| VI Al continuar con optimismo, Nad�n Ospina se plante� una serie en la que emple� por primera vez el bronce. Los animales volvieron a ser el motivo central, concentr�ndose esta vez en tres especies de c�rvidos: el venado de cola blanca americano, el mufl�n europeo y la gacela del Cabo, originaria de Africa. Si la serialidad latente en los tapires no era plena porque los elementos eran distintos unos de otros aunque semejantes, en el grupo siguiente sucedi�, al homogenizar los conjuntos, que el artista volvi� de cierta manera sobre lo ensayado en Movimientos y en Gran globo o sea a la utilizaci�n de elementos id�nticos que se repiten y repiten. S�lo que si en las dos obras de los inicios el color permit�a introducir variantes que ayudaban a particularizar cada elemento, creando ritmos crom�ticos, en la nueva serie sucedi� que el bronce borraba las particularidades con su calidad lisa y brillante y la resina pintada de arena con su textura homogenea. Las nuevas obras realizadas se compon�an de numerosos conjuntos, ajust�ndose Ospina a los criterios del escultor tradicional. Al restringirse, logr� el prop�sito de ganar en rigor y disciplina. A la etapa pertenecen entre otros Santuario y La edad de fuego de 1991, y El sue�o de Acte�n de 1992. Son obras impecables, de correcci�n casi mani�tica y de concepci�n que a la larga -aunque parezca contradictorio- resulta ser poco escult�rica porque las mejores eran ensamblajes de componentes diversos que hacian, de cada una de ellas, un objeto autosuficiente destinado a ocupar un puesto dentro de una instalaci�n. Si los tapires eran realistas, laverdad es que la pigmentaci�n y la textura matizaban ampliamente esa cualidad. Ahora, en cambio, el artista recurr�a a un realismo refinado, hiperpulido como el de un elegente objeto de dise�o o el de un bibelot. El tratamiento ya hab�a sido ensayado con suerte en las cuatro cabezas de perros de La novia italiana, pero el material de esta obra (papier mach� y resina) mitigaba el efecto de pulcritud que m�s tarde aumento con creces. Simultaneamente, Nad�n Ospina avanzaba en el campo de la instalaci�n a gran escala. Las soluciones ya practicadas, con exepci�n de la de Los estartegas, habian sido realizadas a mediana y peque�a escal. Ahora se propon�a explotar la totalidad del espacio que tuviera disponible al exponer. Con motivo de la exposici�n individual de 1991 en Arte 19, la concepci�n y distribuci�n de las piezas se ajustaron a variados criterios, entre los que cabe destacar dos. El primero, que las piezas trabajaran perfectamente al quedar interrrelacionadas, pero sin que disminuyeran su eficacia al quedar separadas. El segundo, que la disposici�n general poseyera la flexibilidad suficiente como para que pudiera ser adaptada a otros espacios. Ospina desarroll� as� la instalaci�n portatil. Los estrategas lo eran a su manera, en buena parte porque no ocupaban sino el piso, pero ahora, con criterios m�s ambicios, el artista se interesaba tambi�n en los muros. La exposici�n en Arte 19 se distingui� de las hechas previamente por las ediciones que el artista hizo de una misma pieza, tratadas y ordenadas como lo que eran: los modulos independientes de una sola obra. El principio compositivo en que se apoyaba el escultor no estaba lejos del que Donald Judd sol�a utilizar, pero lo que en �ste era abstracto y anodino fuera de no significante, en Nad�n Ospina era figurativo, anodino y altamente significante. Utilizo el t�rmino anodino para indicar una deliberada intrascendencia, un estar la obra ah� como si se tratara de una ventana o de un mueble, con lo que el espacio se carga y activa. �De que modo? Una silla junto a otra silla y otras m�s le infunden su car�cter a un espacio habitado. De la misma manera tenemos que un objeto escult�rico de Nad�n Ospina junto a otros m�s, id�nticos y dispuestos a intervalos regulares como ventanas en la fachada de un edificio, definen un clima espiritual y una po�tica. Es de anotar que los primeros ensayos en este sentido los encontramos en Angel y en Los pensadores, pero el artista exhibi� cada uno de estos conjuntos por aparte, sin interrelacionarlos nunca en el mismo espacio. Hay que reconocer entonces que la obra adquiri� un nuevo �nfasis desde la exposici�n en Arte 19. All� mostr� Santuario, La edad de fuego, Estrellas fugaces, Extasis, So�adores, Pasionario y Pulsador. Ordenadas en rangos, geom�tricamente y como si se tratara de un gigantesco y extra�o ajedrez, la totalidad cautivaba por su simplicidad e intrigaba por su sinceridad. Me refiero a la sinceridad que postulaba la Bauhaus, cuyo <<menos es m�s>> fue el germen del minimalismo, ese minimalismo que atra�a tanto a Nad�n Ospina. Quiere decir que en la manera de proceder del artista no hab�a cabos sueltos. Su gran instalaci�n funcionaba tanto visual como semanticamente. �Para decir que? Para poder llegar a saberlo hay que considerar que luego de preocuparse por la suerte del tapir amaz�nico, cuando se discut�a que sentido habr�a que darle al quinto centenario de la irrupci�n europea en Am�rica, el artista colombiano consider� el