El Dormitorio de Gryffindor
Amor por Voluntad
Escrita por: Aja
Traducida por: Nalero y Val

Cap�tulo Catorce: El Centro No Puede Soportar

La sensaci�n de peligro no debe desaparecer.
Ciertamente el camino es tanto corto como empinado
Sin importar lo gradual que se vea desde aqu� �
Mira si quieres, pero tendr�s que saltar.

Una soledad de diez mil brazas de profundidad
Sostiene la cama en la que yacemos, mi amor.
Aunque te amo, tu tambi�n tendr�s que saltar:
Nuestro sue�o de seguridad tiene que desaparecer.

31 de Diciembre

Hey, quiz� tan solo deba animarme y darte esto. Al principio no estaba seguro de que debiera decir algo sino hasta volver a verte, finalmente me puse a escribir pero luego no estaba seguro de mandarla. Pero lo voy a hacer. No tienes que contestarme. Entender� si no sabes que contestarme � me refiero a lo que dije. No tienes que repet�rmelo, ni sentirlo o sentir que significa algo nuevo. No es as�. No cambia nada. Es solo que decid� que merec�as saber lo que sent�a. Y bueno, ahora ya lo sabes. No sientas que tienes que corresponder el sentimiento. Est� bien. Supongo que te ver� en unos cuantos d�as.

Harry no pudo evitar que le temblaran los dedos mientras estrujaba la nota justo al final de la carta. Mir� fijamente un largo momento los pocos cent�metros que le quedaban de pergamino en blanco y finalmente garabate� Con amor, Harry, ya, luego observ� las palabras que hab�a escrito durante a�n mas tiempo, ignorando la intranquilidad de su est�mago. Necesit� de varios intentos para poder atar la carta a la pata de le lechuza. Ella se percat� de su nerviosismo y le ulul� inquisitiva mientras �l revolv�a el list�n. A unos cuantos metros, Hedwig lo mir� con el ce�o fruncido, le ululaba despiadadamente a modo de rega�o al mismo tiempo que las otras lechuzas ululaban su descontento por el esc�ndalo que estaba haciendo.

Harry suspir� y se volvi� a disculpar con ella. �Lo siento,� intent� explicarle por encima del estruendo de alas y los chillidos ocasionales. �No puedo mandarte a ti. Y de cualquier forma quiz� tampoco querr�as ir.� Le acarici� la cabeza al p�jaro para tranquilizarlo, era una lechuza marr�n. Le pidi� que volara lo mas r�pido posible a la Mansi�n Malfoy. Hedwig cloque� a modo de reproche, sacudi� las alas y vol� hasta el techo para descansar sobre una de las perchas mas altas. La lechucer�a era un cuarto enorme y redondo en la punta de el ala Oeste del castillo, con perchas alineadas a las paredes. La nieve entraba formando remolinos a trav�s de las ventanas descubiertas, mezcl�ndose con las plumas blancas y las part�culas de polvo que flotaban en el aire. El sol de medio d�a penetraba las ranuras y huecos del techo y paredes, Harry tuvo que entrecerrar los ojos mientras se volv�a hacia la lechuza marr�n.

Vacil� un momento antes de llevarla a la ventana mas cercana al este, al final se oblig� a verificar que la carta estuviera bien atada a su pata, y a observarla mientras ella ululaba suavemente y sal�a volando de la torre, el aleteo r�pido de sus alas se escuch� como tambores apagados contra el viento. Se oblig� a ignorar la nieve que le ca�a en la cara para observar la figura borrosa de la lechuza que planeaba encima del campo de Quidditch limpio y cubierto de blanco, para cruzar luego los acantilados congelados que hab�a mas all� para finalmente fundirse con el banco de nubes gris�ceo encima del lago. Se qued� mirando el hueco en las nubes por donde hab�a desaparecido, sinti�ndolo mas que vi�ndolo como si fuera un hueco dentro de �l mismo. Despu�s de estar ah� parado solo dios sabe cu�nto tiempo, de pronto lo despert� el hecho de que se estaba congelando. Le dio la espalda a la ventana, agradecido de tener la excusa del fr�o para frotarse las manos en vez de hacerlo debido a la agitaci�n.

No estoy nervioso, pens� y entonces sus pensamientos fueron estrellados.

�Una lechuza marr�n, volando al este a favor del viento, quiz� logre alcanzar una velocidad promedio de unos 75 kil�metros por hora. Ya es casi medio d�a, as� que yo dir�a que deber� llegar a la Mansi�n Malfoy esta misma noche mas o menos a la hora de la cena.�

Harry se qued� paralizado ah� donde estaba, frot�ndose todav�a las palmas agrietadas en c�rculos, repentinamente estuvo muy consciente de todo a su alrededor: de las corrientes que siseaban por el cuarto, el viento fr�o que le azotaba la espalda; la forma en que los rayos del sol cortaban como venas doradas la suciedad medio alumbrada de excrementos y polvo; la fetidez de las lechuzas, la madera h�meda, la paja y las egagr�pilas era tan abrumador que casi no pod�a respirar.

��Tengo tu atenci�n?� le pregunt� Hermione.

�Me seguiste,� dijo �l.

�Fui a buscarte y no estabas en el dormitorio, as� que us� el mapa.� Hermione se estremeci� ligeramente y Harry se percat� de que estaba a unos cuantos cent�metros de la luz del sol, porque estaba cerca de la puerta, meci�ndose como una polilla peligrosamente cerca de una flama. Los ojos se le ve�an llorosos a lo lejos, y por un momento tuvo p�nico de que hubiera estado llorando, antes de decidir que solo era el efecto producido por el viento cruzado que le hab�a puesto las mejillas de un rojo bonito y le hab�a apartado el cabello del cuello. Estaba sonrojada por el fr�o, pens�, no porque estuviera molesta o porque hubiera subido corriendo para alcanzarlo aqu�.

�Bueno, um. �Qu� pasa?� pregunt� a sabiendas de qu� era lo que pasaba.

�Necesitamos hablar,� le contest� ella y �l se estremeci� porque su voz se escuch� mucho mas dura de lo que le hab�a escuchado en mucho, mucho tiempo. Comprendi� inmediatamente que era la misma voz que hab�a ocupado antes del Torneo, el mismo tono firme e inflexible que hab�a dado paso a un murmullo tranquilizador constante despu�s de la Tercera Prueba, como si con la pura voz pudiera consolarlo de la forma en que no pod�a hacerlo con las palabras.

Se escuch� replicar a la defensiva, ��De qu� quieres hablar?�

�No me des el avi�n, Harry Potter. �No te atrevas!�

Harry la mir� y esper�. Ella se meti� las manos en los bolsillos y se estremeci�. ��Qu� � qu� es esto, Harry? Est�s actuando como �l.�

��Como qui�n?�

�Como Malfoy,� ladr� Hermione con la voz cargada de odio. �Harry, �qu� es lo que est� pasando entre ustedes dos? Pelean constantemente, se miran hostiles y se golpean a cada oportunidad, se andan siguiendo, y ahora le est�s - �le est�s escribiendo! �Qu� diablos est�s haciendo, Harry?�Y por qu� no nos dices nada? �Ron y yo hemos estado muy preocupados!�

�No les he dicho nada porque no es asunto suyo,� replic� simplemente. Del otro lado del cuarto, Hermione jade� audiblemente, luego se cubri� la boca con la mano, como si acabara de llamarla Sangre Sucia o hubiera hecho algo mas completamente irreconocible.

�Pero, �por qu� -? Oh � oh, Harry, no ha � intentado reclutarte, �verdad?�

Harry la mir� sin comprender durante unos momentos. ��Qu�? �Reclutarme? �Te refieres para la Orden Oscura? Hermione, �qu� piensas que soy?�

�No lo s�, Harry, no lo sab�a, �ten�a que preguntarte!� solt� Hermione casi sollozando. �No s� qu� es lo que est� pasando contigo ni por qu� no me dices ya nada y yo -�

Harry la interrumpi� deliberadamente. �No es un mort�fago, Hermione.�

�Oh, �y c�mo lo sabes?�

�Me lo dijo.� Se encogi� de hombros. Desde la mitad del cuarto pudo ver que sus ojos destellaron y pens� sin emoci�n, debe estar realmente enojada.

�Ya son confidentes, �es eso? �Cuando no se est�n dando palizas? Por favor, Harry, s� que lo has estado espiando. �Por qu� no me puedes decir la raz�n?�

Harry comenz� a hablar, pero se encontr� con que las palabras no sal�an de su boca, y tuvo que volver a comenzar. �Hermione,� dijo lo mas gentilmente que pudo, �no he estado espiando a Draco.�

Hermione palideci� al escucharlo pronunciar su nombre de manera tan casual. Lo mir� boquiabierta.

�Lo he estado viendo,� termin�.

Hermione lo mir� sin comprender y repiti�, �Viendo, viendo... vi�ndolo,� inexpresiva.

�Hemos estado saliendo juntos,� se apresur� a a�adir. �Somos � �l es mi -� tuvo que hacer una pausa para que su mente aceptara la palabra � �novio.�

El mundo pareci� paralizarse cuando la palabra sali� de sus labios; incluso las r�fagas de nieve y polvo a su alrededor parecieron disolverse en una quietud inmensa que hizo que el mundo pareciera mas grande que antes. Y Harry medit� que era una palabra muy tonta, tan limpia, compacta y confusa (se refiere a boyfriend en ingl�s). Draco era un chico, pero no un amigo - nunca lo hab�a sido y quiz� nunca lo ser�a � y cualquier otra combinaci�n de palabras le habr�a funcionado igual, le hubieran significado lo mismo. En el momento en que habl�, dese� no haberlo hecho, para intentar decirlo de otra forma, con una palabra mejor; pero sab�a que no exist�a una palabra mejor, y nunca hab�a sido bueno para inventar cosas.

Los ojos de Hermione se vaciaron de expresi�n, como una vela consumida, y lo mir� fijamente. El no sab�a qu� hacer, as� que le regres� la mirada e intent� descifrar su expresi�n. Nunca hab�a visto nada parecido en su rostro � los labios se le estaban frunciendo en una l�nea fina, no era un puchero, sino mas bien una mueca. Ella se abraz� fuertemente.

