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Géminis |
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Niño Geminis |
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El
Niño Geminis Si la cigüeña
acaba de dejar en tu casa un bebé Géminis,
engrasa bien tus patines de ruedas y sácate las telarañas de los
sesos. Durante los próximos quince o veinte años, tendrás que ser rápido
y estar alerta, y más vale que empieces ahora, mientras tu flamante
bolita de mercurio está todavía inmovilizada en su cuna. No tardará
mucho en aprender a andar y a hablar. Si no te preparas para volar junto
a él, es posible que se te escape de entre los dedos como una burbuja
de aire. Tal vez lo primero que se te
ocurra es que, si tu bebé va a ser tan activo, un buen parque es
imprescindible. Entiendo tu razonamiento, y hasta simpatizo con él,
pero no estoy tan segura de que los parques y los niños Géminis
armonicen. Estar confinado en un espacio reducido puede ser una crueldad
para un pequeño Géminis, cuya naturaleza le impulsa a buscar, a
explorar, a aprender. Es frecuente que los niños Géminis
pongan nerviosa a la gente mayor, que es más plácida, con sus rápidos
movimientos de pájaro. Los mayores siempre están diciendo al pequeño
Géminis que deje de molestar, o que tenga paciencia y haga una sola
cosa a la vez. Pero para estos niños, hacer dos cosas a la vez es lo
natural. Lo que para la gente pesada o reposada es molestar, para
Mercurio no es más que su estado normal de actividad. Es un error
hacerle sentir que sería mejor recibido si intentara imitar a otras
personas más lentas y menos vivaces. Tal vez, por su propio bien, haya
que enseñarle a disminuir un poco la velocidad, pero es imposible
cambiar su naturaleza básica sin frustrar sus inclinaciones naturales. Ama a tu hijo Géminis tal como
es: una personita amistosa, despierta, inquisitiva y precoz. Por lo general, los maestros se
darán cuenta en seguida de que estos niños –y niñas- no tienen
problemas para aprender a leer. Géminis es poco menos que el inventor
de las palabras. No es raro encontrar un niño Géminis que escribe con
la mano izquierda y dibuja con la derecha. Es posible que se muerda las
uñas, pero normalmente es de dedos delgados y flexibles, y le resulta fácil
hacer trucos de prestidigitación y tocar instrumentos musicales. Su
habilidad puede hacer de él un excelente cirujano, dentista o relojero.
Las manos de Géminis son sensibles, expresivas y hábiles. Tiene por lo general una
notable capacidad para la imitación, y su agudo sentido del ingenio y
de la crítica se muestra desde muy temprano. Es posible que dé la
impresión de exagerar y hasta de mentir pero, simplemente, no pude
dejar de poner unas notas de color cuando relata un incidente, y es
frecuente que él mismo se convenza de que sucedió de esa manera. Más que hacerle sentir
culpable por tener tanta imaginación se le debe aconsejar que diga
siempre la verdad y que el
cuento lo narre por escrito. Una vez haya aprendido esta técnica, será
capaz de ver la diferencia entre sueños y hechos. El niño Géminis que afirma
que puede hacer los deberes al mismo tiempo que escucha la radio te dice
probablemente la verdad. Si sus notas le dan la razón, ¿por qué no
dejarlo?. A los niños Géminis puede
resultarle difícil ser puntuales, porque a cualquier parte que vayan
siempre se encontrarán con algo nuevo. Es posible que también les sea
difícil escuchar sin interrumpir, porque captan instantáneamente la
idea y no les interesa oír los detalles. En la adolescencia, los varones
Géminis vivirán prácticamente pegados al teléfono, saldrán con una
persona diferente cada semana, cambiarán cien veces de idea respecto de
su futura carrera, conducirán el coche un poco demasiado rápido, meterán
mano en el motor y te arreglarán la lavadora. Las chicas serán
populares, y tan pronto se las verá en un diluvio de lágrimas como con
una radiante sonrisa. Son chicos que te harán vivir con el alma en un
hilo, pero te mantendrán joven. Cuando tu hijo Géminis crezca
por fin, mucha gente te comentará con desaprobación que “está
metido en demasiadas cosas a la vez”. Y tú te reirás, y es posible
que ellos se sientan molestos por ello. Pero es que estarás acordándote
de un día de primavera, cuando él tenía siete años. Había metido
los dedos en un pastel de chocolate, en la crema de afeitar del padre,
en la pecera, en el tarro de basura, en una olla de sopa caliente y en
un enchufe. Después al oscurecer, mientras le mirabas andar por el césped
cazando luciérnagas, suspiraste, preguntándote en voz alta: “¿por
qué no descansa un momento? ¿Por qué se mete en todo? ¿Qué demonios
está buscando?”. Él te oyó, y se inquietó. Jamás te olvidarás de
la expresión de sus brillantes ojos claros al contestarte: “Oye, mami....No
sé. Pero no te preocupes, que ya lo encontraré”.
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