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EDITORIAL: Reporte Especial  
 
China: Foco Rojo  
 
  El Gobierno chino se confronta frontalmente con el Papa y la Santa Sede.  

El año 2000 parecía un período de luz para las relaciones entre China y la Santa Sede.

El quince de diciembre de 1999 ante insistentes rumores sobre la apertura de relaciones diplomáticas entre China y el Vaticano, un portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de Pekín expresaba que "China desea mejorar las relaciones con el Vaticano."

En ese entonces, parecía que las autoridades comunistas se comprometerían a deshacer la Asociación Católica Patriótica, controlada por el Partido Comunista. Una especie de Iglesia nacional creada a finales de los años cincuenta para no aceptar el papel del Papa. Desde entonces, la iglesia oficial con obediencia al Papa fue perseguida por su fidelidad a la Santa Sede.

A pesar de la aparente esperanza por la apertura de las relaciones diplomáticas entre los dos Estados mencionados, el clima no era nada apacible: Manifestaciones por la falta de libertad religiosa y un extenso artículo en el Wall Street Journal sobre la falta de respeto en China por los derechos humanos fundamentales comenzaban a formar los negros nubarrones de lo que acabaría siendo una gran tormenta.

El 7 de enero de 2000, el gobierno chino mostró sus verdaderas intenciones y la falsedad de las declaraciones iniciales. El gobierno de Pekín hizo frontal su posición contra el Papa y la Santa Sede cuando la "Iglesia Católica Patriótica" consagró a cinco obispos. "Esta decisión -aclaró Joaquín Navarro-Valls, portavoz Vaticano, el 4 de enero- tiene lugar en un momento en el que desde diferentes sectores surgían voces que permitían esperar en una normalización de las relaciones entre la Santa Sede y Pekín. Por el contrario, este gesto plantea obstáculos que ciertamente entorpecerán este proceso".

Por su parte el cardenal Vincenzo Fagiolo, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos, expresó que "La ordenación de cinco obispos realizada por la Asociación patriótica china, institución controlada por el régimen de Pekín, constituye "un cisma de facto" en el seno de la Iglesia católica." El purpurado consideraba que de este modo China buscaba truncar los esfuerzos realizados por la Santa Sede para lograr restablecer las relaciones diplomáticas con China, interrumpidas desde tiempos de Mao en 1951.
Pero la consagración de los obispos no fue el único ejemplo de la determinación del régimen comunista de tener bajo su control la religión en China. Según informó "La Repubblica" (27/12/99) durante la misa de Navidad las autoridades irrumpieron en una iglesia y arrestaron a cuarenta católicos. Su crimen consistía en no pertenecer a la Iglesia Patriótica, sino querer seguir unido a Roma. Pero la Iglesia católica no era el único blanco de las autoridades. Como parte de la represión contra la actividad de grupos religiosos, 6 líderes de grupos protestantes fueron enviados a los campos de trabajos forzados por períodos de uno a tres años por la policía en la ciudad central de Nanyang.

 

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