�Draco. Malfoy,� dijo lentamente. �Has esta � est�s con Malfoy. Tu. Harry Potter. Est�s con Draco -�

�Ya sabemos nuestros nombres,� dijo bruscamente.

�Pero �l � es tu - �tu lo odias!� dej� escapar una especie de llanto ahogado y luego abri� los ojos dram�ticamente. ��l es � �l es un � es un chico. Harry, �te gustan los chicos?�

�Yo, eh, si,� dijo Harry con un hilo de voz.

�Eres gay,� dijo Hermione con el mismo hilo de voz.

�l no contest�.

�Y est�s... con... Malfoy.�

Silencio.

Durante un largo momento, pens� que ella le iba a dar la espalda, pero no lo hizo. Despu�s de un rato lo �nico que dijo, suavemente, como si estuviera probando la voz, fue, �Fue despu�s de ese partido de Quidditch, �verdad?� no pudo descifrar su tono de voz. Ella entrecerr� los ojos. �Lo recuerdo, esa semana estuviste muy tenso � los pusieron de pareja en Pociones. Comenz� en ese entonces, �verdad?�

�l asinti�.

�Y � tu nunca... nunca lo espiaste, simplemente � nos mentiste.�

�No,� contest� sobresaltado.

�Siempre que peleabas con �l, en realidad lo disfrutabas.� Su voz iba subiendo de tono.

�No, no es cierto,� contest� con vehemencia, pero ella no lo escuchaba.

�Siempre que se ve�an furiosos, y encontraban excusas para que los castigaran juntos, era eso � estaban juntos, y yo que pens� que estabas � que tu � oh, Harry, �c�mo pudiste?�

�Hermione, no comprendes lo que pas�,� insisti�. �No lo conoces en realidad, y tu -�

�Oh, s� lo conozco,� sise� y al hablar finalmente se acerc� a �l, como si le acabaran de abrir la puerta de salida y no pudiera resistir el impulso de avanzar. Se detuvo a escaso medio metro de �l, dentro del chorro de luz. Ahora pudo ver la l�nea de preocupaci�n que se le marcaba en la frente, pudo ver la oscura ansiedad en sus ojos y su necedad al ni siquiera molestarse en quitarse el cabello de la cara cuando el viento se lo azot� contra ella. �S� que es la persona que nos ha hecho las vidas miserables. S� que es la persona que me llama Sangre Sucia. S� que es un mocoso malcriado que intent� hacer que despidieran a Hagrid y que atormenta sin piedad a Ron tan solo porque es pobre, y es el mismo que ha esforzado hasta lo indecible para humillarte de todas las maneras posibles. �Tu no eres idiota, Harry, no puedes pararte ah� y decirme que estoy mal! Dios, has � has olvidado lo que nos dijo en el tren el pasado -�

�No, no lo he olvidado,� contest� de mal humor y con los pu�os cerrados. �No he olvidado nada, Hermione.�

�Oh, �no lo has olvidado? Entonces, �por qu�? �Qu� est�s pensando, Harry?� ahora su voz sonaba tensa dentro de un gran sollozo de coraje que parec�a estar reprimiendo desesperada. ��Un par de miradas y manoseos y de pronto est�s dispuesto a tirar por la ventana los �ltimos cuatro a�os?�

�No es as�,� escupi�.

���Entonces c�mo es?!� explot� y el color se le fue completamente de la cara, dej�ndole una palidez que le record� mucho a Draco. ��Por qu� pensaste que esto era buena idea, Harry? �Tan siquiera te detuviste a pensar en c�mo tomar�amos la situaci�n Ron y yo una vez que nos enter�ramos? �Por qu� no-?�

Harry dej� de pensar y avanz� un paso y se descubri� grit�ndole a la cara.

��Porque no me importa! �Porque no quiero pensar en Voldemort, o en Cedric mientras estoy despierto, y cuando �l est� cerca no tengo que hacerlo y porque s� quien es y s� que no es quien �l piensa que es y porque lo amo!�

��Y �l te ama, Harry?� le grit� ella igualmente. ��C�mo lo sabes? �C�mo sabes que no te est� utilizando para seducirte y llevarte directamente al bolsillo del Se�or Tenebroso?�

�Porque,� contest� Harry respirando profundo, �no lo est� haciendo.�

Hermione exhal� y pareci� paralizarse con los ojos fijos en los de �l.

�Pero nunca te lo ha dicho, �verdad?�

Harry no tuvo que responder. Apret� la quijada y la mir� resuelto a los ojos.

�Te la cambio,� dijo ella despu�s de un silencio tenso. �Verdad por verdad.�

�De acuerdo,� dijo Harry tragando con dificultad. �Hermione, no seas -�

�Verdad,� dijo ella a fuerza, interrumpi�ndolo. �Ron piensa que est�s viendo a alguien � una chica. No entiende por qu� no se lo has contado ya y est� ocultando que est� herido.�

Harry se encogi� y asinti�.

Hermione desvi� la mirada y se estremeci�. Obedeciendo a un impulso, Harry extendi� la mano para tocarle el hombro. Ella se puso r�gida cuando sus dedos la rozaron, y luego, deliberadamente, retrocedi� un paso. Como no sab�a qu� hacer con las manos, las meti� dentro de su t�nica y tambi�n se estremeci�. El cuarto cada vez se pon�a mas fr�o � Harry se imagin� que deber�a estar helando, porque hab�a estado yendo de aqu� para all� durante la �ltima semana con un dolor congelante en el est�mago, mezcla de tristeza y miedo y apenas si se daba cuenta ya de la temperatura a su alrededor.

�Verdad,� dijo �l. �Tienes raz�n acerca del partido de Quidditch. No estaba enojado porque me hubiera vencido, estaba enojado porque estaba comenzando a darme cuenta de que me gustaba.�

Hermione trag� con dificultad. ��C�mo puede gustarte, Harry, ya no digamos amarlo? �Qu� ves en �l?�

�No necesito justificarme delante de ti,� contest� acaloradamente.

��No te estoy pidiendo que te justifiques, quiero que te expliques!�

�De cualquier forma no lo entender�as,� replic� sintiendo que una oleada de coraje lo invad�a. �No me creer�as. S� cu�nto se odian.�

��No es �l quien me preocupa, Harry! Todo lo que me importa es asegurarme que no te vaya a lastimar.�

�No eres mi madre, Hermione. Puedo defenderme solo sin que tu me cuides.�

��No soy tu madre?� escupi� Hermione prendida. �Por la forma en que has estado actuando estas �ltimas semanas, no sabr�as si soy tu amiga. O Ron. Todo lo que haz hecho es andar a escondidas con Malfoy, a nuestras espaldas, y cuando no puedes hacerlo, andas deprimido, enfurru�ado, dando vueltas y nos mandas a todos al cuerno hasta que vuelves a verlo. Ugh � no puedo creer que no lo haya visto antes.�

Ella suspir� y Harry se tens� defensivo. �Bueno, �y qu� si lo hago? No eres yo � no sabes lo que siento, c�mo se siente esto.�

Hermione contuvo el aliento y lo mir� a los ojos un largo momento. �Tienes raz�n,� dijo lentamente con voz fr�a. �No estoy enamorada.� Entrecerr� los ojos y Harry se encogi�. ��Verdad?�

Harry la mir� sin comprender y ella frunci� el ce�o, quit�ndose el cabello de los ojos. �Y por supuesto que puedes cuidarte solo,� continu�. �Es por eso que ignoraste completamente las pistas de la Segunda Prueba el a�o pasado -�

�Hermione,� dijo mordaz, porque si hab�a un acuerdo impl�cito entre los tres, era el nunca hablar del Torneo de los Tres Magos. Solo pod�a imaginarse que tan enojada deber�a estar como para haber roto ese acuerdo.

�- y es por eso que est�s ignorando por completo la nota de Quien-Tu-Sabes,� sise�. �l hizo un sonido de disgusto al escuchar esto e intent� pasar a su lado, pero ella lo sujet� del brazo y evit� que se fuera; y ahora el viento le aventaba el cabello de ella en la cara, inflaba sus t�nicas, un rayo de luz atrapado entre ellos iluminando su cara con un alivio escueto. �Sinceramente, Harry, si lo �nico que vas a hacer es andar d�ndole vueltas al asunto de Malfoy, entonces quiz� sea bueno que hayan peleado. Te dar� la oportunidad de meditar un poco en tus prioridades.�

�Esto viene de la chica cuyas prioridades parecen ser andar fisgoneando y espiando la vida privada de sus amigos.�

�Harry, soy tu amiga,� le suplic� enterr�ndole las u�as en el brazo como si creyera que la escuchar�a mas si lo apretaba mas. �Siempre hemos compartido las cosas y estaba preocupada por ti. Sigo preocupada por ti. Malfoy puede ser tu � tu...� respir� profundo y lo volvi� a intentar, escupiendo la palabra � �tu novio, pero sigue siendo enemigo de los muggles y de todos aquellos que sean sus amigos. No hay ninguna garant�a de que no le haya contado a su padre sobre ti, Harry. �No lo ves? - �tengo motivos para estar preocupada!�

�Hermione, siempre has confiado en que tome las decisiones correctas. �Por qu� no puedes confiar ahora?�

�Si lo hago, Harry. Lo hago. Es en �l en quien no conf�o.�

�Yo conf�o en �l. Eso deber�a bastarte.�

�Bueno, quiz� si, Harry, pero no es as�,� dijo bruscamente. �Quiz� ser�a suficiente si no te traicionara a cada rato la gente en la que pensabas que pod�as confiar. Quiz� ser�a suficiente si Malfoy hubiera hecho algo que valiera la pena durante los cuatro a�os que tengo de conocerlo.�

�Su nombre es Draco,� la interrumpi� infantil.