mestizaje a gran escala que en el Nuevo Mundo hab�a hecho posible al recibir pueblos y culturas de Europa y Africa. El tema lo resume Santuario. Consiste en una campana con dos cabezas de venados que por un lado evoca el instrumento que penetr� con su armonioso sonido el �mbito americano convocando a los templos y por el otro nos remite a las piezas bic�falas producidas en varias culturas precolombinas. Adem�s, el venado es animal tot�mico en algunas de esas culturas o sea que en el ensamblaje de esta campana c�rvida y bic�fala concurrieron consideraciones formales e iconogr�ficas, ligadas estas �ltimas a significados muy hondos, retomando y desarrollando Ospina lo que ya estaba presente en Juegos en el campanario, en Danae y en La novia italiana. Los cr�ticos que en el momento comentaron las obras de esta etapa, aprobaron lo que Ospina propon�a en su discurso visual. Refiri�ndose a la campana de Santuario, Carmen Mar�a Jaramillo escribi�: <<Un instrumento caracter�stico del catolicismo est� fusionado a un animal que abunda en nuestro territorio antes de la llegada de los espa�oles; el encuentro brutal de dos culturas se refleja en este trabajo, donde de este ejemplar s�lo quedan las cabezas a manera de trofeo>>.Si retenemos la reflexi�n de Carmen Mar�a Jaramillo y hacemos un alto para poder hacer comparaciones, es bien claro que -vista aisladamente- La edad de fuego, que consiste en cuatro cabezas de muflones coronando cuatro alt�simas barras de base tr�pode (barras cuyas patas son las extremidades del animal), no posee la riqueza tem�tica de Santuario. No obstante, puesta junto a Estrellas fugaces (1991), siete cabezas de resina de poli�ster de la gacela africana, la combinaci�n de las dos no resulta de menor relevancia que la de Santuario, ampliando incluso sus connotaciones. Por eso en la ocasi�n, Nad�n Ospina habl� en entrevista con Mar�a Margarita Garc�a de <<un manejo>> al que �l se refer�a como: << una puesta en escena de la obra en donde todo forma una unidad>>. Al abrir en Arte 19, Ospina no le puso t�tulo a la exposici�n, pero vale la pena consignar que consider� a posteriori que la muestra hubiera podido titularse Santuario. Lo sacro y lo ritual son entonces los motores de una instalaci�n que constaba entonces, instalados en el espacio principal de la galer�a, de cuatro conjuntos: Santuario, La edad de fuego, Estrellas fugaces y Extasis. Como la voluntad de significar ten�a la prioridad, Ospina iba hilando sin interrupci�n los significados latentes en los conjuntos que incorporaba poco a poco a la totalidad. Por ejemplo, Extasis se compone de cinco piezas de resina de poli�ster azul cobalto que tienen, todas, la cabeza de una ni�a (en verdad, un retrato muy sintetizado de su peque�a hija Mariana). El tope de cada cabeza lo remata indistintamente una cabeza de zorro, una de venado, una cabeza de ni�o de cuyos labios brota una excrecencia, y, en dos piezas (y por separado en cad una de ellas), dos figuras de la cultura Tumaco. Es de se�alar que el tipo de superposici�n que practicaba Ospina era semejante al que encontramos en los postes tot�micos del �rea norteamericana. Por medio de la hibridaci�n o resemantizaci�n de partes, entendida esta hibridaci�n como veh�culo para expresar el gran mestizaje americano, la refiguraci�n de elementos precolombinos hab�a entrado definitivamente en el mundo de Nad�n Ospina. A la entrada de la muestra en Arte 19, antes de subir al espacio principal, el visitante encontraba So�adores, Pasionario y Pulsador. El primero se compon�a de sesenta autorretratos sintetizados a la manera de los primitivos maestros de la zona Tumaco. Limitados a la sola cabeza (que es el elemento que predomina, roto, en los hallazgos de esa zona arqueol�gica), los autorretratos descansaban como durmientes en una base cuadrangular de poca altura. Pasionario era una cruz cristiana de palo horizontal rematado a lado y lado por sendas cabezas de venados y de palo superior reemplazado por una corona de espinas. Por �ltimo, Pulsador era una especie de arco doble y bic�falo que evocaba tanto una canoa como la forma de las narigueras taironas. Como bien puede verse, la sola descripci�n de las piezas define de entrada un repertorio de formas significantes (cabeza, cruz, corona, arco, canoa, nariguera) que Ospina refiguraba y recontextualizaba en busca de nuevas connotaciones. Creo que la presencia de Pasionario a la entrada de la galer�a habla claramente de los sufrimientos y sacrificios que los conquistadores europeos le impusieron a los pueblos conquistados de Africa y Am�rica, sufrimientos y sacrificios que la religi�n justific� e incluso promovi� a cambio de la salvaci�n eterna. Visto as�, el mestizaje era asumido por el artista como necesario y doloroso rito de uni�n . De all� la peculiar disposici�n de la pieza, que en su momento Javier Gil defini� as�: <<Es posible observar el espacio como un todo estructurado arm�nicamente a la manera de un templo religioso lleno de claves simb�licas>> Se comprende por qu� el artista pens�, tardiamente, que la muestra debi� llamarse Santuario. |