V
El logro de
S�sifo estaba latente en las obras previas de la segunda fase del per�odo formativo. Por cierto, �que era lo que hab�a en ellas que las sacaba del formalismo en que parecer�an estar afincadas para llevarlas al terreno en que la expresividad y significaci�n se fund�an? Me parece que la respuesta la podemos hallar en esa suerte de di�logo tem�tico que hay en todas.
En
Juegos en el campanario , los cuatro p�neles verticales y ascendentes son formas puras y al mismo tiempo ventanas ojivales de la arquitectura g�tica. Del mismo modo tenemos que las circulares nos remiten a los rosetones. Como los paneles verticales y los circulares van parados como el palo y el punto en los signos de admiraci�n, es al ser considerados como una unidad que resultan ser ejemplo del sentido de di�logo a que hago referencia. Mas no porque pareados acierten a decirnos cosas sino porque internamente (en la tensi�n que se establece entre la sequedad geom�trica y la silueta exterior de cada elemento) hay sugerencias y contenidos que superan las reflexiones ligadas a la diferencia que hay entre presentar y representar en la obra de arte para pasar al de refigurar contenidos. Juegos en el campanario es la obra seminal y sugerente del per�odo formativo, no la obra plenamente lograda aunque de muchas maneras es magn�fica. Lo que pretendo puntualizar al hablar de di�logo, madur� en D�nae, Babel y Babilonia. Yo llamo di�logo a la manera libre y aut�noma como el artista resolv�a combinar elementos con sentido literario pero sin caer en la an�cdota. Dialogar es entercruzar significaciones latentes que aisladas pueden permanecer en el grado cero de la sem�ntica, pero que juntas pueden alcanzar el grado m�ximo de la elocuencia. En Babel, las dos figuras que se enlazan por los brazos y las piernas poseen cuerpos tensionados que en los puntos de uni�n tienden a separarse y en los de separaci�n a unirse. Sin duda, Babel es una alegor�a de la situaci�n que se padece cuando estamos juntos pero incomunicados o del ser y no ser, tema que enfocado de otro modo es el mismo del S�sifo. Al per�odo en que la obra de arte no deb�a estar <<contaminada>> de elementos literarios o anecd�ticos  ha seguido el per�odo de un arte de alto contenido literario. Esta literatura, que en algunos artistas llegaba a ser sugerente y al mismo tiempo lamentable, Nadin Ospina la dinamiz� reconfigurando significaciones y logrando que lo fundamental de la obra resida en lo que �sta nos hace saber.
�Y qu� nos hace saber
Los equilibristas? Si aceptamos que esta pieza es la continuaci�n de S�sifo, resulta claro que los tres tapires parados el uno encima del otro nos est�n remitiendo al apoyo mutuo, al crear asociados, a la acci�n de subir (la cumbre) armando una escalera (para caer y caer).
Con el fin de que tal cosa no suceda hay que guardar el equilibrio, operaci�n complicada cuando resulta que en este caso la monta�a se confunde con el S�sifo que late en cada tapir, un S�sifo que como vimos antes resulta ser en s� mismo la piedra destinada a rodar tan pronto llega a la meta, de modo que piedra, monta�a y tapir son una sola cosa en
Los equilibristas.
�Como interrumpir entonces el ciclo de ca�das?
Los rom�nticos es la obra que rompe el ciclo de la desesperanza, al menos como el artista estaba viendo las cosas en ese momento. Los rom�nticos es una obra bastante sencilla. Consta de dos relieves aut�nomos puestos en la pared, el de un tapir y el de un torso femenino desnudo, que complementa una escultura exenta consistente en una figura masculina Quimbaya parada en un mont�culo. El di�logo pasa en esta ocaci�n del terreno puramente formal al cl�ramente sem�ntico. Nos fijamos poco en el aspecto exterior de los dos relieves porque poco dicen de lo que el artista plantea y nos concentramos en qu� son y qu� connotan.
El erotismo es la clave de esta intens�sima obra. El tapir pretende seducir a la mujer y hacerse comprender de ella. �sta con su expresiva inclinaci�n, parece indecisa. �Aceptar� al seductor? �Lo rechazar�? Amor imposible o concertaci�n, el problema fundamental o sea el equilibrio del cuarto mundo es el verdadero tema de
Los rom�nticos,  t�tulo que nos remite al amor enamorado, osea al amor total. Con la figura femenina de Los rom�nticos el planteamiento de Ospina alcanz� su necesaria circularidad, comprometi�ndose a fondo con el sunto sin esteticismos empobrecedores (aunque no es que ignorara por completo la est�tica) y se�alando al hombre como �nico blanco al que hay que apuntar porque este curioso especimen de la naturaleza  -que orgullosamente se llama a s� mismo ser humano- ha preferido traicionar su sublime, escencial e irrenunciable condici�n animal.