�Su nombre es Malfoy, Harry. Malfoy. Es quien es.�

�No es quien es. No es como su padre � solo intenta serlo porque quiere impresionarlo. Podr� ser un Malfoy, pero no es malo. Lo s�.�

�Entonces �por qu� no me lo dijiste, Harry?� pregunt� Hermione y le solt� abruptamente el brazo. "�Si te sent�as tan seguro, por qu� no cuando menos me lo dijiste? S� por qu� no se lo dijiste a Ron �dios � pero podr�as hab�rmelo dicho a mi, Harry. �Y si algo te hubiera pasado � a cualquiera de los dos? �Cualquier cosa podr�a haber pasado, y estabas tan preocupado protegiendo la privacidad de ambos que no te detuviste a pensar en las consecuencias!�

Harry la mir� sin expresi�n alguna durante un momento, su vehemencia lo hab�a tomado por sorpresa. Inc�modo, la acerc� hacia si, y esta vez ella no puso resistencia. La envolvi� con sus brazos, y ella se rindi�, abraz�ndolo con fuerza. El le bes� la frente. ��Si lo hicimos! Yo pens� en cont�rtelo,� dijo. �Si lo pens� � montones de veces. Lo discutimos -�

��Los dos discutieron sobre si decirme o no? Oh, estoy segura de que debi� haber sido una conversaci�n encantadora, por no decir educada,� dijo a secas.

�Shh. Dijiste que quer�as saber. Te lo estoy diciendo. �l quer�a contarle a Snape -� Hermione solt� un resoplido. �Si, lo s�. Al final, decidimos no decirle a nadie a menos de que lo averiguaran. Adem�s, no es algo f�cil de contar. No pod�a llegar contigo y decirte, �Hey, Hermione, �c�mo te fue hoy? � oh, y por cierto, me estoy acostando con Malfoy�.�

Hermione se retir� bruscamente con un ruido estrangulado. ��Est�n durmiendo juntos?�

�Eh,� dijo Harry y luego se call� al ver la expresi�n aterrorizada de Hermione. Baj� r�pidamente la mirada al piso, sintiendo que las puntas de las orejas le ard�an por la mortificaci�n.

�Oh, dios m�o,� dijo ella. �Ustedes � ustedes pasaron la noche juntos. �Verdad? La � la noche anterior a la partida de todo el mundo � llegaste tarde a desayunar. La � la misma ma�ana que pelearon. Oh, dios m�o.� Junt� las manos y comenz� a retorcerlas aparentemente sin darse cuenta. �Yo � ni siquiera... ni siquiera sab�a que eras gay,� dijo sin expresi�n.

Harry no cre�a que fuera posible sentirse mas abochornado, pero si se sent�a doblemente inc�modo- �No � no estoy seguro de serlo,� tartamude� cuando lo invadi� el recuerdo repentino del cabello de Cho Chang brillando al sol como un cuervo al viento.

�Pero dijiste que lo amabas,� dijo Hermione con severidad. La chica de Ravenclaw de pronto se convirti� en Draco, orgulloso y elegante, delineado contra el cielo como un cisne sobre un lago plateado como el cristal y las ondas llegaron al coraz�n de Harry.

�Si,� dijo suavemente despu�s de un momento. �Lo amo.�

Una libertad indescifrable y trascendental se apoder� de �l. Fue tan poderosa que decidi� volver a decirlo. �Lo amo,� repiti�. �Digo � sigo pensando que las chicas son... bueno, pero � vaya, es diferente con �l. Me siguen atrayendo las chicas. Pero � amo a Draco.�

��Mas de lo que te importan tus amigos?� replic� Hermione con pesar.

La mir� fijamente. �Hermione.�

��Sabes lo dif�cil que es ser tu amigo, Harry? �apoyarte, ayudarte, protegerte y luego averiguar que has escogido a la �nica persona que siempre te ha tratado como basura por encima de la lealtad de tus mejores amigos? - �saber que prefieres estar con �l? con alguien a quien siempre has odiado mas que -�

Se interrumpi� abruptamente, inclin� la cabeza y se pas� una mano por la sien. �l sigui� mir�ndola porque no ten�a palabras.

�Lo siento,� dijo ella despu�s de otro momento. �No estuvo bien que dijera eso. Pero, Harry, no pod�as esperar que simplemente lo aceptara y te diera mi apoyo. Me importas demasiado para hacer eso. Seguramente lo puedes entender.�

Harry asinti� miserablemente. Hermione lo mir� pensativa, y �l esper� su siguiente pregunta. Durante un largo momento ella no dijo nada, y el silencio creci� entre ellos, hasta que �l crey� que ya no iba a preguntar nada mas y en cambio estaba esperando a que �l hablara. Abri� la boca sin tener una idea de lo que iba a decir, pero ella lo interrumpi� antes de que comenzara.

��Crees que �l te ama?�

Inmediatamente se le sec� la garganta. �No... no lo s�.�

��Nunca lo ha dicho?� lo presion�. ��Ustedes dos nunca han hablado de eso o, o -?�

�Hermione, somos chicos,� contest�. �No hablamos de esas cosas.�

�Oh,� dijo ella como si nunca se le hubiera ocurrido eso. ��Crees que sepa lo que sientes? �Sabe que est�s enamorado de �l?�

Harry desvi� involuntariamente la mirada hacia la ventana hacia el cielo gris mas all�. �Yo...� se interrumpi�. �Creo que quiz� si lo sepa.�

�Entonces tiene la ventaja,� murmur� Hermione. �Imag�natelo.�

�Hermione, no es as�,� dijo bruscamente �l.

�Quiz� no, pero uno de nosotros tiene que pensar con la cabeza si lo �nico que vas a hacer es andar tonteando sobre Malfoy.�

�No ando tonteando,� replic� petulante.

�Harry, me has evitado durante una semana y te has quedado en tu habitaci�n escribiendo cartas.� Harry frunci� el ce�o. �Vi los bosquejos que dejaste junto a tu cama cuando fui a buscarte. No est�s siendo cuidadoso, Harry. Cualquier podr�a haberlos encontrado.�

�Pero no fue as�.�

��Pero podr�an haberlo hecho! �Y qu� hay de la nota de Quien-Tu-Sabes?�

�No creo que sea muy importante,� dijo cortante.

�Harry. El Se�or Tenebroso env�a a Lucius Malfoy a Hogwarts solo para entregarte una tarjeta Navide�a �y crees que no es importante?�

�Vino a llevar a Draco a casa,� dijo Harry. �Ha tenido esp�as � Draco no estaba seguro en tren.�

��Harry, esc�chate!� casi grit� Hermione, y Harry casi esper� que una bofetada acompa�ara a sus palabras. �Te enga�as si piensas que venir a recoger a Draco no fue solo una treta.� Comenz� a pasearse por la lechucer�a, su respiraci�n se convert�a en peque�as bolas en el aire, y �l habr�a sugerido que regresaran a la Sala Com�n si no fuera porque estaba seguro de que con eso s� lo abofetear�a. �Piensa,� dijo cambiando a ese tono de voz con el que resolv�a los problemas. ��Qu� hay aqu� en el castillo que el padre de Malfoy podr�a querer espiar?�

�La Orden,� dijo Harry inexpresivo. �La mitad de los miembros son maestros en la escuela.�

Hermione sacudi� la cabeza. �No,� dijo vehemente. �No es la Orden. Est� demasiado protegida. Lucius sabr�a que no tendr�a la oportunidad de estar solo el tiempo suficiente como para poder reunir cualquier informaci�n �til para el Se�or Tenebroso.�

�En cualquier caso, Snape estuvo con �l todo el tiempo,� dijo Harry. �Vi que sali� a recibirlo a la entrada.�

�Apuesto a que el Sr. Malfoy no estuvo muy contento. Mira, Harry, debe haber habido algo mas � algo que el padre de Malfoy deb�a haber sabido y que los maestros no. Algo que podr�a haber obtenido sin que alguien sospechara.� Se qued� pensativa. �Algo que Quien-Tu-Sabes lo envi� a buscar o a espiar.�

Harry suspir�. �Puedo haber sido cualquier cosa, Hermione. Lo �nico que sabemos es que vino y se fue siempre acompa�ado de Snape. No sabemos lo suficiente como para adivinar por qu� estaba aqu�.�

�Nosotros no. Pero quiz� Malfoy si.�

Harry se enderez�. �No.� Su voz fue firme.

�Vamos, Harry,� dijo ella deteniendo sus paseos agitados y dirigi�ndole una mirada significativa. �Es la forma perfecta de averiguar si te es leal a ti o a su -�

�Hermione, no voy a hacerlo. Nunca ha pedido saber lo que s� sobre la Orden. Ni siquiera me ha robado las estrategias de Quidditch.� Hermione solt� un resoplido. �Es en serio. Conf�a en que no voy a entrometerme en su vida, y �l no se entromete en la m�a, y hasta el momento las cosas han funcionado bien.� Suspir� y se pas� una mano por el cabello percat�ndose de que lo ten�a lleno de copos de nieve. �Sab�a que esto pasar�a. Es por esto que no te lo quer�a decir, Hermione. Ni a ti ni a nadie. No voy a utilizar a Draco para pelear una guerra.�

�Ya lo est�n utilizando, Harry,� dijo Hermione regresando hasta donde estaba �l, para sujetarle ambas manos entre las suyas. ��O no te diste cuenta de que su padre le pas� el relevo cuando le pidi� que le entregara la tarjeta al hijo favorito de Dumbledore?� Harry hizo una mueca. �Es la verdad. Yo digo que est� prob�ndolo. Y a Dumbledore. Quer�a que Dumbledore supiera que Draco era una amenaza en el castillo.�

Harry se escuch� decir mentalmente, �no es una amenaza,� pero no pudo hacer que las palabras llegaran a sus labios.

Baj� la mirada a las manos de Hermione que sosten�an las suyas. Las ten�a agrietadas y rojas, brillosas por el fr�o.

�Tenemos que sacarte de aqu�,� dijo reprimiendo una nueva oleada de emoci�n. Hermione levant� la mirada hacia �l, emitiendo un peque�o sonido gutural, de pronto zaf� las manos y le sujet� la cara.

