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Encuentro Ecuménico  
 
  El 18 de enero, ocurrió uno de los sucesos más importantes en la historia de la Iglesia Católica desde el la Reforma: un paso decisivo hacia una verdadera unidad de todos los cristianos.  
 
Ecumenismo significa según el diccionario "Movimiento para la unión de las Iglesias" y el término ecuménico quiere decir "Universal, que se extiende sobre todo el orbe."

El Papa Juan XXIII fue el primer impulsor importante del ecumenismo, y sus esperanzas para unificar a todas las iglesias cristinas fueron coronadas por Pablo VI en el Concilio Vaticano II, cuando en en el decreto Unitatis Redintegratio se establecieron las bases para el ecumenismo. El propio Vaticano II fue en sí mismo un concilio ecuménico, en donde participaron cristianos de diversas denominaciones y miembros de la Iglesia Ortodoxa Oriental.

Treinta años después del Vaticano II, es Juan Pablo II quien, en una labor extraordinaria, da vida y realidad en los hechos a lo planteado en el decreto conciliar que nos dice: "Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del sacrosanto Concilio ecuménico Vaticano II. Porque una sola es la Iglesia fundada por Cristo Señor; muchas son, sin embargo, las comunidades crisitianas que se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si el mismo Cristo estuviera dividido (I Cor. 1, 13). Esta división es abiertamente contraria a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la santísima causa de la predicación del Evangelio a todos los hombres." (Cfr. UR 1)

El marco del Gran Jubileo del 2000 ha sido el momento elegido por Su Santidad Juan Pablo II, para hacer del ecumenismo una realidad.

El camino de los cristianos hacia la unidad dio el 18 de enero el paso decisivo con el histórico rito ecuménico de apertura de la cuarta Puerta Santa jubilar de Roma, la Basílica de San Pablo Extramuros, el mismo lugar que hace más de cuarenta años fue testigo de las palabras con las que Juan XXIII convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II.

Junto a Juan Pablo II se encontraban exponentes de otras 22 iglesias cristianas, y del Consejo Mundial de las Iglesias, una comunidad de 337 confesiones cristianas. Todos ellos estaban unidos por la fe en Cristo, único Salvador, y por un único bautismo.

Juan  Pablo II, el metropolita ortodoxo Athanasios del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y el arzobispo de Canterbury, George Carey, presidente de la Comunión Anglicana entraron a la Basílica de San Pablo Extramuro, y estalló un tremendo aplauso. Durante unos instantes, todos tenían la impresión de que la unidad plena de los cristianos no parece una meta tan lejana. Todos eran conscientes de vivir un momento sin precedentes en el camino del diálogo ecuménico.

Pasando esa misma Puerta Santa, los demás representantes de la Iglesia católica, y de las Iglesias ortodoxas de Oriente, las Iglesias anglicanas, luteranas, metodistas y pentecostales se dirigieron hasta el lugar en el que se encontraba el Evangelio. La procesión simbolizaba ese camino de siglos que a través de la historia han recorrido los cristianos tras la fuente de la unidad, la Palabra de Dios, el mismo manantial de la que beben todas las confesiones.

Según el Santo Padre, «el gesto de abrir juntos aquella Puerta, símbolo de Cristo, fue un signo elocuente, que alienta a seguir adelante en el camino que todavía queda por recorrer, y por el que, ante todo, es necesario seguir rezando». Añadió que «les aseguro, una vez más, mi voluntad de apoyar toda acción que haga cada vez más auténtica y eficaz nuestra aspiración a la unidad».

«Sabemos que somos hermanos y que todavía estamos divididos, pero nos hemos encaminado con convicción decidida por la senda que conduce a la plena unidad del Cuerpo de Cristo», dijo el Papa durante la homilía. El sumo pontífice agregó «En este año de gracia , tiene que crecer en cada uno de nosotros la conciencia de la responsabilidad que cada uno tiene en las fracturas que marcan la historia del Cuerpo místico de Cristo. Esta conciencia es indispensable para avanzar hacia esa meta que el Concilio calificó como "unitatis redintegratio", es decir, la recomposición de nuestra unidad».

El Papa concluyó: «Quizá nosotros podemos salir de esta basílica gritando como ellos "Unità, Unidad, Unitè, Unity"».

Este acto es sin duda uno de los momentos históricos más importantes de la Iglesia desde el Vaticano II.

La Unidad cristiana no es una realidad aún, sin embargo, pocas veces se había dado un paso tan valiente, tan enérgico y tan importante para el acercamiento de la Iglesia Católica con otras confesiones de fe Cristiana.

El pasado 18 de enero, se dio un hecho que sin duda es un parteaguas: En el Año 2000, año de transición, libertad y reconciliación, se inicia un tiempo nuevo, en el que, como exhorta Su Santidad, algún día todos los cristianos podremos gritar juntos "Unità, Unidad, Unitè, Unity".

Oscar Colorado

Para saber más:

Cfr. Concilio Vaticano II Documentos Completos, Unitatis Redintegratio, Librería Parroquial, 19a. Edición, pp 392-409

Cfr. Agencia Informativa Zent, 18 de enero de 2000, ZS00011805; 23 de enero de 2000, ZA00012306

También puede leer el decreto Unitatis Redintegratio en la siguiente dirección de internet: http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/docum/magigle/vaticano/unr.htm

 

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