Entonces, si la mujer se dejara seducir y fecundar por lo que el tapir representa, �ste podr�a preservarse. Problemas que el hombre primitivo ( el que representa la figura  Quimbaya) ignora, d�ndoles la espalda con altivo desd�n.
La obra que resolvi� el
mea culpa que recorre la serie es rbol de la esper�nza, con esa bella figura femenina que abre los brazos (im�gen de ofrecimiento, de sacrificio y de fecundidad latente) para que los coloridos tucanes se posen en ella y se encuentren. En tanto que forma escult�rica, la figura femenina est� modelada y pintada para que su cuerpo-�rbol sugiera la reconciliaci�n con la naturaleza  o la contrapartida a la tragedia que describe el S�sifo ospiniano.
El t�tulo deriva de la tela de Frida Kahlo titulada
Arbol de la esperanza, mantente firme (1946), lienzo ligado a las alternativas vida-muerte y luz oscuridad que acosaron sin respiro a la pintora mexicana.
La par�bola que Nad�n Ospina estaba describiendo con sus obras se cierra con
Angel, exhibida en 1988 en la Primera Bienal del Museo de Arte Moderno de Bogot�, obra conformada por dos representaciones de osos hormigueros y una de tapir, montadas en alt�simas varas. Aunque aut�nomas, si se pone de cierta manera con relaci�n a las luces, procurando que el tapir quede al centro, las tres piezas arrojan la sombra de una figurada alada o sea que las especies en v�as de extinci�n pueden constituirse en su �ngel de la guarda. Quiz�s esto suene arbitrario, pero de ninguna manera lo es porque la serie culmina con Los pensadores y Los estrategas, dos t�tulos que refuerzan el parecer de que los siete conjuntos que constituyen la obra pueden ordenarse como los cap�tulos de una saga en el contexto de una gran instalaci�n. Pensar y trazar estrategias son actividades ligadas a la inteligencia humana que Ospina le atribuye a sus tapires. En Los pensadores tenemos cuatro animales (un  tapir, un chiguiro, un rinoceronte y un hipop�tamo) montados en cuatro pedestales troncoc�nicos. La forma geom�trica de cada basa sugiere control, dominio, albedr�o, por lo que es distinta de la escarpada y abrupta cumbre de S�sifo. El tope es una plataforma circular, plana y horizontal desde la que escrutan el horizonte estos animales pensadores.
El ciclo concluye con la pieza m�s ambiciosa de toda la serie, la titulada
Los estrategas, compuesta de  una manada de 60 tapires realizados a partir de cinco modelos distintos colocados directamente en el piso. Vivaz, espaciosa y convincente, con esta obra parecer�a que el S�sifo amaz�nico ha purgado su condena y que ha vuelto al llano, donde lleva una vida tranquila y alejada de todo peligro. Final feliz si se quiere, que yo preferir�a llamar final normal, o final l�gico, o final so�ado. Cualquiera sea la denominaci�n escogida, lo esencial del trabajo de Ospina es que las repercusiones sem�nticas del m�to de S�sifo desbordan la obra escult�rica que originalmente se identifica con el nombre del rey de Corinto y condenado de Zeus, para nutrir conceptual y tem�ticamente toda la serie, serie que tiene la particularidad de poder desplegarse en el espacio obedeciendo a una secuencia que tiene un antes y un despu�s, involucrando de este modo el tiempo.
Cuando en 1989 exhibi� en Bogot�
Los  estrategas, acontecimiento que tuvo lugar en el Museo de Arte Contempor�neo, Nad�n Ospina dej� consignado en un escrito lo siguiente: <<Estas piezas son como signos, como s�mbolos. Los tapires son el cuarto mundo , Latinoam�rica, el Amazonas, la raza y el problema ecol�gico>> y m�s adelante en tono de confesi�n: <<Pienso que lo que hago es de un optimismo muy grande. Las cosas no parecen ir bien, pero hay una esperanza, una alegr�a que redime y permite continuar>>.
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