El contacto abrasante de sus dedos fr�os contra sus mejillas calientes lo dej� sin respiraci�n. Jade� sinti�ndose muy tonto mientras ella dec�a seriamente, �Tambi�n te est�n utilizando a ti y lo sabes. Dumbledore, McGonagall, incluso Snape � todos te ven como si ya estuvieras peleando para ellos.�

�Eso es porque ya lo estoy haciendo,� dijo tranquilamente. �Quiero... lo que les pas� a mis padres � tengo que luchar. Siempre he luchado. Nadie me est� obligando.�

Hermione ten�a los ojos muy abiertos y llenos de admiraci�n. �Draco Malfoy no te merece, Harry Potter,� dijo en�rgicamente. �Harry � Harry, �qu� ves en �l?�

Retir� lentamente las manos de su cara. Harry palideci�. �No � no puedo explicarlo. Es demasiado...� cambi� de t�ctica. �Digo, �c�mo respondes a eso? �Y si yo te preguntara qu� ves en Ron?�

Hermione abri� la boca y retrocedi� estupefacta. ��Ron?� repiti�. Harry iba a sonre�rle triunfante, pero cuando vio que estaba genuinamente nerviosa, su sonrisa se convirti� en una mueca. �Olv�dalo,� dijo ella r�pidamente. �En fin, est� helando aqu� � quiz� deber�amos regresar a los dormitorios.�

�Si,� dijo Harry estremeci�ndose.

Hermione se ajust� la t�nica, el cabello le cay� en la cara, ocult�ndole los ojos. �l la observ�, observ� c�mo temblaban sus dedos congelados mientras forcejeaba con broche de su abrigo para ajust�rselo. La culpa se apoder� de �l, y se descubri� mir�ndola como si no la hubiera visto en meses; y quiz� no lo hab�a hecho. Sinti� como si todo lo que supiera, todo lo que hubiera visto durante semanas enteras, fuera Draco.

Draco.

Avanz� hacia ella y le quit� el cabello de la cara. Ella levant� la cabeza bruscamente al contacto y �l no pudo decir bajo la luz si el brillo de sus ojos era debido al fr�o o por las l�grimas que se hab�a imaginado no hab�a derramado.

�Ven,� dijo gentilmente. �D�jame hacer eso.� Extendi� la mano y le acomod� el abrigo sobre los hombros, para abroch�rselo antes de que ella pudiera detenerlo.

�Harry,� su tono de voz era indescifrable. ��Te � te hace feliz? �Es bueno contigo?�

Antes de que pudiera hablar, su respuesta fue una sonrisa radiante que nada pudo contener, una sonrisa tan amplia que le provoc� una punzada de dolor en los labios agrietados y las mejillas endurecidas por el fr�o. El dolor se col� en la expresi�n de Hermione, quien se mordi� los labios cuando �l dijo, �Es maravilloso. Es el mejor. No dir�as que es la misma persona cuando estamos juntos.�

Una peque�a parte de su cerebro se neg� a sentirse tan contenta y suave como el resto de �l se sent�a en ese momento, y esa partecilla era un alfiler que constantemente le recordaba una mand�bula dislocada y una carta sin promesas. Pero se hab�a sentido muy bien al decirlo finalmente en voz alta, tanto que ahora no pod�a dejar de sonre�r.

Hermione suspir�. �Espero que tengas raz�n, Harry. Lo espero con todo mi coraz�n.�

Harry le dirigi� una mirada agradecida. Hablar con Hermione hab�a derretido una parte de la caverna de hielo que se hab�a apoderado de su est�mago y el fr�o del lugar ya no lo molest� tanto. Pero Hermione volvi� a estremecerse y �l la pas� un brazo por el hombro.

�Y, eh... �Quieres regresar a la Sala Com�n y, eh, discutir sobre la nota?�

Hermione gir� la cabeza y lo mir� largamente y en sus ojos hubo algo distante que Harry jam�s hab�a visto. �No, Harry,� dijo despu�s de un rato. �Creo... creo que me gustar�a esta sola un ratito.�

�Oh,� dijo Harry y las entra�as volvieron a congel�rsele. �Eh, seguro.�

�Luego te alcanzo all�, y podremos platicar mas, si � si est�s de acuerdo,� dijo ella.

�l asinti�, un poco atontado y dej� que pasara a su lado. Cuando ella lleg� a la puerta se le ocurri� algo a �l y lo solt� sin mas, �Hermione - no se lo vas a decir a Ron, �verdad?�

Hermione se volvi� hacia �l, nuevamente estaba parada en las sombras.

�No, Harry,� le contest�. �No se lo dir�.� Su voz era fr�a una vez mas. Harry intent� leer su expresi�n, pero las sombras que la rodeaban la ocultaron � todo menos el brillo penetrante de sus ojos.

�Cr�eme,� continu� antes de volverse por �ltima vez, �esto es algo de lo que no me gustar�a que Ron se enterara por mi.�

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Lo que un Malfoy deseaba mas de un lugar, era el aislamiento.

Le gustaban los calabozos de Slytherin porque desde el momento en que entraba sent�a como si lo separaran del resto de mundo, liber�ndolo para hacer lo que quisiera en los confines de esos cuartos sin ventanas de piedra oscura alumbrada por antorchas. Quiz� lo que realmente le gustaba era la falta de ventanas. Le gustaba el brillo suave de la luz de las velas tanto como le gustaba el sol brillante, y de cualquier forma, cuando uno estaba en el interior, uno deber�a estar en el interior, sin la distracci�n del mundo externo que provocaba que la mirada divagara. Cuando Draco estaba fuera de los calabozos, estaba en el mundo � de los dem�s. Cuando entraba en la Sala Com�n de Slytherin estaba en su propio tiempo � en su propio espacio.

Nunca hab�a sabido lo que era eso � estar consigo mismo, en su propio tiempo � hasta que lleg� a Hogwarts. En la Mansi�n, sin importar a donde fuera, lo mas probable era que enviaran a alguien a buscarlo, a hacerle preguntas, a insistir en alimentar la chimenea mientras le�a o a acomodarle las almohadas antes de que se fuera a la cama. En cambio, en Hogwarts ten�a el control completo sobre su tiempo. En los dormitorios de Slytherin solo necesitaba lanzar una mirada fr�a para hacerle saber a cualquiera que intentara acerc�rsele que ese no era el momento apropiado para hablar. Los otros respetaban su espacio, quiz� porque sencillamente no les importaba demasiado como para querer invadirlo; �l les hablaba primero, y no al rev�s. Tambi�n los elfos dom�sticos lo dejaban en paz. Cuando el profesor Snape deseaba hablar con �l, hac�a una cita; la profesora Vector le enviaba notas por lechuza cuando necesitaba ver algo de Aritmancia con �l. Ni un alma invad�a su espacio.

Y luego estaba Harry, quien pod�a invadirlo cuando quisiera, aunque obviamente, Draco nunca se lo dir�a. Pero Harry no lo invad�a; le lanzaba miradas, algunas veces furtivas, algunas veces tan obvias que a Draco lo divert�a y horrorizaba a la vez el hecho de que nadie mas pareciera darse cuenta, miradas que Draco pod�a decidir aceptar o fingir que no las hab�a visto. Siempre las aceptaba, aun cuando no quisiera; algo en la mirada de Harry lo atra�a como la sonrisa del diablo, obligando a sus ojos a encontrarse con los de Harry y a mantenerle la mirada, sin importar lo mucho que hubieran divagado por la estancia intentando concentrarse en algo mas, lo que fuera.

Draco hab�a observado que a Harry le encantaban las ventanas. No hac�a mucha bulla al respecto, pero le gustaba sentarse en los asientos de los nichos de las mismas, o se acomodaba en el alf�izar y miraba al exterior, observando ausente el cielo. Draco no pod�a contar el n�mero de veces que hab�a entrado en una habitaci�n en silencio para encontrarlo al otro extremo, quieto con las manos a los costados mirando simplemente al exterior, sumido en sus pensamientos. No pod�a contar el n�mero de veces que hab�a ido hacia �l, poni�ndose de puntillas silenciosamente para deslizar gentilmente los brazos a su alrededor, con una mano sobre su pecho y la otra alrededor de su cintura; el n�mero de veces en que la �nica reacci�n de Harry hab�a sido un suave suspiro para recargarle la cabeza mientras Draco enterraba la nariz en su cuello para disfrutar su calidez; el n�mero de veces que hab�a sentido un deseo posesivo y abrasador de arrancar su mente de lo que fuera que estuviera viendo a trav�s de esa ventana y la duda penetrante de que sin importar cuantas veces hubiera podido alejarlo y cerrar las cortinas, no lo hab�a hecho.

Draco nunca se deten�a a mirar por las ventanas. Si quer�a estar afuera, estaba afuera. Si quer�a pensar en cualquier cosa que estuviera afuera de la habitaci�n en la que estaba, entonces iba all�. Ten�a la sensaci�n de que Harry nunca iba de un lugar a otro sino que tra�a todas las habitaciones consigo, a todos lados. Draco sab�a, porque algo hab�an hablado al respecto, que parte del misterio creciente que era Harry Potter, era que hab�a crecido en una alacena, y lo hab�an apartado del mundo a la fuerza. Quiz� �sa era la raz�n: siempre hab�a sido la decisi�n de Draco apartarse; siempre ser�a decisi�n de Harry no volver a cerrar una puerta detr�s de �l voluntariamente.

Quiz� era mejor que Harry no viera la Mansi�n. El cuarto favorito de Draco, la biblioteca, era el lugar mas aislado del mundo que conociera, una serie de paredes sin ninguna ventana que interrumpiera la hilera interminable de libreros, retratos y chimeneas enormes que mord�an con llamas de dientes afilados sus repisas de piedra. La �nica entrada era a trav�s de dos puertas pesadas de madera al centro de la habitaci�n. Hac�a unos cuantos a�os, Draco las hab�a encantado para que se cerraran con cerrojo cada vez que �l entraba. Por consiguiente, el tiempo que le tomaba a la persona al otro lado de la puerta recuperarse de la confusi�n para abrirla con magia, le daba el tiempo suficiente para esconder lo que estuviera leyendo debajo de los enormes cojines del sof�. Desde temprana edad se le hab�a vuelto un h�bito esconder los libros, sin importar de lo que trataran, y todav�a era un acto reflejo, aun cuando en el fondo cre�a que era bastante tonto. La �nica vez que Harry le hab�a preguntado qu� estaba leyendo,

Draco, en un acto reflejo, lo hab�a cerrado de golpe, con la cubierta hacia abajo y le hab�a dirigido una mirada nerviosa y alarmada que hizo que Harry se sonrojara, cambiara la conversaci�n y nunca le volviera a preguntar.

Para Draco, leer era una actividad aislante.

