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El Padre Nuestro: Hágase tu voluntad...  
 
  Dios, Nuestro Padre, El Celestial nos plantea una pregunta: ¿Cuál es la manera real y práctica por medio de la cual sea reconocido como Dios y reine plenamente?  
 

La respuesta no puede ser otra sino la de una adhesión plena y amorosa a esa voluntad paterna, por eso le decimos "haz que tu voluntad se cumpla lo mismo en la tierra que en los cielos".

Jesús, que conoce la voluntad de su Padre y sabe que en el cumplimiento de ella está nuestra verdadera felicidad, no puede menos de pedir al Padre para nosotros y poner en nuestros labios esta súplica. El hizo de esta voluntad del Padre la razón de ser de su venida a esta tierra: "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad." (Cfr. Hb 10, 7); a lo largo de toda su vida mortal, el hacer la voluntad de su Padre fue alimento de Jesucristo (cfr. Jn 4, 34); en el drama de Gethsemaní su voluntad humana se entrega generosa y libremente a la voluntad de su Padre celestial.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que "Por la oración, podemos "discernir cuál es la volunta de Dios" y obtener "constancia para cumplirla". Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7,21) " (Cfr. CEC 2826) y añade "Si alguno [...] cumple la voluntad [...] de Dios, a ése se le escucha" (Jn 9, 31). Tal es el poder de la oración de la Iglesia en el Nombre de su Señor..." (Cfr. CEC 2827)

En los cielos la voluntad de Dios se cumple plenamente. Nos enseña Jesús a pedir el perfecto cumplimiento de la voluntad divina ya desde esta vida. Jesús pide pues que, así como en los cielos el cumplimiento de la voluntad divina constituye la felicidad de los bienaventurados y la gloria de Dios, de la misma manera El haga que nuestra voluntad se una cada vez más a la de Dios.

La entrega plena de nuestra voluntad a la de Dios, nos dará la seguridad, tranquilidad y paz que gozan quienes tienen sus deseos anclados en Dios.

Cuando decimos "Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo" no "ordenamos" sino que "pedimos". Esta petición (la tercera de las siete que contiene el Padre Nuestro), nos hace hijos y amigos de Dios, nos lleva a la santidad, nos acerca a una vida íntima con Dios. Pedir que nuestra voluntad sea conforme a la de nuestro Padre nos libra de las dudas y nos hace constantes de ánimo; nos llena de dicha antes las desgracias y nos hace entrar en el reino de los cielos ("No todo el que dice ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" -Mt. 7, 21-)

Seamos conforme a la voluntad de Dios, es esto el corazón de esta frase del Padrenuestro. Con ello tendremos "el cielo en la tierra". Procuremos conocer la voluntad de Dios y pidamos que todos los hombres la cumplan. Una vez que hayamos cerrado estas tres peticiones dirigidas al Padre Celestial para que su reino venga y nosotros nos apeguemos a Su voluntad, entonces, podremos pedir lo que necesitamos en esta vida terrenal y para nuestro bienestar.


Para saber más:
Padre Nuestro - Ave María, Ma. de los Dolores Icaza R.D.L.C., Nueva Librería Parroquial, México pp. 59-65
El Padrenuestro, Fr. Antonio Royo Marín, O.P., Apostolado Mariano, Barcelona, pp. 51-55
Catecismo de la Iglesia Católica, Coeditores Católicos de México, Núms. 2826 y 2827

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