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RAZONES DE NUESTRA FE  
 
Ante la Crisis en la fe ¡Viva el Papa!  
 
 
 
 

El Concilio Vaticano I - realizado en 1870 - proclamó el dogma de la infalibilidad papal, estableciendo que, cuando el Papa enseña "ex-cathedra", esto es, como Vicario de Cristo, con el poder dado por Nuestro Señor a San Pedro, enseñando a toda la Iglesia sobre cuestiones de Fe o de Moral, con la voluntad explícita de definir una doctrina y condenando la sentencia opuesta, el Papa es infalible.
Nuestro Señor Jesucristo, al dar las llaves a Pedro, le dice: "Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo. Todo lo que desates en la tierra, será desatado en el cielo. Y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella" ( Mt. XVI, 18-19).
Y sobre esas palabras santísimas de Nuestro Señor es que la Iglesia se basó para proclamar la infalibilidad papal. Es en esto que se fundamenta la devoción que todo católico debe tener por el Papa, sea quien sea.
Los enemigos de la Iglesia siempre quisieron crear confusiones acerca de ese punto, sea atribuyendo al Papa en cuanto tal, y a la Iglesia, los pecados en que un Papa puede caer como persona particular, sea extendiendo la infalibilidad a cualquier acción del Supremo Pontífice.
El Papa es infalible como supremo maestro de la Iglesia, al pronunciarse "ex-cathedra", pero eso no lo torna impecable personalmente. Al querer confundir infalibilidad con impecabilidad, los enemigos de la Santa Sede buscan minar la devoción y la fe que se debe tener en la infalibilidad pontificia.
Al pretender extender la infalibilidad a cualquier acción, discurso o actitud del Papa, se lleva a los fieles a caer en un error que los pondrá en grave tentación, cuando les quedase patente que el Papa - como persona particular - erró o pecó.
No se debe rechazar la infalibilidad del Sumo Pontífice por causa de sus posibles pecados o errores personales, ni negar sus posibles faltas morales por causa del brillo del carisma infalible del sucesor de Pedro. En cuanto al Sumo Pontífice, pues, es preciso siempre tener en mente que él continua siendo infalible en cuanto Papa, incluso cuando sea pecador en cuanto hombre, y que él permanece siendo un hombre posiblemente pecador y falible, incluso siendo Pontífice infalible cuando habla "ex cathedra".
Es, pues, con verdadera devoción católica a la Cátedra de Pedro que exclamamos con toda nuestra alma "¡Viva el Papa! ", quienquiera que él sea.
Un día, Cristo preguntó a los apóstoles: "¿Quien dicen los hombres que Yo soy ?" Los apóstoles respondieron: "Unos dicen que eres Elías, otros dicen que eres Juan Batista que volvió". Y Cristo agrega: "Y vosotros, ¿quien decís que yo soy ?". Ellos se callaron, no sabiendo qué decir.
No sabían qué decir, después de haber visto tantos milagros. No sabían qué decir, después de haber oído tantas verdades.
Hasta que San Pedro proclamó: "¡Tu eres el Cristo, Hijo de Dios vivo!"
Hoy, Dios nos pregunta: ¿Quien dicen los hombres que es el Papa? Y algunos responden que él es un hombre común, otros - herejes - lo ultrajan, diciendo que es el anticristo.
Y nosotros, ¿quién decimos que es el Papa?
Él es Pedro viviente. El es, de hecho, plenamente, "el dulce Cristo en la tierra". Con Santa Catalina de Siena repetimos esa afirmación tan dulce a Nuestro corazón de católicos, tan llena de verdad, de esa Verdad que, desde el bautismo, es la luz de nuestras almas y de nuestras vidas.
Si, nosotros tenemos certeza. Nosotros, católicos, somos hijos de la certeza. Y con la certeza que nos da la palabra de Cristo y el dogma de la infalibilidad papal, firmes sobre la piedra, nosotros decimos con toda la fuerza de nuestras almas: el Papa es Pedro reinando en Roma. El Papa es el vicario de Cristo. Y cuando ese siglo maldito nos interroga con su boca atea o con su lengua deformante; cuando él, sonriendo irónico, duda de nuestra fe; cuando nos amenaza y nos interroga, diciendo: "¿Y quién es el Papa?" , con ufanía le respondemos que él es Nuestro Padre en la Fe.
Después de siglos de santidad generada por la Iglesia y por su doctrina, infaliblemente repetida por los Papas de todos los tiempos; después de dos mil años de milagros, ¿cómo no saber responder a esta pregunta que el mundo, hoy, nos hace con insolencia: "¿Y quién es el Papa? " El Papa es la Roca sobre la cual Nuestro Señor edificó su Iglesia.
Y cuando ese siglo subjetivista y evolucionista, que de cada pseudo-científico o de cada gurú hace un "papa" infalible, repele a los Papas del pasado porque piensa que todo evoluciona, nosotros le respondemos que pasarán los cielos y la tierra, pero las palabras del Papa, hablando "ex-cathedra" jamás pasarán.
Dice un poeta, que es fácil creer en la luz, al medio día. Difícil es creer en el sol, a media noche.
Era fácil creer y tener verdadera devoción al Papa, cuando en Roma reinaban San Gregorio VII, Pío IX o San Pío X. Difícil fue mantener la verdadera fidelidad y la verdadera devoción al Papa, en Avignon, o en el tiempo del Gran Cisma de Occidente, o en la corte de Roma renacentista.
Aún más difícil es mantener fidelidad a la Iglesia y la verdadera devoción al Papa, en estos días de tinieblas, durante el eclipse del sol católico, causado en gran parte por algunoas falsas interpretaciones liberales del Vaticano II.
Es pues en medio de las tinieblas, odiados e incomprendidos por los que yerran a la izquierda, e incluso a la derecha, que proclamamos con Fe: Nosotros creemos en la Iglesia Una, Santa, Católica Apostólica y Romana. ¡Nosotros creemos en el Papa! ¡Viva el Papa! Viva el Papa , dulce, dulce Cristo en la tierra.

 

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