Ayudaba el hecho de que cuando estaba en casa, todas sus lecturas las hac�a en la biblioteca. Pasaba la mayor parte de tiempo ah�, porque estaba apartada del resto de la casa � localizada en el extremo sur del ala este, al otro lado de las habitaciones familiares y bastante retirada de las habitaciones para invitados. El �nico acceso que ten�a era un pasillo lateral estrecho y lleno de corrientes que sal�a del pasillo principal del ala hasta un peque�o nicho que se abr�a hacia la biblioteca. Durante muchos a�os, ese pasillo hab�a estado sujeto a r�fagas de viento repentinas, que hasta el momento, ning�n encantamiento hab�a podido prevenir; los elfos dom�sticos cre�an que estaba embrujado, y le ten�an tanto miedo que solo unos pocos se atrev�an a ir aun cuando los llamaran. Su padre nunca ven�a aqu�, al menos ya no � Draco ten�a la sensaci�n de que era rara la ocasi�n en que su padre necesitaba de los libros, pues confiaba mas en su memoria de lo que Draco podr�a esperar hacer en toda su vida � y probablemente su madre no tuviera mas que una vaga idea de que exist�a. La �nica persona que la frecuentaba era �l mismo, que se sent�a como en casa aqu�, disfrutaba del silencio, roto solo ocasionalmente por el viento circulante que aullaba en el nicho adyacente.

Despu�s de la decepci�n inicial al darse cuenta de que tendr�a que regresar a la Mansi�n durante las vacaciones, se hab�a visto relaj�ndose, y pas�ndoselo en general tranquila y pac�ficamente: la ausencia de su padre deber�a haber sido garant�a suficiente de ello. Se hab�a imaginado que se sumergir�a en los libros, ir�a a volar cuando el clima estuviera despejado, ir�a a correr por el parque temprano por la ma�ana. Pero en realidad, se encontr� deseando a cada momento, regresar a Hogwarts con Harry y salir a volar lo pon�a gru��n e irritable porque nada se comparaba a volar compitiendo con Harry, o si ya estamos en esas, a hacer lo que fuera con Harry; ten�a los pensamientos tan revueltos que no pod�a concentrarse en la lectura porque inevitablemente regresaba a Harry; permanec�a despierto hasta altas horas de la noche pensando en Harry, preocup�ndose sobre si estar�a enojado con �l, si hab�a cometido un error al escribirle siquiera. Hab�a destrozado su ritual de correr por las ma�anas.

El asunto de la carta que no hab�a recibido todav�a le pesaba. Mientras mas se dec�a que no iba a pensar en ello y que no ten�a sentido preocuparse hasta que supiera de �l o hablara con �l, mas pensaba en ello y mas se preocupaba. Aun cuando solo hab�an pasado cinco d�as de que le hab�a escrito, hab�a tenido tiempo mas que suficiente para atormentarse sobre cada aspecto de la carta, carta que comenzaba a arrepentirse de haber escrito. De hecho, a estas alturas, al quinto d�a sin tener noticias de Harry, estaba comenzando a preguntarse a qui�n se le habr�a ocurrido la est�pida idea de involucrarse en una relaci�n clandestina con su peor enemigo. Hab�a aprendido a ignorar el dolor constante en su coraz�n que le dec�a que quiz� Harry estuviera de acuerdo con �l y decidiera terminarlo � cuando, cuando le contestara. Porque le escribir�a. Y seguramente no terminar�a nada, seguramente � cuando menos no por carta. �O si? Ese era el tipo de cosa fr�a y decidida que Harry har�a si estuviera lo suficientemente enojado, para terminar disculp�ndose.

Ahora era Noche Vieja, y estaba sentado en casa sintiendo el peso de su inseguridad sobre Harry, cuando en cualquier otro a�o, estar�a sintiendo los efectos del alcohol. Su madre, como lo hab�a predicho, hab�a recordado al �ltimo minuto que no lo hab�a invitado para ir con ella a la gala de A�o Nuevo. De cualquier forma no ten�a ganas de ir, no cuando hab�a la posibilidad de que la carta de Harry llegara mientras estaban fuera. Pens� que no estaba sentado esperando tener noticias de Harry, sino que mas bien estaba disfrutando de una tarde tranquila en casa. Era una noche decepcionantemente silenciosa. El aire era denso con ese siseo dual del invierno y de los miles de libros rancios cuyas p�ginas no hab�an sido ojeadas en a�os. Solo romp�a la quietud el crujir del fuego y el movimiento ocasional de alguno de los retratos familiares sobre las paredes. Draco estaba agradecido por el silencio, porque ya le resultaba bastante dif�cil leer por encima del ruido provocado por la confusi�n de su mente.

Ya hab�a le�do por encima las Memorias de Slytherin en varias ocasiones durante las vacaciones, pero hab�a mucha informaci�n que digerir sin sentarse a tener una lectura propiamente dicha. Las p�ginas del libro hab�an sido tratadas con siglos de protecci�n m�gica y conservadores, y eran mucho mas tiesas que cualquier pergamino. Siendo un ni�o, en alguna ocasi�n le hab�an permitido pararse descalzo en una acera muggle, para que sintiera la arenilla, la mugre y la dureza del cemento bajo los pies. Su padre hab�a querido demostrarle que la dura superficie �spera que ten�a debajo era un indicativo de que todo lo que produc�an los muggles era de baja calidad e inferior. Si el cemento fuera maleable, pens� Draco ausente al deslizar los dedos sobre las p�ginas, deber�a sentirse as�. Probablemente Harry se reir�a de su comparaci�n.

No, eso estaba mal � Harry nunca se reir�a descaradamente de �l, no. Era demasiado serio para eso. Podr�a pensar que era exc�ntrico; podr�a pensar que su amor por las habitaciones sin ventanas era extra�o; incluso podr�a sospechar en secreto que Draco prefer�a la ficci�n a los vol�menes tras vol�menes de textos sin ficci�n de los que se rodeaba; pero nunca se burlar�a de �l. Siempre lo hab�a tomado en serio - quiz� demasiado. Pero eso era parte de su encanto � quiz� era parte de su necedad frustrante. Para Harry no era posible ver que Draco no era pero ni con tantito el factor clave en su pelea contra Voldemort que �l cre�a que era. En su carta se hab�a escuchado enojado, quiz� demasiado, y se pregunt� si Harry pensar�a que estaba intentando alejarlo. Seguramente si hab�a dejado en claro que eso era lo �ltimo que quer�a hacer. Quiz� no deber�a haberle contado lo de Malcom Malfoy. Ahora probablemente piense que toda mi historia familiar est� llena de esqueletos psic�patas y derramamientos de sangre, pens� irritado.

Esto era rid�culo. Seguramente podr�a concentrarse en algo mas durante un rato. Ten�a que hacerlo. Se movi� en el sof�, dejando que su mirada se fijara en las palabras del libro que ten�a en su regazo:

La Soluci�n Diaboluci�n

Yo, Salazar Slytherin, cre� la Soluci�n Diaboluci�n en el a�o 983 con el prop�sito de confundir la voluntad y la emoci�n, la intenci�n y la expresi�n.

Los usos de este veneno son una toxina inmediata y efectiva por aquellos apreciados por el preparador; es tambi�n un t�nico reconstituyente inmediato y poderosamente protector para aquellos que son despreciados por el preparador.

La utilic� para revivir a mi estimado colega, Godric Gyffindor, despu�s del Consejo de 991, en el que sufri� un intento de asesinato. El poder de la poci�n, tomando en cuenta la fuerza del odio entre el que la hizo y su objetivo, fue tal, que volvi� a Gryffindor invulnerable a cualquier da�o o herida durante varios d�as. Se recuper� por completo y siempre me qued� en deuda.

Draco suspir�. Algunas cosas nunca cambiaban. Entre Gryffindor y Slytherin el problema siempre hab�a sido superar al otro, llevar al borde al otro. Se pregunt� si alguna vez cambiar�a eso � si podr�a cambiar; y por un momento fugaz se pregunt� si el hecho de estar con Harry lo cambiar�a, si ellos podr�an, por el simple hecho de ser ellos mismos, levantar la prohibici�n de las relaciones entre las casas. Inmediatamente despu�s de este pensamiento sorprendentemente optimista vinieron muchos otros, cada uno igualmente preocupante: �l y Harry estaban completamente encerrados y no ten�an la intenci�n de contarle a nadie sobre su relaci�n; y aun cuando lo hicieran, no hab�a forma en que la gente cambiara siglos de viejas rivalidades, y aun cuando lo hicieran, el concepto de pasar una vida sin el elemento necesario de ser malos con los Gryffindor era la cosa mas aburrida que se pudiera imaginar. Ri� por lo bajo. A Gryffindor debi� haberle molestado much�simo saber qui�n le hab�a salvado la vida, y la forma en que lo hab�a hecho. Quiz� Slytherin hab�a estado a punto de descubrir algo, despu�s de todo.

La Soluci�n Diaboluci�n saca la pureza de la sangre, y la esencia de las almas tanto del que la bebe como del que la prepara. No es afectada por la pasi�n, sino por los sentimientos mas honestos y verdaderos que existen entre ambos. La poci�n separa la emoci�n de cualquier otra consideraci�n, tales como el respeto, la lujuria, la necesidad o el miedo. Muchas parejas que han planeado matar a su amado en un arranque de furia, se han sorprendido al descubrir que el supuesto muerto ha seguido vivo y con perfecta salud durante muchos d�as. Asimismo, enemigos mortales que han deseado mantener vivos a sus enemigos para sus propios fines nefastos, no han podido explicar la muerte de sus supuestos archienemigos despu�s de haberles administrado la poci�n � aunque con frecuencia, despu�s se ha sabido que han lamentado su p�rdida durante un tiempo excesivamente largo.

Quiz� sea crueldad pura cultivar semejante poci�n; aunque no me produjo ning�n placer crearla, ni deseo abiertamente da�o a mis hermanos magos. Los efectos de la poci�n son tales, que su potencia � y por lo tanto su potencial para proveer inmunidad total al que la bebe � solamente son comparadas por la polaridad de sus efectos.

