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Mis personajes
    
   

Nombre: Brea
Especie/género: leona
africana.
Genealogía: desconocida.
Edad: nació en la misma época que los padres
de Mufasa.
Rol: era un miembro secundario de su manada.
Cazaba bajo las indicaciones de su madre y su tía.
Habilidades: siempre fue muy inteligente y
callada. Tenía gran velocidad y resistencia para abatir presas
difíciles. Poseía gran belleza, pero su físico se fue deteriorando
al vivir en una jaula.
Características
físicas: es sumamente parecida a Natu, pero las franjas de
pelo largo que tiene su hijo aparecen en ella sólo como manchas. Sus
ojos son rojizos.
Historia: Brea nació en el
seno de una manada con pocos miembros cuyo territorio estaba
relativamente cerca de una aldea humana y de Kube-Sha. Llevaba una
relación muy cercana con su prima, quien fue su compañera
inseparable cuando eran cachorras. Hubo una estación muy seca que
obligó a su manada a moverse hacia nuevos territorios; en esas
nuevas tierras Brea y su prima conocieron a un macho que las
impresionó por su belleza y gran tamaño. Ambas leonas se enamoraron
de ese león, pero Brea fue quien ganó su corazón. La manada tuvo que
regresar a su territorio original, y Brea se vio obligada a dejar a
su amado, pues su padre lo consideraba una amenaza. De regreso en
casa, Brea descubrió que estaba esperando un cachorro y se lo contó
a su prima, buscando su ayuda para escapar en busca del padre de su
hijo. Su prima estaba celosa e ideó un plan para deshacerse de Brea:
la condujo hacia las trampas de la aldea humana, y cuando ésta
gritaba desesperada pidiendo auxilio para soltarse de las redes, se
burló en su cara diciéndole que ella se quedaría con el león,
pues él nunca iría a buscarla ya que no la amaba de
verdad.
El encierro de Brea se hizo aún más terrible por las crueles
palabras de su prima. Esperó mucho tiempo a que su amado la
rescatara, pero nunca lo volvió a ver; ni siquiera escuchó su rugido
cerca del zoológico. El alma noble de Brea se llenó de odio y
rencor, y dejó de comer buscando morirse, pero recordó al pequeño
que llevaba en su vientre y encontró un motivo para seguir viviendo.
Mientras esperaba a que Natu naciera hacía grandes planes en los que
su cachorro escaparía y luego vendría a liberarla.
El día que Natu nació
había mucha gente en la casa de la princesa Lianka, pues era su
cumpleaños, y Brea trató de esconder a su pequeño en un rincón de su
jaula, pero los gemidos del leoncito atrajeron a los sirvientes de
la princesa, quienes de inmediato le llevaron al animal como un
regalo a su ama.
Tras perder a su hijo, Brea se convirtió en una auténtica
bestia. Su fiereza aterrorizaba a cualquiera que se acercaba a su
jaula, y eran pocos los que se atrevían a alimentarla. A Lianka le
gustaba que fuera así de violenta, y la presumía a cualquiera que
fuera a visitar su zoológico, mientras mantenía a Natu lejos del
lugar. Pasó mucho tiempo, y la leona fue perdiendo su vitalidad.
Pasaba el tiempo tendida en un rincón apartado y nisiquiera
respondía cuando alguien golpeaba los barrotes de su prisión. Como
ya no lucía, Lianka ordenó que la echaran a la selva; ya libre, Brea
fue a visitar a Natu y trató de convencerlo de que huyera con ella,
pero fue grande su dolor al ver que su hijo estaba contento siendo
mascota de los humanos, y nunca volvió a buscarlo. Encaminó sus
pasos hacia el territorio en que antaño fuera feliz, y ocultandose
entre la maleza comprobó con tristeza que sus padres habían muerto.
El líder de la manada era ahora el padre de Natu, quien tenía cinco
jovenes leoncitas hijas de su prima, quien era su esposa. El corazón
de Brea no pudo resistir mucho tiempo, y murió llena de rencor y
soledad. La prima de Brea encontró su cadaver y comprendió cuanto
daño le había hecho. Confesó a su marido su crimen, y el león la
despreció, pues ella le había mentido diciendole que Brea había
huído con otro león, ocultandole además la existencia de Natu. No
pudiendo soportar el remordimiento, la leona traidora terminó sus
días arrojándose a un precipicio.
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