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El Padre Nuestro III  
 
  El cielo no es un lugar, sino un estado de perfección, y ahí está nuestro Padre.  
 
En nuestros dos artículos previos, explicábamos que Dios es nuestro Padre, y que a él nos referimos cariñosamente, y exponíamos que le llamamos "Nuestro" porque Jesús nos enseñó que existe un Dios único y que somos una comunidad, que somos hermanos.

Continuando con nuestra explicación de la Oración del Señor, cuando rezamos "Que estás en el cielo", no debemos pensar en el firmamento azul que está sobre nuestras cabezas. Eso está muy bien para un niño pequeño que todo lo toma literalmente. Pero para nosotros, el sentido debe ser mucho más profundo:

""Que estás en el cielo" no designa un lugar, sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El cielo, la Casa del Padre, constituye la verdadera patria hacia donde tendemos y a la que pertenecemos" (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 2802)

En efecto, Dios no "está en el cielo" porque sea un lugar o un territorio o un espacio, sino porque es una condición de su divinidad. Con esta frase queremos decir "Padre, somos hermanos y Tú eres toda perfección, eres lo mejor del mundo, estás por encima de la tristeza, eres lo más sublime, lo más hermoso..."

"Que estás en el cielo" nos indica que Dios está en el máximo nivel de perfección. Es un Padre de origen divino, que está sobre todo lo creado, y todo lo creado le sirve suavemente.

Recurramos nuevamente al Catecismo de la Iglesia Católica que nos dice "Esta expresión bíblica no significa un lugar ["el espacio"] sino una manera de ser; no el alejamiento de Dios sino su majestad. Dios Padre no está "en esta o aquella parte", sino "por encima de todo" lo que, acerca de la santidad divina puede el hombre concebir. Como es tres veces santo, está totalmente cerca del corazón humilde y contrito: Con razón, estas palabras "Padre nuestro que estás en el cielo" hay que entenderlas en relación al corazón de los justos en el que Dios habita como su templo. Por eso también el que ora desea ver que reside en él Aquel a quien invoca. El "cielo" bien podría ser también aquellos que llevan la imagen del mundo celestial, y en lo que Dios habita y se pasea". (Cfr CIC 2794)

Lo anterior significa que el hecho de que Dios "esté en el cielo" no significa que esté lejos de nosotros, al contrario. Significa que cuando nosotros aumentamos nuestras virtudes (Fortaleza, Templanza, Humildad, Castidad, Fe, Esperanza, Caridad, entre otras), participamos en ese estado de perfección al que podríamos denominar "cielo". Por eso, cuando crecemos y nos acercamos a Dios por medio de la virtud, participamos de su reino, de su casa, y entonces Dios y "el cielo" no están lejos, sino en nuestro corazón.

La próxima vez que recemos el Padrenuestro, al decir "que estás en el cielo", deleitémonos en este concepto y sintamos que estamos hablándole, cariñosamente, al papá de todos nosotros que es Celestial, que está en la cumbre de toda la perfección. Cuando lo hagamos y comprendamos, aunque sea un poquito, que este estado celestial es inmenso, grande y bello, no podremos menos que decir "¡Qué grande eres! ¡Haz que seas reconocido como Dios altísimo! ¡Que tu nombre sea reconocido como Santo!", es decir, "Santificado sea tu nombre." Pero eso lo explicaremos la próxima semana.

Para saber más:

Padre Nuestro - Ave María, Ma. de los Dolores Icaza R.D.L.C., Nueva Librería Parroquial, México pp 43-44
Catecismo de la Iglesia Católica, Coeditores Católicos de México, Núms. 2802 y 2974

 

 

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