Draco suspir�. Amor, odio, odio, amor � Harry, Harry, Harry, Harry. Ech� un vistazo a la secci�n aburrida que mencionaba que no hab�a contrahechizos y finalmente cerr� el libro irritado. �Al diablo,� dijo a nadie en particular.

El retrato de su abuelo Edgard Malfoy, que colgaba de la pared, le levant� una ceja. Draco levant� la mirada, hizo una mueca y le dijo bruscamente, �No tienes que mirarme as�, abuelo. Lo s�, yo soy el que tiene el libro mas raro del mundo en el regazo y la atenci�n de un roedor solo porque no puedo dejar de pensar en -� se interrumpi�, dej� el libro en el sof�, y se levant� frustrado pas�ndose las manos por el cabello.

Por toda la biblioteca, entre hileras e hileras de libros, alineaban las paredes tres generaciones de retratos de la familia Malfoy. No hablaban, ninguno de los retratos de la Mansi�n hablaba. Draco nunca hab�a sabido con seguridad el motivo, pues exist�an historias familiares bastante v�vidas acerca de su t�tara t�o Wilfred, que se enfrascaba en discusiones bastante v�vidas con su propio retrato. En alguna ocasi�n las cosas subieron tanto de tono que termin� avent�ndose a si mismo una botella de aguarr�s. Pero aunque los retratos lo saludaban con miradas cautas y observadoras, nunca hablaban, ni a �l ni entre ellos. De cualquier forma se le hab�a hecho h�bito platicar con ellos, hacerles preguntas que �l mismo se contestaba, les contaba cosas de su vida, y tiempo atr�s, cuando Harry solo era Potter, se hab�a quejado de �l. Ahora, todos y cada uno lo ve�an intensamente, sus preguntas silenciosas eran tan claras como si todos le hubieran gritado el nombre de Harry al un�sono. Se qued� ah� parado un momento, mir�ndolos para finalmente descansar la mirada en los cinco retratos que colgaban sobre la repisa de la chimenea.

En la pared que ten�a enfrente estaban sus cinco abuelos. Edgard y Desmond, sus dos abuelos, pose�an la pared justo arriba de la chimenea, como si fuera su trono privado y estuvieran listos a pelear por la leg�tima propiedad del mismo. Se miraban furiosos la mayor parte del tiempo, y en ocasiones sal�an de sus retratos para ir al de otro para entablar refriegas territoriales silenciosas, en vez de atender a sus esposas, quienes eran remilgadas y no se molestaban entre si, como si tuvieran mejores cosas que hacer que andarse preocupando cu�l de las dos era la ama del mundo. Su abuela ocupaba el espacio a la izquierda de su abuelo y junto a ella estaba Althea, la segunda esposa de su abuelo Desmond en el extremo opuesto a la primera esposa.

Los estudi� a todos � cada uno muy elegante, ecu�nime, sereno. Todos sus retratos se ve�an solemnes, dignos, como si nunca hubieran expresado emoci�n alguna en vida; el efecto combinado de los cinco ah� colgados era algo parecido a toparse de pronto ante un f�retro abierto. Muchos de los otros retratos eran alegres, animados, aunque silenciosos. Estos cinco nunca perd�an ni un �pice de decoro. Ese extra�o calorcillo de verg�enza, indignaci�n o justificaci�n, o quiz� todos juntos, le lleg� al cuello al mirarlos. Cerr� los pu�os combatiendo varios deseos conflictivos: poder ser tan sereno y controlado como ellos o quiz� tener el valor de desafiarlos y sentir lo que quisiera. Contarles lo de Harry, lo que hac�an juntos, lo peligroso, excitante, maravilloso, intoxicante y est�pido que era todo el asunto.

Quer�a hacerlo con desesperaci�n. Lo �nico que lo deten�a era la sensaci�n de que, de alguna manera, ellos ya lo sab�an � que su cara era un libro abierto al contrario de la de ellos. �Por qu� no pod�a ser �l igual? �Por qu� no pod�a evitar que Harry tocara su alma y externara cosas que nadie nunca deber�a poder sonsacarle sin su permiso? �Por qu� mientras mas intentaba ser una fr�a r�plica despiadada de su padre, mas se descubr�a lleno de pasi�n, fuego y anhelo? �Por qu� le era tan dif�cil el arte de la indiferencia que para otros resultaba tan f�cil?

�Acaso �l era el �nico miembro de su familia que fracasar�a en la simple tarea de ser un t�mpano de hielo? Comenz� a pasearse por la habitaci�n, sus pensamientos cada vez eran mas turbulentos. �l, el �ltimo descendiente de la familia Malfoy, una familia caracterizada por su fuerza de voluntad, de resoluci�n, su auto control, no pod�a pasar cinco d�as sin tener noticias de su novio sin convertirse en una pila de nervios, ansiedad y frustraci�n. Si as� era como se comportaba sobre Harry, qu� esperanza pod�a tener al enfrentar como adulto � bueno, solo dios sab�a lo que tendr�a que enfrentar como el hijo de Lucius Malfoy. Suspir�. Su padre pensaba que era un cobarde, lo sab�a � siempre lo hab�a sabido; pero �l nunca se hab�a preguntado verdaderamente si no ser�a verdad.

No hab�a olvidado esa noche con Harry en el Bosque Prohibido. Su primer instinto hab�a sido huir en busca de seguridad; y aunque en retrospectiva, despu�s de haberse enterado por Harry que la figura que vieron hab�a sido el mismo Se�or Tenebroso, cre�a que era una buena idea, tambi�n le avergonzaba el recordar que �l hab�a huido aterrorizado por el bosque. Nunca hab�a tenido la oportunidad de demostrar que en todo lo dem�s era valiente, aunque no era del todo cierto. Cre�a que podr�a ser valiente � esperaba poder ser valiente. �Pero y si no lo era? �Y si era el fracaso que su padre cre�a que era?

Le vinieron a la mente im�genes de figuras encapuchadas, llenas de sombras, acechando ah�, lo sab�a porque sin importar cu�nto se esforzara, nunca hab�a podido escapar realmente de sus susurros, sus voces sobrenaturales, y ninguna cantidad de chocolate podr�a borrar la huella que le dejaron el d�a que abordaron el tren de Hogwarts. Se estremeci� e intent� cerrar la mente antes de liberar por completo sus recuerdos, pero era demasiado tarde, y las palabras enterraron sus garras en su coraz�n:

Despreciablefracasadoverguenzaparaelnombredelafamiliacobardening�nhijom�oser�ladesgraciadelosMalfoy.

Jadeando se oblig� a no pensar en ello, y alej� sus pensamientos de los recuerdos de los dementores. Eso fue hace dos a�os, se dijo con firmeza desviando la mirada de los retratos para no verlos juzgando su expresi�n triste o sus mejillas p�lidas. Has cambiado. Todo ha cambiado. Harry no te querr�a si fueras un fracasado � y sabes que no lo merecer�as si no fueras un Malfoy digno.

Se repiti� esto una y otra vez, hasta que las palabras comenzaron a tener sentido. Las manos le temblaban ligeramente, cruz� r�pidamente el cuarto hacia la cava. Su padre ten�a un peque�o almac�n de licor en cada una de las habitaciones principales de la Mansi�n; ir�nicamente, �ste estaba localizado justo debajo del retrato de su t�a abuela Ora, que hab�a sido una conocida alcoh�lica e incluso en su retrato ten�a una expresi�n que era demasiado ruborizada para ser natural.

Suspir� mientras se serv�a una copa de brandy. Habitualmente odiaba esta cosa, pero, bueno, ya estaba ah�, y adem�s, era 31 de Diciembre. Pod�a sentir encima los ojos de todos los retratos y elev� su copa respetuosamente hacia ellos. Hizo una pausa meditando si deber�a hacer un brindis, decidi�ndose finalmente por el lema de la familia Malfoy. Era un poco fuerte para ser una resoluci�n de A�o Nuevo, pero con eso tendr�a que bastar.

Fortunam arbitratus vincit,� brind� y bebi�.

En ese momento la chimenea comenz� a arder

Esto era inusual. Las chimeneas comenzaban a arder justo antes de transportar a un mago por la red Flu. Esto era particularmente cierto en las chimeneas antiguas y la que estaba en la biblioteca de la Mansi�n, definitivamente lo era. Adem�s, hasta donde Draco sab�a, nunca hab�a estado conectada a la red Flu. Se dirigi� a la chimenea con la copa todav�a en la mano. Sus abuelos intercambiaban miradas significativas; los del lado paterno se enderezaron y volvieron a adoptar sus posiciones originales. Los imit� su otro abuelo, mientras que su primera esposa comenz� a polvearse la nariz fren�ticamente. Althea, su segunda esposa, le dirigi� una mirada grave y luego lo sorprendi� al meter la mano bajo su t�nica para sacar su rosario sujet�ndolo firmemente.

Fue esto lo que le provoc� el primer estremecimiento de miedo real. La chimenea ard�a con mas fuerza a cada segundo. Draco se alej� de ella y se sent� confundido en el sill�n derramando el brandy en el proceso. Lo baj� r�pidamente, limpi� con torpeza el desastre con su t�nica y luego, obedeciendo al impulso de a�os, escondi� r�pido las Memorias de Salazar debajo del coj�n.

Un instante despu�s descubri� que ya no estaba solo.

No pudo reconocer inmediatamente a la criatura que estaba en el cuarto con �l. Era una figura alta, huesuda, no como Draco, y en vez de simplemente salir de la chimenea, se movi� con sigilo. No ten�a ni una mota de ceniza sobre la t�nica que era de un color verde profundo � como los ojos de Harry, pens� antes de poder contenerse. Al instante sinti� que la comparaci�n era err�nea, y la acompa�� una oleada de n�useas tan fuerte que tuvo que agarrarse del brazo del sof� para evitar vomitar.

La figura le dio la espalda a la chimenea y avanz� dentro de la habitaci�n y Draco pudo verle la cara. La punzaba de miedo que se apoder� de su coraz�n fue tan fuerte que casi grit�. Sin embargo logr� no emitir sonido alguno gracias a alguna especie de milagro producto de un auto control que no sab�a pose�a. Se imagin� diciendo, Perdonar� que no lo reciba adecuadamente, pero no estoy acostumbrado a que los extra�os se aparezcan en mi biblioteca.

Pero lo que hizo fue mirarlo fijamente.

