Las lágrimas de Nala
 

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Mis personajes

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Natu

Nombre: Natu
Especie/género: León africano macho.
Genealogía: hijo de Brea.

Edad: nació algunos años antes que Mufasa.
Rol: rey de Kube-Sha
Habilidades: la meditación, artes marciales, ser mediador en conflictos, encontrar una solución inteligente a los problemas, conocimientos de plantas medicinales, astronomía, pesca y uso del fuego.
Características físicas: es más grande que el resto de los leones. Tiene unas cejas muy pobladas que se confunden con dos mechones negros de su melena; asimismo posee otros dos mechones de pelo negro colgando de sus mejillas. En la brocha de su cola también tiene pelaje negro, así como en el nacimiento de sus dedos. En la oreja derecha lleva un aro de oro, que no es sino un eslabón de una cadena que alguna vez llevó.
Historia: nació en una jaula, en la casa de la princesa Lianka, una joven africana amante de la ciencia y de los animales. Como el león nació el día de su cumpleaños, ella lo consideró un regalo de los dioses, a quienes les había pedido un amigo, y lo conservó como su mascota. Natu dormía dentro de su choza y la acompañaba a donde quiera que iba. Así aprendió actividades humanas como la pesca, la agricultura, la astronomía, la herbolaria, etc. El león estaba siempre atado con una cadena prendida de una de sus orejas, por eso nunca fue al zoológico de su dueña.
Cuando Natu era adolescente, se encontró con Brea, su mamá, pero no la reconoció. Los humanos la habían abandonado, pues ya era vieja y no querían seguir alimentandola. Brea advirtió a su hijo que eso mismo le pasaría si no huía, pero Natu no le hizo caso, alegando que la aldea humana era su hogar. La leona se despidió señalando la cadena en su oreja: "Si perteneces a este lugar ¿porqué deben tenerte amarrado con esa cadena?". Las palabras de Brea hirieron a Natu, quien nunca había advertido sus ataduras, pero no se fue. Los meses pasaron, y el asunto parecía perder importancia, el joven león trataba de ser feliz de nuevo con su dueña, pero Lianka estaba cada vez más rara: ya no salía a pasear con él y no permitía que el animal entrara a su dormitorio: había tenido un bebé. Un día Natu logró colarse para verlo, y con tristeza descubrió que el recien nacido no tenía una cadena colgando de su oreja. Esa misma noche Natu destrozó la cadena y huyó hacia la selva. Su vida en lo salvaje le trajo demasiadas dificultades, pero pronto comenzó a hacer amistades, pues era muy apreciado gracias a su serenidad y sabiduría.
En aquellos tiempos el reino de Kube-Sha sufría bajo el reinado de un rey egoísta; los leones del reino supieron de Natu y lo propusieron como su nuevo rey. El monarca de aquel entonces se burló, pues Natu era muy joven aún, y sólo por divertirse le permitió reinar durante dos lunas llenas. El reino floreció y se volvió un paraíso, y los subditos decidieron exiliar al mal rey. Natu se volvió el soberano de Kube-Sha, siendo amado y respetado por todos, pues su único interés era servir siempre a los demás..
En una ocasión, Natu fue invitado por los gobernantes del reino vecino a un banquete. Ahí conoció al rey Mufasa, a la reina Sarabi y al sabio místico Rafiki, y se volvieron grandes amigos. Conoció a Scar y trató de convencerlo de que olvidara sus rencores, pero éste no quiso escucharlo. También asistieron reyes y reinas de otros lugares, y todos felicitaron a Natu por su buen desempeño como monarca. Al volver a casa, Natu se dio cuenta de que era mucha la confianza que en él se depositaba, y decidió emprender un viaje para aprender y probar su propia sabiduría.
Cuando iba saliendo de sus tierras, Natu oyó un leve gemido y decidió averiguar de donde provenía. Llegó a un río y descubrió a una pequeña perra salvaje (Efi) que luchaba por no ahogarse en la corriente del agua. El rey la rescató y la llevó con él, pues había sido abandonada.
De inmediato se volvieron buenos amigos. Natu apreciaba la sencillez e ingenuidad de su compañera de viaje y le enseñaba a filosofía, combate y todo lo que ella quisiera aprender. Juntos cruzaron las vastas tierras africanas, y tuvieron todo tipo de aventuras, entre las que destaca un enfrentamiento con un grupo de humanos traficantes de marfil.
Su última parada antes de volver a casa fueron las tierras del rey Mufasa, y hacia allá se dirigían cuando recibieron la triste noticia de la muerte del rey. Natu se quedó unos días para ayudar a Simba a restaurar su reino y construir un monumento para su padre, pero la repentina llegada de Nala cambió para siempre su vida.
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