furiosamente, Harry jadeó trabajosamente y la respiración de Draco se volvió superficial y errática.

Harry gruño ante la asombrosa sensación de tenerlo dentro. El sonido casi llevó a Draco a la orilla. Lo embistió con mas fuerza golpeando ese punto dulce en Harry provocando que gritara en éxtasis.

“¡Ohhh, Draco!” gimió. Draco aceleró el ritmo aún mas y se corrió en unos cuantos segundos. Se colapsó sobre Harry respirando superficialmente mientras intentaba recuperar el control sobre su cuerpo. Un momento después se salió del cuerpo exhausto de Harry. Estuvieron acostados juntos un segundo antes de que Harry se incorporara. Se vistió rápidamente, caminó casual a la alacena y sacó manzana roja. Draco también se puso de pie observándolo con ojos entrecerrados.

“¿Qué estás haciendo, Potter?” preguntó perspicaz. Harry le sonrió burlón mientras le daba una mordida a la jugosa manzana roja.

“El que mucho aprieta, poco abarca, Malfoy,” le advirtió provocativo y dando la vuelta salió de la cocina. Volteó a mirar por encima del hombro para ver a un Draco con una expresión asesina en el rostro.

‘Quizá mañana... comience la fase dos,’ pensó Harry con una sonrisa malévola.

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