Draco hab�a crecido escuchando el nombre ser pronunciado con reverencia, en susurros. Al crecer, pudo detectar una nota de desprecio en la voz de su padre � desprecio por el mago que hab�a sido vencido por un beb�. Pero hab�a conservado el respeto velado, la intimidaci�n vaga al decir el nombre, y a �l siempre lo hab�a confundido y disgustado todos aquellos que viv�an con temor del nombre, como si fuera una sombra de ese ser. Nunca hab�a entendido el atractivo de esconderse del eco de un gran recuerdo, de huir de una amenaza que ya no exist�a, y que para sus adentros, nunca hab�a existido.

Finalmente ahora entend�a que la cosa que ten�a enfrente era mas que algo-que-no-debe-ser-nombrado; era algo que no deb�a ser visto; con lo que no se deb�a so�ar.

No era tanto que su cara fuera espantosa � porque lo era. La piel delgada, estirada sobre un esqueleto puntiagudo, con puntos fl�ccidos en lugares err�neos, era el p�lido color calc�reo de una pigmentaci�n que nunca ha recibido la luz solar. Ten�a la nariz plana, como de serpiente con fosas nasales anchas � parec�a estar olfateando a su alrededor en vez de verlo, como si estuviera acostumbrado a adoptar su forma de acuerdo a su ambiente. La figura lo sobrepasaba en altura, como algo inhumano, y sus dedos largos, huesudos se mov�an y retorc�an como si fueran una d�bil imitaci�n de tent�culos.

Pero nada se comparaba a la forma en que lo recorrieron esos ojos rojos. Lo penetraron, esas rendijas sopesaron su miedo, extern�ndolo. Su mirada lo le provoc� un ataque inexplicable de terror profundo, y durante un instante paralizante estuvo seguro de que todos sus secretos mas profundos y no solo su miedo, estuvieron expuestos ante el mundo.

La impresi�n que lo sacudi� fue casi tan profunda como su miedo. �l estaba aqu� por Harry. Deb�a ser as�. Deb�a haberlo descubierto y ahora ven�a a hacerle preguntas sobre �l. As� deb�a ser. �Por qu� otra cosa habr�a venido? Draco no le era �til, y seguramente sab�a en donde estaba Lucius. �Qu� otra cosa podr�a ser? Pero, �c�mo? Nadie sab�a lo de Harry, nadie. Harry estaba a salvo. Harry ten�a que estar a salvo.

Harry ten�a que estar a salvo. Ten�a que estarlo.

Harry est� a salvo. Harry est� a salvo. Siempre que Draco mantuviera la compostura, estar�a a salvo.

Lo estar�a.

Ese pensamiento lo concentr�; le dio la habilidad de ponerse temblorosamente de pie y enfrentar a su visitante. Lo repiti� una y otra vez, su �nico mantra para mantenerse calmado.

La voz que le habl� fue mucho mas suave de lo que hab�a esperado, y tan helada que al escucharla tembl� de pies de cabeza, sac�ndolo abruptamente del entumecimiento que se hab�a apoderado de �l en los �ltimos treinta segundos.

�Al parecer te he importunado, Sr. Malfoy. Qu� desafortunado � tu padre me hab�a informado que estar�as esperando mi visita.�

La cabeza le daba vueltas. Esto era sin duda la sorpresa (�sorpresa!) que su padre le hab�a mencionado, y no lo hab�a enga�ado; aunque lo hab�a mantenido desinformado y desprevenido a prop�sito. �Qu� estaba pasando?

Draco se imagin� replicando, Si al decir �esperando� se refiere a �estar sentado aqu� solo sin tener idea alguna de que mi padre hab�a escapado a Noruega dej�ndome aqu� para que me pusiera a platicar con el gobernante de toda maldad�, entonces, si, lo he estado esperando con ansia. �Quiere una taza de caf�? En cambio lo que hizo fue asentir d�bilmente y contestar con una voz temblorosa a la mitad de su volumen normal, �Yo, eh... si, se�or, lo he estado esperando � solo que... no esta noche.�

�Ya veo.�

Su tono le hizo pensar que ve�a algo mas tambi�n.

Draco abri� la boca para hablar, sent�a que ten�a que dar alg�n tipo de respuesta, pero no se le present� ninguna, as� que la volvi� a cerrar torpemente, sinti�ndose tan tonto como desprevenido. Sin embargo, su invitado no pareci� darse cuenta, porque hab�a regresado a la chimenea para saludar a los retratos que hab�a encima, aparentemente ignorante de que la tensi�n se hac�a mas densa entre ellos.

�Ah, si,� dijo al pararse frente al abuelo de Draco. �Edgard Malfoy. Qu� bien lo recuerdo. Tu y yo fuimos compa�eros de casa � hermanos.� Se inclin� y le dirigi� una cabezada majestuosa al retrato. Draco observ� mientras el retrato de su abuelo contestaba la cabezada juntando ambas manos frente a s� como un gesto de lealtad. Este movimiento tuvo algo que provoc� que a Draco lo invadiera una sensaci�n de comprensi�n de � no sab�a si era aprensi�n u orgullo.

�Y tu exquisita abuela, Vesta.� Se volvi� hacia la abuela de Draco que estaba erguida con un aire muy regio, para hacerle una reverencia elegante.

Elegante � toda su familia era muy elegante sin importar lo que hicieran.

Debo ser as�. Ser elegante.

Todos los retratos de sus abuelos presentaron sus respetos lentamente, con dignidad. El padre de su madre no solo dio una cabezada, sino que se hinc� sobre una rodilla y baj� la cabeza.

�Esperar�an que diera una cabezada? �Qu� se hincara sobre una rodilla?

�Podr�a hacerlo?

Sinti� que le temblaron las rodillas.

La habitaci�n gir� lentamente a su alrededor; luch� por mantener el control mientras que su visitante ten�a la atenci�n en otro lado. Apenas si escuch� las palabras dichas en homenaje, no pod�a pensar, apenas si pod�a respirar, todo era borroso y al mismo tiempo demasiado v�vido, como un vidrio manchado debajo del agua.

Su padre le hab�a ense�ado a no entrar en ninguna situaci�n sin estar preparado y a�n as� deliberadamente lo hab�a dejado desprevenido para esta. �Por qu�? �Qu� quer�an de �l? �Qu� quer�a �l?

Concentrarse, ten�a que concentrarse. Ten�a que concentrarse por el bien de Harry, por el bien de ambos. Al diablo con lo que hab�a hecho su padre � si no pod�a controlar la situaci�n, entonces no entrar�a en ella. La controlar�a. Ten�a que hacerlo.

Mir� desesperado hacia el retrato de su abuela Althea. Ella no hizo ninguna reverencia. Ve�a duramente a su visitante, y cuando lleg� el turno de que la saludara, simplemente inclin� la cabeza tiesa sujetando firmemente el rosario en su mano. Draco la mir� fijamente y ella, cuando volvi� a levantar la cabeza, desvi� la mirada hacia la suya. La expresi�n de sus ojos era suave y a la vez dura � un gesto que Draco supo era para �l. No lo comprendi�; no cre�a poder hacerlo, pero lo llen� de fuerza.

Si. Pod�a controlar esto. Lo har�a.

Lentamente, hilera tras hilera de retratos hicieron una reverencia al mismo tiempo, como si se los hubieran indicado.

Los ojos rojos como rendijas se entrecerraron en se�al de aprobaci�n, abri� las fosas nasales y Draco desvi� la mirada.

�Eres producto de una familia valiosa, joven Sr. Malfoy.�

Se enderez�. �Gracias, se�or.� Lo dijo en serio y se oblig� a ver directamente esos ojos rojos para demostrarle que lo hab�a dicho en serio.

�Todos estos retratos a tu alrededor � son el testamento de la grandeza de tu familia,� continu� con ese siseo suave. �Y de la tuya.�

De pronto Draco crey� que era un buen momento para beber mas alcohol.

Cruz� r�pidamente la habitaci�n, en donde su t�a abuela Ora trataba de no mirar fijamente al invitado, e intent� controlar su mano una vez mas mientras serv�a dos copas de scotch.

Scotch. Le estaba sirviendo scotch a su invitado. Si. Pod�a hacer esto. Si.

��No te has preguntado nunca por qu� no hablan?�

Draco le llev� la copa a su invitado e intent� no estremecerse cuando los dedos largos como de ara�a, se cerraron sobre la copa. Le dio un trago a su copa demasiado r�pido, sinti�ndose agradecido por el golpe de realidad que le envi� su garganta al ser quemada por la fuerza del alcohol. �Siempre asum� que ten�a que ver algo con la casa. Las casas viejas tienen sus... singularidades.� Se aventur� a echarle un vistazo y se encontr� con que esos ojos lo ve�an implacablemente, le dio otro trago a su scotch y a�adi�, �... se�or.�

�Entonces, cuando menos debes haberte preguntado por qu� lo hicieron cuando lo hicieron.� Su voz era deliberadamente lenta � provocativa.

�No... s� cuando dejaron de hacerlo, se�or,� contest� Draco con cautela, percibiendo fugazmente c�mo deber�an sentirse los soldados muggles cuando caminaban entre un campo minado.

�Hmm. Decididamente es -� le dio un trago a su scotch � � raro, �no crees? Que tus padres nunca te hayan informado que las pinturas dejaron de hablar el d�a en que tu naciste, Sr. Malfoy.�

Draco lo mir� fijamente. De acuerdo. Hab�a mordido el anzuelo. Un punto para las Fuerzas del Mal. Sus ojos se desviaron a las caras de sus ancestros. ��Por qu� � por qu� dejaron de hablar en ese momento?� Pens� salvajemente y con la garganta apretada que quiz� hab�an estado avergonzados de �l. Quiz� no pod�an decirle a sus padres el hijo tan pat�tico que hab�an tenido, as� que mejor dejaron de hablar.

�Nadie lo sabe,� replic� el otro cortante. �Fue inexplicable. Lucius deber�a haberte informado � es muy peligroso no conocer nuestra propia historia.�

�La conozco,� contest� abruptamente y lo sorprendi� su propio atrevimiento. �Conozco mi historia.�

�Si. Estoy seguro de que as� es.�

A Draco no se le ocurri� ninguna respuesta a esto, as� que se qued� callado con el pulso acelerado.

