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Entre sus poes�as destaca "La Chacha Micaila" que a continuaci�n puedes leer.
LA CHACHA MICAILA
Mi cant�n, magresita del alma,
ya pa que lo quero,
si se ju� la paloma del nido,
si me falta el calor de su cuerpo,
si ya sus canarios
de tiricia se han ido muriendo
si los capulines
ya no sueltan sus frutos del tiempo,
y las campanillas y las dormideras
si han ca�do tan recio
que cualquiera que va a visitarme
pisa sobre p�talos.
Yo que la vide, dialtiro deca�do
con los ojos negros
zambutidos en unas ojeras
moradas, y aluego
los tales quejidos;
los tales mareos
que dizque eran va�dos
al decir del m�dico
� Algame la Virgen!
Ya nom�s de acordarme, padezco
mucho escalofr�o
y me hogo da pecho,
y se mi hacen las manos y pieses,
como los badajos de los timbres l�tricos.
�Qu� poco a poquito se me ju� muriendo!
Tos�a y tos�a
y lloraba la pobre en silencio.
-No llores, Micaila,
por toitos los santos del cielo,
dec�ale al verla llorando
y al decirlo, lloraba yo mesino.
-Si te pondr�s guena,
con los revoltijos que ti ha dado el m�dico
no sias disconfiada con las medecinas
que a mi me sacaron del maldito infierno.
�Andale!, mi Chacha,
quero ver tu rostro trigue�o,
como dos tizones
�Ah se me olvidaba decirte que trujo
achispaos, tus lindos ojuelos,
un rebozo de bola
mi compadre Chencho,
pa� cuando te alivies
y en el cuaco trot�n, en el prieto,
he pensado pa� entonces que vayamos
los dos riajes un s�bado a verlo
�Queres?, y el domingo le entraremos
al mole muy recio.
a la barbacoa,
y a los asaderos.
y en cuanto Dios escurezca,
al paso golveremos
por el llano, abajo,
aseg�n se sigue la falda de cerro.
�Micaila!, no llores
y el le daba un beso,
Ella se sonre�a
un instante, pero
me miraba con una tristeza,
como si la sombra del pensamiento
de pre�ara los ojos de llanto,
que despu�s derramaba en silencio.
El d�a de su muerte,
su rostro cenizo, me dio mucho miedo.
-�Pos qu� tienes, Chacha?
-No s� lo que tengo,
pero s� que me voy y es pa siempre
-Correr� si quieres por el si�or m�dico,
�queres, trigue�ita?
-� Ya pa que, mejor tate aqu� en sosiego,
quero hablarte por ultimo chacho,
antes de que me hoguen los remordimientos.
Asi�ntate y oye. yo quise dec�rtelo
dende hace much�simo tiempo
y a la mera, que no, pos yo me ciscaba,
�C�mo uno es mujer! Chacho, �Qu� caray!,
y el miedo dizque no anda en burro,
peor ahora qu� li hace, mi negro,
si ya se te muere tu Chacha
qu� li hace que sepas mi horrible secreto.
Hace unos seis a�os, siguro �recuerdas
que nos envitaron a los herraderos
los si�ores amos?
-Vaya si mi acuerdo;
�no ju� aquel domingo
que sal� cornao por un toro prieto,
cerca de las trancas, en el Rancho Verde
de �or Juan?
-El mesmo,
ya vide que t�as acordado;
por ay tienes nom�s qui al saberlo,
de la casa grande
por la puerta me sal� corriendo,
y en las trancas jall� a don Antonio,
aquel hijo mayor de don Pedro,
que era entonces alcalde del pueblo,
Preg�ntele al punto
por ti, por tu herida, por tu paradero,
y me dijo que en una camilla
te jalaron pa casa del m�dico
que si quer�a que me llevaba en ancas
en el punto mesmo;
acet�, � qu� caray!, no era cosa
de dejarte morir como un perro,
No nos vido salir de las trancas
naiden, llegamos en un bote al potrero,
y a galope tendido trepamos
la cuesta del cerro,
y al bajar la barranca del Cristo,
tan jonda y tan negra,
don Antonio empez� con sus cosas,
con sus chicoleos;
que si yo era una rosa de mayo
que si eran mis ojos nocturnos luceros,
Yo todo a esto callaba, callaba; �l se puso necio
y me dijo que t� eras probe:
total un ranchero;
que �l , en cambio, era due�o de hacienda
con muchas talegas de pesos;
que ti abandonara
que nos ju�ramos pa M�xico,
o pa los Uruapas o pa los Quer�taros.
Yo me puse muy jira y le dije,
qui aunque probe, me daba mi prieto
pa presumir mucho
y andar diariamente con el zagalejo
muy lentejueliao
y cada semana con rebozo nuevo.
-Por si no no por amor, por la juerza,
me dijo rayando su penco,
y si m�s me apret� la centura
y mi boca manch� con un beso,
Nunca lo jiciera, sent� que la sangre
cegaba mis ojos, y el furor mi seno;
saqu� del arz�n el machete,
y por las espaldas, lo jund� en su cuello.
Cay� pa delante con un grito horrendo.
y rod� rebotando hasta el jondo
del desfiladero...
Na�den supo nada;
cuando lo jallaron todito disecho,
guiados por el puro jedor del barranco,
los jueces dijieron,
quesque ju� un suicidio
por no s� qu� amores y dem�s enredos,
Yo me estuve callada la boca
pero ahora, pos dime, � ya pa que, mi prieto?
Se qued� como est�tica; acaso
rezaba al morir, por el muerto,
La abrac� llorando,
la bes� en silencio,
y poco a poquito,
se me ju� muriendo...
Mi jacal est� maldito...
si lo queres, madre, pos hay te lo dejo,
si te cuadra qu�malo,
si lo queres, v�ndelo;
yo me guelvo a las filas, mi mam�,
a peliar por la patria me guelvo;
si me quebra una bala, qu� liace,
al cabo en el mundo,
pa los que sufrimos la muerte en el alma.
vivir o morir es lo mesmo.
Mi cant�n magresita del alma
sin ella � ya pa que lo quero?
ANTONIO GUZMAN AGUILERA
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