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Aunque para Descartes alma y razón
son una misma cosa y negada la razón en los otros animales, se les negaba
también el alma, respecto a ello Descartes es explícito y niega también
la existencia del alma como espíritu en las otras especies. Para sorpresa
o desconcierto de este racionalista y sus admiradores "El actual papa
Juan Pablo II ha reconocido la existencia del alma no sólo en los toros,
si no también en el resto de los animales y la tradición judeo cristiana
a pesar de no ser tan favorable respecto a los animales como otras religiones,
considera que poseen, de la misma forma que el hombre, el hálito divino"
este reconocimiento por parte del Vaticano respecto a la existencia del
alma o espíritu en las otras especies, no es otra cosa que el reconocimiento
tardío de algo que la sabiduría de la mayoría de los pueblos indígenas
del mundo conocían desde hace miles de años, al respecto la antropóloga
Ann Osborn nos trae este bello párrafo sobre los indígenas U´wa que habitan
el nororiente colombiano "Los U´wa creen que ellos y todos los seres están
compuestos de ciertos elementos. Todas las cosas que crecen, plantas,
animales y hombres tienen cuerpo y alma; además, todo tiene un componente
indestructible: Bita estas características unificadoras ligan a todas
las criaturas del universo con las criaturas humanas" En conclusión, no
hay razones distintas a la ignorancia y al egoísmo del hombre para "sostener"
nuestro narcisismo especisista ó más concretamente, nuestro antroponarcisismo.
Ya vimos que hoy en día no hay razones contundentes en la lingüística
ni en la religión para ello, y tampoco hay razones contundentes en muchos
otros campos y ciencias, como por ejemplo, la biología y la misma psicología,
por citar solo algunos. La biología ha constatado que nuestra afinidad
genética con los chimpancés es del 98%, dicho de otra forma, la humanidad
en su alegato respecto a su supuesta superioridad, está peleando con los
chimpancés por un simple 2%. Respecto a la psicología, han sido muchos
los pensadores que han puesto al hombre de cara a su propia animalidad,
desde cuando la psicología científica iniciada por Wundt empezó a preguntarse
por el comportamiento del hombre, hasta cuando la psicología animal ayudó
a comprender desde ópticas distintas a la cultura, nuestro propio comportamiento,
y aunque hay también en esta ciencia muchos conceptos al respecto, el
de Jacques Lacan es bastante sucinto, "para Lacan el concepto de individuo
se relaciona con el animal humano, con un organismo que posee cierto número
de propiedades" La agonía del toro sobre la arena, al igual que la agonía
de cada indigente sobre nuestras calles, no es otra cosa distinta que
la agonía de la ética en nuestras sociedades. Dentro de nuestra carrera
especisista matar al toro como una fantasía optativa de nuestra propia
animalidad, sirve, según algunos, de válvula de "escape" de nuestra conducta
que según ellos, evita matar a más humanos (canjear, toros por humanos).
Cambiar la víctima del efecto, sin incidir en las causas, no es otra cosa
que cambiar un mal por otro y en este caso no superar las causas de nuestra
barbarie. Es decir, cambiar el tipo de especie hacia donde dirigimos nuestra
cevicia no nos hace ni más, ni menos civilizados, pues esto seria un principio
fascista, según el cuál las cosas y los hechos son buenos, no a partir
de su naturaleza intrínseca, sino a partir del beneficio que le produce
a quién las posea o ejerza, sea "un" orden, "un" estado, o "una" raza
y por supuesto, al margen del otro o de la colectividad global. Así las
cosas, hoy nos creemos mas civilizados, evolucionados y sensibles que
ayer, por el hecho de haber cambiado en la arena a los cristianos por
los toros, así los elementos psíquicos incidentes en esta actividad "volitiva"
sean los mismos. Finalmente, el especisismo o la relación injusta del
hombre con las otras especies, al igual que las relaciones injustas entre
seres humanos, tienen un origen común: La insensibilidad, esa enfermedad
que nos incapacita para reconocer el sufrimiento del otro, sea o no de
nuestra propia especie. La siguiente frase de un veterano de guerra japonés
(de la S. G. M.) tal vez sea suficientemente ilustrativa al respecto:
"el demonio que llevamos dentro hace que disfrutemos con el dolor y la
muerte del otro, pero no es lo suficientemente poderoso para hacer que
lo soportemos en nosotros mismos".
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