�Por ejemplo, supongo que conoces los detalles de tu Elecci�n.� La voz baj� hasta ser un murmullo aparentemente casual. Draco desvi� los ojos involuntariamente hacia la cara del otro, y entonces dese� no haberlo hecho. Quer�a apartar la mirada, deb�a apartarla, no deb�a apartarla � y por alg�n motivo, no lo hizo.

Asinti� lentamente. �S� que la varita que me Escogi� era muy poderosa. Ten�an miedo de dejarme utilizarla antes de que fuera mayor.�

�Ya veo. �Y ya has comenzado a utilizarla?�

Otro asentimiento. De pronto le pareci� importante enderezar los hombros. Eso hizo. �Es � est� arriba,� dijo.

Los dedos delgados se contrajeron en un movimiento tieso. �No necesitas mostr�rmela. Ya he visto esa varita.�

�Oh.� Se pregunt� si ser�a una mala se�al que su invitado comenzara a verse... aburrido. No, no aburrido. Paciente. Se estaba tomando su tiempo.

�Entonces - �usted estuvo ah�?� pregunt� Draco con voz ronca y pastosa.

�Por supuesto,� y ahora su tono era sedoso, casi gentil, que suger�a claramente que hubiera sido imposible que estuviera en otro lado en semejante ocasi�n, y por un momento Draco se sinti� inclinado a creerle. �Estuve parado al lado de tu padre. De hecho, recuerdo v�vidamente ese d�a. Hasta donde recuerdo, faltaban unas semanas para Halloween.�

Y entonces la voz decidi� quedarse en silencio, y fue la cosa mas lacerante que Draco hubiera escuchado jam�s. De pronto sinti� como si estuviera parado sobre un precipicio mirando hacia abajo. Lo no dicho flot� en el aire a un respiro de distancia, a un paso de una ca�a en picada que podr�a no terminar nunca.

Trag� con dificultad y se escuch� preguntar, ��Mas scotch?�

Su invitado no contest� esta pregunta, sino que lo mir� con ojos entrecerrados y sise�, �Procura cuidar a tu varita - no es habitual que un mago tome posesi�n de un instrumento tan valioso y poderoso.�

Draco asinti�. �Eso pretendo hacer.� Record� que ten�a una copa en la mano y le dio un trago.

�Veo que tontamente Lucius ha decidido mantenerte desinformado.�

Un le�o explot� en la chimenea y Draco brinc�. El scotch aterriz� en todos lados menos en su boca.

��Perd�n?� pregunt� con voz ronca.

�Tu padre no te inform� de mi intenci�n de venir a visitarte, �verdad, Draco?�

A visitarme.

A mi.

Respir� y profundo y oblig� a su voz a tranquilizarse. �Mi padre es su sirviente mas leal. Si le dijo que me informar�a de su visita, le aseguro que no tiene motivo para dudar de �l.�

�Y tambi�n veo que no ten�a motivos para dudar que le ser�as leal a toda costa.�

Aunque Draco no lo hubiera imaginado sino hasta haber escuchado que una voz se pudiera o�r mas seria, el tono helado se convirti� en algo mucho mas profundo, mucho mas exigente y atemorizador. �Eres leal, si.� La palabra termin� en un siseo lento, y Draco reprimi� un estremecimiento. �Eso te servir�. Pero debes escoger tus lealtades sabiamente, Draco.�

Un fr�o lo recorri�.

Su invitado tom� un trago y a�adi� casi casualmente, �Eres un objetivo demasiado valioso como para que caigas en las manos equivocadas.�

Draco se arriesg� a volver a mirar directamente dentro de esos ojos rojos. Lo estaban escudri�ando, eran dos puntos rojos penetrantes dentro de una cara l�nguida, fea, como el pabilo remanente de una vela que ya tiene tiempo de haberse convertido en un mont�culo feo de cera derretida.

Se escuch� preguntar con voz mas firme de lo que hab�a esperado, ��Es por eso que est� aqu�?�

��Dudas que pudieras ser un objetivo para mi, Draco?�

Draco no ten�a una respuesta. Ninguna. Despu�s de lo que pareci� una eternidad, con el silencio colgando de sus orejas, se aventur� a decir, �Mi padre siempre me ha hecho creer que mis servicios no le ser�an de utilidad a usted.�

�Tu padre, por sus propios motivos, Draco, siempre ha buscado la forma de mantenerte apartado de sus asuntos. Ya veremos si fue un error o no. Pero esta tarde tengo poco inter�s en discutir sobre Lucius.�

Finalmente el visitante se sent�, escogiendo el enorme sill�n de orejas de piel cerca de la chimenea y Draco regres� vacilante al sof� para hacer lo mismo. En el momento en que se hubo sentado, se percat� de que lo hab�a hecho sobre el coj�n que escond�a las Memorias de Slytherin y se puso todo tenso, ten�a miedo de moverse.

�Soy un mago de agendas muy espec�ficas, Draco.�

Draco asinti� cortante.

�Me es de vital importancia tener por aliados solamente a aquellos con la dedicaci�n mas fuerte hacia esas agendas.�

Otro asentimiento. Ten�a la garganta seca. Quer�a con desesperaci�n otro trago, pero no pod�a reunir el coraje para levantarse.

De pronto escuch� en su interior el recuerdo de las palabras en las que no hab�a pensado desde que fueran pronunciadas: conf�o en que has aprendido a distinguir tus propias ideas de las de tu padre.

Si lo hab�a hecho. Si lo hab�a hecho. �Qu� estaba pasando?

Est�s cerca, Draco. Muy, muy cerca.

�Siempre has demostrado ser una persona dedicada a destruir a las bestias, a estos muggles que se han infiltrado en nuestro mundo y lo han manchado.�

Draco volvi� a asentir y se dedic� a mirar la tapicer�a.

Debes entender que si vas a permanecer en tu posici�n actual, deber�s tomar algunas decisiones. No solo deber�s permanecer fiel a tu padre, sino a todo lo que �l defiende. Si, a la nobleza y al rango, si, a la fortuna y al linaje antiguo � a todas esas cosas � pero tambi�n a una vida de persecuci�n.

�Y estar�as dispuesto a utilizar cualquier medida necesaria para removerlos de nuestra sociedad y mantenerlos alejados, �no es as�?�

Estoy diciendo que deber�s estar alerta para lo que deber�s estar listo para enfrentar si vas a seguir los pasos de tu padre.

Tendr� que lidiar con ello cuando llegue el momento, �no?

Draco levant� la mirada, sent�a los latidos del coraz�n en la garganta, fij� la mirada en el vac�o y se escuch� contestar, �Supongo... supongo que si.� De pronto se sinti� d�bil.

Conf�o que tomar�s la decisi�n correcta.

�Podr�as aprender. Yo podr�a ense�arte. Tienes muchos talentos, Draco, pero no te han permitido ejercitarlos como presiento a ti te hubiera gustado hacerlo. Yo podr�a ense�arte a alcanzar todo tu potencial. Y, te lo aseguro, tu potencial es muy vasto. Podr�as ser muy poderoso con la libertad adecuada. Muy poderoso.� Hizo una pausa y luego continu� deliberadamente, �Incluso mas poderoso que Harry Potter.�

Peque�a rata miserable, �me quieres a mi o solo quieres ser como yo?

��Usted podr�a? �Yo � yo lo ser�a?�

Esos ojos rojos por un momento destellaron como una flama. �Por supuesto, Draco.�

El mismo tono provocativo, enga�osamente gentil. Draco se puso las manos sobre los muslos y enterr� los dedos en su t�nica con tanta fuerza que sus u�as le dejaron marcas aun por encima de �sta.

Est�s cerca, Draco. Muy, muy cerca.

La chimenea comenz� a arder nuevamente.

Mas bien fue un repiqueteo, y la explicaci�n se present� un momento despu�s cuando una lechuza manchada de holl�n baj� por el tiro, esquivando apenas las llamas para aletear ruidosamente por la habitaci�n hasta llegar a un costado del sof� en donde estaba sentado Draco.

Draco la mir� sin comprender.

La carta.

Sigui� mir�ndola. �Esa chimenea tiene mucho tr�fico,� coment� inexpresivo. �Si me disculpa un momento, eh...�

�Seguro,� dijo su visitante y luego entrecerr� los ojos mordaz, como si una fetidez nauseabunda le hubiera llegado a la nariz.

Draco forceje� con la pata de la lechuza, se par� r�pidamente y meti� de prisa la carta en la t�nica, dirigi�ndose al otro extremo de la habitaci�n con la excusa de buscar un bocado para la lechuza.

La lechuza ulul� impaciente, y de pronto la habitaci�n estuvo mas fr�a y quieta de lo que ya estaba. Control� sus nervios sirvi�ndose otro trago de scotch para reemplazar el que hab�a derramado sobre la alfombra. Las manos le temblaban y no intent� detener el temblor, sino que sigui� de espaldas mientras le daba un gran trago a su bebida, meti� la mano en su t�nica. Dejar�a la carta en el escritorio hasta que su invitado se hubiera marchado, y luego lidiar�a con todo esto, si, lidiar�a con todo y �

�Qu� interesante.�

Se dio la vuelta tan r�pido que la copa se estrell� en el suelo, el ruido disimul� su jadeo.

Incluso estando parado al otro extremo de la habitaci�n, pudo ver perfectamente el pergamino en blanco y el sello de Hogwarts mientras observaba los dedos delgados y blancuzcos deslizarse pensativamente sobre la superficie del sobre.

�Esta carta,� dijo Lord Voldemort casualmente, �pertenece a Harry Potter.�

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N/A: El t�tulo de este cap�tulo fue tomado del poema de un poeta ingl�s del siglo veinte, W.B. Yeats, �La Segunda Venida:� las cosas se desmoronan el centro no puede mantenerse.
El epigrama es de otro poeta ingl�s del siglo veinte, W.H. Auden. Las citas son la primera y �ltima estrofa de su poema, �Salta antes de Ver.� Me encanta ese poema.
El lema de la familia Malfoy: �Fortunam arbitratus vincit,� se traduce como �La voluntad conquista el destino.�
Gracias a Lasair, que sabe lat�n y me dijo qu� escribir. :D

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