| 3. Niños, Toros, Educación y Psicología Dentro del mundo taurino un hecho tanto o más avieso que el sufrimiento del animal, los accidentes de los toreros o el engaño y la subestimación por parte de los auténticos taurinos para con los demás aficionados a través de la retórica que les presentan, es el efecto psicológico que acarrea el toreo en los niños que asisten a las plazas de toros y en menor grado en los que las presencian en la televisión. En la familia, como primera estructura social en el proceso de formación del individuo, y en la cultura, como elemento relevante de dicho proceso, se presentan graves contradicciones para el proceso educativo del niño, a quién una y otra le pregonan en teoría ciertos principios y reglas que luego ellas mismas rompen, como es el caso del valor de la vida, proclamado en hogares y aulas y pisoteado entre otras partes en las plazas de toros con beneplácito oficial y bendición clerical. Las corridas, al igual que muchos programas de televisión, con su alta carga de violencia en donde la sangre y la muerte juegan un papel muy preponderante, le plantean al niño una dificultad para discernir entre lo imaginario, lo simbólico y lo real, esto lo afecta en su proceso educativo y sumado a lo anterior el trauma que a muchos niños les produce el sufrimiento del animal, el infante se verá finalmente afectado también en su proceso psíquico. El simple hecho de presentarse una contradicción entre lo que se le "recita" al niño y lo que él ve, le plantea por sí mismo un conflicto, el cual se agrava cuando una de las partes contradictorias son sus propios padres, estos generalmente fantaseados por el niño debido a la fascinación imaginaria que los pequeños tienen hacia ellos. Es de sobrado conocimiento que algunos comportamientos psíquicos no requieren de ninguna tara hereditaria, es aquí donde se evidencia como nuestras sociedades "forman" para la muerte. Esta contradicción por parte de los padres y de la sociedad en el proceso educativo redunda además en su perdida de autoridad frente a los niños. Se ha llegado a plantear por muchos expertos que actos como el toreo pueden ser incidentes para desencadenar paulatinamente en el niño una asimilación de la violencia de forma pasiva, progresiva y en algunos casos irreversible. Mostrar como galardones los miembros cercenados de un animal causa en algunos niños ansias de descuartizar. Gran parte del proceso de aprendizaje del niño sé dá por imitación, de allí que a las nuevas generaciones les quede tan fácil ver agonizar a un ser vivo, llámese toro, mujer, hombre o insecto. Freud plantea que "aquellas particularidades que en el fondo son heredadas, resultan también adquiridas de nuevo en el desarrollo individual", para quienes justifican ciertas actitudes antisociales en el hombre como la violencia, argumentando que ella obedece a un sino genético nefasto que nos condenará por siempre a vivir en tal condición, el anterior concepto del psiquiatra Austríaco es claro en determinar la incidencia de la cultura y el aprendizaje del individuo en tales conductas, por otra parte la prueba de que la violencia no obedece a un factor exclusivamente genético es el hecho de que no todas las culturas o sociedades del mundo, ni todos los individuos, son violentos, con esto concluimos que si hay un instinto violento heredado en el individuo (cosa que creemos factible al igual que una bondad innata obedeciendo esto a la dualidad del hombre), este se acentúa con la cultura y en este caso a través de las corridas. Vale la pena citar textualmente la definición que la UNESCO (autoridad mundial en materia de cultura), dio de la tauromaquia y su incidencia en niños y adultos "la tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y a los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura". Leonardo Días en su excelente libro "Fiesta de sangre" habla de las reminiscencias que algunos adultos experimentaban con relación a su niñez en las plazas de toros, por supuesto esto se da cuando asisten a tales sitios desde temprana edad, tal dependencia de estos aficionados con su pasado, es comprensible, si tenemos en cuenta que desde sus inicios en el circo de Roma, la lucha contra los toros no ha perdido por mas de mil años su esencia "La lidia entre la vida y la muerte, y el afán de supremacía y reconocimiento por parte del hombre" de esta forma los cambios en las arenas modernas de una generación a otra no son sustanciales, lo que explica tal dependencia, según el autor, producto de carencias y frustraciones que como adultos no han logrado superar los aficionados. Es un deber ético de la sociedad entrar a incidir en la pedagogía de muerte que muchos padres imparten a sus hijos, negándoles, a veces en contra de su propia voluntad, la posibilidad de asumir relaciones distintas con el medio natural y social que les rodea. Celebrar en nuestro país (el mas violento del mundo) cualquier tipo de crueldad, nos perpetúa en la postración de nuestra propia indignidad, tal vez las noticias diarias no han sido suficientes para hacernos entender que vivir en una sociedad sin un mínimo de dignidad, no sólo es absurdo, sino hasta peligroso y tal como decía Freud, "habremos pues de admitir que ninguna generación posee la capacidad de ocultar a la siguiente hechos psíquicos de cierta importancia" |