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EDITORIAL  
 
Violencia Extrema  
 
  La reaparición de la ETA y la violencia hacia miembros de la iglesia católica en algunos lugares del mundo son signos de preocupación en el Vaticano.  
 
En días pasados, la organización terrorista ETA acabó brutalmente con la vida del teniente coronel Pedro Antonio Blanco García, en un atentado con coche-bomba perpetrado en Madrid, y de este modo reaparece este temible grupo en la escena internacional. Gran consternación y rechazo suscitó este acontecimiento en el interior de la Iglesia Católica. En San sebastían, Monseñor Juan María Uriarte reveló que «promover la pacificación y la reconciliación será una actividad incansable» en servicio a la diócesis vasca. Asimismo, el obispo destacó que este hecho «interfiere injustamente un proceso de diálogo democrático» y «contradice el anhelo de paz y la opción por los medios pacíficos».

Por su parte, Juan Pablo II fue duro ante el atentado terrorista: «Deploro enérgicamente este acto execrable, que pone en serio peligro los esfuerzos de cuantos buscan soluciones justas y pacíficas de convivencia». Al mismo tiempo, aseguró que en estos momentos está pidiendo a Dios «por la conversión de quienes utilizan o creen en el terror para imponer sus ideas, y por la armonía entre todos los ciudadanos del querido pueblo español».

El Papa confesó su decepción pues el atentado no sólo acaba violentamente con la vida del militar, sino también, como él mismo explicó, con las esperanzas de paz que habían surgido con los quince meses de tregua. En ocasiones anteriores, relacionadas con hechos terroristas, el Papa aseguraba que «dar muerte a una víctima inocente jamás puede tener justificación».

Por otra parte, la propia Iglesia Católica ha sido objeto de la violencia extrema: En Kosovo, cristianos se han convertido en blanco de extremistas islámicos. Cada vez aumentan los episodios de malos tratos y violencia propinados a católicos, así como los ataques a las familias de los sacerdotes. A finales del año pasado, fueron incendiadas las casas de los parientes de dos franciscanos. Asimismo los cementerios católicos de Prizren y de Pec han sido destruidos y los vándalos profanaron las tumbas de los obispos Nikola Prela y Nikola Mini.

Estas manifiestaciones de violencia contra miembros de la Igleisa Católica ya no son hechos aislados, sino acontecimientos particularmente preocupantes. Durante las últimas semanas es fruencuente leer notas de esta naturaleza contra sacerdotes, organizaciones e incluso fieles que han sido atacados por el simple hecho de ser católicos.

Si bien este tipo de violencia nos puede resultar extraño en San Luis Potosí, la violencia en general, y contra la Iglesia en particular son situaciones de seria reflexión. Las persecuciones a cristianos no son cosa del siglo I, son una realidad tristemente constante en China, Kosovo y muchos otros lugares del mundo.

Debemos sentir compasión y empatía por los católicos de todo el mundo que aún hoy, en pleno año 2000 son atacados violentamente por su Fe. Hagamos por ellos, y por la paz, una oración por la Esperanza.

Oscar Colorado

Fuentes tomadas para este artículo: Agencia Informativa Zent, 23 de enero de 2000, ZS00012307 y ZS00012303

 

 

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